Holaaaa, ¡He vuelto!
En fin, estuve tardando por unos contratiempos y, okey, lo admito, también hubo un pequeño bloqueo, pero aquí estoy.
Pero bueno, ¿para qué distraer al público? Mejor lean y los veo en comentarios.
Marceline había asistido feliz de la vida a contarle a sus amigos que había recordado su fecha de cumpleaños, aunque Finn todavía no sabía lo de su amnesia, por eso se los comentó como si no fuera la gran cosa, ganándose con eso muchos regaños y gritos por parte de ambos. Al parecer estaban indignados por no haber sido avisados el día anterior, Fionna se veía incluso más enojada que Finn, y no le dirigió la palabra por un buen rato. Prácticamente tuvo que rogarle para que le hablara de nuevo.
Estaban en la sala acomodados en el sofá, habían estado viendo un programa de vida salvaje antes de la pequeña discusión sobre su cumpleaños. Ahora en la televisión el león devoraba a una cebra, pero ninguno le estaba prestando atención. Marceline se sentía un poco como esa cebra entre dos depredadores agazapados, listos para saltar sobre ella en cualquier momento.
— ¿Por qué no nos dijiste antes, Marcy? —preguntó Finn.
—Bueno, lo había olvidado, no es nada.
— ¡Claro que es algo! —la contradijo Fionna—. ¿Con quién la pasaste en tu cumpleaños? Porque evidentemente, no fue con nosotros.
—Eh… Yo… Con nadie en realidad, es decir, Bonnibel estaba ahí, pero...
— ¿Le dijiste a ella y a nosotros no?
Finn ya no parecía molesto, incluso le sonrió con complicidad sin que su hermana lo viera haciendo que sus mejillas se tiñeran de rojo, fue inútil tratar de controlarlo. Lo peor es que esto no pasó desapercibido para Fionna y alzó una ceja interrogante. Marcy sabía la mirada que recibiría de parte de su amigo una vez que les contara porque Bonnibel estaba con ella ese día.
—No es cómo tú piensas, Fionna.
— ¿Entonces?
—Mira, hace poco robaron en su casa y para que no tuviera que quedarse sola le ofrecí vivir un tiempo conmigo. Sólo mientras pasa todo este susto —explicó—. Por eso es que estaba ahí.
—Que buena persona eres, Marceline —dijo Finn con tono burlón.
Marcy lo fulminó con la mirada haciéndolo reír todavía más. Fionna no parecía muy complacida, pero al menos se veía menos enojada que antes.
—Bien, supongo que lo entiendo, pero ahora toca nuestra celebración. Deberíamos ir a ver al padre Simón. Él tiene que saber.
—Estoy de acuerdo, también tengo ganas de verlo.
Por supuesto, el cura los recibió con la misma alegría de siempre y se mostró especialmente feliz cuando le dijeron sobre el cumpleaños de Marceline, después de todo, al parecer sí estaba recuperando su memoria, a pasos lentos, pero era mejor que nada.
Marcy decidió dar una vuelta por el lugar, no es que tuviera tanto tiempo sin ir, sin embargo, ese sitio era lo más real que conocía hasta ahora. Fionna y el padre se quedaron enfrascados en una conversación sobre la religión que ella prefirió evitar, y al parecer Finn también optó por lo mismo ya que la alcanzó un rato después y caminó a su lado dándole una sonrisa. Ella sabía exactamente a qué se debía.
—Veo que has progresado, pequeña.
—Soy mayor que tú, idiota.
Él fingió ofenderse.
— ¿Maldices en la casa de Dios? ¿Qué diría el padre Simón ante este comportamiento? —se burló.
Marceline, sin embargo, sintió un escalofrío en la nuca y no le hizo gracia su chiste. Le tembló la mano, aunque no supo explicar porque y la metió en su bolsillo del pantalón para ocultarlo; sonrió forzadamente.
—Supongo que no debería.
—Oye calma, era una broma —dijo notando que se había puesto tensa.
Ella suspiró y trató de relajarse. Todo este asunto de la religión siempre la descolocaba un poco, pero eso era algo que prefería guardarse para sí misma.
—Sabes, creo que dices muy poco de ti. ¿Siempre has vivido con el padre Simón? Yo no te recuerdo aquí y solía venir de pequeño.
—No estaba con él.
— ¿Y qué hacías antes de esto?
—Bueno, yo... —titubeó—. Realmente no lo sé.
A Finn podía confiárselo, después de todo, ¿no le habló él de cómo se sentía con su padre? Tal vez decirle sus preocupaciones no estuviera tan mal, confiaba en él.
