Meses después.

-¿Más jugo, señorita Black?

-Por favor –Dijo la niña, y le acerco su vaso a Leah, la bruja lo lleno de jugo de calabaza y se lo regresó. Iban en un enorme coche negro con ventanas blindadas, era el primer viaje de los gemelos al Callejón Diagon.

-Háblanos más sobre Kioshy –Pidió el niño. Angelique sonrió.

-El viaje es una experiencia única, todos se reúnen en el bosque de Arnak, hay un enorme claro y en el suelo están los símbolos de los cuatro elementos naturales, Aire, Fuego, Tierra y Agua, todos grabados en mármol, y justo en el centro, está el escudo de Kioshy, ahí es donde aparece el primer Fénix y la directora les da a todos la bienvenida. –Angelique podía repetir la misma historia cientos de veces, ella amaba su alma mater. –Entonces cientos de Fenix aparecen entre llamas de colores, los alumnos se despiden de sus familias y cada uno se reúne en el símbolo de su propio elemento.

-Pero por ser su primera vez, ustedes irán al centro –Sirius intervino.

-Y entonces los Fénix expanden sus alas y entre llamas frías de colores, aparecen a los alumnos en una plataforma de mármol flotante, justo frente a la isla de Kioshy. Sera un viaje increíble, y durante cuatro años ustedes aprenderán artes marciales, combate cuerpo a cuerpo, y lo más interesante… Magia sin varita, el control de los cuatro elementos naturales.

Los ojos de los gemelos se iluminaban cada vez que escuchaban a Angelique hablar de Kioshy, estaban ansiosos por comenzar.

A diferencia de Hogwarts, Kioshy era una escuela de magia de 11 años. Los magos y brujas ingresaban al cumplir los siete años, y durante los primeros cuatro años aprendían artes marciales, combate, control de los elementos, tácticas de guerra, se decía que Kioshy entrenaba a un ejército de magos. Angelique había asistido a Kioshy, así que ella y Sirius acordaron que los gemelos irían a Kioshy durante cuatro años y luego cambiarían a Hogwarts.

El coche se detuvo, la puerta del lado de Sirius se abrió, el bajo primero y luego le tendió la mano a Angelique, los gemelos salieron tras de ellos y luego bajo Leah, traía un morral café.

-Gracias Walter –dijo Sirius, el viejo mago asintió con la cabeza, subió al coche y se fue. –Vamos. –Sirius le dio la mano a Scarlett. Alexander tomo la mano de Angelique y los cuatro entraron al caldero chorreante, seguidos se Leah.

Magos y brujas hablaban y comían o tomaban algo en las mesas del caldero chorreante, algunos subían o bajaban las escaleras de sus habitaciones.

-¡Sirius! –El bar tender dejo un vaso a medio servir y salió de detrás de la barra a estrechar la mano del mago. –No tienes idea de lo mucho que me alegro de que te hayan liberado, yo siempre supe que eran inocente.

-Gracias, Tom. –Sirius le sonrió. Muchas veces había estado sentado en la barra del caldero chorreante, normalmente cuando se iba de su casa, y Tom siempre había estado ahí para darle un buen consejo y servirle un vaso de cerveza de mantequilla. –Creo que ya conoces a Angelique. –Tom beso el dorso de la mano de la bruja.

-Tan bella como siempre –Le dijo. Había sido precisamente ahí donde Sirius y Angelique se habían conocido.

Flash Back

-En algún momento tendrás que regresar a casa, ¿Lo sabes, no? –Tom le sirvió un tarro de cerveza de mantequilla a un joven de unos quince años de cabello negro y ojos grises que estaba sentado a la barra del caldero chorreante.

-No voy a regresar esta vez, Tom –Sirius le dio un largo trago al tarro.

-Eres un muchacho, Sirius, Hogwarts comenzara pronto, no ganas nada con irte de tu casa ahora, piensa que ya queda poco tiempo para que cumplas los 17 y podrás hacer lo que quieras de tu vida.

-Puedo hacer lo que quiera de mi vida ahora.

La puerta del caldero se abrió de golpe y una rafaga de nieve entro, una figura encapuchada entro y cerró la puerta con fuerza tras de ella. Se acercó y se sentó a la barra, dos asientos a la derecha de Sirius y se quito la capucha. Tom se acerco.

-¿Qué te sirvo? –Le preguntó. Volteo a ver a Sirius.

-Lo que sea que él está tomando. –Respondió y se saco los guantes.

Sirius la observó, su cabello debía llegarle a las caderas y era de un extraño negro azulado, completamente lacio, su piel era suave y blanca, contrastando con lo oscuro de su cabello, y por el breve momento en que ella cruzo su mirada con la suya, lo impresionó la intensidad de sus ojos negros.

