Capítulo 12
Eran casi las doce de la noche cuando Vanessa Shwan se dispuso a irse a la cama. Había sido un día agotador en la escuela y no tenía fuerzas siquiera para ponerse el pijama.
Como hija de la directora de la preparatoria Lakewood, Vanessa tenía obligaciones que el resto de sus compañeros no. Era su deber involucrarse en cualquiera de las actividades extraescolares que se llevara a cabo, y en esos momentos se trataba de la insoportable obra de teatro que su mamá insistió en preparar para recaudar fondos.
A Vanessa no le interesaba la obra, solo quería terminar lo más rápido posible la escuela para así poder convertirse en la modelo que siempre había deseado ser. Sabía que sus padres tan conservadores jamás apoyarían que su única hija se convirtiera en una vulgar modelo en vez de entrar en la universidad, y lo cierto es que ella era demasiado tímida y sumisa como para contradecirlos. Le hubiese gustado tener un carácter más fuerte, como el de Pam, su mejor amiga, ella era impulsiva y tenaz, nunca dejaba que nadie la pasara por encima.
Como si lo hubiese predicho, su teléfono celular comenzó a sonar. Vanessa lo tomó y rió.
- Hola, Pam.
- ¡Vanessa! – Ahí estaba ella con su actitud siempre vivaz.
- ¿Tienes idea de la hora que es? – Claro que no la tenía.
- Tengo excelentes noticias – Continuó Pam sin hacer caso a la pregunta de Vanessa – Acabo de hablar con mi tía Patty, y nunca adivinarás lo que me dijo.
- No, pero presiento que tú me lo dirás.
- ¿Sabes quién se ha unido a nuestro equipo de teatro para ayudarnos con la obra? – Pam esperó unos segundos antes de dar la gran noticia - ¡Terry Grandchester! ¿Puedes creerlo?
Pam sonaba muy entusiasmada por ello, y Vanessa también pareció muy complacida.
- Eso definitivamente va a ayudarnos. Terry es uno de los mejores actores de teatro de los Estados Unidos. Con él a cargo no cabe duda que la obra será todo un éxito.
- No es exactamente eso en lo que estaba pensando – Pam rió - ¡Es Terry Grandchester! Y nosotras vamos a tener la posibilidad de conocerlo y estar cerca de él.
- ¿Estás bromeando? – Vanessa debió haber pensado que su amiga diría algo por el estilo – Es mayor que nosotras, y está casado.
- Divorciado – Remarcó Pam.
- Pero tiene un hijo.
- ¿Y eso qué?
- ¡No puedes seducirlo! – Exclamó Vanessa.
- Lo haces parecer como si fuera algo sucio - ¿Es que no era así? – Dentro de tres meses cumpliré 18 años y seré lo suficientemente mayor como para hacer lo que quiera. Tú también deberías pensar en ello, tu cumpleaños es en dos meses.
- ¡Estás loca!
- Puedes decirme eso cuando me veas en los brazos de Terry.
- Sabes que eso nunca pasará.
- ¿Por qué no? Soy bonita – Eso era cierto. Pam tenía un cierto encanto especial que hacía que todos los chicos de la escuela cayeran rendidos a sus pies, tal vez fuera su cabello negro brillante, o sus ojos azules, pero ahora estaban hablando de Terry Grandchester, un hombre exitoso, apuesto, divorciado, y padre de un hijo. Pam no tenía posibilidades.
- Escucha – Vanessa se pasó la mano por la cabeza – Ya es demasiado tarde y tengo sueño ¿Qué te parece si hablamos mañana en la escuela?
- Claro… nos vemos mañana.
Vanessa apagó su celular y comenzó con la agotadora tarea de cambiarse para irse a dormir. Tal vez podía pedirle a su madre que no la forzara a participar en la obra, había pensado en hacerlo, pero ahora con la nueva noticia de que Terry Grandchester se uniría para ayudarlos las cosas cambiaban rotundamente. Claro que como el resto de sus compañeras mujeres Vanessa tenía un enamoramiento infantil con el actor, incluso guardaba revistas en las que él había salido. Sabía que era un amor platónico, pero ¿Qué tenía de malo si deleitaba su vista mientras las largas horas de trabajo para la obra?
