Capítulo 11
No hay amor sin odio, es lo que dicen algunos. Es como si explicáramos la teoría acertada de que no existe el bien sin el mal, y que no podría haber cosas buenas sin las cosas malas. Sin luz no habría oscuridad. Sin el sonido, no habría silencio. Si entre Draco Malfoy y Ginny Weasley hubiera existido pura indiferencia, probablemente el amor nunca hubiera nacido. Pero se detestaban, y la convivencia mutua empezaba a dar sus resultados, como que él ya no estaba seguro de que en verdad ese odio existiera, o que en él vivían esos prejuicios que sus padres habían alimentado.
Astoria se encuentra en estos momentos sobre la cama de Draco. Cuando él abrió los ojos, con la sensación de que alguien lo observaba, ella estaba ahí, a su lado esperándolo. Traía puestos únicamente un sostén con encaje y unas bragas que parecían quedarle justo a la medida, pero que resaltaban sus atributos. La chica estaba apoyada en un brazo, mirándolo mientras dormía.
Qué extraño, se dijo Astoria cuando lo vio suspirar y esbozar una pequeña sonrisa entre sueños. ¿Qué estaría soñando? ¿Por qué esa sonrisa en sus labios? No había duda, no debía haberla, estaba segura de que el chico soñaba con ella, ¿con quién más, si no? Pues con Ginny Weasley… No. No podía ser, no la traidora de la sangre. Aunque fuera a casarse con ella, no quería creerlo. O más bien, se negaba a pensarlo. Cómo le encantaba verlo dormir, tan indefenso, inocente… ¿Inocente Malfoy? ¿En qué vida? Omitió una risita y suspiró. Verlo dormir le hacía sentirse más cerca de él, más suya, con derecho a todo. Pero siempre que terminaban de hacer el amor, cuando él ya estaba profundamente dormido, y cuando ella se dedicaba a mirarlo el resto de la noche, él mantenía una expresión altanera, arrogante. Esa mañana había algo diferente. Su sonrisa era serena, sincera. Y sabía, aunque quería negarlo, que ella no era la razón, lo que provocó que algo dentro de Astoria se removiera. Una sensación de enojo, celos; la luz de alerta. En ese momento el chico despertó, y Astoria sonrió con lujuria.
-Esto es lo mejor de vivir en tu casa. Estar contigo a todas horas –
Malfoy se incorporó y dejó ver su torso descubierto. Astoria se mordió el labio inferior.
-¿Cuántas veces te he dicho lo sensual que luces en las mañanas…? -
-¿Dormiste aquí? –evadió su pregunta con otra pregunta.
-No exactamente. Hace un rato que entré, ¿te molesta? –preguntó con su usual tono seductor. Le acarició levemente su hombro.
-Eres una mañosa –le dijo.
-¿Por qué lo dices? –
-No es ninguna casualidad que estés aquí. Te las apañas siempre para conseguir lo que quieres –le confirmó. Ella alzó una ceja.
-Claro que no es casualidad, tus padres me invitaron a quedarme, en especial Narcisa. Pero tienes toda la razón. Quiero recuperar lo que es mío y sabes que siempre consigo lo que quiero –
Malfoy rió socarronamente.
-¿De qué cojones te ríes? –se molestó ella.
-Yo no tengo dueña –le aseguró el chico.
-Te equivocas… -Astoria se colocó encima de él, con una pierna en cada costado -…eres mío. Mío y de nadie más –Lo comenzó a besar. Desde los labios hasta el cuello. Acariciando ese torso suyo que la volvía loca. Ese cuerpo que le pertenecía, que tantas veces había estado sobre ella. No se podía imaginar a otra sobre él, haciendo lo mismo que ella. Mucho menos podía imaginar a la pelirroja desabrida, con ese anillo en su dedo anular, pavoneándose ante todos como la prometida del señor Malfoy, revolcándose en la cama. Aún así sonrió para sus adentros, porque mientras ella estaba con él, Ginny se encontraba convaleciente, muriéndose, sin poder hacer nada para evitarlo.
-Draco… -susurró dichosa. Él le ayudó a quitarse el sujetador, con prisas, con ansias. Solo una cosa era segura: Astoria sabía cómo moverse. Sabía cómo hacerlo estremecer, cómo excitarlo, cómo besarlo. Sus movimientos eran precisos, justos, como él los quería. Por eso era su favorita entre todas. Las demás no contaban. Siempre terminaba regresando con Astoria. Las mujeres eran buenas, sí, pero ninguna de ellas era como Astoria Greengrass, tan mujer, tan seductora y segura de sí misma. Nadie con esos espectaculares pechos firmes, sus curvas delineadas, sus labios seductores, su cabellera larga, hermosa y rojiza…
¿Rojiza?
Perdió un segundo razonando lo que acababa de suceder. Astoria no era pelirroja. Malfoy abrió los ojos como platos, confirmando que sus pensamientos se habían equivocado, que habían vagado hacia otro rumbo, un rumbo aún desconocido. ¿Por qué se la había imaginado pelirroja? La única pelirroja era esa traidora a la sangre, a la que hacía pasar como su prometida, con la que engañaba a todo el mundo y con la que se engañaba a sí mismo. Se detuvo. La cabeza empezó a darle vueltas, cientos de cosas pasaron veloces por su mente…
-Draco, sigue… -reclamó Astoria entre gemidos, queriendo deshacerse de sus calzoncillos.
-Tu cabello es rubio… -comentó sin darse cuenta.
Astoria paró, mirándolo perpleja.
-Qué observador –comentó sarcásticamente. Malfoy no respondió y se limitó a mirarla a los ojos. No era nada extraordinario, nada que no conociera. ¿Por qué si hacía unos segundos había pensado que era casi perfecta, la chica ideal para pasar en la cama, ahora la veía tan común y corriente? ¿Nunca se había fijado en ella detalle por detalle? Recordó las piernas de Ginny, aquella vez en el callejón Diagon… desvió la vista y se dio cuenta de que no tenían nada peculiar las piernas de Astoria.
-Draco ¿qué te pasa? ¿Por qué me miras así? –
-Nada –tragó saliva. De pronto recordó una cosa importante. Debía ir a ver a Ginny. No era asunto suyo, pero sabía que debía hacerlo y no tenía explicaciones para eso. Sólo quería cubrir las apariencias frente a su hermana, fingir preocupación…
¿Qué demonios? Tenía enfrente a Astoria desnuda y no la aprovechaba.
