Provecto
Primera parte
Cerca, muy cerca de su oído el silbido metálico pasó rozando su mejilla cortando también un mechón de cabello que resultó instantáneamente abandonado aún antes de tocar el suelo, por instinto se llevó la mano tocando el ligero corte que le había causado el filo del arma esperando que no estuviera envenenada.
Un salto, otro más.
Aplicando el chakra adecuado pretendía conseguir un poco más de impulso, acompañado solo del crujir de las ramas y las hojas a su paso, el viento en contra golpeando contra su rostro sudoroso, el ritmo acelerado de sus compañeros desesperados por llegar dejándolo atrás por poco, pero irónicamente la diferencia existente entre el árbol que pisaba en esos momentos y el que pisaría en cuatro saltos más, sería la que haría que bajaran la velocidad, todo a razón del tratado entre villas, en tres saltos tocaría el área límite del bosque con Konoha, si esos malditos ponían un solo pie en aquel sitio, sería una declaratoria de invasión que sin dudarlo toda la villa repelería.
Dos saltos.
La rama crujió, dos ninjas frente a él habían escogido la misma para tomar impulso con chakra, por lo que no resistió la tercera carga y se quebró.
Solo faltaba un salto…
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Viajar sobre los tejados y las ramas de los árboles era, sin duda, la actividad más icónica de un ninja. Aún más que empuñar un kunai, lanzar shuriken de diferentes tamaños e incluso los sellos eran cosas ignoradas por la inmensa mayoría de los civiles. Al pensar en un ninja, cualquiera los imaginaba corriendo ágilmente, saltando de un sitio a otro, un pequeño que recién empezaba las nociones del entrenamiento, ya fuera en la academia o en el seno de una familia entregada a la vida militar, lo primero que quería hacer era "saltar".
Resultaba en realidad, que pese a la popularización del arte de no usar el suelo, aquél recurso siempre era usado única y exclusivamente para casos de persecución, donde existía el verdadero interés de acortar tiempos con desesperación, puesto que se trataba de una actividad realmente riesgosa que consumía mucha energía.
No todas las ramas tenían la complexión para soportar un cuerpo humano más aparte la fuerza de impulso, ya fuera meramente física o con chakra. Uno tenía que andarse con cuidado por los nidos de aves, las madrigueras de pequeños mamíferos podían volverse trampas, las lagartijas ociosas que podían morir aplastadas dejando un muy evidente rastro de que alguien pasó por ahí. Pero sobre todo, en época de lluvias, se convertía en todo una épica travesía. Desde la primera lluvia el grado de complejidad se incrementaba, el follaje húmedo se volvía traicionero, aparecía musgo asesino y se pisara en dónde se pisara, existía el riesgo de resbalarse, y caer con el trasero al suelo podría acarrear una lesión molesta de por vida, independientemente de la vergüenza acarreada.
Pero a Tetsuya no le importaban los detales técnicos, había descubierto que caminar era el altamente delusorio método que usaba Ibiki para moverse por la aldea.
—Ser ninja apesta. — se quejó precisamente Tetsuya mientras terminaba de anudar una enorme bolsa negra con basura.
El capitán apenas lo miró por encima de las pastas de su libro, en esos momentos compartía su opinión pese a que se trataba en realidad de un clon. El no ser una persona real no le restaba la capacidad de tomar opiniones e iniciativa propia, si bien siempre podía controlarse y mantenerse al margen de la razón por la que fue realizado.
—Muévete Tetsuya, seguimos con esto. — agregó el corpulento hombre poniéndose de pie junto con todo el papeleo que se había llevado para invertir tiempo adecuadamente.
El chico solo abrió mucho los ojos, pero ya sabiendo que no tenía ni voz ni voto, resignadamente caminó detrás de él. Su condición lo posicionaba como víctima de tortura: desde las seis menos cuarto Shizune lo había levantado, obligado a bañarse y vestirse para enseguida encaminarlo al departamento de aquél hombre malhumorado de quien sería prisionero por tiempo indefinido.
Supuestamente estaba cumpliendo misiones ninja. Pero repetía, ser ninja apestaba si lo único que había que hacer era recoger basura de sitios donde nunca se imaginó que habría, especialmente en ese momento en que le fue señalada una pequeña cueva al pie de una formación rocosa llena de musgo.
—Ponte estos. — le dijo el ANBU entregándole un par de guantes gruesos y un cubre bocas —Ahí van a parar los restos de amor fogoso de chicos que no pudieron pagar un hotel.
