Mis adorados mortales alfeñiques, he aquí el decimosegundo capitulo de esta historia, enserio me hace tan feliz que dejen reviews, mi psicólogo dijo que tengo un serio problema con los reviews, pero no es cierto, ¿verdad que no? (Mirada psicótica). Como sea, ustedes no entran a fanfiction solo para leer mis trastornos mentales, lo que realmente quieren es terminar con esta babosada de una vez y como soy tan buena, entonces les dejo el capitulo que va después del undécimo pero antes del decimotercero.
¿Podría haber… un nosotros?
La princesa Koriand´r del octavo planeta vegano, Tamaran, conocida por todos los terrícolas bajo el nombre de Starfire, se encontraba confundida, muy, muy, muy confundida. No comprendía absolutamente nada, y no, no realizaba el estúpido examen final de ingles, no, esto era mucho peor, definitivamente más complicado que hallar el resultado de la siguiente pregunta:
Un hipopótamo rosado pesa 126 kg, monta en una patineta azul a 8k/h, bebiendo un vaso de leche de 20ml. Calcule la cantidad de hierro (Cara de panoli).
Claro que este no era el verdadero problema, el problema en si era ella. Acostada en su cama, acariciando a Sedita, quien se refugiaba en su regazo, sin entender nada, sin entender a Robín. Aun recordaba esa tarde en al azotea, todavía sentía los labios del chico maravilla presionando suavemente los suyos, volvió a experimentar el fresco aire del batboy mezclándose con su tibio aliento, recordó la textura del negro cabello enredándose en sus dedos.
Y se sonrojo. Un leve rubor cubrió sus mejillas al recordar esa noche.
Al recordarlo a él.
Pero seguía sin comprender la situación. La había besado ¿y…? Si no eran amigos, entonces ¿Qué eran?
La enfermiza duda se apoderaba de ella, y sencillamente no poseía argumentos para disolverla. Lo único que poseía era un amor ciego, una débil llama de esperanza, un corazón latiendo por alguien.
Un corazón latiendo por él.
Dick, el primer Robín, el ex compañero de Batman, corría velozmente por toda la torre, ignorando las cuestiones que cruzaban la mente de su amada. Apenas si era consciente de su respiración, sentía como su pecho subía y bajaba con rapidez, como aquel estúpido órgano llamado corazón tamborileaba en el tórax, chocándose contra sus costillas una y otra vez, el sudor bajaba por su atractivo rostro, cayendo lentamente al suelo. Sin embargo, él ignoraba por completo todo lo que sucedía a su alrededor. Lo que realmente le interesaba en este momento era Starfire.
Frenó en seco, produciendo un ruido molesto y dejando una profunda y marcada línea en el pulido suelo, auch, Raven lo mataría, pero si iba a morir, moriría luego de declarársele a Star, de eso estaba seguro. Toco la puerta con suavidad, lo hizo con tal delicadeza que creyó que la tamaraniana no lo había escuchado, iba a tocar por segunda vez pero escucho un inaudible siga provenir de adentro. Casi no puede girar el picaporte, la mano le temblaba con solo sentir aquel helado metal, su respiración se agitaba cada vez más. El endemoniado corazón comenzó a latirle aún más rápido, tanto que ya no parecían latidos, era como si un zancudo zumbara en su pecho, se quedo más nervioso de lo que ya estaba, no tenía idea de como reaccionar, y su maldito nerviosismo lo paralizo por completo.
"Zum Zum". Pudo escuchar el desgraciado corazón zumbándole al abrir la puerta, cuando escucho su voz, ya ni siquiera fue capaz de oírlo.
-Oh, hola amigo Robín ¿Se te ofrece algo?- inquirió la chica dorada mientras se sentaba, enfatizando mucho la palabra "amigo".
-Eh… no… digo… si- el pobre líder titán apenas si podía ser coherente, los nervios, la duda, el miedo hacían que su inepta razón solo pudiera formular incoherencias- Si… yo… yo… quiero hablar contigo, Star.
-¿Es algo muy importante, amigo Robín?-¡Oh, maldición! ¿Acaso Starfire no se daba cuenta de que le iba a dar un paro cardiaco ahí mismo?
