Hina, I love you
Poción de amor
Capitulo 11:
Frio
Aquel día en particular hacia un viento bestial, la peor pesadilla de las chicas ya que corrían el riesgo de que sus faldas subieran dejando mostrar más de lo que debían y que además, sus cabelleras fueran alborotadas hasta dejarlas terriblemente despeinadas.
Hinata como de costumbre llego temprano al colegio junto a su primo Neji, fueron a sus casilleros y al terminar cada uno se dirigió a su salón de clases. Era muy temprano por lo que al entrar, el salón se encontraba desierto. Camino a su asiento colocando su maletín en la mesa cuando una ventisca azoto las ventanas, sacudiendo su falda y cabellos con fuerza obligándola a soltar un gritito por el repentino frio que invadía su piel blanquecina. Se acercó a la ventana cuando el viento seso para cerrarla, sin embargo, cuando la tomo una nueva ventisca sacudió el lugar haciéndole difícil la tarea. Utilizo todas sus energías para cerrarla pero era miserablemente débil como para poder hacerlo, fue entonces que de momento a otro sintió como la ventana era jalada hacia su lado con una increíble facilidad de forma tan rápida que la llevo consigo, claro que no había sido ella quien cerró la ventana, un chico de piel pálida la había ayudado y de paso sostenido cuando perdió el equilibrio por la repentina falta de soporte, logrando sentir el calor y firmeza de su pecho. Las manos del chico tomaron sus hombros con sutileza para sostenerla. Hinata se sonrojo de inmediato sin siquiera saber de quién se trataba, se separo de él rápidamente, se volteo y se inclino en una reverencia de disculpas mientras que sus mejillas eran asaltadas por un rojo intenso lleno de vergüenza.
―¡Lo siento!― se disculpo en un gritito que difícilmente soltó sin tartamudear pero el chico que la había ayudado hizo caso omiso siguiendo de largo sin decir palabra alguna. Eso la sorprendió, pero al ver su silueta masculina desde la espalda, en especial aquel cabello rojo intenso rebelde que tanto lo definía, casi se queda sin aliento, no había visto a ese chico en su vida, pero sabía exactamente quién era. Se tratada de Sabaku´no Gaara, el chico con fama de busca pleitos, pero sobretodo el chico más temido del colegio. Siempre había rumores de él y ninguno de ellos eran buenos, y Hinata pudo sentir esa aura intimidatoria a pesar de no mirar sus ojos, que se decían que eran tan infernales que se podría tratar del mismo demonio.―¡Gra-gracias!― se atrevió a decir antes de que saliera del salón, después de todo le había ayudado y seria de mala educación no agradecérselo, era una Hyuga al fin y al cabo.
El pelirrojo detuvo su camino y volteo a mirarla helándole la sangre a la peli azul, pensó que había dicho algo mal, que regresaría y le haría daño. Sus ojos verde marino eran tan fríos que llego a pensar que su vida corría peligro por tan solo mirarlo lo cual era una locura total, pero más que asustada por ello le sorprendía el hecho de que pudiera haber en el planeta una persona tan… amenazante.
―No fue nada― fue lo que contestó Gaara sin tomarle mucha importancia al asunto y continuo su camino, marchándose por fin del salón. Había sido raro para él escucharlo, pues aunque no se dedicaba a ayudar a las personas precisamente, eran pocas las veces en la cual un "gracias" iba dirigido hacia su persona. Generalmente salían huyendo o no decían nada por estar tan aturdidos con su presencia.
Hinata por su parte estaba confundida, se suponía que era un maleante, un chico malo, un busca pleitos, un rebelde, un chico completamente peligroso, sin embargo, había sido muy amable con ella. Sí, era un chico seco y su rostro era estoico, además de que sus fracciones le daban un aura sádica que realmente asustaba pero la amabilidad no tenía que venir precisamente acompañada de la sonrisa o la simpatía.
Y sus ojos… eran hermosos.
