¡Hey! he venido a darle vida a este abandonado Fic :'c espero aún haya alguien por aquí que quiera leer mis locuras x) y si no, no importa. Terminaré esta historia como reto personal. Una enorme disculpa por haber abandonado el fic :/ espero me perdonen todos... en fin. Un agradecimiento grande a JohnnyElRed que me ha animado a reanudar las escritura. Para mas info al final del cap... ¡Nos leemos más abajo! Pls ;)
El paisaje era deprimente. Miles y miles de hectáreas de rocas se extendían a lo largo de mi vista. El cielo era completamente gris y el hermoso sol de Celestia apenas podía atravesar la espesura de las nubes satisfaciendo las necesidades de visión de los seres vivos. Era realmente un llano vacío ya que no había señales de algún árbol cerca.
Seguí observando el paisaje pensando en cada detalle con el que me encontraba. Hasta que mi compañera de viaje rompió el silencio (que había durado unos segundos desde la última vez que había hablado).
— ¿No te encanta Rubik? Mis padres y mis hermanas te conocerán al fin… oh... ¡Estoy tan emocionada!
— Si… ya me imagino cómo serán… — En mi mente una rápida escena se dibujó. Yo llegaba junto con Pinkie a una casa colorida en medio de una alegre prado lleno de pastizales y árboles de toda clase. Al entrar a su risueña casa un enorme pastel y cuatro ponis de colores alegres me recibirían con un "¡sorpresa!" mientras me arrojaban confeti y miles de globos. Después me saludarían y llenarían de pastelillos y me harían preguntas sin parar del viaje, de cómo conocí a su hija, de… de… si planeábamos alguna boda o alguna pregunta rara como esa… Finalmente mi cabeza me regreso a la tierra al escuchar el silbato del tren anunciando la estación. — he… Pinkie… ¿no dijiste que nos bajábamos en la siguiente estación? — pregunté confundido mientras miraba de nuevo el páramo lleno de rocas
— Sipidipi — Respondió alegre
— ¿Nos equivocamos de tren?
— No… aquí es, hemos llegado. Vamos, antes de que parta el tren jeje — Dijo tomando su maleta y saliendo del vagón
— Vaya… parece que su casa no estará en un hermoso valle colorido… Bueno, supongo que aun así estará decorada alegremente… — Me dije a mi mismo mientras me hacía con mis alforjas y alcanzaba a la dama rosada.
Nos bajamos del tren y comenzamos a caminar por un áspero camino de grava. No había ni una sola alma a la vista. Anduvimos durante unos 15 minutos caminando hacia la nada. Pero Pinkie seguía saltando y riendo como si todo lo triste de ese lugar no le afectara en lo más mínimo.
— y… Ríete del miedo… — se escuchaba cantar a la yegua rosada mientras caminábamos. Llegamos finalmente a una clase de taberna en la que nos detuvimos a comprar un poco de sidra. El lugar entero me daba una muy mala espina. Estaba completamente vacío y de no ser por la luz, cualquiera diría que se encontraba abandonado — Voy a buscar un pastel para mis padres — Me dijo Pinkie mientras entraba en un pasillo de la tienda. Yo asentí y tomé su maleta mientras la miraba desaparecer. No me sentía del todo bien, había algo que me preocupaba y me ponía nervioso; quizá en parte que conocería a la familia de Pinkie Pie, pero de alguna forma me preocupaba haberme separado de mis amigos.
Decidí dejar de pensar en eso y me acerqué a la barra a tocar un timbre "¡Ring!" el estridente sonido rompió con el silencio. Detrás de un mostrador Pinkie reía alegremente con algo. Volví a tocar la campanilla y detrás de una cortina un semental demasiado delgado y alto apareció.
— Te escuche la primera vez — su voz era ronca y aguda, y su cabello estaba pintado de canas. Era un pony anciano, y al parecer muy cascarrabias.
— eh… si… quisiera un poco de sidra de manzana…
— ¿Sidra he?... nadie toma sidra en estos lares… — dijo fijándose en mi cuerno
— ¿Entonces lo vende?...
— ¿Qué hace un unicornio en Rambling Rock Ridge?
— ¿Qué?
— Tú eres un unicornio… Deberías irte de este lugar…
— eh… no, no se si me entiende señor. Quiero Sidra de manzana, si fuera de la granja Apple de Ponyville sería mejor
— ¿no me escuchaste? ¡¿Qué hace un unicornio en este lugar?!
— ¡Que le importa! ¡¿Tiene sidra o no?! — dije desesperado
— ¡NO HAY SIDRA PARA UNICORNIOS Y MENOS PARA TI!
— ¡NO SE ATREVA A PROVOCARME VIEJO LUNATICO! ¡DEME LA SIDRA O SE LAMENTARA!
— ¡¿ES UNA AMENAZA?! ¡TE CREES MUCHO PORQUE TIENES UN CUERNITO LLENO DE MAGIA! ¡PERO NO TE TENGO MIEDO!
— ¡DEBERÍA!
— ¡VEN AQUÍ Y VERAS COMO ESTE VIEJO TE DA UNA LECCIÓN! — para ese entonces ya estaba furioso. El vejete de un salto cruzó al otro lado de la barra con una cara amenazante. Yo completamente enojado estaba listo para ponerlo en su lugar pero…
— ¡Señor Scrubb! — gritó Pinkie enérgicamente llamando nuestra atención
— ¡Pinkamena! — Respondió el anciano sorprendido — ¿Qué haces aquí? Creí que no volverías hasta el cumpleaños de tu hermana
— jeje ¡vine a visitar a mi familia señor Scrubb! Hubo un situación… — Pinkie se acercó al oído del semental y le susurró unas palabras al oído. Eso de cierta forma me molestó.
