Lo sabemos! 2 meses enteros sin actualizar, no tenemos perdón ni excusas, pero aquí tienen la continuación si siguen interesados en la historia (esperemos que sí). Ya tenemos casi la mitad del siguiente capítulo, así que no tardaremos mucho en publicar la continuación. Muchas gracias por seguir leyendo y comentando, esperamos que disfrutéis.
Capítulo 12
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando Emma la sujetó del brazo para evitar que se marchara de su cuarto. Se giró para mirarla, sus ojos le pedían que se quedara y ella no podía negárselo a esa joven que poco a poco estaba entrando en su corazón.
-Pero estarás cansada y seguro viene más gente a verte... si me ven aquí pensarán cosas raras- ya la había visto Killian y no le había gustado nada la mirada desafiante del chico.
-¿Qué cosas raras? No se preocupe por mis amigos, tampoco es que tenga tantos- al ver que ya la había convencido prácticamente, soltó su brazo para coger su portátil y le indicó que se sentara a su lado en la cama -Mire, quería enseñarle este libro, es de la autora de Shadowland-
Regina se acercó a la cama acomodándose y sintió un vuelco en el estómago al recordar el libro de temática lésbica que le había recomendado a su alumna nada más conocerla. Le gustaba saber que había seguido indagando en el tema, eso significaba que se sentía atraída por ese mundo.
-He leído algunos de esa escritora, pero justamente ese no- dijo asomándose a la pantalla de la rubia -¿De qué se trata?- giró su rostro mirándola, estaban sentadas en la misma cama y sus brazos se rozaban por la proximidad.
-Bueno, este es más normal por así decirlo. Es acerca de dos mujeres que no pueden estar juntas, una de ellas está casada y la otra es la empleada en su casa- Emma se sentía completamente cómoda con la otra mujer, poco le importaba que tuviera más años que ella y fuera su profesora, con ella se comportaba como realmente era sin tener que fingir.
-Oh vaya... amores imposibles, mi tema favorito- Regina sonrió y se acercó más a la pantalla para leer por encima -Tiene buena pinta, me lo tienes que pasar-
-Sí, por supuesto. Prefiero el papel, pero ni de broma podría comprarme este libro- suspiró pensando en que si sus padres supieran las cosas que leía estaría metida en un buen problema. Se había tenido que conformar con las versiones digitales.
-Bueno, si lo leo y me gusta seguro lo compro, me encanta aumentar mi biblioteca. Y así lo podrás tener en tus manos siempre que quieras -la morena guiñó un ojo -¿Cuándo vuelves a la escuela?-
-Probablemente el lunes... cuando mi pie deje de estar tan hinchado- en ese momento entró al cuarto la abuela de Emma.
-Neal ha venido a visitarte- anunció la anciana con una sonrisa.
Regina levantó sus cejas y suspiró levemente dándose cuenta que su tiempo con Emma había acabado. Otra vez se volvía a sentir acechada por los amigos adolescentes de su alumna.
-Yo mejor me voy- la morena se había percatado de que Neal y la rubia pasaban mucho tiempo juntos en la escuela, pero nunca le había quedado claro el tipo de relación que tenía con él. Parecía que Emma levantaba más pasiones de las que pensaba, ya que, en el corto periodo que había pasado en su casa, dos chicos habían ido a visitarla. Se sentía una idiota en esos instantes -Mejórate Emma-
La profesora se levantó dispuesta a irse pero justo entró Neal al cuarto, llevaba una rosa en la mano. Al verla, Emma abrió mucho sus ojos bastante sorprendida. Odiaba cuando el chico hacía ese tipo de cosas. Lo quería mucho, pero como amigo, nunca lo podría ver como algo más y parecía que él confundía su relación a menudo. Se lo había aclarado unas cuantas veces, pero como era tan sutil, seguramente Neal no lo terminaba de comprender.
-Hola Emma... profesora- el chico sabía que Regina y la rubia se llevaban muy bien, pero no hasta ese punto. A sus ojos era extraño ver el encuentro que estaba presenciando.
-Hola Neal- contestó Emma y miró la cara de su profesora que estaba bastante sorprendida, le hubiera gustado seguir charlando con ella, pero ya no podía ser -Gracias por venir... la veo en la escuela-
-Hasta luego- carraspeó un poco y salió rápidamente de ahí. No podía estar más celosa y odiaba sentirse así por una chica de 16 años.
