Hola a todos. ¿Cómo han estado? ¿Extrañándome? Espero que sí. Saben, esta historia me tenía un poco desanimado por el escaso número de reviews, pero luego me puse a pensarlo detenidamente, ya que varios de ustedes la han colocado entre sus favoritos aunque no hayan dejado review. Y también, a pesar que hace tiempo no la actualizo, se ve que ha tenido un buen tráfico. Sé que tal vez no son muchos comparados con otros, pero a mí me basta. Me basta con que uno de ustedes siga mi historia para que sienta que pueda continuarla, incluso con todo el trabajo que tengo en la escuela.

Gracias especialmente a María Abularach. Me levantó mucho el ánimo después de tremendo review. :)

12. Nuevos profesores


El expreso de Hogwarts finalmente se detuvo, mientras se les recordaba a los alumnos que no era necesario que trasladaran sus cosas fuera del tren, ya que éstas serían llevadas al colegio por separado.

Los cinco chicos salieron a la abarrotada estación, mientras veían como Hagrid llamaba enérgicamente a los alumnos de primero.

—¿Qué hay chicos? —los saludó Hagrid.

—Todo bien —le respondió Albus alzando los dos pulgares.

Una carcajada resonó en la estación, y los chicos voltearon a ver. La pandilla de Jason Jacot se reía a mandíbula batiente, y a juzgar por como miraban a Albus, el chiste había sido sobre él, y probablemente sobre Hagrid.

—¡Esa bola de idiotas! —exclamó en voz baja Rose.

Un rayo de luz salió volando directamente contra Jason Jacot, y calculando por la trayectoria, había salido exactamente del punto donde se encontraba William, quien en aquel momento estaba escondiendo algo en el bolsillo de su túnica.

—Tú no viste nada —le dijo el chico Jacot.

Albus le sonrió. No tenía ni idea de lo que William había hecho, pero el que hubiera hecho algo después de que su medio hermano se burlara de él valía algo.

—¡Qué bueno que los encuentro! —exclamó Justin, quien se encontraba visiblemente molesto.

—¿Ahora qué sucede? —inquirió Rose mientras se dirigía hacia un carro desocupado.

—Pues que un prefecto me ha mandado a ver al jefe de mi casa en cuando llegue a Hogwarts —respondió Justin mientras tomaba asiento dentro del carro.

—¿Y eso por qué? —inquirió sorprendido William.

—Por romperle la nariz a Tommy Foster —respondió muy molesto el Jacot Slytherin.

—¿Cómo? —preguntó incrédula Rose.

—Empezó a decirme no sé que cosas, y yo no aguanté y le di un puñetazo —declaró Justin.

—Tienes que controlar tu genio —le dijo Scorpius—. No puedes ir por ahí rompiendo narices.

—Si a ti te hubiera dicho todo lo que me dijo a mí apuesto que tú también lo hubieras golpeado —dijo Justin—. Nunca había conocido ese nivel de celos.

—Pero Scorpius tiene razón —dijo William—. Es la segunda vez en el día Justin. No puedes pasarte la vida golpeando a todo el que se te cruza en el camino.

—Okey, acepto que tienen razón —dijo Justin un poco más tranquilo—. Ahora solo tengo que ir al despacho del profesor… ¡Esperen! ¿Quién es el nuevo jefe de los Slytherin?

—La profesora Jonas —le respondió Scorpius.

—Su despacho está debajo de la torre de Astronomía, ¿cierto? —inquirió Justin.

—Así es —le contestó el chico Malfoy.

—Por cierto Albus, ¿tu padre no te dijo quien lo supliría? —preguntó Rose.

—¿Suplirlo? ¿Van a suplir a tu padre? —inquirió sorprendido Peter.

—Sí, me temo que sí —contestó Albus—. Ha habido mucho trabajo en el Ministerio de Magia, y en estos momentos no van a poder prescindir de él. Así que la profesora McGonagall se vio en la necesidad de contratar un reemplazo, aunque no tengo la menor idea de quien sea.

