Notas capítulo:

Lamento realmente la demora... Tuve un día horrible...

Supongo que las personas como yo estamos destinados a escribir de amor y jamás ser protagonista de su propia historia...

:C Tengo el corazón roto...


Que en paz descanses

¿Cómo sería…?
¿Qué hubiera sido de mí sí "ese día" yo no te hubiera dejado partir?
¿Cómo sería… besar tus labios cada amanecer?
Poder perderme cada noche en tu querer…
Cómo sería…

El barco avanzaba lentamente por el océano Atlántico y el hombre comenzaba a desesperarse, observaba la tranquilidad del mar inmenso y le envidiaba… Envidiaba esa calma con la que las aguas se mecían, deseando sentirse así, como en una cuna que va de izquierda a derecha hasta lograr que se duerma…

Pero no… Él no podía dormir… Y a pesar de la calma del océano, también sabía que a veces por las noches habían terribles tormentas capaces de hundir enormes navíos, y que entremedio de las tranquilas y frías aguas se esconden icebergs como pequeñas heridas que intentas ocultar, no había nada claro en el mar, entre su paz y su ira, entre su suavidad y sus heridas… Al igual que en él, nada podía estar peor que ahora…

La calma del mar le desesperaba, las incesantes preguntas que invadían su mente le bloqueaban la psiquis, quería saber cómo estaba Ciel, saber sí estaba bien, saber cómo estaría Sophie al despertar y encontrarse con aquella nota junto a su cama avisándole que quizás no iba a volver, habían tantas dudas… Tantas que no podía controlar su ansiedad por obtener respuestas inmediatas, faltaban 3 días mínimo y 5 como máximo para llegar a suelo americano y temía por él, sí, temía incluso por él mismo, sabía que Ciel le odiaría y quizás no querría recibirlo…

¿Y qué tal si incluso hasta le gustó su nueva vida y ame a Fritzler?

…¿Y qué tal sí Fritzler vendió a Ciel a otro país de Latinoamérica? ¿Y si no me perdona…?

- ¡Mierda! – exclamó molesto, no se creía capaz de aguantar esos días en la infinita incertidumbre, pero de todos modos estaba consciente de que la merecía por su maldad.

Y sí ya habían pasado casi 4 meses… ¿Qué harían 4 días más…?

Buenos aires, Argentina

- Está muerto… - Informó el mayordomo a su amo – Ciel Phantomhive fue arrastrado esta madrugada por la crecida del río, la represa colapsó y al parecer no pudo a huir a tiempo – Fritzler cerró sus ojos, con los codos sobre la mesa y su mentón sobre sus manos, suspiró.

- Que lo sepulten – Ordenó, poniéndose de pie – No quiero lidiar con cadáveres.

- Como ordene – Respondió haciendo una reverencia – Con su permiso – Y se retiró de la habitación de Máx.

Se apoyó sobre el gran asiento ¿Acaso había escuchado bien? ¿Su gatito había muerto?

- Lastima… - Musitó – Era de una buena calidad…

Constanza estaba de rodillas en la orilla del río, no se había despegado de allí en toda la noche, ya eran casi las 10 de la mañana y no podía asimilarlo, las escenas eran muy difusas y sólo recordaba el abrazo, un fuerte empujón y la imagen de Ciel siendo llevado por el río… Y era su culpa…

Entre dos sirvientes cavaban al fondo del patrimonio Fritzler un gran agujero para enterrar el cuerpo, Andrés abrazó con fuerzas a la pequeña y acariciaba su cabello, intentando buscar palabras para consolarla, pero le era imposible, a cada momento repetía que era su culpa y de nadie más, esa culpa que ahora le acosaba y no la dejaba en paz, odiaba todo, todo de aquel maldito amo que tenía…

Fritzler suspiró, veía como el pequeño cadáver forrado en tela iba descendiendo por el hondo agujero, los dos sirvientes ahora procedían a la tarea de taparlo, estaban sudados. Constanza miró el cielo con una pequeña sonrisa, su cielo como Ciel… Tan azul y tan hermoso luego de la terrible tormenta, esa tormenta que se despedía del invierno para llegar a la primavera, ya hasta podía apreciar las primeras flores en los árboles de la mansión, los pajarillos alegraban con su dulce cantico y la naturaleza parecía mejorarse ahora.