Hinata se equivocaba en una cosa y era en que había sido la primera en llegar. Pues aunque era la única en el salón eso no significaba que los demás compañeros de clase no se encontraban por la institución. Lo que pasaba es que la mayoría de ellos se encontraban castigados por el alboroto que habían formado el día anterior por correr de un lado a otros como lunáticos siendo obligados a hacer servicio comunitario limpiando los patios y las canchas, además de ayudar con el cafetín. Entre ellos se encontraba Kiba, no necesariamente por lo de ayer sino por haber sido atrapado con dos marcas rojas en el rostro que por fin había logrado borrar por completo. En ese momento estaban limpiando las canchas, sacando la basura, vaciando el depósito para deshacerse de las cosas que estaban dañadas y acomodar lo que quedaba después de sacudir el polvo. Era un trabajo fastidioso y lo peor es que tuvieron que despertarse más temprano de lo normal solo para esa tortura. Por lo menos no estaban solos.
―¡Ahg! Ya no puedo más, me rindo. Esto es una pesadilla― chilló Ino agotada soltando la escoba de golpe y quitándose la mascarilla del rostro mientras se dejaba caer suelo apoyada de espaldas de la pared.
―No seas tan dramática, Ino-cerda― Sakura simplemente no pudo evitar lanzar en comentario a pesar de estar "peleadas".
―No estoy dramatizando ¿O es que acaso parezco hacer sido hecha para limpiar?― le cuestionó parándose del suelo para usar sus brazos como énfasis al señalar su cuerpo de arriba a abajo.
―Ino, me decepcionas, pensé que tenias más aguante― burló la peli-rosa con arrogancia haciendo molestar a la rubia, quien tomo aquello como un reto.
―¿Quieres probar?― el fuego salía por sus poros y Sakura no termino en contagiarse de su motivación. Como locas empezaron a correr de un lado a otro por el depósito vaciándolo a una velocidad increíble pero sin fijarse bien en lo que estaban haciendo. Había muchos objetos amontonados unos sobre otros que por la euforia de ambas chicas se fueron desestabilizando hasta caer por todas partes, movilizando las puertas del depósito encerrando a la mitad del grupo allí adentro.
¿Qué mitad? Casi todos quedaron allí estancados. Y el colmo era que no se podía abrir por adentro ni por afuera al menos que tuvieses una llave, la cual cargaba el profesor encargado de vigilarlos.
―¿E-Están bien?― preguntó Ino con preocupación, ella, Kiba y Jugo tuvieron la suerte de encontrarse afuera cuando ocurrió el derrumbe de materiales dentro del depósito.
La respuesta no fue instantánea, se escucharon unos cuantos ruidos y toces pero ninguna voz alterando los nervios de la rubia que pensó que los había matados, pero por suerte no fue así.
―Estamos bien― Karin fue la primera en contestar después de asegurarse de que los que se encontraban allí adentro estuvieran en perfecto estado. Ino suspiro aliviada.
―¿Ahora qué haremos?― interrogó Kiba a los chicos que se encontraban afuera como él. Era obvio que tendrían que buscar una forma de sacarlos, pero fuera lo que fueran hacer el profesor encargado no debía enterarse por nada del mundo.
―¡¿Cómo que qué van hacer? Busquen la maldita llave y sáquenos de aquí― gritó Suigetsu colmado de la rabia mientras que se sacudía como loco para quitarse el polvo de encima.
―Mientras tanto nosotros tendremos que quitar todas esas cosas de la puerta― sugirió Sari observando toda la montaña de objetos que le obstaculizaban el paso a la puerta, su única salida.
Los chicos dentro del depósito que eran Sakura, Lee, Kankuro, Karin, Sari y Suigetsu se limpiaron un poco y comenzaron a quitar las cosas al mismo tiempo que Kiba, Jugo e Ino se reunían en un círculo para idealizar un plan efectivo con el cual pudieran pasar desapercibidos. Sabían que había una copia de la llave en la dirección, pero sería difícil pasar por ahí sin que Chizune se diera cuenta, además de que el profesor asignado pasaría cada cierto tiempo a asegurarse de que estuvieran trabajando. Jugo era el único que no decía nada, tampoco tenía faceta de hablador, pero al escuchar el canto de las aves se le ocurrió un plan con el cual podría deshacerse del primer obstáculo.
