Disclaimer: Naruto y sus personajes, no me pertenecen, sino a Masashi Kishimoto. Solo los uso en esta historia con fines de entretenimiento, de fans para fans :)

Notas de autor: ¡Hola a todos! Gracias por pasar por está humilde historia, por sus reviews que amablemente me dejan, sus follow y favs :)

Gracias a todos :)

A partir de ahora, responderé los reviews por medio de MP. :0

He aquí el capítulo número doce :D

¡A leer!

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Capítulo doce: Tensión.

Sarada se había saltado la reunión de equipo para entrenar por tercera vez consecutiva, claro que era consciente de lo mal que estaba de su parte el dejar plantado a Mitsuki, Konohamaru y Bolt. Pero no tenía remordimientos por ellos, durante las últimas semanas no había visto a Naruto tanto cómo ella habría deseado; las reuniones y el larguísimo papeleo que no tenía fin lo absorbían por completo hasta el punto en que se olvidaba del mundo entero allá afuera y a la primera oportunidad, ella se escapaba con él para pasar un rato agradable pero fugaz charlando animados de temas cotidianos o de los acontecimientos comunes de sus vidas diarias. Nunca hablaban de los problemas o conflictos con sus respectivas familias, sus tiempos juntos eran una bocanada de aire fresco qué les permitía no morir asfixiados de su entorno. Sarada se acurrucó en su regazo sintiendo su calor envolverla y su agradable ánimo contagiársele, ambos dejaron de hablar hacía unos minutos y el ambiente comenzaba a ser pesado. Desde aquel día en que Sarada había hablado con su padre, declarando muy escuetamente que Sasuke Uchiha admitió la razón de su regreso tan sorpresivo a la aldea y Naruto finalmente reveló la respuesta de su esposa, Hinata. Ninguno había vuelto a tocar el tema o a siquiera insinuarlo, evadiéndolo como si se tratara de un kunai envenenado.

Y la razón era muy simple.

Ninguno estaba realmente listo para poder hablar de aquellos tópicos aún, les era difícil. El hacerlo significaba que todo se haría mucho más real... y eso era casi sinónimo de pensar en la posibilidad de ser descubiertos, hecho que los llevaría al caos absoluto. Y tanto Sarada como Naruto tenían miedo de ellos, de verse en un callejón sin salida sin opciones o tiempo de actuar y pensar casi metódicamente como es que debían manejar la cosas. Ambos tenían la certeza de que no iba a ser nada fácil, su relación sería vista como algo incorrecto y que no debía ser, otros, los más cercanos a ellos; sus familias, amigos y compañeros, como un acto de traición maliciosa con todo el afán de dañar.

Y para ellos... solo amor.

Sarada carraspeó sintiendo la garganta seca, estaba muy tensa y mirando al techo, sabía que tenían que hablar del roto matrimonio de Naruto con Hinata Hyuūga. Todo lo que sabía era que ella se dijo que no, cosa que nunca consideró siquiera como una posibilidad latente debido al blando carácter que la vio tener a lo largo de los años viviendo en la resplandeciente Konoha. Siempre pensó que Hinata era una mujer amable, tímida y con poca predisposición a contradecir a los demás, por lo que, cuando Naruto le mencionó que le presentaría los papeles del divorcio; no pasó por su mente un solo escenario donde la Hyuūga se negara.

Sarada podía hacerse una idea de el porque, era bastante obvio para ella; sus hijos. No podía decir que conociera a Hinata personalmente, ni siquiera recordaba alguna vez haber cruzado palabra en la vida con ella. Sin embargo, ella intuía que no debía ser muy diferente a su madre cuando intentaba darle cierta estabilidad y tranquilidad a ella misma en base a excusas y mentiras acerca de su padre para aparentar que tenía una familia de verdad, como sus compañeros de la academia.

¿Sería que Hinata Hyuūga quería eso?

Entonces, lo supo.

La única forma era que el mismo Naruto le dijera a sus hijos que se iba a divorciar. Así, no le iba a dejar ninguna salida a Hinata y ella tendría que aceptarlo. Sonaba muy frío y fácil, pero no iba a ser así. No tenía prisa en que todo se develar a la luz pública, prefería pensar en una estrategia para llevar las cosas con el mayor cuidado y evitar tanto como pudieran el caos inevitable que les caería encima a ambos. Ciertamente, Sarada era más fría que Naruto, podía evaluar problemas y encontrar soluciones prácticas a ellos con más facilidad que otras personas. Quería girarse y solo decir lo que ella consideraba él debía hacer para comenzar a trabajar en su divorcio, pero... no podía. Sentía una barrera invisible que se lo impedía y un temblor en sus labios cada vez que intentaba formular lo que deseaba comunicarle sin sonar como una perra. Porque, en esos momentos se sentía como una mala persona. Por estar ideando un «plan» para separar a una familia. Ella amaba a Naruto de verdad, era la persona con la cual deseaba permanecer el resto de sus días sobre la tierra.

