Ayúdenla

John rogaba

Le rogaba a Dios, a los ángeles, al cielo y la tierra que la ayudarán

Como ellos no lograron hacerlo

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La el despertador en la habitación de John suena, indicando que ya son las siete: hora en la que el rubio suele levantarse. Al segundo el rubio la apaga, pero no se levanta. Se da la vuelta y se queda mirando por la ventada de forma ida. Su cabello semi-largo se esparce por la almohada y sus facciones maduras son frías y con un toque de tristeza en ellas.

El muchacho permanece un buen rato de esa forma, no se quería levantar. Sabía que día era, y no quería hacer la triste rutina que aplicaba para ese día en especial desde hace cinco años.

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-¡John! – El mencionado parpadeo, desubicado. Dirigió la mirada hacia su compañera a la derecha y se sintió un poco mal al ver el reproche en sus ojos- ¡No me estas escuchando! – reclamo la muchacha, provocando que una sonrisa nerviosa creciera en el rostro masculino.

-Lo siento, Masako. Es que estoy algo distraído...- se disculpó, rascándose la nuca con su mano izquierda.

La chica solo pestañeo, ahora mostrando curiosidad en la mirada. Si era cierto, el chico había estado pensativo desde el momento en que salieron de su apartamento.

-¿pasa algo?

-bueno, realmente no es nada...Solo me siento raro...

-¿estas enfermo?

-No, así no. – John negó un poco con la cabeza y levanto el rostro al cielo, buscando las palabras correctas para expresarse – Es más...como si estuviera ansioso o preocupado. No sé, es una sensación rara. Como si algo fuera a pasar y eso me preocupara...- Suspiró al terminar la frase, volteando hacia la chica para ver su expresión.

Masako miro atenta al rubio mientras hablaba, cuando finalizo. Llevo un dedo sobre su mentón en una expresión pensativa.

-Preocupación por algo que no ha pasado, pero puede pasar...- la voz de Masako es pensativa, a juego con su expresión – Conozco esa sensación. La he experimentado unas pocas veces durante mi vida, pero muchas veces no son nada. – sonrío tratando de tranquilizar al rubio.

John correspondió la sonrisa con otra, una más pequeña. Todavía se sentía inseguro, pero creía en la chica así que buscó ignorar esa sensación y la ligera opresión que pareció en su pecho ante la sonrisa que le dedicó.

-Si tú lo dices...- su voz demostró inseguridad y Masako lo notó. Su rostro mostro disconformidad, pero al instante la cambio por seriedad y preocupación.

-Aunque...- continúo la chica, captando la atención de John. – hubo una vez que esa sensación si fue certera...-dijo con voz ida y el rostro oculto por su cabello, asustando al muchacho.

-¿Qué fue lo que paso? – pregunto consternado, pero al ver a la chica su rostro mostro más preocupación.

"¿Se estaba refiriendo a su..."

-Masak...-

John no termino de decir el nombre femenino, pues la chica volteo con una sonrisa traviesa hacia él, provocando su desconcierto.

-¿ah? – dijo por lo bajo y lo siguiente que sintió fue su retaguardia golpeándose contra el piso: Masako lo había empujado.

John pestañeo, bastante desubicado, viendo a la chica tratando de controlar su risa traviesa tapándose la boca con las manos. A su cerebro le tomó un segundo procesar lo que había pasado y una ligera indignación recorrió su rostro.

-¡Oye! – dijo en forma de reclamo, pero la sonrisa en su rostro declaraba otra cosa.

-Hu...hubieras visto tu cara...ay, dios – dijo entre risas divertidas. – de verdad eres un tonto, John. Mira que solo a ti te preocupan esas cosas. – Masako sonrío con mofa y le dio la espalda al rubio - ¡unas carreras hasta al supermercado! –grito después de comenzar a correr.

John solo sonrío más amplio viendo la espalda de la chica alejarse, raídamente se puso de pie comenzando a corretearla.

-¡Eso es trampa, Masako!

Solo escucho la risa femenina a la distancia y la espalda de ella perderse entre la multitud de la calle.

John corrió en dirección al destino mencionado tratando de alcanzar a la chica y esquivar a todas las personas, animales y objetos que se posaban en su camino. Cuando llego al edificio, se extrañó de no encontrar a la chica, camino por los pasillos de la tienda y no la encontró. Siguió buscándola, sintiendo lo incomodidad crecer en su pecho. Salió al estacionamiento y camino, encontrándola detrás de una camioneta.

El alivio en su pecho por encontrarla no fue suficiente para calmar esa sensación en su pecho. Se acercó con cuidado y coloco una mano sobre el hombro de la chica, sintiéndola sobresaltarse, más no volteo a verlo.

-¿Masako?

