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Advertencias | RiRen, RivaMika, Eren crossdressing.
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El confesionario XI
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Sé que me quieres tener y yo te prometo,
prometo no hablarte de amor
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Me pregunto por qué estoy mirando los arboles tan detenidamente, hace unos días todos estaban pintados de naranja y café, ahora ya estamos en invierno tienen las hojas caídas y perdidas y los retoños volando por lugares inimaginables, están todos desnudos y cubiertos por neblina y nieve, es un pésimo clima para estar afuera de la casa.
Un pésimo día para estar sentado en la mesa de té que está en el patio rodeado por rosales que solo en invierno consiguen tener tantas y tantas flores rojas como la sangre. ¿Por qué he decidido sentarme aquí afuera? Bien podría haber escogido el vestíbulo, tiene una chimenea. O mi estudio, o cualquier otro cuarto.
Mi nariz esta roja de frio y mis guantes de piel parecen estar endureciéndose. Erwin revisa los papeles a mi lado con su humeante taza de café en las manos, al final de una larga fila de papeles me mira por encima del documento con sus gafas de media luna que le quedan ridículas para un hombre tan grande y medio sonríe.
—Parece que todo está en orden, Levi — tiene una marca roja en la sien. Es una marca del dardo de la noche anterior — Todos los papeles están perfectamente a tu nombre y cualquier cosa que no lo esté (es decir a nombre de Kenny, ya sabes) muy pronto lo estará. No tienes nada de qué preocuparte.
—No lo estaba — me encojo de hombros. No estaba preocupado, solo quería dejar todo listo para estos días. — Mi madre morirá más pronto de lo que crees Erwin.
—No suenas afectado.
—Quizá aún no lo asimilo del todo. Pero no es por eso por lo que te lo digo — estoy pensando en la noche anterior y en cómo me deje convencer de ir al cumpleaños del sargento Kirschstein y haber dejado todo botado aquí, a la mierda.
Porque me fui después de haber hablado con Eren.
—Es por ella ¿no es así? Lo asumo solamente, pues Hanji no me ha dicho nada — admite Erwin alzándose de hombros y acomodando nuevamente la pila de papeles de la casa y las escrituras, dejando todo en perfecto orden — ¿o estoy aventurándome demasiado?
—Lo haces, pero en parte tienes razón — acomodo el cabello que me pica en el cuello detrás de la oreja y me quito los guantes —, es por ella.
O el, más bien dicho.
—Es extraño que ella haya aguantado tanto tiempo aquí, como bien sabemos en otras situaciones ya se habrían ido — señala el bosquecito de atrás de mi casa con el pulgar haciendo referencia a lo obvio y mirándome con severidad —, estas siendo más cuidadoso de lo que crees, ¿no?
—No te imaginas — tengo que admitirlo, y de alguna manera siento que debo pedirle consejo a Erwin —. No quisiera que se fuera ni, aunque mi madre partiera mañana en la mañana. No, no pienso en un secuestro, antes de que digas cualquier estupidez.
—Creo que has perdido un poco la cabeza, con el frio.
—No es eso, gran baboso. — jugueteo con los guantes viendo al infinito y más allá intentando no morderme la lengua cuando hablo — bueno es que ella ha sido diferente conmigo. Nunca nadie me había tratado así.
—Por eso te digo, bueno estas confundido. Dale un obsequio.
— ¿Un obsequio? No es lo mío, ¿flores, chocolates y esas cosas? Claro que no es lo mío.
—No me refiero a esa clase de obsequios tan cursis y vulgares a los que (claramente) estás acostumbrado a dar — Erwin toma los papeles de nuevo y se levanta de la silla acomodándoselos bajo el hombro — hay muchas cosas que puedes darle…
— ¿Cómo qué? Además, no sé qué le gustan — ¿Por qué voy a darle algo? — solo es como un agradecimiento por lo que hace por mi madre…
Y por no pensar mal de mí. También.
—Tengo entendido que ella era la encargada del correo en el convento.
— ¿Le doy cartas? Tu cursilería y romanticismo absurdo no tiene un límite claro, ¿verdad Erwin? — pregunto levantándome y acomodando la silla del patio para comenzar a subir los peldaños de la escalera de mármol y llegar al portón de vidrio que divide la casa del patio trasero.
