Capitulo X
"The Daughter of Green"
-La verde de gran corazón-
A la mañana siguiente, cuando el sol apenas se asomaba entre los grandes árboles del bosque del País Verde, Yowane Haku, conocida como la hija de blanco, tenia ya unos minutos de haberse levantado. Trabajaba intensamente en la cocina, preparando el desayuno que compartiría un poco más tarde con su nueva y única amiga en todo el reino. El simple hecho de pensar en que tendría a una invitada provocaba que su corazón se acelerara; la emoción, resultaba tan grande que apenas había logrado conciliar el sueño en toda la noche, sería a primera vez que alguien visitaría su casa para desayunar y no estaba segura de cómo comportarse, ni que preparar, nada.
Aunque por algunos momentos se detenía a mirar el suelo, pensando que todo había sido una cruel broma organizada por todo el pueblo para hacerla sentir aun más miserable. Estos pensamientos se apoderaban de ella por unos minutos, haciendo que dejara de trabajar y sus ojos se llenaran de lágrimas. Pero de inmediato las limpiaba, volvía a sonreír y seguía con sus deberes. La idea de la broma era algo que siempre estaba latente, y no sería la primera vez que le hacían ese tipo de jugarreta; pero en esta ocasión había algo distinto. Al recordar la perseverancia de Miku para hablarle y seguir a su lado a pesar del rechazo, al recordar aquel brillo tan especial en los ojos de la joven Hatsune y todas las sonrisas que, para Haku, lucían tan sinceras.
Al final de unas cuantas horas, la casa se encontraba completamente limpia y el desayuno estaba listo para poder compartirlo con su nueva amiga. Sólo faltaba un detalle; con todo quehacer, Haku olvido completamente que debía vestirse para la ocasión tan especial que se presentaba. Rápidamente corrió a su habitación y abriendo el grande y viejo ropero que tenia ahí, sacó todos los vestidos que estaban guardados. Los extendió sobre la cama y uno por uno, los revisaba, esperando no estuviesen dañados o sucios. Algunos al verlos los arrojaba de inmediato al suelo, pues tenían agujeros o manchas de pasto, mientras que otros tenia la suerte de regresar a la cama para ser nuevamente inspeccionados. Así paso el rato, hasta que al final quedaron dos vestidos, uno de color rojo y otro blanco. Al verlos, se pregunto por que tenia vestidos así, con los colores de sus ojos y cabello respectivamente, era algo que ya no necesitaba. Ambos vestidos estaban en un buen estado, apenas y los había usado.
Finalmente se decidió por el vestido blanco, que era mas casual, mientras que el rojo era más un vestido de gala y usarlo en esta ocasión seria exagerado. Se lo puso y arreglo su cabello en una larga trenza. Najó de su cuarto y para su sorpresa, al pisar el último escalón rumbo a la sala, alguien llamó a la puerta.
Con una mezcla de susto y emoción, nerviosismo y alegría, corrió inmediatamente a abrir la puerta. Sus manos temblaban y sentía como su corazón daba vuelcos. Al abrir, se sorprendió por lo que vio. No se trababa de Miku, quien llamó era una figura encapuchada. Al verla, la joven de blanco se asustó y cerró con un portazo; se disponía a poner los seguros cuando una dulce voz le habló.
-¡Haku! ¡Haku! ¡Lo siento!- decía al voz. –Soy Miku, abre por favor. No quería asustarte.
Lentamente, la puerta se abrió de nuevo, dejando ver la sorprendida cara de Haku. Miraba fijamente a la encapuchada, quien rápidamente se descubrió el rostro. Era Miku.
-Lo siento mucho, pero no podía dejar que me siguieran.
-¿Que te siguieran?
-Hay quienes no están felices de que te acompañara estoas días, pero eso que importa. Que hagan sus corajes, ¡no te voy a abandonar!
-Oh mu-muchas gracias. Em… pero… ¿no es algo apresurado? Apenas nos conocemos y… no creo que debas hacer esto.
