Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza.
Capítulo doce: me odio
Real, simples retazos de recuerdos que aún conservo y que ahora utilizo para tener fe en mí mismo. Estos ha sido lo único que el Capitolio no ha logrado arrebatarme. Son pequeños: un abrazo de quien creo que es mi hermano, unas trenzas moviéndose al viento, mis manos dando cinco nudos en los cordones de mis zapatos, y el pan… Ese maldito recuerdo que todavía no logro comprender.
- Haymitch, me gustaría hablar con Katniss…
Justo al poco de decir esa frase mis ojos se cierran, pesando como dos grandes montañas. La morflina que me han inyectado a través de la vía que tengo en mi mano izquierda funciona a la perfección. Está ahí para que no haga nada, para que no haga daño, a nada ni a nadie. Esta dosis no debe de ser fuerte pues oigo ruidos y pisadas de gente a mí alrededor. ¿Por qué hay gente en mi celda? Sí, estoy en una celda lo queráis o no.
Otro sueño asalta mi cabeza. El ruido de la gente me recuerda a la Gira de la Victoria. ¿Me recuerda? Es un recuerdo verdadero, las personas del Capitolio se desdibujan a mi paso entre la neblina del sueño. No brillan, como en mis pesadillas. Caminan de un lado al otro, mirándome de soslayo y escrutándome para después sonreírme. No se derriten, no sangran, no expulsan nada por los ojos, son personas en una fiesta. ¿Qué clase de sueño es este? ¿También es como lo del pan? ¿A caso el Capitolio no ha modificado esto?
Distintas imágenes se asoman en mi cabeza como flashes. Un recuerdo, un frase, un olor. Aparece, me desconcierta, y se va por donde ha venido. No brillan, ¿por qué no lo hacen? Mi cuerpo tiembla y mi cabeza se halla dividida. Entre todas las imágenes parece Katniss. Katniss subida en un árbol. Katniss intentando ser asesinada por Cato. Katniss llevándome apoyado en su hombro. Katniss dándome sopa. Otra Arena. Una perla. Katniss y Finnick obligándome a comer pescado. Katniss y Johanna gritándose. Katniss abrazada a mí en el mismo vagón de tren. ¿Qué es todo esto? Katniss. Katniss. Katniss…
- Peeta, ¿te quedarás conmigo…?
La voz de Katniss suena suave y dulce, no como la última vez que la escuché que su voz me daba ascos. Noto algo, está enferma, posada sobre mi pecho, posados ambos en la cama de una casa que desconozco. Entre la niebla de mis ojos me cruzo con los suyos. Grises, tristes, pero también fuertes. Esta no es la Katniss de las grabaciones del Capitolio. ¿Quién es, por qué me habla así? Susurro algo que no logro entender antes de despertar de golpe, pegando un alarido al frío techo de mi habitación de hospital.
¿Qué ha sido ese sueño? Sigo sin entender nada, esos besos de Katniss, la forma que tenía de hablar de Gale, esas miradas de odio o de ternura, esa forma de tratarme… Se supone que somos los amantes trágicos de Panem, ¿pero es sólo un vil juego o realmente Katniss y yo estábamos (o estamos) enamorados? Algo estoy seguro, mis recuerdos originales están volviendo, o al menos eso creo.
Me paso la mano por el pelo, estoy sudado y noto mi cuerpo sucio. Igual el método de los médicos del Distrito 13 está haciendo efecto, tal vez pueda librarme del veneno de rastrevíspula que hay en mis venas. ¿Eso significaría que volvería a ser yo…? "No, Peeta, nunca volverás a ser el de antes, hace tiempo que sabes esa respuesta".
Una horda de médicos con carpetas y bolígrafos entran en la sala, pasando de mí existencia y del riesgo que corren estando a pocos metros de mí. Colocan micrófonos y pequeñas cámaras en toda la sala, mientras una chica de tez pálida se acerca a mí y me revisa que tenga la vía bien colocada.
- Si ocurre algo, te inyectaran tal cantidad de morflina que caerás rendido en el acto –me dice, con cierto tono de compasión en su voz- Es por seguridad.
- ¿Genial…?