— ¿Qué quieres decir con eso?
Se habían detenido junto a la entrada, estaba desierto puesto que en esos momentos no había misa, a nadie le interesaba ir. Veía a la gente en la calle y se preguntaba si algún día volvería a la normalidad. Le gustaría que no fuera tan tardado esto de recordar.
—Sufro amnesia, Finn —explicó—. Tengo muy pocos recuerdos de la vida que tuve antes de venir aquí… Más que recuerdos, sólo son imágenes difusas que aparecen de vez en cuando en mi mente.
— ¿De verdad? ¿Por qué no me habías dicho eso?
Se encogió de hombros.
—No es algo que me guste andar diciendo a todo el mundo.
—Eso lo entiendo, pero… —se cayó quedándose muy pensativo de pronto—. ¿Bonnibel lo sabe?
Su silencio fue bastante elocuente y Finn negó con la cabeza como protesta. Es evidente que no estaba de acuerdo con eso, ni ella planeaba mantenerle oculto su pasado, es sólo que, siempre había algo más importante qué tratar. O tal vez no era lo suficientemente valiente como para decírselo.
—Ella te gusta y tú le gustas. No puedes hacer eso, si van a empezar algo, debe ser con la verdad.
Eso la hizo reír. Todavía ni siquiera podía confesarse y él ya imaginaba un futuro entre ellas.
—Te estás apresurando mucho.
—Tal vez, pero cuando llegue el momento no digas que no te lo advertí —respondió.
—Claro, lo tendré en cuenta…
Fionna se acercó abrazándolos por los hombros y sonriendo, daba la impresión de que la conversación con el padre la puso feliz. Algo que Marceline todavía no comprendía en ella era esa facilidad con la que sonreía después de una de esas charlas.
— ¿De qué tanto hablan?
—De tu horrible nariz, hermanita.
Y lo rápido que Finn acababa con esa felicidad.
Ella frunció el ceño y apretó su cuello más de lo necesario soltando a Marcy para enfocarse en su hermano.
—Espera, Fionna, para —pidió golpeando su brazo.
—Discúlpate —gruñó.
Marcy los observaba entre divertida y preocupada por el color que adquiría el rostro de Finn.
—Bien, bien… Lo siento.
Al fin lo soltó y lo vieron tomar grandes bocanadas de aire para posteriormente dirigir una mirada furiosa a Fionna que seguía muy sonriente y había entrelazado su brazo con el de Marceline.
— ¿Qué te pasa? ¡Pudiste matarme!
—Estás exagerando.
Estaban volviendo a donde se quedó el padre cuando el celular de Marcy sonó y ella tuvo que separarse un poco antes de notar el nombre en la pantalla y enmudecer de terror. Era Laura y estaba segura de que no sería nada bueno. Estaba pensando que quizá podría ignorarlo y fingir que no vio la llamada, pero justo en ese momento sonó de nuevo haciéndola dar un respingo. Si no contestaba pronto… No quería ni pensarlo, ¿en qué se había metido?
Los hermanos la observaban intrigados mientras ella se ponía pálida. Le tembló la voz cuando respondió.
—Eh… Hola, Laura, ¿qué pasa?
—Oh, nada, Marceline, sólo llamaba para saludarte y ver cómo has estado en estos días libres —dijo con la voz demasiado dulce.
Sabía que estaba jugando con ella, podía notar el tono afilado escondido entre la aparente dulzura. Era como si estuviera esperando el momento exacto para atacar.
—Yo… Este… He estado bien —respondió nerviosa—. ¿Y tú?
—Estaba pasándola fabuloso, sabes, y de pronto Cassie me llama y dijo algo que me sonó curioso, tal vez se equivoca y quería corroborar contigo.
— ¿Qué te dijo?
Tenía que llamar a Cassie pronto. Cómo era posible que la que creyó su amiga la traicionara de esa manera.
—Marceline, tienes que cuidar tu maldito rostro, ¿de acuerdo? Eres modelo, vives de tu imagen. Hacer ejercicio está bien, pero el box queda terminantemente prohibido. —Hablaba sin gritar y por alguna razón, esto le causaba más miedo—. Si me vuelves a dar un disgusto mientras estoy de viaje volveré para ahorcarte con mis propias manos, ¿entiendes?
Sus amigos la seguían esperando y vieron como pasaba saliva con dificultad. Se preguntaban en silencio qué le estaría diciendo su jefa como para reaccionar así. Finn se encogió de hombros y decidieron esperar a que terminara su llamada.
—Lo entiendo, Laura.