El carro de los chicos llegó finalmente al colegio, y los seis amigos bajaron de él para entrar en el castillo. Una vez dentro, Justin se despidió de todos y se dirigió hacia las escaleras de mármol mientras los demás entraban en el Gran Comedor.

La decoración era increíble. Los platos de oro relucían en las mesas a la luz de las velas, y el techo encantado del Gran Comedor empezaba a iluminarse con la presencia de estrellas. Las cuatro mesas empezaban a ser ocupadas por la gente que llegaba. Scorpius los dejó en la segunda mesa, mientras que Rose, Peter, William y Albus se dirigían hacia la última. Sandy y Harry ya se encontraban en la mesa de Hufflepuff, y los saludaron muy animadamente cuando pasaron la mesa.

Los chicos se sentaron aproximadamente a la mitad de la mesa, no muy lejos de donde se encontraba James Potter y sus amigos, y a un lado de sus compañeros Arthur Finnigan y Zac Flaherty.

—¡Hola chicos! —los saludó Finnigan—. ¿Cómo les fue en sus vacaciones?

—No del todo mal —le contestó el chico Thomson—. ¿Y a ti?

—¡De maravilla! —exclamó Finnigan—. Dos meses en los que me olvidé un poco de la magia me cayeron de maravilla.

—Pero tu padre es mago, ¿no? —inquirió Rose.

—Sí, pero no suele usar mucha magia en casa —respondió el chico—. Mamá se lo tiene prohibido, a menos que sea absolutamente necesario.

—¡Qué horror vivir como un muggle! —exclamó Peter.

—¿Pero de qué hablas? —cuestionó William—. En tu casa no puede usarse la magia por nadie durante tus vacaciones, ¿o sí?

—¿El sarcasmo es una lengua extranjera para ti o qué William? —preguntó el chico Thomson poniendo los ojos en blanco.

—¡Oh! Lo siento —se disculpó William mientras clavaba la vista en su plato.

Los demás pasearon la vista por el Gran Comedor.

—Así que ese es el nuevo profesor de Pociones —expresó Rose después de un vistazo a la mesa de los profesores.

Los demás voltearon la cabeza, y se encontraron con un profesor un poco enano y gordo sentado a un lado de la profesora Phoe de Transformaciones.

—También podría ser el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, ¿no? —dijo el chico Jacot.

—No se le ve cara de profesor de Defensa —rebatió Peter—. Debe ser el de Pociones.

—Pero entonces todavía falta el profesor de Defensa —concluyó Albus.

—Tal vez le pasó a la profesora McGonagall como el año pasado con Historia de la Magia —sugirió Peter—. Al profesor Sinclair no lo encontró hasta que hubo comenzado el año. El jueves de la primera semana, a decir verdad. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer.

En aquel momento la puerta del Gran Comedor se abrió, y una larga fila de alumnos de primer año entró precedidos por el profesor Longbottom. Todos parecían extrañamente nerviosos.

—Y pensar que hace un año nosotros estábamos ahí —susurró Peter mientras el profesor de Herbología colocaba el Sombrero Seleccionador enfrente de los nuevos alumnos.

Toda la atención del Gran Comedor recayó sobre el sombrero, y éste comenzó a cantar:

Cuando la oscuridad brillaba
y la ignorancia reinaba
cuatro grandes magos decidieron
fundar una institución del cielo.

Un enorme castillo eligieron
donde comenzaron desde cero
para formar las mentes jóvenes
con el fin de que llegaran a ser mejores.

¿Y cuál debía ser la materia prima?
¿Cómo elegir a aquellos que debían
y valían ser educados por ellos?
Las características buscaron con celo.

Para Ravenclaw la inteligencia
mostraría a los valiosos
Todos quienes entendieran la ciencia
valían más que el oro.