-Tranquila Haku- sonrío la chica de cabello verde- Lo que ellos digan no me importa, además, tu me agradas.
Las palabras resonaron por unos segundos en su cabeza mientras contemplaba el rostro de la chica de cabello verde. Por primera ocasión alguien le dirigía palabras amables, desde que le conoció los cumplidos no paraban de llegar, aunque únicamente vinieran de Miku, pero eso no importaba, pues igual le hacían sentir bien por primera vez en su vida.
-Pasa por favor. Y… lamento haberte cerrado la puerta en la cara.
-No tienes porque disculparte- dijo la joven mientras entraba a la casa. –Debí quitarme la capucha antes de llamar.
-Si, me asustaste.- respondió con una risita, seguido notó que su amiga llevaba una canasta en sus manos. –Disculpa, pero… ¿Qué tienes en esa canasta?
-Bueno, no me pareció muy justo aparecerme en tu casa con las manos vacías, así que traje unas cuantas frutas y un pequeño regalo, pero te lo daré más tarde.
"¿Un regalo?", se preguntaba en su mente la hija de blanco mientras dirigía a su amiga al comedor, donde los platos les esperaban junto a una tetera llena de té recién hecho. Haku hizo sentar a su invitada y le sirvió una taza. El lugar tenía un fuerte aroma a rosas, proveniente de los floreros que se encontraban en cada una de las esquinas de la habitación. En cada uno de los jarrones había al menos siete rosas de color blanco, recién cortadas y totalmente abiertas. La anfitriona disimulada mente buscaba en la canasta aquel regalo que su amiga la había comentado, moviendo las manzanas y duraznos, sin resultado alguno. Miku notó su curioso comportamiento y con una sonrisa le dijo.
-El regalo no esta ahí, yo lo tengo.
-¿Eh? No buscaba el regalo- mintió Haku, soltando una risita que la delataba. Dejó la canasta en el comedor y caminó hacia al cocina. –Es que… veía que frutas trajiste. Voy por un cuchillo y la comida, no tardo.
Inmediatamente corrió a la cocina, se sentía algo apenada por lo que acababa de ocurrir. Sin tardar mucho tiempo, regresó al comedor cargando una charola y una pequeña olla negra, sirvió en los platos unos huevos y un extraño guisado de cordero con varias hierbas que Miku nunca había visto en toda su vida; Haku se sentó frente a ella, tomó una cuchara y comenzó a comer aquel estofado, al cual la chica de verde se limitaba a ver tratando de descubrir que era lo que le habían servido. Optó por dejarlo de lado y pasó a comerse los huevos, para su sorpresa, la chica de blanco ya había terminado con su ración de guiso e incluso se servia de nueva cuenta, algo que le sorprendía. Armándose de valor, tomó la cuchara y probó un poco del guisado. Para su sorpresa, pese a su aspecto extraño, el platillo guardaba un agradable sabor que terminó por gustarle, tanto que volvió a servirse.
Ya habían terminado con el desayuno y apenas se habían dirigido la palabra, fueron momentos de silencio un tanto incómodos hasta que Miku, aprovechando la comida, se decidió a hablar para así romper el hielo.
-El desayuno estuvo delicioso- dijo –Cocinas muy bien.
-Oh… muchas gracias.- respondió Haku con un leve sonrojo y una expresión de sorpresa. –Me alegra saber que te gustó.
-Claro, todo sabia muy bien, aunque no se que es lo que tenia el guisado- dijo entre risas. -¿Dónde aprendiste a cocinar?
Haku permaneció mirando la mesa unos segundos y abrió la boca un par de veces sin decir nada.
-Hace tiempo… en la iglesia que esta cerca de la playa Ritsu. Ahí conocí a un monje que me enseño a cocinar con las hierbas que hay en el bosque.
-Interesante- dijo la chica verde con rostro de asombro. –Yo no había comido nada que no sea cosechado por granjeros. ¿Y aun visitas al monje?
