¡Epílogo!
Epílogo. Visions of a Ghost Kingdom
Sus párpados se abrieron, lenta y perezosamente.
Un primer pensamiento de seguir durmiendo cruzó por su mente.
Un segundo pensamiento le indició el jugar un poco con su compañero.
Su instinto siguió al segundo pensamiento.
Con una mano juguetona, acarició el torso descubierto de Saga y comenzó a dibujar círculos en ella. Sus bíceps bien formados se sentían duros contra sus dedos suaves. Soltó una risita al darse cuenta de que le hacía cosquillas al mayor.
Aquel momento era perfecto. Pareciera que los tiempos de la guerra de Troya hubiesen sido sólo un sueño. Algo que nunca sucedió, y que nunca hubiesen imaginado que pasaría.
Algo imposible.
Se levantó de la cama. Observó su propia piel casi albina y, al encontrar chupetones no se sorprendió. De hecho, ya se esperaba encontrar los círculos morados en su piel al despertar, no debía de sorprenderlo encontrar.
Se ató el cabello en una coleta y tomó una toalla de las muchas que había en uno de los aparadores.
Una cosa buena que había después de terminar la guerra, es que ya no tenían que acampar en bosques. No es que la experiencia hubiese sido de su desagrado, sino que cuando había sido capturado sentía demasiado incómodas las camas. Obviamente, porque estaban ubicadas en el suelo.
Entró en el ostentoso baño. Las aguas estaban tan calientes que le incitaban a meterse y relajarse durante un buen rato. La decoración de motivos de color dorado era tan atrayente que cuando había visto aquel lugar por primera vez, no pudo quitar los ojos de ahí.
Ahora, sólo apreciaba la belleza del lugar, sin quedarse asombrado al grado de no poder decir palabra o no poder moverse a ningún otro lugar. Sonrió.
Se quitó la sábana —que sólo había tomado para cubrirse momentáneamente— y se sumergió en la enorme tina decorada.
Sus músculos se relajaron al instante en el que entraron en contacto con el agua. Lentamente, se fue sumergiendo en las aguas y perezoso, se movió por el enorme estanque. Se sumergió un par de segundos para después sacar la cabeza. Se pasó las manos por el cabello para apartárselo del rostro.
Se quedó unos minutos nadando y llegó Saga. Se sumergió y en cuestión de segundos ya estaba a su lado.
Le atacó con unos cuantos besos en el cuello. Los cuales, hicieron vibrar el cuerpo de Mu de placer.
Después, fue a su boca. Ahí, quiso ser directo y buscó a su lengua, jugueteó un par de minutos con ella y volvió al cuello del chino.
Mu, de forma instintiva, rodeó la cintura de Saga con sus piernas e hizo el mismo acto con sus manos en dirección a su cuello.
De inmediato, sintió como el mayor se pegaba más a su cuerpo, un área específica. Sonrió tímidamente.
Agradecía que Saga estuviera a su lado. De no ser por él, quién sabe que se habría hecho.
Ahora mismo, se encontraban desayunando en la cocina. Cuando estuvieron en el campamento, en una de las ocasiones, Mu le pidió a DeathMask que le enseñase a cocinar. Había tomado varios intentos, sin embargo, ahora era casi un maestro en el arte de la gastronomía.
Silencio cómodo, era una forma perfecta de describir la habitación. De repente, Mu recordó el día que era.
—Hace cuatro años que Fica murió. —Dijo aquello con una sonrisa melancólica. Saga escuchó aquello sorprendido. No pensó que el otro siguiera recordando la fecha de defunción de él.
—Mhmp —Asintió—. Y faltan dos días para tu cumpleaños —recordó.
—Veintidós años. —Se recordó, rio un poco— El tiempo parece volar, ¿no? Yo con veintidós años y tú con veintiséis.
—Ya lo creo. —Nada más dicho durante el desayuno. Ambos comiendo en tranquilidad.
Salieron a caminar. Aprovecharon el hecho de que había poco en la despensa como una excusa perfecta y decidieron tomar aíre.
En la plaza, Mu decidió correr un poco y Saga decidió perseguirlo. El de cabellos lilas se paró de abrupto y Saga se tropezó con él. Rodaron por el pasto y después rieron. Se quedaron viendo lo que pareció milenios. Se sonrieron. Miles de palabras transmitidas por aquella visualización.
Dolor y tristeza, fue una etapa en la relación de ambos, con Mu aun recordando a Fica y el dolor que le atravesaba cada vez que pensaba en él. Tenía comúnmente pesadillas en las que veía como al otro le atravesaba la flecha.
En el día podía pretender que ya no le dolía, pero la noche, cuando se juntaba con el subconsciente, no podía decir algo que no sentía. Los gritos desgarrados decían todo por él.
En aquellas ocasiones, Saga se despertaba y abrazaba posesivamente al otro, le dedicaba palabras dulces y hacía lo posible para que olvidara aquellos malos sueños.
Y es que se trataba de una herida provocada por una pérdida. ¿Cómo sería aquello fácil de curar? Si bien, la herida que había tenido provocada por la flecha en su costado, horas después de haber muerto Albafica, había sanado en cuestión de un par de semanas —sin contar la ocasión en la que se descosieron un par de puntos— pero, el horror psicológico que sufría Mu al recordar la muerte de Fica era más un autocastigo que un trauma.
Sí, se le podía llamar masoquismo. Pero, también se le podía llamar una pérdida irremplazable. En aquellos momentos, en la guerra, Saga no sabía qué hacer. Pero para su suerte, no tardaron tanto en terminar la guerra.
Al final, no llevaron a los prisioneros a Atenas y no tuvieron que pagar ningún castigo por el pecado cometido por París. Había sido una petición especial de Saga, cosa que ninguno de sus superiores negó.
Lo único bueno que salió de aquella guerra, es que conoció a Mu. Es lo único que agradecía de aquel conflicto bélico.
Ya que, al final, lo único que había quedado de la ciudad en la que Mu se había criado, sólo quedaba en su memoria. En sus recuerdos y en su pasado.
Ahora, Troya sólo eran los recuerdos de un reino fantasma.
¡Gracias a: Ariassune, Alice Mukami, Itzpapalotl-Iztaxochitl, Tsuki girasol, Yumi Nero y a yum-chen-mo por sus Favs & Follow y a Alice Mukami por el Review! ¡Nos leemos en la siguiente historia!
