La atmósfera del día podría describirse con precisión como "la calma antes de la tormenta". Obito se sentó en la rama de un árbol, a descansar antes del comienzo de las batallas por venir. Konoha estaba movilizando sus fuerzas -un pequeño grupo al menos- mientras Kabuto había ido a por los Zetsus y resucitado a los miembros de Akatsuki. Sin embargo, deseó haber prestado más atención a las maniobras tácticas en su momento. Su última visita al Tsukuyomi le había pasado factura, imágenes desubicadas fluían libremente por su cabeza, haciéndole cuestionar la precisión global de su propia memoria.

Pero por encima de todo, se preguntaba qué era lo que Deidara tenía que ver con todo. Era lo suficientemente inteligente como para no mentirse a sí mismo y admitir que algo raro estaba ocurriendo con el ninja de Iwa. No era la primera vez que Obito se sentía así con respecto a él; veía sus primeros entrenamientos con Sasori, algunos fragmentos de ambos tras ser compañeros, sus patrones de comportamiento... Sabía sobre su contexto además de ser sorprendentemente joven y talentoso. Ahí había gato encerrado. Lo que más desconcertaba al Uchiha de todo el asunto eran sus aparentes fantasías sexuales sobre Deidara. Era como si desde siempre hubiese estado pensando en hacerle ciertas cosas, incluso desde antes de ser compañeros, porque tenía ese sentimiento de deja-vu sobre las imágenes en su cabeza. Y aún así, no recordaba haberlas imaginado.

Al sentir una fuente de chakra aproximarse, dejó sus pensamientos a un lado y abrió los ojos. Era Kabuto, y tener que lidiar con él en ese momento lo sumió en un ligero estado de irritación. Aún así, era algo que debía hacer.

—Tenemos que irnos.

Obito saltó del árbol y siguió a su aliado sin contestarle. Llegaron al lugar de la reunión en seguida, todas las entidades luchadoras que habían invocado se estaban agrupando ahí tras una serie de batallas previas. Caras familiares. Excepto por los globos oculares negros y las grietas en su piel, confirmando su estado como muertos vivientes.

Hubiese estado mintiendo si dijera que Obito no sintió remordimientos al verlos. Naturalmente, todos ellos ignoraban el hecho de que básicamente él los había empujado hacia sus muertes sin saber si quiera su identidad real. Los miembros fallecidos de su organización actuaban como si hubieran estado vivos todo ese tiempo; bromeaban, conversaban y recurrían a sus aficiones habituales. De hecho, Deidara y Sasori estaban sumidos en una discusión sobre algo completamente banal. Verlos hizo sentir al Uchiha una amarga nostalgia, al saber que su esperanza de vida sólo se prolongaría por unas horas. Se sintió algo confundido al mirar a su antiguo compañero tras el desastre que se había armado en su cabeza y sus fantasías, pero en resumen, era un cambio interesante el verlo de nuevo con vida.

—... y te reemplazaron por un cabeza hueca llamado Tobi —oyó a Deidara decir.

Obito decidió acercarse a ellos unos pasos, pensando lo divertido que sería que el rubio se diera cuenta que aquel de quien había estado hablando mal se encontraba justo a su lado. Cuando el otro giró la cabeza en su dirección obsequiándolo con una mirada breve y confusa, él se acordó que tanto su máscara como su traje eran distintos y que no iba a ser reconocido. Aún así, le pareció que Deidara tal vez había pensado en la posibilidad de que fuera él, teniendo en cuenta que había fruncido el ceño.

Los dos artistas siguieron conversando. Aún quedaban unas horas más antes de la siguiente pelea con Konoha, así que todo el mundo parecía estar tomándose su tiempo en las preparaciones. Kabuto lo había dicho antes: Usar la personalidad de los zombies era un factor positivo en la batalla, pero debían contrarrestar las dificultades ligadas a su personalidad con paciencia en lugar de esperar que les obedecieran sin más. Obito se sentó en una roca. No tenía planeado hablar con ninguno de los miembros de Akatsuki revividos; eso implicaba tener que explicarles que era en verdad Tobi, así como el giro de 180 grados que su personalidad había tomado. Un discurso muy largo, y que podría haberlos hecho cuestionarse el propósito de la batalla.