-No, ya no. Hace tiempo que esa iglesia esta abandonada. Pero… de vez en cuando voy.
-Tal vez podemos ir juntas algún día.
-Eso me encantaría- respondió Haku con una ligera sonrisa. Después de guardar silencio por un tiempo se volvió hacia Miku y le preguntó -¿Tú sabes cocinar?
-La verdad no. Normalmente mi madre cocina y cuando ella no está lo hace la criada. Ambas intentaron enseñarme pero… no me es muy fácil eso de cocinar.
-Si quieres puedo enseñarte yo. Conozco varios platillos sencillos que puedes hacer.
-Muchas gracias Haku. Espero al fin aprender a cocinar.
-Si pones todo tu empeño, así será. Si quieres empezamos ahora mismo.
-¿Ya? ¿Tan pronto?- respondió con asombro. –Creo que deberíamos esperar un poco.
-Eso lo sé, cocinaremos para comer mas tarde. Claro… si no tienes que irte.
-No hay nadie en mi casa, así que tengo pensado pasar todo el día a tu lado.
"Cocinas delicioso" "Pasar todo el día a tu lado" eran palabras que Haku únicamente podía imaginar, eran aquellas expresiones que toda su vida tanto había esperado escuchar y ahora, por fin llegaban a sus oídos, pues Miku se las había dicho esta mañana, todo lo que imaginó y aun más a lo largo del día.
Pasaron toda la mañana juntas, sentadas en la pequeña sala donde platicaban algunas de sus experiencias; mientras que Miku comentaba sobre los festivales a lo que había asistido desde niña hasta algunos chismes del pueblo y claro, de algunos viajes que hizo con sus padres a la ciudad capital, Haku narraba sus vivencias en el bosque, desde las plantas y flores que encontraba, sus visitas con aquel monje y por supuesto, como vivían los animales en el bosque, los cuales habían sido su única compañía en tanto años.
Por la tarde salieron un momento al bosque a recolectar algunas hierbas y moras para la comida. Algo nuevo para Miku, pues nunca se había adentrado al bosque con esa finalidad. Haku le enseño de cuales plantas cuidarse, como actuar frente a algunos animales y distinguir entre las frutillas comestibles y las que no lo son. Una vez con las canastas llenas y acercándose el atardecer, regresaron a la casa de la joven Yowane e iniciaron la primera lección de cocina, con un resultado interesante: una sopa de setas quemada y un caldillo sin sabor, el cual Haku arreglo agregando unas cuantas verduras. Después de comer los "experimentos" de Miku, tal como les dijo ella misma, pasaron unos minutos más en la sala, platicando sobre sus vidas.
El reloj de plaza principal sonó, eran ya las nueve de la noche. Pasaron todo el día juntas pero ya era la hora de separarse, Miku debía regresar a su casa o tendría problemas con sus padres.
-Antes de irme tengo que darte algo- dijo la chica de cabello verde. –Te dije que tenia un regalo para ti y aquí esta.
Miku le extendió sus manos hacia Haku y con un delicado movimiento le puso una fina cadena de oro con un dije en forma de una rosa en color blanco. Yowane lo tomó en sus manos y le miró fijamente, la joya resplandecía con la luz de las velas y una lágrima corrió por su mejilla, pero no era por tristeza, sino de felicidad. Le dio un abrazo a su amiga y al oído le dio las gracias, no solo por el regalo, sino por aquel fantástico día.
Desde entonces, la rutina diaria de ambas chicas dio un giro radical. Haku ya no pasaba los días sola en el bosque, dibujando animales y flores; ni Miku los pasaba encerrada en su casa o al lado de aquellas personas intolerantes que eran los demás habitantes del pueblo. Ahora estaban juntas desde la hora del desayuno hasta el anochecer. En ocasiones iban juntas al bosque y ahí pasaban todo el tiempo, recogiendo flores o persiguiendo a varios animales que siempre se les acercaban curiosos; también tomaron en serio las clases de cocina, en las cuales Miku dejó de ser un desastre y mejoraba con cada lección nueva; de igual modo, y en contadas ocasiones, las reuniones eran en la casa de Miku mientras se encontrara sola, algo que pasaba cada mes mientras sus padres estaban de viaje.