-S… si… o tal vez no…quiero decir… depende como lo veas- contestó Robín, hecho una mar de nervios, la maldita lengua se le trababa y lo único que decía era insensateces, ya se estaba pareciendo a Beast Boy.
Starfire se conmovió al ver al devastado chico maravilla muerto de los nervios. El pobrecito sudaba como si hubiera corrido una maratón, tartamudeaba al igual que un infante que apenas aprende a hablar, gesticulaba constantemente sin ninguna coherencia con lo que mencionaba, para aclarar las cosas, nuestro batboy parecía un crío ignorante que recita la lección que no estudio frente a la clase (¿Te identificas con él? XD). Decidió suavizarse con él, pero no lo suficiente como para que sucediera lo típico:
"Oh, perdóname Starfire, te amo"
"Yo también te amo, Robín"
"Abrazo, Beso, Beso, más Besuqueadera, Lemon".
Después de todo el culpable de esta jodida situación no era más que él. Si, él, ¿Quién lo mandaba a ser un maldito imbécil y no declarársele hace milenios?, si, escucharon bien, MILENIOS, no es que lo obligaran a ocultar sus sentimientos hacia ella ¿O si? Era él, el estúpidamente estúpido de Robín o de Dick Grayson, para agregarle drama, el único responsable de su retorcida, energizada, chispeante, envidiada, demandable, y hermosa relación. Simplemente si hubiera sido un poco más maduro, si hubiera admitido sus emociones en lugar de negarlas, nada de esto estuviera pasando. El petirrojo no estaría a punto de morir de taquicardia y ella no estuviera siendo tan increíblemente ruda con él.
-No lo sé, tal vez si te decidieras a decirme, lo clasificaría como importante o asunto pendiente- le respondió Starfire con crudeza, atravesándolo con la mirada.
-Realmente… no sé… ni siquiera sé que babosadas estoy diciendo, Star- al fin había pronunciado una frase que por lo menos tuviera sentido, se sentía mejor, bah, mentía, se encontraba peor que antes.
-Y si no sabes lo que dices ¿Para que viniste, eh Grayson?- Oh, jodida vida, la sola mención de su apellido por parte de ella lo había aniquilado.
-Eso no es cierto, soy total y absolutamente consciente de para que vine hasta aquí- replico el enmascarado, alzando por primera vez la mirada, pero este orgullo le duro bien poco, la expresión de Star hizo que volviera a balbucear- Star… yo vine… para… entiéndeme... necesito decirte algo. P… pero… no… no sé como empezar.
-Oh, pobrecito, ¿Qué te parece por el principio?- contestó la pelirroja, haciendo que se le erizara el cabello en su nuca, (Oh, genial hasta Starfire es sarcástica).
-Pues… la verdad… la verdad es que… es que ¡Yo escondí la comida de Sedita como venganza por que ella arruino mis pajaritas!- vocifero Dick, sin valor para confesarse.
-¿Por eso armaste tanto alboroto? ¿Para decirme que tú escondiste la comida de Sedita, a pesar de que sucedió hace cuatro meses?- cuestiono la princesa espacial, alzando las cejas- ¿Estas seguro que no es por algo más?
-Si, por eso arme tanto alboroto y no, estoy segurísimo de que no es por algo más- finalizo el batboy, dándose la vuelta para salir de la habitación. La valentía no le había durado mucho.
-Bueno, gracias por la visita amigo Robín. Te veo más tarde- aunque Starfire se mostro implacable en la conversación, por dentro, decirle amigo le había dolido mucho más que una descarga estelar.
Richard se encontraba a punto de salir de aquel infierno, daba pasos lentos, esperando a que la tamaraniana se decidiera a detenerlo y así recobrar un poco de coraje. Su pie izquierdo ya estaba fuera de la habitación del mal, pero de un momento a otro su típica cobardía fue reemplazada por algo. No era el mismo de siempre, no quería irse sin haber aclarado sus asuntos. No, no podía irse, y le importaba una mierda si después de lo que haría su relación con Starfire se desmoronara. No iba a permitir que su debilidad lo enviara a un maldito asilo. No, esta vez sería diferente, demasiado diferente.
Dio la vuelta, alzo la vista, hizo que sus miradas chocaran y tomo aire…
Y surge el caos...