Se sentía vulnerable y perdida.

Quería llorar.

Sintió la mano de Naruto acariciar su mejilla con cariño, regresándola al mundo real en el acto. Sus ojos azules destilaban tanta tranquilidad y paz que la hizo sentir mejor, aunque solo un poco.

—¿En qué piensas, Sarada? —Le preguntó cálidamente él sin dejar de mirarla de aquella forma tan amorosa, como si le leyera el pensamiento. Ella parpadeó atontada, sus ojos oscuros brillaron con temor y eso no pasó desapercibido— Vamos, puedes decírmelo.

La chica dudó.

—Estoy asustada...—Admitió con el corazón latiéndole muy rápido en el pecho, que le dolía en serio. Naruto no dijo nada y permaneció callado dándole su espacio para que continuara—Tengo mucho miedo, a pesar, de que sé perfectamente lo que podría pasar si, ya sabes, alguien se entera de todo. Sé que eso no podría pasar aún, nadie sospecha de nosotros pero... cuando finalmente, se lo digamos al mundo entero; nos juzgarán.

El Séptimo asintió lentamente, confiriéndole la razón en silencio.

—Lo harán, Sarada, lo harán—Concordó haciendo énfasis en aquello con disimulo.

—Yo también tengo miedo.

—Debemos hablar—Indicó la chica con mucha seriedad sin mover un solo músculo tras pronunciar esa palabras con frialdad. Su semblante se ensombreció de pronto y Naruto juró que nunca la había visto así de sería en toda su vida.

—Ya estamos hablando.

—Deberías solo decírselo a ellos—Soltó Sarada tajante, sin rodeos ni vueltas innecesarias. Era muy obvio que se refería a sus hijos, Bolt e Himawari, pues él ya había cumplido con informarle a Hinata sus intenciones de separarse de ella—Tarde o temprano tendrás que hacerlo, y...—Las palabras murieron en sus labios rosados al ver qué Naruto estaba meditando con cuidado sus palabras.

No era fácil de decir aquello, ¿cómo empezar? No podía sólo llegar un día, presentarse frente a tus hijos y solo decir que quería separarse de su madre. ¿O sí? Sabía que tendría que dar muchas explicaciones a sus amados hijos, responder a cada una de sus preguntas y oír los reproches de Bolt con el ruido de los sollozos de Himawari como fondo a los gritos que, seguramente, su hijo iba a dirigirle tras semejante noticia. La realidad era que el miedo de Sarada no se podía equiparar su suyo.

—Debería...no, lo haré—Rectificó tratando de sonar convincente más para sí mismo, que para ella. Buscando algo de confianza y tranquilidad interior para poder pensar en que rumbo tomar a partir de ahí.

—No hay prisa.

Y se besaron buscando algo de distracción de todos sus problemas.

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A Inojin Yamanaka le gustaba observar a su alrededor. Podía aprender muchas cosas de una persona con solo mirarla desde hábitos hasta su rutina diaria, podía incluso notar si eran personas metódicas con agendas planificadas meticulosamente o espíritus libres que los llevaba el viento.

Siempre había disfrutado de ver a los demás caminar pacíficamente por la aldea y la vida seguir su curso natural desde un lugar apartado como un mero espectador silencioso acompañado por su bloc de dibujo para plasmar las visiones que más le agradaran junto a su fiel pluma cargada de sólida tinta negra. Como un tipo de fantasma callado sin nada que agregar a ello, salvo el mirar y hacer trazos sobre el grueso papel inmaculado de tonalidad amarillenta en su regazo. Pero, últimamente eso había cambiado, anteriormente Inojin no se enfoca a en absolutamente nadie en especial. Veía a todo ese conglomerado de personas que iban y venían como una unidad colectiva que carecía de seres individuales, solía hacer trazos plasmándolos a todos junto a las construcciones semi modernas que comprendían la Konoha actual como creaturas sin rostro ni identidad propia. Hasta qué comenzó a encontrarse a sí mismo prestándole atención a Sarada Uchiha sobre toda la multitud que la rodeaba o a pasar la página para hacer bocetos de ella dejando en segundo plano sus otros dibujos con tizas.

