Capítulo 12
Merlín nerviosamente tragó saliva mientras miraba a Arturo a los ojos. El odio, el dolor, la ira, la desconfianza y la traición brillaron más de una vez como en un caleidoscopio en la mirada que le dirigía el rey.
"Contéstame" dijo el rey con una voz tan carente de emoción que el brujo no pudo evitar que un escalofrío recorriera su espalda. No había querido que Arturo se enterara de esa manera, Merlín miró asustado al rey.
"Arturo, yo…" empezó Merlín.
"¡CONTÉSTAME HECHICERO!" gritó exasperado el rey.
"Sí, Arturo, tengo magia" dijo finalmente Merlín desviando la mirada de su amigo, atemorizado del rey.
"¡No puedo creerlo! De todas las personas, ¿tú?" continuó incrédulo y enojado el rey "¡Confié en ti! ¿Y aún así decides traicionarnos?"
"Arturo, no, escúchame, por favor" pidió Merlín mientras sentía que se formaba un nudo en su garganta.
"¡Silencio! ¡No me hablarás como si fuéramos iguales! Te dirigirás a mí con el debido respeto ¿¡Te quedó claro hechicero!?" gritó el rey cargando la última palabra con la mayor cantidad de odio y desprecio que pudo.
"Sí señor" dijo mansamente Merlín sin poder contener más las lágrimas.
Arturo inmediatamente empuñó su espada apuntándola hacia el pecho de Merlín, y fríamente le dijo:
"Ahora darás media vuelta. Regresaremos a donde los caballos para volver a Camelot. No intentes nada o te atravesaré aquí mismo, ¿fui claro?" dijo presionando un poco más fuerte, cortando superficialmente a Merlín.
"Sí, señor" respondió dando vuelta lentamente y empezaba caminar, consciente de que Arturo no le quitaba la vista de encima y que la punta de la espada seguía sobre su espalda.
El brujo no sabía qué hacer, había repasado toda clase de escenario como para esperar esta reacción por parte de Arturo, inclusive llegó a esperar que lo dejara ir inmediatamente, pero aquí estaban, regresando a Camelot, a esperar un juicio y su segura sentencia de muerte, este sería el fin, ¿esto era lo que le deparaba el futuro?
Merlín consideró escapar, no le sería difícil hacerlo, no tenía que pronunciar hechizos; sin embargo, eso sólo le demostraría a Arturo que era como cualquier hechicero vengativo, además, él se había jurado nunca usar su magia sobre el rey con el propósito de dañarlo, únicamente para protegerlo. Él aceptaría el destino al que lo sentenciara.
Mientras vigilaba a su amigo, no el hechicero, la traición y las mentiras empezaron a vagar por la mente de Arturo. Todo lo que él sabía de su "amigo" era falso. 'Pero, ¿en realidad lo conocías?' dijo de repente una voz en su cabeza, ¿conocía a este hombre? Hasta hace dos días, el rey creía que Merlín detestaba y temía a la magia como cualquier persona en su sano juicio y sorprendentemente ese no era el caso, y todo porque él era un hechicero, un enemigo de Camelot.
Él era como todos los de su tipo: mentiroso y traicionero. 'Pero salvó mi vida' pensó de repente, si fuera como todos los demás, ¿por qué lo hizo? 'No esperes entender la mente de un hechicero. Son egoístas, sólo se preocupan por su propio poder y bienestar' dijo otra voz de repente. Pero Merlín no era así, él era la persona más desinteresado que conocía, él no podía ser malvado, ¿o sí? '¿Acaso todo habrá sido una farsa? Morgana era de buen corazón y mantuvo las apariencias hasta que usurpó el trono, ¿cuánto tiempo le tomaría volverse como ella?' continuó la voz.
'No, eso no puede ser' se dijo Arturo, 'él no…' Arturo titubeó. ¿Ese sería su destino? Continuó pensando el rey. 'A menos que sea purificado por el fuego, como debe hacerse a todo hechicero' continuó la voz. Un escalofrío atravesó la espalda del rey ante la sola idea de Merlín ardiendo en una pira, o en el patíbulo esperando a ser ahorcado o decapitado por el verdugo. Él no podría condenarlo a un destino así de cruel continuó pensando Arturo sin saber qué hacer con él.
-oOo-
El viaje de regreso a Camelot fue demasiado silencioso, ninguno de los dos jinetes se atrevía a decir algo. El joven brujo mantenía la mirada abajo, deseando encontrar su voz y poder explicarle todo a Arturo, decirle la verdad; pero por más que intentaba decir algo, el miedo y la duda de la reacción del rey terminaban por intimidarlo aún más, perdiendo el valor de hablar.
Arturo avanzaba rápidamente, manteniéndose vigilante ante cualquier movimiento que ejerciera su sirviente, preparándose para arremeter y detenerlo por si se atrevía a realizar un conjuro sobre él. Durante la cabalgata continuó sus reflexiones sobre la magia y la inconcebible idea de Merlín como un malvado hechicero.
Cuando llegaron al patio del palacio, Arturo bajó de su montura al igual que Merlín quien se quedó quieto esperando a que Arturo gritara que lo arrestaran y lo mandasen a los calabozos para esperar su pira.
Arturo entregó su caballo a uno de los mozos encargados de los establos. "Quiero que vayas inmediatamente a tus cámaras y no salgas de ahí. Estás relevado de tus deberes hasta nuevo aviso ¿está claro?" dijo fríamente el rey sin mirar a su sirviente.
"Sí, señor" dijo cabizbajo Merlín mientras se dirigía hacia donde le habían ordenado. Arturo miró momentáneamente a su ex sirviente caminar hacia las cámaras de Gaius con los hombros caídos y la cabeza gacha. Momentáneamente se vio tentado de ir a buscarlo y hablar con él; sin embargo, él no podía hacerlo, él era el rey y los reyes no corren a buscar traidores y hechiceros.
Ahora, tenía que tomar una decisión, una muy difícil decisión. Alejando su mirada de su criado, Arturo subió los escalones de la entrada del castillo dirigiéndose hacia sus habitaciones.