-Starfire- le llamo el pelinegro con firmeza, como si se tratara de una orden- En realidad, si hay algo que necesito decirte.
-¿Y que es, amigo Robín?- intrigo la chica de ojos esmeraldas, ocultando su ansiedad por saberlo, disfrazándola con apatía.
-Yo… Starfire… yo- Maldita sea, había vuelto a tartamudear, a perder la coherencia- La verdad… Star… es que te quiero… pero no solo como amigo. Yo… maldición… yo… entiende… te a… joder, ni siquiera sé que digo.
-Yo tampoco te comprendo muy bien- siguió impasible la princesa espacial, aguantándose las ganas de besarlo.
-Star… lo que quiero decirte… es que- Grayson seguía balbuceando, sin pensar claramente. Se sentó a su lado, mirándola los ojos mientras tomaba su mano delicadamente, temblando del miedo.
Ninguno de los dos se sintió en las condiciones físicas y mentales para continuar con aquella conversación, experimentaban los apurados latidos de aquel quien ahora se encontraba enfrente, sus miradas se chocaban entre si, sus respiraciones apenas se sentían, jadeaban como si acabaran de competir en el Giro de Italia, sin embargo no querían continuar platicando, aquel tenso silencio se iba disolviendo con lentitud, como si no tuvieran ganas de revelarse un sentimiento más obvio que el campeón del Mundial 2014.
Aquel silencio nunca se lleno de palabras, ni de incoherencias, era silencio solo eso. Puro silencio. Pero ellos ni siquiera se empeñaban en cambiarlo, tan solo y únicamente se miraban, se observaban fijamente, adentrándose en el otro, por que según dicen "Los ojos son el espejo del alma". Sus rostros estaban tan malditamente cerca, y eran incapaces de contener las ganas de besarse.
Como si fuera la primera vez que se besaran sus labios se encontraron, sus alientos se entremezclaron, y no hubo necesidad de palabras para enterarse que estos dos se aman.
Fue un beso tierno pero largo, como si en ese instante dejaran de necesitar oxigeno para vivir. Un beso tan exageradamente dulce, parecía que tuvieran miedo de lastimarse, hasta que se decidieron a apasionar el beso, abriendo sus labios, dejando que la lengua del otro la explorara.
-¿Y… que querías decirme?- interrogo la chica dorada, cortando el beso.
-No lo sé- le respondió el chico maravilla en un susurro- De lo único de lo que soy consciente ahora es que te amo, Star.
Fin, nah mentiras ¿Se lo creyeron? Jajaja, este no es el fin ni del capitulo de la historia, así que vayan quitándose la pistola de la sien.
Contrario a lo que sucedida en la habitación de Starfire, una joven empata medita en su amada soledad. Ella no necesita presentación, ya todos saben su nombre.
Raven se encontraba en otra realidad, en otra dimensión, para ella no existía el mundo, el sonido de las hojas al moverse con el viento era prácticamente inexistente, ni si quiera la noche acercándose parecía perturbar su paz, mientras la gótica se sume en su meditación absolutamente nada existe.
Damian, el joven arquero había decido salir, queriendo ver como el sol caía derrotado por la noche, para que al amanecer volviera a levantarse con más esplendor que antes. Necesitaba tiempo, tiempo para aclararse, tiempo para entrenar, tiempo para poder cumplir con su oscuro destino, pero tiempo era lo que menos tenía. Caminaba con la cabeza gacha, fijando la vista en sus pasos, en sus sucias botas que levantaban el polvo al pisar la arenosa superficie. La brisa alborotaba sus cabellos, negros como la noche que se aproximaba, pero él no parecía notarlo, vivía en otro mundo, sin certeza alguna de que volvería a este, a ver a Dicky, a molestar a Starfire, a pelear con Chico Bestia, a joder la vida con Cyborg, tenía asegurado que jamás volvería a desvivirse por Raven.
Giro sobre si mismo al ver a la violácea entre dos palmas, dándole la espalda, ignorando al mundo. Definitivamente la cobardía que le había quitado a Dicky se la había quedado él, no quería verla, sabía que si escuchaba su voz de nuevo perdería todo control sobre si mismo, dejaría de tener autoridad sobre su conciencia y terminaría desmayándose. O algo peor: besándola.