— ¡¿Qué?! — lo que fuese que le dijo lo sorprendió — ¿este chico? Pero Pinkamena… Es un unicornio… tu padre…
— No se preocupe por mi padre señor Scrubb, estoy seguro que a él le agradará
— Está bien — dijo el viejo suspirando
— Rubik, te presento al señor Scrubb
— Un gusto…— le dije por mera educación
— muchacho, acompáñame por la sidra a la parte de atrás — Yo asentí un poco confundido y desconfiado, pero Pinkie me miró con una sonrisa de confianza. Si a ella no le daba mala espina ese sujeto entonces yo podía confiar en él.
Pinkie sonrió detrás de la cortina y regreso a sus cosas. Yo seguí caminando detrás del viejo durante unos segundos hasta llegar a una clase de almacén. Encendió una lámpara y comenzó a revisar sus botellas.
— hmmm… ¿Dónde está?... al Señor Pie le gustan añejos… oh si, aquí está. Ten muchacho, una botella de la familia Apple de 1845… eso bastará para él… necesitarás mucha ayuda… — no entendí muy bien a que se refería. Total tomé la botella y la guarde agradeciendo al anciano
— Gracias, supongo que esta botella será cara… — dije sacando mis bits
— Es un regalo, para Pinkamena y para ti… más te vale cuidar de ella muy bien; ya debes de saber que tiene muchos… muchos amigos…
Hice caso omiso de la amenaza del viejo y guardé mis cosas. Salimos de nuevo a la tienda y Pinkie Pie llevaba un pastel colorido, algunos dulces y globos, y más cosas así. Pagué la cuenta ignorando las palabras del viejo cascarrabias sobre que todo era un regalo y salimos del local para continuar nuestro camino.
Cada paso que daba sentía algo que nos observaba. Y vaya que tenía razón. Ni yo ni Pinkie nos dimos cuenta de que un par de ojos nos miraba desde la punta de una enorme roca. Nosotros caminamos otro buen tramo ignorantes de todo lo que ocurría alrededor. Lo cierto es que yo tampoco iba prestando mucha atención, me distraía en mis pensamientos…
Ahora bien, mientras Pinkie y yo nos dirigíamos a su casa. Muy lejos de ahí, en lo que parecía un hemiciclo, decenas de cebras y ponies de distintos tipos, pero con una mayoría simple de ponies de tierra, discutían acaloradamente a gritos.
— ¡Orden, orden!
Un pony anciano de tierra gris, con calva y larga barba blanca, golpeaba un martillo contra su mesa, justo detrás y por encima de donde se encontraba el puesto para aquellos que quisieran tomar la palabra. En ese puesto precisamente se encontraba un unicornio rojo de crin morena que sonreía confiado.
— Gracias, ciudadano presidente. — le dijo el unicornio al anciano.
— Es el turno de palabra del ciudadano Red Flag. Sé que el tema a tratar puede resultar polémico, pero espero que el debate no vuelva a verse interrumpido.
Todos los miembros del congreso del pueblo quedaron en silencio, a lo que Red sonrió confiado.
— Nuestros espías en Equestria nos han confirmado finalmente lo que ya sospechábamos. Nuestros eternos enemigos, Cordis Die, se han revelado finalmente contra el régimen que durante tantos años oprimió al pueblo pony. Todos sabemos que las princesas no saben de guerra alguna, que su guardia real, es prácticamente no más que un mero ornamento para adornar la ciudad donde sus burgueses se regodean en su opulencia. No tienen oportunidad alguna, y por mucho que apele a la diplomacia, esos salvajes infartados no escucharan. No serán capaces de defender sus tierras. Lo único que tienen a mano son sus elementos de la armonía, y Celestia jamás permitiría su uso contra... "sus ponies".
Todos comenzaron a cuchichear ante tal término. Claramente Celestia lo utilizaba como apelativo cariñoso para referirse a sus súbditos, pero los ciudadanos de Aequoterra lo veían como si designase a los ponies de su propiedad.
— Por lo tanto, debemos comenzar a tomar terreno antes incluso de que Cordis Die firme la declaración oficial de guerra. Cuanto más territorio tomen los infartados, más nos costará recuperarlo luego.
El unicornio sonreía convencido mientras todos le aplaudían con calma, hablando entre ellos sobre sus razones. Pero en ese momento, un pegaso verde, de ojos también verdes, y pelo castaño, vestido con un chaleco negro, se puso de pie, llamando la atención de los que estaban a su alrededor. Red lo notó también, y giró la cabeza fastidiado.
— Me temo que el ciudadano Red Flag nos está llevando a un error de juicio, aunque haya acertado en muchos puntos.
— Oh, porque siempre tienes que robarme mis momentos, hijo de...
— Ciudadano Strong Mind, ¿tiene algo que objetar?— interrumpió el presidente del pleno a Red.
— Pido la palabra, señoría.
Red Flag se bajó del puesto, mientras se cruzaba con Mind, maldiciéndole por lo bajo, mientras este no parecía en absoluto molesto por ello. Este se colocó en el puesto que ocupaba el unicornio.
— Es el turno de palabra del ciudadano Strong Mind.
—Gracias, ciudadano presidente.
Se giró hacía los miembros del congreso con rostro firme y comenzó a predicar.
— Ciudadanos congresistas, vengo a decirles, que nuestra mejor opción por el momento, es que la situación entre Equestria y Cordis Die se desenvuelva a libertad, mientras nosotros esperamos sin intervenir.
— ¡Oh, esto es el colmo! ¿Qué esperas, que crucemos las patas esperando que los infartados se encuentren a nuestras puertas tras tomar Canterlot y el Imperio de Cristal? — dijo Red Flag sobresaltado.
El presidente del hemiciclo no dijo nada. Estaba muy acostumbrado a estos incidentes entre estos dos. Mind simplemente giró la vista con calma sin inmutarse.
