Capitulo11. "Libélulas"

La rubia abrió sus azulados ojos, despertada por el ruido que sentía a su alrededor. Aun adormilada, se sentó en la cama, logrando ver a otro rubio, buscando, con cierta desesperación, algo de ropa y maldiciendo al cielo por no lograr su cometido.

-Si buscas así de mal, no encontrarás nada…-Dijo la chica soñolienta, llamando la atención del rubio.

-Lamento haberte despertado…- Se disculpo el chico en un leve acercamiento.

-Yo no.- Comunico mientras comenzaba a estirarse.-¿Qué hora es?- Preguntó luego de terminar.

-Es temprano, aun puedes dormir.- Le dijo mientras pasaba frente a ella.

-No quiero dormir…-Le susurro con una sonrisa mientras se levantaba.

-¿Y que pretendes hacer?- Le preguntó Edward algo desconcertado.

-No lo se…- Dijo mientras se paraba y quedaba frente a él.- Dímelo tú…- Le susurro al oído, mientras se apoderaba del cuello de él.

-Winry, ese tipo de insinuaciones no son buenas, y menos cuando Alphonse esta cerca…- Le susurro sonriendo.

-Eso lo hace emocionante…- Le dijo riendo y lo beso, cosa que él no desaprovechó, sin embargo, debieron parar, pues una vez mas, una voz conocida los alarmaba.

-Que ayer no halla visto nada, no significa que hoy tampoco…- Dijo riendo el rubio entrante.- Ahora, cuenten.- Les exigió.

-Bueno…nosotras-…am…- Comenzó a decir nerviosa Winry, hasta que Edward la acallo.

-Bien Al, te explicaremos todo…- Le contesto Edward muy serio.- Pero antes dime¿Quién te dejo esa mancha de labial ayer?- Le exigió sonriente, dejando a Winry perpleja y a Alphonse sonrojado a mas no poder.

-Eso no era labial era… yo…am… pues… comí algo y…me… manche…- Mintió, con una risilla nerviosa, mientras intentaba simular una verdad, cosa difícil, pues no acostumbraba el mentir.

-¿Fue Jessica?- Preguntó Winry risueña, haciendo que el tono rojizo de las mejillas de Alphonse, aumentara, justo cuando creyó que no podían mas.

-¡Que nadie me beso ni bese a nadie!- Le grito completamente avergonzado mientras salía de la habitación, mientras alegaba en susurro el porque nadie le creía.

-¿Es cierto?- Le preguntó sorprendida la rubia al ambarino.

-Hasta la ultima palabra…- Contesto Edward con una sonrisa algo maliciosa y la chica rió.

-¿Y era Al¿No lo habrás confundido?- Pregunto aun impresionada.

-Nadie mas tiene la llave del departamento.- Le contesto él, mientras se sentaba en la cama y ella se volvió a reír.

-Pero…es Alphonse…- Susurro, casi sin creer las palabras de Edward.

-Lo mismo me dije, pero, tenia esa mancha, y lo niega así que… bueno, uno saca sus propias conclusiones….- Le reitero sonriendo, cosa q ella igualo y luego de unas risas, se le acerco para besarlo.

-¿Y eso?- Preguntó el ambarino, bastante sorprendido.

--Para que me lleves a casa y poder cambiarme de ropa.- Le comunicó sonriente y él le devolvió el beso.

-Andando…- Contesto Edward risueño, y luego salieron de la casa, sin Alphonse.


"-Mamá, tengo frío…- Susurro temblando una pequeña niña, rubio y de temerosos ojos grises, que mostraban la inocencia que caracterizaba a las niñas de tan solo cinco años.

-No me llames así, sabes que me molesta.- Le contesto la mujer a su lado, de una manera muy fría y con rabia notable, como si la niña la hubiese molestado con su inocencia y dependencia, mientras le presionaba fuertemente la mano a la pequeña.