Emma, que se había quedado decepcionada por la corta visita de la mujer, alargó la mano para recibir la rosa de su amigo y justo se pinchó con una espina
-¡Ouch!-
-¡Cuidado Ems!- se acercó para sentarse al borde de la cama y cogió la mano de Emma para acariciarla y limpiar la sangre -Siempre tan torpe- sonrió -¿Cómo estás? ¿Qué hacía aquí la profesora?-
-Vino a visitarme. Estoy tomando clases extra con ella, nada importante- intentó sonar convincente. Aunque realmente no estaba mintiendo, lo que acababa de contar no se parecía a nada a lo que realmente hacía con Regina -¿Cómo estás tú? Hacía tiempo que no nos veíamos y lo siento, he estado castigada-
-Bueno, también has estado ocupada desde que eres más... popular- Neal se caracterizaba por ir al grano -¿Es Killian tu nuevo mejor amigo?- había reproche en la voz del chico.
-No Neal, él no es mi mejor amigo, tú lo eres- golpeó el brazo del joven cariñosamente.
Eso bastó para que Neal sonriera y comenzara a contarle lo que había estado haciendo esas últimas semanas.
Regina pasó un fin de semana bastante malo, había estado dándole vueltas a todo el asunto con Emma. Estaba celosa, ya no tenía sentido negarlo, sentía algo por su alumna, obviamente no era un enamoramiento, pero sí algún tipo de cariño, o tensión sexual que deseaba resolver. Sin embargo, tenía más claro que nunca lo imposible que era aquello, y que la rubia estaba rodeada de jóvenes que suspiraban por ella. De alguna manera, pensar en aquello la entristecía demasiado.
El lunes, a pesar de que no estaba recuperada del todo, Emma volvió a la escuela, deseaba ver de nuevo a Regina y salir de esa casa que cada día le parecía más una cárcel.
Cuando la morena entró a clase y la vio sentada en primera fila, la saludó con una leve sonrisa. Verla de nuevo en la escuela hizo que se animara un poco. La lección sucedió como de costumbre, Regina hablaba sobre literatura y sus alumnos tomaban apuntes, o al menos fingían hacerlo. Al terminar, esperó a que todos salieran para acercarse a Emma.
-¿Cómo va el pie?-
-Mejor, no puedo ir a correr esta semana, pero está bien- la rubia quería saber si todo estaba como siempre -¿Nos veremos mañana?- estaba ansiosa por volver a sus clases particulares.
-Sí, claro. Es el trato con tus padres- sin haberlo planeado, Regina se estaba mostrando fría con Emma. De alguna manera, todo en lo que había estado pensando el fin de semana había hecho efecto en ella.
La joven levantó las cejas, se había percatado de la actitud de su profesora.
-Si no quiere lo dejamos para el jueves-
-No es que no quiera o deje de querer, es que tienes que venir, y es mi obligación, me comprometí a eso. Además ¿qué hay distinto para que dejes de venir?- sus palabras fueron duras y directas.
Emma se cruzó de brazos, definitivamente pasaba algo.
-No lo sé... la noto algo rara. Quizás tenga un compromiso y quiere suspender las clases-
-No tengo ningún compromiso, así que mañana nos vemos- Regina se giró comenzando a recoger las cosas y metiéndolas en su maletín -¿Necesitas que llame a alguno de tus amigos para que te ayuden a salir al patio o puedes sola?- había reproche en esa pregunta.
-¿Qué?- Emma la miró confundida y a la vez sorprendida. Pero antes de que pudiera decir algo más, su profesora había salido de la clase. [¿Ahora qué le pasa?] Salió con cuidado de no hacerse daño. No entendía nada.
Emma decidió mandarle un mensaje a su padre diciendo que se quedaría un par de horas más en la escuela para estudiar en la biblioteca, pero realmente tenía planeado ir a la librería a comprar el libro del que habían estado hablando Regina y ella. Quería regalárselo porque le ayudaba y le dedicaba mucho tiempo, aunque después de lo que acababa de pasar dudaba que le fuera a gustar mucho el detalle.
La morena llegó a su casa enfadada consigo misma por haberse comportado así con Emma. Primero porque no debería sentirse celosa y segundo porque no quería que la rubia descubriera por nada del mundo que sentía algo por ella. Pero era algo que no podía controlar.
Llegó el martes por la tarde, el timbre sonaba indicando que la alumna había llegado. Regina había intentado cambiar su humor pero no lo conseguía del todo. Abrió la puerta.
-Hola, pasa- se hizo a un lado.
Emma entró en silencio al interior, estaba muy preocupada por la actitud de la otra mujer, presentía que estaba molesta con ella y no sabía el porqué.
-Hola... ¿sigue enfadada?-
-¿Enfadada? ¿Por qué iba a estarlo?- se cruzó de brazos mirándola.