—No seas de mente pequeña Levi, me refiero a que deberías tenerla cómoda. ¿la biblioteca? No lo sé, has que se sienta ''bien'' ''en casa'' yo creo que esos detalles sorprenden más de lo que tú crees. Trátala bien y déjate de tonterías.
—La trato bien — ''a veces'' murmure —, pero creo que me has dado una idea, Erwin. Ese era el punto realmente.
—Bueno pues, buena suerte — Erwin entra por la puerta de cristal a la casa y lo veo tomar sus cosas, deja los documentos cerca de mi escritorio en el estudio y yo me quedo mirándole mientras sale y arranca su auto del año.
Finalmente he decidido que rumbo debo tomar y es algo que logrará hacerme avanzar en diferentes aspectos de mi vida. Pero primeramente debo dirigirme al lugar indicado y poner las manos a la obra. Y creo que también debo contratar un ejército de ''chismes'' para mantener alejado a Eren por las próximas — solo pido 2 horas— o cuatro cuan lo mucho.
Tomo uno de los papeles que dejo Erwin y la pluma. Comienzo a modificarlo.
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Sé que quieres yo también, ten pongo a sudar y lo finges bien
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El altar de la capilla que había en el ala Este era realmente lujoso, rodeado de velas y oro que siempre estaban encendidas, mis pies estaban cansados de tanto estar hincado frente al altar y con los codos sobre la madera durísima y pulida que había en los banquillos.
Estaba hasta el frente con mi rosario en las manos y los labios jadeantes y entre abiertos sin saber cómo comenzara orar, pues eso era algo que yo jamás había tenido problemas. Yo era un hombre de fe y religión aun cuando era niño. Pero esta vez estaba postrado aquí con otras intenciones tan distintas a las de siempre que no podía más que mirarme las manos como si estuvieran ensangrentadas.
Y la cara de Santa María mirándome desde arriba rodeada de un aura de santidad que en mi cabeza había desaparecido hacía ya tanto tiempo. O al menos desde que yo era, lo que era. Pues aun así les mire fijamente a sus ojos de cristal y a sus pestañas y me agache para besarme las manos propias antes de comenzar.
En voz medio alta, medio en murmullo intentando no ser muy ruidoso.
—Santa María… — comencé — yo creo que tú a mí no me vas a escuchar por ser un pecador más en la lista de los infiernos. Y no sé cómo implorarte, yo ni siquiera puedo verte. Yo siempre me halle marginado, por mí mismo… porque yo no vivo con las virtudes como las demás chicas del convento viven. Pero veo tu cara, y yo solo me pregunto ¿Cómo fue que tú lo hiciste? Me imagino lo que tú fuiste, pues la pasaste tan difícil y muchísimo más que yo. Por eso me dirijo a ti. Por eso Santa María te pido lo que te voy a pedir ahora mismo…
''María, ayúdale. Sé que él no es un hombre de fe, pero a la vez, míralo te está pidiendo clemencia en sus miradas. Él tiene la mirada del ''perdón'', que Dios le ayude te lo suplico. Te pido clemencia… déjame darle amor. Eso es lo que quiere el. Mira a Levi… mira a Kuchel ellos confían en mí, y yo confió en ti.
No te pido dinero, ni fama, ni gloria, ni renombre… ni el amor que jamás he tenido en mi vida, no te pido bendiciones Dios mío. No te pido nada… es que creo que ya te he demostrado que aprendí a sobrevivir por mi cuenta, pero sé que Levi no es así. Quiero que lo salves de su suerte y de sus propias manos, quiero que lo salves de su atrocidad de suerte.
Te juro que creo que Levi y yo somos hijos de Dios. Somos unos pecadores María… pero también somos hijos de Dios.''
Me levanto del piso aun besando mi rosario y dándome la bendición, alejándome tentado de los ojos de los santos que me miran. Pues ya no quiero sentir sus miradas ni sus ''purgaciones'' he pedido por Levi y eso es algo que definitivamente merecería que me fuera al infierno en este mismo instante. Pero después de saberlo todo sobre él, no he podido concentrarme en otra cosa. Es que de verdad le aprecio, y aprecio su alma como para interceder por el en las llamas del infierno que el mismo se creó.
— ¿Estas rezando? — Pregunta Levi desde el marco de la iglesia — perdóname que no entre, pero no quiero quemarme en vida.