Claro que no podía ser una copia perfecta de Dickinson, tenía que hacer algo para marcar la diferencia (diferencia no superioridad. Todd es arrogante, presumido más no egocéntrico) Iba decirle, lo haría así su declaración no acabara con el final feliz tipo película de Walt Disney, le diría, se desahogaría y acabaría de una maldita vez ese dolor tan bonito que le oprimía el pecho, no le importaba si moría antes de pronunciar siquiera una silaba. Se fue acercando lentamente hacia ella, mientras oía como su corazón bombeaba treinta litros de sangre por segundo, igual que un ratoncillo asustado, ¿Qué decía? Cualquier persona normal, frágil y traumada era un ratoncillo comparado con Raven.
Y él era esa clase de persona frágil y traumada, nunca sería normal, aún si lo aparentara.
Pero la vida de la dama de las sombras no era lo que llamarías "perfecta".
Al llegar se dio cuenta de que meditaba y llego a la conclusión de que lo mejor era no interrumpirle, no solo por miedo a que lo asesinara sino que también le encantaba su carita cuando estaba tranquila, cuando sencillamente ignoraba al mundo, le fascinaba su carita cuando se avergonzaba de alguna estupidez dicha por Beast Dude, pero sobre todo lo aniquilaba su expresión al tratarlo mal, como enarcaba las cejas, como lo fulminaba con la mirada, le maravillaba la acidez con la que le contestaba.
Tal vez fuera un masoquista, pero si el amor es ciego, si el amor es sordo, ¿Por qué no puede ser irracional?
El azabache se sentó a dos metros de ella, observándola detalladamente, grabando cada detalle de aquel rostro en su traumada sección de recuerdos. Apoyo su rostro en una mano, y se quedo ahí contemplándola, cual nerd de clase enamorado de la chica popular. Con los ojos brillantes, la estúpida sonrisa de tarado, la sensación de que ella es la única persona sobre la faz de la tierra. Y por que más que le recuerden que ella jamás será suya, el ignorante corazón insiste en quererla con todos sus latidos, y él simplemente cede.
Paso una hora entera, una larga, eterna, infinita y maravillosa hora para que la hija de Trigon saliera de su trance, encontrándose con un par de ojos castaños, dulces como la miel, examinándola profunda y misteriosamente, con aquella expresión de soberano imbécil. Lo miro antes de pronunciar palabra, enfrentado sus orbes violetas con aquella mirada color miel, un reto de miradas, una competencia para determinar cual de los dos cedería primero. Ustedes ya saben quien perdió.
-¿Qué trae por aquí, Todd? ¿Disfrutas espiándome?- inquirió la violácea ásperamente, (Aja, creyeron que mi sexy arquero había cedido ¿no?, anótenme un punto).
-¿Yo espiándote? Tienes mucha imaginación- le contestó Wayne como si hablara con una chiquilla de cinco años- Tan sólo salí a caminar un rato y te encontré aquí, así que decidí acompañarte, ¿Acaso eso es ilegal?- pregunto con un tono inocente.
-Debería serlo, ¿Jamás te enseñaron que es la privacidad?- volvió a cuestionar la oscura, de manera hiriente.
-Oh no, si me enseñaron, mi padre repetía como un loro que debía respetar la privacidad, pero como no soy el hijo perfecto nunca acepte el mensaje- respondió el oji castaño, alzando los hombros.
La gótica lo miro fijamente antes de contestarle, definitivamente este idiota era diferente al resto de tarados que tenía por amigos, no era como Cyborg, no, él no la molestaba con el tema del verdecillo, tampoco era un Robín, estaba claro que era más abierto, mas despreocupado que su líder, pero eso no lo hacía menos misterioso, y claramente no era un clon perfecto de Chico Bestia, él demostraba poseer un poco más de sensatez, callaba cuando había que callar, no se mostraba sumiso o asustado con sus amenazas y los sarcasmos, es más le devolvía la ofensa más fuerte que antes y sin embargo seguía siendo casi igual de irritante que el joven transformable. Únicamente los dos chicos eran diferentes por que simplemente amaba a uno, y al otro lo quería con la sencillez con la que se quiere a un buen amigo.
