Hola!

Disculpen la tardanza, he tenido bastantes ocupaciones, y mi querida amiga Eli ya lo tenia listo.

Gracias a todos los que ejan comentarios, se me hace muy padre que esta historia les guste, a mi también me gusta y muero de emoción cuando Eli me los manda.

Capitulo: Un grave error

El era un hombre sensato, o al menos es lo que siempre se repetía a sí mismo.

De pie frente al espejo, observo por millonésima vez lo bien que lucía ese traje azul oscuro de etiqueta, adoraba como se amoldaba a su cuerpo, y estaba casi seguro que le quedaba mejor a él, que a Sesshomaru Taisho. Lo había visto en una fiesta luciendo uno igual, y supo que debía tener uno también. Le costó varios billetes pero valían la pena, pues cada vez que lo usaba podía sentir las miradas hambrientas de las mujeres a su alrededor.

Adoraba sentirse así, lo hacían sentir… poderoso.

Se coloco un poco de perfume y luego fue hacia su mesa de luz, tomo su móvil y marco.

Había intentado hablarle gran parte del día, pero ella se rehusaba a responderle. No tenía mucho tiempo, y en cuanto el contestador atendió no dudo en dejarle un mensaje.

- Pequeña traviesa, sabes que quieres oír mi voz, en cuanto estés sola has sonar mi móvil una vez y yo te llamare. No sabes cuantas ganas tengo de volver a verte.

Onigumo corto la llamada y observo por unos segundos a su alrededor, odiaba el silencio que había en su habitación cada vez que cortaba la llamada, también odiaba que ella no respondiera a sus mensajes, que no asistiera cada vez que la citaba y que fingiera que no lo conocía.

El sabía la verdad… ella le temía.

"Mejor así" se dijo, siempre es mejor que te teman a que te tomen por imbécil. La tendría a sus pies como cuando era una adolescente hambrienta por probar cosas nuevas. Jamás debió dejarla, fue un error que lamento profundamente, el, tontamente creyó que ella le suplicaría que volvieran, que iluso, cuando fue a su apartamento aquella vez con la excusa de llevarle sus pertenencias, la mujer que amaba se había ido.

Fue el destino quien puso el paradero en sus manos y ahí estaba, dispuesto a todo por recuperarla, porque ella volvería a él, de eso estaba seguro.

Le pertenecía.

Observo su reloj, y decidió que su "cita" ya había esperado demasiado. Tomo sus llaves y salió de su departamento directo hacia el restaurante.

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Naomi estaba nerviosa, y angustiada.

Había llegado terriblemente temprano debido a los nervios, pidió una copa de vino blanco para calmarse, y cuando el camarero quiso tomar su pedido, dijo que pediría cuando su cita llegara… pero él aun estaba ausente.

Tal vez ella entendió mal la hora, o el había sufrido un accidente, cualquier excusa era válida, solo no quería sentirse rechazada.

Lo había conocido por internet, Sara la había instado a que participara de esos sitios para personas solteras y que disfrutara de la vida de una vez por todas, ahora entendía que fue un grave error.

¿Por qué había insistido tanto ese hombre en tener una cita con ella si no iba a presentarse?

- Sabía que no debía haber venido.- Susurro. Tomo su bolso y estaba a punto de pedir la cuenta cuando una mano tomo la suya y la beso.

- Lamento la tardanza Naomi, tuve una urgencia y cuando venia camino hacia aquí quede atrapado en el trafico. – Dijo Onigumo mientras tomaba asiento frente a ella.

Tal vez fuera la falta de costumbre, pero ella no pudo evitar sentir un incomodo escalofrío cuando el beso su mano, y sintió el impulso de retirarla, pero se contuvo.

- Estaba a punto de irme- Dijo en voz baja.

- Prometo compensártelo más tarde.- Hablo con voz grave, mientras le daba la sonrisa más sexy que tenia, esa que hacía que ellas babearan y fantasearan con lo que vendría después.

Naomi tomo con nerviosismo su copa de vino, mientras sentía como su rostro se teñía de rojo. Debía ser inteligente, ella era una mujer madura y se suponía que debía saber cómo comportarse frente a un hombre, pero allí estaba, sintiéndose como una colegiala.

