¡WOW! Actualice esta historia. !No se preocupen mis pequeños pastelillos, sus ojos nos los engañan! Aunque yo tampoco me lo creo mucho...

Excusas y demás al final del capitulo.

¡Disfruten!

¡Nos leemos!


-Nono.- Saludo Iemitsu, sentándose en la silla frente al escritorio del anciano.

Nono asintió como respuesta, su mirada sería. Iemitsu se sentó recto, reconociendo esto como una reunión entre los jefes de CEDEF y Vongola, y no una simple reunión de amigos.

-Reborn me llamó.- Fue con lo que empezó el mayor. Iemitsu se contuvo a sí mismo de hacer una mueca. Sabía que su hijo era un inútil pero no quería escucharlo de alguien a quien respetaba tanto como a Nono. (Oh. Pero oh. ¿Cuánto puede decir un padre ausente que conoce a su hijo? Algunas veces mentirse a sí mismo era la solución más sencilla para el joven León.)

Y Nono, independientemente de la edad, era el líder de Vongola. Y eso, a algunos les haría bien en recordar, significaba que la intuición aún brillaba fuerte en u interior.

El mayor suspiro, recostándose sobre el espaldar, sus ojos fijos en los de su subordinado. (No lo sintieron, pero una guerra de voluntades creció en sus almas, un suave naranja apareciendo en los ojos de ambos.)

(Al final, la sabiduría le ganó al conocimiento.)


El joven se inclinó, su mano derecha cerrada en un puño, sobre su corazón. Su arma, como siempre, había permanecido en la entrada de la oficina, confiando completamente en el propietario. Tras el escritorio se encontraban tres jóvenes.

-¿Yakusa?- Cuestionó una suave voz, la poca luz que entraba en la habitación haciendo imposible el saber quién hablaba.

El joven, aún sin alzar su cuerpo de los 90°, respondió. Y, a pesar de las circunstancias, ni una pizca de temor entró en su voz.

-Hablamos con ellos antes de que el presidente del comité disciplinario escuchara sobre las circunstancias.- Y el joven, aunque no podía ver la cara del otro, sabía que esto lo hacía feliz.

-Bien hecho.- Un silencio los rodeo por algunos segundos antes de que un suspiro exasperado lo remplaza.

-No tienes que dar tu reporte inclinado, Kensuke. Puedes sentarte sin toda esta formalidad.- Se quejo una jovial voz, proveniente de la esquina. Mochida finalmente se levanto, una sonrisa en su rostro.

Como respuesta simplemente alzó los hombros, causando otro suspiro exasperado.

-Puedes irte.- Dijo finalmente el jefe. Mochida dio una última reverencia antes de salir.

-¿El arcobaleno?- Cuestionó la jovial voz, que ahora, parecía de acero. El hombre tras la silla movió sus ojos a la ventana, incómodo ante el tema.

-Va a ser un problema.- Confirmó el del centro, poniendo el codo sobre la mesa y recostando su cabeza contra el puño.

Los otros dos no pudieron hacer más que suspirar.


-Tsunayoshi.- El castaño alzó la mirada de los papeles en su escritorio, encontrándose con los fríos ojos del arcobaleno.

La tristeza y nostalgia lo invadió por unos segundos, recordando aquellas memorias en que los negros ojos estaban llenos de cariño y felicidad que el Hitman le mostraba solo a unos pocos. Se contuvo a sí mismo de hacer alguno signo que pudiera revelar su luto por el padre que nunca tendría en este mundo, después de todo había aceptado que este Reborn nunca confiaría en él, especialmente con la cantidad de secretos que el arcobaleno sospechaba que tenía.

-Reborn.- Respondió, dandole una suave sonrisa que espero no fuera demasiado débil.