-Lo sabía. Sabía que algo pasaba entre ellos, pero no me imagine que fuera esto...- murmuro bajo. Un escalofrío recorrió la espalda de John al escuchar la voz ida y fría de la chica, esa voz destilaba odio en cada silaba.

John dirige la mirada hacia donde Masako se encuentra observando, y ve a Oliver y Mai besándose. La imagen se le hizo tierna, pues él sabía que Mai tenía mucho tiempo enamorada de Oliver y el de ella, ya era tiempo que estuvieran juntos más con todo lo que había pasado.

Pero...

"A Masako todavía le gusta Davis-san..."

Recordó. Entonces el peso de esa situación cae sobre su consciencia. Esto debía afectarla y demasiado. Se colocó frente a ella, tapándole la visión de los enamorados. Frunció el ceño al ver las lágrimas en sus mejillas, pero la mirada oscura que poseía lo ponía nervioso hasta lo asustaba.

-Masako vámonos.- ordeno John, sujetándola de los hombros. Tratando de ignorar los escalofríos que le provocaban esa mirada tan vacía.

-Aunque no me sorprende que lo lograra...siempre fue una zorra de linda cara y actitud inocente...

-Masako, eso no es cierto.

-¿Cómo no? Siempre has visto como los chicos se vuelven locos por ella, hasta tu estuviste un tiempo enamorado de ella. – murmuro rencorosa, con los ojos clavados en el pecho de John, como si a través de él pudiera ver el encuentro de los ojos dos. - Pero no me sorprenden, todos son idiotas y creen que una cara bonita, unas lindas piernas y una adorable personalidad son suficientes. Se conformando con eso, una hueca de linda cara y buen físico para follarla cuando quieran. – la mirada de la chica se hizo más oscura, y él no se atrevió a contradecirla. Le aterraba – Me dan asco.

Tras eso se dio la vuelta con brusquedad, soltándose del agarre masculino y comenzando a correr.

John permaneció inmóvil unos segundos. Algo dentro de él no le permitía correr detrás de la chica, la mirada tan oscura y llena de odio que había colocado lo dejo paralizado. Trago duro y cuando fue realmente consciente y capaz de controlar su cuerpo, su primer impulso fue salir corriendo por donde había desaparecido la pelinegra.

Mientras corría, la horrible sensación de que algo malo iba a pasar lo torturaba. Aumentando a cada hora que pasaba y que la muchacha no aparecía. El día fue pasando, la luz del día se perdió y comenzó el reinado de las tinieblas.

A las 7 de la noche, cuando John ya estaba listo para llamar al resto del equipo y dar una alerta. Recibió un mensaje que no lo dejó tranquilo el resto de su vida:

Estoy bien. Estoy en mi casa. – recitaba la primera línea- no llames a nadie, no quiero que me molesten. Quiero estar sola. – decía la segunda línea. La tercera, fue la que no dejo a John en paz toda la noche y los próximos 10 meses. - ella va a pagar por esto.

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John volvió a suspirar con pesadez. Ante los insistentes rayos del sol colándose por la ventana de su cuarto, se levantó de la cama. Un mareo lo obligo a sujetarse la cabeza y cerrar los ojos. Pasado el malestar, coloco su visión borrosa en el suelo de su habitación, observando un par de botellas de whisky vacías; una de ellas estaba rota. El muchacho chasqueo la lengua y frunció la nariz con desagrado. Nunca le gustó mucho el alcohol, pero en algo debía ahogar sus penas. Al menos en la víspera de ese día.

El chico se puso de pie y camino a su baño con cuidado de no pisar los fragmentos de vidrio en el suelo. Adentro, se detuvo a observarse en el espejo y su rostro mostro despreció y resignación.

Su cabello rubio revuelto y largo por sobre los hombros, su cuerpo ahora fornido y musculoso, su rostro estaba pálido y unas grandes ojeras cubrían la parte inferior de sus ojos azules. Hace tiempo había dejado atrás las facciones infantiles que lo hacían ver tierno e inocente como solían decir las chicas de SPR para ahora mostrar a un hombre serio y de mirada fría,

Odiaba lo que veía, pero se había resignado a lo que le tocaba.

John llevo una mano a su cuello y comienza a masajearlo, mientras hace movimientos circulares con la cabeza. Había dormido por obligación, el alcohol lo noqueo. Pero como años anteriores, apenas había salido de su sistema y despertaba. Justo para la hora, no importaba a qué hora quedó noqueado, siempre se despertaba a esa hora.

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John dio otra vuelta en su cama, no podía dormir. Ese mal presentimiento no lo dejaba. Le era imposible quedarse quieto, era como si de alguna forma retorcida lo llenara de energía.