Se marchan por donde han venido, aunque sé que estarán escondidos tras el cristal reflectante que tengo en el fondo de la habitación. Suspiro y me siento en la cama mientras juego a tocarme las puntas de los dedos con otras. Nadie viene, el tiempo parece haberse congelado. ¿Por qué tardarán tanto? Y lo que es más extraño, ¿Por qué estoy yo nervioso? Tal vez Katniss no venga, no me extrañaría después de nuestro último encuentro. Me tiemblan las manos, estoy ansioso. ¿Por qué estoy así? "Vamos, un vistazo rápido y ya está, con eso servirá para no intentar matarla", me repito. Mis pensamientos se callan cuando oigo la puerta abrirse, lo que hace que gire la cabeza y mire hacia el sonido.
Y ahí está ella, Katniss. Me tomo unos segundos para observarla mientras camina hacia mí, supongo que parte de mi cerebro espera a que empiece a escupir fuego por la boca y convertirse en lo que tenía considerado que era, un monstruo, un muto, algo ficticio, algo muerto. No lucho con las correas que llevo puestas, no me parece que de momento vaya a saltar mi otro yo contra ella, eso es bueno (supongo). Sin darme cuenta he puesto mis ojos en los suyos. Está asustada, supongo que desde que alguien intenta asesinarte volver a ver a esa persona no debe de ser muy cómodo. Camina hasta situarse a un metro de distancia de mi cama, por su forma de andar diría que tiene alguna molestia en las costillas pues flaquea un poco cuando dobla las caderas. Nos une un silencio incómodo hasta que Katniss se cruza los brazos en ademán protector y me dice:
- Hola.
- Hola –es todo lo que consigo decir, quedando una mezcla de reproche por todo lo que me ha hecho pasar y con sospecha para no intentar matarla.
- Haymitch me ha dicho que querías verme.
- Mirarte, para empezar
Y eso hago, la escruto de arriba abajo. Tiene la cara enrojecida, como si hubiese estado bailando, aunque su piel sigue teniendo ese tono aceitunado tan característico. Se la ve distinta las últimas grabaciones que tenía de ella, pero como eran las de El Capitolio pues tampoco creo que quisieran que fueran muy similares. Todo en ella es como la recuerdo en aquel flash cuando la tiraba el pan. Su trenza de lado, sus ojos grises, su sonrisa gris, su cuerpo no demasiado delgado pero algo más escuálida que en las propos que muestran al mundo. No se la ve tan espectacular como recordaba o como dicen. Ella evita mirarme, lanzando miradas furtivas al espejo desde el que (seguro) nos están grabando y vigilando. "No se está transformando en nada, y tú tampoco Peeta", pienso al tiempo.
- No eres muy grande, ¿no? Ni tampoco demasiado guapa.
Sé que no es mi mejor comentario, ni tampoco el más acertado, de hecho creo que la ha molestado que lo diga pues frunce el ceño. Pero ella sabe que he pasado un infierno, asique debería aceptar todo esto.
- Bueno, tú tampoco estás en tu mejor momento.
Eso me provoca una risa que termino ahogando.
- Y, encima, no eres simpática ni de lejos. Mira que decirme eso, después de todo lo que me ha pasado…
- Sí, todos hemos pasado por muchas cosas. Además, el simpático eres tú, no yo.
¿Por qué me contesta así? Sabe que me han torturado, me han secuestrado, y he pasado todo tipo de cosas por su culpa y aún así se digna a contestarme así. Bueno, lo de la culpa no estoy del todo seguro, pues por su expresión no parece darse cuenta de sus actos. "Esta tía tiene carácter", pienso. ¿Y qué digo ahora, qué puedes decirle a alguien que casi asesinas la primera vez y que los únicos recuerdos que tienes de ella es lanzándola pan quemado bajo la lluvia o besándonos en un vagón de tren? Mierda, Peeta, tienes que despejarte la cabeza, esta es tú oportunidad para ello.
- Mira, no me encuentro muy bien. Quizá me pase mañana. –no, no puede irse, tengo que solucionar ese recuerdo de…
- Katniss, me acuerdo del pan.
Ya se lo he dicho, ella se gira nerviosa, como si eso no la afectara, como no se sorprendiera de ello.
- Te enseñaron la cinta en la que hablaba de ello –responde
- No, ¿hay una cinta? ¿Por qué no la usó contra mí el Capitolio? –pienso en voz alta.
- La grabé el día que te rescataron –me contesta, haciendo una mueca de dolor que intenta disimular, ¿qué la habrá ocurrido?- Entonces, ¿lo recuerdas?