— No, pero entrometernos directamente desde el inicio sería asegurarnos la derrota. Para empezar, sus presunciones sobre las fuerzas Equestres podrían hallarse completamente equivocas. Son la nación conocida más antigua de este mundo. Si han sobrevivido tanto tiempo es por algo. Yo no daría su derrota inmediata como algo por sentado. Principalmente porque no sabemos absolutamente nada de ellos. Y aunque se ha acordado de mencionar a su armonía, parecen olvidar otra fuerza a su disposición que no sería tan moralmente capada.
— ¿Quién? ¿La princesa Cadence y su corazón de cristal? ¿Su reformada princesa Luna? — dijo sonriendo confiado.
Mind se mantenía serio, sin mostrar molestia alguna.
— ¿Qué hay del dios del caos? ¿Qué hay de... Discord?
Todos comenzaron a murmurar entre ellos, mientras Red soltaba un puchero.
— Todos sabemos de lo que es capaz esa criatura. Por lo que sabemos, puede que incluso este controlando las acciones de las princesas bajo las sombras. Su poder no parece conocer límite alguno. Todos sabemos lo que le hizo al asentamiento conocido como Ponyville. Y ahora se ha posicionado claramente a favor del actual régimen.
— Ya, les fue tan leal durante el ataque de Lord Tyrek. — volvió a decir Red.
— Eso precisamente no hace más que probar mi punto. — dijo igual de calmado. — Eso demuestra lo altamente impredecible de su forma de actuar. Podría aparecerse ante Cordis Die y nosotros y acabar con ambos en un chasquido. Además, incluso tras su "traición", volvió al servicio de las regentes. No creo que tengamos la suerte de que vuelva a traicionarlas pronto.
Entre los murmullos podía notarse que casi todos apoyaban el punto de vista de Mind, mientras que Red hervía por dentro.
— Y no digo que no intervengamos. Pero mientras los infartados y los Equestres luchan y se olvidan de nosotros, se debilitarán. Tiempo que podremos aprovechar para estudiarlos, conocer sus armas secretas, y cuando sepamos todas sus debilidades, poner todo nuestro peso en la balanza para decantarla a nuestro favor, y liberar a esas tierras de su cautiverio forzado.
El congreso en pleno lo ovacionó con aplausos y vítores.
— Se levanta la sesión por hoy — dijo el presidente golpeando con el martillo.
Todos los congresistas se levantaron para salir, mientras Mind suspiraba por lo bajo. Red se dirigió a él.
— Has vuelto a conseguir lo que querías a base de arrebatármelo a mí. Pero no te preocupes. Llegará el día en que me adueñe de algo que tú quieras.
— Como si fuera a informarle de lo que quiero, ciudadano Red.
Red gruñó un poco, y salió del lugar con paso lento.
Mind fue de los últimos en salir, donde se encontró con un unicornio completamente blanco y de ojos azules, llevaba un extraño atuendo que parecía ser de tipo militar de gala.
— Ciudadano Mind.
— Ciudadano Gentle.
Ambos se subieron a un vagón metálico, que circulaba por unas vías pegado a otros vagones, pero sin verse ninguna locomotora. Se subieron al vagón vacío, corriéndose la puerta tras ellos automáticamente, a pesar de que no había nadie haciendo magia para moverla.
Unos cables que se movían por encima de las vías, e iban conectados a los vagones, soltaron unas chispas que hicieron que el extraño tren comenzara a moverse.
En el interior, pudo verse a Mind caer al suelo, mientras gimoteaba quejándose.
— ¿Por qué, por qué, por qué...? ¡¿Porque ese tipo tiene que darme siempre tantos problemas?! — dijo golpeando el suelo con una pata, rompiendo por completo su cubierta fría y segura de sí mismo.
Su amigo militar no pudo evitar sonreír ante esto.
— Sabes, no entiendo cómo puedes soportar todo el día ese espectáculo. Hice bien quedándome en la fuerza de defensa. Al contrario que tú.
— A pesar del estrés esto me gusta. Y ya sabes que no lo soporto. Solo FINJO que lo soporto. — dijo con una sonrisa triste.
— Fue una suerte que tuvieras ese talento interpretativo, con lo inseguro que eres a veces.
— La gente como yo tiene que aprender a crear una barrera entre ellos y la sociedad, o nos aplasta. Pero en fin, hablemos del trabajo, y deja de escaquearte. — dijo riéndose.
— Je, ya casi lo olvido. — el unicornio miró por la ventana.
En el exterior podía verse una gran urbe de edificios y casas mayormente metálicas. Solo las edificaciones más simples parecían hechas de madera. Raíles y artilugios que se movían tanto como vertical, horizontal, y diagonalmente, y unas grandes chimeneas humeantes en el horizonte, lejos de la zona de población.
— Los unicornios, la cebra y el pegaso que se encontraban con las portadoras de la armonía en el estadio de Cordis Die, han partido de Ponyville junto a ellas en distintas direcciones.
— ¿Supongo que nuestra gente conocerá más o menos su ruta? — preguntó Mind.
— Claro. Sospechan que se dirigen al Imperio de Cristal, pero seguimos sin saber cuál es la relación de esos cuatro sujetos con el General Heart.
—El muy egocéntrico pensó que no le reconoceríamos. Aunque supo fingir bien su defunción.
El raíl en el que iban cambió de vía, y comenzó a moverse horizontalmente.
— Pero si tan interesado está el líder de Cordis Die en ellos, es que son importantes. — dijo Gentle.
— A estas alturas, los agentes de Cordis estarán siguiéndoles también. Dile a nuestra gente que si pueden, impidan que sean capturados por ellos. Y si es necesario, que los traigan aquí por la fuerza. Necesitamos información y aliados para ganar esta guerra inminente.
— ¿Porque traerlos por la fuerza?
Mind miró por el cristal, para ver como aparecían casas suspendidas por globos y aspas de helicópteros entre las nubes, con toda una serie de caminos que las conectaban entre sí.