Se sentó en frente del espejo y comenzó a cepillar su largo cabello rubio. Vanessa no se consideraba a si misma hermosa, tenía un rostro bastante común y sus ojos marrones con forma de almendra no eran la gran cosa, pero tampoco era una chica fea. Su cuerpo era proporcionado, lo cual se convertía en una ventaja si en algún momento quería dedicarse al modelaje. No tenía ni grandes senos, ni un trasero como el de Jennifer López, pero a eso no había desviado el interés de los chicos. Había tenido dos novios en su corta visa, y solo con el último había llegado a algo más que unos simples besos, y aun así su vasta experiencia sexual no se comparaba al del resto de sus amigas, quienes pasaban por una cama diferente todas las semanas. Su madre solía mostrar su descontento respecto a ellas todo el tiempo. Como directora de la escuela, estaba al tanto de todo lo que pasaba con los alumnos, y cada mes recibía un informe especial con los nombres de las jóvenes que habían acudido a la enfermería con el fin de realizarse una prueba de embarazo, o un análisis de sangre. Se había reusado a que allí se entregaran condones gratis para todos aquellos alumnos sexualmente activos, pero el consejo escolar lo había aprobado, así que no le había quedado más remedio que aceptarlo.
La señora Shwan solía regocijarse frente a todos cuando hablaba de su perfecta hija, y Vanessa siempre se preguntaba qué diría su madre si se enterara que su pequeña ya no era virgen. Probablemente le diera un ataque y la enviaría a un convento donde no la dejaran salir, pero no tendría sentido cuando ella cumpliera la mayoría de edad, lo cual afortunadamente sería pronto.
ooo
Terry se despertó a las siete de la mañana con unos golpecillos en la puerta de su habitación. Nunca le había gustado despertarse temprano, pero menos aún si lo obligaban a hacerlo.
Se levantó de la cama con pereza y se puso unos jeans que estaban en sobre una silla. Encendió la luz y se frotó los ojos mientras abría la puerta de la habitación para encontrarse con el rostro preocupado de su madre.
- Pete no ha venido a dormir a noche – Le dijo ella mientras se frotaba las manos con nerviosismo.
- Ya lo sé – Contestó Terry bostezando – Su cama esta bacía – Señaló hacia la cama donde Pete dormía.
- Temo que le haya pasado algo.
- Tranquila – Terry no soportaba ver a su madre en ese estado. Colocó sus manos sobre los hombros de ella y la hiso entrar en la habitación – Debe haber salido de juerga, estoy seguro que no le pasó nada malo.
- No lo entiendo – Eleanor se sentó en la cama deshecha de Terry – Pete siempre me avisa cuando no viene a dormir a casa. Además… - Eleanor se contuvo de decirlo.
- ¿Además que? – Le preguntó Terry frunciendo en entrecejo.
Eleanor levantó la mirada y miró a su hijo menor con los ojos llenos de preocupación.
- Susana tampoco está en su habitación – Le dijo – Acabo de entrar y Davy está durmiendo solo.
Terry dejó escapar un suspiro. No era de extrañar que Susana y Pete estuvieran manteniendo una relación, después de todo ambos eran solteros y libres, y a él tampoco le molestaba.
- No te preocupes – Terry le sonrió a su madre – Apuesto a que en menos de diez minutos ambos estarán cruzando la puerta de entrada para reclamar su desayuno.
Eleanor pareció más tranquila después de hablar con su hijo. Se puso de pie y se dirigió a la salida, pero algo en el escritorio llamó su atención.
- ¿Qué haces con esto?
Terry se acercó para ver qué era lo que su madre sostenía en sus manos.
- Oh… eso – Era el pisacorbatas que había encontrado en la joyería de Candy – Es solo un pisacorbatas que encontré.
- ¿Dónde lo encontraste? Tú padre ha estado buscándolo desesperadamente.
- ¿Qué dices? - ¿El pisacorbatas era de su padre?
- Se lo regalé para nuestro aniversario hace dos años. Me alegro que lo hayas encontrado, creímos que ya no íbamos a recuperarlo.