Lo admitía, le gustaba observar desde una distancia segura a Sarada Uchiha sin la más mínima intención de acercarse a ella. Como todo el mundo, solía tener u a rutina, casi siempre por las tardes y dentro de un mismo margen de horas; Sarada cruzaba justo frente a él hacia la parte más desolada de la aldea cerca de el arco que indicaba la salida de Konoha. No tenía un patrón regular de días en que lo hacía, como si se tratara de salidas furtivas e improvisadas que se planeaban al momento.

Normalmente, le veía acompañada de su equipo o de su amiga Chochō Akimichi que parecía ser su única amiga, exceptuando a Mitsuki tal vez. Sin embargo, lo le había pasado por alto el hecho de que siempre en esos momentos tan marcados, salía sola con una expresión de impaciencia y emoción disimulada plasmada en el rostro. Estaba claro que él sentía algo por ella, pero no tenía intenciones de exteriorizarlo nunca.

Le era imposible negar que sentía curiosidad.

Pero seguirla sería cruzar un límite.

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Bolt podía sentir la tensión en su propia casa aumentar cada vez más, no era estúpido, desde aquel día en que su padre básicamente le había echado de la habitación que compartía con su madre, ella estaba muy distinta. Mucho más callada, el cansancio se veía reflejado en forma de una pronunciadas ojeras bajo sus enrojecidas ojos que, estaba casi seguro, eran por el llanto. Se veía tan pálida que parecía un fantasma melancólico que vagaba en pena por la casa intentando sin éxito ocultar lo todo bajo una resquebrajada sonrisa débil.

Sus ojos azules se llenaban de ira al verlo así, él la amaba mucho y notaba su constante sacrificio a lo largo de los años en encubrir el abandono que ya su padre no se molestaba en disimular. Ahora, ese sentimientos de infelicidad que él y su madre solían compartir en silencio se había extendido hasta su hermana pequeña, Himawari. Su padre no hacia el mínimo esfuerzo en dirigirse a ellos, como si no fueran dignos de su compañía o sus palabras, casi parecía que ellos eran sus inquilinos más que su familia legítima. Quería ir a irrumpir a la oficina de su padre y gritarle todo lo que sentía, reprocharle cada momento miserable que tuvo por su ausencia, decirle las incontables veces que lo extrañó mientras se tragaba todas y cada una de las excusas que su madre se ingeniaba a para tapar el hecho de que los estaba desplazando fuera de su vida. No podía excusarlo diciendo que su trabajo era muy absorbente, esa razón caía por el hecho de que estaba al tanto de que si tenía tiempo para preguntar a su compañera del equipo Konohamaru, Sarada Uchiha, como le había ido en la ardua misión eterna en Suna y pero a él no o para consolarla cuando Sasuke Uchiha volvió a la aldea.

Si, él lo sabía.

No era ingenuo, su padre le había pedido el divorcio a su madre. Ella no se lo había dicho y él no lo escuchó explícitamente decírselo aquella noche, pero lo sabía. Sólo eso podría devastarla de esa forma tan notoria y brutal. Levantó la vista desde el sofá mullido de la silenciosa sala de estar de la residencia Uzumaki-Hyuūga, encontrando a Hinata leyendo un libro al otro extremo de la habitación con la cabeza casi hundida en las páginas, pasándolas mecánicamente cada cierto tiempo. No estaba leyendo, sus ojos perla se veían clavados en las letras impresas sobre ese libro de tapa dura pero su mente seguro estaba más allá de esa sala y las palabras contenidas en el libro sobre sus manos.

El corazón del chico se estrujó de una manera tan brusca que verdaderamente le dolió. No era justo para él, ni para su hermana y mucho menos, para su madre.

Como detestaba a su padre...

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Notas finales: Gracias por leer :)

Aquí otra entrega de este fanfic.

Dejen sus comentarios si así lo desean.

No odien a Bolt, entiendan su posición, para él su padre los abandona y lastima a su madre, se que a pesar de que el ya es mayor, seguiría siendo ese chico impulsivo muy en el fondo. Y sobre Hinata, pues también traten de comprender que busca darle cierta estabilidad a sus hijos aún cuando todo se está llendo al caño :v (?)

Y sobre Sarada, no es que sea mala. Es que, como es normal, su relación está tomando pasos importantes y eso significa caos, por lo que ella tiene dudas si está haciendo lo correcto.

Disculpen si no hay tanto "NaruSara" pero pues en esta parte, los personajes están teniendo muchos problemas en sus vidas y pues creo que eso haría que estén muy distantes.

«Viernes 15 de Septiembre del 2017»