Bien, chicas. Hoy solo yo (Nat xD) publicaré! Tiff tiene un yo-no-sé-qué y pues... me ha tocado a mi escribir este cap sola (por variar). Tranquilas, sé que todas quieren matar a InuBaka (? pero ya verán el por qué de todo esto.
Ahora, nuestro guapo, atractivo y sexy mediodemonio (? sufrirá las consecuencias.
Ya saben que Rumiko Takahashi no nos quiso dar a Inuyasha y demás compañía para navidad, así que aún no son nuestros. La historia la hicimos sin fines de lucro, pero si quieren pagar no hay problema (? Nah, mentiras, La historia esta hecha sin el objetivo de ganar dinero, sino para explotarnos la mente a Tiff y a mí :B
Capitulo 11: Adiós
Miroku entró a mi habitación para levantarme. Lo saludé con una sonrisa fingida y el captó el mensaje. Me comentó que Kikyô había vuelto extremadamente tarde anoche, y yo le respondí que poco me importaba. Me levanté y dirigí a la ducha. Cuando estuve lista, tome mi maleta de mano (la única que estaba en mi habitación) y bajé las escaleras. Kikyô no se encontraba, y agradecí a Dios por eso.
Estaba enfadada con mi hermana, con Miroku, con Sango, con mi madre… ¡Con todos! Me sentía excluida. La tentación de contarle todo a mi madre se hacia presente en todo momento, pero me contenía de dejarme llevar por mis estúpidos impulsos.
Sabía que era una decisión precipitada, pero por nada del mundo me retractaría. Necesitaba apartarme de todos para poder pensar con claridad. Llevaba mi laptop entre todas mis cosas, para poder comunicarme con mi hermano y los demás del instituto. Me sentiría tan sola en Italia, pero es mejor a sentir soledad por desengaño.
Sentía una opresión en el pecho, al igual que un gran vacío en mi interior al verme engañada, pero no permitiría que vieran mi debilidad. La sala estaba inundada de maletas, dos de las… ¿Diez? Que habían eran mías. Las demás eran de mamá y Kikyô. Aunque, conociendo a mi "hermana", la mayoría eran de ella, o al menos eso espero.
–¿Cómo te sientes, cielo?–inquirió mi madre.
–Mal, cansada–mentí.
–¿No dormiste bien?–insistió.
–Los nervios del viaje, mamá–resumí en otra mentira–Sabes que es mi primer viaje al exterior y estoy nerviosa.
–Aún no entiendo por qué vas a ir–reflexionó–Siempre dijiste que no te llamaba la atención, y ahora de la noche a la mañana quieres ir.
Guardé silencio.
–Mamá, deja de hostigar a Kagome con preguntas–interrumpió Miroku–Ella quiere ir y punto.
Mi madre se emocionó con el desayuno y casi me da algo cuando vi mi plato lleno de comida. Me sentía mal, no tenía apetito, así que me levanté de mi lugar y me acerqué a Miroku. Tenía una revista que nunca en mi vida había visto. No le presté importancia y fui por una manzana.
Desayuné algo liviano, y me levanté para abrir la puerta en cuanto sonó el timbre.
–¿Qué haces acá tan temprano, Sango? ¿Y por qué traes una maleta contigo?
–Sango te acompañará a Italia–respondió mi madre desde la cocina–No puedo permitir que mi niña vaya sola a un país desconocido.
–¿Es permitido? Digo, la beca me la dieron a mí.
–Mamá se arregló ayer en la noche con el director–explicó Miroku– Él accedió a darle la última beca a Sango, no preguntes cómo.
Asentí.
Nos montamos en el auto de Miroku, no sin antes acomodas las cuatro maletas que hacíamos entre mi amiga y yo. Sango no tenía ni idea de lo que había sucedido entre Inuyasha y yo, y mucho menos la razón de querer ir a Italia.