Pero la felicidad estaba cerca de terminarse, pues ya muchos en la villa se habían dado cuenta de la relación que tenían las dos chicas y no les gustaba para nada verlas juntas. Los rumores comenzaban a circular por toda la aldea, algunos decían, sosteniendo la idea de que Haku era bruja, que Miku había sido hipnotizada como una venganza hacia ellos por sus malos tratos; otros decían que le había robado el alma y todos correrían el mismo destino si no las echaban del pueblo lo mas pronto posible.
Estos rumores llegaron a oídos de Miku quien de inmediato ideó un plan de escape y tenía en mente aplicarlo esa misma noche, no había tiempo que perder.
Ya era media noche. Exactamente habían pasado 7 meses desde que ellas se conocieron. Haku se había quedado dormida en la sala mientras leía una obra de teatro. Esa noche había sido aburrida, pues Miku se fue temprano y no le quedo otra opción que leer. La estancia estaba en total silencio y el fuego de la chimenea iluminaba el rostro de Haku en la oscuridad; desde su cuello algo resplandecía, era aquel dije que su amiga le regaló en su primer día juntas, no se lo había quitado desde entonces. De pronto, unos golpeteos en la ventana la despertaron. Asustada, tomó en sus manos un bastón que tenia cerca y con pasos silenciosos se acercó a la fuente del ruido, que iba en aumento. Dispuesta para atacar, corrió la cortina y vio que, para su buena suerte, se trataba de Miku.
-Haku, tenemos que dejar la villa.
-¿Dejar la villa?- preguntó confundida, creyó escuchar mal debido a que aun estaba adormilada, pero las palabras de Miku eran ciertas.
-Si, debemos irnos ahora mismo. La gente esta molesta.
-¿Molestos? ¿Pero que les hicimos nosotras a ellos?
-No nos quieren juntas. ¿Recuerdas que, cuando nos conocimos en el bosque, te dije que no me veían con buenos ojos por estar cerca de ti?- Haku asintió con la cabeza, escuchando con atención a su amiga. –Pues ahora creen que tú me embrujaste y quieren echarnos del pueblo.
-¿Que? No puedo creer que sigan con esa absurda idea.
-Lo sé. Pero ahora debemos darnos prisa Haku y huir de aquí.
-Voy por mis cosas, ya vengo.
-Haku, espera. No podemos cargar mucho equipaje.
-No tengo mucho de todas formas.- dicho esto, subió las escaleras rápidamente, dejando esperando a su amiga.
Quince minutos después, la hija de blanco regreso cargando unos cuantos paquetes donde tenía su ropa guardada y algunos objetos personales. En cuanto salio de la casa, la chica de cabello verde le entrego una larga gabardina negra, igual a la que ella tenía puesta, le pidió ponérsela y que cubriera su cabeza de inmediato. Una vez que ambas se vistieron de negro, tomaron sus pertenencias y caminaron por la parte exterior de la villa hasta el arco que marcaba la entrada. Una vez ahí tomaron el camino principal. Haku no tenia idea de a donde se dirigían, pero no quería hablar por temor a que las descubrieran, únicamente seguía a Miku, confiando ciegamente en ella. Caminaron unos cinco minutos más y se adentraron al bosque, caminando entre arbustos hasta llegar a un par de caballos, listos para partir.
Montaron a los caballos y de inmediato se pusieron en marcha hacia el norte. El destino no importaba en ese momento, lo único importante era abandonar el pueblo y refugiarse en algún lugar donde no les conocieran para así poder viajar al extranjero. Tal vez resultaría difícil, pero mientras estuvieran juntas, todo iría bien.