El Hitman se quedo en silencio, observando su expresión, antes de volver a hablar. ( Le molestaba. Le molestaba sentir que podía confiar en aquel castaño con ojos sinceros pero demasiados secretos. Pero Reborn no seguía sentimientos, por eso era el mejor. No iba a empezar ahora.) (Y, al igual que Tsuna, ignoro la extraña tristeza en su corazón al ver la desconfianza en los ojos de su estudiante.)

-¿No deberías estar en clase?- Cuestionó el Hitman, sentándose en la mesa con total tranquilidad. La máscara perfecta para un asesino. (Caballo Negro, C6)

El castaño alzó una de sus cejas. Dejando el lapicero sobre la mesa, se recostó un poco contra su silla. Internamente se preguntaba qué planeaba el Hitman, pues la experiencia le había enseñado que un Reborn calmado y tranquilo eran malas noticias para quien fuera que había provocado su ira. (Peón blanco, D3)

-Tengo un horario diferente.- Decidió responder unos minutos después, habiendo empatado la competencia de miradas que había empezado.

El Arcobaleno asintió, aunque ambos sabían que era pura formalidad, pues esto el Hitman ya lo sabia.

-¿Qué estaba pasando en la escuela?- Preguntó, sus ojos negros observando cada movimiento de su estudiante. (Peón negro, A5.)

Los labios del castaño formaron una firme línea, mientras se debatía los problemas que podría causar el revelar algo fundamente de la institución tan pronto. Aún así, sabía que había estado ocultando demasiados secretos y la paciencia de Reborn no sería eterna. De hecho, le sorprendía lo mucho que había durado.

-Se preparan para la competencia entre escuelas.- Contestó con honestidad. El ver la ceja del Arcobaleno arquearse, decidió continuar, pues estaba consciente de que Reborn estaba altamente irritado por no haber podido obtener ninguno de los secretos de la escuela mediante sus usuales métodos. (Caballo Blanco, C3)

-La rama principal de Kunugigaoka Namimoriestá en Tokio. Cada año hay una competencia entre las dos, más la otra rama en Osaka. La competencia abarca todo. Desde artístico y deportivo, hasta todas las clases académicas.- Tsuna giró un poco su silla, permitiéndolo ver el campus tras él mientras mantenía un ojo en su tutor. Con una suave sonrisa, señaló a los muchos estudiantes corriendo por el colegio, obviamente todos de algún equipo deportivo, pues el ritmo al que iban no sería posible para alguien sin la condición física necesaria. Sus uniformes habían sido remplazados por camisas blancas, la pequeña insignia al lado derecho siendo lo único que revelaba a que clase pertenecían.

-La Academia que quede de ultima perderá toda financiación para continuar. Antes éramos cuatro.- Alzó los hombros un poco, tratando de quitarle importancia al asunto. -No les fue muy bien después de eso. -Miró a su tutor con una pequeña sonrisa, orgulloso de su colegio. -El año pasado quedamos de segundos, así que no estamos en peligro de perder la financiación. Pero los estudiantes están determinados a ser número uno este año.- Finalizó. Reborn agacho un poco su cabeza, ocultándose la cara con su sombrero. No tenía suficiente información y el afecto de ello estaba empezando a mostrarse. Con una sonrisa oscura, decidió que no confiaría en Vongola para darle lo necesario. La conseguiría el mismo. Y ahora, su fuente de información era nada más y nada menos que en presidente de la escuela que tanto dolor de cabeza le había causado. (Torre Negra, A7.)

-¿Por que compiten?- Reborn pudo ver claramente como la cara de su estudiante se oscurecía un poco, pero aquella expresión paso tan rápido que el Hitman no se pudo decidir en qué sentimiento representaba. ¿Ira, quizás? (Alfil blanco, E3.)

-Cada escuela enseña... diferente.- Aunque había podido ocultar sus sentimientos de su rostro, no fue completamente capaz de disimular el cambio de tono en su voz. Esto, por supuesto, no paso desaparecido por el Arcobaleno. -Es una competencia para probar is forma de educación es la mejor.-

Tsunayoshi apartó los ojos de su tutor, devolviéndolos al papeleos. Reborn decidió no presionar, al menos, por el momento.