Tenía la vana esperanza de que, estando lejos de él, pudiera olvidarlo. Aunque, tal vez no podría hacerlo. Sacudí mi cabeza alejando esos pensamientos negativos. Yo tengo un solo objetivo, y ese es olvidar a Inuyasha Taisho. Borrarlo de mi corazón por completo.
El camino al aeropuerto fue más aburrido de lo que pensaba, aunque en mi mente seguía la imagen fresca de Inuyasha y Kikyô. Mis ojos se cristalizaron, pero respiré hondo y los cerré con fuerza. No lloraría. No más lágrimas. No más dolor.
Miroku optó por que mamá se quedara en casa mientras él nos dejaba en el aeropuerto, imagino que para despedirse como quería de su novia. Yo esperaba que si hubiera aceptado el viaje en otras circunstancias, que Inuyasha fuera a dejarme al aeropuerto, incluso que me acompañara a Italia, despedirnos quizá con un dulce beso y que al regresar me recibiera con un ramo de flores.
Bah, sandeces.
Al llegar, me asusté. Gente por todo lado, maletas aquí y allá. Aparte de que decirle "terminal" al maldito aeropuerto no ayudaba a mis nervios. Demasiada gente. Miroku decía que tuviéramos cuidado con la turbulencia, accidentes, etc. Y eso no me tranquilizaba ni un poco.
La inseguridad se apoderaba de mí minuto a minuto. Algo en mi corazón decía que debía esperar, quedarme en Japón y escuchar la versión que me ofrecería el causante de mis sufrimientos. Pero, por otro lado, mi razón decía que no debía darle chance a explicarse. Que no debía dejar que me ilusionara y utilizara nuevamente.
Lo amaba, sí, demasiado. Pero no dejaría que aplastara mi corazón una vez más. No pienso tropezar dos veces con la misma piedra.
Las horas pasaban y nada que llamaban por nuestro vuelo. Miré a Sango, quien compartía saliva con mi hermano. Volteé el rostro, y pude notar que decía "Vuelo a Italia – abordando". Tomé a Sango y la separé con violencia de mi hermano, quien se quejó por esto. Corrimos hasta donde estaba la señorita y le entregamos nuestros pasaportes y tiquetes de avión. Justo cuando iba a seguir a Sango para desaparecer…
–¡No! ¡Espera, Kagome!
Y esa voz era de Inuyasha.
¿Qué hacia él ahí? Debería estar haciendo cualquier estupidez con Kikyô, no ir ahí a joderme la existencia más de lo que ya había hecho. Mi corazón dio un vuelco, y las lágrimas lucharon por salir. Respiré hondo. No importaba cuanto lo amaba, no dejaría que me viese derramar otra lágrima por él. Era una promesa.
Me volví, con el ceño fruncido y la mirada más fría que encontré. Tenía que ser fuerte. No volvería atrás.
–¿Qué quieres?–repliqué.
–¿Por qué te vas? Creí que ayer tú…
–No quiero que me hables de lo bien que la pasaste anoche con Kikyô ¿está bien? Debo irme
–¿Kikyô? Yo estaba contigo, no con…
–Sí, claro… Inuyasha… ¿Cómo supiste que estaba aquí?
–Kikyô fue a buscarme en la mañana y…
–Y tienes el descaro de decírmelo
Y plaff. Una cachetada en su mejilla.
–Cuando me vuelas a ver, me verás con otro hombre a mi lado–repliqué– uno que si sabe amarme y valorarme… uno que no me engaña con mi hermana.
–¿Engañarte? ¿De qué hablas?
Noté un tinte de desesperación en su voz, pero no le tomé importancia.
–Adiós, Inuyasha–sonreí melancólica–Para siempre.
Y dicho esto, me fui con Sango.
A que quedó bien? xD oh si, chicas. Se separaron y se volveran a ver hasta que a mi me de la gana xD o a Tiff... nah, saben que ninguna de las dos soporta tenerlos largo mucho tiempo ^^ así que... solo queda esperar al proximo cap (en el que ruego a Dios que Tiff me ayude -_-)
Cuídense.
Nat :3