Al momento no entendió, pero aceptó lo que le ofrecía completamente consciente de que él no se iba con bromas.
Su grito y expresión de asco esbozaron una sonrisa para el hombre que ya se había acomodado para seguir revisando reportes y realizar las respectivas notas sobre ellos.
Mientras tanto, Tetsuya había decidido que si picaba "eso" con la vara recolectora, la situación se volvería más asquerosa de lo que de por sí ya era. En ese momento no sabía qué lo dominaba más, si su asco o su vergüenza, miró a ambos lados para buscar una rama con la que pudiera enganchar "eso" para meterlo en el saco. La encontró sin problemas y completamente colorado de todo el rostro consiguió acomodar el extremo de un preservativo levantándolo con cuidado. Se cayó un par de veces, pero no habría fuerza humana que lo obligara a tomarlo con las manos. Solo de imaginarlo se le revolvía el estómago, y lo peor, es que había más de uno.
¡¿Es que no había botes de basura en Konoha?! ¿Cuál era el problema de la gente? ¿Pensaban que los árboles se alimentaban de gel lubricante?
Encontró otra rama con la que buscó hacer una rudimentaria pinza que simplificara su tarea.
¡Ser ninja apestaba! ¡Y más que apestar, era una jodida mentira eso del guerrero!
Sintió que explotaría su rostro de tanta sangre que se le agolpaba. Había muchos condones transparentes, completamente ordinarios pero, a medida que revisaba la zona se había topado con otras cosas más peculiares de diferentes colores y…
Rosado con flores amarillas.
Un tiburón.
¿Eso era un kunai?
El último, aunque sentía estar al borde de una hemorragia nasal, le causó cierta curiosidad malsana, pero efectivamente, se trataba de un cuchillo ninja de látex lubricado.
Tras dejar el último hallazgo en la bolsa, arrastró esta y sus pies más al fondo donde había algunas mantas sucias, no quería saber de qué, y afortunadamente, agradeciendo al cielo, basura común y corriente.
Se detuvo en seco unos momentos.
No podía creer que de verdad agradecía la basura común y corriente.
Siguió su trayecto mirando qué picaba y qué movía con sus "pinzas" adentrándose más. Para cuando empezó a perder visibilidad por la obscuridad sacó su linterna de mano, aunque ello complicó enormemente el uso de las pinzas de ramas.
Un bulto un poco más grande llamó su atención.
Arqueó las cejas denotando su preocupación…
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Ibiki inmediatamente dejó de lado lo que estaba haciendo, ese grito era de miedo real, y corrió dentro de la cueva preparando un sello de ofuscación que impactó sin pensarlo dos veces en la frente del muchacho dejándolo inconsciente. Recogió la linterna y en dos zancadas recorrió el tramo que el chico en su pánico había avanzado hacia la salida.
Soltó un bufido.
Shizune le iba a hacer un pleito grande.
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La puerta se cerró a espaldas de la joven médico que, con la mirada sombría le indicaba una silla en la pequeña y modesta oficina al capitán. Sospechaba que Shizune tenía una, aparte del escritorio de la entrada de la oficina de Tsunade, pero hasta ese momento jamás la había visto y la presencia de aquél espacio de trabajo personal era como un mito para hacerle creer a los demás ninjas que la chica tenía más vida que atender a Tsunade.
—Tetsuya-kun estará bien, no recuerda lo último y le dije que se cayó.
—Entonces mantenlo en casa, que coma algo y nos vemos mañana.
—Ibiki-san…
Susurró. La voz de Shizune, usualmente en tonos amables aunque altos, ahora se escuchaba vagamente ensombrecida.
—No puedo irrumpir en la junta, y el sello de seguridad se puso por dieciocho horas. Nadie puede entrar o salir del salón hasta que se retire.
—Dieciocho horas, es tiempo suficiente. Para cuando Tsunade-sama salga no tendrá porque enterarse de lo ocurrido, si Tetsuya no recuerda nada y tú y yo no hablamos no tiene por qué complicarse.
Nuevamente el rostro de la mujer se contrajo en una mueca inusual en ella.