—También lo siento por ti — ambos nos quedamos parados uno frente al otro saliendo de la capillita y quedándonos en la sala común del ala Este — ¿te la pasaste bien anoche? Después de salir corriendo… claro está.
—Conocí a Armin. Supongo que no todo en tu vida son mentiras, estaba en la casa del sargento Kirschstein con su hijo ''Jean'' — hace comillas en el nombre como si se supusiera que yo ya conocía el nombre de ''Jean''.
—No lo conozco — miento. Pues es que en realidad no lo conozco, pero si he oído hablar del… por Armin más que nada. Reparo en que no me ha mandado ni una carta en ya un mes y medio.
—Bueno, igual no venía para decirte eso — admite Levi encogiéndose de hombros.
— ¿Me escuchabas rezar? — Preguntó apretando el rosario contra mi pecho — para tu información eso es de muy mala educación…
—No tiene nada que ver con mi educación. No lo hice, aunque hubiera querido, las monjas (en general) tienen un don para rezar súper bajo ¿no? ¿Cómo lo hacen? Nacen con ello o se adaptan — Levi comienza a caminar conmigo a la salida del ala este.
—Algunas nacen, otros lo practican… en mi caso, fue difícil — no sé porque le explico esto, pero igual ya no tengo ganas de portarme mal con el — asumo que por eso lograste escuchar ¿no?
—Escuche — afirma.
Se me queda viendo con aires superiores extraños y una mirada indescifrable. Arrebatadora. Me hundo en un estado de pánico que surge con su afirmación y el intento fallido de rezar por lo bajo por el alma de Levi, me quedo en una pieza y Levi murmura algo cerca de mi oreja.
—Tengo algo que mostrarte, que decirte. Si me permites — pide, suena como una orden.
— ¿Qué es? Debo subir con tu madre, ya casi es la hora del té — miro el reloj de pared que se quero paralizado en la hora en punto de las ''9:00'' desde hace cuántos quien sabe años, está ahí adornando el salón perfectamente limpio y visiblemente funcional. Pero parado en la hora de quien sabe dónde.
—No tardaré, acompáñame — Levi sale del ala Este y camina por el pasillo largucho sin mirar o fijarse si lo sigo bien o no. Pero sabe que le sigo de cerca.
Ya me he guardado el rosario dentro del habito, los pasos de Levi son decididos y lleva unas llaves en la mano que seguramente se sacó del bolsillo del pantalón hace unos pocos pasos. Pasamos por la puerta de su despacho y continua unas zancadas más al norte para dar con la habitación, perfectamente cerrada, de la biblioteca. Mete la llave que gira como colibrí en vuelvo y abre la puerta que suena ''crack''.
Como si llevara cerrada años.
Pero creo que no es el caso. Pues en la mañana no la veía tan cerrada, pues yo creo que esa puerta lleva tan cerrada solo unas horas.
—Entra — pide dejando la puerta abierta y recargándose en el marco mirándome, tan fijamente que me apeno y elijo caminar adentro para alejarme de sus pupilas penetrantes.
Si de por sí ya me sorprende que Levi me traiga a la biblioteca dichosa de la que tanto se molestó que entrara la otra vez, más me sorprendo cuando presto atención a los detalles de esta. Siempre ha estado limpia, de eso no hay duda y perfectamente acomodada, pero el cuadro desapareció. Fue remplazado por un cuadro más sublime y bellamente adornando en contorno cutre de la biblioteca. Todo está reorganizado de alguna forma. El más pequeño jarrón fue movido de su lugar y llenado de flores para evitar encontrar un vacío en la habitación.
—Remodelaste.
—Va más allá de ese detalle. — Levi deja de recargarse en el marco y entra, se coloca cerca del silloncito de la biblioteca que también ha cambiado de lugar y acaricia la tela suave — Eso es solo algo que viene con lo ''otro'' un paso adelante.
—Te quedó bien — tomo uno de los tomos que están sobre la chimenea, al pareces está ahí por el azar del destino. — ¿Estas bien Levi?
— ¿Yo? Perfectamente. Ya te explico… — suspira y cruza los brazos, como medio frustrado encontrando palabras danzantes en las cuerdas vocales — Te la regalo, Eren.
— ¿Cómo? — dejo el libro en su lugar — ¿Qué cosa?
—Todo Eren. Estas cuatro paredes… estos 25 metros de ancho, 10 metros de alto. Todo te lo regalo.