-Bueno... la noto rara. Si hice algo que la molestó sólo tiene que decirlo-
Regina suspiró sabiendo que no tenía explicación lo que le estaba sucediendo.
-No has hecho nada- caminó hacia la sala sentándose en el sofá -Anda, comencemos con esto-
-Quizás podemos comenzar por este- Emma buscó en su bolso y sacó el libro envuelto en papel rojo.
Regina miró el envoltorio sorprendida.
-¿Un regalo? ¿Por qué?-
-Porque pensé que le gustaría- la rubia sonrió –De todas formas seguro será mejor que leamos Shakespeare, ¿no?-
La morena no pudo esconder su sonrisa. Cualquier cosa que viniera de parte de Emma la alegraba, le daba pequeñas esperanzas, incluso aunque al final del día le terminara dando culpa lo que su alumna le provocaba.
-No tenías por qué hacerlo- mientras abría el paquete y observaba el libro que contenía –Eres un amor Emma…-
Colores de tono rojizo invadieron el rostro de la rubia.
-Yo ya lo terminé y me gustó mucho… espero que le guste, aunque no sea como el otro- hizo una mueca –Ya sabe…-
La mano de Regina se posó sobre la de Emma. A pesar de que el simple contacto con su alumna la estremecía, sólo lo hacía para mostrarle agradecimiento.
-Seguro me encanta-
Pero la reacción de Emma fue diferente. Se detuvo el tiempo por un momento, en el cuál no pudo evitar acariciar la mano de su profesora, tan suave y delicada como toda su persona. Tanto sus miradas como el brillo en los ojos de las dos, en ese momento coincidieron. La magia del momento duró hasta que un sonido del exterior desconcentró a la rubia. Soltó la mano de Regina al darse cuenta de que la situación podía tornarse más extraña de lo que ya era.
Emma aclaró su garganta y miró hacia otro lado sólo para desviar la mirada de los hipnóticos ojos de la morena que tenía en frente.
-Bueno, ¿por dónde empezamos?-
El corazón de Regina se había acelerado durante aquel momento, hasta que puso los pies en la tierra de nuevo debido a la interrupción de su alumna. Ya no estaba de mal humor, con muy poco Emma se lo había quitado.
-Bueno, vamos a seguir con la época de Shakespeare. No me odies- sonrió.
Emma, como niña aplicada que era, le dio unos resúmenes que tenía hechos a su profesora y comenzaron con su sesión de lectura y análisis de aquellos libros tan pesados y aburridos.
Mientras la rubia leía muy concentrada, Regina la observaba, casi sin prestar atención a su lectura, cada gesto, y por sobre todo, la boca de su alumna la tenían muy entretenida. Cuando Emma levantó la vista, se encontró con la mirada de su profesora, más intensa que nunca. Sus manos se aflojaron y dejó caer el libro al suelo.
-Oh, ¡lo siento!- la rubia río algo nerviosa intentando recoger en un intento fallido el libro porque volvió a chocar contra el suelo –Parece que Shakespeare me pone un poco nerviosa-
Regina sintió un cosquilleo en su vientre. No entendía bien porqué, pero le excitaba intimidar a Emma. Se repetía a sí misma que parara con todo eso porque no estaba bien, pero observar las reacciones de Emma era más fuerte. No sabía si era idea suya o qué, pero le parecía que a su alumna no le desagradaba aquel jueguito que por momentos tenían.
-Si quieres lo dejamos por hoy- sonrió –Vamos a la cocina a beber algo hasta que vengan a buscarte-
Las dos fueron a la cocina y mientras la morena exprimía algunas naranjas, Emma se sentaba sobre la mesada mirándola.
-El jueves que viene es mi cumpleaños- se sentía con ánimos de compartir ese detalle con Regina.
Regina le dio el vaso y bebió de otro.
-¿Harás un gran festejo? ¿Al estilo de las fiestas a las que ibas?- apenas terminó de decirlo se arrepintió. A pesar de que era claramente en broma, por dentro estaba rogando que Emma dijera que no.
-No creo que lo festeje. Mis últimos cumpleaños se han limitado a cenar con mi abuela-
Por dentro Regina se sintió aliviada al escuchar la respuesta de la rubia. Había comenzado a pensar que Emma cumpliría 17, sólo le faltaría un año para ser mayor de edad.
-Puedes hacer algo tranquilo con tus amigos- la morena se quedó pensativa -Ese día no tendríamos clases, ¿cierto?-
-Puedo venir el viernes… seguro mis padres no tendrán problema con eso- hizo una pausa -¿Estaría bien?- Emma no tenía pensado perderse ninguna de las clases con Regina.
