Capitulo 12 – "This Pleasure Needs Pain"

Nick observó atentamente la situación sin perder detalle. El ruido ambiente de decenas de personas comiendo no consiguió impedir que se concentrara al máximo. Si hubiera podido perforar objetos con la mirada, probablemente McCuerno y el cerdo ya hubieran pasado a mejor vida. Tenía más que claro que no era un encuentro fortuito, se notaba que eran buenos colegas viendo las risas y gestos que compartían. El matón se sentó en frente del rinoceronte de forma poco delicada.

- Oye, Nick, parece que hayas visto un fantasma… ¿Qué pasa? –Preguntó Claire algo intranquila mientras dirigía la mirada instintivamente hacia donde el zorro estaba mirando. No pudo evitar quedarse sin respiración. –Espera… ¡Es él!

El lobo miró también ipso facto. –Ostias, ¿ese es el cerdo de la grabación? ¿Estáis seguros?

- No hables tan alto Gabriel. –Ordenó Nick sin parecer especialmente exaltado. –Sí que es él. Garantizado. –Tras una ligera pausa, se inclinó hacia delante y continuó hablando en un tono algo más bajo. –Escuchadme bien los dos. –El zorro miro a los ojos bicolor de Gabriel primero y luego se detuvo en los ojos celestes de la leona. Observó de nuevo a su ex compañero y al matón mientras hablaban a unas cuantas mesas de distancia.

- Vamos a esperar aquí a ver qué es lo que hacen. Estoy en una buena posición para vigilarlos sin que me vean. –El zorro agachó ligeramente la cabeza. Miró instintivamente hacia el techo para fijarse en que el lugar donde estaban sentados no estaba especialmente bien iluminado. Era perfecto. –Esperaremos a que se marchen y les seguiremos. Recordad que ellos aún no saben quiénes somos, tenemos una gran ventaja. –Nick dudó un instante. –Bueno, McCuerno sí que me conoce, obviamente, pero no se podría imaginar por qué estoy aquí.

Claire no podía evitar dirigir de vez en cuando la vista hacia atrás casi como si se sintiera forzada. Sabía que haber encontrado a aquel hombre allí significaba estar un paso más cerca de reencontrarse con su padre. A pesar del alivio de ese pensamiento no pudo evitar sentirse terriblemente asustada.

- Vale, me parece bien. Hagamos eso. –Gabriel asintió suavemente mientras se apoyaba sobre la mesa. Claire tragó saliva.

- Vale… Vale, tú mandas Nick. –El zorro sonrió hacia ella en gesto de aprobación.

- Bien, os voy a ir diciendo todo lo que veo. En cuanto os de la orden, nos levantamos y me seguís de cerca, ¿de acuerdo?

No hizo falta que sus compañeros dijeran nada, simplemente asintieron y permanecieron en su sitio. Miraron con interés hacia el rostro de Nick.

- Están hablando animadamente… Se ríen bastante. Lo que daría yo por tener un micrófono direccional ahora mismo.

Aunque claro, fijo que si sacara un cacharro así aquí dudo mucho que pasara desapercibido.

De repente, un ligero movimiento del rinoceronte puso en alerta a Nick. –Le está… Le está dando algo McCuerno al cerdo. Parece… –El zorro se esforzó al máximo en poder ver que le daba. –Parece una… ¿tarjeta? Es negra. Me da la sensación de que McCuerno se está disculpando por algo.

- Oh, sí. Recuerdo bien que él también se disculpó conmigo después de que… –Gabriel no pudo terminar la frase. No hizo falta que ninguno le dijera nada. La mirada fija de Claire y de Nick en él fue suficiente para saber que no era el momento ni el lugar. –Vale, lo siento. –En ese momento el lobo se sintió algo avergonzado.

- Vale chavales, se marchan. A mi señal me seguís. –dijo Nick en voz baja mientras no perdía de vista la situación.

Primero se levantó el rinoceronte y acto seguido le siguió el cerdo. Ambos compartieron un abrazo y un par de carcajadas más. Continuaron hablando de forma despreocupada mientras se dirigían hacia la salida.

El zorro hizo un leve gesto con la mano y se levantó sin hacer el más mínimo ruido, asegurándose de estar caminando de forma natural y despreocupada.

Los dos desaparecieron tras la tela de entrada al buffet de modo que Nick aprovechó para aligerar el paso. Se aseguró de que no se hubieran detenido en la misma entrada asomando ligeramente el hocico.

Bien, siguen caminando. Van hacia la izquierda, hacia el fondo del pasillo.

Salió con decisión y se quedó apoyado en la pared frente a la puerta de entrada al buffet, observándoles. El sonido de la música de la planta superior volvió a hacer acto de presencia en el ambiente. Ni se había dado cuenta de que dentro del buffet apenas se escuchaba nada de la misma debido a las risas y al barullo.

Menos mal que hay bastante gente por el pasillo, así es mucho más fácil pasar desapercibido.

Y así era. A pesar de que no se pudiera decir que estuviera totalmente atestado, había gente de todo tipo charlando, riendo y sobretodo, intimando. Nick miró rápidamente hacia atrás para ver si sus compañeros le seguían. Así era. Se sorprendió al ver que Gabriel había cogido por la cintura a Claire. Le miró a los ojos y el lobo le devolvió una sonrisa. Nick se fijó en que Claire tenía una cara de agobio importante aunque parecía apreciar el gesto del adolescente.

El zorro se centró nuevo y continuó caminando. Tras un par de metros sus objetivos se detuvieron para charlar cara a cara de nuevo. Nick se apoyó ligeramente en la pared de nuevo, tratando de disimular a la vez que le imitaban Claire y Gabriel a su lado.

Tras un abrazo final entre ambos el rinoceronte se metió en una de las salas y el cerdo siguió caminando hacia el fondo del pasillo. Nick miró el cartel de la sala donde se había metido McCuerno y sintió un escalofrío.