— Son aliados de las princesas. Ya sabemos cómo de férrea es la lealtad de quienes las siguen. Así son los Equestres, devotos a las monarcas del sol y la luna. Debería pasar algo muy grave para que estuvieran dispuestos a darles la espalda por nuestra causa.
Gentle se unió a Mind en la ventana. Juntos podían ver la grandeza de Cartago, la capital flotante de Aequoterra. Miles de ponis y cebras caminando por las calles. Viviendo como iguales, buscando su ideal. Una sociedad libre y unánime donde la voz y opinión de todos sería siempre respetado…
— ¿Estás bien Ru? — me preguntó Pinkie Pie después de haber caminado mucho en silencio
— Claro ¿por qué lo dices?
— Llevas todo el camino mirando el suelo y no te has quejado o reclamado que guarde silencio — su comentario me causó gracia
— No me siento bien Pinkie… presiento que ni Kain, Sky, ni yo debíamos separarnos
— No te preocupes por ellos. Rainbow cuidará de Sky y Applejack no le quitará los ojos de encima a Kain, así como yo no permitiré que nada malo te vuelva a ocurrir — se lanzó a abrasarme de manera que detuvimos la marcha. Nos quedamos así un buen rato, como si ella estuviera recordando todo lo que el General me había hecho. Yo no supe que hacer, simplemente correspondí el abrazo y esperé a que dejara de temblar.
— Todo estará bien… vamos, Se hará tarde Pinkie… — ella no me dijo nada, con desilusión asintió y reanudamos la marcha, con mucho más silencio del que había cuando iniciamos.
Finalmente después de otros 20 minutos de caminar vimos una vieja casa a lo lejos. Una granja para ser exacto. Pero se me hizo completamente absurdo, no había animales, maíz, tomates, árboles… absolutamente nada que cosechar. Además la casa era completamente gris, igual que la roca de alrededor. Yo simplemente creía que debía haber una equivocación.
— ¿esa es tu casa Pinkie?
— Si, es la casa de mis padres — me respondió recobrando su alegría y volviendo a dar saltitos. Me tomó de una pata y me arrastro a toda velocidad a la casa. Una vez adentro no espero para gritar — ¡Mamá! ¡Papá! ¡Estoy en casa!
Lo que creí que sería una explosión de globos, confetis, ruidos y pastel en realidad fue… bueno… no fue lo que esperaba. De un marco que aparentemente era la entrada a la cocina apareció una yegua adulta. Era color gris y su cabello estaba perfectamente peinado. Llevaba además unos lentes anticuados triangulares, y podía notar en su Cutiemark un trio de rocas.
— Pinkamena Diane Pie… ¿Eres tú? — me quedé confundido al oír cómo la había llamado
— ¡Mamá! ¡Que gusto verte! — respondió la yegua rosada arrojándose a las patas de su madre y abrazándola.
— Pinkamena, no esperábamos tu visita hasta el cumpleaños de tu hermana y… oh… ¿Quién es tu amigo?
— ¡Él es Rubik mamá! Él es… — de nuevo Pinkie Pie no me dejó oír y le susurró a su madre unas palabras que fueron imposibles de oír para mi, pero debía ser lo mismo que le dijo al viejo, porque la reacción fue precisamente la misma
— ¡¿Qué?! Yo… yo… he… un gusto muchacho, Cloudy Quartz— dijo forzando una sonrisa
— Un gusto para mí también, yo soy Rubik
— Me gusta tu pelaje y tu cuerno jeje eh… Pinkamena, iré a buscar a tu padre — Dijo la señora saliendo
— Parece que a mama le agradaste, no suele ser muy emotiva con las visitas
— Si ella es tu madre, ya me imagino al resto de tu familia
Apenas íbamos a comenzar a caminar cuando escuchamos un alboroto en las escaleras. En la parte superior, se asomaba una pony que tenía el cabello completamente liso y me recordaba a alguien. Nos miró con los ojos abiertos y jadeando. Su color era gris, y su melena del mismo pero con un tono más obscuro. A decir verdad era idéntica a Pinkie Pie, ella era a quien me recordaba, a ella con su cabello lacio esa vez en el hospital. Fue entonces que no tuve que suponer que era su hermana. La yegua siguió con sus ojos violetas sobre nosotros, con una expresión de emoción que delataba que explotaría en cualquier momento. Miré a Pinkie que la observaba con la misma expresión.
— ¡AAAHH! — Gritó la yegua gris, la tormenta comenzaba — ¡Limestone! ¡Es ella!
— ¡¿Qué?! — Se escuchó otra voz femenina desde otro punto de la casa — ¡Espérame Marble! — Finalmente a trompicones apareció junto a la chica que ahora sabía que se llamaba Marble, otra yegua; que aunque esta no guardaba mucha similitud con Marble ni Pinkie (que como ya dije, parecían gemelas), era fácil darse cuenta que eran hermanas, ya que ella también llevaba el cabello lacio y sus ojos eran color miel. Las dos alternaban sus miradas entre Pinkie y yo hasta que finalmente, después de dos segundos se consumó el reencuentro fraternal. Pinkie Pie, de un solo salto, había subido todas las escaleras reuniéndose con sus hermanas. Las tres se dieron un gran abrazo mientras gritaban llenas de alegría (como cuando un grupo de mejores amigas gritan súper emocionadas). Para mí fue un momento incomodo, no sabía si irme de ahí y verlas después o quedarme a esperar que pasaba. Fue entonces cuando ocurrió.
— ¡Te dije que era ella! ¡Su melena es inconfundible Limestone! — dijo la que se parecía más a Pinkie
— ¡Lo sé, lo sé! Es solo que… ¡AAHHH! ¡Jamás creí que viniera acompañada!
— ¡SI! ¡Lo sabía, ese apuesto semental viene contigo Pinkie!