"No puedo. Tengo que verla. Necesito saber que está bien"

Suspiro con fuerza, llenándose de determinación. Se levantó de su cama, busco ropa que ponerse y camino hacia la puerta de su apartamento. Iría a la casa de Masako, se aseguraría de que estaba bien y desharías de ese mal sentimiento que lo acongojaba desde que había despertado en la mañana.

Sin embargo, todas sus intenciones se fueron al demonio.

Apenas su mano toco la perilla, su teléfono sonó con fuerza desde su bolsillo. Rápidamente lo contesto, pero lo siguiente a escuchar le cambio la vida.

-¿Hola?

-J..John...- la voz quebrada de Masako, se escuchaba del otro lado. La chica estaba llorando, pero ahora su voz era dolida no fría como en la tarde-

-¿¡Masako!? – casi grito el nombre de la chica. Quería aliviarse de escucharla, pero la voz quebrada de ella no se lo permitía. Respiro hondo, debía calmarse para poder tranquilizarla a ella. No era la primera vez que lo llamaba a esa hora y en ese estado. - ¿Qué pasa Masako? ¿Tuviste una pesadilla? ¿Quieres que vaya a tu casa?

-tra- trate de matarla, John...

-¿qué? – Dijo John, desconcertado por lo que le decía la muchacha llorosa al otro lado del teléfono- ¿Masako de que estas hablando?

-La apuñale...l-la apuñale, John ...y...y creo que maté a Misaki-san...- murmuraba Masako desde, alternando sus palabras con gemidos, sollozos y quejidos - Na...Naru también... esta... esta herido...

El horror marco el rostro de John y algo dentro de él lo paralizo. No sabía lo que era y nunca lo sabría. De lo que era consciente es que por segunda vez se había paralizado por algo que el sentía como una fuerza externa.

-Per...Perdóname, John ¡Yo no quería! ¡Po-por favor per-Perdóname! – el llanto de Masako se hacía más fuerte del otro lado, mientras que su voz se entrecortaba más y más- N-no quería hacerlo...lo ju-juro...E-el me obligo

-¿El?

-El kyokotsu...

Tras eso se cortó la llamada. Y lo primero que John logró hacer fue pedirles ayuda a todos los ángeles en el cielo, pedirles que lo ayudaran, y la ayudaran donde fuera que estuviera.

Aunque por lo visto su plegaria no fue escuchada.

Apenas recupero la movilidad de su cuerpo corrió en dirección a la residencia de Mai. Fue instintivo, ese fue su primer impulso por algún motivo. Cuando llego, lo que vio lo dejo helado. Cuatro patrullas de policía y una ambulancia estacionada.

Paso por los oficiales entrevistando a unas personas como un zombie. Diviso a Oliver sentado en la ambulancia hablando con un par de oficiales y se acero con cuidado.

-¡Hey! – un hombre lo tomo del hombro, deteniéndolo. – Usted no puede estar aquí es una escena del crimen señor, por favor regrese al otro lado de la cinta amarilla.

-Davis-san.- dijo alto, ignorando al hombre y captando la atención de Oliver a unos metros de él.

-Brown-san. – Oliver hizo el intento de levantarse, pero al instante se arrepintió, llevando una mano a su pierna derecha, sobre la cual tenía una buena cantidad de vendajes. No pudo evitar mostrar dolor en el rostro.

John al ver eso, se soltó del policía con un jalón de su brazo y termino de acercarse a Oliver.

El pelinegro estaba pálido, en su rostro había manchas de sangre sin herida aparente, así que suponía que la sangre era de alguien más. Tenía una camisa blanca con muchas manchas de sangre en forma de mano y dedos. Se veía cansado y hasta demacrado

-¿Da-Davis-san? ¿Qué paso aquí? – los nervios y el temor distorsionó la voz de John, tenía miedo de preguntar, las palabras de Masako lo perseguían. - ¿Por qué esta la policía aquí?

Oliver suspiro. Su ceño se frunció y clavo la mirada sobre el rubio: una mirada gélida, mostrando su rabia, ira y frustración.

-Masako trato de matar a Mai y mató a la señora Misaki en el proceso. – Oliver dirigió su mirada hasta su pierna herida, observando los vendajes con atención- a mí también trato de apuñalarme, solo me roso la pierna ya que los vecinos se despertaron por el escándalo y se acercaron a ver que sucedía.

-¿co...como...? E-eso...eso no...

-Brown. – Oliver le interrumpe, mostrándose enojado. – Masako vino hasta el apartamento de Mai cuando dormíamos. No sé cómo entró, no sé si forzó la puerta o Misaki le abrió o Mai lo hizó. Yo solo sé que me desperté en medio de la noche por los gritos de Mai y Misaki, mientras Masako trataba de matarlas. – La mirada de Oliver es tan fría como su voz, destilando odio e ira contenida con cada palabra. John desvía su visión al no poder aguantar la pesadez en los ojos del muchacho, no era tan aterrador como la de Masako en la tarde, pero si lo suficiente para incomodarlo. Sumando esa sensación a la preocupación, negación, angustia y desesperación que siente.