— ¿Por qué? — esta vez mis manos se tornan en puños y mi voz tiembla. Levi se da cuenta, bueno no lo pasa desapercibido — No estarás jugándome una broma.
—En lo absoluto, Eren. Es de agradecimiento más o menos. Mira has tolerado todo y más de lo que nadie aguantaría siempre. Cuidas a mi mama, le das paz — se acerca — soportaste cada uno de los dramas de Mikasa. Mi madre se muere y no es secreto para ninguno de nosotros dos… y me has entendido. Un poco.
—Levi yo, no sé qué decir. No puedo aceptarlo.
—Si de hecho si puedes — Levi está demasiado cerca, toma libros de la chimenea — si el día de mañana mi madre se muere y te vas de aquí… te lo puedes llevar todo. Todo Eren. Si en la noche estalla la guerra y hasta en sueños se atreven a matarme… llévatelo todo.
—Suena como te despidieras.
—Sé que te vas a ir, no hay montaña que yo pueda mover para que te quedes aquí. No es tu lugar. Si te vas a ir… llévatelos. A la biblioteca del convento a tu cuarto, al caño. Llévatelos. Aquí nadie los lee…
—Supongo que con tanta matanza no hay tiempo de leer… es decir, no quise decir eso Levi. Perdón — tomo su hombro, pero se ha quedado con una cara estupefacta. — pero no te despidas… yo no me los llevare. Pero los leeré todos…
— ¿Enserio? —Levi se mira las manos como si estuvieran manchadas de sangre — está bien, llévatelos. Ya no volveros a hablarnos ni a vernos. Pero fue tu decisión.
Me quedo callado mirándole, como si ya lo hubiera pensado y me doliera decírselo. Y es que Kuchel iba a morir y yo ya no tenía nada que hacer aquí, y de algún modo Levi estaba consciente de eso. No sonaba como si me odiara, pero seguramente de alguna manera… cuando yo le había dicho que lo comprendía y no lo juzgaba, pues me tendría que ir.
—Soy hombre.
Se lo recuerdo como si eso cambiara su mirada perdida, en cambio se vuelve firme, baja las manos y me toma de las muñecas, me jala. Está mirándome tan de cerca que veo las venas debajo de sus ojos, y las pestañas inferiores separadas por un milímetro de distancia, su nariz respingada, negándose a soltarme
—Dime que ese es tu impedimento. —pega su frente con la mía. Me baja el velo — que eres un superficial, promiscuo y que tu impedimento es tu sexo y no tu religión… tu impedimento para tenernos. Te juro y te prometo que si me dices que es tu genero te convenceré de lo contrario, pero si es tu religión o tus costumbres, dímelo.
—Soy hombre — le repito. Levi enreda la mano en mi nuca, en mi cabello y en mi rostro que ha quedado expuesto, jadea sobre mi boca con la frente llena de sudor y de pronto me siento eróticamente atraído.
—Dime que ese es tu impedimento…
No respondo, no quiero comenzar con una guerra interna de mis propias costumbres y convicciones, ahora solo quiero sentir su aliento sobre mi piel y quiero sus manos en mis muñecas su fuerza contra mi cabello sus pupilas en mis pupilas.
— ¿Por qué no te dejaste crecer el pelo? — acaricia la zona afectada tras su agarre.
—El cabello largo es incómodo, además, soy hombre…
Levi me mira resentido, me suelta de todos lados. Sus uñas están clavadas en mi piel, un ardor recorre mis venas.
—Lo estoy asimilando lo mejor que puedo — admite.
—Amo Levi… — Isabel irrumpe en la biblioteca tras escuchar el jaleo, me meto en el velo tan rápido como puedo, Levi me ayuda a acomodar el flequillo con cara preocupada — Oh, ¿interrumpo algo?
—Absolutamente nada, Isabel — enfatizo el vocativo de su nombre. Levi se molesta — subiré a ver a Kuchel ¿ya está el té?
—La ama ha decidido beber el té en su habitación — explica Isabel — venía a pedirle a usted que se reúna con ella ahí. Amo Levi… usted también si gusta.
—Tomare el té en mi oficina Isabel…
Me doy media vuelta y salgo de la biblioteca ''mi'' biblioteca. Y subo las escaleras casi corriendo con el corazón latiendo desbocadamente y la sangre de mis mejillas produciendo una fiebre incontrolable y un estado de jadeo taciturno. El aliento de Levi, su frente contra mi frente… sus manos sobre mi piel, sobre mi pelo. Todo Levi, todo él. Todo entero.