Las tres me miraron mientras reían nerviosamente. Pinkie Pie se sonrojó y por supuesto que yo también.
—oh no… es un unicornio… — dijo Limestone, la chica del cabello gris claro y pelaje azul grisáceo. Las tres se tornaron serias ante el comentario.
— Pinkamena…él… — a decir verdad tanto misterio comenzaba a molestarme ¿qué de malo tenía que fuera un unicornio?
— Descuiden jeje… él es muy buen mago… — dijo Pinkie Pie nerviosa — y no dejaré que nada malo le ocurra — Terminó diciendo con un tono firme, raro en ella. Estaba decidida a protegerme de lo que fuera, y esa era la pregunta que me intrigaba ¿protegerme de qué?
— No se preocupen, papá sabrá que hacer — dijo Marble — Pinkie… ¿Qué tal si nos presentas?
— oh claro… Rubik, ellas son Marble y Limestone Pie. Mis hermanas.
— Un gusto, soy… Rubik
— ¿Rubik? — Dijo perpleja la pony de cabello claro — Vaya que bonito nombre… es igual que el de mi rompecabezas favoritos… que por cierto se parece a tu Cutiemark…
— jeje… si te refieres al cubo de Rubik pues… yo lo inventé — dije sonriendo. La chica se quedó petrificada.
— No lo creo… ¡Tienes que darme un autógrafo!
— jaja ya habrá tiempo para eso después ¡aún debe conocer a Maud y a papá!
Pinkie Pie asintió con emoción y bajo las escaleras hasta mi lado. Después me pidió que la siguiera por la puerta que daba al patio. Una vez fuera, pude ver a la madre de Pinkie hablar con un semental alto y delgado. Debería ser su padre, este tenía una cara de pocos amigos. La señora Pie parecía tensa mientras hablaba con su marido. Juntos a ellos había otra yegua, su pelaje era una mezcla de violeta y gris para variar. Al igual que el señor Pie no parecía estar feliz. Caminamos hasta alcanzarlos.
— ¡Papá! — gritó la yegua rosa emocionada al tiempo que le daba un abrazo
— Mi querida Pinkamena que gusto me da verte
Escuchar al señor Pie decir esas palabras fue algo infinitamente extraño. Ya que su rostro en realidad no parecía demostrar alegría o gusto. En realidad no demostraba nada, ninguna emoción positiva o negativa.
— Papá, este es mi "amigo" Rubik… — Pinkie Pie rio un poco. El señor Pie solo suspiro mientras miraba mi frente, obviamente mi cuerno. No parecía estar contento de ver que su hija saliera con un unicornio
— Un gusto muchacho, gracias por acompañar a mi hija a casa. Últimamente hay rumores de bandidos por estas áreas… Mi nombre es Igneous Rock
— Gracias por recibirme señor Rock
—… Y ella es mi hermana mayor ¡Maud! — Pinkie Pie me presento a su hermana
— Hola… — No dijo o expresó más… Era raro, pero empezaba a gustarme. No eran tan empalagosos como Pinkie.
— Deberíamos ir adentro, pronto oscurecerá. Iré a preparar la cena y Pinkie… muéstrale a tu amigo donde se quedará…
Todos entramos a la casa. Pinkie pie me guio hasta lo que parecía ser una empolvada habitación. Era sencillo y pequeño. Había una cama y un pequeño mueble a un lado. En el otro extremo de la habitación un espejo y un tocador. Junto al armario había una puerta que daba a un baño con una pequeña tina. Era agradable.
— Aquí puedes dejar tus cosas Rubik. Puedes darte un baño si quieres, o puedes dormir un rato, yo iré a ayudar a mi madre. Regreso pronto…
Dijo guiñando un ojo mientras salía dando saltitos. Me quedé solo en la habitación, había un silencio poco tranquilizante. En la pastelería de los señores Cake había un incesante ruido. Fiestas diarias, clientes tomando sus postres, Pinkie jugando con los gemelos… En fin siempre había algo. Ahora tenía un silencio casi absoluto. Solo podía escuchar a las yeguas hablar abajo si agudizaba el oído.
Miré por la ventana el triste páramo. A lo lejos, sobre una roca enorme pude distinguir una silueta macabra. Claramente era un poni, pero este estaba muy agachado. Su crin era larga y llevaba lo que parecía ser una máscara. Se encontraba acechando la casa de los Pie, para ser más preciso a mí. Nuestros ojos se encontraron a pesar de la distancia. Sentí una corriente de frio recorrer mi cuerpo, otra silueta apareció a su lado y segundos después una tercera.
Un destello azul inundó el cuarto, acompañado de un ligero silbido. No lo negaré, me asuste tanto que casi rompo un florero. Giré a ver la fuente de la luz y este provenía del interior de mi alforja. Era el collar de cuarzo, Sky o Kain querían hablar conmigo. Cuando regrese mi vista a la ventana las siluetas habían desaparecido.
Completamente desconcertado corrí y tomé el cuarzo para regresar pronto a la ventana mientras me lo ponía. "¿Hola?" pregunté en un rápido saludo mientras analizaba el páramo en busca de los ponis misteriosos
— Rubik, soy Sky…
— ¡Sky! ¿Todo en orden? — pregunté, paseando mi vista de un lado a otro.
— Si ¿Qué estás haciendo? — dijo mientras sentía un tirón en mi nuca, avisándome que Sky empezaba a usar los cristales para ver lo mismo que yo — Que fea vista… todo luce muy triste ¡Tranquilo, no muevas tan rápido la cabeza! Harás que me maree…
— Sky, ya que estás viendo lo mismo que yo podrías ayudarme. Dime si ves algo raro o a alguien en el llano
— De acuerdo ¿se te perdió alguien?