-Entonces continuemos… -insistió ella. Volvió a besarlo, Malfoy respondió a sus besos. Volvió a sumirse en esa pasión desenfrenada, volvió a pensar en lo único que le interesaba. No iba a dejar que la pelirrojilla se adueñara de sus pensamientos.
…
Ron estaba inquieto. Sabía que su hermana estaba enferma, pero ni él ni sus padres tenían idea de cómo se encontraba. Ella no debía estar ahí, en la Mansión Malfoy, en una casa en la que nunca fue bienvenida, con una familia que siempre la despreció. Empezó a dar vueltas por su pequeña habitación mientras pensaba. Le expondría la idea a su madre. Probablemente no se opondría, ella también estaba preocupada. Ginny tenía que estar devuelta pronto, recuperada y sana. ¿Era correcto lo que pensaba? Si a Ginny la habían recibido, ¿por qué a él no, que era el hermano? Además… no tenia caso hacerse el tonto. Si iba, corría el riesgo de ver a Divina, saludarla, platicar con ella. Era un riesgo que quería correr. Sí, estaba decidido. No podía esperar más. Llevaría noticias de Ginny a la Madriguera. Y a Hermione y Harry también. Salió de su habitación lleno de seguridad. No se imaginó que antes de llegar a la Mansión Malfoy, estando ya frente a la casa, se le desvanecería toda la seguridad con la que había decidido ir a visitar a su hermana. Y sobre todo, no se imaginó que un miembro de la familia Malfoy fuera el que lo llevaría hasta la Mansión.
…
Malfoy terminó de bañarse y salió de la ducha con la toalla puesta. Hacía rato que había terminado su asunto con Astoria y ella se había ido a su habitación, a tan solo unos pasos de distancia, alcanzable, a todas horas, para él solo. Se vistió y fue a la habitación de Ginny. Cuando abrió la puerta sintió un cosquilleo inusual en su estómago. ¿Náuseas? Ojalá…
Ahí estaba Divina, sentada junto a Ginny. No platicaban porque la pelirroja estaba durmiendo, pero su aspecto aún era pálido y sudoroso.
-¿Cómo está? –preguntó a sus espaldas. Divina se dio la vuelta.
-No sé. No creo que haya mejorado durante la noche –
-¿Quieres que el sanador la vuelva a revisar? –
-No sé, dijo que con el tónico se pondría mejor… -
-¿Por qué no la llevamos a San Mungo? Ahí la atenderán mejor –
-¿No ves cómo está? Perderá las pocas fuerzas que tiene. Siento que apenas y respira… –
-No exageres –
-No estoy exagerando, Draco –dijo muy seria. –Ginny está muy enferma, debemos cuidarla –
Malfoy frunció el ceño y la miró. Lo primero que vio fue su cabellera pelirroja, ardiente como el fuego, ardiente como su cuerpo… Incluso dormida, pálida, sudorosa, moribunda, lucía bonita. Esa chica no era fea. Demonios, ¿qué es lo que pasa? ¿Lo conmovía verla enferma, débil, sin replicar de nada, sin discutir con él? ¿Le daba lástima? Eso debía de ser, lástima.
-Bueno, nos vemos al rato –se despidió. Hizo ademán de irse.
-¿Qué? ¿A dónde vas? –
-Tengo unas cosas que hacer –
-¿Y son esas cosas más importantes que Ginny? Ella te necesita aquí, a su lado. Pero resulta que tú te vas mientras ella se retuerce del dolor –
-No creo que me necesite, seguirá dormida. Y si se retuerce del dolor ¿no es mejor que la llevemos al hospital? Digo, estoy muy preocupado y sólo quiero que se mejore. Ginny es mi prometida –mencionó teatralmente –si ella está mal, yo estoy peor -
-Estoy segura de que incluso dormida sentirá tu presencia -
El rubio puso los ojos en blanco.
-Tienes razón… podría leerle un cuento también. Estoy seguro que incluso dormida escuchará mi aterciopelada voz –aseveró socarronamente.
-Es una buena idea –
-Me gusta Babbity Rabbitty… o más bien prefiero El corazón peludo… -
-A mí me gusta La fuente de la buena fortuna… -
-¿Es el de las tres brujas? –
-Sí, siempre he querido una fuente de la buena fortuna… -
-El peor es el de los Tres hermanos. Es patético… -
-Te encantaba cuando eras niño, mamá te lo leía diario… -
Ambos guardaron un repentino silencio. Malfoy se dio cuenta de que estaban hablando de los estúpidos cuentos de Beedle el Bardo y al mirarse estallaron en risa. Ginny soñó con una risa tan pura que la enamoró. Un rato después, cuando ya había despertado, deseó que Malfoy fuera el dueño de esa risa.
…
Ron estaba a punto de salir de la Madriguera cuando llegó una visita. Él mismo abrió la puerta y quedó perplejo cuando vio de quién se trataba. Era Divina Malfoy. Hermosa como siempre, con una sonrisa en sus labios. Llevaba el cabello suelto, adornado por un broche de plata.
-Hola, Ron –saludó.
-Hola… -el chico no entendía por qué justo ella estaba ahí, en la puerta de su casa. -¿Quieres pasar? –invitó.
-Oh –Divina echó un vistazo desde ahí. Era una casa pequeña, llena de muebles, muy humilde. Tragó saliva. –Gracias, sólo vine a decirte que Ginny está muy enferma, y es injusto que ustedes no tengan noticia de ella, ni que la puedan atender. Por eso decidí invitarlos a visitarla, sé que deben estar muy preocupados por ella –
-Sí, la verdad es que mi madre está desesperada. A mis padres no les gustó que se la llevaran –
-Entiendo, por eso es que he venido. Pueden ir a visitarla, por favor, en mi casa son bienvenidos –
-Gracias –titubeó. "Eres muy linda" pensó Ron. En ese justo momento, Molly se asomó y vio a la chica. Rápidamente se acercó a ella.
-¿Cómo está Ginny? Mi Ginny… -exclamó.
-Está muy enferma. Ya la vio un sanador, todo saldrá bien –
-¿Por qué Malfoy se la llevó? Ella no debió haberse ido, no entiendo… -gimoteó una madre desesperada.
-Señora Weasley, yo vine a decirle que puede ir a visitarla, no es ni necesario que lo pida –
-No creo que deba ir a tu casa… -
-Su hija la necesita, en mi casa ustedes serán bienvenidos siempre. Somos casi familia –sonrió. Ron la miraba perdido, admirando su belleza espectacular. ¿Por qué era tan amable con ellos? Debería ser igual que el resto de su familia.