Lo que menos había esperado era que Deidara se le aproximase, él de entre todas las personas. Estupendo. Eso complicaría todo aún más.

—Me resultas terriblemente familiar, hm.

No hubo respuesta.

—¿Eres el subordinado de Kabuto? —insistió.

Después de considerarlo un poco, Obito se dio cuenta que nada malo podría suceder.

—Su aliado —afirmó, girando su máscara blanca y negra hacia Deidara, que parecía cada vez más y más confundido. Quizá el diseño similar le recordaba a él. O... Podría ser el hecho de que era el único en Akatsuki que llevaba máscara, y que eso te hacía contradictoriamente más identificable.

—Un momento... ¿Tobi?

—Por favor, detente antes de que empieces a exigir explicaciones —dijo Obito dando un suspiro.

—Así que has decidido madurar mentalmente, ¿eh? —contestó Deidara en consecuencia.

—La guerra pasa factura a la gente.

El Uchiha sintió cómo su ánimo subía un poco; la misma espontaneidad y ganas de divertirse que lo empujaron a construir el personaje de Tobi. Iban a estar vivos sólo unas horas, por tanto nada de lo que dijera importaba; jugaría al juego pues. No les iba a explicar nada.

—Tienes razón; me gusta pelear, pero odio la guerra —continuó diciendo el rubio, tratando de iniciar una conversación casual—. No es fácil conseguir provisiones o comodidades. Tu familia es asesinada, pierdes a tus seres queridos. Y no hay nadie ahí que quiera ayudarte, hm.

Se giró hacia el otro hombre que parecía estar perdido en sus pensamientos.

—¿Has perdido alguna vez a un ser querido, Aliado de Kabuto?

Obito le dedicó una mirada suspicaz, que él no pudo ver debido a la máscara.

—¿Y qué si lo he hecho?

—Como ves, he tratado de formular mis propias hipótesis —dijo sonriendo—. Puesto que no eres el subordinado de Kabuto, entonces eso quiere decir que eres tan poderoso como él. Y aún así, ambos se han aliado, a pesar de que Kabuto es exigente, poco confiable y en general un idiota insufrible. Debe de haber una motivación muy fuerte para que tú te hayas aliado con él. Como la muerte de un ser querido por ejemplo, hm.

El pulso de Obito se aceleró al ver que la conversación había tomado un giro inesperado. Primeramente, tenía que recordarse a sí mismo que en la ficha de información sobre Deidara ponía que su inteligencia era sobresaliente. Pero aún así, le costaba de creer que había sacado una conclusión tan precisa sobre alguien de quien no sabía nada.

—Yo más bien lo llamaría desesperación —dijo el moreno.

—Bueno, no es algo que yo podría entender. Después de todo, no recuerdo a mi familia, y jamás tuve vínculos afectivos significantes. La última vez que traté de aconsejar a alguien al respecto, me dejaron bien claro que se trataba de un tema sensible... De una manera bastante violenta.

¿Dónde había oído el Uchiha eso antes? Por un segundo pensó que se estaba volviendo loco. Otro torrente de memorias comenzó a fluír, similar al que sufrió mientras hablaba con Kabuto. Deidara continuó.

—En qué mundo tan cruel nos ha tocado vivir, hm. Pero no será así por mucho tiempo ¿No? No tras la realización del plan.

—¿Sabes sobre el plan? —dijo Obito escandalizado.

El rubio apoyó la espalda en la roca en la que estaba sentado.

—Oh, tal vez.