Mientras Hufflepuff veía
y por tanto también creía
que la honradez era lo que valía
como lo más precioso en la vasija.

Por otro lado Slytherin pensó
que haría si sus alumnos no tuvieran
astucia, ambición y razón
y busco que lo poseyeran.

Por último Gryffindor valientemente
decidió que si mostraban coraje
el alumno resultaba dignamente
capaz de estudiar el lenguaje.

La magia entrenaron
y aunque ellos ya estén muertos
todos aquellos que entraron
siguen siendo traídos del huerto.

Un gran aplauso siguió a la canción.

—No se parece mucho a la canción del año pasado, ¿verdad? —comentó Peter entre los aplausos.

Albus estaba de acuerdo. Parecía que en aquella ocasión el sombrero se había conformado con recitar las características de cada casa en lugar de buscar mandar un mensaje como la vez pasada.

—Conforme los vaya nombrando tendrán que ir pasando y colocarse el sombrero —les dijo el profesor Longbottom a los alumnos de nuevo ingreso—. ACALO MEMPHIS.

Una chica un poco alta, de nariz afilada y cabello rubio dio unos cuantos pasos adelante para poder sentarse en el banco. Apenas y tocó su cabeza, el Sombrero Seleccionador gritó:

—SLYTHERIN.

Una ola de aplausos recorrió la mesa de Slytherin mientras la chica se dirigía hacia allá.

—¡Lástima! —exclamó Peter.

—¿Por qué lástima? —preguntó William.

—Porque esa chica era realmente linda —respondió Peter.

Albus miró a la chica mientras se sentaba en la mesa de Slytherin. Tenía que admitir que sí tenía cierto aire de belleza, aunque no era su tipo. Un poco más lejos de ella Jason Jacot parecía furioso mientras se pasaba la mano por el cabello, que ahora le llegaba hasta los hombros.

—¿Qué le hiciste a Jason? —inquirió incrédulo Albus.

—¡Oh! —exclamó Rose al enfocar la vista sobre el chico Jacot.

—¡Sorprendente! —dijo asombrado Peter al ver de que hablaban.

William sonrió ligeramente, como si estuviera intentando contenerse.

—Un sencillo encantamiento crecepelo —respondió William—. Aunque creo que no me salió del todo bien. Quería que le saliera barba y bigote además. Pero con lo orgulloso y arrogante que es Jason, creo que eso es suficiente. Nunca le ha gustado traer su cabello largo.

—¡Eres genial William! —exclamó Peter mientras levantaba un pulgar.

La selección continuó. El primer miembro de la casa Gryffindor fue Coral Eustace, seguido de Cursen Dalia.

—Quiero que comience la comida —dijo desesperado Peter.

—Tranquilízate —le dijo Rose—. La selección es más importante que el banquete.

—¿Para quién? —inquirió el chico Thomson.

—Para mí lo es —le contestó Nick casi decapitado, fantasma de la torre de Gryffindor, que en aquel momento se encontraba flotando detrás de ellos—. Además, necesitamos de buenos nuevos alumnos en Gryffindor si queremos ganar este año la copa de las casas.

—Tal vez Peter se pueda aplicar un poco más —dijo ácidamente Rose.

—O podría unirme al equipo de quidditch de Gryffindor —sugirió Peter como si no hubiera notado el tono usado por la chica Weasley—. Nos dan puntos por ganar los partidos.

La ceremonia de selección se terminó en el momento en que Wason Laven fue mandada a Ravenclaw.

—Muy bien —dijo la directora del colegio mientras el profesor Longbottom sacaba el sombrero seleccionador—. Creo que ha llegado la hora de comer.

—¡Gracias al cielo! —exclamó Peter mientras la comida aparecía mágicamente en los platos de oro.

Nadie habló mucho al principio, ya que estaban más preocupados por degustar la comida que habían servido aquella noche.