— No, me pareció ver a unos ponis un poco extraños… El señor Rock me dijo que había bandidos por esta zona. Creo que nos siguieron a Pinkie y a mí...
— Pues no veo nada. Gira tu cabeza un poco a la izquierda… he, no a tu otra izquierda… si pero no mucho… ¡Alto! Justo ahí… No era nada
— Tal vez ya se han ido. En fin ¿qué hay Sky? — Dije alejándome de la ventana — ¿cómo están todos?
— Bien, Kain y Applejack partirán mañana a Manehattan. Kain está sanando muy rápido, pronto sus costillas quedarán como nuevas ¿Cómo te sientes tú?
— Bien, aún tengo dolores ocasionales de cabeza y los moretones que me quedaron… uff es una tortura moverme
— Me imagino, esos cobardes te dieron una buena paliza, viejo… Lamento mucho no haber podido ayudarte…
— No te preocupes, hiciste todo lo que podías. Realmente estoy muy agradecido
— ¿Has hecho algo de magia ya?
— Aún no — dije suspirando mientras tocaba mi cuerno — se siente tan raro… es decir, es como si este cuerno no fuera el mío…
— Prácticamente no lo es… Pinkie Pie lo hizo crecer desde cero. Debes acostumbrarte a él. Es como volver a usar una pata que tuviste quebrada mucho tiempo
— Gracias por recordarme cómo rompí tus patas de forma salvaje — usé un tono sombrío
— Jeje no lo decía por eso… En el ejército de Cordis Die solíamos tener toda clase de heridas de batalla. Sin embargo el General estuvo en contra de curarnos con magia. Nos enseñaba a soportar el dolor y a no depender de otros.
— Vaya que el General es cruel… Hablando de otra cosa ¿listo para tu travesía con Rainbow Dash?
— por Celestia, no… Tengo miedo Ru
— ¿El gran Sky teniendo miedo? — dije riendo
— Es en serio. Rainbow Dash en linda y agradable…
— ¿Te gusta? — pregunté de forma simple
— Sí, supongo que si
— No veo el problema entonces…
— No sé si estoy listo para pasar 13 días con ella, solos
— Sería una excelente oportunidad para conquistarla
— ¡Si es que no nos asesinamos primero! — Sky parecía estar realmente alterado. Su principal preocupación no era viajar con la pegaso Cian, si no convivir con ella. Ambos tenían un carácter complicado.
— Tranquilo, seguro que a Rainbow le agradará cruzar el país contigo
— ojalá… ¿Qué hay de ti? ¿Ha sido lo que esperabas?
— No realmente. La familia de Pinkie es muy diferente a ella. Creo que Pinkie fue adoptada…
— ¿tan diferentes son?
— Bueno, solo no comparten la filosofía de la risa… Creo que me agradan. Más su papá, un hombre serio. Parece que no se toma las cosas a la ligera.
— Jaja parece que entonces tú también le caerás bien… dime ¿Ya le confesaste tu amor a Pinkie Pie? — Me puse colorado al instante
— No lo sé… aún no decido si quiero amarla…
— ¿Qué tonterías dices? Uno no decide amar a alguien ¡solo lo sientes y ya!
— ¡Pero no tiene sentido! ¡Pinkie Pie y yo no tenemos absolutamente nada en común! Si lo analizamos bien, nos daríamos cuenta que hay muchas opciones mejores para Pinkie Pie y para mi
— ¡Patrañas! — Dijo Sky aparentemente ofendido — No se trata de formar a la pareja perfecta, si no de encontrar a tu pony especial, que te haga feliz, que te convierta en un mejor semental… que te haga anhelar la vida
Sky guardó silencio. Sus palabras habían penetrado muy dentro de mí. No había pensado de esa forma nunca. Los pensamientos negativos inundaron mi cabeza una vez más. Era pésimo para relacionarme con los demás, no podía ver a las personas fuera de un plano material.
— No seas duro con él Sky — La voz de Kain resonó en nuestras cabezas, el unicornio rayado se había unido a nuestra conversación — Rubik no tiene la culpa de no comprender el amor. Vivió una vida muy difícil y vacía.
— No entiendo — replicó Sky — ¿cómo alguien puede sobrevivir sin amor?
— Oh, en realidad Rubik ha sobrevivido gracias al amor. Sin embargo él no sabe darse cuenta. Él nació por diplomacia…
— ¿Diplomacia?— preguntó Sky confundido
— Nadie deseaba en realidad que yo naciera — respondí, mientras sentía una punzada en el corazón — En realidad a todos les daba igual. Fui forzado a nacer para heredar el liderazgo del clan. Obligaron al general a tener un hijo puro, pero si hubiera sido su elección, Kain habría sido el heredero, y entonces yo jamás hubiera existido…
— Cielos… — Sky parecía triste por mí
— La madre de Rubik en realidad no quería un hijo, solo quería más poder. El General se preocupaba por Rubik, si… pero su verdadera familia estaba con nosotros. Lo siento tanto Ru… nosotros te robamos el amor del general…
— Nadie me robo nada Kain… El General siempre fue un buen padre. Gracias a él pude sobre llevar la carga. Pero no entiendo como esto puede afectar ahora
— Es fácil, nunca conociste el amor de forma real, de manera natural… Ahora que Pinkie Pie te demuestra sus sentimientos te sientes indefenso y confuso. No es raro porque no sabes lo que se siente… hasta ahora
— ¿Por qué no dejas que Pinkie Pie te quiera? — pregunto Sky
— Yo… no lo sé…— y realmente no lo sabía
— En el clan nos enseñaron a buscar una yegua que nos ofreciera las mejores alianzas políticas Rubik… pero ahora busca que tu mejor alianza política sea el amor…
El silencio se hizo. Durante un largo tiempo nadie dijo nada, todos estábamos sumidos en nuestras reflexiones.