—No me siento cómoda con la mentira, accedí a darte las misiones para sacarme del problema del chico y el atoro de misiones inconclusas pero, el que haya pasado esto involucrando a un civil, eso ya cambia, oficialmente el reporte que te di pasa de misió ¡¿Cómo voy a llenar el hueco?! ¿Qué equipo Genin me va a llenar el reporte con el hallazgo? Tsunade-sama se va a enterar…
Ibiki, sin alterarse, levantó el rostro al techo, si estuviera de pie este estaría demasiado cerca de su rango de visión, pero al aceptar la invitación a tomar asiento en una silla que crujía inconforme con cargar semejante humanidad, este se le figuraba bastante lejos, no así, como usualmente sucedía, de alguna manera las respuestas se rebelaron entre los acabados del plafón.
— ¿A quienes tienes castigados y porqué?
La morena levantó una ceja.
—Al de Otome; abandonaron al cliente cuando criminales ninja los interceptaron. Al de Hiroki; robaron al cliente luego de dejarlo en su destino. El de Takahashi; provocaron una pelea innecesaria en un poblado donde murió un aldeano y cuatro más resultaron heridos, y al de Asuma, Ino abofeteó a un cliente, que era de hecho, el hijo del Daimyō del País del Fuego, no iba a suspenderlos pero el padre del chico lo exigió.
—El de Asuma ¿Cuándo cesa su castigo?
Hizo memoria encontrando rápidamente el dato entre tantas cosas que le pasaban por la mente.
—Dos semanas.
—Levántales el castigo y déjalos en reservas para misiones D, si el feudal pregunta, dile que estábamos cortos de personal.
— ¿Y Tsunade-sama? No puede mentirle. — sentencio con firmeza.
Ibiki la miró seriamente unos instantes antes de levantarse y tener que mirarla hacia abajo por la diferencia de alturas, no así, Shizune no estaba ni ligeramente intimidada, estaba igualmente dispuesta a no cambiar su postura.
—A ella le dirás la verdad. — resolvió Ibiki con simpleza.
Por reacción se mordió los labios molesta consigo misma, jamás debió acceder a pasarle los reportes de esa manera.
—Mándales aviso a los chicos, los quiero listos en media hora en el lugar del incidente.
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—Creí que la suspensión nos iba a durar dos semanas más. — expresó Shikamaru cuando se encontró con Chōji en un cruce de caminos que los llevaba al punto de encuentro que marcaba el pergamino que acaban de recibir. Por respuesta, su amigo se encogió de hombros.
—Escuché que andan cortos de personal, tal vez solo nos levantaron el castigo a nosotros e Ino tenga que seguir en casa… o tal vez Asuma-sensei usó sus influencias en las cortes feudales para minimizar el incidente.
—Eso lo veo más difícil. — repuso Shikamaru reprimiendo un bostezo.
Ambos siguieron en silencio un rato más, solo con la grava bajo sus pies crujiendo suavemente y el trino de las aves cambiando de ramas y sobrevolando de un sitio a otro. Unos momentos después, finalmente vislumbraron la zona boscosa donde habían sido llamados, otra persona les esperaba a la sombra de un árbol. Se detuvieron abruptamente al ver de quién se trataba ya que evidentemente no era Asuma, lo que en sí era bastante inusual, ellos no habían rotado jamás de instructor y menos aún con un ANBU. Shikamaru tuvo un ligero presentimiento de que algo malo pasaba y desenlazó las manos de su nuca bajándolas hasta meterlas en los bolsillos de su pantalón aparentando tanta calma como siempre, aunque sin bajar la guardia.
Realmente tenía sentido que a él lo llamarían para iniciación de ANBU, no era pedantería de su talento, pero su padre le había advertido que luego de la demostración en el combate contra la mujer de la arena, más de un alto mando le clavaría los ojos, y como bien podría ser Tsunade, como el concejo, como "otros" que Shikaku no especifico, pero el indicar un tercer bando le complicaba bastante las cosas. De corazón lamentaba demasiado haber tenido que presentar examen, tan dichosa que era su vida en el anonimato.
Resopló fastidiado, y sin menospreciar a su amigo ¿Por qué llamarían a Chōji? O en un más desesperado caso, a Ino, pues la rubia venia corriendo desde otro lado.
—A la hora en punto, de verdad no quería esperarlos más de dos minutos.
El vozarrón de Ibiki desconcertó a Ino que se disculpaba por ser la última y no se había percatado de quién era el adulto presente.
— ¿Y Asuma-sensei? — preguntó sin miramientos.
—Si no está es porque no pudo venir, no necesitan saber más. Tenemos un cadáver a cincuenta metros de aquí, quiero un monitoreo del área y reporte verbal en veinte minutos.