Nervioso, John se pasa las manos por la nuca y el cuello, buscando distraer su mente del desastre de emociones que es ahora. No quiere creerlo, no quiere creer que Masako ha hecho lo que Oliver le dice, pero...pero...

"La Masako de la mañana, no se sentía como Masako"

Abre los ojos horrorizado ante ese detalle y siente su estómago retorcerse ante lo que su mente esta maquinando. John separa los labios para decir algo, pero Oliver lo detiene.

-¿Tú que haces aquí, Brown? – pregunto el chico de cabellos negros, sin dejar de mirar al rubio de forma penetrante. – son pasadas las dos de la mañana.

-Masako me llamo. – dice, tomando asiento al lado del pelinegro. Con sus manos se tapó el rostro, expresando frustración en su postura. – Se oía muy nerviosa, muy desesperada. Me estaba rogando perdón, que la perdonara. Que ella no quería...

-¿Apuñalar a Misaki hasta la muerte y dejar a Mai herida seriamente? – pregunto Oliver, casi con burla. Se sentía más molesto e indignado que otra cosa, pero debía concentrarse en algo más pues sino todo sería un desastre.

John trago duro, no se atrevía a decir eso. No podía, algo dentro de él le decía que Masako no había hecho nada de eso.

-Ella no fue. – murmuro firme, levantando el rostro para ver a Oliver. – Masako no sería capaz. Cuando me llamo me dijo que el Kyokotsu la había obligado. Se me hace extraño porque se supone que Bou-san lo expulsó, pero...Temprano, cuando ella los vio, a ti y a Mai en el estacionamiento del supermercado...Masako, ella se sentía rara. Yo la sentía rara, que la que estaba delante de mí no era mi mejor amiga, sino una extraña. – John vuelve a esconder el rostro entre sus manos. Sus hombros tiemblan levemente y su voz amenaza con quebrarse. – ahora con esto...Davis-san, creo que...

-Es posible que la poseyeran. – Dice Oliver y al momento suspira. Viendo como se le acerca uno de los paramédicos.- Pero por los momentos eso no me importa. – dice cortante, con la vista clavada en el frente, pero en la nada.

John no puede evitar mirar de reojo al muchacho y sentirse un poco identificado con el brillo quebradizo de su mirada. Ambos estaban preocupados, ambos estaban frustrados...

Ambos, tenían miedo.

Temían por ellas

Él, John, preocupado por el estado psíquico, físico y emocional de su amiga.

Y el, Oliver, preocupado por las heridas que su pareja tenía.

"Dios, querubines, arcángeles y santos... por favor, ayúdenlas"

-Davis-sama, ya vamos a trasladarlo al hospital.

Ambos, rubio y pelinegro, levantaron la vista hacia el paramédico frente a ellos. El mencionado asiente, con ayuda de otros dos es levantado y colocado en una camilla. John solo se sube como acompañante, en silencio, completamente perdido en sus pensamientos.

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John suspiro nuevamente. Cerró los ojos para no tener que apreciar su reflejo y se inclinó, comenzando a lavarse la cara. Las manos que comenzaron con frote suave sobre su rostro pasaron a ser más fuertes y hostiles a medida que los recuerdos lo invaden. Cuando la cantidad de agua y los movimientos le impiden respirar se detiene, respirando de forma agitada y apretando las manos en la cerámica del lavamanos.

Le duele el pecho, recordar siempre lo deja con ese malestar que no lo deja respirar. Aunque con los años pasados, duele menos pero aun no deja de ser tan tortuoso.

"han pasado cinco años, pero nunca se siente realmente como cinco años"

El chico suspiro y se enderezó completamente, dirigiéndose a su habitación para colocarse la ropa que corresponde.

"Supongo que así trabaja la muerte. Detiene el tiempo para los involucrados, manteniendo fresco el dolor de la pérdida"

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-No puedo creer que esto esté pasando.

John voltea hacia Houshou, observándolo sentado al otro lado de la sala de espera. Cruzado de brazos y con ojeras bajo los ojos.

-No le hayo explicación ¡lo habíamos exorcizado!

-Algo salió mal, Takigawa-san. Tal vez nos precipitamos.

-No, actuaron a tiempo, Lin. Solo que...la circunstancia era diferente a la que se plantearon. Todavía no me explico de qué forma...

John dirigió su mirada hacia cada uno, en el orden en el que hablaron: Houshou, Lin y Martin. Los otros tres presentes, además de él.

-Estoy teorizando sobre una sustitución o un señuelo. Pero no puedo asegurarlo, más estoy seguro que algo pasó en ese exorcismo. Si exorcizaron a la mujer, no comprendo de donde salió esta...posesión...