Este chico azabache, de ojos oscuros y piel bronceada, poseía cualidades que lo hacían un compañero de trabajo perfecto. Si, es irritante, insoportable, misterioso, inmaduro, sensato, coherente, arrogante y demasiado confiado. Lo que ella no sabía, de lo que absolutamente nadie es consciente, excepto él es que tan endemoniadamente débil como si su interior fuera de cristal.
La miraba con su perfecta sonrisa de retrasado mental, como todo un tarado sin quitarle los ojos de encima, esto la ponía incomoda y quiso que aquellos ojos oscuros dejaran de revelarla.
-¿Qué es lo que tanto miras? ¿Te guste o que?- interrogo Raven sarcásticamente.
-Tal vez- la simple respuesta del arquero, hizo que sintiera como se coloraba, maldita sea ¿Por qué tenía que ser tan pálida?- Te ves linda cuando te sonrojas, aunque solo pueda notarte las mejillas.
Oh, genial. Justo eso le faltaba, no solo el imbécil le decía que posiblemente le gustara si no que ahora también le restregaba en la cara lo adorable que se veía cuando se sonrojaba. Aquel comentario la hizo sentir completamente ridícula, la persona más patética de todo el universo, incluyendo las dimensiones alternativas, sintió como su rostro se ruborizaba por completo, gracias a Azar que llevaba la capucha, o se hubiera pegado un tiro si el estúpido se enteraba de que su comentario la había sonrojado, o mejor le pegaba el tiro a él, si, esa idea le agradaba más.
Volvió la mirada hacia Todd, quien ahora contemplaba la luna que ya había destronado al sol, no sabía por que le parecía tan distinto ahora que no se comportaba como un chiquillo intolerable, se veía tan tierno, incluso guapo. ¿Qué pensaba? No podía enamorarse de ese tarado, no, ni siquiera se permitía amarlo a él, a pesar de que le gustaba demasiado. Tenía que hacer algo pronto, ¿Dónde están las calibres 38 especiales cuando las necesitas?, solo debía apuntar a su pequeño cerebro de crío estúpido y deshacerse de aquel maldito arquero.
Damian sentía aquella mirada amatista posada en su rostro y por alguna razón, se sonrojo levemente, un escalofrió le recorrió la médula espinal haciendo que temblara ligeramente como si hiciera frió. Experimento como su corazón, ese órgano tan vital pero tan imbécil que aceleraba su ritmo cada vez que la veía, siendo consciente de lo imposible que era, frenaba totalmente, mientras sentía como ese liquido rojo oscuro dejaba de fluir por sus venas. Una endemoniada voz en su inconsciente le gritaba que le dijera, que se confesara, por Dios, que rugiera al mundo su amor por la gótica aunque a nadie le importara, ni siquiera a su mismísima amada.
-¿Por qué me miras tanto?- pregunto el azabache, volteando a verla- ¿También te guste?- terció con una ligera esperanza.
-¿Tu gustarme? Que Azar me ayude, si llegara aunque sea quererte como un insignificante amigo me lanzo de la azotea.
-Oh, ¿De verdad soy tan insoportable, Raven?
-De hecho, ese es tu segundo merito.
-¿Ah, si? ¿Y se me es permitido saber cual es el primero?
-Provocarme unas interminables ganas de matarte.
-Solo por curiosidad, ¿Sería posible que te guste Chico Bestia?
-¿G…gustarme Chico Bestia?- tartamudeo la hija de Trigon por unos breves segundos, casi imperceptibles- Si tan solo llegara a pensar que ese fenómeno verde es lindo, arráncame el corazón o para ser menos drásticos enciérrame en un manicomio.
-Si lo odias tanto, ¿Por qué tartamudeaste? No me digas que eres tartamuda- cuestiono Damian, alzando las cejas con un tono picaron.
-Si presumes tanto, ¿Por qué eres tan estúpido?- contesto la violácea bruscamente, ligeramente… ¿asustada?, no, Raven no se asusta… ejem… ligeramente preocupada por la salud mental del chico.