Los tres chicos se quedaron estáticos mirando con total incredulidad al hombre, y no es que fueran idiotas y no hubieran entendido lo que había pedido, había un muerto en la cueva y quería información al respecto, no había problema con eso, era solo que ante todo, era el infeliz del examen del año pasado y no habían podido olvidarlo.
Un ANBU.
Un capitán ANBU concretamente.
Contra todo pronóstico, Ino fue la primera en reaccionar, en medio de remilgos aunque consciente de que era la única oportunidad para recuperar su actividad ninja y las migajas de su dignidad, caminó malhumorada hasta la entrada de la cueva, una vez ahí se giró con la manos en la cadera y apresuró a los otros dos que no se habían repuesto de la impresión inicial, o al menos eso parecía.
Shikamaru seguía dudando. Ibiki era una persona que le costaba bastante anticipar, de haber podido comprender su objetivo en el examen, se habría evitado un estrés innecesario, si bien realmente Ino había hecho todo haciendo cambios de cuerpo.
Evidentemente era un profesional en psicología.
Resignado, atendió los gritos de su compañera y sin sacar las manos de la bolsa se adentró con los otros.
Desde afuera el capitán se permitió llevarse una mano a la sien. Momentos después, a su lado cayó un ninja encapuchado que, de rodillas se limitó a dar su reporte.
—Está confirmado, es paciente del centro geriátrico de Akarui, reportado como desaparecido hace quince días. Su nombre es Jurō Jibe, ochenta y cuatro años de edad, nativo del País del Fuego, internado por voluntad propia hace treinta años.
— ¿Familiares?
El ANBU negó aunque enseguida se corrigió denotando que no había información al respecto en el centro, pero que estaban tratando de conseguir más sobre el anciano antes de tener que llevarlo al hospital donde Shizune ya había elegido personal discreto y de confianza para el examen post mortem.
En algún momento, en cuestión de segundos, el capitán quedo solo justo al tiempo en que los tres Genin salían de la cavidad con expresiones de total desagrado.
—Tal vez le dé más información un médico. — dijo Chōji mientras daba palmadas a Ino que inclinada hacia otro lado parecía tener las intenciones de vomitar en cualquier momento.
—Aunque aquí asesinato no hay, tal vez omisión por parte de sus cuidadores, se pudo haber muerto de causas naturales, quizás buscó refugio en la tormenta de hace unas semanas, ya tiene tiempo muerto…— explicó Shikamaru mirando de reojo las expresiones casi nulas del capitán —Pero lo que nos atañe es porqué terminó aquí ¿No?
Ibiki asintió.
—Ahí va a estar la complicación— retomó Shikamaru — ¿Tenemos que hacer la investigación desde las entrevistas? — preguntó nuevamente con apatía incontenida solo de imaginarse yendo de un lado a otro con el "Creo que vi…" de un hecho acontecido más allá del ayer. El asentimiento repetitivo del capitán no mejoró sus ánimos.
—El equipo médico vendrá en unos minutos, quería que le dieran una primera vista.
Un gruñido-grito-chillido de Ino lo interrumpió.
— ¿Pero es que están idiotas? ¡Somos Genin! ¡¿No esto tienen que hacerlo los ANBU?!
Aquel enorme hombre sonrió de medio lado callándola con aquél gesto meramente intimidante con el que se señalaba a sí mismo con el pulgar derecho.
—Estoy a cargo de esta investigación.
La rubia volvió a quejarse sobre la explotación a Genin.
—Jamás habíamos tenido una misión así. — concluyo aún iracunda, pero Ibiki no pensaba sostener un intento de conversación con una kunoichi novata, se limitó a señalarles el camino que debían de seguir.
Apenas desaparecieron entre arbustos y árboles, el ANBU encapuchado volvió a aparecer.
—Los muchachos harán una cortina, ustedes muévanse cerca y quiero todo sobre este hombre en mi escritorio para esta noche.
El otro asintió y dejó solo al capitán, que emprendió el camino para alcanzar a los tres novatos que entre reniegos armaban el esquema de trabajo que harían para abarcar la mayor cantidad de terreno y testigos con el mínimo esfuerzo en el mínimo tiempo.
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Los ojos de Izumo Kamizuki recorrían rápida, pero meticulosamente, todos y cada uno de los rostros que circulaban por la calle. Había exageradamente mucha gente en Konoha y buscar a alguien se hacía cada vez más complicado, sobre todo si llevaba una pila de documentos para entregar. Sobre los tejados, con el mismo instinto localizador, Kotetsu Hagane empezaba a malhumorarse, si había algo que odiaba aparte del alcohol tibio era no encontrar a la persona que necesitaban cuando lo necesitaban.