Los cuatros se mantuvieron en silencio un momento tras las palabras de Martin, en un silencio que grita algo que ninguno se atreve a decir:

¿Y si realmente no había sido cosa de una fuerza espiritual externa, sino un ataque de ira impulsado por los celos y el dolor de la mente inestable de una joven en recuperación de una depresión psicótica?

John se contuvo de negar.

Masako NO haría eso. Ella estaba bien. No había pistas ni indicios, eso había sido de la nada. Estaba seguro que era cosa de una fuerza espiritual como ella lo dijo.

Unas pisadas fuertes les hicieron levantar la visión del piso a los cuatro. Eran un médico, y lo que le dio un mal presentimiento a John, dos hombres con apariencia de detectives.

-Señor Davis

Martin se coloca de pie casi de un brinco cuando el médico y los oficiales estaban delante de él. Houshou y Lin también se acercaron, nerviosos ante la presencia de oficiales.

-¿Cómo está mi hija, doctor? –pregunto Martin directo. John no pudo evitar removerse en su asiento incomodo, todavía se le hacía raro la forma de los Davis mayores para con Mai. En el transcurso de esos meses Mai se había convertido en casi una Davis, Luella y Martin habían tomado la tutela de la chica para poder manejar todo lo que correspondía a sus cuidados médicos y tratamientos. Aunque legalmente, Mai seguía siendo una Taniyama. Todos sabían que era una Davis, solo era cuestión de tiempo.

-Sigue en cirugía, señor Davis. Sin embargo, estos dos caballeros lo buscan por...otra "paciente"...- el médico hizo una pausa, inhalo profundo como si lo que fuera a decir le costara o fuera delicado. – Se trata de Hara Masako, la agresora de sus hijos y la señora que los cuida. – los colores abandonaron los rostros de todos los cercanos presentes. John se puso de pie de forma instintiva al escuchar el nombre de su mejor amiga.

-¿Dónde está?

Martin se adelantó a la pregunta de John, la seriedad en su rostro eran sinónimo de su preocupación por la chica.

-Necesitamos que venga reconocer un cuerpo en la morgue. Creemos que se trata de ella.

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John se bajó de su auto con un ramo de lavandas y hortensias blancas y moradas. Siendo lo único colorido en su atuendo, pues viste todo de negro. Camino a paso tranquilo entre las columnas de cemento sin estar realmente pendiente de este, se lo sabe de camino.

Al final, se detuvo frente a uno al lado de un arbusto de hortensias blancas. A los pies, cuatro ramos de flores diferentes y diferentes inciensos. Rosas blancas, Tulipanes rosados, amapolas rojas y unas flores de loto amarillas.

Afinco una pierna en el suelo y deposito su ramo de hortensias cerca de la columna. Hizo una pequeña plegaria y luego levanto el rostro hacia el nombre trazado en la piedra.

-Hola Masako...- murmuro, acariciando el nombre con la lleva de los dedos. – Ha pasado un tiempo ¿na? – dijo el, sonriendo levemente de manera triste.

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John abrió los ojos, encontrándose así mismo en un espacio que le costó reconocer.

Perecía un campo de lavandas. Las flores le llegaban hasta la cadera y el horizonte se veía nebuloso, con neblina, pero el lugar era cálido y tranquilo, o eso hacía sentir al rubio.

"¿Dónde estoy?"

Se preguntó así mismo, volteando en todas direcciones, tratando de ubicarse.

-En mi plano emocional...

Respondió una voz femenina, una que John reconoció al instante. Su cuerpo se tensó al instante, sus ojos se cristalizaron y su pecho se contrajo, provocándole dolor.

-¡Masako! – John grito su nombre, volteándose hacia dónde provino la voz de su amiga. Su corazón se detuvo al verla de pie a unos cuantos metros. Trago duro tratando de pasar el nudo en su garganta.

-Hola John.- saludo la chica, sonriendo levemente más en sus ojos se apreciaba algo de tristeza al ver a su amigo en ese estado. Pálido y descuidado.

El muchacho reacciono de forma instintiva. Sus piernas avanzaron al instante al ver a la pelinegra. En cosas de segundos ya estaba frente a ella y la tenía atrapada entre sus brazos. Sintió un alivio terrible al no sentirla desvanecerse, había soñado en otras ocasiones una situación similar, pero ella siempre se desvanecía apenas lograba atraparla. Empeorando su malestar y su dolor.

"Gracias señor...por cumplirme este anhelo"

John suspiro con los hombros temblorosos.

Esto es lo que había estado anhelando desde hacía más de tres meses.

Una última oportunidad de abrazarla.

Sus hombros comenzaron a temblar sin que él mismo se diera cuenta. Sus mejillas se empapaban y él no era realmente consciente del estrago que pasaba en su cuerpo.