Las horas pasaron, Sirius acorto el espacio entre ellos y se sumergieron en una conversación, ella también quería irse de su casa, pero se convencieron mutuamente de esperar al menos un año más.

-Angelique Hollow –Le dijo ella.

-Sirius Black.- Sirius tomo su mano y beso su dorso. Ella alzó una ceja. -¡Aah! –Sirius soltó su mano, y luego la miro. La mano de ella estaba envuelta en llamas azules.

-Un placer, Sirius Black. –Le sonrió de lado.

Y así fue como todo comenzó.

Fin del Flash Back.

Angelique le sonrió a Tom, y luego este miro a los niños.

-No sabía que tenían hijos –Les dijo.

-Gemelos. –Le dijo Angelique. Tom la miro.

-Tienen mucha suerte. –No sólo lo decía por la bendición de que fuesen gemelos, sino por la verdadera suerte que habían corrido de que siguieran vivos. Angelique sintió que algo dentro de ella se removía, pero Sirius apretó su mano.

-Lo sabemos. –Respondió el. Miro al niño. -¿Dónde están sus modales? –Le preguntó y le sonrió. El niño le extendió la mano a Tom.

-Alexander –Le dijo y estrecho su mano, la niña hizo lo mismo.

-Scarlett. –Angelique casi suspiro aliviada, era la primera vez que ellos se presentaban ante un extraño con sus nuevos nombres.

-Nombres fuertes. –Les dijo. –Serán grandes magos cuando lleguen a Hogwarts. –Les dijo.

-Kioshy –Corrigió Angelique. –Irán primero a Kioshy.

-Oooh, ya veo, así que vienen a hacer sus compras para el colegio, ¿No? –Les preguntó a los gemelos.

-/Si/ -Se notaba la emoción en su voz.

-En ese caso, no los entretengo más. –Tom se hizo a un lado y los cuatro pasaron al fondo del lugar seguidos por Leah, abrieron la puerta y todos se metieron en la estrecha habitación y se quedaron parados frente a la pared de ladrillos.

Los gemelos se miraron.

-¿Y ahora qué? –Preguntó la niña.

-No se…

Leah se acercó a la pared y toco algunos ladrillos con la punta de su varita, los ladrillos comenzaron a moverse hasta que la pared desapareció. Los gemelos quedaron maravillados con el callejón Diagon, sus ojos iban de un lugar a otro, siguiendo a la bruja que vendía hígado de dragón y se perdían en los goblins que se dirigían al banco y luego de regreso a la tienda de dulces junto a una tienda de que salían luces de colores.

-/Wow…/

-Túnicas. –Dijo Angelique –Vamos. –Tomó a la niña de la mano y entraron a una tienda de túnicas.

-Buenos días –Dijo la dependienta, fijo su mirada en Sirius, pero no dijo nada.

-Kioshy. –Le dijo Angelique, la bruja asintió y fue a la trastienda. Angelique llevo a la niña y la subió sobre un banquito rodeado de espejos. La dependienta regreso con un montón de telas y las puso en una mesita junto al banquito. Cerró una cortina alrededor de los espejos. Sirius y Alexander se quedaron recorriendo la tienda.

-¿Y qué opinas? –Le preguntó Sirius.

-Wow. –Dijo Alexander, como si no encontrara otra palabra para describir el callejón. Sirius rio.

-Si, fue lo mismo que dije yo la primera vez. El niño miró por la ventana, frente a ellos había una tienda con una escoba en la vitrina.

-¿Eso es lo que yo creo que es? –Le preguntó a Sirius.

-Es exactamente lo que crees que es.

-¿De verdad vuelan?

-Ya lo averiguaras, tú y tu hermana necesitaran una. –Alexander se dio la media vuelta tan rápido que casi tira un maniquí. Sirius tuvo que detenerlo y regresarlo a su lugar.

-¿Enserio? –Preguntó el niño.

-Shh –Le dijo Sirius. –Se supone que es una sorpresa… Así que actúa sorprendido. –Alexander sonrió.

La cortina se corrió.

-¿Sirius? –Llamo Angelique. Sirius y Alexander se acercaron.

-Hermosa. –Dijo Sirius y sonrió de lado, Heily estaba parada sobre el banquito. Llevaba una falda negra, la orilla de abajo tenía una delgada franja blanca. Tenía una camisola negra de manga larga con una franja blanca en cada manga y una especie de cinturón/corsé blanco en la cintura.

-Mira esto –Dijo Angelique, y le puso una túnica negra sobre los hombros y le puso la capucha. La túnica tenía un escudo en el lado derecho y se cerraba en el cuello con un broche de plata en forma de dragón. –Esto es tan emocionante –Le dijo a Sirius. –Me recuerda a mi cuando comenzó la escuela.

La única diferencia con el uniforme de Alexander, es que en lugar de falda, era un pantalón y llevaba un chaleco blanco.