"Jovencitos juguetones" Si se enteraran tu mujer y tus hijos de esto… Qué cabrón eres. Si ha hecho cosas con Gabriel, que no hará ahí dentro…

Por un momento pensó en hacerle una foto en aquel lugar para poder delatarlo, pero sabía que el objetivo a perseguir no era McCuerno y sus gustos sexuales si no aquel cerdo desaliñado.

Viéndolo en carne y hueso Nick pudo fijarse mejor en él. Calculó que tendría alrededor de 40 años. Llevaba unos pantalones raídos color crema y una camiseta marrón algo sucia y arrugada. Caminaba de forma cansada y sin ninguna prisa.

Me juego lo que quieras a que va a entrar por la puerta cerrada que vimos antes.

Casi como si el destino le escuchara observó que, en efecto, caminó con lentitud en dirección hacia allí observando a la gente de los alrededores. Una vez estuvo en frente de la puerta utilizó aquella misteriosa tarjeta que le había dado McCuerno en el lector digital. Un led del panel se puso durante unos instantes en azul y la cerradura electrónica se abrió.

Observando en silencio Nick vio como aquel tipo desaparecía sin llamar nada la atención y sin levantar ninguna sospecha, cerrando la puerta tras de sí.

Vale, la gracia ahora va a estar en saber cómo entrar dentro. Seguro que Cornelius está atrapado ahí. Por lo que veo la gente pasa bastante en general y a nadie parece haberle llamado la atención la puerta. Bien.

- Vamos chicos, venid. –Dijo Nick decidido mirando hacia el lobo y la leona.

Los tres se dirigieron hacia el final del pasillo y se fijaron en la puerta. Lo único que había cerca de donde estaba era acceso a otro par de salas más y unas cuantas parejas matándose a besos en los rincones más oscuros, ajenos a todo lo que les rodeaba.

El zorro palpó la puerta. Era de acero, imposible de abrir sin forzarla montando un escándalo. Nick se rascó la barbilla.

- Claire, estoy seguro de que tienen a tu padre detrás de esto. Tenemos que buscar la forma de acceder y ver que esconde el cerdo y sus amiguitos. –El zorro se cruzó de brazos un instante. –Y además, deprisa. No sabemos si ese tío volverá a salir pronto.

El brillo en los ojos de la leona se hizo más intenso y pudo notar como su corazón se aceleraba.

- Oye, se me ocurre algo. –Dijo el lobo mientras Nick y Claire fijaban sus miradas en él. –¿Y si McCuerno tiene otra tarjeta? Podría entrar donde se ha metido y cotillear en sus pertenencias. –El lobo comenzó a mover suavemente sus cejas. –Ya sabéis que, con mis encantos, nada es imposible.

Nick negó con rotundidad. –No, para nada. Ya te dije que te podrías ganar un dinero de forma honrada si me ayudabas. –El zorro le puso una mano en el hombro. –Y meterte en esa sala no me parece lo más honrado, la verdad. Buscaremos otro método.

Gabriel notó como sus mejillas se sonrojaban ligeramente, no recordaba cuándo fue la última vez que alguien se había preocupado por su integridad de esa forma.

- Bueno, vale, de acuerdo. Yo solo daba ideas…

Mientras tanto, Claire seguía fijándose en los alrededores. Consiguió anular por completo el ruido ambiente al concentrarse. De repente, se dio cuenta de algo.

- Oye, Nick, mira. Fíjate. –El zorro se acercó hacia su posición y vio que señalaba hacia la esquina inferior derecha de la pared donde se encontraba la puerta. Había un par de finas tuberías que descendían hacia abajo. –¿Eso de ahí no parece una trampilla? Mira como las tuberías van en esa dirección, como si en el piso inferior hubiera algo. A lo mejor es un acceso de seguridad, o algo por el estilo. Es que… –La leona sonó algo dubitativa. –No se ve muy bien con tan poca luz.

Nick entrecerró los ojos y se agachó a comprobar el lugar que había señalado Claire. Palpó por la zona y vio cómo su mano se manchó de suciedad al instante. Estaba claro que la limpieza brillaba por su ausencia.

Joder, qué asco. Mucho fiestón, mucha perversión… pero de limpieza cortitos. No quiero ni pensar todas las cosas que habrán caído por aquí. Pero bueno, al fin y al cabo es una fábrica, supongo que tiene sentido que esté así de sucio.

No era momento de ponerse tiquismiquis y continuó limpiando mientras Claire y Gabriel no perdían detalle.

Efectivamente, en la zona del suelo, una especie de cuadrado había quedado sepultado debajo de una buena cantidad de suciedad. Una vez estuvo la zona más o menos limpia quedó a la vista una trampilla en la que aparecían escritas las palabras "Mantenimiento" en una diminuta placa de metal.

- Premio Claire. Leona lista. –Nick miró desde el suelo a Claire y ésta pareció emocionarse. El zorro se incorporó. –Bien, es posible que bajando por aquí se pueda acceder a lo que quiera que haya detrás de la puerta. A lo mejor no, obviamente, pero por mirar no perdemos nada. –Se colocó su mano derecha en la cintura. –Es bastante pequeña, pero creo que cabré.

Claire se mostró bastante sorprendida ante lo que dijo Nick. –¿Qué quieres decir con "cabré"? No pensarás irte sin nosotros, ¿no? –El tono de la chica se notó frágil. Gabriel observó la situación esperando la respuesta del zorro.

Nick la miró con una ligera sonrisa dibujada en su rostro. El ruido de la música y del gentío pareció haber desaparecido por un instante para los tres. –Pensadlo, es lo mejor. Si entro yo solo será más sencillo que pase desapercibido. Además, si necesito ayuda os puedo avisar a través del pinganillo. –Se tocó instintivamente la oreja donde lo tenía colocado e hizo una breve pausa. –Gabriel está contigo. No os pasará nada.