—Y una cosa más, Marceline —dijo con voz amenazante—. Cuida bien de Bonnie.
Soltó el aire que había estado conteniendo sin darse cuenta. Eso último no era difícil y la mención de Bonnibel siempre le traía sosiego.
—Claro, no tienes ni que decirlo.
—Bien, ahora volveré a mi trabajo, pero recuerda, un escándalo más y…
Dejó la frase en el aire. Todo lo que escuchó Marcy después fue el pitido que le indicaba el fin de la llamada. Suspiró cansada, no quería dejar el box, era algo que le gustaba hacer, sin embargo, tampoco podía desobedecer, había firmado un contrato y tenía que acatar las órdenes de Laura.
— ¿Qué pasó? —preguntó Finn acercándose.
Ella se giró para mirarlos y negó con la cabeza con una débil sonrisa.
—No es nada, vamos. El padre Simón nos espera.
Durante el tiempo con el cura Marceline no podía dejar de pensar en Bonnie, sabía que la encontraría en su casa cuando llegara y eso le provocaba una sonrisa de idiota que no pasaba desapercibida para su rubio amigo, que seguramente suponía lo que pasaba por su mente, y se burlaba en silencio haciéndola enrojecer.
Al final terminó yéndose sobre las ocho, el sol tenía rato de haberse ocultado y las calles estaban oscuras, de modo que tomó un taxi. Las luces estaban encendidas en hogar y subió los escalones de dos en dos abriendo casi con urgencia la puerta, aunque trataba de disimularlo.
Bonnibel estaba acostada en la cama con las piernas flexionadas, las manos aferrándose el abdomen, los ojos cerrados con fuerza y los dientes apretados. No pudo evitar asustarse pensando que algo malo le estaba pasando y corrió a su lado justo cuando ella abría los ojos y cambiaba su expresión por una sonrisa que le pareció demasiado artificial.
Escuchó como suspiraba con fuerza y dejó su posición tratando de levantarse, pero Marceline se lo impidió.
— ¿Qué sucede, Bonnie? ¿Estás bien?
—Yo… —Resopló. Tenía la cara roja—. No es nada.
Marcy tocó su frente juntándose más a ella, pensando que tal vez, lo rojo era sinónimo de fiebre. Por suerte, su temperatura parecía normal, aunque el color se había avivado más.
—Vamos, si no me dices ahora, te cargaré hasta el hospital.
— ¡No! —dijo y soltó un gruñido por lo bajo—. Tengo cólicos, ¿de acuerdo? Estoy bien, sólo es dolor.
—Oh, ya veo. ¿Necesitas algo?
Bonnibel se había recostado de nuevo y se cubrió con la sábana puesto que el clima ya comenzaba a enfriar por las noches.
Marceline se sentó a su lado observándola con detenimiento. Ahora se daba cuenta de que el color de sus mejillas era por vergüenza y sonrió acariciando su cabello, lo había hecho casi por instinto y se detuvo cuando lo notó.
—Lo lamento.
—Continúa, por favor. Eso me distrae del dolor.
Se había acercado hasta recostarse en sus piernas y apretaba con fuerza cuando le dolía más de lo que se consideraba capaz de soportar. Marceline sabía que probablemente le dejaría marcas, pero no le molestó y obedeció su petición viendo cómo se relajaba su expresión. Se mantuvo así por un rato tratando de no pensar mucho en el significado de todo esto y encendió el televisor tratando de distraerse de sus cavilaciones.
En Fox pasaban los Simpson y decidió detenerse ahí, Bonnibel también se reía de vez en cuando de las ocurrencias de los protagonistas. Todo estuvo medianamente tranquilo hasta que su celular sonó de nuevo, se trataba de Laura y levantó una ceja pensando porque la estaría llamando de nuevo.
— ¿Qué pasa? —preguntó la pelirrosa.
—No lo sé. Es Laura.
Contestó el teléfono y tuvo que separarlo de su oído al escuchar el grito de su jefa, no había entendido lo que dijo, pero incluso Bonnie había oído eso y la miraba expectante.
— ¿Qué rayos? Laura no te entiendo nada.
Su jefa cayó un segundo tratando de controlar su temperamento para poder explicarse bien. Marceline esperó con impaciencia, no tenía idea porque le estaba gritando ahora, pero no parecía ser nada bueno.
—Una revista publicó una nota sobre ti —dijo ya más tranquila.
Había puesto el celular en altavoz para que Bonnie pudiera oír también y ayudarla en caso de necesitarlo. Seguramente era la única persona capaz de calmar a Laura en uno de sus berrinches, lo sabía porque fue testigo de ello en cierta ocasión.
