Terminando la primavera, aún las hojas de los árboles caían, se acercaban las vacaciones de navidad, faltaba una semana y los estudiantes, a elección, se iban a sus casas o se quedaban en el castillo, el sábado anterior al día de navidad, aquellos que decidieran irse, debían tomar el expreso de Hogwarts hacia Kings Cross, donde sus familias estarían esperando, en la mayoría de los casos.

A medida que el expreso se acerca más a la estación, los estudiantes de emocionan por volver a ver a sus seres queridos, pero hay un grupo de personas que todo lo que quieren es llegar a sus casas y descansar, así sea un solo día:

―Hermione, ¿cuánto nos falta para llegar?― preguntó Ron bostezando.

―Poco, una media hora― respondió la aludida.

―Me parece que ya vamos en camino por muchas horas― dijo Harry estirándose.

―Estuviste dormido casi todo el trayecto― exclamó Ginny, subiendo un poco el tono de voz.

―Chicos, ya yo vengo, ¿sí?― susurró la castaña saliendo del cubículo en el que se encontraban.

―¿A dónde irá?― se preguntó Ronald en voz alta.

―No es asunto tuyo hermano― masculló entre dientes la pelirroja.

―Gin, ¿todo bien? ¿Sabes a dónde va Herms?― interrogó el chico de ojos verdes.

―No puedo decirles nada, cosas de chicas― respondió indirectamente al joven.

Mientras en otro cubículo del tren de Hogwarts:

―Theodore, no hagas más alboroto, ahora llega y te ve así― le dice Draco a su amigo.

―No es para tanto, estamos tan felices de que te animaste a decirnos sobre ella― expresó Nott, sonriendo.

―No hay de qué preocuparse amigo, le vamos a caer de lo mejor― exclamó Blaise, intentando tranquilizar al joven rubio.

―¡Hola Drac…! Hola, muchachos. ¿Cómo están?― preguntó nerviosa la castaña.

―Ya saben Herms― dijo el rubio, acercando a su chica, para que se sentara a su lado.

―¡Ohhh!... ¿Y qué les parece?― interrogó suavemente la chica.

―Nos parece excelente, él te ama desde el inicio de los tiempos, ¡auch!― gritó un moreno ―El golpe está de más Draco.

―Creo que hablaste un poco de sobra Theo, mejor nos vamos― dijo levantándose Blaise.

―No, nosotros nos vamos muchachos― expresó Hermione, jalando del brazo al ojigris.

―¡Nos vemos ahora chicos!― exclamó el joven rubio, cerrando la puerta del compartimiento tras sí.

Sentándose en otra cabina vacía, una pareja comenzó a hablar para idear un buen plan, la chica no podía decirles a sus amigos el hecho de que estaba con Draco, dejó encargada a Ginny de hacerles ver que estaba con alguien pero sin decir quién era, aunque específicamente no fue eso lo que entendió Ginny:

―¿Dónde te has metido Hermione Jane Granger?― gritaba un pelirrojo, hecho una furia.

―¿Hermione? Sal de donde estés― dijo un moreno.

―No pude hacer nada― murmuraba una chica detrás de ellos.

―Sal de donde sea que estés Hermi― susurró calmado Harry.

―¡Hola chicos! ¿Y esos gritos?― preguntó Hermione.

―No pude hacer que no salieran a buscarte, lo van a matar― respondió Ginny.

―¿Les dijiste?― interrogó observando asombrada a la pelirroja.

―Perdóname Herms― murmuró la chica a su amiga.

―¿Dónde está el idiota ese?― preguntó a todo pulmón Ron.

―Acá, ¿hay algún problema acaso?― dijo el susodicho.

―Solo cuídala, ¿ok?― masculló el joven de ojos verdes, impidiéndole al de ojos azules hablar.

―Le haces daño y no lo cuentas― finalizó el pelirrojo, alejándose del compartimiento.

―Pudo haber estado peor, yo estaba preparado para un golpe o una tanda de gritos― susurró el rubio.

―Yo me esperaba otra cosa, deben estar molestos conmigo, por no haberles dicho que estaba contigo, debo ir a hablar con ellos.

―Puedes hablar con ellos luego, ahora vamos a quedarnos juntos.

―Lamento interrumpirlos, pero el tren ya está por llegar, debemos prepararnos para bajar― les dijo la chica pelirroja, abriendo la puerta del compartimiento.

―Gracias Gin― murmuró la castaña, abrazando a su amiga, un poco más fuerte de lo normal, demostrándole que estaba hablando muy sarcásticamente.

Todos los estudiantes de Hogwarts, se bajaron del tren y se reunieron con sus familias, presentándose entre ellos y despidiéndose de sus amigos. Un grupo de dirigía, sin ver ni saludar a nadie, a una casa de campo, donde disfrutarían de un poco de libertad.

Ese sábado al llegar a la casa de campo, dejaron sus cosas y se dispusieron a hablar civilizadamente, dejando todo al descubierto. Un grupo de personas muy diferentes, decidieron pasar sus vacaciones de invierno viviendo juntos, esas serían sus últimas vacaciones navideñas, y juraron que serían inolvidables, buenas o malas, pero sería imposible olvidar esos días en la casa de campo del muchacho rubio.