Disclaimer: HP es pura exclusividad de Joanne-santa-Rowling. Yo únicamente poseo la trama.

Gracias a alissa-2012 por sus reviews.


En el bestiario de Hogwarts

Diario:

Los días se están pasando lentamente. Cada vez tengo menos compañeros de clase. Y no, no es por los EXTASIS. La verdad es que a todos les importa un rábano las clases que están dando. Con una guerra en puertas, los Carrows metiendo miedo, y el temor de que a la familia le hagan algo… bueno, la mayoría de mis compañeros está en la enfermería o en el calabozo. Sí, Hogwarts tiene calabozo. El primero en estrenarlo fue Longbottom, y no fue nada sorprendente. Quiero decir todos sabían que él sería el primero en caer allí. Si me preguntan a mí, Longbottom se arriesga demasiado, pero claro, nadie me ha preguntado y no es mi problema.

Otra que se arriesga mucho es Ginevra. Cuando no está follando conmigo está ideando nuevas formas de joder la existencia de los Carrows. Um… Follar con Ginevra es bien. ¿Quién diría que esa pelirroja es puro fuego? Es una leona en la cama. Claro, que nunca se lo diré.

La primera vez que follamos me sorprendió. Llegó al orgasmo llorando. En serio, ¿qué clase de chica hace eso? Se me pasó la fase post sexo al ver sus lágrimas. Llamadme idiota, pero corrí despavorido. O bueno, casi. Me subí los pantalones y como pude me alejé de ese pasillo. Ginevra estuvo molesta por días. Su cara estaba roja, sus ojos echaban chispas, y bufaba de rencor cada vez que me veía. ¡Pero oye! No es mi culpa. ¿Quién la manda a ella a llorar después de correrse? Que le agradezca a Merlín que no la ridiculicé en la sala común de Slytherin.

Um… Bueno no, no voy a ridiculizarla porque entonces me delataría. Y lo que menos quiero es que Slytherin se entere de mis relaciones con la Weasley. Son mías y de nadie más.

La segunda vez que follamos, (luego de rogarle por una semana. En serio, no vuelvo a rogar en mi vida), ella volvió a llorar. Bueno, estuvo a punto de hacerlo. Tenía los ojos húmedos. No sé que me dio más miedo; si verla llorar o que estuviese a punto de hacerlo.

Estoy aburrido de cojones. Necesito aire fresco. Pero estoy harto de los terrenos de Hogwarts. Si sigo peinándolos, me los aprenderé de memoria. Y ahí si estaré listo: Draco Malfoy, el hombre que puede competir con Hagrid, por el puesto de guardabosques honorarios. ¡Cielos no! Me lanzaría un Avada a mí mismo antes que alguien pudiera contarlo… Mi sarcasmo está en puntos rojos. Eso pasa cuando estás encerrado entre las paredes de un castillo. Dioses, como quisiera salir, ver algo diferente. Pero no podemos, estamos prácticamente sitiados en este castillo de mierda. Lo detesto, en serio. Detesto Hogwarts. Detesto las clases. Detesto a los profesores que hacen como si nada, que ignoran que estamos en guerra, que siguen dando el temario de sus clases sin preocuparse que nadie les presta atención. También detesto a mis compañeros…

Esto es lo que hace el encierro: me la paso diciendo que detesto a todo el mundo. Y sí, en parte es cierto, pero no tanto. Este encierro está acabando conmigo. Todo me sabe a poco. Las fiestas no son lo mismo. El snap explosivo y el ajedrez me aburren. Las continuas conversaciones de mis compañeros son un zumbido en mis oídos. En serio, va a llegar el momento en que me enterraran y mi epitafio dirá: Adolescente en la flor de la juventud muere de aburrimiento. Mi epitafio o el titular del Profeta que reseñe mi muerte. Sí, será apoteósico.