-Me duele…- Le susurro la pequeña, pues la presión que ejercía la mujer sobre la pequeña mano de ella era mucha, y amenazaba con el llanto en los ojos de la niña.

-Deja de chillar, ya estamos a punto de llegar. Si tengo suerte, Alexander te reconocerá y me dará una muy buena suma por ti.- Le dijo con enfado y sin mirarla, haciendo correr las lágrimas por el rostro de la niña.-¡TE DIJE QUE DEJES DE LLORAR!- Le grito la mujer, exaltada e histérica, haciendo notar su rabia a la pequeña, mientras forcejeaba con la niña tomando posesión de las muñecas de ella con fiereza.

-¡Mamá me duele!- Le grito con desesperación y dolor la pequeña, dejando correr las lagrimas sin control, a su edad, era imposible controlar aquello.

-¡QUE NO ME DIGAS ASI!- Le gritó alterada en gran notoriedad la mujer y, olvidándose de que aquella a quien le gritaba era una niña, la golpeó con fuerza en la cara, dejándole la mejilla totalmente enrojecida, sin embargo, logrando su objetivo, pues la niña cesó sus gemidos de llanto, no obstante, sus lágrimas continuaron cayendo con notable desesperación.

La mujer soltó las muñecas de la niña y se levanto para tomarle la mano con igual fuerza y, manteniendo su vista al frente, continuó su camino, obligando a la pequeña a seguir avanzando, hasta que pararon en frente una especie de fábrica, donde entraron sin tocar, y la mujer pidió hablar con Alexander Mustang, para lo cual, fue interrogada por el hombre que la atendió.

-Dígale que aquí esta Lorein Dobooa, con…nuestra hija…- Le contesto con rabia la mujer, rabia que fue visiblemente divisada en sus grises ojos, idénticos a los de la niña.

Luego de unos minutos, en que la niña paró sus lágrimas, pero aun mantenía el temor en sus ojos y dolor en su mejilla, aun enrojecida por el golpe, y la mujer esperaba con impaciencia, pensando en cuanto cobraría al hombre por su silencio con respecto a su hija, el hombres volvió, y las invito a pasar, para encontrarse con un hombre de grises ojos y cabello negro, que miro con incredulidad a la pequeña, quien se escondió tras el cuerpo de su madre, tomando uno de los mechones rubios de esta, quien en poco tiempo, tomo con fuerza y rabia una de las colar de la pequeña.

-¡Compórtate Jessica!- Le gritó la mujer con enfado a la niña…"

-Jessica¿dormiste aquí?- Oyó decir a una voz conocida que la despertó de sus sueños.

-Mmmmm…- Se quejó con un gemido, soñoliento y lleno de cansancio.

-Jessica despierta…-Le pidió con un tono de cierta preocupación.

-Un poco más…-Pidió la chica aun adormilada.

-Jessica el Fiscal está aquí.- Le susurro al oído haciendo sobresaltar a la chica.

-¡Disculpe señor, yo solo estaba…!- Comenzó a decir desesperada, hasta darse cuenta de que allí, solo estaban Samantha y ella.- Aquí no hay nadie.- Alego Jessica con enfado mientras miraba a su amiga de reojo, sin embargo, ya completamente despierta.

-Lo se, pero pudo haber habido alguien, y allí, habrías tenido serios problemas.- Le advirtió Samantha sentándose a su lado.- ¿Dormiste aquí?- Reitero su pregunta con cierta preocupación.

-Si, supongo que me quede dormida.- Contestó mientras con sus manos se limpiaba los ojos.

-No tienes puestos tus lentes.- Le dijo mientras recogía uno de los pequeños lentes de la ropa de ella.- No es bueno dejarlos tirados en cualquier parte, son caros y se rompen fácilmente, además, si andas por allí, con un ojo gris y el otro marrón, no creo que demoren en darse cuenta de tu secreto.- Le sermoneo la mujer mientras le entregaba el lente.

-Lo sé, ayer me di cuenta.- Dijo de mala gana, mientras tomaba el pequeño lente y comenzaba a ponérselo.