Estaban por cambiar de acera cuando de una de las casas salió un grupo Genin acompañados de un capitán ANBU.
Kotetsu se precipitó contra ellos, ya habían perdido demasiado tiempo y aún tenían que hacer el traslado de papeleo entre las oficinas que estaban en puntos diametralmente opuestos de la villa.
—Shizune-san quiere verlo. — se limitó a decir condensando la urgencia en su voz para no alargar más el encuentro con explicaciones. Afortunadamente para el Chūnin, aquel hombre era práctico y de rápido entendimiento, así que sin dar comentarios o más indicaciones, hizo sellos para luego, solo dejando una estela de humo, desapareció, quedando sobreentendido que captó la idea de Kotetsu que rápidamente se acomodó la pila de papeles y haciendo otro gesto a su compañero, se perdió entre la multitud propia de la hora más saturada de la villa.
— ¡Pero qué tipo tan mas odioso! ¡Ahora nos abandona!
—Vamos Ino-chan, hay que regresar con el horticultor.
— ¡Esto sí que es el colmo! ¡Nos tienen plantados dos semanas y nos regresan al servicio con estas cosas!
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El inmaculado blanco de afuera contrastaba radicalmente en aquel depósito donde todo era gris metálico y penumbras aliviadas por lámparas exploratorias, pero no eran tan impresionantes como la nueva gama de expresiones que Shizune le venía demostrando dejando una interesante faceta bastante imponente.
Tan solo habían pasado algunas horas desde que el equipo había recogido el cuerpo y al parecer ya había un dictamen.
—Diez días desde la defunción, causas completamente naturales para alguien de su edad; una deficiencia en el corazón. Tenía padecimientos de la cadera, ceguera total en el ojo izquierdo, y perdió el brazo izquierdo hasta la altura del codo, la muñeca derecha muestra signos de cirugía por rotura, la columna tiene daños sanados al igual que la rótula derecha, todas las falanges de los pies tienen fracturas soldadas de la infancia…
— ¿Era militar? — interrumpió Ibiki armando el patrón básico que alcanzaba a tener todo ninja con la gloriosa oportunidad de llegar a viejo.
Los ojos negros de Shizune se alzaron hacia él.
—Ibiki-san, esto ya ha ido demasiado lejos. — le advirtió haciéndole una seña con la mano para que la siguiera hasta la mesa donde descubrió sin miramientos el cuerpo, retirándole la sábana blanca bajo la cual, la pequeña y arrugada anatomía del hombre descansaba tras haber permanecido encorvado, abandonado en la cueva hasta la muerte.
Para ese estado de descomposición la piel reseca pegada a los huesos revelaba a penas una sombra de cómo pudo verse con pulso; era en definitiva el cuerpo anciano de un ninja, del tipo antiguo, del ya desaparecido corte raso de cabello y ni un solo pelo en el rostro desaparecido con cera caliente desde que empezaba a emerger en la pubertad, una moda que no duro mucho dada su falta de sentido.
El mapa de cicatrices en su torso desnudo era inconfundible aún entre los pliegues rígidos donde el músculo se aflojó, pero para aquello no lo había llevado Shizune, no sería ni el primer ni el último cuerpo que verían ambos, así que para no darle más rodeos al asunto, la morena pronto de apresuró a señalar su hombro izquierdo.
Sin consideración por la dama presente, el shinobi masculló una solemne e inapropiada maldición.
No solo era un ninja.
Era un ANBU.
Comentarios y aclaraciones:
Resurgiendo de entre los muertos vengo con una nueva temporada!
Fue más complicado de lo que parecía, y el largo rato desde la última publicación lo demostró, pero ya retomamos el vuelo, con la nueva temporada diseñada es imposible que no actualice otra vez en este año (lo sé, soy una cínica)
Ya saben cómo trabajo, ya seleccione a los compañeros de Ibiki, en este caso Shizune y los no tan inocentes Genin del equipo diez (si preguntaban por la ubicación temporal, es en el huequito entre Naruto y Naruto Shippuden, más o menos, Shikamaru ya no es Genin pero a fines prácticos es nuevo su ascenso, así que no cuenta.)
Ya saben, muchísimas gracias a los que le dan oportunidad a este extraño fic, gracias por sus comentarios y los agregados a favoritos, de verdad
¡Gracias por leer!