Por desgracia, la vida en Hogwarts no parece dada a lo apoteósico. Parecemos almas en pena. Bestias enjauladas que vagan por los pasillos, estallando a más mínima provocación. Oh, sí porque es esa otra. No basta con que discutan contra los Carrows, ahora hasta discuten entre ellos. ¿Cómo pueden ser un frente unido si se pasan la vida discutiendo? Es algo que escapa a mi comprensión.

Probablemente sí, moriría de total aburrimiento si Ginevra no estuviera. La tercera vez fue algo más normal, ella tenía los ojos raros pero no vislumbre ni una lágrima. Quizás se las haya limpiado poco antes de venir conmigo. El sexo con ella es fantástico, en serio. Pero no entiendo por qué llora. ¿Llora por hacerlo? ¿Llora por hacerlo conmigo y no con Harry-jodidos-Potter? ¿Llora por qué le provoca llorar? Otra cosa que escapa a mi comprensión.

Bueno, ya pudo decir que renuncio a entender a las mujeres.

Adiós.

-o-

Slughorn es una morsa gigantesca. Grande, desagradable y quisquilloso. El profesor de pesadilla perfecto. Oh, y además intenta caer simpático. Pero no, jamás y nunca.

- Señor Malfoy, está invitado a la fiesta del Club de las Eminencias. Por favor, no me vaya a decir que no. Eché de menos su presencia en la fiesta de Navidad…

Su voz es como un zumbido que te perfora los oídos. Que te paraliza para no hacer una mueca de exasperación, cuando logras hacerlo, ya él ha terminado su discurso y está esperando tu respuesta.

Tú suspiras profundamente. Te gustaría mandarlo a la mierda con todo y esa túnica ajustada: Pero no lo haces.

- Yo… Cuente conmigo, profesor.

Slughorn mostró una brillante sonrisa de felicidad. Tal parecía que se le había adelantado la navidad. Palmeó varias veces su mano y exclamó con voz aflautada:

- ¡Estupendo! ¡Estupendo! Será una fiesta magnífica.

Si logro sobrevivir sin mis oídos, pensaste. Pero no dijiste nada. Asentiste y se alejaste de su inmensa humanidad.

Una fiesta. Una maldita fiesta. ¿Qué hacía una fiesta en medio del caos?, te preguntaste. Te encogiste de hombros y saliste de las clases de pociones. No tenías nada que hacer. Así que empezaste a vagar. A vagar y dejar tu mente en blanco.

Tus pies te llevaron sin quererlo ni planearlo, al despacho del director Snape. Gruñiste al ver a la reconocida gárgola. Pero ya que estabas ahí…

- Infierno - le dijiste a la gárgola.

Ella asintió y te dejó pasar. Subiste de dos en dos la escalera de caracol y tocaste la puerta.

- Pasa, Malfoy. - Abriste y te encontraste con los ojos inquisidores de Snape. - No creí que vinieras.

- No venía - Snape alzó una ceja. Te encogiste de hombros. - Vagaba y llegué hasta aquí. No venía a verte a ti.

- Ya. ¿Y por qué decidiste entrar y hablar conmigo?

Volviste a encogerte de hombros mientras replicabas: - No tengo nada que hacer.

- Ya… Pero no tengo tiempo para atenderme, Malfoy.

- ¿Por qué? ¿Qué haces?

- Nada de tu incumbencia - replicó Snape. Cruzó los brazos sobre su pecho y te miró fijamente -. Estás ojeroso.

- Un poco, sí. ¿Algún problema con eso?

- No. No, por supuesto que no. Sólo constataba un hecho.

- Ya.

Incómodo. Era incómodo estar los dos frente a frente, sin saber qué decirse, sin saber cómo actuar con el otro. Hasta que Snape suspiró.

- Estoy ocupado, Draco, si esperas un poco…

Ignoraste el hecho de que te llamara Draco y no Malfoy, y lo interrumpiste:

- Tengo ojeras sí, pero también estoy muy satisfecho.

De nuevo la ceja alzada. Luego Snape sonrió. O intentó sonreír porque le salió más bien una mueca.