Molly frunció los labios.
-A tus padres no les gustara que estemos en tu casa –
-Por favor, su hija la necesita… -
-Claro que quiero ver a mi Ginny. Pero para empezar ella no debería estar en tu casa, no tiene nada que hacer ahí. Ella debe estar aquí –
-Draco la está cuidando, él también está muy preocupado y tiene todo el derecho… -
-Yo la cuidaría mejor, soy su madre –interrumpió.
Divina intentó no perder la paciencia. Comprendía a la señora Weasley.
-Y mi hermano es su prometido. Sólo piénselo. Siempre serán bienvenidos en la Mansión –volvió a echar un vistazo a la Madriguera. Hizo ademán de darse la vuelta, pero Molly la detuvo.
-¿Podemos ir hoy mismo? Necesito ver cómo está Ginny –
Divina sonrió.
-Por supuesto –
-¿Puedes esperar un momento? Ron, quédate a hacerle compañía, ¿ya la invitaste a pasar? –
-Sí… -
-No se moleste, puedo esperar aquí –
-Está bien, no tardo –
Molly entró a la Madriguera, dejando a su hijo y a la chica rubia solos. Divina le sonrió. El corazón de Ron comenzó a latir rápidamente, nervioso, cohibido. Divina Malfoy le gustaba. No podía evitarlo.
…
Narcisa y Lucius no estaban en su casa cuando Ron, los gemelos y Molly visitaron a Ginny. Malfoy no cruzó palabra con ellos, prefirió salir de la habitación en cuanto entraron. Estaba harto de estar ahí, hasta se sentía enfermo, asqueado. Subió a la habitación de Astoria. Con ella se desahogó. La familia Weasley pasó ahí casi toda la tarde, acompañando a Ginny. La pelirroja despertó en dos ocasiones, sudando y susurrando palabras incomprensibles. Cuando vio a toda su familia ahí, sonrió y volvió a cerrar los ojos, un poco mas tranquila. Hizo un esfuerzo por estar despierta, pero la venció el cansancio de la enfermedad, y después de escuchar las tonterías de sus hermanos un rato, cayó dormida en un sueño profundo. Cabe decir que lo único que pudo recordar de ese sueño largo fue una sombra. Una figura bien delineada, y una sensación que la dejó inquieta, algo que sabía que cambiaría muy pronto.
…
Tres días después de la visita de su familia, Ginny comenzó a mejorar. El primer síntoma de alivio: la temperatura disminuyó. Fueron cuatro días de intensa agonía para la pelirroja. Cuando abrió los ojos, después de un largo sueño del que despertó cansada, vio a Malfoy. La chica carraspeó. Al hacerlo, sintió el intenso ardor de su garganta. Tenía mucha sed. Buscó en la mesita de noche. El recipiente con agua estaba semivacío.
-Por fin despertaste, lleva-bas una eternidad durmiendo -
Ginny desvió la mirada. No tenía fuerzas, ¿y Malfoy quería pelear? No estaba para eso.
-¿Cuándo te vas a recuperar? Sabes que por tu culpa no puedo salir ¿Verdad? -
Eso, en una parte, era cierto. Malfoy salía, por supuesto, y también se la pasaba con Astoria unos ratos, pero Divina lo obligaba a ir siempre a cuidar de Ginny. Era un fastidio.
-¿No me piensas responder? –
-Agua –musitó la chica.
-¿Qué? –
-Si quieres hacer algo por mí… -
-No quiero hacer nada por ti. Quiero que salgas de esa cama de una vez –
-Agua –repitió. Malfoy comprendió lo que Ginny quería. Frunció el ceño. Lo pensó dos veces, pero sacó su varita y llenó un vaso con agua. Se lo extendió a Ginny para que bebiera. La chica exhaló. Se sentía mejor que antes, eso era bueno. Mientras más pronto se aliviara, más pronto dejaría esa casa. O eso pensaba ella.
-Gracias –
-¿Ahora puedes dejar de exagerar y levantarte? Quiero de vuelta mi libertad
-¿De qué hablas? –
-¿No ves que tengo que cubrir las apariencias? Se supone que debo estar preocupado por ti, cuidarte y esas cosas –
-Yo no decidí enfermarme –
-Haz un esfuerzo por aliviarte –
-Sé que tu preocupación por mí es inmensa y por eso me deseas que me alivie –le dijo con sarcasmo -pero si con eso bastara, ya estuviera en mi casa. No tengo nada que hacer aquí, no sé ni cómo llegué a este lugar –
-¿Cómo prefieres estar en tu pocilga? Esto es muchas veces mejor que tu chiquero –
-No hables así de mi casa –le advirtió.
-Estoy harto. Me voy –
-Por fin me haces un favor –
-Procura irte de aquí lo más pronto posible –
-Es lo que más deseo –
-Como digas –
Malfoy cerró la puerta. Ginny resopló. Ahora estaba de malas. ¿Por qué tenía que pasar por todo eso? ¿A dónde la quería llevar su destino? Si en ese momento hubiera sabido la respuesta, no habría sucedido lo que estaba predicho. Y su historia hubiera sido muy diferente.
Ginny estaba despierta, sola en la habitación de la Mansión Malfoy. Hacía rato que había anochecido. Veía hacia el techo, con la mirada perdida, cuando escuchó gritos que venían de afuera.
-…y cuándo se va a ir? ¡No la quiero ni un minuto más en mi casa! –bramó la voz de un hombre.
-Divina fue quien la trajo, no yo –respondió otra voz masculina.
-No puedo permitir que esa chica esté viviendo en mi propia casa –
-En cuanto se recupere se irá –
-¿Y cuándo va a llegar ese día? Sólo se está aprovechando de ti, Draco ¿no lo entiendes? Casándose contigo podrá salir de la pobreza en la que vive…
-Basta ya, no pienso discutir eso contigo. Es mí decisión –
-Draco, te doy un día más para sacarla de esta casa. Mañana mismo se va esa traidora a la sangre –finalizó.
Lucius Malfoy se marchó. Malfoy golpeó la pared, molesto. ¿Por qué tenía que hacer todo lo que su padre decía? No le importaba tener que soportar más tiempo a Weasley, pero de ninguna manera le daría gusto a su padre, Ginny se iría cuando él lo decidiera. Narcisa, por su parte, prefería ignorar el hecho de que la pelirroja estuviera viviendo en su casa. No lo soportaba y evitaba hablar del tema o pasar por esa habitación.