— ¿Eso es malo? —preguntó con cautela.
—No realmente, supongo que no es culpa tuya. —Suspiró—. Pide disculpas a Bonnie de mi parte.
— ¿Eh? —Ahora fue la pelirrosa quien habló—. ¿Eso por qué, Laura?
—Oh, querida, estás ahí. —Carraspeó—. Adjuntaré el link de la publicación.
Después de eso colgó el teléfono y Marceline esperó su mensaje que no tardó en llegar. Al abrirlo comprendieron porque estaba haciendo tanto alboroto, en el enlace mostraba una foto de ella en la pasarela a la que asistió (supuso que para llamar la atención de las personas) y en la descripción podía leerse que según una fuente confiable la reciente modelo estaba viviendo en compañía de una chica misteriosa.
Alzó las cejas muy arriba sin poder creérselo. Bonnie parecía tan anonadada como ella y ninguna dijo nada por un rato hasta que el enojo sustituyó la sorpresa. Por cosas así es que a veces le daban ganas de dejar el trabajo, realmente no necesitaba tanta atención, y tampoco la quería. Era obvio que no tenían por qué meterse con Bonnibel.
Por su parte, ella estaba pensativa, tratando de encontrar sentido a eso. Es decir, tenía un par de días ahí cuando mucho, ¿cómo es que se enteraron tan pronto? En especial porque, por lo que sabía, Marceline no era el tipo de artista al que se la pasaban siguiendo los medios.
—No lo entiendo —declaró finalmente.
—No te preocupes por esto, seguro que Laura hará algo al respecto.
En realidad, probablemente, trataba de convencerse a sí misma, pero Bonnie asintió. Nunca le gustó que la relacionaran con su amiga, porque no le gustaba el estilo de vida que ella llevaba, no tanto por su trabajo como tal, simplemente, ser el centro de atención no era los suyo y lo dejó claro muchas veces. Esta vez la cosa tampoco le agradaba, aunque no la culpaba, a fin de cuentas, las posibilidades de que eso se hiciera noticia eran bastante altas desde un principio y lo sabía.
—No hay problema, Marcy.
Revisó de nuevo su celular y vio otro mensaje de Laura con un link diferente, esta vez la redirigió a una publicación de su propia jefa donde explicaba algunas cosas sobre el porqué estaba viviendo Bonnibel con ella y eso la hizo sonreír. Después de tener más detalles las cosas se vuelven aburridas y las personas terminan por olvidarlas.
—Mira esto —dijo mostrándole el celular.
Bonnibel se sentía menos adolorida, sin embargo, no le apetecía separarse de Marceline por lo que se quedó recostada contra su hombro viendo la publicación de su amiga. Una sonrisa se formó en su rostro y suspiró más tranquila. Laura siempre encontraba la forma de solucionar las cosas, ya fuera por las buenas o por las malas, en especial si involucraban a una de sus modelos.
—Eso me recuerda —comentó—. ¿Te dijo algo por el golpe?
—Eh... Sí. Fue demasiado amable cuando me advirtió que no volviera a meterme en problemas —Negó con la cabeza—. Me dio escalofríos.
Eso hizo a su compañera soltar una risilla, seguramente entendía a lo que se refería.
—Laura no es tan mala como crees.
—Sigues repitiéndome eso, Bonnie, pero ella me convence de lo contrario.
—Vamos —dijo soltando un bostezo—. Estás exagerando.
—No lo hago, pero anda, duerme de una vez.
Se talló un ojo en un gesto tan tierno que le dio la impresión de estar viendo a un gatito bebé.
— ¿Tú no vas a dormir?
—No tengo sueño —mintió.
No quería ir a dormir porque para eso tendría que apagar el televisor y dejar la habitación sumida en la oscuridad; que lo hubiera soportado una vez no quería decir que fuera hacerlo siempre y temía que Bonnibel terminara por notarlo. Era más fácil simplemente quedarse despierta hasta que ella se durmiera y luego fingir a la mañana siguiente que olvidó apagar la televisión.
— ¿Estás segura?
El cansancio se le notaba, lo sabía, pero tenía que disimular sólo un poco más.
— Totalmente.
Bonnie la miró un largo rato hasta que decidió darse la vuelta, dándole la espalda, aunque pareció recordar algo y volteó a verla de nuevo antes de levantarse y sacar unas cosas del cajón que Marceline le había prestado para guardar su ropa.
— ¿Qué haces? —preguntó.
—Planeo ponerme el pijama.