Me sorprendo de su rostro tan desnudo que tiemblo, que temblamos.
Abro la puerta de la habitación de Kuchel para darme en la frente con la cruda realidad de mis deseos y palabras. Esta acostada con el cobertor en las piernas cosiendo una bufanda, de poca utilidad, con estambre azul más larga ya que todo su torso, está bastante contenta. Me mira cuando entro y me sonríe.
A su lado hay una mesita de té finamente adornada con un mantel de encaje y dos sillas mullidas, donde me siento.
— ¿Cómo te sientes? Disculpa el retraso…
—Me siento bien querida. Descuida, estabas con Levi, ¿no? — pregunta Kuchel mirándome pícaramente y dejando su bufanda inútil al otro lado de la cama.
—Más o menos, bueno si y no… ¿porque? — me contradigo y me agobio, además modero mi tono de voz. Me ha salido especialmente gruesa, carraspeo.
—Bueno yo que te digo, se nota que tiene interés en ti.
—No diga tonterías — quiero sonar humilde pero firme, Kuchel no se lo cree — Yo soy una mujer de fe y religión.
—Yo también, por eso creo que negar cualquier petición de amor es negar a Dios mismo. Dios es amor, ¿no? — ''negar cualquier petición de amor'' ¡pamplinas! — Erin, mi hijo es guapo… ¡bah! Guapísimo ¿no?
—Kuchel usted también es una mujer religiosa…
—Eso no quita que sea guapo. Todo cae con él, a su debido tiempo. No conociste a Petra, pero era una muchachita encantadora, menuda. Así como tu pero más bajita…
''La he visto'' ''ni me cuente'' ''ya no quiero oír nada''.
—Caída por mi Levicito — admite Kuchel subiendo sus nombres de forma graciosa — y Mikasa la celostina… bueno y quien sabe cuántas más, yo de muchas ni me entero. ¿a que no sabías? Bueno, pero esas ni un cuarto de atención tenían como la que tú tienes de mi Levi…
—Kuchel tenga más respeto… la señorita Petra falleció y Mikasa podría aparecer en cualquier instante ¿no cree? Sea discreta — tomo su bufanda y la comienzo a enrollar sobre mi regazo.
—La señorita Petra se suicidó por mi Levi, Dios la guarde ¿no crees? — asiento.
— ¿Usted… la conoció bien?
—Ay si, muy bien —asiente — vivía aquí, bueno, vivió aquí ya los últimos meses… antes de que se matara. Era una monada, cuando se mató yo me puse muy triste. Levi ni lloro, cuando yo me entere Levi ya había hecho todo. Además, el la encontró — se quitó el cabello negro de la cara — dicen que en la biblioteca…
—Se equivoca ama — interrumpe Isabel — la señorita Mikasa dijo que la ama Petra se suicidó en su propia habitación.
—No es así — irrumpe Mikasa, casi por instinto me cubro. Isabel la mira mal y deja él té y las galletas en la mesa — Petra se colgó en el cuarto de mi papa, Kenny.
Todos nos quedamos callados, yo más. Ella se cruza de brazos y toma asiento en la otra silla a mi lado, me mira con un odio resentido, pero medio sonríe.
—Se encerró… le dio tres vueltas a la llave. — miro mis pies fijamente — se colgó ahí y Levi tardo horas en entrar… no se cuanto tuvo que hacer para entrar. Fue dificilísimo ¿verdad Isabel?
—Eso dicen… — Isabel también me mira — el amo Levi tardo horas en abrir. La encontró muy muerta…
—Apestaba — Mikasa se tapa la nariz y la boca y Kuchel le da un manotazo en las piernas, Mikasa recobra la compostura — ese día dejo de usarse esa habitación ¿no? Bueno hasta que llegaste, ahora que lo pienso ¿Por qué Levi te envió a dormir al cuarto donde su prometida muerta se colgó?
Me quedó mirándome las manos temblorosas ¿Por qué lo hizo? Porque me dejo dormir ahí, porque me encerré en esa habitación. Me cubro la boca. Todo se me viene debajo de pronto.
—… Igual cuando llegamos Levi ya se había encargado de todo.
— ¿Cómo, de todo? — pregunto mirando a Kuchel.