Eleanor salió de la habitación antes de que Terry pudiera decir algo.
¿Qué demonios estaba haciendo el pisacorbatas de su padre en la joyería de Candy?
Entonces recordó el día en que había encontrado la joya. Esa mujer empleada de Candy, Stella, se había comportado de un modo muy extraño. En un principio creyó que había estado robando, pero Candy lo desestimo por completo. Algo raro estaba pasando, pero Terry no tenía ánimos siquiera para pensar en ello.
Miró su reloj. Ya casi era hora de levantarse, así que dejó pasar la idea de continuar durmiendo. Se puso una camisa y bajó a encontrarse con su madre. Estaba un poco más animada después de haber hablado con Terry, y su padre también tenía una sonrisa en el rostro, probablemente por haber encontrado el pisacorbatas.
El teléfono comenzó a sonar cuando Terry estaba a punto de tomar asiendo al lado de su hijo.
- Terry ¿Podrías contestar? – Le pidió su madre mientras sacaba unas tortitas del horno – Tengo las manos ocupadas.
- Claro – Terry se dirigió hacia el teléfono que colgaba de la pared – Diga...
- ¿Hablo con la familia Grandchester? – Habló una voz femenina del otro lado de la línea.
- Sí – No sabía porque, pero algo le decía que las cosas no estaban del todo bien, y un escalofrió recorrió por su columna vertebral.
- ¿Es usted familiar?
- Sí – Definitivamente, algo estaba mal.
- Lamento informarle que el señor Peter Grandchester ha sufrido un accidente automovilístico.
- ¿Qué? – Terry no podía creer lo que estaba escuchando. Su madre lo miró volviendo a poner su rostro de preocupación y Terry supo que había levantado la voz. No sabía cómo formular la siguiente pregunta, pero tenía que hacerlo – Él… él… ¿Está muerto?
- Afortunadamente no – Dijo la mujer – Su estado denota gravedad, pero está fuera de peligro. Por supuesto tendrá que pasar un largo tiempo en el hospital, aunque… la mujer que iba con él en el auto no corrió con su misma suerte.
¡Maldición! Esa mujer a la que se refería probablemente era Susana. La mujer le dijo que no habían encontrado nada en la escena del accidente para determinar la identidad del cuerpo que había quedado irreconocible, solo quedaba por hacer los exámenes de ADN, para lo cual se necesitaba la colaboración de algún familiar.
Terry no sometería a su hijo a hacerse un examen, así que no le quedaba más remedio que comunicarse con sus padres. También debería decírselo a los suyos. Eleanor se pondría histérica al enterarse de que su hijo había sufrido un accidente e insistiría en ir al hospital, por lo cual Terry debía contenerla. Pero lo que más le preocupaba en esos momentos era Davy. Esperaba que la mujer que había sido encontraba con Pete no fuera Susana, no quería que su hijo perdiera a su madre.
- ¿Qué sucede? – Eleanor se acercó a Terry estrujando un trapo con sus manos – Es Pete ¿Verdad?
Terry asintió levemente con la cabeza y vio como los ojos de su madre comenzaban a llenarse de lágrimas.
- Parece que hubo un accidente… Pete está en el hospital.
- ¡Oh, por Dios! – Eleanor profirió un grito y Richard se acercó para ver qué era lo que estaba pasando – Tenemos que ir al hospital – Dijo mientras caminaba de un lado para otro.
- ¿Qué es exactamente lo que te dijeron? – Le preguntó Richard a su hijo.
- Un accidente de auto – Contestó Terry con preocupación – Pete está grave pero fuera de peligro.
- Entonces no hay porque preocuparse – Richard pareció tomarlo con demasiada tranquilidad teniendo en cuenta que se trataba de su hijo mayor.
- El problema es que… la mujer que iba a su lado no logró sobrevivir y me temo que se trata de Susana.
- ¿Susana iba con Pete?
- Ninguno de los dos durmió aquí anoche, y mamá cree que están teniendo una aventura.
- ¿Te molesta eso? – Le preguntó Richard levantando una ceja.