-Ma...Masako...

-Lo siento... -murmuro la chica, correspondiendo el abrazo del muchacho con suavidad. – Lamento tanto por lo que estás pasando.

John negó en el hombro femenino.

-No es tu culpa...sabes que no es así...

-Lo sé.- respondió ella con voz suave, pasando con suavidad las manos por la espalda del muchacho. Tratándolo de consolar. – Tampoco es tuya, John.

El muchacho se tensó. Sabía a lo que se refería y no quería hablar de eso.

-Masako...

-Era un demonio, John. No un espíritu. Lo que ustedes exorcizaron en el pozo era el espíritu de Miyuki manipulado por el demonio. – Masako trato de deshacer el abrazo, buscando mirar al rubio al rostro. Más este no se dejó, la sujeto con fuerza. – Después de que Miyuki se suicidara, el demonio se apegó a mí. Haciendo que yo intentara suicidarme. La primera vez falló, y por eso atento contra Mai y Oliver. Él quería llevarse a Mai, pero Oliver no lo permitió. Por eso se aferró a mí y aprovecho ese día en estacionamiento para...

-¿podríamos no hablar de eso? – murmuro John, apretando a la chica levemente, aun temblando.

-No, John. No puedes huir de eso toda la vida...

-¡No quiero los detalles del porque paso! ¡No quiero saber la historia completa para luego escucharlos a ellos decir que eres una asesina! ¡No quiero!

-Pero debes saberlo, no por ellos, sino por ti. Te has estado culpando todos estos meses. No quiero que sigas pensando que es tú culpa. No lo es, de ninguno de nosotros – dijo firme ella, provocando otro vuelco en el corazón del muchacho. – el kyokotsu busca almas para alimentarse y las consigue a través del suicidio, pasando su maldición de una persona a otra haciéndola testigos del suicidio de una víctima. – Masako respira hondo, sintiendo como el rubio tiembla y tiene leves espasmos, aumentando su sentimiento de culpa. – después de Miyuki quería llevarme a mí, no lo logró y fue por Mai, tampoco lo logró, pero estableció un patrón. Ese día, cuando tomo el control sobre mi cuerpo, él tenía pensado hacer pasar a Mai una experiencia traumática y que yo me suicidara delante de ella, para que así fuera Mai su próxima víctima, y posteriormente se suicidara. Posiblemente delante de Oliver...

John suelta débiles jadeos, mientras sus ojos no dejan de derramar lágrimas.

-Yo me di cuenta de ese patrón...retomé el control de mi cuerpo y bueno...decidí romper la cadena de la única manera que se me ocurría...- Masako inhala hondo, enterrando su nariz en el cuello del muchacho. – Por eso quiero que me perdone, John. No pude encontrar otra forma en la que no pudiera detener toda esa locura sin lastimarlos...

John niega, rechazando la postura de la chica.

-Te sacrificaste...renunciaste a tu vida por ellos y...y...ellos solo...solo...

El muchacho se muerde el labio inferior tratando de contener sus jadeos, buscando concentrar su atención en las palabras de la chica, pero no puede. Les cuesta mucho, le duele mucho porque sabe la imagen que tienen los demás de ella.

-te...te llamaron asesina... - murmuro, recordando las miradas sombrías en los ojos de su equipo. Eso fue demasiado para él, veían a su mejor amiga como un monstruo, y él no lo toleraría.

-Solo estaban afectados. Oliver estaba furioso, el ataque dejo muy marcada a Mai. Tanto de manera física como psicológica. – respondió ella suave, como quien habla con un niño. – Después entraran en razón, déjalos asimilar a cada quien su dolor como mejor pueden...pero tú...

Al sentir como ella lo empuja levemente, John se separa con suavidad para ver a Masako al rostro, topándose con una sonrisa calidad que provoco un desastre en su interior. Un extraño alivio se mezcló con dolor y tristeza, contrayendo su pecho de manera dolorosa.

-Quiero que te dejes de culpar por lo sucedido...

John cerró los ojos al sentir la mano femenina dirigirse hasta su mejilla, acariciándola de una manera suave, como un consuelo.

-Quiero que continúes con tu vida...quiero que vivas por los dos...

-No...no sé si podré... Masako, eras...no, eres mi mejor amiga, mi hermana. Y te has ido...me has dejado solo...con los demás no cuento...

-Podrás. – afirmo ella segura, mirándolo seria. – Podrás hacerlo, tienes la fuerza. Vivirás por los dos y aunque ahora no lo veas, no estás solo. Yo soy tu hermana, pero los demás en SPR también son tu familia. Y puedes contar con ellos...

-No...no, no...no puedo, ni siquiera puede verlos. No confío en ellos.