―Yo distraeré al profesor― ambos jóvenes se le quedaron mirando un tanto inseguros, no lo conocían del todo y de paso lo había propuesto de forma repentina pero ninguno se opuso ante ello. No tenían muchas opciones de donde sacar al fin y al cabo. Y aunque Ino tenía la terrible curiosidad de preguntarle qué es lo que tenía pensado hacer, los chicos no hicieron más que aceptar y separarse de camino de un momento a otro sin permitirle hablar, siendo arrastrada por Kiba, quien la tomaba de la muñeca.
―¡Un momento! ¿Podrías decirme por lo menos qué es lo que vamos hacer para tomar la llave?― le exigió Ino soltándose de golpe de su agarre y parándose fija con los brazos cruzados y mirada exigente, no se movería de ahí hasta que le diera una respuesta concreta.
―¿Cómo podría saberlo? Solo vayamos allá y veremos que se nos ocurre― contestó con su clásico tono de malhumorado haciendo que la catira frunciera el ceño con dramatismo, es decir ¿acaso estaba hablando en serio?
―¡Tienes que estar loco! ―gritó exasperada agitando los brazos, estaba dispuesta a gritarle aun más pero el crujido de una rama la interrumpió. Ambos silenciaron escuchando atentos los pasos que se dirigían a ellos.―¿No que Jugo se encargaría del profesor?― cuestiono irritada en un susurro.
―Pues él se fue por el otro lado, ¿recuerdas?―contestó sarcástico ocultándose detrás de un árbol al igual que Ino.―Tenemos que distraerlo de alguna forma― pensó en voz alta mirando a su alrededor al tratar de buscar algo que les pudiera servir pero no había más que ramas y arbustos. Los pasos se escuchaban cada vez más cerca, no tenían tiempo y si los atrapaba el regaño sería terrible.
―Yo lo distraigo― propuso Ino de la nada saliendo de su escondite, Kiba intento detenerla pero ya era demasiado tarde, la silueta masculina se logro distinguir desde la distancia. Fue entonces que la catira soltó su cabello amarrado en una coleta alta mientras hacia una pose sexy y lo llamaba pícaramente haciendo que el castaño la mirara cínico.
Pero no se han de imaginar la cara de Ino al ver que se trataba no del profesor, si no del mismo demonio del instituto, Gaara. Éste la miro con su mirada estoica sin expresión alguna en su rostro mientras que la catira se moría de los nervios parada frente a él completamente inmóvil. Gaara tan solo siguió su camino al depósito ignorándola crudamente, después de todo él también había sido castigado por culpa de su hermano.
―Jajaja… ¡Idiota!― Kiba no podía con su alma, estaba muriendo de la risa por el show que acababa de dar la rubia: ¿en qué diablos estaba pensando? ¿En serio pensaba que eso iba a funcionar con el profesor? El caso era que había quedado en ridículo con Gaara y aquello no tenia precio, la expresión que había puesto al verlo era digna de fotografiarse.
―¿Qué te da tanta risa, pulgoso con rabia?― gruño poniéndolo de regreso a su estado de amargura de siempre. ―Por lo menos yo hice algo, en cambio tu andas de inservible escondido en ese árbol.
―Pues lo que hiciste fue totalmente patético, y no he hecho nada por que aun no es momento así que cierra la boca barbie de segunda― ladró el chico perro con los nervios alterados de la rabia.
―¡¿Cómo me llamaste?― le replicó aun más molesta que antes, a punto de lanzar chispas del cuerpo y rayos de sus ojos al igual que Kiba a no ser por el repentino grito que se escucho interrumpiéndoles la "pequeña" disputa entre ambos. Escucharon como se aproximaba y de momento observaron al profesor siendo perseguido por varios pájaros que lo picoteaban, segundos más tardes vino Jugo detrás de él y al dar la vuelta por el bosque regresando por donde había venido lo volvieron a ver siguiéndolo, el peli-naranja los salido antes de desaparecer entre los árboles.
