Bueno, supongo que hay alguien traumatizado por el fin de temporada (la gemela, por ejemplo, ains alma sensible) así que me voy a portar bien con el rubito

El título: "I'm OK" de Stix (también son de mi época, :P )

¿Seguimos?


Capítulo XI: "I'm OK"

Había oscurecido. Catherine desconectó el teléfono, preocupada, no habían logrado destruir a la gárgola. Sam no tardaría en volver al hospital. Hacía media hora que lo había convencido para que se fuera a casa y se cambiara de ropa para pasar la noche cuidando a Dean.

No se engañaba, más que ella quien le había convencido había sido el desconcertado doctor que le comunicó que Dean estaba evolucionando muy bien y que ordenó retirar la ya innecesaria respiración asistida. Cath entonces sólo tuvo que insistir un par de veces más y sugerir que trajera ropa también para el herido.

Se acercó a la cama, el hematoma se estaba aclarando y no daba la impresión de unas horas antes, cuando creían que tenía varias fracturas. Leilani entró a cambiar el suero y sonrió aliviada.

- Si esta mañana me dicen que iba a estar vivo no me lo hubiera creído – dijo colocándole la vía casi con mimo – menos mal que no soy médico, hubiera jurado que el tal Sitael le había hundido el pómulo y parte de la frente, pero el doctor dice que sólo fue el efecto óptico del hematoma

- ¿No le hicieron radiografía?

- Parecía tan claro que creyeron que no era necesario - suspiró aliviada, era la primera vez que se alegraba de estar equivocada

- Llevas aquí todo el día, tienes que estar cansada

- Tú también llevas todo el día – Leilani sonrió a la capitana del 5-0 – salgo en media hora, Chin vendrá a recogerme en un rato.

- Vosotros estáis bien ¿verdad?

- Chin Ho es un hombre increíble, no se trata sólo de que me salvó la vida o que es un héroe, es dulce, cariñoso, detallista – la enfermera se puso colorada – bueno, ya sabes Cath

- Me alegro, os lo merecéis – no quería comparar con lo que había sido su relación con Steve, no, no lo haría. No podía guardar rencor al Capitán del 5-0 por no corresponder con el mismo amor que ella había sentido por él, no había sucedido quizás porque no era lo que tenía que pasar. Steve no era culpable, ella tampoco.

- Steve y tú no…

- Creo que seremos sólo amigos

- Lo siento

- No, no lo sientas, creo que debimos de dar este paso hace tiempo.

La enfermera salió a seguir haciendo su ronda y Cath se sentó en la cama rozando con mucho cuidado el hematoma. Sí que era extraño cómo el color y la hinchazón provocados por el golpe les había hecho creer a todos que las heridas eran más graves.

Dean movió los labios resecos y vertió agua en un pañuelo con un botellín para humedecérselos un poco. Tenía que estar mal de la cabeza. Estaba cortando una relación de años porque la persona que más había amado en su vida no tenía tiempo para ella y se interesaba por un hombre que consideraba que tener un día bueno era que nadie hubiera muerto en el trabajo que estuviera llevando a cabo.

Los ojos del cazador se abrieron algo extraviados. Parecía buscar a alguien y parpadeó sorprendido de verla a ella.

- Has despertado por fin, Sam se va a alegra mucho cuando vuelva, ha estado todo el día pendiente de ti, lo he mandado a casa a ducharse y descansar un rato – la sorpresa fue dando paso a la comprensión y absurdamente a la diversión en la mirada de Dean

- ¿Tú no te alegras? – susurró roncamente con una mueca traviesa

- Pero ¿eres de esos? – Cath dudó una décima de segundo entre enfadarse o reír, hasta que su cerebro eligió la risa – hola

- Hola

- ¿Cómo te sientes?

- Como si me hubiera noqueado un ángel – se sentó en la cama, había tenido despertares de hospital mucho más complicados que éste, se tocó el hombro vendado – me tienen que haber dado algo fuerte porque no me duele el hombro y me lo han puesto como si tuviera un trasplante de momia.

- Tenías una luxación

- Pues lo que digo, los calmantes en Hawái son milagrosos – miró valorativamente a la guapa policía que tenía frente a él, ella era una belleza además de valiente, le atraía de una manera que no había sentido por nadie más que por Lisa – gracias

- ¿Por qué?

- Me comporté como un idiota antes y tú has cuidado de Sam…

Catherine sonrió sarcásticamente. Por lo visto su sino era no ser la prioridad de nadie. Pero se dio cuenta del alcance total de lo que acababa de decir el herido y la sonrisa murió en su boca.