Él hizo una seña al mesero quien se apresuro a tomar sus pedidos, y Naomi aprovecho el momento para estudiarlo, una cosa era hablar con el por el móvil, o verlo mediante foto, otra muy distinta el tenerlo frente a ella. Era apuesto, no había lugar a dudas, alto, de cabello oscuro, ojos marrones y un adorable lunar de su lado izquierdo por sobre su pómulo.

Onigumo sabía que ella lo observaba atentamente, fingía no darse por enterado, quería que ella confiara, necesitaba que lo hiciera.

- Así que, háblame sobre ti, quiero conocer todo sobre la mujer que ocupa gran parte de mis pensamiento.- Hablo él.

"Zalamero" pensó ella, lo conocía de apenas hacia unas semanas, seguramente le decía eso a todas sus conquistas. - No hay mucho que decir. –Dijo ella- soy viuda y tengo dos hijas. Una de ellas se caso hace unos meses y mi otra hija aun vive conmigo.

- Interesante.- Dijo él, mientras tomaba su copa de vino y bebía tranquilamente, pero Naomi creyó haber visto algo en sus ojos, un brillo extraño e inquietante cuando hablo de ellas.

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Sesshomaru estaba intranquilo.

Mientras manejaba hacia la propiedad de quien esperaba que algún día se convirtiera en su suegra, pensaba en lo extraño que había sido la situación hacia tan solo unos momentos, pues apenas habían salido del hospital, Kagome había soltado su mano como si esta la hubiera quemado.

Tal vez tenía miedo de que los vieran juntos o tal vez no fuera nada, solo su mente que no dejaba de sembrar dudas y desconfianza en si mismo constantemente.

Ella estaba sentada a su lado, mirando por la ventana, completamente perdida en sus pensamientos.

"Como el día de la boda de Inuyasha" pensó y sintió un molesto pinchazo en su pecho. "No es nada, ella solo mira por la ventana y piensa en la dulce abuela que cuida, maldita sea" Debía hacer algo, no podía permitir que ella siguiera así.

- ¿Quieres escuchar música? –Dijo, pero ella ni siquiera parpadeo- ¿Kagome? –Insistió. -¿Kagome me escuchas? –Volvió a hablar y sacudió su cabeza exasperado, tal vez debería poner música, quizás eso la trajera de nuevo. Debía pensar en algo, tal vez… -Kagome si no respondes prometo que meteré mi lengua en tu boca. –Dijo y rio con fuerza, cuando se dio cuenta de que había dicho sus pensamientos en voz alta.

Kagome no había escuchado nada, en cuanto salieron del hospital se sintió extraña, aun no estaba lista para empezar de nuevo, no sabía porque había besado a Sesshomaru, como tampoco sabía porque necesitaba tenerlo cerca, tocarlo, saber que él estaba allí para ella. La asustaba darse cuenta de que pese a todo lo necesitaba, él la hacía sentir diferente, y eso no era bueno, ¿o sí lo era?

El ruido de una risa la saco de su mundo y giro con rapidez su cabeza en cuanto se dio cuenta de que era su acompañante quien reía.

- ¿De qué te ríes?- Pregunto confundida y toco su rostro insegura, tal vez tuviera algo en su cara.

- De nada.- Respondió el mientras su sonrisa se convertía en una mueca. –Solo te pregunte si deseabas escuchar música.

- ¿Y eso fue gracioso?

- Lo fue para mí.

- Estas mintiéndome, lo veo en tus ojos.

- Mis ojos están fijos en la camino, ahora dime si quieres escuchar música o no.

- De acuerdo, ¿qué tienes? –Dijo mientras se inclinaba hacia adelante para ver la pantalla de su iphone

- Lo tengo todo.- Respondió con voz grave, mientras sonreía de lado con suficiencia.

Ella sintió como sus mejillas se teñían de rojo. -Me refiero a la música

- También yo. – Dijo él con naturalidad- ¿En que estabas pensando?