Gabriel se cruzó de brazos y pareció dudar. Le contestó. –Hombre, no sé si es lo más sensato del mundo que te metas tú solo ahí dentro, pero tú eres el experto. Lo de que pases más desapercibido al fin y al cabo tiene sentido. –Acarició el brazo izquierdo de Claire suavemente mientras la miraba. –No te preocupes, le esperaremos aquí.

La leona miró de nuevo hacia Nick y pareció no estar conforme del todo. El zorro se acercó a ella.

- No te preocupes Claire. ¿Qué te dije? ¿Qué confiaras en mí, no? –El zorro le tocó suavemente la barbilla. –Pues te pido que lo hagas. Todo va a salir bien. Si de verdad está ahí detrás, hoy podrás verle y abrazarle.

Los azules ojos de Claire empezaron a enturbiarse, pero asintió. –Vale, de acuerdo. Tú nos avisas ante cualquier cosa.

- Por supuesto. –Nick la cogió de las manos. –Confía en mí.

- Bueno venga, no os pongáis tan acaramelados, vamos al tajo. –Dijo Gabriel mientras movía algo nervioso su cola.

- Tranquilo lobo, que ya voy. –Nick le guiñó un ojo, se giró y miró hacia la trampilla. –Bien, vais a hacer una cosa. –Giró con suavidad la cabeza para mirarles una vez más. –Colocaros ahí en la pared, apoyados de lado, como si estuvierais charlando. De esta forma yo podré trabajar bien en la trampilla a ver si se puede abrir.

El lobo y la leona asintieron y se colocaron tal y como les había dicho sin añadir nada más. Nick notó que Gabriel no tardó nada en darle conversación a Claire. No pudo distinguir bien lo que decía, pero juraría que había empezado a hablar de nuevo sobre cosas algo subidas de tono. Sonrío.

El zorro se agachó. La trampilla tenía una manilla algo oxidada en la parte derecha. Probó a tirar de ella. Aunque cedió un poco, no se abrió.

Umm, desde luego no parece una cerradura compleja. También está un poco oxidada. Yo diría que simplemente es algún tipo de pestillo.

Había una especie de agujero cuadrado en uno de los laterales.

Probablemente sea un hueco para una especie de manivela o llave para levantar el pestillo y que se pueda abrir… Me parece que esto va a ser sencillo.

Con una sonrisa Nick sacó su cartera y cogió una de sus tarjetas de crédito. Con facilidad la pudo introducir en la rendija donde estaba la manilla. La movió con suavidad con un gesto deslizante y en un par de instantes pudo escuchar como crujía el pestillo. Probó a alzar suavemente la trampilla y se abrió con un leve chirrido.

Bingo.

El zorro se levantó y se acercó hacia Gabriel y Claire, fijándose especialmente en si alguien se les había quedado mirando. Todos seguían a lo suyo. El ambiente seguía igual que antes.

- Bueno, ya la he abierto. Ha sido fácil.

- ¿Ya? Que rápido Nick. –Claire se mostró sorprendida y contenta. El zorro asintió.

- Así que tú también tienes tus truquitos, ¿eh, abuelete? –Gabriel le mostró una pícara sonrisa y Nick no pudo evitar guiñarle un ojo.

- Bueno, voy a bajar. Una vez esté en la zona inferior probaré a ver si me podéis oír a través de los pinganillos. –Nick hizo ademán de irse pero volvió a su posición. –Una cosa más, si os pido cualquier cosa, por loca que suene, hacedme caso, por favor. –Hizo una breve pausa. –Sin rechistar.

- Bien. Entendido. –Gabriel asintió mientras le contestaba. Claire tragó saliva con algo de dificultad, no podía esconder la preocupación en sus ojos.

El zorro se dirigió a la trampilla y la abrió con sumo cuidado, asegurándose una vez más de que nadie le observaba. No salió un olor muy agradable de dentro.

Y eso que no son cloacas. Por el Altísimo que peste...

Con sumo cuidado se asomó y vio una escalera de metal que descendía. Se metió con delicadeza y con suavidad cerró la trampilla de mantenimiento tras de sí.

Bajó por las escaleras metálicas y llegó al suelo. Se fijó en que unas viejas bombillas decoraban las paredes, ofreciendo muy poca visibilidad en el entorno.

Al menos no estoy a oscuras.

La música parecía haberse ido por completo, aunque aún podía notar como retumbaba en el suelo. Si la suciedad arriba estaba presente, aquí era la realidad absoluta. Todo estaba polvoriento y descuidado. Sin embargo, esto hizo sonreír a Nick.

Por aquí no ha pasado nadie en mucho tiempo. Eso es bueno. Una posibilidad de moverme libremente sin miedo a toparme con nadie. O al menos, eso espero.

El zorro miró hacia el techo. Se fijó en las tuberías que había visto Claire por primera vez. Serpenteaban un poco por la pared hasta doblar una esquina y continuar hacia abajo. Miró hacia la ubicación de la puerta electrónica en la planta superior y sonrió.

Perfecto. Un pasillo que va en la misma dirección de la puerta. Solo tengo que seguirlo y ver si con suerte puedo acceder a la zona a la que ha entrado ese tío.

Nick se tocó suavemente el pinganillo. –Chicos, ¿me oís?

- «Perfectamente Nick.» –Dijo Claire con un ligero tono de alegría.

- «Te oímos zorro. Que voz más sexy tienes con tanta reverberación. » –Gabriel no pudo evitar sonreír y Nick suspiró ligeramente sin contestar a ese comentario.

- Hay un pasillo que va en la dirección de la puerta de arriba, voy a seguirlo. Aquí no ha pasado nadie en años. Todo bien de momento.

- «Perfecto, ten cuidado.» –Le dijo una temblorosa voz femenina.

El zorro asintió, aún a sabiendas de que Claire no le vería, y comenzó a caminar con cuidado por el pasillo. Las viejas bombillas quedaron atrás y no veía demasiado bien, así que sacó su teléfono móvil y utilizó el brillo de la pantalla como linterna.