Entre vagos pensamientos, alguien tomó a Malfoy de los hombros y se acercó a su oído.
-No te estreses –susurró Astoria. Mordió suavemente el lóbulo de su oreja.
-Astoria… -
-Vamos a mi habitación… ¿o prefieres la tuya? –
-Esta tarde estuvimos juntos… -le recordó.
-¿Y qué? Yo quisiera estar junto a ti el resto de mi vida. Por la mañana, por la tarde, por la noche… –
-Astoria, no digas estupideces –
-Es la verdad. No me importa que te quieras casar con la pordiosera. Yo voy a recuperarte. No vas a durar mucho con ella, porque conmigo lo tienes todo, es más sencillo… -
-¿No te importa que ella sea mi prometida? –
-Yo me encargaré de que eso cambie. Y además, yo no soy la estúpida a la que están engañando –sonrió y él se dio la vuelta para mirarla.
-¿Y se puede saber cómo harás eso? –
-Es muy fácil –contestó Astoria. –Así… -le rodeó el cuello con los brazos y lo comenzó a besar. Malfoy se separó de ella. Por alguna extraña razón, no tenía ganas de estar con la chica rubia.
-Draco… -insistió, pero él la detuvo. -¿Qué te pasa? –preguntó evidentemente molesta.
-No me pasa nada. ¿Por qué no lo hacemos otro día? –
-¿Y por qué no ahora? –
-Porque no me dan ganas –
-Yo haré que te den muchísimas ganas… -volvió a intentarlo, pero fracasó.
-Basta Astoria. Dije que no –exclamó con sequedad.
-¿Qué pasa contigo? ¿Acaso esa mugrosa insípida es mejor que yo? ¿Qué hace para tenerte tan embrujado? Estoy casi segura que debió haberte echado una poción de amor… -
-No digas tonterías, ella no tiene nada que ver con que yo no quiera estar contigo –
-¿La estás defendiendo…? –sugirió con suspicacia.
-Nos vemos mañana –se despidió con frialdad. Era indiscutible que no quería seguir cerca de ella. Tenía otras cosas en mente.
-Espera, Draco… ¿mi beso de buenas noches? –preguntó.
Malfoy se acercó a Astoria para dárselo. Ella lo tomó desprevenidamente con ambas manos y le plantó en la boca algo más que un simple beso de buenas noches.
Cuando se separaron, alguien los descubrió.
-¡Draco! –gritó Divina, sorprendida y un poco decepcionada.
-Ups –soltó Astoria. Le dedicó una sonrisa cínica y se fue.
-Draco… -repitió la chica.
-Divina, no es lo que parece… -argumentó.
Sí… no leyeron mal, Mafoy había dicho esa absurda frase de telenovela muggle.
-No… a mí no me tienes que dar explicaciones. Se las tendrías que dar a tu novia –
-Ella me pidió un beso de buenas noches –le explicó –y me agarró desprevenido. Sabes que lo nuestro acaba de terminar, ya no tengo nada que ver con ella… -
-No parece que haya terminado por completo –
-Ha terminado por completo, pero sigue insistiendo. No me ha podido olvidar… -
-¿Y por eso vas a permitir que te bese? –
-No, claro que no… -mintió insolentemente.
-Draco… - suspiró. -¿Quieres a Ginny? –
-Me voy a casar con ella –
-Eso no responde mi pregunta. Tal vez estén comprometidos por algún problema que tienen, por conveniencia… sabes que puedes contármelo –
-No es por nada de eso, Divina –volvió a mentir.
-¿Entonces por qué te besas con otras chicas? –
-¿Otras? Nada más fue con Astoria… -
-Da lo mismo –
-Está bien, no lo volveré a hacer –le aseguró, aunque sabía que no lo cumpliría.
-No me lo prometas a mí, yo no soy tu novia –
-Entonces ¿me guardarías este secreto? -
-Es decepcionante, Draco. ¿Por eso se vino a vivir a esta casa? ¿Para estar más cerca de ti? No me confirmes lo que estoy pensando… -e hizo una mueca de asco.
-¿Qué estás pensando? –preguntó curioso y divertido.
-Nada –contestó cortante. –Me iré a dormir, hasta mañana –se despidió de su hermano y se dirigió a su habitación.
¿Por qué Divina los tuvo que haber encontrado en la movida?
Demonios.
¿Y por qué él había rechazado a Astoria?
Antes de irse a su habitación, se dirigió a donde dormía Ginny. Titubeó un poco antes de entrar, pero finalmente se decidió y abrió la puerta. El cuarto estaba casi en penumbras, la única iluminación provenía de una vela que se encontraba sobre la mesita de noche.
Ginny estaba recostada y en cuanto vio a Malfoy entrar, puso mala cara.
Ninguno de los dos dijo nada. Un silencio incómodo reinó la habitación, hasta que ella decidió romperlo.
-¿Cuándo va a terminar esto? –preguntó con voz ronca.
Él ahí parado, a cierta distancia, y ella en la cama, enferma.
-Cuando yo lo decida –contestó como si fuera lo más simple del mundo.
-¿Qué es lo que te propones? –comenzó. -Esta boda es un fraude, nosotros no nos soportamos, nuestras familias son enemigas… -Ginny miró el anillo que brillaba a pesar de la oscuridad.
-Todavía no estoy satisfecho con los resultados –
-¿Qué resultados? –
-El propósito del plan. La razón por la que hago todo esto –
Ginny se quedó callada. Estaba cansada de discutir el tema. ¿Por qué mejor no le seguía el juego? ¿Por qué no sacaba provecho, justo como él hacía? Estaba segura de que todo terminaría antes de lo que pensaba. Tenía la esperanza de que así fuera.
Malfoy permaneció ahí unos minutos más antes de salir.
…
La mañana siguiente Ginny amaneció con más color en sus mejillas. La mejoría era evidente. Estaba contenta porque eso suponía que muy pronto abandonaría aquella Mansión en la que no era bienvenida. Se puso de pie y tomó un poco de agua que Divina le había dejado ahí. Eligió un cambio de ropa de los que había llevado y se vistió. Confirmó que poco a poco iba recuperando fuerzas. Sólo estaba un poco atontada por pasar tanto tiempo acostada y luchando entre la consciencia y la inconsciencia. Acomodó sus poquitas cosas que tenía y se sentó en el borde de la cama a esperar. No se atrevía a salir del cuarto por temor a encontrarse con Narcisa o Lucius. O casi peor, con Astoria.