- Así que ya se abrió de piernas para ti, ¿eh? Bien…

Parecía tan frío, tan vuelta de todo, tan indiferente a que era la primera vez de Ginevra, que sentiste arqueadas. ¿Por qué? ¿Por qué te importaba que Snape hablara así de la pelirroja? No eran nada, excepto amantes y pues no había hablado de compromisos y futuro. ¿Entonces por qué…?

- Estuvo bien.

Snape asintió.

- Ya…

Como si no importara nada. Como si no le importara que su ahijado se hubiera acostado con la ex de Potter.

- Deberías probarlo - lo retaste.

Él parpadeó una vez, casi sorprendido por tu respuesta. Y luego volvió a ser el tipo frío de siempre.

- ¿El qué? ¿Follar a la señorita Weasley?

- No. Por supuesto que no…

Por un segundo la escena hizo un hueco en tu cabeza. Ellos dos solos, ella desnuda, él… Arrugaste la nariz. Por el rabillo del ojo, viste que Snape sonreía. Hijo de puta… disfrutaba molestándote.

- Digo que lo podrías probar con otra chica. Si te atreves, claro…

- ¿Qué te hace pensar que no lo hago?

Lo miraste fijamente. ¿Snape estaba follando con alguien? Eso parecía, o eso daba a entender. ¿Pero con quién? ¿Quién podría ser tan valiente (o estúpida, según se vea) de follar con Snape? Pensaste en varias candidatas: desde la joven profesora Sinistra hasta la vieja de McGonagall… Apartaste de un plumazo los pensamientos sobre una relación posible entre Snape y McGonagall (relación que no sería sólo laboral). ¿Y no fuera del colegio? ¿Si fuera…?

- Deja de comerte la cabeza, Draco. No vas a saber quién es.

- ¿Por qué no? - preguntaste a la defensiva.

- Porque no - gruñó Snape - Y ahora si me disculpas, estoy ocupado. Puedes retirarte.

Gruñiste nuevamente. Diste media vuelta y tocaste el pomo de la puerta. Pero antes:

- Si me permite decirlo, señor - dijiste el "señor" con toda la burla que pudiste reunir -, sigue luciendo amargado.

Abriste la puerta y saliste. Por eso no viste la verdadera sonrisa que cruzó el rostro de Severus Snape.

-o-

Acariciaste las teclas del piano. En los últimos días habías dejado de tocar. Hoy te sentarías. Necesitabas la música para relajarte para acomodar tus ideas. Pronto, la habitación era inundada por las suaves notas del piano. Pero en tu cabeza, se libraba una batalla campal.

Tu madre estaba enferma.

Notas tristes. Picos bajos. Un sentimiento de agonía recorriéndote.

Ginevra Weasley moviéndose sobre ti.

Satisfacción. Triunfo. Notas suaves. Picos medianos.

Nott jugando contigo al poker.

Picos altos. El deseo de ganarle. El deseo de ser mejor. Las apuestas.

Tu madre con la cara verde y amarilla.

La agonía de nuevo. Retorciéndose el estomago y la garganta.

La marca tenebrosa que adornaba tanto el brazo de tu padre como el tuyo.

Rabia. Ira. Picos altos. Terribles. Te marcaron como si fueses un animal. Sin voluntad. Sin posibilidad de elegir otro destino.

La risa maniática de tía Bella.

Miedo. Angustia. Picos temblorosos. Notas tímidas. Siempre creíste que la única tía que tenías era más… normal. Pero te equivocaste.

Los ojos rojos del Señor Tenebroso.

Miedo puro. Esos ojos metiéndose en tu piel. Gritos. Torturas. Amenazas. Un hombre que apunta a tu familia.

Pausa. Silencio. El miedo te paraliza las manos. Luego…

Snape hablando de su vida sexual.

Schok. Risa. Te desternillas de la risa. Curiosidad. La música empieza otra vez, felizmente, sensiblemente. Tus músculos se relajan. Te preguntas si es verdad que tiene una mujer por allí.