- Tú, bajo la lluvia –digo en voz baja-. Hurgando en nuestros cubos de basura. Quemé el pan. Mi madre me pegó. Saqué el pan para el cerdo, pero te lo di a ti.
- Eso es, eso es lo que pasó. Al día siguiente, después de clases, quise darte las gracias, pero no sabía cómo.
Noto cierta ilusión en su tono de voz, aunque en la mía también se nota. Ambos recordamos eso, con la misma exactitud, es un recuerdo que realmente ha ocurrido, no es ninguna modificación de El Capitolio. Ella sabe lo mismo que yo sobre ese momento.
- Estábamos fuera al final del día. Intenté que nuestras miradas se cruzaran. Apartaste la tuya. Y, entonces, por algún motivo, creo que recogiste un diente de león. –continúo yo, ella asiente con felicidad, como si nunca hubiera hablado de esto con nadie más excepto conmigo.
El silencio vuelve a ser presente entre nosotros. Y, sin pensarlo, digo algo que me hace el corazón pedazos.
- Debo de haberte querido mucho.
- Sí. –responde y finge un tosido.
- ¿Y tú me querías? –decido indagar.
- Todos dicen que sí –me responde, volviendo la vista al suelo- Todos dicen que por eso te torturó Snow, para hundirme.
- Eso no es una respuesta. No sé qué pensar cuando me enseñan algunas cintas. En la primera arena es como si intentases matarme con esas rastrevíspulas. –estoy hablando con ella sobre los primeros Juegos, no puedo creer que esto esté ocurriendo.
- Estaba intentado mataros a todos. Me teníais en el árbol –se justifica ella, aunque sigo sin entender.
- Después –sigo- hay muchos besos que no parecían reales por tu parte. ¿Te gustó besarme?
- A veces. ¿Sabes que nos están observando en estos momentos?
- Lo sé –contesto, pasando de su pregunta. Sin pensarlo si quiera, vuelvo a preguntar.- ¿Y Gale?
Noto que se enfada, sus facciones se endurecen, como si la molestara que habláramos de esto con gente al otro lado observándonos. A mí lo único que me importa ahora es saber que de pasta está hecha Katniss.
- Él tampoco besa mal –me contesta, cortante, como si intentara hacer la superior.
- ¿Y a Gale y a mí nos parecía bien que nos besaras a los dos?
- No, no os parecía bien, pero tampoco iba a pediros permiso.
Ante ese comentario no puedo evitar reírme con frialdad, con desdén. Creo que no voy a sacar mucho en claro de Katniss portándose como se porta conmigo.
- Bueno, menuda pieza estás hecha ¿eh?
Ahí es cuando Katniss opta por irse, oigo una voz proveniente de su oreja que la dice que puede salir, aunque la propia expresión de ella quiere decir que eso último que he dicho sobre ella la ha dolido, es descubierto algo que ella no sabía sobre sí misma.
Tras la visita comprendo como es Katniss en realidad: violenta, desconfiada, manipuladora, y letal. No es la idea que tenía antes de la mujer que supuestamente estaba enamorado.
Y me oído por ello.
YOOOLO Fin del doceavo capítulo. Lo siento, lo siento y mil lo sientos, otra vez. No quiero llenar el texto de lo sientos, pero de verdad que siento tardar tanto. Esta historia es relamente complicada de escribir, tengo que poner todas mis fuerzas para sacar a Peeta y plasmarlo aquí, esta capítulo ha sido especialmente complicado pues Peeta (como veis) no sabe qué hacer el pobre, espero que os haya gustado y si no es así decidme en que falla pues para poder mejorarlo. Contestaré las reviews ahora por PM, que es más cómodo. Un trillón de gracias por seguir leyendo esta locura y espero que os esté gustando. Siento mis pocos ánimos, pero así es la vida. Recordaros que si alguien tiene alguna sugerencia, idea, o simplemente recomendación TODO será bien recibido.
AVISO: Para quien no lo sepa ya, nos vemos en mis TRES FICS (guat? Tres? YES, IM YOLO) ALL ABOUT US(exitaco con todas las letras), ANTES DE AAU (one shots dedicados a la anterior), y en POSDATA: SIEMPRE (llorera ASEGURADA) .
And may the ods be ever in your favor!
Peeta Mellark.