- Tú también mereces que te cuiden – riñó

- Estoy bien – replicó débilmente el cazador

- Si claro, por eso te has tirado inconsciente más de doce horas con nosotros agobiados sin saber si vivirías o no despertarías – de repente estaba furiosa y no era capaz de explicar el porqué

- Pero ahora estoy bien – Dean levantó ambas manos a la defensiva - ¿cómo estás tú? Aparte de cabreada, eso salta a la vista

- Bien – gruñó pero la "cara de no haber roto nunca un plato" del cazador le hizo reír a su pesar – no estoy muy bien, la verdad

- Es por el capullo de McGarret seguro, le voy a dar una paliza – ofreció el hombre con aspecto de no poder levantarse de la cama.

- Es por él, es por mí y también un poquito por ti, se te está juntando el trabajo de matón – dijo ella sacándole la lengua

- Con mi parte ya llevo trabajo adelantado – dijo moviendo sin problemas el hombro vendado – lo siento, si te he causado problemas con tu novio

- No es... Dean, no has sido tú, nuestra relación llevaba tiempo sin funcionar, al principio quería creer que mejoraría pero…

- Pero por mucho que lo quieras el amor nunca es en un solo sentido – murmuró roncamente el Winchester

- Exacto, y no estoy culpando a Steve, sé que me quiere, a su manera, pero para mí su manera no es suficiente y para él la mía es demasiado – le resultaba tan fácil hablar con él

- Lo que yo puedo ofrecerte tampoco sería suficiente Catherine.

Lo sabía. Lo había sabido cuando le vio enfrentarse a la gárgola en aquel refugio antiaéreo abandonado, también lo supo justo al segundo siguiente en que la besó. No quiso aceptarlo entonces y ahora…

- Mi vida no es fácil Cath, esto, estar aquí sentado hablando con una mujer increíble es tener un buen día, de hecho supera la media de mis días buenos – ella iba a decir que estaba en un hospital, pero él prosiguió – Normalmente la gente muere cerca de mí, soy un imán para los problemas, de echo los busco, cuando no estoy decapitando vampiros estoy matando hombres lobo o quemando cadáveres, o recibiendo una paliza de cualquiera de ellos. Los ángeles me odian (con motivo) y los demonios más (y con más motivos) y mi hermano me acepta a su lado para que no me convierta en un monstruo más al que eliminar…

- Eso no es cierto – le dolía ver la convicción en las palabras del cazador, él creía firmemente que todo lo que le estaba diciendo no era más que la verdad, pero no era así, ella lo había visto relacionarse con las personas, la sensibilidad, la ternura de que hizo gala con Grace y con ella misma, había notado la desesperación en su hermano cuando creía que lo perdía para siempre, la forma en que lo había velado y cuidado – Sam te quiere, haría cualquier cosa por ti

- Sí, claro – sonrió amargamente Dean sin ganas de discutir

- No tengo ni idea de lo que ha podido ocurrir entre vosotros para que te sientas así Dean, pero sí que te quiere, le he visto ahí de pie, durante horas, pendiente de cada respiración o de cada suspiro que dabas, sois hermanos, nada de lo que podáis hacer puede cambiar eso, ojalá yo tuviera familia pero sólo tengo a Steve y ahora ni siquiera eso.

- No tienes ni idea de lo que he hecho Catherine, Sam me odia y tiene todo el derecho del mundo a hacerlo.

- No te odia, no podría, venga, ni siquiera Steve te odia y eso que casi te lo cargas, ni tu amigo el ángel ese que la fastidió con la gárgola puede odiarte, Dean – cogió su rostro entre las manos, ¿cómo le hacía ver lo increíble que era? – mírame, es imposible conocerte y odiarte… a menos que seas un vampiro, un hombre lobo, un fantasma o un demonio

- Olvidas los ángeles – intentó bromear

- Vale, o un ángel

- Visto así – se rio apoyándose inconscientemente en el toque cariñoso de Cath – pero eso no cambia el hecho de que soy una pésima elección como pareja

- Quizás – dijo ella dándole un beso – y quizás no necesite más de ti que esto

- No quiero hacerte daño, no puedo dejar que seas alguien en mi vida, es demasiado peligroso.

- Dime que no te importo – casi podía percibir el ruido del cerebro del cazador, ¿cómo era posible que alguien creyera una sola de sus mentiras cuando lo hacía tan mal? – tic, tac… se acabó el tiempo para creer tus excusas

- No estoy bromeando Cath, la última mujer a la que amé casi muere por mi causa, ella y su hijo, no puedo permitir que nadie más pase por algo así…

- Pero no murió. Soy una marine Dean, no me voy a asustar y menos ahora que se lo que hay ahí fuera.

