CAPÍTULO 012
El domingo amaneció demasiado rápido. Kate abrió sus ojos pensando que el fin de semana estaba terminando mucho antes de lo necesario. Acarició a Richard que dormía sin alterarse por los ruidos que provenían de la cocina. Alexis no estaba en la cama, lo que quería decir que había ido con su abuela. Así que tenía el campo libre para despertar a su escritor de la forma que más le apetecía.
Escondió su mano por debajo del edredón, hasta alcanzar el dobladillo de su camiseta, apartarla y rozar su piel, haciendo pequeños círculos con las yemas de sus dedos. Al mismo tiempo comenzó a repartir pequeños besos por su cuello, un corto mordisquito en el lóbulo, el paseo de su nariz por su mejilla... Se estaba deleitando a conciencia, mientras el escritor comenzaba a lanzar pequeños suspiros.
Subió su mano poco a poco. Suave. Lento. Acariciando cada milímetro de su piel. Se escondió en el hueco de su cuello, con sus labios, buscando su pulso. Al encontrarlo, presionó. Como un relámpago rozó la punta de su lengua. - Kate... - gimió Richard.
- Hmmm... - siguió Kate jugando con él, alentando a su escritor con cada caricia nueva.
- Por favor... - Richard abriendo poco a poco sus párpados.
- Buenos días. - ronroneó Kate.
- Creo que... - respiró ante una nueva caricia - ... son mejor que buenos.
- ¿Estás mejor? - preguntó sin descansar su asalto a su cuello.
- Con este despertar, te aseguro que siento todo menos el dolor de anoche. - se giró para estar cara a cara con ella, devorando su boca.
El beso. El beso era el mejor lenguaje que compartían. Donde expresaban todos sus sentimientos, sin miedo a soltar un 'te quiero' antes de tiempo. Sin miedo a acelerar el ritmo. Seguros de su lenguaje corporal, de su pasión. Capaces de alcanzar la mayor cuota de comunicación y la cima de la excitación.
Richard no pudo controlar más su necesidad y se puso encima de ella, colocando una de sus piernas entre las de su musa, impulsando esa pierna intrusa en el centro de la sexualidad de ella. Rozando. Presionando. Comiéndose a besos el primer gemido de Kate, que sentía que estaba perdiendo la cordura ante ese ataque tan exquisito por parte de él. Al notar su erección presionando su pierna, reaccionó.
- Rick... nos van a pillar. - sin poder controlar su risa al ser consciente de una necesidad que les estaba matando.
- Me encanta cuanto te ríes así. - atacó su cuello - Me parece que tendrás que salir tu primero, hasta que me recupere en una ducha más bien fría. - besó su mejilla y cruzó sus miradas.
- ¿En serio? - preguntó juguetona.
- Creo que lo has notado tú también. - le tocó la nariz con su pulgar hasta bajar a sus labios y rodearlos. - Necesitamos intimidad. Y no precisamente cinco minutos. Al menos todo un día de completa intimidad.
- ¿Está seguro escritor? ¿Todo un día? ¿Se cree capaz de superar ese reto? - Kate coló sus manos por el pantalón de Rick para presionar sus nalgas, mientras el escritor permanecía encima de ella.
- Soy capaz de estar todos los días, si eres tu quien está conmigo en la cama. - le susurró en su oído.
A los pocos minutos Kate tuvo que saltar de la cama al escuchar como Alexis les llamaba desde la cocina. Rick corrió hacia el baño para darse esa ducha helada que su cuerpo pedía a gritos. Aquella mañana todo transcurrió con mucha tranquilidad, desayunaros, fueron a dar su paseo matinal y volvieron a casa justo para la hora de la comida. Kate miraba el reloj de forma constante. Y en su rostro se dibujaba algo de tristeza a cada hora. Intentó disimularlo pero Richard era consciente de lo que le ocurría. Él sentía lo mismo. El fin de semana había sido demasiado especial y en pocas horas, todo volvería a la normalidad. Cinco nuevos días por delante que no les aseguraban poder verse en la intimidad, solo en el trabajo y ahí debían ocultar su relación.
- La comida ha estado excelente... me vas a quitar el puesto de chef. - Richard la abrazó por detrás mientras ella estaba concentrada recogiendo la cocina, manteniendo su mente ocupada para no pensar.
- Hmmm...