—No tenía ni idea que Kabuto iba por ahí contándoselo a la gente. Tendré que reprenderlo por esto.

—No te preocupes, no fue él quien me contó.

De un salto, el ninja de Iwa subió a la roca y se sentó a su lado.

El más alto de los dos estaba intentando ordenar los pensamientos en su cabeza. Desde que se había despertado de su meditación, sus memorias estaban desordenadas, como si se hubiera borrado un período de su vida; todo lo que no entendía parecía como una consecuencia de algún evento pasado que no conseguía recordar. Como si todo, de alguna manera, estuviera conectado a Deidara, y el Uchiha, no siendo idiota del todo, llegó a la conclusión de que había estado involucrado con él en algo que había olvidado. Dicho hombre interrumpió sus pensamientos segundos más tarde.

—¿Por qué llevas una máscara... Tobi?

—¿Por qué la gente lleva máscaras normalmente? —respondió con sarcasmo—. No quiero que me reconozcan.

—Hay cosas que no puedes esconder tras una, um.

—¿Por ejemplo?

—Tu chakra, tus técnicas, tus gestos típicos.

Obito comenzaba a sentirse incómodo con la conversación. Sentía una enorme superioridad en cuanto a conocimientos de parte de Deidara y eso lo hizo ponerse a la defensiva y reaccionar con inmadurez. ¿Cuántos años le sacaba? ¿Diez? Y aún así, un adolescente se estaba burlando de él, un adolescente maníaco adicto a la violencia más concretamente.

—Tal vez más gente de la que tú crees te conoce, Aliado de Kabuto, hm —agregó Deidara.

En ese momento, Kabuto comenzó a llamar a los soldados, así pues el ninja de Iwa se fue, apoyándose en el hombro de Obito para incorporarse. Fue un gesto natural y carente de miedo, uno por el que el Uchiha habría dado puñetazos al otro hasta dejarlo en el suelo por atreverse a faltarle al respeto. No con él, sin embargo.

Lo dejó sin habla, sus manos temblando, su hombro ardiendo en el lugar donde había sido tocado. ¿Cómo no iba a conocer esa sensación? Esa mano lo había tocado ahí antes, esa mano se había agarrado a su nuca mientras lo besaba, acariciado su piel... Estaba profunda y desesperadamente enamorado de la persona que acababa de dejarlo para partir a una batalla donde muy posiblemente moriría. Su dolor de cabeza se acentuó.

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Deidara suspiró profundamente mientras volaba en su pájaro de arcilla, su cabello moviéndose libremente en el viento. Jamás le habían gustado las demostraciones de afecto exageradas; la guerra le había enseñado a mantener la compostura incluso cuando su vida se estuviera desmoronando. Fue igual la primera vez que Sasori murió: la noticia lo dejó insensible por la pérdida, incapaz de pensar con normalidad. Su reacción fue silenciosa, pero en su interior, se sentía como si una parte de su vida hubiera sido cercenada. No era que él hubiese sentido algo por Sasori; el de Iwa encontraba sus ideales artísticos altamente ridículos, y su personalidad insoportable. Pero el maestro titiritero de Akatsuki era inteligente, capaz y un gran artista, y lo más importante de todo, Deidara estaba acostumbrado a él.

El rubio miró a la reencarnación de Sasori, desplazándose a grandes saltos unos metros bajo él. Por mucho que le hubiera dolido perderlo, por muy contento que se sintiera de verlo otra vez, Deidara se esforzó por mantenerse apático por fuera.

Lo cual lo hizo cuestionar si Obito había estado fingiendo sus reacciones o realmente había perdido la memoria. En el momento en que reapareció en el mundo humano, cuando Kabuto insertó de nuevo su alma en la carcasa reencarnada de su cuerpo, su mente también estaba poco ágil, pero no le tomó demasiado para poner en orden en interior de su cabeza. No sólo recordaba todo lo que había pasado en el Tsukuyomi con gran detalle, también reconoció una sensación con la que estaba comenzando a familiarizarse; su alma siendo arrastrada de un plano existencial a otro. Era difícil de explicar con palabras. Para resumirlo solo en una, era desagradable. Lo último que el rubio recordaba del mundo interior de Obito fue cómo su cuerpo comenzaba a desmaterializarse, su visión a emborronarse y su ser entero siendo succionado a través de lo que él pensó era una brecha interdimensional.