—¿Me pasas esa pasta? —inquirió William a Peter señalándole un gran plato.

—Por supuesto —le respondió el chico Thomson mientras le pasaba el plato para que William se pudiera servir.

—Creo que Justin está intentando llamar tu atención William —dijo Rose con la mirada clavada en la mesa de Slytherin.

—¿Ya regresó? —inquirió William mientras volteaba a la mesa de Slytherin.

Peter y Albus lo imitaron, y les pareció gracioso y extraño la manera en que Justin estaba moviendo los brazos para llamar la atención de William. El chico no se había dado cuenta de que ya había cumplido su objetivo porque se encontraba con la cabeza volteada hacia Scorpius. A decir verdad, los cuatro Gryffindor no eran los únicos que lo miraban extrañados.

—Es el hermanito de Jason Jacot, ¿verdad? —oyó Albus decir a una chica Hufflepuff—. Es casi tan guapo como su hermano, ¿no?

En aquel momento Justin cayó en la cuenta de que William ya había volteado a verlo, y comenzó a señalar frenética y emocionadamente hacia la mesa de los profesores.

—¿Qué se supone que…? —comenzó William mientras volteaba la cabeza hacia la mesa de los docentes, pero se quedó sin habla cuando vio qué era lo que Justin le estaba señalando.

Sus tres amigos Gryffindor lo habían imitado. En la mesa, sentado a un lado de la profesora McGonagall, se encontraba un hombre imponente, con el cabello corto de color negro y una túnica de color azul oscuro.

—¡Es tu padre! —exclamó sorprendida Rose.

—¿Tu padre? —repitió asombrado Peter.

—¿Qué hace aquí? —inquirió Albus.

Los chicos tardaron un momento antes de comprenderlo, ya que tuvieron que recorrer la mesa de los profesores con la mirada antes de poder concluir.

—¡Tu padre es el nuevo profesor! —exclamó Rose estupefacta.

—NO —gritó William en un tono bastante alto y agudo, atrayendo la atención de varias personas en el Gran Comedor—. ¡Esto no puede estar pasando!

En aquel momento la comida desapareció para dar lugar a los postres.

—¡Pastel de arándanos! —exclamó emocionado Peter—. No te debes mortificar William. Vamos, come un poco de pastel.

—Peter, no creo que sea el momento —dijo Rose malhumorada.

—¡Oh, vamos! ¿Qué es lo peor que puede pasar? —inquirió el chico Thomson.

—¡Tú no lo entiendes! —exclamó en voz baja William en un tono bastante atemorizado—. Para mi padre yo soy un nadie. Para la familia Jacot yo no debería llamarme mago. Ni siquiera entienden porque llevó su apellido.

—¡Vaya! —exclamó Peter.

Finalmente los postres desaparecieron, y la profesora McGonagall se puso de pie.

—¡Muy bien! —exclamó la profesora—. Bienvenidos a un curso nuevo en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Este año nos esperan interesantes aprendizajes, en compañía de todos sus profesores. Y por eso, quiero presentarles a todos ustedes a dos miembros nuevos del profesorado. El primero se trata del profesor Cornelius Didge, que a partir de ahora se encargara de la clase de Pociones.

El profesor Didge se puso de pie e hizo una leve inclinación ante el abarrotado comedor. Los alumnos respondieron con un aplauso cortés de bienvenida.

—En segundo lugar tenemos al profesor David Jacot, quien suplirá temporalmente al profesor Potter en la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras.

El señor Jacot solo levantó una mano, adquiriendo una expresión de astucia digna del mismísimo Salazar Slytherin. El aplauso por parte de los alumnos fue muy pronunciado en la mesa de los Slytherin.

—¡Díganme que es un sueño! —exclamó William mientras se ponía una mano en la frente como si tuviera mareos.