-pues lo harás...cuando las aguas se calmen, y todos hayan logrado soportar un poco el dolor, serán capaces de ver las cosas como son. Lo que han dicho en su dolor, por acción de la decepción, la ira o el enojo, pasará a segundo plano. Todos se harán conscientes y podrán seguir siendo una familia como hasta ahora lo han hecho...-

La otra mano apoyándose en su mejilla hace que John regrese su mirada hacia la muchacha, pues la había desviado.

-No dejes que el dolor se convierta en ira y te obligue a hacer o decir algo que no quieres ni sientes John. Por favor, John, no podría estar tranquila sabiendo que estas mal, debes salir adelante...¿de acuerdo?

El muchacho permanece en silencio, viendo serio el rostro femenino. Sin embargo, ante la mirada que ella le dedica no es capaz de negarse. Así que suspira, profundo y la mira resignado.

-De acuerdo.

-Seguirás con tu vida. La vivirás, lo harás por los dos. Tendrás hermosas experiencias que disfrutaras al máximo por ambos...- Masako traga duro al sentir un nudo en su garganta y sus ojos cristalizarse- te...tendrás una familia...tendrás unos niños preciosos, a los cuales educaras con amor y valores, contándole siempre de su tía Masako...¿de acuerdo?

-De acuerdo...- asintió él, con los ojos también llorosos.

-¿me lo prometes?

-Te lo prometo, Masako...

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John traga duro, tratando de pasar el nudo en su garganta. Al sentir sus ojos cristalizarse los cierra y apoya frente contra la columna.

-lo siento, Masako...No te he cumplido correctamente...- murmuro con voz quebradiza. – Seguí con mi vida, pero no tuve una familia, no he tenido niños a los cuales les he contado de quien fue su tía Masako...apenas...apenas si he podido perdónalos...dejé SPR, renuncié al sacerdocio...creo que lo único bueno que he hecho es entrar a la universidad...- sus manos sujetaron con fuerza los bordes la columna, mientras sus hombros tiemblan en leves espasmos. Pero no llora, lágrimas no caen de sus ojos. – Lo siento...lo siento tanto...

John permanece un rato en esa posición, temblando y lamentándose. No le importó que comenzara a llover, permaneció en esa posición hasta después de sentirse desahogado. Estuvo un buen rato así hasta que sintió que lo observaban. Levanto la vista a la izquierda y ensancho los ojos al ver de quien se trataba.

-Ma...

-Hola John... - sonrío la femenina, acercándose con el ramo de flores de vainilla a la tumba. – Ha pasado un tiempo... ¿Cuánto? ¿Cinco años? – comento, sonriendo ampliamente al muchacho mientras depositaba el ramo frente a la columna con el nombre de su amiga. – Estas muy cambiado, si no te hubiera visto a los ojos no te hubiera reconocido...

El muchacho permaneció en silencio, observando el rostro femenino, apreciando los cambios que había tenido: Se veía más femenina y madura, obviando la conservación de sus facciones angelicales. Sus ojos se habían rasgado y su cabello ligeramente largo le llegaba hasta debajo de la mandíbula, teniendo un mechón que cubría el lado izquierdo de su rostro, donde tenía una cicatriz de considerable tamaño. Vestía toda de negro, pero aun así se podía preciar sus curvas femeninas a través de la camisa y los pantalones que llevaba. Lo único de color en su vestimenta, era el anillo dorado en su mano izquierda.

Después de terminar su plegaria, Mai levanto el rostro hacia John, ambos cubriéndose de la lluvia con el paraguas de la chica.

-Me dijeron que entraste a la universidad hace dos años...- comenta Mai tranquila, amigable. Sonriéndole ampliamente al muchacho, quien todavía la observa en silencio, pero con una expresión perdida. - ¿Qué estudias?

-Ve...veterinaria...

-¡Oye, que bien! Me imaginaba que era algo inclinado a lo servicial, sé que te gusta ayudar. – sonrío Mai alegre. - Aunque imagine que estarías estudiando enfermería o medicina.

-Lo pensé, pero...no me gusta los hospitales. Son un caos. – murmuró John, bajando la mirada un momento para luego subirla hacia la chica. - ¿Y tú? Ayako me comentó que te habías mudado a Cambridge hace 4 años...

-Sí, fue por mis estudios de parapsicología...Aunque tuve que estudiar un semestre en casa por...bueno, mi embarazó...- Mai sonríe nerviosa, colocándose de pie a la par de John. – a partir del quinto mes entre Martin- san, Naru y Bou-san me hicieron permanecer en casa...como el embarazo era de alto riesgo por...

-Tus cicatrices. Ayako y Yasuhara me contaron...- finaliza, sonriendo levemente – también me dijeron que tuviste una niña...

-Si...mi pequeña dama, Ajisai... - comento Mai, observando a la lápida de Masako con melancolía.