Fue igual la primera vez que apareció en el Tsukuyomi, pensó. La segunda vez, sin embargo, fue capaz de resarrollar una especie de resistencia hacia deshacerse solo para ser reconstruído durante la transición. Era casi como si Deidara hubiera ganado algún tipo de control sobre su propio espíritu. Lo cual no se podía decir del maldito Uchiha, considerando que no era capaz si quiera de moverse dentro y fuera de su mundo espiritual sin sufrir pérdida de memoria. El artista suspiró. ¡Y él era el que quería reemplazar el mundo con otro nuevo!

Hablando del susodicho, ya prácticamente se había hecho a la idea que su relación con Obito estaba destinada al fracaso. Era lo más conveniente para todo el mundo si Deidara no se lo mencionaba; después de todo, él era el único que parecía recordar su idilio. Era como si no hubiera pasado nunca. Sentía amargura al respecto, eso era cierto. Pero eso era la vida real, no otra dimensión de fantasía. Tenía que pasar página.

Así que se encogió de hombros. Le mostró el puño cerrado a Sasori en un gesto motivador, y cuando llegaron, se lanzó a la batalla.

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Obito corría a máxima velocidad. Ocasionalmente, usaba su kamui para acortar distancias más rápido. Sabía que estaba a punto de cometer una estupidez, interrumpir una importante maniobra táctica, pero el asunto iba a tener un gran impacto emocional en él. De acuerdo a sus cálculos, afectaría a su capacidad de tomar decisiones si no arreglaba las complicaciones en cuanto a Deidara. O, para simplificar, sabía que no podría proceder con sus planes en su estado actual.

Ya estaba falto de aliento y cansado del sobreuso de chakra, y aún no había encontrado al terrorista. Su hubiera prestado atención a las divagaciones de Kabuto sobre ubicaciones...

De repente, oyó un estruendo unos kilómetros frente a él. La expresión de Obito se relajó. Se subió a la copa de un árbol de un par de saltos para ver qué era. Sus sospechas fueron confirmadas, otra bomba acababa de explotar justo en ese lugar.

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—¿Qué...?

Deidara cayó a un bloque de piedra con un grito de sorpresa.

Se recompuso rápido, poniéndose en pie y sacudiendo su túnica. Miró alrededor, confundido. El lugar estaba hecho de los mismos bloques de piedra.

—¿Qué rayos...? —murmuró en voz baja.

Ahí fue cuando se dio cuenta de la presencia de Obito, sentado a unos metros de él. Se había quitado la máscara y lo estaba mirando fijamente.

—No te preocupes, sólo serán unos segundos en tu vida actual.

El ninja de Iwa sonrió.

—Así que al fin has dejado de jugar jueguitos ¿eh? —dijo aproximándose al otro.

—Honestamente no recordé nada hasta ahora —contestó Obito en un tono neutral, casi desinteresado, pero no del todo.

—Debí significar mucho para ti entonces, hm.

Deidara se había detenido justo frente a él, mirando hacia abajo con rabia incluso con un poco de crueldad. Estaba a punto de estallar. Nadie tenía derecho a tratarlo así, entrometerse en sus emociones, en su misma alma, sin dejarlo descansar en paz.

—Si te he traído aquí es porque significas mucho para mí.