- En nada.

- Creo que estas teniendo pensamientos lascivos.

-Yo no estoy teniendo nada.

- ¡Uhu!

- Sabes que, mejor iremos en silencio.

- Porque, ¿deseas escuchar mi respiración?

- Ya deja de avergonzarme.

- No te avergüences de tus deseos.

- ¡Yo no te deseo!- Grito, y si no fuera porque el manejaba le abría arrojado algo en la frente para que callara.

Él sonrió con lentitud, giro su rostro hacia ella y se acerco lentamente hasta que su rostro estuvo lo suficientemente cerca como para sentir su aliento.

- Aun no, pero créeme, lo harás.- Dijo.

Kagome se quedo en su asiento, vio como el desabrochaba el cinturón de seguridad y bajaba de su auto, mientras silbaba. Habían llegado, y ella se sentía tan perdida y frustrada.

Perdida porque ni siquiera noto que habían llegado.

Frustrada, porque deseo que el cerrara la distancia y la besara.

S:S:S:S:S:

Inuyasha entro en la habitación de su padre, tenía la esperanza de que ella aun siguiera allí, su madre vio la decepción en sus ojos cuando lo vio recorrer la habitación con su mirada y noto su ausencia.

- Kikyo, deberías tomar asiento.- Dijo y mientras miraba a su hijo con reproche agrego. - Aun que deberías ir a descansar junto con tu esposo.

- Sí, creo que sería lo mejor, pero "mi esposo"- Hablo recalcando la palabra- Deseaba ver a su padre primero.

- De acuerdo, en ese caso es mejor que los dejemos solos- Naomi tomo del brazo a Kikyo y la arrastro hacia afuera.

Inuyasha no sabía cómo comenzar a disculparse, las palabras estaban allí, pero un "lo siento" no era suficiente, no cuando su padre por poco perdía su vida debido a su estupidez.

- Lo siento papá yo no quería que esto pasara.

- Lo sé- respondió con voz cansada- Se que no querías lastimarme, ni a mí ni a nadie, pero hijo no puedes seguir así.

- Las cosas van a cambiar a partir de ahora.

- ¿Si?, Y dime, como se supone que todo va a cambiar, porque no creas que no se que fuiste tras de Kagome, que incluso la trajiste aquí a ella en lugar de estar con tu esposa, Inuyasha.

- ¡No la amo! Sabes que no amo a Kikyo, sabes que yo…

- Lo único que sé es que no estaré aquí por siempre, y no quiero irme de este mundo sabiendo que uno de mis hijos es infeliz solo porque no deja ir el pasado.

- Ella no es mi pasado.

- ¿No lo es? Si es así entonces ilumíname, porque se con certeza que ella no es tu presente y que definitivamente no será tu futuro.

- ¿Porque estas tan seguro de eso? ¿Porque intentas separarnos?

- Yo no intento separarlos, de eso te encargaste tu solo al enredarte con su hermana y dejarla embarazada.

- No necesito que me lo recuerdes. –Y se cruzo de brazos, intentando cubrirse de las verdades dichas.

- Parece que si.- Toga cerró los ojos e inspiro con fuerza, no quería alterarse. –Dijiste que viste a tu hermano besando…

- ¡No me lo recuerdes! –Inuyasha cambio su postura, el enojo se hizo presente.

- …a Kagome, no hay que ser sabio para saber que él tiene sentimientos por ella.

- ¡No! Eso no es verdad.

- Si es así, ella merece ser feliz, al lado de alguien que la ame y la respete. Es una buena joven, y tú ya la has lastimado demasiado.

Inuyasha sabía que podría haber refutado, pero de nada serviría en ese momento, su padre necesitaba descansar, y él no tenia ánimos de estar discutiendo sobre su futuro con Kagome.

- Es mejor que descanses papá –Palmeo su mano de modo brusco. –hablaremos cuando salgas de aquí y te sientas mejor.

- De acuerdo, ahora ve a tu casa con tu esposa hijo e intenta dormir, las manchas oscuras debajo de tus ojos dan miedo.- Ambos sonrieron.