Aún no comprendía por qué se había ido a vivir a esa casa y por qué lo había permitido. Concluyó que no estaba en sus cabales cuando sucedió. Ella no tenía nada que hacer ahí. Se rió para sus adentros al recordar que Astoria quería ocupar su lugar, robárselo. Pero "su lugar" era una completa mentira. ¿Por que había sentido celos durante 2 segundos? Cuando el engaño terminara, Astoria seguiría viviendo ahí. Y lo más seguro era que Malfoy la hiciera su esposa. Malfoy era todo un gilipollas. Ginny resopló. ¿Cuándo había ido a parar a todo aquello? Estaba en problemas, sola... No tenía ni idea cuándo acabaría esa tortura. Solo esperaba que fuera pronto. Astoria era una chica ¿afortunada? ¿Cómo se le podía considerar? Había crecido entre tanta riqueza y era la favorita de Malfoy. Sintió un repiqueteo en su interior. Aunque su relación con él fuera una mentira de las peores, no podía permitir que Astoria se saliera con la suya. No mientras el plan durara. No le haría el camino tan sencillo, no le dejaría tan fácil a su prometido. Miró su anillo de compromiso. Casi nunca se lo quitaba. Brillaba tanto que casi encandilaba la vista. Ginny se recostó en la cama, pensando en todo lo que le estaba sucediendo. Malfoy no era tan feo, por algo las chicas se fijaban en él... No, ¿qué diablos estoy diciendo? ¿Acaso yo también caeré en sus redes? No, no soy tan estúpida. Nunca sentiré nada positivo hacia él. Aunque me defendiera de aquel mago, suceso que nunca olvidaré, él siempre seguirá siendo el despiadado y cruel mago que conozco. Pero pensándolo bien, no era tan malo. Alguien que amaba por sobre todas las cosas a su hermana menor no podía guardar tantos malos sentimientos en su corazón. En algún lugar profundo debía de estar escondida esa luz. Y por un momento, antes de caer en un sueño ligero, pensó y casi se decidió por encontrarla y hacer que saliera a la superficie.
…
-¿Estás segura de que quieres hacer esto? –le preguntó Malfoy a Ginny.
-Tengo que hacerlo si no quiero morir repentinamente, hay un juramento de por medio –
-Pero estás enferma ¿no? –
-Me siento mejor. Además… te has portado bien conmigo. Es lo mínimo que puedo hacer –
-Bien. En tu habitación hay un vestido. Póntelo –le dijo, y se dio la vuelta.
¿Un vestido nuevo? No se lo podía creer. No podía negar que se sentía mejor, pero ninguno de los dos había hablado acerca de su estancia en la Mansión Malfoy, ni de los regalos costosos. Malfoy aún no le había dicho que se largara, y no podía restar la posibilidad de que estuviera tramando algo.
Por primera vez Ginny se arregló pensando en lo que diría Malfoy cuando la viera. El era muy exigente y aunque ella siempre se ponía guapa para si misma, esta vez sus pensamientos iban más lejos, más allá de lo cotidiano. ¿Qué pensaría Malfoy de todo eso? ¿Le gustará? ¿Qué dirá del maquillaje? ¿De la ropa? ¿Notará que está usando la que él mismo le compró? Su corazón dio un vuelco, se aceleró, con un atisbo de preocupación. Pero sabe, sin embargo que muy pronto tendrá todas las respuestas.
Malfoy la estaba esperando en el vestíbulo. Cuando ella salió de su habitación y lo encontró, él la miró asombrado. Ginny siempre se veía hermosa, pero en esos momentos… por alguna razón era diferente. Había algo distinto en la forma de verse, quizá porque en el fondo ella se había arreglado pensando en él. Muy dentro de él, nunca había querido negar que en realidad la chica era muy guapa, pero ahora podía aceptarlo en voz alta. Y sin ningún indicio de falsedad y pesadez.
-¿Qué pasa? –preguntó Ginny ruborizada.
-N-nada. Vámonos –
-¿El vestido luce bien? –preguntó preocupada porque el chico no le quitaba la mirada de encima.
-Luce más que bien. Te queda perfecto –admitió. Después, sonrió con cinismo –Y eso que no todo te queda bien –dijo, pero él mismo sabía que era mentira.
-¿No puedes ser amable en la misma frase? –preguntó fingiendo fastidio. Le alegraba saber que le gustaba. Él lucía impecable, encantador.
-Vámonos –le dijo con una sonrisa más blanca. Juntos salieron de la Mansión y se dirigieron a su destino.
…
Ron estaba esperando en un lugar oscuro, húmedo. La calle estaba vacía, no había ni un alma rondando por ahí. Esperó un par de minutos más, comenzando a impacientarse. Cada segundo que pasaba ahí le hacía perder la esperanza. ¿Habrá sido todo una broma? ¿O simple imaginación suya? Encontró ese pedazo de pergamino que le había dejado ella, cuando fue a la Mansión Malfoy. Lo leyó, y sin poder creerlo aún, esperó a que llegara el momento del encuentro. Y ahí estaba él. Probablemente le diría algo acerca de Ginny, que se estaba recuperando, que su hermano la trataba mal… que lo necesitaba. Lo que daría por escuchar eso último. Que una chica tan guapa como ella lo necesitara. Pero no podía ser posible, además de que era una Malfoy. Cambió el peso de una pierna a otra y suspiró. Hacía frío, y no quería exponerla a ella a ese clima. Buscarían un lugar caliente y mantendrían una conversación, ¿era tan difícil lograrlo? Ron era tímido con las chicas, más con las chicas lindas. Escuchó un ruido, alguien se acercaba. Automáticamente puso su mano alrededor de su varita, a la expectativa. Una sombra se detuvo delante de él. Se quitó la capucha y dejó ver una hermosa cabellera rubia, reluciente a mitad de la noche.
-Divina –suspiró el chico.
-Hola –sonrió ella.
-Creí que no llegarías –dijo tragando saliva.
-Disculpa la tardanza. No quería que nadie se diera cuenta de que salí de mi casa, tuve que esperar a que Draco y Ginny salieran para que no me vieran… -
-¿Ginny salió con Malfoy? ¿No está enferma? No puede salir así –
-Está mucho mejor, no te preocupes. Sólo le quedan las huellas de la enfermedad –
Ron no estuvo muy convencido, pero no la contradijo. Le fue imposible.