- Lisa no se asustó – Sam entró en la habitación y puso la ropa que había traído para su hermano sobre una silla – Dean hizo que un ángel le borrara a ella y a su hijo cualquier recuerdo que pudieran tener de él, una gran estupidez en mi opinión.

- ¿Desde cuándo estás ahí? – preguntó Dean a su hermano

- Desde "Sam me odia y tiene todo el derecho del mundo a hacerlo" – y en ese instante casi era cierto – eres tan malditamente estúpido.

DEVYC- DEVYC- DEVYC

La reunión nocturna en casa de McGarret estaba siendo incómoda (por decirlo suavemente). El anfitrión no se atrevía a mirar a la cara a Catherine o a Danny, ésta no se había dado cuenta porque se sentía como si estuviera engañándole con Dean que estaba a la defensiva con Sam que parecía furioso con ambos por su conversación del hospital y con Steve y Chin Ho por haber ido tras la gárgola sin avisarle. La tensión era tan patente que ninguno era capaz de romper el hielo por temor a prender un incendio.

- No he pedido el alta voluntaria para mirarnos de reojo a las dos de la mañana en el salón de McGarret – sí había alguien que no podía mantener el pico cerrado, Sam se cubrió la boca con la mano en un gesto que pretendía ser casual pero que ocultaba una sonrisa – ¿te hace gracia hermano?, genial, así podremos reírnos nosotros mientras el grupito de agentes de la ley se deciden a hablar.

- Bien, tenemos que volver a encontrar la gárgola pero el péndulo no funcionará de nuevo sin renovar el hechizo ¿es eso? – preguntó Danny, los problemas personales debían aparcarse de momento

- Es eso – admitió Sam Winchester – no debería ser ningún problema, aún tenemos algo de sangre de Grace y la mía es tan válida como la de Castiel

- ¿Y si viene por ti? – la cara que puso Dean a la pregunta de Kelly era un poema, pero había cierta lógica en el razonamiento del hawaiano – si tu sangre es la del tipo de personas que busca para matar, puede venir por ti ¿no es cierto?

- No lo había… – Dean estaba pálido – necesito una maza Sam, dime que están en el coche

- Las hemos sacado, están en la cocina – lo tranquilizó McGarret, el cazador sin embargo no pareció calmado hasta que tuvo una entre las manos

- No deberías confiar demasiado en esa cosa, ni Chin Ho, ni yo, ni Kamekona, ni sus primos pudimos hacerle más que un rasguño en su forma de piedra – advirtió el capitán del 5-0

- Bueno, pues ahora el especialista está en activo otra vez – replicó Dean con prepotencia – No vamos a conseguir nada mirándonos unos a otros, deberíais descansar iros a descansar, con uno que haga guardia es suficiente.

- Tú también Dean – dijeron Cath y Sam a dúo

- Yo ya he dormido bastante hoy

- ¿Puedo hablar contigo? – los Winchester se miraron a los ojos, y el mayor aceptó la petición del menor – a solas.

Dean siguió a su hermano hasta la cocina, donde los demás no pudieran escucharles. El reloj del microondas señalaba las 02:47 iluminando el recinto con una tenue luz verdosa. No habían encendido la lámpara del techo, no hacía falta.

- ¿De verdad crees que te odio? – el mayor agradeció la poca luz, no estaba de humor para aguantar las chorradas sentimentales de su hermano.

- Sam, venga ¿de verdad crees que éste es el momento de hacer preguntas tontas? – gruñó evasivo

- Mírame a la cara hermano, quizás tengas razón y éste no sea el momento, es cierto que ha sido un día muy largo y que aún no hemos terminado el trabajo, pero tenemos que aclarar esto.

- Sam…

- Creí que lo habías comprendido al fin, que todo estaba claro entre nosotros y veo que me equivocaba – toda esta situación lo partía por la mitad, porque Dean no tenía a nadie más y él tampoco – no te odio Dean, he estado muy enfadado, ahora mismo estoy muy enfadado, pero no podría odiarte, nunca.

- Yo…

- Vamos a descansar y vas a dejar de actuar como un imbécil y también vas a descansar – gruñó al borde de las lágrimas – he estado a punto de perderte, estuviste muerto entre mis brazos hace menos de veinte horas Dean, vas a descansar y no me vas a poner ninguna excusa

- Siento haberte preocupado, pero creo que te lo dije, te dije que era inmortal

- Cierra el jodido pico y obedece

- Sí señor.