- ¿Cómo te atreves siquiera a preguntarme eso en un momento como este? – Terry se enfadó por la actitud de su padre. Sabía que siempre había sentido un especial interés en que se reconciliara con Susana, pero ese no era el momento para esa clase de comentarios – Llevaré a mamá al hospital ¿Puedes hacerte cargo de Davy?
- Lo siento, hijo, pero tengo una junta muy importante dentro de una hora y no puedo faltar.
- No puedo llevarlo conmigo.
- Entonces déjalo con los padres de Susana – Richard tomó su saco y las llaves.
- No voy a enfrentarme con los padres de Susana… no aún.
- ¡Entonces busca a alguien!
- De acuerdo – Terry ya estaba perdiendo los nervios – ¡Ve a tu estúpida junta! Ya me las arreglaré solo – No podía creer el desinterés que tenía su padre.
Richard se fue y Eleanor apareció nuevamente en la sala, ya lista para irse.
- ¿Dónde fue tu padre?
- A Trabajar.
- Creí que vendría con nosotros.
- No importa. Ve al auto, yo iré a buscar a Davy.
- No puede venir con nosotros. El hospital no es un lugar para un niño de seis años.
- Lo sé, lo sé… voy a buscar a alguien con quien dejarlo.
- De acuerdo.
Cinco minutos después, Terry ya había puesto a Davy en el auto mientras pensaba donde podía dejarlo. No podía ir con los padres de Susana, a ellos nunca les había gustado hacer de niñeros y harían cientos de preguntas para saber porque nadie más podía hacerse cargo del pequeño. Sus viejos amigos del colegio habían abandonado el pueblo para ir a la universidad, la mitad no había vuelto y la otra mitad probablemente lo había olvidado. Entonces pasó por delante de la joyería de los Waitzman y una loca idea se cruzó por su mente.
- Espérame aquí, mamá.
Eleanor se sorprendió cuando Terry aparcó el auto delante de la joyería, pero no dijo una sola palabra al respecto.
- ¿Por qué no puedo ir contigo? – Le preguntó Davy a Terry mientras caminaban hacia la joyería – Yo también quiero ver al tío Pete.
- No puedes venir conmigo… pero te quedarás con una amiga – Esperaba que Candy aceptase - ¿Recuerdas a Candy?
Davy asintió con la cabeza y no hiso más preguntas al respecto. Entraron a la joyería, y Terry respiró con alivio al encontrar a Candy detrás del mostrador.
- Terry – Dijo ella con sorpresa - ¿Qué haces aquí?
- Necesito un favor.
Tal vez había sido la desesperación en su voz, pero Candy supo que algo malo estaba pasando.
- Dime…
- Pete ha tenido un accidente automovilístico.
- ¡Oh, por Dios! ¿Está bien?
- No lo sé… mamá me está esperando en el auto para ir a verlo, pero no tengo con quien dejar a Davy – Terry miró a su pequeño hijo – ¿Crees… crees que podrías cuidarlo por unas horas?
Candy miró a Terry a los ojos. En verdad estaba pasando por un momento delicado, y por un momento todos los rencores que sentía hacia él se hicieron a un lado. No podía negarle la ayuda que le estaba pidiendo.
- Claro – Le dijo – Yo cuidaré de tu hijo.
- No sabes cuánto te lo agradezco.
- Ve con tu hermano.
- Sí - Terry se agacho para quedar a la altura de su hijo – Pórtate bien.
- Sí, papá.
Terry besó a su hijo en la cabeza y le dio las gracias nuevamente a Candy antes de irse lo más rápido posible. Le sorprendió reconocer que ella continuaba siendo la misma de siempre, no había lugar en su corazón para sentimientos oscuros, e incluso era capaz de aceptar al niño que representaba la infidelidad de él.
- ¿Dejaste a Davy con Candy? – Le preguntó su madre con sorpresa.
- Sí.
- Ustedes… ¿Están juntos nuevamente?
- No, mamá. Candy y yo no hemos vuelto – Le dijo mientras conducía hacia el hospital – Pero lo haremos.
Continuará…
Gracias por todos los comentarios =)
Acá dejo un nuevo capítulo… nuevos personajes están apareciendo mmmmmmmmm ¿Qué pasará?
Besosssssssssssssssssss