-No lo sé, supongo que el amor te vuelve extremadamente imbécil- le respondió el chico de ojos castaños, pasándose una mano por el cabello, (Alienígenas, terrestres, fenómenos incomprendidos, populares, presidentes, limosneros de la esquina: He aquí ¡Una autentica declaración indirecta! ¡Aplausos! ¡Aplausos!).
-¿Desde aquí a cuando comenzamos a hablar de amor?- inquirió la dama de las sombras, ruborizándose de manera leve.
-Desde este mismo instante, toma nota: el catorce de abril del dos mil ocho, a las seis y treintainueve de la tarde, cuando se debería celebrar el decimoquinto cumpleaños de este encanto, Todd y Raven de los Jóvenes Titanes comenzaron a hablar de ese sentimiento súper especial llamado amor- bromeo el arquero, con una ligera sonrisa- ¿O acaso te molesta eh, Raven?
-Me molesta y mucho, pero para no tener que desfigurarte tu supuestamente "encantador" rostro, cambiare de tema. ¿Por qué no mencionaste que hoy cumples años?- lo evadió la oscura mientras cruzaba sus delgados brazos.
-Si te soy completamente sincero… mi último cumpleaños no me trae recuerdos espectaculares- el "encantador" rostro del azabache se volvió más sombrío, sus ojos más oscuros y su tono de voz más deprimente.
-Al fin tenemos algo en común, detestable imbécil- pronuncio Raven, pero esta vez no lizo de una manera tan áspera, lo dijo como si quisiera consolarlo.
-¿Qué nos amamos profundamente, nos casaremos y abandonaremos a los titanes?- dijo el oji castaño, volviendo a sonreír, sin darle mucha importancia, (Más declaraciones indirectas, ¿Raven eres lenta o te haces? Ojala mi novio fuera así, ah espera, no tengo).
-No, tarado- le respondió la gótica tajante, como si le produjera asco la sola idea- A ninguno de los dos nos simpatiza el recuerdo de nuestros cumpleaños. Retomando el tema, ¿Cómo es eso de que tal vez podría gustarte?- interrogo, con muy poco interés.
Jodido mundo. Jodida vida. Jodidas emociones. Lo había exterminado aquella pregunta, sintió como la maldita daga se le clavo por la espalda, como le atravesaba el pecho, como le reventaba el corazón, como la sangre, ese liquido vital color rojo y/o azul si eres de la realeza se vertía por su piel rasgada. Poco a poco se fue quedando sin vitalidad, sin mota alguna de coherencia, el pecho volvía a dolerle igual que si sufriera un infarto. Fue capaz de sentir como el sudor nervioso surcaba su rostro bronceado por el astro rey, experimento sus labios temblorosos y como balbuceaba, ahora el tartamudo era él, el imbécil era él, el estúpido enamorado era él no ella.
-¿Realmente te lo creíste, Raven?- cuestiono Wayne, con una sonrisa tan falsa como tu excusa para faltar a clase de gimnasia- Tú no me gustas, Raven… tú me encantas- murmuro con la cabeza baja, mirando al suelo, tímido, mientras sus mejillas se coloraban.
A pesar de lo bajo que lo pronuncio el arquero, Raven lo había escuchado y se sonrojo tenuemente. ¿Por eso se portaba así con ella? ¿Por qué la amaba? Le hubiera parecido tierno, si tan solo no fuera lo que es, una empata condenada a negar sus emociones, la hija de Satán, pero no había necesidad de negarlo, si, debía admitir que el moreno era tierno, dulce, podría decirse que hasta guapo, o un encanto como se clasificaba el mismo.
Sin embargo no lo amaba, no podía amarlo, no quería amarlo. Maldición, lo mismo le había pasado con Wallace, él le gustaba mucho, incluso había llegado a quererlo, a enamorarse de aquel súper velocista y tampoco había funcionado, por más que Wally estuvo dispuesto a intentarlo, por más que Kid Flash le repitió que la amaba sin importarle su origen, no pudo, y tal vez nunca podría enamorarse, tal vez jamás llegara a establecer un relación con alguien, con Wallace ya había perdido la oportunidad, a Todd simple y sencillamente lo quería como un buen amigo, y con Garfield ni pensarlo, el changeling era demasiado idiota, demasiado Beast Boy para poder gustarle.