Se acercó lentamente luego de que su amo se fuera del lugar a depositar unas flores sobre la pequeña tumba de su amigo, se agachó y entonces Andrés tomó sus hombros, incitándola a volver al trabajo… No podía quedarse apreciando una tumba todo el día.

Máx intentaba disimular, desde la ventana de su despacho miraba la tumba con carne fresca, le dolía de todos modos el haberlo perdido había sido un mal castigo, pero bueno ¿Así era la vida, no? Además, Sebastián había mandado una carta informando que dentro de unos pocos días se presentaría en su mansión, seguramente traía otra vez algún excelente producto…

Constanza estaba en la cocina amasando algo de pan para el almuerzo, junto a ella estaba Andrés, quien también amasaba una gran porción. Intentaban disimular tras el inmenso silencio, pero ya no podía más, aquello ya era demasiado para él.

- Constanza… - Le miró preocupado, antes que todo observó bien que no hubiera nadie en la cocina y cerró las puertas, volvió a su lado a amasar pan - ¿Estás segura de lo que estás haciendo…? Tú sabes que sí el amo se llega a enterar, él-

- Él vendrá por mí… - Respondió con una sonrisa y un intenso rubor en sus mejillas – Él me lo prometió…

- ¡Él está muerto! ¡Enterramos su cadáver esta mañana! – Exclamó bajito, la situación era difícil.

- ¡No lo grites, nadie se puede enterar! – Volvió a guardar la compostura y aplicó zapallo a la masa – Todo saldrá bien… Al amo no pareció siquiera importarle la muerte de Ciel, los dos primeros pasos ya están dados… Sólo nos queda esperar… - Andrés la miró preocupado, Constanza definitivamente no estaba bien.

3 días luego – A bordo.

- ¡Mierda!

Gritó, lanzando la lámpara de la cómoda contra la pared, se partió en mil pedazos luego de escuchar el informe del barco.

- ¡Se supone que llegaríamos a tierra firme en tres días! – En la cubierta del barco la gente comenzaba a alejarse de aquel violento hombre que gritaba contra el capitán del navío - ¡¿Cómo es esa mierda de que aún faltan otros tres días? – El viejo capitán suspiró.

- No es tan sencillo navegar por estas aguas como tú crees, Sebastián Michaelis – Sí, le conocía – No sé en qué sucio negocio andes ahora, pero yo no puedo apresurar el ritmo del barco, deberías saberlo, las aguas del Atlántico son muy complicadas a ratos, si nos atarantamos podemos sufrir un severo accidente y perder a la tripulación.

- ¡A mí esa mierda no me interesa! ¡Yo TENGO que llegar a la Argentina MAÑANA!

- ¿Me ves preocupado? – Respondió con los ojos cerrados y la frente en alto, colocando la pipa en sus labios.

Sebastián gruñó, comenzaba a perder la paciencia y ese hombre no le ayudaba. Sin discernimiento comenzó a actuar, sacando de entre sus finos atuendos una peligrosa pistola, colocándosela en la sien.

- No estarás deseando que yo dispare… ¿Verdad? – El hombre sacó la pipa de su boca y con los ojos desmesuradamente abiertos se quedó estático.

No era sólo la pistola lo que lo intimidaba, sino también la mirada iluminada del portador, esa mirada asesina y desesperada que parecía no conocer límites, esa mirada que demostraba sin lugar a dudas estar dispuesto a todo.

- Por favor, cálmate – alzando las palmas de sus manos sin soltar la pipa, Sebastián no sacó la pistola de su lugar – Daré ordenes de apresurar la velocidad del barco, aumentaremos al 300% de su capacidad, llegaremos a tierra firme mañana…

- ¿Estás seguro de que no me mientes…? No me temblará la mano para jalar el gatillo sí mañana por la mañana aún pierdo el tiempo dentro de este barco.

- T-te lo aseguro, no miento – Tartamudeó, Sebastián guardó el arma entre sus ropas otra vez – Ahora, si me permites… - Dijo desapareciendo de la borda.