—Sí, ya había enterrado a Petra. Allá — Kuchel señalo el bosquecito de atrás de la casa. Lleno de nieve y neblina. — por eso nadie la velo, ni sus padres. Nadie… por eso los reclamos del hombre aquella noche. Levi se quedó con todo, con el cuerpo… con las cosas. Todo.
—Ahora ya solo está la tumba de la señorita Petra, mejor hecha. Pero sigue allá… — Isabel mira la ventana melancólicamente.
Enterrada sin un velorio, un alma sin descanso. Y no sabía si me refería a la de Levi o la de Petra…. Pues de pronto sentía que me estaba quedando sin hacer absolutamente nada. Quería hacer algo. Quería correr, gritar, llorar sangre. Tener miedo, odiar a Levi. Rezar por Petra, Salir corriendo, no respirar. Aguantar el caos a donde me metí…
No podía más, ya no podía más con tantas cosas.
Cálmate.
Pero todo se me estaba distorsionando y yo no podía hacer nada. Petra se colgó ahí… yo había estado ahí, Petra estaba enterrada allá, y yo estaba aquí. Viviendo.
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Es que solo te quiero para una vez, pero sabes… dos estaría bien
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Bajé las escaleras y mis pies dolían por el frio con la madera, luego recordé la nieve afuera pero no tenía tiempo de volver a mi habitación. Sin darme cuenta me encontraba que había decidido salir de la casa mientras todos dormían. Descalzo y todo.
Y antes de girar la puerta de cristal que daba al patio trasero rece un padre nuestro y me persigne tres veces.
Ardía, mis pies dolían, si seguía corriendo más para mañana no tendría ningún dedo, tenía frio, pero apenas podía tirotear. Estaba tan, extasiado, nervioso. Presa de un miedo y un dolor que me recorría la espina dorsal.
A tan solo unos pasos de entrar al bosque detrás de la mansión me detuve y nadie me seguía. El bosque, era un bosque como todos, pero los arboles no parecían estar del todo cubiertos de nieve, los pinos resplandecían y la hierba bajo mis pies estaba húmeda y fría pero no tenía mucha nieve, solo una ligera capa de hielo.
Conseguí aumentar el ritmo de mis pies, y no dude en mirar en todas direcciones antes de seguir caminando, por un sendero desigual que a los pocos metros no existía, si esto fuera Alicia en el país de las maravillas un perro con una cola como escoba habría borrado el camino, así de adentro estaba del bosque, y así de alejado me encontraba de lo último que vi del camino.
Ahora peleaba contra las raíces de los árboles, y el hielo que se incrustaba en mis pies morados. No disminuí el paso, pero dejé de correr.
Miré hacia arriba, y no pude ver nada, las ramas de los arboles lo cubrían todo, totalmente todo ni una pizca de luz y entonces me di cuenta de cómo era que me encontraba en la total oscuridad, sin ver el camino, sin ver la palma que colocaba frente a mi mano.
Sin nada que ver.
¿Hace cuánto caminaba a oscuras por el bosque?
Seguí caminando a ciegas sin tener ni idea de donde pisaba ni una remota idea de lo que está frente a mí de no ser porque mis brazos estaban extendidos tocando los troncos de los árboles.
Y escuchaba los sonidos de algunos animales ¿uno peligroso quizá? No, no lo creo.
De pronto luz, luz azul, luz del cielo… iluminada por la luna. Una luna blanca que iluminaba todo. Más cerca de la luz había un espacio rodeado de árboles, un espacio irregularmente circular rodeado de oscuridad. Un claro.
El claro en si era imponente.
Había una sola piedra blanca como plataforma, pequeña, un rectángulo regular sobre el piso, con otra superior en forma de cruz. Un altar, parecía un altar de piedra, cuadrado… la clase de lugar en la que alguien colocaría a un muerto. Era la tumba de Petra Rall.
En el bosque de atrás de la mansión Ackerman, entrando y caminando con mi pijama blanca como si de un fantasma mismo se tratara, con mi rosario en el cuello, con mis pies descalzos. La tumba de la prometida de Levi Ackerman. Que él había cavado con sus propias manos, con sus uñas clavándose en la tierra y con el cuerpo de la chica esperando.
Con sus ojos sin lágrimas, pero el pecho exaltado de la desesperación.
Me acerque.
La toqué.