Espero no encontrarme ningún bicho raro. O cucarachas. Las odio.

El silencio comenzó a envolver a Nick. A pesar de que notaba en sus pies como las vibraciones de la música le seguían, cada vez estaba más alejado de la zona de baile.

¿A dónde lleva este sitio?

Se topó con unas viejas escaleras que bajaban. No podía seguir por ningún otro sitio así que no le quedó más remedio que descender. Siguió iluminando el suelo con su teléfono mientras miraba bien donde pisar. Una agobiante humedad comenzó a estar presente en el ambiente.

Al llegar a suelo llano caminó un par de metros, pasó por una pequeña fuga de agua proveniente de una tubería pequeña y se topó de bruces con algo que no le gustó nada.

Mierda. Una puerta de rejilla cerrada. A ver si tengo suerte…

El zorro empujó la puerta pero no cedió casi nada. Miró la parte superior, imposible pasarla por encima. Aquel obstáculo metálico también estaba cerrado electrónicamente. Aunque, eso sí, la cerradura parecía mucho menos compleja que la de la puerta del piso superior.

Esta cerradura no parece tan moderna como la de arriba. Se ve algo endeble. A lo mejor de una buena patada podría hacer que se abriera de par en par.

Antes de ponerse a hacer tanto ruido, barajó otras ideas. No quería delatar a nadie su posición. Utilizó el brillo de su teléfono móvil para buscar algún punto débil por donde atacar el obstáculo. Tras un par de minutos hizo un suave chasquido con su boca y negó con la cabeza.

Creo que no hay otra forma de abrirla. Tendré que arriesgarme a hacer algo de ruido.

Sin embargo, pensó que no estaría de más consultarlo. Se dirigió hacia sus compañeros. –Chicos, ¿podéis oírme bien?

- «Alto y claro zorro.» –Le contestó un enérgico Gabriel.

- He encontrado otra puerta electrónica, pero está cerrada. ¿Sugerencias?

- «¿Es como la de aquí arriba, Nick?» –La voz de Claire sonó con más confianza que nunca.

- No, no. –El zorro empujó un poco la puerta. –Es de rejilla, más endeble. Puedo ver que el pasillo continúa detrás de ella.

- «A lo mejor si le pides por favor que se abra, se abre.» –Gabriel rió en alto. Un par de sonidos secos se colaron a través del pinganillo –«¡Oye! ¡No me pegues!» –Dijo sorprendido el muchacho.

- «Perdónale Nick, ya sabes como es.» –Claire contestó algo airada. Nick no pudo evitar sonreír viendo la reacción que había tenido la leona. –«Pues no se me ocurre nada, ¿crees que es sensato arriesgarse a hacer ruido?»

- No sé la verdad… –Nick observó de nuevo la puerta. –Supongo que tendré que probar.

- «Un electricista te podría ayudar zorro. Si quieres te busco alguno por aquí. Un electricista sexy a poder ser.»

Acaba de recibir de parte de Claire y aun así lo vuelve a hacer. Un electricista dice… Electricista.

Nick se quedó unos instantes en silencio. De repente, sonrió. –¿Electricista?

- «Si, lo sé. Ya me callo. Antes de que Claire me pegue otro par de collejas.» –Gabriel sonrío.

- No, no. Creo que has dado en el clavo, pequeñajo. Ahora os cuento.

- «¿Eh?» –Claire no pudo evitar sonar confundida. –«¿Qué quieres decir?»

Al escuchar a Gabriel decir aquello, Nick recordó que en su tobillo izquierdo llevaba enganchado con cinta adhesiva su táser de autodefensa. Se agachó para cogerlo, cortando la cinta adhesiva que lo mantenía sujeto con una de sus garras.

Creo que ahora si me vas a ser de utilidad.

Nick se fijó en la cerradura electrónica, enfocándola de nuevo con su teléfono móvil. Dudó un instante. Recordó que unos pasos más atrás había pasado al lado de una fuga de agua. Se acercó a ella con premura y ahuecó la palma de su mano para coger un poco de agua, tampoco demasiada.

Joder, ¡qué fría está!

Con cuidado volvió a la puerta y tiró el agua que llevaba en su mano sobre la cerradura. No pasó nada, aunque ya contaba con eso.

Bien, vamos a darle un poco de caña al asunto.

Usó el táser que tenía en su otra mano para provocar una descarga en la zona de la cerradura. Tras un leve destello y un zumbido después observó que de la cerradura empezó a salir un ligero hilillo de humo negro.

El zorro solo tuvo que empujar la puerta con suavidad y se abrió. Miró con asombro el táser, se había estropeado. Decidió que lo dejaría allí mismo para no tener que cargar con el.

Soy el mejor.

- Vale, voy a seguir. Ya pude abrir la puerta. –Dijo Nick sonriendo. –Recuérdame que te invite a un heladito cuando salga de aquí Gabriel.

- «No sé qué habrás hecho pero déjate de heladitos, a mi invítame a un buen vodka.» –Gabriel comenzó a reír y Nick hizo lo mismo.

- «Ten cuidado, Nick.» –Añadió Claire en tono de súplica.

El zorro prosiguió unos cuantos metros, siempre alumbrando con su teléfono. Tuvo que tomar obligatoriamente un giro a la izquierda. De repente, en frente suya, vio con claridad una pequeña escalerilla que subía al piso superior. Estaba bloqueada por una trampilla similar como por la que había bajado. También pudo ver ver otro pasillo que giraba a la derecha, justo al lado de esa escalerilla.

Nick vio todo esto sin problemas ya que los laterales del techo de aquel pasillo no eran opacos, eran rejillas. Guardó su teléfono y se asomó desde abajo con cuidado hacia ellas. Se fijó en que unos tubos fluorescentes iluminaban la estancia superior. Había unas cuantas puertas de color blanco y en una de ellas se podía leer "Calderas". Justo en la que estaba encima del pasillo que se encontraba al lado de la escalerilla.