Obito recibió un puñetazo en la cara. Uno mucho más fuerte que el de la otra vez, uno que contenía toda su fuerza y frustración, y que lo derribó haciéndolo caer al suelo de costado. Se frotó el rostro, Deidara lo había golpeado en la parte lesionada, y ahora no podía mirarlo, no sabiendo qué decir que fuera apropiado para la ocasión. Después se levantó, dando unos pasos hacia él haciendo que el otro se paralizase de la sorpresa. El Uchiha lo besó tiernamente, como pidiéndole perdón.

Para su extrañeza, el artista no se rebeló. En su lugar, parecía que ya se había dado por vencido en todo, y simplemente nada le importaba. Obito se retiró y comenzó a hablar.

—Comprendo tu enojo, pero piénsalo. ¡Hay esperanza para todos! ¡Podremos vivir felices, todo el mundo podrá! Queda muy poco por hacer...

—Sabes, Obito —lo interrumpió Deidara retrocediendo unos pasos—. Tu personalidad tiene un defecto muy básico.

El moreno le obsequió con una mirada confusa mientras el otro se paseaba por el bloque, continuando su monólogo.

—He estado pensando al respecto. Te disocias de la realidad. Te pasa una cosa mala, y dedicas tu vida entera a deshacer dicha cosa. Esperas perfección de todo y de todos y te aferras a tus fantasías si el mundo no conspira de la manera que a ti te complace.

—¡No tiene nada de malo crear perfección cuando hay una posibilidad realista de lograrlo! —gritó Obito con enojo.

—¿Oh? ¿Realista? ¿Atrapar al mundo entero en una ilusión? Estoy seguro que nadie se va a oponer a eso, um —dijo el más joven riendo amargamente—. ¡Sí, a todo el mundo le va a encantar vivir en esas condiciones! ¡Qué idea tan magnífica!

Antes de que el ex ninja de Konoha pudiera replicar, Deidara habló otra vez.

—Por esto es por lo que nunca entenderás mi arte, hm. Eres incapaz de apreciar el presente, el breve momento en el que vives. Te aferras constantemente al pasado, por eso me invocaste al Tsukuyomi.

—Yo... Yo no...

—Oh sí, sí lo hiciste. Lo que te pasa es que no tienes el suficiente control sobre tus poderes o sobre tu mente como para no ir por ahí usando técnicas prohibidas compulsivamente o para recordar haberlo hecho si quiera.

De repente, un chakra envolvió a Deidara mientras una expresión de concentración aparecía en su cara. Obito se quedó sin habla, concluyendo que el artista probablemente tenía razón en todo.

—Lo único que espero es que algún día te des cuenta, um.

Y con eso, su cuerpo comenzó a descomponerse en pequeñas partículas.

—¡Espera!

El moreno extendió el brazo para atrapar al otro hombre, su brazo, su túnica, su pelo, lo que fuera. Pero no sirvió de nada, su cuerpo ya no era material. Todo lo que quedó tras la partida del ninja de Iwa fue un vórtice parecido al de su Kamui, el cual se cerró instantes después, dejando a Obito solo en su Tsukuyomi.

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Deidara recuperó la consciencia con rapidez. Se levantó del suelo y analizó sus alrededores.

—¿Por dónde iba? —dijo, rascándose la cabeza—. Ah sí. ¡Voy a por ti, Uchiha Sasuke, um!

Y con eso, corrió hacia el bosque. El cielo ya se había oscurecido, y la luna llena jamás le había parecido tan blanca y luminosa.


Bueno, con eso ya hemos alcanzado el ritmo de publicación de la historia en inglés. A partir de este momento, la historia entrará en hiatus, y cuando la autora actualice yo lo traduciré en seguida. Como ven, Deidara ha ganado control sobre su propia alma. Me pregunto si será algo parecido a lo que Madara hizo, liberarse del Edo Tensei usando los sellos. Tengo mis propias teorías al respecto. También sobre lo que va a pasar con Sasuke. ¿Cuales son las suyas?

Espero que la próxima actualización sea pronto. Gracias por seguir la historia.