Sebastián suspiró con frustración, Presentía que algo andaba mal, no iba a poder estar en paz hasta ver a Ciel de nuevo con sus propios ojos ¡No podría!.

En ese mismo momento decidió pasar la noche en la borda, llevó sólo una frazada para cubrirse por sí le daba demasiado frío. Sentía que se notaba de todos modos que el barco andaba más deprisa, sonrió angustiado, se preguntaba a cada rato cómo lo recibiría Ciel ¿Acaso aún imaginaba que regresaría con la maleta…?

A la mañana siguiente se sorprendió al notar que el viejo había cumplido su palabra, habían llegado a tierra firme, estaba desesperado y bajó en busca de sus maletas y el carruaje.

- Maldita sea… ¡Dense prisa! – Gritó Sebastián al notar la lentitud de los trabajadores del barco.

- Señor Michaelis, hay más de 1.500 maletas y carruajes que debemos evacuar…

Sebastián apretó los puños y frunció el seño, ya sin paciencia entró y desató a uno de los finos caballos que deberían arrastrar su carruaje, montándolo y saliendo, haciendo a toda la gente apartar llena de sorpresa y de temor.

- Ciel… ¡Ciel!

El caballo corría a toda su potencia con los fuertes golpes que le proporcionaba Sebastián, debía llegar, tenía que llegar.

Es primavera… Allá en Londres llega el otoño… Es porque Ciel no está… Mientras Ciel esté aquí, todos los árboles se llenarán de rosas y hermosas flores, los pajarillos cantaran y yo me lo llevaré conmigo, él volverá conmigo a Londres... Sin él yo no vuelvo…

El caballo parecía exhausto y casi contra sus deseos tuvo que detenerse para dejarlo beber y pastar unos momentos, se sentó en el pasto contra un árbol y tomó su cabeza con frustración, estaba desesperado, ya no faltaba tanto para llegar a la mansión de Fritzler. Ver al caballo pastar tan tranquilo lo agobiaba, y lleno de coraje lo tomó otra vez por la fuerza y le obligó a correr, ya podría descansar luego cuando llegaran donde Fritzler…

En la argentina ya era medio día, por fin llegaba a las afueras de la cuidad y divisó lentamente la enorme mansión, se emocionó y aceleró al caballo que ya casi no resistía más.

Flash Back

- Está bien... pero... – Se acercó a él, tomándole del brazo de manera que Sebastián se agachara y poder decirle al oído – Ese hombre me da miedo… Me mira demasiado extraño... No me dejes solo con él muchas horas...

- Tranquilo, no te hará nada... – Respondió también en un susurro, soltándose de Ciel y subiendo al carruaje – Adiós... – Musitó y entonces el chofer golpeó a los caballos que luego de relinchar comenzaron a andar.

Fin Flash Back

Pero al llegar lo que encontró fue un paisaje completamente desolador, bajó de su colapsado caballo y observó como un grupo grande de trabajadores cooperaban para fabricar una nueva represa, se notaba el borde del río arrasó con el hermoso jardín y los árboles lucían forzados. Con curiosidad se acercó a ellos a ver si de casualidad no estaba Ciel entre ellos. Se acercó y no lo divisó por ninguna parte, más, aún así, la escena despertó la curiosidad en el Duque.

- Chicos ¿Qué sucedió aquí? – Haciendo uso de su manejado español.

- La represa colapsó hace 3 noches – Respondió uno, Sebastián fingió interés.

- ¿Hubieron heridos? – Preguntó casi por inercia.

- No, gracias al cielo la señorita Constanza no salió herida, sólo hubo un muerto, un niño pequeño que era amigo de cons…

Dejó de hablar, Sebastián de inmediato se había marchado, casi corriendo entró en la mansión Fritzler, donde sin golpear ingresó al despacho.

Había ambiente de muerte, los sirvientes vestían sus trajes de servicios con color negro, se veían rostros deprimidos y lo peor de todo… ¡Por ninguna parte veía a su Ciel!.