Como era tarde Chin y Danny se quedaron en la casa de McGarret. Chin en una habitación de invitados y Danny en el sofá para no tener que subir escaleras con la escayola. Pasarían allí lo que quedaba de noche y en la mañana volverían a localizar a la Gárgola para acabar con ella definitivamente. Pero las confesiones no habían acabado esa noche, quedaba otra que iba a influir drásticamente en la composición del 5-0.

- Steve – Catherine abordó al que a ojos de todos seguía siendo su novio en la puerta del dormitorio que no iban a volver a compartir

- Si quieres que hablemos tendremos más intimidad dentro – murmuró suavemente franqueándole la entrada con un gesto de galantería inusual en él.

La capitana entró y se sentó en la cama, el capitán se sentó a su lado, codo con codo, sin mirarla, ella tampoco lo miraba a él.

- Quiero que sepas que no me enrollado con Dean Winchester, aún.

- No soy quien… - sonrió al darse cuenta del aún y cambió de idea en lo que estaba diciendo – Te quiero Cath, pero no como tú mereces que te quiera, eres mi mejor amiga y por un tiempo confundí ese cariño con amor.

- Has tardado mucho en admitirlo – tenía que estar desengañada, tenía derecho a sentirse menospreciada y furiosa, y lo estaba, pero también sentía alivio – creo que siempre lo supe, no me parece mal ser tu mejor amiga pero hemos compartido demasiado para que no necesite un tiempo para asimilarlo.

- Hay algo… alguien más

- Dile a Danny que me alegro por ti y que lo acompaño en el sentimiento

- ¡Cath!

- Parece que no soy la única que no quería aceptar lo que saltaba a la vista ¿no? Era tan evidente que sentíais algo el uno por el otro que nunca me planteé que fuera algo real.

- Te lo estás tomando muy bien

- Es una lata que seáis buena gente tanto Danny como tú, así no puedo chillarte ni vengarme – sonrió y se levantó – tengo que pedirte un favor, dame un par de semanas hasta que vuelvan a readmitirme en el ejército, no me apetece tener que buscar alojamiento mientras tanto…

- No tienes que pedirlo, esta será siempre tu casa cuando la necesites y Danny seguro que está de acuerdo conmigo – a veces el amor es tan injusto con los que tenemos alrededor – desearía que encontraras a alguien mejor que yo

- Tu eres extraordinario Steve, un héroe y a mi me gustan los héroes – le dio un beso cariñoso en la coronilla – el problema es que los héroes suelen estar muy jodidos.

DEVYC- DEVYC- DEVYC

Sam no podía dormir a pesar del cansancio, o precisamente por el mismo. En la pequeña cama de al lado Dean sí dormía, o quizás sólo estuviera fingiendo, el menor no podía saberlo. Su cabeza tampoco paraba de dar vueltas a la situación de ambos, en esa isla, sin forma de volver al continente y al búnker, en manos de un grupo policial de élite que de momento confiaba en ellos pero que debería haberlos encerrado y tirado la llave.

Pero, sobre todo, no paraba de dar vueltas a la actitud de Dean y a su supuesta inmortalidad. Lo cierto era que la gárgola era la última de sus preocupaciones. ¿La primera? Esa cicatriz en el brazo de su hermano que en la oscuridad del dormitorio de invitados parecía brillar incluso. Se sentó en la cama, no tenía sentido seguir tumbado cuando el sueño se negaba a aparecer. "Descansa Sammy", definitivamente Dean sólo fingía dormir.

- Cuando acabemos con la gárgola ¿volverás a casa?

- No tenemos casa

- No me restriegues mis palabras Dean, no es tu estilo ser rencoroso

- Sam, estoy agotado, he estado a punto de morir – se quejó con malicia – dame un poco de tiempo

- No tienes sueño, yo tampoco

- Está bien – Dean se sentó también en la cama, frente a él, tan cerca que sus frentes ser rozaban – cuando dejamos a Harry "grano en el culo" Spangler en su casa, estabas convencido de que jamás me perdonarías, no tenía sentido volver "a casa" si sólo es un lugar dónde parar.

- Te largaste sin decir nada, me dejaste en la puerta del búnker y te largaste.

- Sam.