- Sé lo que te pasa. - besó su cuello - Porque yo siento lo mismo, aunque lo pueda disimular más.
Kate se dio la vuelta, lo abrazó y apoyó su cabeza en su pecho. - No quiero que se acabe este fin de semana. ¿Podría detenerse el tiempo?
- Podríamos intentarlo, aunque... a mí me gustaría no hacerlo... si lo detenemos no podremos vivir todo lo bueno que nos está por llegar... ¿no te intriga? - besó su cabeza.
- Bueno... ahora que lo dices... puede que sí. - alzó su rostro y lo besó - Gracias por un fin de semana tan increíble.
- Aún no ha terminado inspectora... tenemos varias horas por delante que no pienso desaprovechar. - la besó - Y tú tampoco deberías. - le guiñó un ojo.
Por la tarde, mientras Martha preparaba una nueva audición, decidieron crear un dibujo de ese fin de semana. Así que comenzaron a unir folios con pegamento, en total 25 folios, con una dimensión de 5 de ancho y cinco de largo. Una vez lo tuvieron listo, lo colocaron en el suelo. Cada uno decidió hacer una parte diferente. Por un lado Kate, que tenía mayor habilidad y decidió hacerse cargo de dibujar a Richard, Alexis, Max y ella... Por otro lado, Richard y Alexis, que iban a dedicar sus esfuerzos en el paisaje.
Dos horas después el dibujo no era tan imperfecto como Richard se lo imaginaba. Kate tenía un verdadero don y él podía verse reflejado en su caracterización, igual que Alexis. La pequeña saltó encantada cuando vio todo terminado. Y ante los gritos, Martha no tuvo más remedio que bajar para ver qué es lo que estaba pasando.
- ¡Oh! Kate... es perfecto. - soltó en cuanto se plantó delante de la imagen.
- Madre... como sabes que ha sido Kate y no nosotros.
- Hijo, no digo que no sepas escribir, pero el dibujo nunca fue lo tuyo. - le miró con condescendencia.
- Gracias madre.
- Esa es mi labor, ponerte de cara a la realidad. - se quedó mirando varios segundos más el dibujo - Tienen vida Kate. Sus miradas... Es increíble.
- Gracias Martha. Durante un tiempo estudie arte.
- No deberías dejarlo.
- Si... la vida da muchas vueltas y al final terminamos donde menos esperábamos estar. - miró con nostalgia al suelo.
- Pase lo que pase en la vida, confía en mí cariño, hay que perseguir los sueños hasta el final, aunque a veces el camino nos lleve hacía otros lugares insospechados. - acarició su brazo.
- Te lo dice una experta en perseguir sueños... lleva toda la vida persiguiendo ser actriz. - soltó en tono socarrón para distender una conversación que estaba entristeciendo a Kate.
- Hijo... siempre supe que estaba educando a todo un caballero. - alzó sus manos a modo de dolor fingido y subió a su habitación.
- Gracias Kate. - Alexis aferrándose a sus piernas.
- ¿Por qué cariño? - la alzó a su altura.
- Soy yo. - indicó el dibujo.
- Sí, lo eres. - besó su mejilla.
- ¿Me enseñarás?
- ¿Quieres aprender a dibujar?
- ¡Sí!
- Entonces, trato hecho, te enseñaré.
- Te quiero. - se abrazó a su cuello fuerte.
- Yo también te quiero. - acarició su cabecita.
- ¡Oye! ¿Y para mí no hay nada? - Richard las miraba absorto, queriendo participar en ese festival de emociones.
- Si papi. ¡Ven! - tendiendo sus brazos.
Richard se acercó hacia ellas, agarró a su hija y se abrazó a ambas. Finalmente, fue Alexis quien se quedó con esa primera obra de arte conjunta. Encima de su cabecero.
- Que bonito. - Alexis mirando como su padre y Kate enganchaban el dibujo en la pared.
- Sí calabaza. Kate es toda una artista. Y nosotros no hemos hecho del todo mal el parque.
- Verdad.
- Con un poco más de entrenamiento, terminaremos exponiendo cuadros conjuntos. - le sonrió Kate a Richard.
- Nunca se sabe inspectora, nunca se sabe.