—Ah claro.
Si hubiera estado bebiendo algo en ese momento seguro que se ahogaba; pensó que la chica iría al baño para cambiarse, pero al parecer no le importaba hacerlo ahí mismo y comenzó a desnudarse frente a ella, que inútilmente, hacía su mayor esfuerzo para cerrar la boca y dejar de mirar su espalda. Tampoco es que hubiera quedado desnuda por completo, conservó la ropa interior en todo momento, aunque era mejor así, seguramente si la cosa llegaba a más no tendría cómo parar la baba que seguro le escurría por la barbilla.
Para cuando Bonnibel volvió a la cama, Marceline tenía el rostro rojo como tomate y evitaba mirarla a la cara porque no quería que se diera cuenta, aunque quizá eso resultó incluso más sospechoso.
— ¿Qué sucede?
—Creí... Que te ibas a vestir en privado.
—Ah, eso. Bueno, está oscuro y eres tú, así que realmente no tenía problemas...
Ahora ella también parecía avergonzada y le dio la espalda por segunda vez aplastando el control remoto logrando apagar repentinamente la televisión. Fue entonces cuando Marceline se olvidó de lo que había visto y cerró las manos en puños tratando de controlarse, se habían quedado a oscuras y era noche cerrada, ni la luna y las estrellas se encontraban en el firmamento para infundirle algo de calma.
La pelirrosa lo notó y encendió de nuevo la televisión apoyándose en el respaldo de la cama para verla más de cerca. De ese modo se percató de que se había puesto pálida y mantenía los labios apretados, sin contar que su respiración trataba de recuperar su ritmo normal.
— ¿Estás bien, Marcy?
Ella suspiró sabiendo que no podría seguirlo ocultando.
—Tal vez... Tal vez no lo mencioné antes —dijo. Bonnibel había puesto la mano sobre la suya para ayudarla—. Yo le tengo pánico a la oscuridad. Sé que suena estúpido e infantil, pero así son las cosas.
Para su sorpresa, ella no se estaba riendo ni mucho menos, la observaba con seriedad.
— ¿Por qué no me lo habías dicho?
—No lo consideré necesario. —Sonrió sin muchas ganas.
— ¿Hay algo más que no me hayas dicho, Marcy? Esta es tu oportunidad para hablarme de eso porque yo no tengo secretos contigo, te he hablado de mí hasta el cansancio y me gustaría que tú hicieras lo mismo.
¿Todo? ¿Realmente podría hablarle de todo? Bueno, era su oportunidad para darle ese voto de confianza que le estaba pidiendo.
—También tengo claustrofobia, por eso dejo abierta la puerta de la habitación.
— ¿Es todo?
Poco o nada recuerdo de mi pasado, y ¡Ah! Tú me gustas. Quiso decir.
—Hay una cosa más... —Bonnibel la miraba expectante sin dejar de sostener su mano—. Pero, creo que eso puedo decirlo después, ¿no? Te prometo que te lo diré en algún momento, pero no ahora.
Suspiró.
—Bien, tampoco voy a obligarte.
—Paciencia, Bon-bon.
Le acarició la mejilla soltándola casi enseguida. Si seguía viéndola así y desde tan corta distancia, terminaría haciendo una estupidez.
Respuestas a los reviews.
LucyLoquilla: Está asustada, digo, a veces creemos ver señales donde no las hay, supongo que teme que sea eso lo que le está pasando (?) Bueno, Bonnibel sí es despistada xD Pero vamos, amor es una palabra muy grande, tal vez si estuviera enamorada sí lo notaría más rápido. El punto del "no spoiler" es justamente ese ;3
Gracias por leer (inserte corazón).
alecita122: jajaj no lo puedo creer, pero bueno, confiaré en tu promesa de actualizar (De hecho pienso ir a revisar ahora mismo si ya lo hiciste), y qué decir, me alegra haber contribuido a la comunidad presionan... ¡Ejem! Quiero decir, persuadiendo a un ficker para actualizar una historia que tiene en hiatus desde hace años (No es reproche, calma xD). En fin, Bonnie sí es algo ciega, ya aclaramos ese punto jaja pero te prometo que se le pasará pronto. Además, es probable que ya lo note, pero no del todo (?) Difícil de explicar. Y bueno, Laura no la mató, pero la amenazó de muerte XD
Espero verte pronto por aquí :3
Nea: Oh, esa nota va en referencia a los "fans" que son un poco groseros con los artistas.
Deilys leon: Ow, amo que algo que disfruto haciendo, otros lo disfruten también al leerlo.