Ginevra mirándote acusadoramente a través de sus pestañas.

Molestia. Detestas que te reproche algo. Caso de bolas azules. Ansias de asesinarla lentamente y a la vez follártela contra la pared. Picos altos. Ira.

Tu madre postrada en la cama.

Miedo. Angustia. Dolor. Piensas en tu madre y en lo que tiene que pasar. En que te gustaría estar con ella. Picos bajos. Tristeza.

Tu padre presionándote para que levantes el orgullo de los Malfoy.

Ira. Nuevamente. Te sientes poca cosa. Medido. Estudiado. A veces orgulloso. Pero ahora sólo molesto. El orgullo de los Malfoy. Tu carga.

Las bragas de Pansy.

Las bragas de Pansy son negras. Negras como las teclas. Hace mucho que no las ves. Melancolía. Te preguntas qué hace ahora. Te preguntas cómo has llegado al momento en que no te importan sus bragas. Curiosidad. Picos medianos.

Zabini contándote su viaje a Italia.

Envidia. Ese negro de mierda siempre queriendo infravalorarte. Ansias de romperle la cabeza. Calor. Picos que suben y bajan con molestia. Zabini es un idiota.

El pelo de Ginevra esparciéndose sobre la almohada de una cama de la Sala de los Menesteres.

Excitación. Lujuria. Sientes que te puedes correr. Sientes que puedes acabar. Ella cerrando los ojos de placer. Tú disfrutando del poder. El orgasmo. La belleza.

Tu madre diciéndote: Te quiero, Draco.

Tristeza nuevamente. La música se baja completamente. Desesperación. Unas ansias locas de volver. De cuidarla. De decirle que todo estaba bien. De ayudarla. De decirle lo que nunca le has dicho: Te quiero, mamá.

Astoria tocando el piano…

La nota final salió como un escupitajo sobre el piano. Jadeaste en busca de aire. Jadeaste mientras intentabas normalizar tu respiración. Dejaste que cayera tu cabeza sobre la tapa del piano.

- No es una canción feliz, ¿cierto?

No alzaste la cabeza ni volteaste en su dirección. No hacía falta.

- No, no es feliz.

- ¿Puedo preguntar por qué?

- Sí, sí puedes.

- Pero eso no significa que me contestes, ¿verdad?

- Exactamente.

Ella suspiró profundamente.

- ¿Qué haces aquí?

Astoria Greengrass se encogió de hombros.

- Vagaba.

- Ya…

- ¿Puedo…?

Ella señala las teclas. Asientes. Te haces a un lado en el banco para darle espacio. Astoria se sienta. Se inclina sobre el piano. Acaricia las teclas, anteriormente heridas por tus sentimientos. Ella cierra los ojos y empieza a tocar. Es una música rápida. Vibrante. Perfecta.

- ¿Puedo…? - preguntas.

Astoria te mira. Está sorprendida. Intrigada. Te encoges de hombros. La verdad es que ni tú sabes por qué quieres tocar con ella. Supones que cualquier cosa es mejor que tocar desde tu negro corazón, aunque eso signifique tocar desde el corazón de Greengrass… Haces un gesto quitándole importancia. Sólo quieres tocar. Ella asiente.

Y juntos tocan el piano.

-o-

Están acostados sobre la cama. Desnudos. Tu piel pálida y su piel pecosa a la vista. Ella boca abajo, sus senos presionándose sobre el colchón. Tú acaricias su espalda, sólo por el placer de tocarla. De deleitarte con su piel desnuda.

- ¿Malfoy?

- ¿Um?

- ¿Cuál fue tu primer beso?

Tu mano se detiene. Sorprendido por la pregunta, por esa clase de pregunta. Luego sonríes.

- Simone Powels.

- ¿Powels? ¿No fue la que encontraron en el baño con el aprendiz de la profesora Vector?

- Sí, ella fue.

- Wao…

- ¿Impresionada?