— Gracias… — susurre después de un largo rato
— Aquí estaremos para ti Ru — dijo Sky
— Son los mejores
— Claro que lo somos
Los tres reímos.
— ¿alguno de ustedes ha ido al reino de cristal antes? — preguntó Kain, reanudando la conversación
— No realmente — dije yo
— Hacíamos expediciones con frecuencia al norte, el General buscaba algo con insistencia en los reinos congelados — dijo Sky — Siempre volvíamos sin nada claro, pero el General no perdía la fe, seguía buscando con insistencia
— qué extraño ¿jamás dijo que buscaba?
— No, pero siempre evitaba el imperio de Cristal, parece que no quería que las princesas se enteraran. Así que no, jamás he estado en el imperio de cristal… debe ser magnifico…
— Los ponis de cristal son muy interesantes — dije yo — he escuchado que su piel se estrella, como el cristal, y que se regenera. Es fantástico ¿tendrán órganos y huesos como nosotros?
— Espero no averiguarlo nunca — respondió Sky
— chicos… estuve pensando… Las princesas no deben estar muy contentas con nosotros por provocar una guerra. Deberíamos ir con cuidado en el palacio de la princesa Cadance…
— ¿Crees que nos encerrarían?
— La princesa Celestia envió a la luna a su propia hermana, solo creo que deberíamos estar atentos a cualquier cosa….
— -estoy de acuerdo — dijo Sky
— Bien — respondí yo
Por el pasillo escuche a Pinkie Pie llamando a cenar.
— Bien, los dejo, tengo que irme
— Cuídate Rubik, Sky y yo hablaremos un poco más
— Bien, hablamos después
Me quité el collar de cuarzo y me levante en dirección a la puerta. La cena en realidad fue muy agradable. Solamente Pinkie Pie hablada, sobre sus aventuras, el viaje y como nos conocimos. El señor Rock no parecía muy contento con esa historia… en realidad no parecía contento nunca.
A excepción de Maud, las hermanas de Pinkie parecían un poco más normales. No eran tan efusivas pero al menos expresaban alguna emoción de vez en cuando. Todos se asombraron de saber que yo había inventado el cubo de Rubik. Sim embargo seguía habiendo una pequeña tensión sobre mi raza. Incluso se asustaron una ocasión cuando hice levitar un tazón de salsa. En fin, estaba decidido a saber qué problema tenían con los unicornios.
La cena terminó finalmente y me dirigí a mi habitación con Pinkie Pie con algunas preguntas listas.
— Mi familia es muy agradable — dijo Pinkie mientras subíamos las escaleras
— Así es — mentí — sobre todo Maud
— ¡Maud es la mejor de todas las hermanas!
— ¿Qué hay de Limestone y Marble?
— ¡Ellas son las mejores hermanas! ¡Las tres son las mejores hermanas!
Reí un poco ante el comentario, finalmente llegamos a mi habitación temporal y cerré la puerta.
— hu… ¿vamos a hacer travesuras? — dijo Pinkie riendo
— ¿Qué? NO... — Sacudí la cabeza un poco confundido principalmente pensando "¿podemos?"— Quiero hacerte unas preguntas — dije recobrando la cordura
— ¡Adelante!
— Desde que llegué todos se comportan extraños, parece que… temen u odian a los unicornios… Además que no he visto un solo unicornio desde Ponyville
— Eso es porque no hay unicornios en Rambling Rock Ridge… Todos huyen de aquí…
— ¿por qué?
— Porque desaparecen misteriosamente y nunca son vueltos a ver... — respondió de una forma tan natural
— ¿desaparecen?
— Sipi, cuando éramos niñas mi papa nos contaba historias sobre el páramo. Él decía que las almas tristes de los ponis que no encontraron la felicidad vagan entre las rocas. Los unicornios al parecer podían sentirlos y ser engañados para perderse entre las miles de rocas enormes y no volver nunca. Papá nos prohibía salir más allá de la granja, tenía miedo de que un día nos perdiéramos a pesar de no ser unicornios. — La historia empezaba a sonar tétrica — poco a poco los unicornios fueron desapareciendo o mudándose de lugar. Finalmente solo quedamos nosotros, ponis terrestres, granjeros.
— Que extraño, los ponis no desaparecen sin razón alguna…
— Quizá están entre las rocas viviendo juntos... En fin, mi padre teme por tu seguridad. No es que te tengan miedo, es solo que… algunas veces… los espíritus iban a las casas a buscar a los unicornios que no se atrevían a salir. Y no solo se lo llevaban a él, sino a todo el que se interpusiera. Por eso mi padre tiene miedo.
— ¿Tú tienes miedo? — Pinkie Pie dejó de sonreír, en su expresión podía ver cómo pensaba en su respuesta
— Tal vez un poco… Pero no importa lo que pase, no dejaré que te hagan daño
— Seguro todo estará bien. Además… no creo que sepan que estoy aquí — dije recordando las tenebrosas siluetas que vi esa tarde
— Ellos huelen la magia — Estaba perdido entonces — pero no te preocupes. Mi familia te protegerá — terminó de decir sonriéndome. Yo le devolví la sonrisa antes de que continuara diciendo — Rubik, no has abierto tus regalos…
Era verdad. Había empacado todos los presentes que mis amigos me dieron cuando estuve en el hospital. Estaban apilados dentro de una alforja, por el viaje y algunas otras cosas me había olvidado abrirlos. Pinkie Pie recogió el pequeño montón y se sentó en la cama. Hizo unas señas hacia mí, pidiéndome que me sentara a su lado.
— Ven, veamos lo que te han regalado
Me senté junto a ella y me entregó una tarjeta. "De Rainbow Dash. Que te mejores pronto…" una leyenda junto a una fotografía de todos juntos llenaba la tarjeta. Muy agradable. Twilight me había regalado un libro y Rarity un adorno para el cuerno. En fin, muchos regalos de parte de todos, pero no pude evitar notar que Pinkieno me había dado nada. Me sorprendió un poco pero decidí esperar. Conociendo a Pinkie Pie había preparado algo grande… algo especial.