Al escuchar el nombre de la niña, John ensancha los ojos sorprendido.

-Le puse ese nombre por ella...sé que le encantaba ese nombre... - comenta Mai, mirando ahora las hortensias sobre la tumba. – Al igual que se lo mucho que le encantaban esas flores...

Ambos permanecieron un rato en silencio, sin saber que decir. Al menos de parte de John, él no la había visto después de la primera misa de Masako. Y ni siquiera de cerca, estaban lejos el uno del otro.

Sin embargo, ella se le acerca con toda esa familiaridad, como si no hubieran pasado cinco años sin verse ni hablarse. Sabiendo del otro a través de terceros...

-Es un lugar curioso para reencontrarnos. Siendo qué la última vez que nos vimos fue en su misa ¿no? – comenta la muchacha ante la creciente tensión en el ambiente.

-Si...poco después tú te fuiste y bueno, yo ya me había retirado de SPR...- Responde John, desviando el rostro hacia otro lado. Esta incomodo, es difícil estar con ella. Es difícil estar con la supuesta víctima de su mejor amiga. La chica por la que ella renunció a la vida para dejarla a ella vivir.

-John. – al escucharse ser llamado el muchacho voltea, topándose con una mirada triste, pero determinada. - ¿me odias?

Ante la pregunta, el muchacho abre los ojos sorprendido y hasta cierto punto horrorizado.

-¡No! – respondió, casi a gritos antes de poder calmarse y hacerlo con calma. – digo...no, por supuesto que no te odio Mai...es solo que...es difícil ¿entiendes? Es difícil estar frente a ti sabiendo lo que Masako hizo por protegerte...

Responde el en un murmullo, bajando el rostro, pero una mano en su mejilla lo hace levantarlo, topándose con la mirada cálida y comprensiva de Mai.

-Si...sé que es difícil, no hay día en que no la extrañe. Ella también era como mi hermana, por mucho que discutiéramos, así la sentía...así la siento... John, ella no está físicamente con nosotros, pero...- Mai tomo entre sus manos las de John, sin dejar de mirarlo a los ojos.- por ella debemos seguir viviendo. Disfrutar la vida al máximo para vivirla por ella también... ¿No lo crees? – una pequeña sonrisa aparece en el rostro de Mai, quien ha ladeado el rostro levemente.

Ante estas palabras, John deja escapar una risa divertida que se mezcló con lágrimas de tristeza. Estaba melancólico, no podía evitar reírse, no podía evitar llorar. Eran las mimas palabras, pero una persona diferentes. Eran las mismas palabras, pero un lugar diferente...

"Sin embargo, se siente tan real e igual a aquella vez"

Poco a poco, la risa del rubio se fue calmando, hasta que solo era cuestión de pequeñas risillas. El chico levanto el rostro hacia la choqueada castaña y extendió su sonrisa.

-Si...tienes razón...debemos seguir viviendo por ella...por Masako, debemos continuar con nuestras vidas. Disfrutándolas al máximo... - dijo John, provocando que la sonrisa de Mai se ensanche. – Debemos...

-Seguir viviendo, hacerlo por ella también...- finalizó Mai, soltando al rubio finalmente y dando un paso hacia atrás. – Siendo así, te invito un café en mi casa. Tenemos mucho con lo que ponernos al corriente ¿no? – invito Mai, extendiendo un brazo hacia el muchacho.

John sonrío levemente y acepto el brazo, enrollándolo con el propio suyo. Tal cual solían hacer cuando salían ellos tres.

-Sí, mucho con lo que ponernos al corriente...

-Además, hay alguien que me muero porque conozcas... - comentó ella, sin quitar su amplia sonrisa del rostro. Contagiando a John con esta.

-Sí, me lo imagino...

Y sin quitar la sonrisa del rostro lanzó otra petición al cielo

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Señor, Ángeles y santos...

Tal vez fallé en ayudarla a ella, tal vez falle en protegerla y estar allí...

Por eso ruego que ustedes la ayuden, que ustedes la cuiden.

Ayúdenla como yo no pude.

Después de lo que ha pasado, ella necesita un descanso...

Sin embargo, yo apenas empiezo.

Tengo una promesa que cumplir.

Una vida que vivir.

Y lo haré por Ella; por esa promesa que le hice.

Lo haré por ellos; porque sé que me necesitan y quieren en sus vidas

Lo haré por mí; por mi propia felicidad y salud...

Y lo haré por ella...

Por ese pequeño ángel que me han enviado.

La cuidare, protegeré y amaré.

Tal cual lo hice con Ella.

Por eso les pido que la ayuden.

Ayúdenla a estar tranquila

Que yo estaré bien...

Encontré la fuerza para salir adelante.

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Dedicado a Davis_Phantomhive