Cuando anocheció, Kate, anunció que era hora de irse a casa, pero la convencieron de cenar juntos. No pudo resistirse. Delante de ella, abuela, padre e hija con cara de súplica. Así que alargaron un poco más ese fin de semana. Hasta que, una vez acostaron a Alexis y se durmió, Richard acompañó a Kate a su casa.
- ¿No vas a dejarme entrar? - preguntó Richard al ver que Kate se detenía en el portal para despedirse de él.
- Si subes va a ser más complicado echarte de mi lado.
- Entonces no lo hagas Kate. - se acercó a ella para robar un beso que la inspectora esquivó.
- Rick... - se intentó disculpar - ... si empezamos no vamos a saber parar. Al menos yo no.
- ¿Y qué hay de malo? - Richard no llegaba a comprender el problema.
- Que no quiero ver cómo te escabulles de entre mis sábanas de madrugada. - agachó su mirada.
- Kate... - alzó su rostro, desde su barbilla - ... esto va a ser más complicado de lo que hemos vivido este fin de semana, ¿verdad?
Kate asintió. - Este fin de semana ha sido inolvidable pero mañana, empieza la vida normal. En comisaría no podremos mostrarnos ningún tipo de afecto. Y luego, dependiendo del caso que nos toque, habrá días que ni siquiera podré verte después del trabajo...
- Kate...
- Rick, me conoces, sabes que me meto en los casos hasta que los resuelvo y no quiero arrastrarte a ti también. Uno de los dos tiene que velar por Alexis. Y como yo soy la policía, te toca a ti.
- Kate...
- Necesito que me prometas que vas a entender mis ausencias, por favor. - agarró su rostro para perderse en su mirada.
- No voy a prometerte nada Kate. - vio cómo su musa se tensaba - Las palabras se las lleva el viento. Los hechos no. Así que voy a demostrártelo. Y sé que habrá días desesperantes, días en los que será una tortura entenderte, pero quiero esto. Esto que tenemos, es lo que llevo buscando toda mi vida. No es que seas buena para Alexis. Es que eres buena para mí. ¿Lo entiendes?
- Tengo miedo a necesitarte cada día más. - susurró mientras se pegaba a él.
- Yo tengo miedo a que no me necesites. - la abrazó - Pero no pienso dejarme vencer por él.
- Llevo tanto tiempo peleando sola, tengo pánico a que desaparezcas. - se sinceró.
- Kate, no va a suceder. Y voy a ganarme tu confianza para que dejes de pelear sola y me dejes acompañarte en tu lucha.
- Es peligroso Rick.
- Da igual lo peligroso que sea. Me importas. Y su consecuencia es que no vas a poder deshacerte tan fácil de mí. Aunque te escondas. - besó su cabeza.
Tras varios minutos abrazados, Kate alzó su rostro para perderse en un apasionado beso que les erizó cada poro de su piel, estremeciendo su interior. - Si un beso es así, no quiero imaginarme el resto. - susurró Richard buscando una sonrisa en ella.
- Del resto, escritor,... no tienes ni idea. - alcanzó su lóbulo de la oreja y lo tiró suavemente ganándose un pequeño gemido de él - Y ahora, vuelve a casa, descansa y mañana, te quiero puntual en comisaría. - lo besó y se perdió por el portal, ante un Richard completamente atontado que solo reaccionó cuando un vecino intentó entrar con algún que otro bufido.
Kate se perdió en su rutina solitaria. Un buen vaso de vino. Un baño caliente. Una novela de su escritor favorito. Una hora de relax. Sin pensar en nada. Disfrutando de una fascinante lectura. Donde los malos siempre terminan encarcelados. Y los buenos, abrazados a la justicia. Justicia que se le había resistido a ella. A su padre. Pero sobre todo al recuerdo de su madre. Había prometido que aparcaría el tema momentáneamente pero sentía que estaba traicionando a su madre. Y no soportaba esa sensación. Era más vulnerable.
Pensó en Richard. En Alexis. En lo que, día a día, iban forjando. Sintió miedo. Miedo a pelearse con las sombras y perder su calor. Ese calor de familia que tanto necesitaba. Porque su padre se había convertido en un alma solitaria que no era capaz de compartir ni un segundo de su vida con nadie que no fuese ella. Y le invadió la tristeza, sabiendo que el único consuelo de su progenitor era revivir cada segundo compartido con su mujer. Su única forma de sentir y volver a sonreír.