De repente pudo escuchar a lo lejos unas risas. El zorro se agachó un poco instintivamente. Alguien estaba a punto de entrar arriba. Sabía que era imposible que le vieran escondido ahí abajo pero no quiso arriesgarse. Se quedó observando entre las sombras.

- Te lo juro tío. ¡No veas la que tienen montada allí! Si es que nadie se da cuenta de nada, son unos panolis. –El cerdo que había estado hablando con McCuerno entró desde otra sala sin ningún tipo de cuidado, hablando animadamente con otra persona que le fue muy familiar a Nick nada más pudo verle.

Joder tío… ¡Es el oso de la grabación! Esto solo puede significar una cosa: Cornelius está aquí fijo.

- No sé cómo te puede caer bien ese tal McCuerno, a mí me parece un gilipollas de manual. –La voz del oso sonó más grave que la de su compañero. Iba vestido de forma parecida al cerdo. Continuaron caminando y entraron a la vez a la sala de calderas. Nick decidió seguirles desde abajo.

Es el sitio perfecto para espiarles sin que me vean. Vamos allá.

Haciendo el mínimo ruido posible, Nick pasó a través del pasillo que estaba al lado de la escalerilla y enseguida vio que ya no había más camino por el cual seguir. Otra pequeña trampilla permitía salir a la sala de calderas pero no había otra salida.

Bueno, mientras permanezca aquí escondido, estaré seguro. En esa trampilla del fondo parece haber un ligero desnivel. Puedo observarles mucho mejor sin que me vean desde ahí que desde aquí abajo.

Nick se acercó sonriente a esa ubicación y se colocó en posición pero rápidamente perdió la sonrisa. Lo que pudo ver le hizo tragar saliva lentamente y que le cortara la respiración de golpe.

No me jodas…

Allí estaba. Vio a Cornelius atado a una silla, con la cara ensangrentada y la ropa hecha jirones. Sus muñecas estaban atadas en la parte trasera de la silla y su cabeza colgaba hacia adelante con gesto de dolor y con los ojos cerrados. Estaba claro que no habían sido muy amables con él.

- Venga Jack, ¿cómo puedes decir eso? –El cerdo se apoyó en una mesa que había cerca de la puerta de entrada a la sala de calderas. –¡Sabes bien que gracias a McCuerno la jefa ha encontrado pistas muy valiosas! A mí me parece un tío de puta madre.

Otra vez la dichosa jefa… pobre Cornelius. De momento no puedo hacer nada. Tengo que esperar a que vuelvan a abandonar la sala intentar para rescatarle.

El zorro observó mejor la sala de calderas. Era muy amplia y grande. Una escalera metálica de peldaños en un lateral permitía subir a un nivel superior. En esa zona elevada había varias puertas con carteles ilegibles desde su posición.

La zona inferior estaba llena de máquinas y tuberías que recorrían las paredes en mil y una direcciones. No tardó en notar también un calor muy seco y algo desagradable. Pudo ver que al lado de Cornelius, como a 20 metros, había una puerta donde se podía leer "Salida de emergencia. Subida a envío de materiales."

Interesante… ¿Debería avisar ya a Claire? Si hablo aquí… Corro peligro. Mierda. No sé qué hacer. Lo más sensato será esperar.

El oso se acercó lentamente a una especie de armario pequeño cercano a la mesa y cogió una botella de agua. Bebió sin prisa y, entonces, respondió. –Normal que te parezca un tío de puta madre, os gustan las mismas perversiones cabronazo. –Los dos rieron un poco. –¿No te das cuenta que se cree el rey del mambo? Menudo capullo.

- No es ningún capullo tío. –El cerdo se incorporó de nuevo, mirando a su compañero.

- Vaya que no Dave, es el típico tío que se cree más listo que los demás. –El oso hizo una pequeña pausa. –Sabes bien que una vez que la jefa ya no le necesite… –Jack hizo un gesto como de degollamiento en su propio cuello.

Jack y Dave… Cabrones. Me aseguraré de que os empapelen pero bien. Pero si tienen de contacto a McCuerno… es un tío importante… ¿Estará la ZPD comprometida?

De repente, la puerta de entrada a la sala de calderas se abrió de nuevo. Los dos esbirros parecieron ponerse muy tensos de inmediato. Se quedaron erguidos, recuperando la compostura. Nick se fijó en la persona que entró y un escalofrío le recorrió la espalda.

- ¡Grayson! Que pronto has venido, no te esperábamos hasta dentro de un par de horas. –Dijo Jack perdiendo algo de firmeza en su voz.

Y ahí está el hijo de puta del tigre que ha jodido al padre de Claire… ¿Grayson, eh? Mierda, espero que no haya venido con intención de hacerle nada.

Grayson comenzó a caminar con gran lentitud atravesando la sala en dirección a Cornelius. Observó a sus dos esbirros con su único ojo bueno, un ojo azul pálido de mirada gélida y amenazante. Su gruesa cola se movía muy lentamente de lado a lado. Nick se sorprendió ante su tamaño. Probablemente le sacaba cinco o seis cabezas, como mínimo.

- Por lo que veo sois incapaces de hacer vuestro trabajo. –La voz de Grayson sonó tan profunda y grave que Nick pareció notar como su pecho retumbaba. El tigre crujió sus nudillos mientras se colocaba al lado de Cornelius, agachándose y levantándole la cabeza cogiéndole de la barbilla.

Los labios del león estaban hinchados y tenía varios cortes por toda la cara, Nick se estremeció.

- ¡Hemos hecho lo que hemos podido Grayson! Pero el capullo éste no nos dice nada de nada. –Replicó el cerdo. –Hemos usado todos los medios posibles para que cante, pero no hay manera. –Trató de excusarse el oso.

El tigre comenzó a reír de forma calmada y muy siniestra mientras miraba fijamente a Cornelius. –Si hubierais usado todos los medios, no tendría que haber venido yo personalmente a encargarme de esto.

Se hizo un incómodo silencio en la sala, únicamente entorpecido por los quejidos y suspiros de Cornelius.