Debía retirarse lo mas rápido posible, no quería siquiera intentarlo, no podía ilusionar al maltratado chico con falsas esperanzas, con promesas que no cumpliría, debía dejarle en claro los limites de su relación. Sufriría, si de eso estaba consciente pero también sabía que sufriría aun más si lo ilusionaba, si le daba un minúscula y efímera oportunidad, pronto se daría cuenta de que no llegarían a ningún lado, rompería su corazón y seguramente quedaría más devastado de lo que ya estaba.
Eso haría, le diría que un ToddxRaven no podía funcionar, que su amor no era correspondido, y que si lo fuera tampoco pasaría algo. No era por que no lo amara, bueno no lo amaba, era también por que no podía, no, debía controlar sus emociones o si no nada, pero absolutamente nada bueno podría suceder. Aunque aniquilara al pobre azabache, sabía que él se repondría y buscaría alguien más a quien amar, alguien que si pudiera, que si quisiera amarlo.
-¿Qué?- inquirió la oscura, mirándolo con sus neutros ojos violetas.
-Que… tal vez… pero solo tal vez- comenzó a balbucear el azabache, rascándose la nuca, con sus orbes castañas cambiando de dirección constantemente- ¿Podría… haber un nosotros?
Esto termino de paralizarla, no solo le gustaba al arquero, no ahora resulta que el tarado la amaba como a la vida misma. Aquella simple cuestión hizo que lo que en un principio parecía tan estúpidamente fácil, se convirtiera en algo más complejo que ajedrez, y para ella el ajedrez era sumamente fácil. ¿Cómo demonios le iba a decir que su amor no era reciproco? Si le dolía siquiera herir a Chico Bestia, nah mentira, ella adoraba agredir al meta morfo. Le quebraría el corazón, le pincharía el globo en el que flotaba esperanzado, más él proseguiría con su vida, ya le había demostrado que era fuerte y se lo volvería a demostrar recuperándose de la perdida y hacer como si nada hubiera pasado, como si ella jamás hubiese existido, como si nunca se hubiera enamorado. Eso es lo que debe pasar, pero las suposiciones son solo eso meras suposiciones.
-Lo siento mucho, Todd, lo que siento por ti es amistad pura, nada más- respondió Raven poniéndose de pie y caminando hacia ninguna parte- Pero yo… yo… yo no puedo, Todd… ¡No puedo!
Acto seguido a estas hirientes pero sinceras palabras, la dama de las sombra desapareció en un portal, para no ver el sombrío rostro de su enamorado, para que la tristeza que emanaba del arquero no siguiera alimentándola, hasta el punto de destruirle.
Damian Todd o Wayne para no recordar su pasado, miro al profundo, inexistente e infinito vacío, poso sus ojos dorados al igual que la miel en el movedizo reflejo de la luna, de Diana para los romanos o Artemisa si eres griego, sobre las tranquilas aguas. Contemplo el azulado mar tan calmado, como si nada ni nadie pudieran perturbar su paz, ningún ser humano sería capaz de despertar su furia, solo el mismísimo y adorado Dios puede hacerlo, el oleaje era suave, arrullando a sus habitantes marinos y a la pintura de aquel claro circulo que cada noche se refleja en su superficie, sin importarle en lo más mínimo que este calmado o embravecido.
Se suponía que esta preparado, había ensayado una y mil veces la respuesta de Raven mentalmente, según él estaba en las condiciones psicológicas más optimas para a afrontar la cruda realidad, era consciente de que su confesión no terminaría en el típico "Y vivieron felices para siempre", él sabía a la perfección que jamás sería suya y aun así lo había intentado, aunque la frustración lo carcomiera por dentro, sobreviviría, saldría a adelante, tal vez nunca olvidaría a Raven, de eso estaba seguro el primer amor es el que más duele, el más difícil de superar pero es el más hermoso. Y sin embargo le dolía el pecho, como si se le hubieran dado un navajazo, como si le hubieran disparado con un maldito fusil, el dolor era profundo, intenso, intolerable, mortal y el más bonito que hubiera padecido. Si, la dama de las sombras nunca le pertenecería, no comprendería el sufrimiento que experimentaba al verla, lo quería, como un simple e insignificante amigo pero lo quería y eso le bastaba.