Observó a Fritzler, quien se veía concentrado en sus documentos, de tal manera que cuando le vio al principio le pareció desconocido, pero luego de un par de segundos se puso de pie con una gran sonrisa y accedió a saludarlo como viejos amigos lo harían.

Sebastián trató de disimular su desesperación y completo interés por el tema, induciéndolo de manera completamente espontánea.

- Hey, Fritzler, tus sirvientes lucen terribles, supe que colapsó tu represa la otra noche y tu cara tampoco se ve del todo bien… - Fritzler se tomó la mejilla algo cansado, en verdad si le había afectado.

- Me da un poco de pena aceptarlo, pero uno de mis empleados a muerto y creo que si me siento un poco triste por ello, era una buena dama de compañía…

Dama… Sebastián suspiró, al parecer había muerto una chica.

- El pequeño niño que me trajiste la última vez, no me alcanzó a durar mucho, se lo llevó la corriente del río la otra noche y murió… - Bajó la mirada entristecido – Pero supongo que me has traído otro muñeco ¿verd-?

Alzó la mirada, Fritzler no creía lo que veía, estaba frente a un destrozado Sebastián el cual sus ojos amenazaban con estallar de ira, pero de inmediato se contuvo y se puso de pie, de manera cordial y casi destructiva, con los puños apretados y la mirada gacha, susurró:

- Supongo que tú no tuviste la culpa de ello… ¿O me equivoco?... – Fritzler no respondió - ¡¿O ME EQUIVOCO?

- ¡Claro que no, Michaelis! – Respondió molesto ante el tono de su receptor - ¡Te digo que el niñito fue arrastrado por la corriente!

Detrás de la puerta estuvo todo el tiempo Constanza, al parecer el Duque Michaelis estaba molesto ante la muerte de Ciel, quizás esa era la oportunidad que ella tenía para hacerlo pagar por sus maltratos a todos los empleados, lo acusaría, le diría a Sebastián por qué Ciel había muerto.

- ¡Él lo castigó! – Gritó ingresando a la habitación - ¡Ciel me lo contó esa noche! ¡Fritzler había querido estar con él y se negó! ¡Luego despertó tirado en el jardín y nos encontramos! ¡Allí…! – Se encogió de hombros, le dolía el corazón – Allí fue donde ocurrió todo…

Michaelis miraba anonadado, volteó de inmediato a mirar a Fritzler, quien sólo se alzó de hombros.

- No quería decírtelo, pero ese niño se portó realmente mal esa noche, hasta me enterró un alfiler en la pierna – Suspiró y miró a Constanza, quien al principio le miraba asustada, pero su mirada luego cambio a pánico – Y ahora tú—

Se escuchó un balazo por toda la mansión, uno… Dos… Tres… Tres impactos de bala en la cabeza, Constanza gritó llena de temor, cubrió su boca y miró con espanto a Michaelis, quien guardó la pistola entre sus ropas y volteó a mirar como los preocupados sirvientes se asomaban al recinto con temor a lo peor, encontrándose con la escena.

Caía la noche en la Argentina y el Duque permanecía de rodillas en la húmeda tierra, había una muy pequeña lápida con el nombre de "Ciel Phantomhive", Sebastián rió con ironía.

- En Inglaterra tienes una tumba con mi apellido… Y aquí tienes el apellido de tus padres…

Había permanecido agachado allí por horas. Algunos sirvientes habían huido o estaban escondidos, Constanza miraba desde la puerta cómo aquel hombre permanecía estático y parecía conversar con Ciel, era como sí le contara cosas hermosas, como que siempre lo amó…

Propuso ante él una sonrisa melancólica, tomando entre sus manos un puñado de tierra americana, estaba devastado… Algunas saladas lágrimas surcaban de vez en cuando por sus mejillas sumidas en un llanto silencioso, meditaba, si… Meditaba… ¿Cuántos dolores habría vivido Ciel allí…? ¿Cuánto maltrato? ¿Cuánta pena?. Era un estúpido, él en el fondo aún tenía la ciega esperanza de volver a estar con su Ciel… Pero lo había vendido como a un pan… Lo dejó en las peores manos y su muerte no era más que culpa suya…