En lugar de contestarte, retrucó:

- ¿No es mucho mayor para ti, Draco?

- Sólo por dos años - te defendiste. Y luego te encogiste de hombros. - No es la gran cosa.

Ella asintió.

- Ya…

- ¿Cuál fue el tuyo?

- ¿Mi primer beso?

- Ajá…

- Elvis Pound.

Su mano volvió a detenerse. No podías creer lo que escuchabas. Sencillamente…

- ¡No es cierto!

- Oh, sí lo es.

- ¿Cómo…?

Ella suspiró.

- Tenía doce años. Había salido de la Cámara. Él tenía diecisiete. Era un chico feliz. Divertido. Genial. Me ayudó. Me hizo ver que todos sufrían. Que yo no era única. Fue muy dulce y paciente conmigo. Se reía con mi poesía. Le divertía mis actitudes. Se convirtió prácticamente en mi hermano…

- ¿Un hermano que te dio tu primer beso?

- Sí, así es. ¿Parece lógico?

- No.

Se rieron. Era fácil acostarse allí y hablar de temas no comprometidos. Era fácil reírse. Hacerse bromas. Contar vivencias.

- ¿Y siguen hablando?

- No.

- ¿Ni siquiera por carta?

Ginevra se encogió de hombros.

- Su novia es muy celosa.

- Ya.

- ¿Y tú? ¡Sigues hablando con Powels?

- No.

- ¿Ni por carta?

- No le gusta escribir.

- Ah.

- ¿Y además de qué hablaríamos? Sólo nos besamos una… máximo dos.

- Si te soy sincera, siempre creí que Pansy fue tu primer beso.

- Um… Si beso cuenta como pegar los labios… entonces sí, Pansy fue mi primer beso.

- ¿Y cómo es eso?

- Pues… teníamos cinco años. Estábamos en su casa. Era su fiesta de cumpleaños: 13 de mayo. Nott y Daphne también estaban ahí, y claro Crabbe y Goyle no pueden faltar.

- Vamos, Slytherin al completo.

- Excepto porque falta Zabini, Tracy, y Millicent, los cuales se unieron después.

- Touché, sigue.

- Bien, estábamos en la fiesta. Y Pansy, roja como una grana pero con el suficiente aplomo, me pide que le conceda un deseo. Intrigado e inocente - Ginevra bufó, tal parece que no se creía que fuiste un niño inocente alguna vez. Pero la ignoras y prosigues: - Bueno más inocente que ahora, le dije que sí.

- ¿Sí?

- ¿Qué iba a saber yo que lo que ella quería era un beso? ¡Teníamos cinco años, por Merlín!

Ginevra empezó a reírse. Y luego ya no podía parar. Cuando se calmó lo suficiente, dijo:

- Vamos, sigue.

- Ella me dijo lo que quería y yo… me quedé muy sorprendido. Pensé seriamente en negarme. Pero ella me recordó que se lo había prometido.

- ¿Y cumples todas tus promesas?

Levantaste la nariz orgullosamente.

- Siempre, Ginevra, siempre. Así que… bueno, unimos nuestros labios. Ninguno sabía cómo besar así que lo dejamos así.

- Oh, pagaría por haber visto eso - rió ella.

- Oh, Daphne conversa aún la fotografía.

- ¿En serio?

Asentiste. - Dice que para la posteridad. Para decirles a nuestros hijos que nos dimos un casi beso a los cinco años.

- "¿Nuestros hijos?" - repitió Ginevra escupiendo casi las dos palabras - ¿Te vas a casar con Parkinson?

Te encogiste de hombros.

- Puede que sí, como puede que no. De todas formas es mi decisión. Bueno, de ambos. No es como si hubiera un matrimonio arreglado. Y de hecho prefiero a Pansy que como amiga que como algo más.

Ginevra asintió lentamente. Como procesando tus palabras.

- Supongo.

Se levantó sobre sus codos y te besó, haciéndote olvidar todo lo demás.