Toga vio a su hijo salir de la habitación y luego froto sus ojos con su mano izquierda, sentía ganas de llorar al ver así a su hijo menor, era demasiado terco, era igual a él.

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- ¿Estás segura que no quieres que te alcance hasta tu casa?

- No tomare un taxi. –Contesto Naomi, haciendo señas a uno para que se detuviera.

- Lamento si dije o hice algo que te molestara.

- No, de verdad debo irme Onigumo, lo pase muy bien.

- ¿Volveremos a vernos?

Naomi quiso decir que no, pero no sabía cómo reaccionaría él ante una negativa tan directa.

- Seguro. –Una sonrisa falsa se hizo presente.

- De acuerdo, te llamare.

Onigumo se quedo viendo como Naomi se marchaba, las cosas no habían salido según sus planes, había intentado sacar información pero la mujer contesto con evasiva a todas ellas.

Naomi respiro en cuanto el auto se puso en marcha, había sido la cena mas incomoda de toda su vida, mataría a Sara por haberla convencido en primer lugar. Onigumo no había escuchado nada de lo que ella le contaba, durante la cena había mirado su móvil tantas veces que era evidente que esperaba una llamada, tal vez se suponía que algún amigo le diría que tuvo un accidente o algo similar de modo que él tuviera que abandonar la cita.

"¡Ja!" pensó Naomi "Antes muerta que verme humillada de esa manera."

Ella era una dama, de modo que se puso de pie y dijo que debía irse, que la cena fue estupenda, y que tomarían ese café en alguna otra ocasión, aunque tal vez debió haberle dicho que lo harían dentro de un siglo, porque ella esperaba no volver a verlo en su vida.

Aunque algo le decía que se equivocaba.

"¡Ay Naomi! Esta cena fue un error".

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De pie frente al espejo, kikyo se observaba. Era hermosa, lo sabía, tal vez su cuerpo había cambiado pero pensaba recuperarlo en cuanto su hijo naciera "Nuestro hijo" pensó. Ella tenía grandes planes para ellos tres, su pequeña familia. Quería que él o ella fuera abogado, siempre dijo que sus hijos serian personas importantes. Acaricio su vientre y sintió como este se movía, "Sera igual a Inuyasha, será tan hermoso como él." Lo sabía, lo había soñado la noche que lo conoció. Recordó cuando le conto a Kagura que había conocido al padre de sus hijos, ella se había reído y le había dicho de que tendría que elegirle otro padre a sus niños ya que "ese" solo quería plantar su semilla en la maceta de su hermana. Sonrió con suficiencia, ella había ganado, Inuyasha no se había podido resistir a su encanto y ahí estaba, entrando en el sexto mes de gestación.

- Deberías acostarte.- Dijo Inuyasha a su espalda.

- Estaba esperándote amor.- Respondió, y se acerco tímidamente a su esposo para darle un beso cargado de amor en la mejilla.

Él no hizo nada, no sonrió ni intento devolverle el beso.

"Pero tampoco se alejo" Se reconforto.

- Aquí estoy, ahora ve a dormir, hoy fue un día agotador para los dos.

Kikyo no discutió, simplemente sonrió al ver que no había bebido y que se acostaba a su lado.

- El bebe se mueve.- Dijo luego de apagar la luz.

Estuvo a punto de preguntarle si deseaba sentirlo cuando Inuyasha apoyo su mano sobre su vientre. Sintió su risa al comprobar que su hijo le daba pequeñas patadas y un torbellino de emociones la inundaron. Ella sonrió mientras lagrimas de felicidad se deslizaban por sus mejillas.

Inuyasha no podía dejar de sonreír al sentir a su hijo moverse, se pregunto a quien se parecería. Imagino que el niño era suyo y de Kagome, imagino que heredaba los preciosos ojos de Kagome y su cabello negro y rebelde, en su imaginación ella acariciaba su mano con dulzura y le decía que él era el amor de su vida. Se durmió con una sonrisa en sus labios, imaginando que la mujer a su lado no existía.

"Solo nosotros tres amor, mi Kagome, mi vida"

Continuara…

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