— Bien… creo que es mi turno — dijo alegremente — Esto es de mi parte…
Sacó una caja rosada con un moño azul. Inconscientemente sonreí. Por alguna razón mi corazón se agitó, tenía unas ganas tremendas de abrir el pequeño empaque, me esforcé en parecer calmado y conteniendo mi euforia tome la caja en mis cascos, listo para descubrir su contenido.
Pero el destino tenía otro plan. Un grito femenino proveniente de la planta baja llamó nuestra atención. Pinkie Pie y yo nos levantamos de un salto. Abajo se escuchaban cosas quebrase y forcejeos. Pinkie corrió por el pasillo y bajó las escaleras. Corrí detrás de ella para saber que ocurría.
En la cocina, cuatro sujetos rodeaban a la mama de Pinkie, quien se protegía con una sartén. Estos extraños ponys tenían la crin muy larga y descuidada. Caminaban muy cerca del suelo, como si fueran algún felino acechando a su presa. En cuanto entramos en la habitación se giraron a vernos.
Mascaras extrañas, llenas de garabatos y dibujos extraños cubrían sus rostros. Aún así pude notar como sus ojos se fijaron en mí. Abandonaron su interés en la señora Quartz y comenzaron a rondar en torno mío susurrando cosas en un idioma extraño.
El señor Rock entró violentamente en la cocina. Al ver la escena se enfureció, arremetiendo con un pico que cargaba en el hocico y se dispuso a expulsar a los intrusos.
— ¡Largo de aquí malditas brujas!
Lanzó un golpe violento contra uno de ellos, pero este de un salto esquivó la agresión. Los otros tres se abalanzaron contra el señor Rock, y con un movimiento rápido y ágil habían desarmado al semental.
— ¡Papá! — grito Pinkie Pie llena de terror y haciéndome reaccionar. Rápidamente fui al auxilio del potro, pero uno de ellos se interpuso en mi camino. Intenté conjurar un hechizo, pero mi nuevo cuerno seguía sin responderme adecuadamente. Sabiendo que no podía contar con la magia, salté sobre mi contrincante para intentar noquearlo. Cosa que no pareció rendir frutos.
En cuestión de segundos, los cuatro ponis me rodearon y sometieron. Pusieron una especie de aro en mi cuerno y a continuación empezaron a atar mis patas. Pinkie Pie pareció enloquecer; con un rodillo de cocina golpeó en la cabeza a los invasores, estos procedieron a neutralizarla, pero Cloudy Quartz acudió al rescate de su hija.
A decir verdad era un poco cómico ver a las yeguas pelear de esa forma con aquellos ponis salvajes. Pronto Maud y sus hermanas entraron a la cocina para unirse a la lucha. Completamente atado me arrastré a donde estaba el inconsciente señor Rock, y mordiendo su oreja logre hacerlo despertar.
— ¡¿Que diantres?! — Dijo relinchando — ¡Rubik ¿Qué haces atado?!
— ¿Podría liberarme?
El señor Rock no dijo más. Comenzó a morder las cuerdas hasta dejarme libre. Listos para pelear nos unimos a la riña.
Era un poco difícil mantener un combate con aquellos desconocidos. Saltaban y giraban por todos lados esquivando cualquier proyectil que las yeguas lanzaban o devolviendo cualquier golpe que el señor Rock y yo intentábamos conectar.
La riña empezaba a extenderse y las yeguas comenzaban a cansarse de arrojar floreros o sartenes. Finalmente Marble empezó a jadear exhausta. Uno de los salvajes aprovechó esto y con una de sus sogas logró lazar a la hermana de Pinkie por el cuello. Cayó violentamente al suelo y comenzó a ser arrastrada. Todos ahogaron un grito. Marble ahora era amenazada con un puñal cerca de su garganta.
Todo se detuvo. Ni Pinkie, ni sus hermanas, ni su madre arrojaban objetos ya. El señor Rock estaba petrificado junto a mí.
— ¡Déjenla! — gritó Cloudy Quartz dando un paso, pero deteniéndose en seco al ver como los salvajes acercaban más el puñal al cuello de su prisionera.
— ¡Alto! — dije yo esta vez — libérenla. Creo que es a mí a quien buscan… Si la dejan ir prometo ir con ustedes…
— Rubik ¿Qué estás diciendo? — Escuche la voz de Pinkie Pie detrás de mí, pero la ignore para continuar diciendo
— ¿No es a mí a quién buscan? ¿Un unicornio? ¡Suéltenla!
Los salvajes se miraron entre ellos y susurraron unas palabras. El que estaba enfrente me miró y asintió con su cabeza. Aceptando el trato caminé hacia ellos y me hinqué. Dos de los salvajes amarraron mis patas una vez más, después me golpearon en la nuca y caí al suelo pesadamente.
Me arrastraron hasta el umbral de la puerta y antes de caer inconsciente miré por el rabillo del ojo como el opresor empujaba a la hermana de Pinkie contra ellas. Marble lloraba un poco temblorosa mientras era abrazada por su familia. Pinkie Pie me miraba igual de alterada. Una lágrima corría por su mejilla, y entonces, la oscuridad cayó sobre mí.
Bueno, vengo solo a terminar de agradecer a JohnnyElRed que me ha escrito y animado a terminar la historia, además de prestarme a dos de sus personajes OC y darme un excelente consejo y recomendaciones, ademas de escribir por mi un fragmento del capitulo. ¡Gracias por el apoyo amigo!
Entre Johnn y yo esperamos terminar la historia pronto y sin abandonarla de nuevo. En fin,sobre todo gracias a ustedes los que leen estas palabras :) los quiero mucho :3 y no olviden las galletitas 3 jaja