-o-

Fuiste a la fiesta solo. No te apetecía llevar acompañante. No te apetecía estar ahí, la verdad. Pero ibas. ¿Compromiso? ¿Fastidio? ¿Curiosidad? Probablemente todo eso. Ya te habías comprometido con el profesor morsa, léase Slughorn. Dos, estabas fastidiado de no hacer nada. Y tres, puede que descubras que hay en esas fiestas del Club de Eminencias que las hace tan emocionantes.

Bebes cerveza de mantequilla de forma acompasada, mientras escuchas a un par de brujas hablar de frivolidades. Para eso es esta fiesta: frivolidades, contactos, mostrar orgullo.

- No pareces contento.

- Al contrario. ¿No ves mi sonrisa de felicidad, Astoria?

Ella sonrió.

- No, no la veo.

- ¿No deberías estar con tus amigos?

Astoria se encogió de hombros.

- Ava está montándoselo con un tipo de sexto, Henry Cavil si mal no recuerdo. Areusa no quiso venir, dijo que estaba muy cansada. Ryan y Gabriel ni siquiera están en Hogwarts, están fuera del país.

- ¿Huyendo?

- No. De vacaciones adelantadas. - Ella negó con la cabeza - Dicen que en Inglaterra va a detonar una bomba y que ellos quieren estar lo más lejos posible del impacto.

- ¿Una bomba?

- Cosas de muggles. Ellos son mestizos, ¿sabes?

- Ya.

Alzaste la vista. Ginevra estaba en frente de ti. Te miraba. Te observaba. Parecía fulminarte con la mirada. ¿Celos? ¿Celos de Astoria? ¿Por qué? Sólo hablaban. Nada más. Pero ya sabías que si algo se le metía entre ceja y ceja a la pelirroja, por nada del mundo lo soltaba. Suspiraste, tendrías que ocuparte de contentarla más tarde esa misma noche.

Pero entonces seguiste su mirada. Iba hacia un chico de sexto. Una larga y apretada trenza castaña que le sonreía a Ava Kensington, la amiga de Astoria. ¿Ese era Cavil, no? Eso es lo que había dicho Astoria. Y hablando de Astoria:

- Parece que Cavil tiene una nueva admiradora, ¿no?

- ¿De qué hablas?

Pero no contestó a tu pregunta. Sonrió y se apoyó en la pared. Tomó tu cerveza de mantequilla y se la llevó a los labios. Le dio un sorbo.

- Cavil es un tipo atractivo. Uno de esos que humedece las bragas a la mayor oportunidad. Un tío caliente. Y parece a tu chica - sonrió aún más antes de inocular completamente el veneno - le gusta.

Apretaste los puños hasta que se colorearon de rojo. Todo desapareció. La música. Las conversaciones. Los pensamientos que te llevaron a esa fiesta. Todo desparecido de un plumazo con las palabras de Astoria. De repente viste a Ginevra como lo que era. Una zorra. Una que jugaba con los hombres. Que les hacía creer que eran únicos. Qué les hacía creer que eran especiales, mientras que por dentro se reía de todos ellos. Oh, cómo se debía reír la muy maldita. Si pudo olvidarse de Potter con tanta facilidad, también podía olvidarse de ti. Podía olvidarse de cualquiera. Era una zorra, una maldita zorra. Y las zorras no tenían sentimientos por nadie. Ni siquiera lealtad. Ni fidelidad. Ni nada.

Ginevra te ignoró. Ignoró tu dolor, tu desesperación, la mínima esperanza que tenías que todo fuera un sueño o una pesadilla, la puta esperanza que se hacía más pequeña cuando ella se acercaba más a Cavil. Cavil, Henry Cavil, ese idiota de tres al cuarto. Por ese es que se alejaba de ti. Lo podías entender, claro. Era guapo, atractivo, y no tenía una oscura marca en el antebrazo.