―Vamos― se limito en decir Kiba retomando el camino a la dirección después de un súbito silencio por la extraña escena. Ino lo siguió sin queja alguna, había quedado aturdida por lo que paso hace segundos que se olvido de la discusión. Ahora les tocaba a ellos hacer su parte.
Gaara había llegado al depósito y se encontró con el lugar abandonado, se notaba que aun no había terminado pero aun así el depósito se encontraba cerrado. Al rato se dio cuenta que es que se habían quedado allí atrapados gracias a los gritos de Karin y Suigetsu por una de sus clásicas disputas a todo pulmón.
―¡Ah!― seguía gritando el hombre pasando cerca del depósito. Gaara lo escuchó dirigiendo su mirada hacia el profesor observándolo huir de los pájaros y luego pasar a Jugo detrás de él con total tranquilidad, como si fuese de lo más normal.
―Que día más raro…― pensó en voz baja para sí mismo.
Echaron un vistazo a la ventana de la oficina de la directora Tsudase la cual por suerte estaba vacía, sin embargo Chizune se encontraba en el recibidor como era de costumbre y cualquier mínimo ruido llamaría su atención descubriéndolos al instante. Debían distraerla, entrar y tomar la llave guardada en el llavero en la pared que se encontraba justo al lado de la puerta. El problema es que eran solo dos y la ventana era muy alta como para que alguien pudiera subirla por sí solo. Habían considerado buscar unas escaleras pero perderían mucho tiempo.
―¿Entonces qué hacemos?― susurraban histéricos tratando de hallar la solución. Kiba trataba de buscar la solución en su mente mientras la rubia se quejaba por qué no aportaba nada útil.
―Ya cállate― le ladró molesto a la rubia que hace un énfasis un tanto exagerado en su rostro, como si la hubieran insultado terriblemente, pues es que nadie, mucho menos un chico, la trataba de esa forma. Pero antes de que se pusiera a chillar una vez más Kiba la interrumpió.―¡Ah! ―gritó a propósito para callarla.― Vamos a dentro― le ordenó encaminándose a las puertas del edificio mientras le explicaba que es lo que se le había ocurrido, claro que Ino seguía ofendida y lo miraba con rabia, casi en medio de un puchero por lo qué el rostro de Kiba cambio dramáticamente, similar a la de una bestia con lengua de serpiente y ojos afilados que echaban electricidad a su dirección.
―¡Ha-Hai!― afirmaba Chizune desde el otro lado abriendo la puerta de golpe saliendo apresurada de la oficina, no era de extrañarse que estuviera así por otro de los pedidos de Tsudase. Los chicos que estaban frente a la puerta se movieron instintivamente a un lado siendo cubiertos por la misma, pasando desapercibidos por Chizune, uno frente al otro gracias a los reflejos rápidos de Kiba que la jalo consigo a la pared dejándola sorprendida por su brusquedad y sonrojada por la cercanía.
Suspiraron aliviados de haberse salvado y entraron a la oficina, por suerte no tuvieron que hacer el plan de Kiba que consistía en que uno de los dos se hiciera el muerto mientras el otro entraba y buscaba la llave.
Entraron a hurtadilla de la oficina de Tsudase pasando por la recepción y fueron directo a la caja de llaves en la pared. El vidrio al moverse chillo con el roce de la madera y casi lo sacan de su lugar al intentar abrirlo, Ino quito las manos de Kiba a pataletas pero éste le respondió de la misma forma iniciando una pelea ridícula de cachetadas de mano.
―¡Ya basta! Tú vigila la entrada, yo sacare la llave― le ordenó Ino rotundamente a lo que el castaño se limito en bufar con fastidio y obedecerla. Cuando vio que ya no estaba en la oficina, la catira colocó el vidrio bien en su lugar usando un poco de fuerza y lo rodo al otro lado para abrirlo y tomar la llave, la que decía claramente en su llavero "deposito", cuando de la nada Kiba vuelve a entrar.