- Mira, leoncito. –Le dijo un visiblemente molesto Grayson. –Aunque no me creas, puedo tener algo de corazón. –Volvió a sonreír. –No mucho, pero algo tengo. –Le agarró con más firmeza por la barbilla. –Solo tienes que decirnos donde tienes escondido el orbe y podrás volver a tu aburrida vida.

¿Orbe?

- Sabemos que lo tienes tú. –El tigre sonrío. –Bueno, más concretamente, sabemos que lo tiene tu querido ayudante.

Los ojos grises del león se agitaron ante aquella afirmación.

¡Adam! Joder… ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué es ese orbe del que hablan?

- «¿Nick? ¿Estás bien? Llevas mucho rato callado.» –El zorro pudo escuchar en su oído a Gabriel. Inevitablemente pegó un pequeño bote al notar al lobo en su oreja. Rezó porque la voz del muchacho no hubiera sonado demasiado alta. Casi sin pensar, apagó el pinganillo.

No puedo hablar ni permitir que me oigan aquí o soy zorro muerto. Espero que no se preocupen. Mierda, ¿qué debería hacer? ¿Aviso a Finn?

El zorro miró con cuidado su teléfono móvil y, como sospechaba, no tenía cobertura.

Genial… ¡Joder!

El tigre se levantó con lentitud, echando violentamente la cabeza del león hacía atrás. Cornelius soltó un quejido. Jack y Dave se acercaron a la escena, posicionándose cerca de la puerta de salida de emergencia. Los dos sonreían burlonamente.

Es que encima están disfrutando… ¡Es un anciano! Menudos desgraciados…

- ¿Nada que decir entonces, vejestorio? –El tigre comenzó a mover lentamente las garras de su mano derecha mientras las miraba.

Nick se fijó en algo extraño, parecía como si las garras tuvieran un aspecto sintético, incluso metálico.

Esas garras tienen algo raro… ¿Son de hierro o algo así?

- Yo… –La voz de Cornelius a penas se escuchó. –Yo jamás… os diré nada… –La pesadumbre en su voz era más que evidente. –No dejaré que unos malhechores como… como vosotros… encuentren la Ciudad. ¡Jamás!

El tigre puso un leve gesto de sorpresa a la vez que miraba a sus esbirros. Estos le devolvieron la mirada y los tres empezaron a reír a carcajada limpia de inmediato.

- ¡Vaya con el leoncito! –El tigre se agachó en frente de Cornelius de nuevo. –¡Malhechores! –Grayson continuó riendo mofándose de él, al igual que sus compañeros, mientras le daba un par de bofetadas suaves en la cara.

Hijos de puta… ¡Pero es que no puedo hacer nada! Si salgo ahí me harán papilla…

- ¿Sabes? A lo largo de mi vida… –El tigre puso su mano derecha en el pecho del león. La camisa estaba bastante destrozada, llena de sangre seca. Cornelius pareció ponerse algo tenso. –He aprendido que todo el mundo tiene un precio. –Esbozó una ligera sonrisa mientras empezaba a mover su mano ligeramente hacia la derecha. –Tarde o temprano, con los recursos adecuados, todo el mundo acaba entregando sus más secretas confesiones para poder sobrevivir. –Grayson pareció buscar algo con su dedo índice. –¿Dónde está? ¿Dónde está?... –Empezó a decir con un tono casi infantil. –¡Ah! ¡Aquí está! Esto es lo que buscaba…

Cornelius soltó un grito tan desgarrador y de tanta agonía que Nick se quedó petrificado viendo lo que Grayson le estaba haciendo. Le había introducido una de sus zarpas metálicas a través de las costillas, haciendo que la sangre saliera en abundancia casi de inmediato. El tigre se manchó su propia mano pero pareció darle igual. Un reguero rojo empezó a descender por la barriga del león. No tardó en acumularse de forma algo engorrosa en su muslo izquierdo.

- Ah, música para mis oídos. Algo me dice que ahora ya estarás algo más listo para cantar, ¿no?

La puerta de entrada a la sala de calderas se abrió. Nick dirigió la mirada hacia allí y vio a una joven guepardo entrar muy decidida. Su pelo castaño era corto y llevaba una camisa blanca perfectamente planchada. Sus pantalones de vestir de color azabache estaban enganchados a los hombros a través de un par de tirantes de color carmesí.

¿Y esta quién es? ¿Será la jefa?

- ¡Grayson! ¿Has averiguado algo? –La chica se puso una mano en la cadera mientras con la otra sostenía una tableta. Por su tono de voz se notaba que no estaba para tonterías.

A Nick le sorprendió la indiferencia total que mostró ante el agonizante Cornelius. Grayson se levantó lentamente desde donde había dejado a Cornelius sangrando.

- Estas cosas requieren tiempo, Kate. –El tigre se limpió la sangre de su garra con la lengua. Esto sorprendió bastante a Nick. –Tiempo y paciencia.

- Bueno, pues ella quiere saber si va a hacer falta que venga en persona hasta aquí o si tú te puedes encargar de verdad. –La chica hizo una leve pausa para resoplar. –Viendo lo poco que han conseguido los inútiles de tus hombres tengo mis dudas. –Le miró fijamente. –Ya sabes que no le gusta esperar. Y a mí tampoco.

- Lo sé, créeme. –El tigre se cruzó de brazos. –Lo sé bien. Dile que en breve tendremos respuestas. –Miró de reojo al agonizante Grayson. Los esbirros estaban completamente callados, tal vez algo avergonzados por las palabras de la chica. –Por cierto, ¿alguna novedad del seguimiento?

¿Seguimiento? ¿Y quien es esa tía tan misteriosa de la que hablan? Seguro que es la de la carta que recibió Cornelius. Claire, lo siento, ojalá te pudiera avisar pero esto es un maldito zulo…

- Sí. –La chica empezó a mirar su tableta con rapidez. –Ya sabemos con seguridad que el tío éste... –Dijo señalando con desprecio a Cornelius. –Le mandó un paquete a su hija. No tardaremos en localizarla. Podría ser algo importante.