- Perdóname, Ciel… - Susurró con la voz quebrada – Perdóname, yo… Yo fui un idiota… - Sus hombros temblaban – Nunca acepté que contigo aprendí realmente a amar… Nunca quise aceptar que yo, un Michaelis se enamorara perdidamente de un niño… Y en ese coraje que sentía por olvidarte yo te maltraté… Quizás si lograba que al menos tú me odiaras, yo… Yo podría aprender a odiarte también… Pero como me di cuenta que ni así podía dejar de sentir todo este amor por ti… Cuando esa noche en el crucero yo tuve la oportunidad de arrepentirme de dejarte… Sentí tanto coraje… Tanto coraje… Coraje de sentir como te me entregabas realmente enamorado, como yo no era capaz de corresponder a tus sentimientos con la misma pureza… La misma dulzura que tu irradiabas cuando me besabas o cuando tímidamente te atrevías a tocar mi espalda con tus pequeñas manos desnudas… Ciel… Yo… Yo.. – Mordió sus labios, estalló en llanto – Yo te amo- Pero ya es demasiado tarde… – Susurró – Perdóname, perdóname, si tú puedes escucharme, por favor… - Constanza lucía frustrada – Ahora yo… Yo deberé por fin hacer lo correcto e intentar realizar una vida normal… Sin más tráfico, sin más negocios sucios… Jamás volveré a ganar dinero acosta de niños pequeños como tú… Volveré a Londres y… Y me casaré con Sophie… - Constanza salió corriendo apresurada – Me casaré con ella y aunque no la ame, la haré feliz… La haré feliz a ella por todo el dolor que te hice sentir a ti… Deberé reivindicarme y pagar… Pagaré compartiendo mi vida y dedicándola al ciento por ciento a alguien que no amo… Por ti… Ciel…

Constanza corría por la rivera del río, parecía preocupada y portadora de una verdad letal, el hombre por el cual Ciel esperaba pacientemente en verdad lo amaba y había vuelto por él, había vuelto por él y, además, ahora volvería a Londres para casarse, eso era algo que ella debía impedir como fuera…

Flash Back

El cielo despejado daba paso a la primavera en la Argentina, el cantico suave de las aves le despertaba, sentía frío todo el cuerpo, cuando de pronto sintió los brazos de Constanza rodearle con fuerza.

- Ciel… - Musitó despacito – Estas bien… ¿Verdad…? – Le miró tranquilo, tenía múltiples raspones en su cuerpo, de todos modos eran heridas mínimas luego de ser arrastrado tantos metros desde la mansión Fritzler, su cabello empapado fue cubierto por una suave toalla de seda blanca y junto a él reposaban ropas recién lavadas y planchadas.

- Estoy bien… - Susurró débil, la muchacha le facilitó una cantimplora con agua fresca la cual le dio a beber, y a la vez junto a ellos yacía una canasta llena de alimento.

- Esta es tu oportunidad… - Continuó, acariciando su rostro – He dicho a todos que estás muerto e incluso nos conseguimos el cadáver de un animal para enterrar en tu lugar… Debes escapar, si el amo se da cuenta de que estás vivo, él sería capaz de-

- ¡¿Y tú, Constanza? ¡¿Tú qué harás de ahora en adelante?

- ¡Yo estaré bien! – Exclamó, nerviosa – …Sí prometes un día venir a buscarme… - Ciel le miró entristecido – Sí me prometes eso… Yo podré resistir todo este tiempo, esperándote… - Bajó la mirada y Ciel sonrió con dulzura, acariciando su suave mejilla.

- Volveré por ti… Es una promesa…

La pequeña sonrió con emoción y tomó sus hombros, acercándose lentamente hacia él y besando los labios del muchacho, en un suave e instantáneo roce, se puso de pie con vergüenza y se marchó, corría, él la podía ver, se alejaba llena de pavor ante lo que había hecho… Ciel tocó sus labios, aquel había sido un beso de una dama… Su primer beso con una dama…

Fin flash back

- Ojalá no te hayas alejado mucho… ¡Ciel!