-Por mi sí, pero no vengas como una obligación. Podemos dejarlo para la otra semana-
-¿Está bromeando? Es el día que no leemos Shakespeare, por supuesto que quiero venir- Emma rio.
-Entonces algo especial se me ocurrirá para celebrarlo-
El teléfono de la rubia sonó. Era su padre para decirle que iba en camino para recogerla.
Emma se quedó mirando pensativa su móvil. Quería hacerle la pregunta a su profesora, aunque tenía pánico de que le dijera que no.
-¿Estaría mal si le pidiera su número? Por cualquier cosa…-
Hace tiempo que Regina quería tener el número de Emma, pero no encontraba la forma de pedírselo. En el fondo, sabía que las cosas vía mensaje de texto podían volverse confusas, pero a la vez, Emma se expresaba muy bien a través de la escritura, lo cual podía llegar a ser interesante, incluso provocar que le confesara algunas cosas.
Ambas se agendaron.
-Entonces… ¿me vas a agendar como la profe sexy?-
Emma largó la carcajada, aunque sabía que ese apodo no le quedaría nada mal a Regina.
-¿Debería?- la miro sin quitar la sonrisa de su rostro –Supongo que por ahora Profesora Mills será suficiente, ¿no?-
-Qué formal suena eso, me hace parecer una señora mayor-
-Bueno, ¡es más mayor que yo!- ya Emma se comenzaba a poner nerviosa, era algo que quería saber pero le daba un poco de miedo la respuesta -¿Qué edad tiene? Si se puede saber…-
Regina se cruzó de brazos y levantó sus cejas.
-¿Cuántos crees?-
La rubia se hizo la seria, le encantaba hacer bromas con la edad.
-No lo sé… ¿42 quizás?-
La morena comenzaba a asustarse porque, si Emma realmente creía que tenía esa edad, seguro la veía como una vieja, aún le faltaba para llegar a los 40.
-¡¿Qué?! ¿Eso aparento? ¿En serio?-
Emma ya no podía contenerse por lo que largó la risa.
-Era una broma… no lo sé. Debe tener unos 29, 30. Ahora hablo en serio-
-Eso me gusta más- suspiró aliviada –Tengo 35-
La rubia verdaderamente pensaba que Regina no pasaba de los 30 años. La respuesta la dejó algo sorprendida, no sabía si le gustaba que tuviera tantos años más que ella, era como si aquello las pudiera alejar más de "eso" que tenían. Se sintió salvada por la bocina del auto de su padre, pues no sabía que cara poner.
-Tengo que irme-
Luego de una breve despedida, al cerrar la puerta de la casa, Regina se sintió mal. Jamás había tenido problemas por su edad, menos aún porque estaba acostumbrada a tener relaciones con personas que tuvieran la misma o que fueran mayores y Emma estaba rompiendo todos sus esquemas de golpe. La niña pensaba que ella tenía 6 años menos, y seguro que ahora que sabía la verdad, comenzaría a verla de manera diferente. Incluso, hizo una regresión de sus pensamientos, quizás después de todo Emma jamás la habría visto como algo más que su profesora con la que comparte grandes pasiones como el buen gusto por los libros. Prácticamente se llevaban 20 años. [¿En qué diablos estaba pensando?]
Mientras Emma volvía a casa con su padre no podía dejar de pensar en la edad de Regina. Tenía la misma que sus padres, era raro, aunque ella siempre había sido consciente de que al lado de sus compañeros, sus padres eran bastante jóvenes. Miraba por la ventanilla pensando que no debería importarle, pero le importaba.
Cuando el jueves, día de su próxima clase se acercaba, a Regina le había entrado la paranoia y decidió usar por primera vez su móvil para escribirle a su alumna y decirle que no fuera porque tenía cosas que hacer. Quizás estaba teniendo una actitud tonta, pero no iba a poder soportar la mirada que Emma le había dirigido por unos segundos en la clase pasada. Seguramente lo mejor era cortar por lo sano el tonteo o lo que fuera que tenían.
Emma cuando recibió el mensaje se sintió mal. Se puso a repasar mentalmente la actitud que había tenido el martes y era muy posible que hubiera ofendido a Regina con ella.
Luego de esquivar aquella clase, llegaba lo inevitable. Iban a verse en la escuela. Pero todo fue muy normal, Regina sólo se concentró en la clase, mientras que a la vez, Emma no quería incomodarla por lo que decidió tomar distancias. Si bien en clase eran muy discretas, no existieron ese día aquellas visitas muy propias de ellas antes de comenzar la clase, o luego de terminarla. Simplemente se comportaron como lo que eran, una alumna y una profesora.
¿Esperabais que Regina tuviera esa edad? ¿Qué os ha parecido?