-Por cierto… ¿para qué me pediste que nos encontráramos aquí? –preguntó tímidamente. Divina se ruborizó, pero para su suerte, la oscuridad no permitió a Ron darse cuenta de eso.
-Oh, porque… quería hablarte de una cosa… -
-¿Qué cosa? ¿Tiene que ver con Ginny? –
-¿Por qué mejor no buscamos un lugar cálido? Esto no es cómodo y tengo un poco de frío –dijo tiritando y esbozó una sonrisa. Ron también sonrió.
-Sí, vamos –
…
Malfoy y Ginny llegaron a la reunión, que había sido organizada por Blaise Zabinni. Éste le había insistido a Malfoy que asistiera y que, por supuesto, llevara a su prometida. Él se había negado, diciendo que ella estaba indispuesta. Pero después de tanto rogarle lo convenció. Sólo porque sabía que si no aceptaba, no se lo quitaría de encima. Zabinni sonrió en cuanto los vio llegar y se acercó a ellos.
-¡Qué alegría verlos por aquí! –saludó.
-Sí, sí –contesto Malfoy restándole importancia.
-Me alegra mucho que hayas venido, Malfoy me comentó que estuviste enferma –le dijo a Ginny.
-Me siento mejor –afirmó.
-Me alegro. Por aquí por favor, mi casa es de ustedes –
-No finjas tanta amabilidad, Zabinni. No es tu estilo –
-Me ofendes, Draco –dijo con fingida indignación. –Amabilidad es mi sobrenombre –bromeó, y le guiñó un ojo a la pelirroja.
-Y tu apellido ahora es Ridículo –
Zabinni rió por el chiste de su amigo.
-Qué lástima que no trajiste a Divina. Hubiera sido la luz de la fiesta – aseguró, y los guió a ambos a la mesa de bebidas.
Malfoy se vio obligado a presentar a casi todos sus amigos de la fiesta a su prometida. Todos halagaron su belleza y buen gusto. Cuando tuvo oportunidad, la dejó sola y se perdió entre la gente. Ginny estaba parada cerca de la mesa de comida, la que consideraba un lugar seguro. No sabía cómo tenía agallas para volver a un lugar así después de lo que había vivido. No tardó mucho en encontrar compañía, aunque ella misma no se la había buscado. Un joven mago se acercó a ella.
-Aburrida fiesta, ¿eh? –comentó.
Ginny sonrió tímidamente sin saber qué decir.
-No tienes que responder. He ido a mejores. Por cierto, nunca te había visto antes –
-Soy… -
El joven no le dio tiempo de responder.
-Sí, eres una Weasley ¿no? -dijo mirando su cabello.
-Sí –contestó.
-Y próximamente una Sra. Malfoy –
-Así es –dijo para su mala gana.
-¿Sería inoportuno de mi parte preguntar qué le vio una señorita tan hermosa a un mago como Malfoy? –
-Creo que sí sería muy inoportuno –
El tipo sonrió.
-Pero puedo adivinarlo, claro –afirmó.
-¿A si? –preguntó sorprendida.
-Claro. La familia Malfoy es muy antigua. Y sobre todo, aparte de sangre pura, es rica –
Ginny hizo un esfuerzo por no demostrar su enojo.
-Y como mi familia es pobre, sería la alianza perfecta ¿no? –
-Exacto, además de bella, eres inteligente –
-En cambio, yo no puedo decir lo mismo. No suelo desperdiciar mi tiempo hablando con idiotas –y dicho esto, se alejó notoriamente molesta, dejando al desconocido mago con la palabra en la boca, totalmente confundido y pensando en qué se había equivocado.
-Hola… ¿puedo llamarte Ginny? –preguntó Zabinni. La había visto venir desde la mesa y decidió acercarse a ella.
-Eh, como quieras –
-Bien. ¿No te hace falta nada? –
-Gracias –negó con la cabeza.
-Le supliqué a Draco que vinieran. No nos había dado la gran noticia. ¿Cuándo es la boda? -preguntó, buscando el anillo con la mirada.
-Aún no hay una fecha fija –
-Espero figurar en tu lista de invitados –
-Eres amigo de Malfoy –contestó encogiéndose de hombros. –Claro que estarás en la lista –
-Qué extraño que lo llames así –comentó. Ginny apenas se dio cuenta de su error, pero ya era tarde para rectificarlo.
-Es la costumbre… -se quiso justificar.
-Sí… me imagino que en la cama lo llamas de diferentes maneras –comentó guiñándole un ojo. Quería verificar si lo que Draco había dicho era cierto. Ginny estuvo a punto de ruborizarse, indignada
-Imaginas mal. Todavía no damos ese paso… -
¿Todavía? ¿Por qué lo había dicho como si existiera la posibilidad de hacerlo? Como si fuera algo que sucedería al fin de cuentas.
-Así que casta hasta el matrimonio –
Ginny levantó la barbilla, llena de orgullo.
-Entonces Draco debería apurarse con esa boda… -murmuró, mirando la figura de la chica. Ginny alcanzó a escuchar lo que dijo y entrecerró los ojos.
-Me resulta más extraño que alguien como tú hable conmigo –
-¿Por qué lo dices? Lo que pasó en el colegio ya es pasado ¿no? Éramos unos críos… ahora se supone que hemos madurado. ¿Por qué habríamos de llevarnos mal? Además, si eres la novia de Draco, entonces no tendría que existir ningún tipo de enemistad entre nosotros ¿o sí? –dijo sonriente. Ginny no se convenció. El tipo no le daba confianza. Zabinni se acabó la copa que tenía en la mano de un trago e hizo una mueca.
-Ésta noche es para divertirse, vamos. Pondré buena música y tú y yo bailaremos –
-No, gracias… -
-No acepto un no como respuesta. Sé que a Draco no le molestará. Nunca ha sido celoso –
-Pero a mí no me apetece… -
Zabinni la ignoró. Con un movimiento de varita subió el volumen del aparato de música y una canción movida comenzó a sonar.
-Ven conmigo… -tomó la mano de la chica y la llevó al centro de la sala.