―¡Es Tsudase!― le murmuró histérico, acercándose a ella para ver si tenía ya la llave pero la puerta de vidrio del llavero se volvió a trancar haciendo que fuera difícil cerrarla, y si no lo hacían, la directora se daría cuenta.―Apurate― le pidió en un chillido susurrante moviendo su cuerpo hiperactivo, se alejo de ella para ver por dónde iba la directora y se altero al ver lo cerca que estaba, entro de nuevo cerrando la puerta a su paso y abrió la ventana.―¡Ino, muévete!― ya estaba en el borde de la ventana dispuesto a lanzarse pero Ino seguía intentando cerrar el llavero. Lo movió un poco, un centímetro más, otro tanto más… al igual que los pasos de Tsudase.―Vamos ya― desesperado dejo la ventana acercándose a Ino quien por fin logro cerrar el llavero al mismo tiempo que Tsudase entraba a la recepción. Corrieron a la ventana, Kiba se lanzo primero e Ino observo la distancia un tanto asustada.
―N-No puedo, está muy alto― nadie sabía de su fobia a las alturas, pero era muy intenso, no se atrevería a lanzarse por la ventana de esa forma o de ninguna otra por más que se lo pidiera.
―¿Estas bromeando? Si no lo haces Tsudase te va echar el regaño del siglo ¡Salta! Ahg… vamos yo te atrapo― Ino no confiaba en él, pero la manilla de la puerta se estaba abriendo y en definitiva le temía más a su padre molesto que a las alturas. Se monto en el borde de la ventana y cerrando los ojos se lanzo a su suerte, siendo atrapada por Kiba, quien no pudo sostener el paso terminando ambos en el suelo.
Tsudase entró a la oficina ese instante sintiendo como la brisa entraba a su oficina revolviéndole los cabellos. Se acercó a ella y la cerró sentándose luego en su cómoda silla de cuero negro.
―¿E-Estas bien?― le preguntó Kiba adolorido con la presión en su pecho dejándolo sin aire, Ino aun no se recuperaba del salto así que no le respondió, tomó aire profundamente durando así casi un minuto entero y luego empezó a levantarse, separándose de Kiba.
―Gracias― murmuró en un hilo de voz necio, y continúo su camino al depósito seguida del castaño.
―Hmp― bufó fastidiado y al regresar lograron liberar a los chicos a tiempo para las clases, toda una misión imposible completada.
―¡No te mató porque no tengo tiempo Ino-cerda!― le gritó Sakura totalmente enfurecida corriendo directo al edificio para dirigirse a su salón con Kiba a su lado.
―También fue tu culpa frente de marquesina― contestó a la defensiva corriendo tras de ella a la misma dirección.
―Chicas espérenme― le pedía Matsuri que no era tan rápida mientras Lee tomaba la delantera dejando a todos atrás con una nube de polvo como rastro. Kankuro estaba tranquilo en compañía de Sari pues la primera clase en su salón la daría Kakashi-sensei y él siempre llegaba tarde. Mientras que Karin, Suigetsu y Jugo tomaban un atajo que ellos conocían, se lo hubieran dicho a las chicas pero salieron voladas junto con Kiba.
―Ne Hinata-chan, ¿esta vez si puedes salir con nosotros? ¡Iremos a aqualandia! Vamos, Sasuke, Shikamaru, yo, Sakura-chan y creo que Karin también― contaba Naruto con su sonrisa brillante de lado a lado que pintaba las mejillas de la oji-perla en un rosa suave
―Hmmm… cre-creo que sí, Naruto-kun, tendré que preguntarle primero a mi padre― respondió un poco nerviosa provocando que el rubio celebrara eufórico a pesar de no haber sido un sí definitivo.
―Deja el escándalo, dobe― lo calló Sasuke con su ánimo de amargura y arrogancia de siempre molestando a Naruto comenzando así una de sus clásicas peleas.
―Ah, qué raro, Kakashi-sensei falto otra vez…
―Sí, no es común en él. Me pregunto si algo le habrá pasado.