Se ponía lentamente de pie, observó por última vez la verdadera tumba de Ciel Phantomhive, sonrió lleno de dolor y se montó sobre su yegua, comenzando un lento y resignado cabalgar…

Cuidad de la Plata, Argentina

Cuando tomó el carruaje luego de pensar "Debo viajar, viajar muy lejos de Buenos Aires para conseguir todo el dinero y volver a Londres", jamás imaginó que el transporte que tomaría con el escaso dinero que Cony le había prestado le serviría para avanzar tan poco.

Bajó del carruaje y se despidió del caballero que lo conducía, comenzando a caminar sin rumbo definido por las pequeñas tiendas que pudieran necesitar algún tipo de trabajador.

La misma belleza que lo había condenado al sufrimiento de ser vendido dos veces ahora le daba la ventaja de conseguir trabajo rápido, su castellano casi nulo le jugaba en contra

"Ojalá que encuentre rápido un lugar donde vivir también…"

Una semana después

Londres, Inglaterra.

- ¡Sebastián! – Exclamó Sophie, sorprendida.

Enseguida sus padres se pusieron a la defensiva, hace casi dos semanas el duque había huido a sólo un día de casarse, dejando una carta donde advertía que quizás no volvería, su pequeña Sophie lloraba devastada y ahora el duque volvía con un ramo de flores enorme como si nada, debía estar bromeando.

- ¿Qué haces aquí, Michaelis? – Preguntó en un tono autoritario el padre de la familia Schneider – Creí que no volverías, al menos eso decía tu famosa cartita.

- Yo… - Hizo una ligera reverencia – Yo realmente lamento mucho haberlos preocupado con mi ausencia, la verdad es que había ido unos días a Paris, donde me contacté con Doña Taylor – Sophie se mostro desentendida – Ella me comentó sobre algo que Sophie deseaba y yo quise traerle ese regalo antes de nuestra boda… Por favor, vengan conmigo al jardín…

Los 3 salieron al jardín sin comprender mucho, tras ellos, el duque caminaba con una sonrisa llena de dolor que se disimulaba realmente bien. Sebastián había vuelto con un hermoso carruaje color rosa y tres hermosas yeguas purasangre, tenía hermosos decorados y superficialmente escrito con rosas "Te amo, Sophie", y eso no era todo.

- ¡Sebastián! – Exclamó emocionada, cubriendo sus labios, los padres Schneider se miraron entre sí, claro, Sophie siempre había querido una carroza rosa, pero como Michaelis no sabía, su familia estaba al borde de la quiebra, nunca pudieron satisfacer ese deseo de su hija.

- Y eso no es todo… - Respondió mirándola con una sonrisa que fingía profundo amor – Entra al carruaje…

Y así fue, ella obedeció y se encontró con la gama de los más lujosos perfumes y hermosos vestidos diseñados por los mejores de Francia.

- Sebastián… Por qué—

- Quería darte esta sorpresa, mi amor – Le sonrió, Sophie corrió a abrazarlo, la apretó con fuerzas contra su regazo y sonrió.

Tenía el corazón roto...

Cuidad de la Plata, Argentina

- Una copa de whisky, por favor – Pronunció un inglés, el restaurant donde trabajaba Ciel era especial para turistas ingleses, jamás creyó tener tanta suerte de encontrar un trabajo tan adecuado para él, ahora debía servir como mesero y jamás había tenido problema alguno con ningún cliente, tenía una buena paga semanal y ahora sólo debía ahorrar para volver a Londres y de ahí, volver a la Argentina para cumplir su promesa.

Por la noche ingresó a una casona antigua donde alquilaba un cuarto, era pequeño, pero no necesitaba más para él solo. Comenzó a quitarse el uniforme con el cual trabajaba y lo colgó, colocó su pequeña pijama y le dio un vistazo al barrio por la ventana antes de soplar las velas, se acostó.

- Soy Ciel… Sólo Ciel… - Musitó, mirando hacia el techo de la habitación, con sus ojos nublados – Ciel Phantomhive ha muerto… Ciel Michaelis lo mató…


Notas finales:

Adiós y gracias por leer, espero les haya agradado... este episodio

esperen el último la próx semana... :(