-No quiero bailar… -
-Vamos, no es tan complicado… -
Puso las manos de Ginny sobre su cuello y él posó las suyas en su cintura. La acercó a él y se excitó por la poca distancia que había entre sus cuerpos. Ahora no cabía duda de que el alcohol se le había subido. Ginny estaba nerviosa, sin saber qué hacer, sólo seguir sus pasos. Zabinni se acercó a su oído y le susurró:
-Bailas muy bien… -
-Zabinni… -
-Llámame Blaise. Ahora somos amigos –
-Blaise, no quiero bailar… -
Para ese entonces, varias parejas ya se habían unido a ellos.
-Sólo diviértete, no le estás siendo infiel a nadie –
Eso detuvo los pensamientos de Ginny. Zabinni tenía razón, ¿con quién salía ella? Con nadie. ¿Por qué no podía divertirse? El chico era guapo, no podía quejarse. Además, bailar no era ningún delito. Se dejó llevar por la música y apretó sus manos alrededor del cuello de él, como diciéndole que estaba bien, que podía seguir, que lo permitía. Que él tenía razón y ella podía divertirse. Zabinni sonrió para sus adentros y acercó la cintura de la chica hacia él. Se moría de ganas de besarla. Pero no frente a toda esa gente. Buscaría el momento adecuado.
…
Divina y Ron entraron a un pub. Al abrir la puerta, una campanilla sonó anunciando la llegada de nuevos clientes. Se sentaron en una mesa apartada, en un rincón cálido. Sin poder evitarlo, las orejas de Ron enrojecieron.
-¿De qué querías hablar? ¿Es acerca de Ginny? ¿Cuándo volverá a la madriguera? –
-No sé exactamente cuándo, todavía no ha dicho nada. A Draco le encantaría tenerla ahí con nosotros, pero no sé qué es lo que decidan… pero no es de ella de quien quiero hablarte –
Ron se extrañó.
-¿A no? –
-No… tal vez te resulte extraño… para mí también lo es… En la escuela nunca nos hablamos, pero sé que eres un gran chico –la voz le tembló antes de seguir hablando. –Me armé de valor para pedirte que nos viéramos. Simplemente quería platicar. Espero que no te moleste –
Ron estaba anonadado. Esa chica no podía estar interesada en él. Era la belleza en persona. La perfección.
-Claro que no me molesta –
Divina sonrió. Esa sonrisa suya tan encantadora, que hechizaba a cualquiera, pero sobre todo a Ron.
-¿Quieres algo de beber? –
-Sí, un té por favor –
-Voy por el –anunció.
Divina respiró profundamente. Poco a poco el nerviosismo iba desapareciendo, huía de su alma, veloz y ligero, dando paso a nuevas emociones positivas, nuevos sentimientos. Ron pidió las bebidas y sonrió con un poco de miedo. ¿Qué podía pasar entre él y la chica? Lo sabría viviéndolo. Lo sabría aceptando su amistad, lo cual estaba dispuesto a hacer.
…
Zabinni y Ginny se separaron un rato. Él había ido por bebidas para los dos, un poco acalorados después de bailar. Ginny salió de lo que ahora se ha convertido en la pista de baile y, sin poder evitarlo, buscó con la mirada a Malfoy. Se detuvo a pensar un momento en lo que acababa de hacer. ¿Nos habrá visto bailar? ¿Qué pensará ahora? ¿Qué pensará de mí? No es posible que se enoje, no lo creo. No hice nada malo. Y él y yo no estamos juntos. Todo es una farsa. Él sale con tantas mujeres… ¿Y por qué me importa tanto?
Malfoy se encontraba con la compañía de Crabbe, Goyle y otros tíos. De nuevo el tema de conversación era el que menos soportaba y en el que menos quiere pensar cuando está con ellos: Ginny.
-¿Dónde está tu chica, por cierto, eh? Puede que esté con otro y tú ni te has dado cuenta… -
-Debe estar en algún sitio. Yo no soy su nadie para estar al pendiente suyo… -
-Es tu mujer, Draco… -
-No –interrumpió Crabbe. –Aún no lo es, ¿no ves que son tan románticos que esperaran hasta el matrimonio? –
-El romanticismo no tiene nada que ver… -alegó Malfoy.
-¿Entonces sí eres romántico con ella? Vaya, con las otras nunca lo fuiste, no conocíamos tu lado sensible… -
-¿Pueden dejar de hablar de eso? –espetó molesto.
-¿Hablar de qué? –preguntó Zabinni, uniéndose a su conversación.
-De la novia traidora a la sangre de Draco… -respondió Goyle.
-¿Ginny? –
-¿Quién más si no? ¿Y por qué la llamas como si fueran tan amigos? –
-Hemos intimado un poco, ya sabes… -les guiñó un ojo. –Espero que no te moleste, Draco –
Malfoy rodó los ojos. No le molestaba en lo más mínimo pero… no le agradaba la idea de que Zabinni se estuviera involucrando con Ginny.
-¿Y bien? –preguntó.
-¿Qué? –
-No te hagas, ¿sigues con eso de "respetarla hasta estar unidos bajo la ley mágica y otras estupideces"? –
-¿No pueden hablar de otra cosa? –
-Le he preguntado ¿sabes? –interrumpió Zabinni -Ella misma me lo ha confirmado: "Casta hasta el matrimonio" –esbozó una sonrisa burlona. Malfoy se estaba exasperando. Si seguían con ese asunto lo obligarían a abandonar la ridícula fiesta. Y era capaz de dejar a Ginny ahí, con el idiota de Zabinni, ya que al parecer se llevaban tan bien…
-¿Y a mí qué? –
-¿A ti qué? –repitió sin poder creérselo. -¿Sabías que estás desaprovechando una buenísima oportunidad? ¡Vaya mujer! Debe prometer mucho para hacerte esperar tanto… -
-No digas gilipolleces… -
-Si tan solo por bailar con ella se paralizaron mis sentidos… -comentó con doble sentido.
-¿Bailaste con ella? –preguntó uno de los tíos.
-Por supuesto, ya que su enamorado no la estaba acompañando. No cabe duda, será de la peor calaña, pero esa belleza nadie se la quita. O será que nuestro amigo Draco no es capaz de seducirla y convencerla de llevarla a la cama… -lo miró retador. Sabía que estaba jugando con fuego. Pero ese era su estilo.
-¿Estás bromeando? –preguntó Malfoy entrecerrando los ojos.
-Con ella no funciona, eh. No son suficientes tus tácticas seductoras que funcionaron con tantas mujeres… Tal vez has perdido el toque –
-Cállate idiota. Yo no he perdido nada. Y si quiero puedo tener a Ginny cuando yo lo decida –él no se había dado cuenta, pero la había nombrado por su nombre. Y aunque fuera un mínimo detalle, al parecer sin importancia, era una señal de que algo estaba cambiando.