Recordaste la primera vez que vio la marca. Se había quedado anonada. Paralizada. Fue mucho antes de que tuvieran sexo. Desde entonces procurabas ocultar la marca. Luego ella te aseguró que no le molestaba, ni le incomodaba. Y entonces te quitaste la comisa. Ella todavía parpadeó impresionada. Pero poco a poco se acostumbró a la marca. Sin embargo seguía mirándola, fascinada por el horror de aquel tatuaje.

Cavil no tenía un pasado oscuro. No tenía una familia amenazada por el Señor Tenebroso. Cavil era libre. No tenía cicatrices. Gruñiste. Acabaste de un trago el contenido de la botella. Te tambaleaste ligeramente. Pero no te importó. Avanzaste en la misma dirección de Ginevra Weasley.

-o-

Una hora más tarde estabas en la enfermería. Mirabas hacia el techo. Aburrido y sin tener nada que hacer, pero satisfecho. Por primera vez en semanas habías liberado esa tensión que te carcomía por dentro, y que ni el sexo ni la música habían conseguido liberar. Te sentías bien. Te sentías muy bien, sí señor.

- Le golpeaste duro, ¿sabes?

- ¿Te molesta?

- No - contestó Astoria.

- Bien…

- Le hiciste una cicatriz en la frente.

- Al más puro estilo de Potter. Ahora puede ser un héroe trágico.

Astoria sonrió.

- Qué malo eres…

- Sólo un poco - admitiste.

- Él también te golpeó.

Asentiste. Tenías un cardenal en un costado, algunos moretones, y dos costillas rotas.

- Nada que no se pudiera reparar con magia.

- Ya. ¿Sabes que nos quitaron puntos, verdad?

- Los recuperaremos - Te encogiste de hombros - Este ha sido el año más fácil para nosotros. Podríamos ganar la copa.

- Como si importara una estúpida copa en este tiempo - replicó.

Asentiste, dándole la razón.

- Sí, es verdad.

Silencio. Un silencio cómodo se instaló entre ustedes. Se sentía bien. Se sentía correcto. Podrías alejarte de las preocupaciones de esa forma.

- Pero Weasley no te va a agradecer esto.

- No me importa - gruñiste.

Ella había empezado todo. Ella se había acercado a Cavil. Ella lo había mirado y encendido tu cólera. Ella había provocado que golpearas a Cavil hasta dejarlo inconsciente. Ella había… Ella era la única culpable. Si le gustaba o no que hubieras destrozado el rostro del hermoso Cavil era su problema, no el tuyo.

- Lo volvería a hacer - aseguraste.

Y Astoria en silencio, asintió.

-o-

Querido Diario

Malfoy se ha pasado. ¡Golpeó a Cavil! Sólo por qué lo miré. Lo único que quería era darle celos. Sólo eso. ¡Él estaba con la estúpida de Astoria Greegrass! Se merecía… se merecía una cucharada de su propio medicina.

No tiene derecho a ponerse celoso. Si Cavil ni siquiera me gusta. Pero claro, hablamos de Draco-soy-el-mejor-Malfoy. ¡Arrrg! Apesta su ego. Y luego dice que la culpa es mía. Bueno, no lo ha dicho, pero lo he intuido. ¡He mirado sus ojos enfurecidos hacia mí! No debió ponerse celoso, no debió…

¡No lo soporto, en serio! Es irracional. Estúpido. Arrogante. Y sólo me busca por sexo. No hay confianza. No hay camaradería. Los temas importantes los eludimos como la peste. Sólo hablamos de frivolidades. ¡Y ni siquiera me importa! Si mañana cayera al gran lago y fuera arrastrada por el Calamar Gigante, estoy casi segura, no, estoy 99% segura que Draco no me salvaría.

Lo detesto, en serio.

ATT, Ginevra-cabreada-Weasley.


Notas de la autora:

Primero, escrito y reescrito y sigue pareciéndome bastante corto a lo imaginado. Muchos títulos otra vez.

Segundo, trece páginas de Word, yupi!

Trecero, espero que les guste.