Estaba fría, como una muchacha tan bonita podía estar en un lugar tan frio tan a la noche. Con su cruz de piedra y todo.
''Petra'' así de Cutre era la inscripción, dudaba que sus padres supieran donde se encontraba enterrada su hija, dudaba que yo debiera saberlo. Dudaba de todo y de todos, dudaba de Kuchel diciéndome esto como si nada, de Mikasa insinuando las intenciones de Levi al encerrarme en esa habitación… de Isabel mostrando total devoción a sus amos.
—… ¿Por qué Levi me dejé ahí esa noche? Que pensó Levi cuando me encerró… el ¿habrá pensado en ti? — acaricié el mármol — ¿habrá tenido miedo como cuando no pudo abrir la puerta y estabas tú?... quien soy yo…
Mis lágrimas brotaron de los ojos, friolentas y sedientas de amor y atención. Con miedos y preocupaciones que surgían de un mar de trasfondo y de sal de mis heridas, que ardían con cada pregunta.
— ¡Dímelo! — le exijo a la tumba, callada — ¿quiere que entierre mis muñecas ensangrentadas? ¿me corto las venas? ¿te doy mi sangre? Dime Petra… ¿Por qué me atormentas desde que llegué yo aquí? — grito golpeando la tumba.
—Me has torturado con tu recuerdo a cada instante desde que llegué, todo de mi está rodeado de ti. De Mikasa, de Levi…. Mis manos están manchadas ¡con tu sangre! ¡con mis malos pensamientos! — seguí pataleando y golpeando la tumba, una mano se puso en mi hombro.
Levi me giro con su pijama puesta, una camisa de algodón blanca que apenas le cubría todo el pecho. Un pantalón que le caía en las caderas escurridas. Levi me gira, pero me retuerzo en sus brazos.
— ¡Suéltame! No estoy tranquilo… no puedo olvidarlo Levi…
—Estate tranquilo — grita Levi dejando mi cuerpo contra la nieve fría — Yo no la mate Eren. Tú me lo dijiste, estate tranquilo porque yo solo en sueños me atrevería a hacerte daño...
Me zafo, le doy un golpe, le rasguño el pecho una y otra vez. La sangre roja brota de su pecho níveo y me comienzo a retorcer del frio de la nieve contra mi espalda, de mis lágrimas, de la sangre que cae sobre mi pijama. Del rojo que se ve bien en Levi, el rojo sangre.
Levi se acerca a mi lentamente sigo pataleando, entierro mis manos en la tierra en la nieve, jalo del piso, me ensucio la ropa, hay sangre, tierra y nieve y la boca de Levi contra mis labios. Mis piernas luchando casi desnudas sobre las suyas, queriéndolo tener.
Sus labios contra los míos, ardientes y salvajes y termino besándole. Comiéndome su boca, llena de delicioso sabor a sangre, pensando en cómo le va a gustar más… si meto mi lengua y lamo la punta de la suya o si roso sus dientes. Clavo las manos y los dedos de los pies en la tierra.
Levi mete la lengua en mi boca, jadea contra mí. Me saborea, me deshace. Como algodón de azúcar, me siento jadeante y excitado, besándolo sobre el piso. Con todo sobre nosotros, con el mundo y todo lo demás. Y el cadáver de su prometida muerta atrás.
Le sigo comiendo la boca, Levi me lame los labios desesperado. Le muerdo los labios, jadeo contra su cuello y dejo de forcejear. Lo quiero tener… sus labios, su cuerpo descomunal. Lo quiero tocar.
Pongo mis manos en su espalda enterrando las uñas mugrosas y llenándolo todo de suciedad, de tierra muerta. Levi entierra sus manos en mis caderas y me succiona el cuello, me muerde, me entierra los caninos, los colmillos, jadeo en su oreja. Veo el vapor de mi boca salir, lo veo saliendo desde la boca del estómago hasta afuera, con las tripas y las piernas retorciéndoseme como si me quemara.
Mi entrepierna latente pero tranquila, lo agradezco. Mi mente promiscua, levanta las piernas y las enrolla en su cintura, es cosa de mi mente. Mis labios sobre su lóbulo, la lengua dentro de su oreja, profanando el espacio delicioso de carne y agua miel.
Sus labios besando la zona afectada en mi cuello, en mis clavículas, la tierra revolviéndose en mi espalda, en mi trasero. La nieve mojando mi ropa. El viento colándose y secando la saliva que Levi deja en su ascenso a mi boca. Me la besa, la lame y me la come con desesperación extensa e intensa.