—Espero que todos sean amables y obedezcan a sus nuevos profesores —continuó la profesora McGonagall cuando los aplausos se hubieron acallado—. Y hablando de obediencia, espero que todos ustedes recuerden las normas del colegio y las apliquen. Han llegado a mis oídos las noticias de que un alumno ha roto ya las reglas desde el tren. Espero que no se repita.

Y dicho eso dirigió una mirada acusada hacia la mesa de Slytherin, donde Justin Jacot sonrió con embarazo.

—¿El hermano del buscador de Slytherin? —inquirió una chica no muy lejos de donde se hallaban los cuatro amigos Gryffindor.

—Sí, le rompió la nariz a otros dos chicos —comentó otra persona.

—A un Slytherin y a un Ravenclaw —dijo otro chico por allá.

—¡Vaya! —exclamó Rose—. Las noticias vuelan.

—Vámonos antes de que me sienta peor —dijo William todavía con la mano en la cabeza.

Los cuatro amigos se pusieron de pie, y se dirigieron hacia la puerta del Gran Comedor, la cual ya se encontraba bastante atestada de alumnos que buscaban dirigirse hacia su sala común.

—¡William! —exclamó Justin a su hermano mientras corría a su lado—. ¿No es fantástico? Me enteré en cuanto llegué al despacho de la profesora Jonas. Resulta que papá se dirigió hacia allá en cuanto se hubo enterado de quién había roto narices en el tren. Me regañó, pero la verdad es que estaba más feliz por saber que él sería nuestro nuevo profesor de Defensa.

—¡No te ves muy bien William! —comentó Scorpius preocupado.

—¡William! —exclamó una voz.

Entre la marea de estudiantes una persona se abrió paso. Los alumnos se hacían a un lado para dejarle paso, y algunas chicas lo observaban y comentaban el fabuloso parecido que tenía con su hijo mayor.

—¿Te encuentras bien? —inquirió David Jacot mientras se paraba enfrente de su hijo.

—Sí —respondió ahogadamente William, con lo cual daba la impresión de estar peor que antes.

—Tal vez deberías ir a la enfermería —dijo su padre con una expresión de preocupación auténtica en el rostro.

—No, de verdad estoy bien —dijo William sin dejar el tono ahogado.

—Si tú lo dices… —dijo su padre.

En aquel momento una voz resonó entre la marea de gente:

—Voy a matar al idiota que hizo esto.

Jason Jacot se había abierto paso hasta sus hermanos y padre junto con Mark Towers. Aquello hizo que William luciera aún peor. Albus supuso que temía que su medio hermano descubriera quién le había hecho crecer el cabello.

—¿Qué te hiciste en el cabello Jason? —inquirió el profesor Jacot—. Nunca te lo había visto así. Pero te ves bien.

—Tu padre tiene razón —comentó Towers sonriendo, con lo cual sus ojos desaparecían de forma literal al convertirse en un par de líneas—. Hay muchas chicas que no dejan de mirarte.

—¿En serio? —cuestionó Jason.

Y como si quisieran confirmar lo dicho por Towers, en aquel momento pasó un grupo de chicas Ravenclaw del quinto curso que miraban de forma muy interesada al chico Jacot. Jason sonrió con suficiencia.

—Entonces tal vez le agradezca al idiota en lugar de matarlo —dijo satisfecho Jason.

—¡Debo irme! —exclamó William.

Y antes de que alguien pudiera decir algo el chico ya había corrido prácticamente fuera del Gran Comedor.

—¡Eh, espéranos! —le gritó Rose mientras se echaba a correr para alcanzarlo.

Los otros tres Gryffindor lo alcanzaron hasta la escalera de mármol.

—Espero que nuestra primera clase no sea Defensa Contra las Artes Oscuras —dijo William mientras seguía subiendo.

—Tarde o temprano tendrás que enfrentarte a eso William —le dijo Rose.

—Pero preferiría que fuera tarde —contestó el chico.