Cuando Jaime se terminó el biberón se quedó unos segundos jugueteando con el pelo de su madre. Kate no podía dejar de mirarlo. Por un momento los hermosos ojos azules que había heredado de su padre se cruzaron con los de su madre y ambos sonrieron. Kate le miró con melancolía, pues era su primer día de trabajo y le daba pena separarse de él, aún sabiendo que iba a estar en buenas manos.

-¿Lo cojo? – dijo Castle, que había aparecido a su lado – Llegarás tarde.

Cuando Kate inclinó al bebé para que Castle lo cogiese en brazos, éste le vomitó en la blusa.

-Ugh – dijo Castle, haciendo una muesca de asco.

-Ahora sí llegaré tarde – dijo ella.


Dos horas después, Castle estaba aburrido. Había jugado con su hijo, le había leído dos libros e incluso había intentado enseñarle algunas palabras.

-Tú también estás aburrido, ¿eh? – le dijo al bebé, mientras lo balanceaba en su hamaca.

De repente fijó la vista en el maletín que Beckett solía llevar al trabajo. Se lo había dejado olvidado.

-Ya sé qué vamos a hacer, colega. Nos vamos a dar un paseo.


Cuando Beckett dio por concluido el interrogatorio, pues el sospechoso tenía cuartada, abandonó la sala de interrogatorios. Antes de llegar a su escritorio, paró en seco. No se podía creer que estuviese allí de verdad. Por la puerta del ascensor acababa de salir Castle con el cochecito de Jaime.

-¿Castle, qué haces aquí con el niño, no te lo dejé bien claro? – le dijo la Detective, esforzándose en no levantar la voz – No puede estar aquí.

-Solo hemos venido a traerte esto – dijo Castle, mostrándole el maletín.

-De haberlo necesitado habría ido a buscarlo, o te habría llamado – La Detective se quedó mirando fijamente a Castle, hasta que confesó.

-Vale sí. Estábamos aburridos. Y te echábamos de menos. El maletín ha sido la excusa perfecta para venir a verte.

A Beckett le enterneció, así que no pudo seguir reprochándole que hubiese llevado al bebé a la comisaría.

-Podemos comer juntos si quieres. Tengo que terminar de corroborar una coartada y termino.

-¡Genial! – dijo Castle, contento por haber conseguido un poco más de tiempo junto a ella.

Kate se puso junto a Castle para poder ver a Jaime, que dormía plácidamente.

-Ahora debéis iros. Espérame en el restaurante de enfrente.

-La cámara.

-¿Qué? – preguntó Kate, desconcertada.

-Hablo de la pizarra – dijo el escritor, mientras observaba detenidamente la pizarra del caso – La víctima es una mujer mayor, sin embargo entre sus pertenencias hay una cámara digital. Dudo mucho que sea suya.

El escritor sonrió, satisfecho ante lo que acababa de averiguar y miró a la detective, que escribió la palabra 'cámara' en la pizarra.

-Admite que me necesitas aquí – dijo él.

-Admito que eres útil. Puedo trabajar perfectamente sin ti.

-Estoy seguro – dijo él, abandonando la comisaría con una sonrisa de satisfacción en el rostro.

La Detective, todavía junto a la pizarra se mordió el labio inferior y puso los ojos en blanco. No lo iba admitir delante de él, pero lo cierto es que sí, le echaba de menos en la comisaría.