- Estuviste meses sin una llamada, sin dar señales de vida, te deshiciste de todos tus números, ni Castiel pudo localizarte. Me estaba volviendo loco hasta que encontré tu rastro aquí, al otro lado del puto mundo Dean – la frente del menor resbaló por el rostro hasta descansar en el hombro del otro cazador – dime lo que vas a hacer.

- ¿Tú quieres que vuelva contigo?

- El búnker también es tu casa

- Esa no es la pregunta Sammy

No contestó, no podía ahora, porque no podía decirle que le había perdonado y que todo estaba olvidado. Era complicado, Dean era todo su mundo, y todo lo que era se reducía a ser… Nunca había sido fácil ser el mundo de Dean, su compañero. A veces sólo quería huir y otras no concebía la vida sin él. Y en los últimos tiempos habían pasado más tiempo separados que unidos.

- Volveré a casa – musitó el mayor acariciando el cabello de su hermano igual que cuando consolaba a un mocoso de seis años de alguna de sus rabietas.

Era el inicio de una de esas promesas que Dean Winchester mantenía por encima de todo, pero el rugido-chirrido de la gárgola les interrumpió. Un estruendo de cristales en el salón recibidor avisó al resto de los ocupantes del chalet que la criatura buscaba una presa.

- Quédate aquí – ordenó automáticamente Dean a su hermano cogiendo la maza que no se había separado de él más de un metro en toda la noche.

- No puedes impedir que te acompañe

- ¡Sam!

- Ni Sam, ¡ni pollas Dean!, voy contigo.

Dean dudó una milésima de segundo y le dio la maza, ya conseguiría otra, la cocina les pillaba de camino. Se juntaron con Cath y Chin en la cocina, un nombre vino directamente a la boca de los cuatro que exclamaron "¡Danny!" al unísono antes de salir corriendo al salón dónde el policía habría pasado la noche.

El silencio tras el aullido chirriante de la criatura, era ominoso. El salón estaba a oscuras, sólo la luz de una farola en el exterior dejaba ver la silueta de muebles y algo enorme justo en el centro de la habitación. De Williams no había rastro y McGarret llegó a la carrera en ese momento, medio desnudo y con su correspondiente maza en las manos. El capitán encendió la lámpara principal que bañó con crudeza la figura negra y amenazadora.

La gárgola se movía despacio, como si dudara cada pequeño movimiento. Dean y Sam cruzaron la mirada entendiéndose sin palabras y se fueron cada uno a un extremo del salón. La criatura se quedó paralizada girando lentamente en dirección a uno y otro incapaz de decidirse.

- Los demás deberíais salir de aquí – sugirió Sam con una media sonrisa – con un poco de suerte podremos retenerla así hasta el amanecer

La gárgola gimió amenazante, por un momento pareció que se decidía por Sam pero su hermano levantó el brazo mostrando cómo la extraña cicatriz de su antebrazo latía y se ramificaba por el mismo. La criatura dejó ir un horrísono chillido otra vez retenida entre ambos cazadores.

- Salid de aquí – ordenó Dean con menos delicadeza que su hermano.

Antes de que Chin y Catherine preguntaran por Danny este apareció cojeando con una muleta y usando una de las mazas como bastón. Estaba también medio desnudo, sólo que a la inversa que Steve que no llevaba camiseta, él iba en calzoncillos con una camisa a medio abotonar.

Cath sonrió con picardía al notar de dónde venía su compañero. Steve no había perdido el tiempo tras hablar con ella. Era una situación extraña, debía sentirse despechada y sin embargo no sólo no los odiaba sino que le divertía ver cómo se habían lanzado sin red a vivir lo que sentían el uno por el otro.

La gárgola volvió a chirriar y esta vez no se movió en dirección a ninguno de los Winchester, fue directa a McGarret que apenas pudo repeler el primer zarpazo con su maza. Chin Ho acudió en ayuda de su capitán llevándose un coletazo que lo empujó hasta el sofá.

Danny intentó acercarse pero en su ataque la criatura despejó una mesa y un sillón de su camino, cayendo ambos tan cerca del policía que quedó atrapado entre éstos y la pared. Steve no pudo evitar el segundo zarpazo que lo cogió por la espalda dejándole un recuerdo sangriento desde el hombro derecho hasta el lado izquierdo de la cintura.

Cath impidió que la criatura volviera a herirlo golpeándola con la maza en una de sus garras. La gárgola se volvió hacia ella amenazante llevándose otro mazazo, esta vez de Dean Winchester.

Otro rugido de gárgola se escuchó en el jardín antes de que la segunda criatura se uniera a su compañera idéntica poniendo en un serio aprieto a policías y cazadores.

Continuará...