Después de todo, su felicidad ya no dependía de él, dependía de ella.
Aunque no podía dejar de preguntarse, que hubiera pasado si Raven lo amara, aún más importante ¿Por qué no podía amarlo? Era entendible que solo quisiera como amigo, lo que no comprendía era que según ella no podía amarlo ni a él ni a ninguna otra persona, eso era lo que no le encajaba en el rompecabezas. Poder y querer eran dos palabras tan distintas pero a la vez tan similares que eso las convertía en algo más complicado que el juego de ajedrez, querer y poder significaban absolutamente lo mismo, si quieres hacer algo con todas tus fuerzas entonces puedes hacerlo, según lo que dicen los libros de superación, querer es poder, entonces ¿Cuál era el misterio de la gótica? Tal vez ella si podía amarlo. Tal vez ella no quisiera amarlo.
Recordó las estúpidas palabras que el mismo había escrito en aquel viejo cuaderno, donde también estaba escrita la aún más estúpida profecía. Todavía se acordaba de cada frase y cada vez le encontraba menos sentido:
"No te deleites en la victoria, pues esto te desconcentra y te conduce a la más humillante derrota" Damian Adam Wayne.
Definitivamente era un imbécil, ¿Cómo escribía algo tan inteligente para luego no encontrarle sentido alguno? Según lo que entendía, nunca debía de deleitarse en la victoria puesto que lo desconcentraría y entonces perdería la próxima batalla de la manera más humillante posible, ahora venía el verdadero problema:
Si no debes regocijarte cuando ganas. ¿Qué se supone que debes hacer cuando pierdes? ¿Aprender de ese error y salir adelante? ¿O darte por vencido y dejar que la derrota te consuma?
Les apuesto todo el oro del mundo a que tienen la boca hasta el piso. Débiles mortales he terminado luego de escribir incansablemente durante tres días, pero no se preocupen no me gaste veinte paginas enteras ni nada por el estilo, debo admitirlo este capitulo me quedo genial. No sé ustedes, pero a mí me encanto la trama, me encanto el tema, me encanto el desenlace y termine de enamorarme de Damian, no creo que me haya gustado solo por que yo escribí tan fantástico capitulo, no ¿Qué dicen ustedes?
Ahora responderé aquellas cosas que me fascinan, si, esas que los mortales llaman "reviews":
Katchoque: Me haces tan feliz al decirme que te gusta la historia, y no te preocupes esto terminara con BBxRae y algo más. Aclarando una cosa: yo soy la escritora inmortal y todos ustedes son los mortales alfeñiques, jajaja que presumida ¿no?
Sofi Di Jackson: Gracias por continuar leyendo, pensé que te habías hartado de semejante escoria. Saliéndonos del tema si yo no amara BBxRae, también me gustaría ToddxRaven.
Y si soy semidiosa, adoro la saga de Percy Jackson.
SaritaSan: Puedes creer que Robín se le declaro a Starfire, y que Todd se esta creyendo cupido. Respecto a las preguntas acertaste en dos: Robín tomo coraje y se declaro, Todd no se quedo atrás e hizo lo mismo tan solo que no le fue tan bien, lo de Bestita matando al arquero esta en veremos y sus vidas cambiaran tanto que no te lo imaginas.
Uff, esto de responder reviews cansa. Da igual, ustedes ya saben lo que viene a continuación: ¡Señores y señoras, damas y caballos, digo caballeros, niños y niñas, marcianos y venusianos, griegos y romanos, con ustedes las preguntas!
¿De que profecía hablara el cuaderno de Damian? ¿De verdad el azabache es tan imbécil como él cree? ¿Raven no puede amarlo o no quiere amarlo? ¿La violácea amara a alguien más? Descúbranlo en el próximo… ¿Dragon Ball Z? ¿Criminal Minds? ¿Capitulo de este fic? No lo sé, ¿Cuál será?
Referencias:
New Teen Titans #4: "Y surge el caos…" "No te deleites en la victoria, pues esto te desconcentra y te conduce a la más humillante derrota"
Y no es que quiera presionarles pero:
¡DEJEN REVIEWS!