-Adivina que. –Le dijo Alexander a su hermana. Estaban en una tienda nueva, en habitaciones separadas, habían ido ahí para comprar botas y la ropa para las clases de combate.

-¿Qué?

-Nos compraran escobas.

-Pensé que ya no teníamos que barrer…

-Voladoras, Heily… Escobas voladoras…

-Scarlett –Lo corrigió. -¿De verdad?

-Si –Le respondió su hermano. –Pero actúa sorprendida.

-Créeme, lo estaré.

Entraron a varias tiendas más para comprar libros y artículos que iban a necesitar, pero aun no habían entrado a ninguna de las tiendas a las que los gemelos querían ir.

-Más tarde –Decía Angelique cuando ellos querían entrar a la dulcería o la tienda de bromas. –Lo prometo.

Pero los gemelos no eran los únicos.

-Deberíamos comprar más pergamino… -Dijo Angelique, parada frente a la tienda donde habían comprado cuadernos, pergamino y tinta. A Scarlett la dejaron llevar una morada y a Alexander una verde.

-Deberíamos ir a comer helado –Dijo Sirius. -¿Quién quiere helado? –Los gemelos sonrieron ampliamente y ambos levantaron la mano. Nunca les habían preguntado eso antes. Sirius también levanto la mano. –Mayoría de votos –Le dijo a Angelique, ella rodo los ojos y levanto su mano también. –Hecho, vayamos por un helado.

Entraron a una heladería y se sentaron en una mesa en el segundo piso, desde donde podían ver a la gente caminar apurada o detenerse frente a las vitrinas. Alexander pidió un helado de chocolate con nuez y jarabe de mora, Scarlett pidió uno de fresa con chispas de chocolate y jarabe de vainilla. Sirius y Angelique compartían uno de chocolate con jarabe de mango. Siempre había sido el favorito de ambos.

-¿Qué es eso? –El niño miraba la tienda de la que salían luces de colores.

-La tienda de bromas. –Respondió Sirius. –Le haremos una visita más tarde.

-¡No! –Dijo Angelique. –Que hagan desastres en Hogwarts si quieres, pero la política en Kioshy es mas estricta.

-¿Quién dijo que era para ellos? –Sirius sonrió. –Y si mal no recuerdo, tú eras la mayor bromista de Kioshy –Sonrió de lado. Angelique alzo una ceja, Sirius sabia que eso significaba una cosa. Antes de poder apartar su mano, la de Angelique se encendió en llamas azules. –No has cambiado –Dijo Sirius y metió su mano en el bolsillo.

Scarlett y Alexander habían dejado el helado de lado cuando vieron eso.

-/Wow…/

-Dime que me enseñaran a hacer eso. –Dijo la niña. Angelique encendió una pequeña llama azul en la palma de su mano y se las mostro.

-Esto y mucho más.

-/Genial/

-Bien, bien –Dijo Sirius, se levanto y dejo un par de Galeones sobre la mesa. –Es hora de ir por lo más importante. Alexander y Scarlett miraron las monedas doradas.

Sirius saco dos Galeones de su bolsillo y le dio uno a cada uno.

-Se llaman Galeones. –Les dijo. –Vamos.

Salieron de la heladería y caminaron por el callejón. Los gemelos iban absortos en las monedas y chocaron con Sirius cuando este se detuvo. Guardaron los Galeones en los bolsillos, Leah había estado comprando en la tienda de hierbas, pero ya se les había unido de nuevo.

Entraron a la tienda donde Alexander había visto la escoba. Sirius y Angelique se acercaron a hablar con el dependiente de la tienda, los gemelos se pusieron a recorrer toda la tienda. Subieron los escalones para llegar al segundo piso, y ahí lo vieron. Había una especie de jaula plateada y dentro, volaban decenas de pelotitas doradas, justo como la que Alexander traía en su bolsillo.

-¿Para qué es eso? –Le pregunto Scarlett a Leah. La bruja se acerco y vio las pelotitas.

-Se llaman Snitch. –Les dijo. –Se usan para jugar Quidditch. –Alexander iba a preguntar que era el Quidditch, pero Sirius los llamo.

-Scarlett, Alexander. –Los gemelos bajaron las escaleras seguidos por Leah. Sirius tenía dos escobas, una en cada mano y les sonreía. Los gemelos se acercaron y él le dio una a cada uno.

No tuvieron que fingir estar sorprendidos. Jamás habían volado sobre una escoba, pero se veía tan bonita… Las pajitas estaban todas en su lugar, el mando estaba lustrado y se veía increíble.

-Nimbus 200 –Les dijo Sirius. –Ultimo modelo.

-/Genial/ -Dijeron ambos.

-Feliz cumpleaños. –Les dijo Angelique. Ese día habían nacido los hijos de Angelique y Sirius.