-¿A sí? Entonces no es ella, si no tú. ¿Por qué no la has metido en tu cama? ¿Por qué esperar? –
-Porque no es de tu incumbencia –
-Métela en tu cama esta misma noche –lo retó. -Estoy seguro de que no se te pegará la mugre. Al contrario, no querrás que salga nunca más, la querrás tener entre tus cobijas chupándote la… –
-No voy a hacer caso a tus gilipolleces –espetó Malfoy.
-¿Es una gilipollez querer acostarse con la novia? –
-Que te quede claro, que si yo quiero, esa chica no llega pura al casamiento. Hacer esto es pan comino. No pienso seguir en esta estúpida fiesta, me voy –se despidió y fue en busca de Ginny. En último momento, ya no estaba pensando en el asco que creía tener por ella, si no en su propio ego.
…
Malfoy y Ginny llegaron a la Mansión. La pelirroja estaba un poco aturdida por el alcohol que había ingerido esa noche. Y porque había creído que dormiría en La Madriguera, su casa.
Él la había estado mirando de reojo en lo que llegaban a la casa, pero Ginny no se dio cuenta. Y es que Malfoy no dejaba de pensar en las estúpidas palabras de Zabinni. ¿Por qué de repente les daba tanta importancia, por qué tenían tanto peso en él? Ahora no sabía si la chica le gustaba… Siempre la había odiado, y lo seguía haciendo, pero negar que era hermosa era un delito. Y a él le gustaban las mujeres hermosas. ¿Por qué con Ginny no sucedía lo mismo? ¿Qué rayos estaba pensando? Entre ellos dos no podía suceder nada, simplemente porque no. Así no eran las cosas. Así no era el plan. ¿Habría algo de malo en demostrarle a Zabinni que estaba equivocado? Que todas caían ante él… Incluso ella. Ya hasta estaba perdiendo el interés en las demás. No quería obsesionarse, no quería ser tan idiota como para darle el gusto a ese cabrón. Se dirigieron a la puerta de la habitación de Ginny.
-Mañana mismo me iré a la Madriguera de nuevo –rompió el silencio que se había creado desde que salieron de esa reunión -Este lugar apesta, estar contigo apesta… -le anunció la chica. –Estuve muy bien sin ti por cierto, toda la noche, sin que molestaras… -continuó.
Pero nadie la previno. Y él no lo pensó dos veces.
Malfoy se acercó a ella, dejándola inmóvil, helada. Extrañamente se acercó a sus labios y los miró fijamente. De repente, los tocó con los suyos, en la comisura de la boca, los unió casi como si apenas se tocaran. Desde ahí recorrió por toda su mejilla y ella se estremeció ligeramente. Sorprendida, hechizada, Ginny cerró los ojos, sin replicar. Se dejó llevar y besar de esa manera tan escalofriante, seductora. ¿Qué sucede? ¿Por qué lo hace? No le dio tiempo de pensar hasta después. Sintió un cosquilleo en su estómago... ¿por qué?
Malfoy sonrió malicioso, sin separarse de ella.
-Querida Ginny. Te la pasas insultándome y esforzándote en tu afán de comunicar cuánto me odias, ¿y después te dejas besar con tanta facilidad? -susurró en su oído, algo divertido por la situación en la que la había metido.
Ginny abrió los ojos de golpe; confundida. No sabía qué sentía más, si rabia o vergüenza.
-Eres un completo cabrón –le soltó. Sus mejillas estaban coloradas. No se le ocurrió ninguna otra cosa que decir. No tenía ni idea de por qué él había hecho eso y por qué ella se había dejado.
-¿Lo ves? -
-No te vuelvas a acercar a mí, ¿me oyes? -
-Hace un segundo parecía que no querías que me alejara de ti -contestó aún divertido. Qué simpática era Ginny a veces, pensó.
-Vete al CARAJO –le dijo echando humo por las orejas. El coraje no era lo único que la había invadido, porque había quedado en ridículo.
-¿No me darás mi beso de buenas noches? –preguntó por último.
-Jódete –espetó ella, cerrándole la puerta en la cara, una cara en la que había dejado una sonrisa.
Eso había sido una pequeña prueba. Ginny no era tan fuerte a sus instintos. Y a Malfoy le hacía sentir mejor saber que no causaba pura indiferencia en la chica. Con eso podía empezar. Le demostraría a Zabinni que Malfoy era más hombre de lo que creía. Esbozó una mueca, victorioso. Se dirigió a la habitación de Divina, sin saber que ella en esos momentos no estaría ahí.
Malfoy tocó la puerta con suavidad. Como no obtuvo respuesta, probó de nuevo. Silencio. ¿Estaría dormida ya? Sólo quería asegurarse de que todo andaba bien. Probablemente estaría en el baño, así que golpeó la puerta una vez más, con más fuerza. Giró la perilla, pero estaba cerrada. Entonces sí que se preocupó. Sacó su varita a punto de pronunciar un Alohomora, pero se detuvo. No, mejor no. No quería incomodarla. Habría puesto el seguro por algo. Se dirigió a su dormitorio y se durmió con pensamientos confusos en su cabeza. A la mañana siguiente habría olvidado que durmió pensando en esa chica pelirroja, en ese tal amigo que la intentó ligar, en esa belleza que él se había negado a ver en un principio… y en otras cosas las cuales fue mejor que no se hubiera enterado.
…
Divina entró a hurtadillas a la Mansión. Llegó hasta su habitación, aún con el corazón acelerado por el peligro de que alguien la viera llegar y sobre todo, de la noche que había vivido. Cerró la puerta y se recargó en ella. Suspiró y pensó en la sonrisa tímida de Ron. Era tan bella, tan sencilla… Y las pecas que cubrían su rostro eran encantadoras. Suspiró de nuevo, más profundamente. Quería volver a verlo. Y esperaba que fuera pronto. Se dejó caer en su gran cama y en un par de segundos quedó profundamente dormida, con un sueño ligero y libre.
Una enorme disculpa, se que no tengo perdón pero no había podido subir un capítulo! tengo ya escritos hasta el 14, pero quiero escribir mas para poder subir el próximo, paciencia! no abandonare y miles de gracias a los que siguen la historia, haré todo lo posible para subir pronto.