- ¿Ayer?- Preguntó desentendida Samantha.

-Síp.- Contestó mientras se levantaba de la silla.

-¿A que te refieres?- Le preguntó aun sin comprender.

-Alphonse medio el mismo sermón.- Dijo con cierto enfado.

-¿Alphonse?- Le preguntó impresionada la otra chica.

-Sí, un descuido me costó caro.- Alego Jessica enfadada.

-Entonces… ¿les fue bien?- Preguntó Samantha, deseosa de saber todo sobre la noche anterior con lujo de detalles.

-¿¡BIEN!?- Le preguntó Jessica con un enfado y tono exagerado.- ¡NUNCA VUELVAS A DEJARME SOLA CON ÉL, FUE UN DESASTRE, LO PEOR!- Le dijo mientras daba vueltas en el lugar, acompañando sus quejidos con gestos de horror formados con sus manos.

-¿Tan mal?- Preguntó algo preocupada, hasta sonreír pícaramente.- Espera¿te besó?- Le preguntó sonriente, y mirándola fijamente, para encontrarse con que la chica se sonrojaba.

-¡NO!- Gritó desesperada y muy sonrojada.

-¿Estas segura?- Le preguntó aun sonriente.

-Bueno…quizás no recuerdo muy bien los hechos…- Le dijo mirando hacía el suelo y jugando con sus manos.

-¿¡Cómo no vas a recordar que te besó!?- Le preguntó risueña.

-Lo bloqueé…es que…fue traumático…-Le dijo simulando tristeza.

-¿Traumático¡Por favor¿Quién no querría besar a Alphonse?- Le bromeo riendo.

-Pues si quieres te lo regalo, es preferible que este vivo a que termine igual que… Mathew…- Dijo, susurrando aquel nombre que le causaba tristeza recordar, mientras miraba al suelo.

-Entonces…si quieres a Al.-Afirmo Samantha, aunque manteniendo la tristeza del ambiente.

-No.- Le dijo cortante.- Y aunque así fuese, lo mejor es mantenerme alejada.- Continuó con enfado.

-Lo de Mathew no fue tu culpa.- Le susurro, en un vago intento de animarla.

-Si lo fue, se involucró conmigo y murió.- Contestó con gran enfado, haciendo fallido el intento de su amiga.

-No, murió por creer que se saldría con la suya.- Le afirmo Samantha con rabia fácilmente notable.

-¿De que estas hablando?- Le pregunto Jessica alterada.

-Ya hablé de más.- Se dijo ella misma con pesar.- Tan sólo quédate con la idea de que no eres la culpable de su muerte, y que lo mejor fue lo que pasó, porque así se borró esa disimulada frialdad en ti, y dejaste de asesinar. Sin duda alguna, la muerte de Mathew fue lo mejor.- Le aseguro con gran enfado mientras salía de la habitación dejando sola a Jessica.

Jessica se quedó pensativa. En cierta forma, Samantha tenía razón, desde la muerte de Mathew, ella dejó de disimular frialdad, dejó de asesinar, dejó de vivir sólo para su padre, dejó a tras todo y se arrepintió de mucho, sin embargo, aun así, sus manos seguían manchadas de sangre, aunque no inocente, sangre al fin, lo que incluía la de su madre… Sin embargo, a pesar de todo, seguía prefiriendo ver vivo a aquel hombre, pues aun no sabía la verdad de los hechos de él…


-¡Al no me preguntes eso a mi!- Exigió una rubia con cierta desesperación reflejada en sus chocolateados ojos.

-Pero tú eres mujer, en algo puedes ayudarme…- Le rogó el igualmente rubio en frente.

-Pero… ¡Tu sabes que clamor no es lo mío!- Le alegó ella mientras guardaba algo en su casillero.- Además, no creo que Jessica sea la indicada para ti.- Le aconsejo finalmente.