A Nick se le heló la sangre. La cosa se estaba complicando por momentos. Sintió que todo a su alrededor era como un castillo de naipes que, tras un leve toque, se estaba empezando a derrumbar por completo.

- ¡No! Por favor… ¡Mi hija no! Todo menos eso… –El león sacó fuerzas de donde no tenía para pedir clemencia hacia su hija. –¡No metáis a ella en esto!

Cornelius alzó la cabeza agitando la silla a pesar de estar sangrando en abundancia por la zona de la perforación.

Tiene que estar sufriendo lo que no está escrito. Que impotencia, joder…

- Por favor… –Dijo la joven guepardo mientras sonreía haciendo un gesto como para taparse los oídos. –Menudo escándalo está montando. –Se giró y se detuvo en la puerta antes de marcharse. –Date prisa Grayson. Si ves que vas a perder el tiempo, cárgatelo y a otra cosa. Seguro que la hija sabe algo. Puede que hasta sepa dónde está el ayudante. –Sonrió levemente. –Ya veremos.

La joven se marchó dejando tras de sí el ruido de sus botines al caminar. Los ojos de Cornelius se abrieron al máximo a la vez que el tigre y los otros esbirros sonreían.

- Oh. ¿Qué me dé prisa? Encantado, Kate. –Grayson se giró hacia Cornelius con una sonrisa todavía más pérfida.

- No… de verdad… Ella no sabe nada. No sabe… dónde está Adam. Os lo ruego –El león comenzó a llorar sin poder evitarlo. Sacó fuerzas de donde no tenía para sollozar.

- Qué penita me das... –Dijo con sorna Grayson mientras volvía a acercarse hacia Cornelius para, sin avisar, meterle de nuevo una de sus zarpas metálicas en el costado. Esta vez, a una mayor profundidad. –¡Dinos de una puta vez dónde está el orbe de las narices y tu ayudante! ¡Estoy perdiendo la paciencia viejo de mierda! ¡Habla, joder! ¡Habla!

Las risas de los esbirros no pudieron cubrir el enorme grito de dolor que soltó el león. Lágrimas resplandecientes caían por su rostro mientras el tigre disfrutaba desgarrándolo. Nick lo pudo ver en el rostro del tigre. Disfrutaba haciéndole sufrir. En el fondo, le dio la sensación que le daba igual si le daba una confesión o no su prisionero. La sangre cada vez era más abundante y los lamentos de Cornelius pidiendo clemencia para su hija cada vez parecían más una súplica. Su última súplica antes de morir.

Joder… ¡Va a matarlo! ¡Va a matarlo y no puedo hacer nada! ¿Qué hago? ¿Qué hago?

El zorro volvió a mirar su teléfono como esperando alguna respuesta, pero todo seguía igual. No podía avisar a nadie. Cerró los ojos con fuerza intentando encontrar una solución a todo aquello, pero no la había. Sencillamente, no la había.

De repente, un extraño descenso de volumen en el jaleo alarmó a Nick. Dirigió la mirada de nuevo al grotesco espectáculo y se quedó con la boca abierta.

El oso se había quedado completamente inmóvil mientras el cerdo seguía riendo a su lado, ajeno a lo que acababa de suceder. Una especie de daga metálica se había clavado por completo en su cabeza. Sus ojos se pusieron en blanco al cabo de unos instantes y cayó en redondo al suelo.

- ¿Pero qué coño? ¡Jack! ¡Jack, que ha pasado! ¿Pero quién? –El cerdo se agachó a su lado sin saber cómo reaccionar, viendo la daga clavada en su cabeza. Esto hizo levantarse a Grayson, algo sorprendido, dejando a Cornelius de lado durante unos instantes. Su mano estaba completamente manchada de la sangre del león.

- ¿Qué cojones? –El tigre no pudo decir otra cosa al ver a uno de sus esbirros muerto, en el suelo. Miró hacia arriba como sospechando de donde podría haber venido el ataque. Ahí estaba el culpable.

¡Es el encapuchado que vi en el estudio de Cornelius! ¿Qué hace aquí?

Nick no podía sentirse más intranquilo y más inseguro. Su cabeza le daba vueltas intentando asimilar todo lo que estaba viendo mientras permanecía agazapado debajo de aquella trampilla. Observó como el cerdo intentaba reanimar sin éxito al oso y como Grayson miraba al encapuchado con un semblante extremadamente serio.

La misteriosa figura estaba de pie en una de las barandillas del piso superior, totalmente inmóvil. En aquel momento el único ruido presente en la sala era el leve sonido de las calderas y los dolorosos llantos de Cornelius.

Con un grácil movimiento aquel extraño bajó de un salto al piso inferior, apoyándose en el suelo para amortiguar el golpe. Lentamente se incorporó y se pudo ver claramente la máscara dorada que portaba en el rostro. La misma máscara extraña que Nick le había visto llevar en su visita al estudio de Cornelius.

- ¡Cabronazo! ¡Has matado a Jack! –Le gritó el cerdo desde el suelo de forma rabiosa.

No pareció inmutarse. Era bastante más bajito que Grayson pero su silencio y su comportamiento conseguía que los pelos de Nick se pusieran de punta. De repente, pareció relajar un poco su pose.

El tigre apreció este detalle y, en un abrir y cerrar de ojos, sacó de la parte trasera de su pantalón una pistola que disparó hacia él, sin preguntar. Nick abrió los ojos al máximo temiendo lo peor. Pero algo extraño sucedió.

La bala no dio en el blanco y el encapuchado permaneció totalmente inmóvil ante aquel ataque. Un leve destello salió de su extraña armadura en el momento del impacto, como si tuviese algún tipo de campo electromagnético integrado.

¿Pero qué me estás contando? Imposible… ¡No puede ser!