Como si solo me quisiera para una vez, yo sé que Levi me quiere tener. Entierro mis manos en su cabello negro, enrollo puños de cabello y el jadea contra mi oreja, contra mi nuca aun con sus manos en mi cadera con sus manos en mi pecho en mis hombros, con sus manos en mi cuello, rodeándolo con fiereza con posesividad.
Me gusta tanto que quiero llorar de placer al sentir sus labios sobre los míos, quiero llorar de placer y de asco, se le pasa la fuerza al tomarme del cuello, al asfixiarme de los hombros, enterrándome los dedos, al sentir la sangre de mi piel escurrir, se asusta por dos segundos, pero demando su atención en mis labios, escurro sangre y gimo al mismo tiempo. Me aprieta y finjo que no me duele, me levanta las caderas y me arroja al piso como acercándome a la tumba de su prometida.
Me vuelve a besar, primero rápido, rapidísimo, con un ritmo descomunal de alta velocidad. Baja su intensidad, termino sintiendo sus labios, suaves como algodón y níveos y fríos amoratados por el frio y la sangre, sus labios mojados de saliva. De la mía. Los siento contra los míos temblorosos y fastidiados, hinchados y abusados. Los siento tiernos sobre la carne roja y latente y las venas que van de mi corazón a mi cara se encienden. Me pongo rojo y Levi me vuelve a besar la boca lento, mete la lengua me acaricia, termino cediendo cualquier fuerza y quedo contra el piso y la tierra totalmente inmóvil y flojo. Flojo sin agarre y sin fuerzas, Levi tiene la lengua contra mis dientes, contra mi propia lengua.
La lame, la mueve de arriba abajo y juguetea con la punta de forma experta. Su aliento choca con mis dietes cuando separa la boca y cuando besa a los rededores, cuando me besa la comisura danzante, cuando me ve a los ojos, encendidos, la cara roja, los labios hinchados. Me vuelve a besar y le devuelvo todo el beso. Vuelvo a meter mis manos en su rostro, lo surco lo acerco a mí. Lo quiero tener.
Aunque sea una vez.
Aunque sea una vez, pero si soy sincero… dos me gustarían mucho más.
Y terminamos besándonos en la tumba de su prometida muerta.
N/A: Lo dejo aquí porque soy mala, malísima… muajaja ¿querían acercamiento? ¡Pues va! Ahí está… se comen la boca esos dos. Ojalá les guste, personalmente me gusta el capítulo muchísimo, creo que esos dos ya pueden ir para algo serio, no las ilusiono porque no sé qué vaya pasar futuramente.
Yayoi heichou: este arroz ya se coció, si mira de hecho si te das cuenta parece que Kuchel ya se dio cuenta de que a Levi le atrae Erin, entonces futuramente — cuando la mate — pues veremos que tal les va a estos dos, pero aun quedan algunos obstáculos. Ojala te guste este capitulo — abrazos—
Michelle: Estamos conectadas, veamos si hoy también adivinas que subi capitulo jajaja aunque pareciera que todo era miel sobre hojuelas, pues creo que no… su relación de ellos va mas alla que la miel sobre las hojuelas. Sin embargo, con esos besotes que se dieron… yo creo que ya no tarda en florecer algo mas ''tiernoso'' — obvio si, tu siempre lees mis fics, eres muy buena y amable conmigo. Sigue cuidando de mi — abrazo de oso—
Maraleja92: Descuida no hay pierde, igual Napola y esta ya no están tan relacionados, ligeras menciones y cosas así. Que bueno que te gusto, jaja bueno pues realmente tu lo pediste y llego ''besotes'' no pero tenias razón. Dije oh dios… tiene razón esto va mas lento que cocinar lentejas… asi que adelante las cosas, y creo que quedo bien.
Luna azul: Gracias por dejarme Review querida — ojala te guste este capitulo también— ya llego y sigue dejando Review. Aquí esperare — abrazo—
Darien W: jajaja esa era la idea, si quieres sexo salvaje puedes ir a mi fic sexo sin sentimientos que bueno es… sexo sin sentimientos jajaja okay no. Ojala te haya gustado, muchas gracias por dejar Reviw, espero el siguiente. Y creo que ya se están haciendo maaas cercanos.