(Y el tablero invisible se congeló, esperando para nuevamente ser usado por los dos grandes estrategas. Aunque solo uno de ellos supiese realmente a que se enfrentaba.)


-El cielo está oscuro.- Comentó una voz grave, su propietario recostándose ligeramente contra el muro junto a la ventana. Su largo cabello se movía un poco con la brisa del ventoso día.

-Hm.- Respondió la única otra persona en la habitación, observando al otro sin expresión alguna. Los papeles en los que había estado trabajando antes completamente olvidados.

Y aunque sus voces, pensamientos y acciones parecían aquellas de alguien mayor, sus cuerpos revelaban la joven edad que los maldecía.

-Eso será un problema.- Comentó el más alto, dirigiendo su mirada a los oscuros ojos que lo observaban. Su compañero, en respuesta, simplemente alzó una ceja, como si esta conocimiento fuese obvio. Y de alguna manera, lo era.

El joven de pelo largo bufó, cruzando los brazos en un gesto infantil que seguramente le daría mucho material de burla al otro joven, quien no dudó en hacerlo saber, simplemente inclinado un poco la cabeza.

El joven junto a la ventana finalmente se separó de esta, caminado al escritorio del dueño de la oficina, mientras rodaba los ojos.

-Ay cállate. Se que te displace tanto como a mi el no poder encárganos de esta molestia.- El humor abandono los ojos oscuros de más bajo, el fruncimiento de su ceño fácilmente reemplazándolo.

Ninguna otra palabras se dijo, ambos permitiendo que el trueno de afuera resonará en la habitación sin interrupción.


El silencio rodeaba por completo la habitación, algo que muchos no creían que fuese posible con más de quinientos estudiantes de preparatoria. Kunugigaoka Namimori sin embargo, siempre sería la excepción a la regla.

Impacientes, y con la emoción rondando por su cuerpo, la jóvenes observaron a su estimado presidente subir a la tarima, su siempre gentil sonrisa firmemente en su rostro.

-Hoy,- empezó. -es un día memorable para cada estudiante de esta institución. Pues, exactamente hace siete años, Kunugigaoka Namimori fue fundada.- Una pequeña celebración resonó en la asamblea antes e que todos nuevamente callaran.- Y poco a poco crecimos. Les mostramos a todos que incluso un pequeño pueblo como Namimori puede llegar a ser mucho más. Probamos que éramos dignos de tener el nombre de Kunugigaoka. -Los corazones de todos los presentes se llenaban de orgullo y determinación con cada palabra que salía de la boca de su presidente, dispuestos a hacer lo que sea para no decepcionar a la gentil alma que los había ayudado durante tanto tiempo. (Un cielo. Un cielo acogiéndolos y protegiéndolos. Y ellos, como pago, lo amaban y respetaban.) -Y la próxima semana nuevamente probaremos el valor de nuestra escuela. ¡La próxima semana, empiezan los juegos!-

Aplausos y gritos emocionados resonaron desde cada esquina del auditorio. No había un estudiante que no aplaudiese. Su determinación, a ojos entrenados, les permitía brillar suavemente con el color de sus almas.

(Y los engranes del destino empezaron a funcionar.)


Espero que les haya gustado.

Wow.. No me había dado cuenta de lo mucho que había pasado desde que actualice esta historia. Si alguien todavía la lee, lo siento inmensamente!

Como ya dije antes, no tenía ni idea de que hacer con esta historia. Pero creo que ya lo tengo un poco mas claro, por lo que DE PRONTO no me voy a demorar tanto subiendo. Aunque para ser completamente honesta abandone un poco el fandom de KHR así que necesito volver a leer un par de fanfics para inspirarme de nuevo.

Si alguien tiene alguna sugerencia de como quieren que la historia continué, déjenme un Review al respecto, quizás use la idea, quizás no, pero muy seguramente me inspirara.

Creo que eso es todo...

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