Incluso Grayson comenzó a reír, algo sorprendido. –¡Vaya, vaya! Y yo que pensaba que lo había visto todo. ¿Quién cojones eres?

El encapuchado permaneció en silencio. Con mucha suavidad sacó de uno de sus bolsillos una especie de dispositivo extraño. Grayson volvió a apuntarle con la pistola. –¡No me toques los cojones enano! ¿Qué coño quieres?

El cerdo miraba la situación en silencio. Grayson no perdió ni un ápice de firmeza mientras le apuntaba. Cornelius continuó lamentándose y desangrándose sin poder remediarlo.

El encapuchado extendió su mano y agarró aquel dispositivo. Tenía una forma que a Nick le parecía sonar, y por la reacción de Grayson, supo que él también sabía lo que era

- ¿Un detonador? –Grayson gruñó sin evitarlo. Entonces, sin dejar de apuntarle, agarró el cuello de Cornelius con su mano llena de garras metálicas. El león soltó otro quejido –¡Cómo hagas alguna gilipollez mato al viejo aquí y ahora!

El enmascarado observó aquel gesto y Nick apreció como, mientras miraba a Cornelius agonizar, cerraba con fuerza el puño que no sostenía el detonador.

Por primera vez el zorro y el resto de presentes en la sala escucharon la voz de aquel tipo tan misterioso.

- No debe ser encontrada. –Dijo de forma pausada y suave una voz masculina sin añadir nada más. Acto seguido, pulsó el botón del dispositivo sin dudar ni un instante.

Toda la fábrica empezó a retumbar y a vibrar. En la lejanía empezaban a oírse lo que parecían ser cientos de personas gritando. Explosiones. Muchas explosiones sonando al unísono.

¿Pero qué ha hecho el tío? ¡Ha detonado el lugar! ¡Lleno de gente inocente! ¡Mierda! ¡Tengo que salir de aquí!

- ¡Hijo de puta! –Grayson le vació el cargador entero mientras gritaba de rabia, pero ninguna bala le acertó. Tiró la pistola al suelo con saña.

El encapuchado dio un salto para volver a alcanzar la barandilla del piso superior que a Nick le pareció irreal. De sus botas había salido otra especie de destello extraño. Sin decir nada, entró por una de las puertas y se esfumó.

No puede ser… ¿Cómo ha hecho eso?

Grayson miró rápidamente al agonizante Cornelius y, sin pensárselo dos veces, le desgarró por completo la garganta de forma muy violenta, gritando, provocando que el león cayera al suelo mientras permanecía atado a la silla.

¡No! ¡No! ¡Mierda!

- ¡Dave! ¡A por él! –Ordenó el tigre al cerdo mientras subía las escaleras metálicas persiguiendo al encapuchado al trote. Dave le hizo caso sin rechistar dejando en el suelo el cadáver de su compañero asesinado.

Nick no perdió tiempo. En cuanto se quedó la sala despejada abrió la trampilla de golpe y salió escopetado en dirección a Cornelius. El suelo retumbaba y las explosiones todavía llenaban el lugar. No tenía mucho tiempo antes de salir de allí a toda mecha.

- ¡Oiga! ¡Oiga! –Nick se agachó al lado de Cornelius y comenzó a zarandearle, manchándose las manos de sangre sin poder evitarlo. Aprovechó para desatarle lo más rápido que pudo, aun a sabiendas de que ya no iba a servir para nada. –¡Cornelius! ¡Por favor! ¡Me tiene que ayudar!

El zorro sonó desesperado. El león tenía los ojos abiertos al máximo. Tenía dificultad para respirar, probablemente por la sangre acumulada en su garganta. De sus labios comenzaron a salir varios regueros de sangre que le mancharon la parte inferior de la boca por completo. Miró con nerviosismo al zorro sin cambiar ni un ápice el gesto de dolor.

- Su hija está bien. Créame. Claire está conmigo. No sufra por ella, de verdad. Está bien. –El zorro agarró al león por las mejillas sin poder evitar emocionarse y tratando de convencerle. Tenía que convencerle. –Pero tiene que ayudarme, estoy buscando a Adam. Su padre me envía, por favor. ¿Dónde está? ¿Dónde está Adam?

Nick sabía que el tiempo de Cornelius se acababa. Se sentía tremendamente decepcionado consigo mismo. Había fallado a Claire. Mil y un pensamientos sobre la leona se le pasaron por la mente pero sabía que no era el momento de andar con cautela. Necesitaba las respuestas y las necesitaba ya.

- Mi… mi pastelito… Mi pastelito. –Pudo decir a duras penas el león esbozando lo que intentaba ser una sonrisa al haber escuchado una última vez el nombre de su hija. –La casa… pequeña. Mi pastelito. Mi… Es mi pas… mi pastelito.

Aquellas fueron las últimas palabras del león torturado. Un león valiente que no había cedido ante Grayson y sus esbirros. Nick cerró los ojos mientras alzaba la cabeza, arrodillado al lado de Cornelius. Le agarró las manos, impotente.

- ¡Mierda! –No pudo evitar gritar en alto. - ¡Mierda! ¡Mierda! –Nick negó con la cabeza, sabiendo que todo se había ido al garete. Estaba perdido. Estaba confundido. Los gritos lejanos seguían escuchándose sin descanso. El suelo continuaba vibrando, tenía que darse prisa. Necesitaba asimilar todo lo que acababa de ocurrir, pero el destino no le iba a dar tregua.

La puerta de entrada a la sala de calderas se abrió. Nick se giró sorprendido desde el suelo y pudo ver a la joven guepardo que había entrado anteriormente mirarle fijamente. La acompañaban cuatro tipos armados con rifles portando máscaras anti gas. Apuntaron al zorro.

- ¿Pero… qué? –La chica abrió ligeramente la boca observando la situación. –Tú… ¡Tú eres! ¡Yo te conozco!

¡Mierda!

- ¡Disparadle! ¡Disparad a ese hijo de puta!