-¿Porqué no?-Le preguntó con cierta impresión.- Es inteligente, tranquila, linda…bueno, un poco malhumorada pero apasionada y…- Continuó pero ella lo interrumpió.

-Valla, veo que en este tiempo la has conocido mucho….- Le dijo riendo.

-¿Por qué lo dices?- Preguntó desentendido.

-¿Apasionada?- Le respondió con otra pregunta, con una gran sonrisa.

-Bueno…am…yo…no le digas a nadie.- Le pidió él resignado, aunque después de todo, ella era confiable.

-No te preocupes, mientras tu no me falles, de mis labios no saldrá ni una sola palabra, por mas que desapruebe una relación con ella.- Le dijo seria y con sinceridad.

-Pero aun no me respondes….- Le dijo algo desanimado.

-¡Por favor Alphonse!- Le gritó la rubia.- ¡Yo no conozco a Jessica, no se que le gustaría, ni se a quien podrías llevarte para ganar!- Le dijo con un tono con el cual, demostró ya no tener paciencia con el chico, luego suspiró, y lo miró intentando mantener la calma.- ¿Por qué no se lo pides a Winry?- Le preguntó finalmente, en un suspiro, ya mas calmada.

.Bueno, pues…aquí entre nos…- Comenzó a decir y miró a su alrededor para cerciorarse de que la chica nombrada no estuviese allí.- Creo que está demasiado ocupada con Edward.- Le dijo al fin, casi en un susurro.

-¿Con Edward?,¿a que te refieres?- Le preguntó algo extrañada ella.

-Bueno…digamos que…Ed dijo que "solo pelearon"- Dijo sonriente, contagiando a Riza las sonrisas.

-Pero… ¿Qué tan así?- Le pregunto luego de la risa.

-Bien¿quieres sarcasmo o realidad?- Le preguntó aun riendo.

-Realidad, aunque sea más difícil de asimilar.- Le contestó ella igualmente riendo.

-Pues…cuando yo llegue…que conste que de mí no lo oíste, estaban durmiendo juntos en el sillón.- Le dijo aun sonriente.

-Pero… ¿Qué te dijeron?- Preguntó ella.

-Ya te lo dije.- Le comunicó.- "Solo pelearon".- Continuó y volvió a reír.

-Y ¿Qué explicación te dieron¿lo confesaron?- Le preguntó animada.

-No, pero tengo pruebas concretas.- Le dijo riendo y ella también.

-Hablando de ellos, no los he visto en todo el día¿y tú?- Comentó la chica aun animada.

-No realmente, no los he visto desde que Ed la llevo a su casa a buscar su trabajo y cambiarse de ropa.- Le comentó Alphonse de una forma un tanto sarcástica.

Su animosa y divertida conversación se vio interrumpida cuando se oyó a lo lejos, papelea de los aludidos en la conversación, una pelea un tanto común entre ellos dos.

-Pero no esta bien¡van a descontarte puntos!, tienes que hacerlo de nuevo.- Comentó como una exigencia un chico de cabello rubio ambarino, parecido a sus ojos, a una chica a su lado, igualmente rubia, pero un tono mas brillante, y ojos azulados, que lo miraban con cierta rabia.

-Es mi trabajo y yo decido como hacerlo.- Le alego la rubia, con un tono que demostraba poca cortesía, mientras le quitaba de las manos al chico la carpeta color negro que contenía su trabajo.

-Pero es un consejo, así te lo tomarán mal.- Aseguró el chico a su lado con enfado.

-¡Pues que me lo tomen mal¡lo entregaré así y punto!- Le gritó, ya harta de los alegatos del chico, estando frente a Alphonse y Riza.

-Winry, no estaría mal que te calmarás, no tienen porque enterarse todos.- Le recomendó Alphonse.

-¡Es que Edward me exaspera los nervios!- Se defendió furiosa.

-Pues por lo que me contó un pajarito, ayer no te exasperaba así…- Comentó Riza con un tono de insinuación que hizo que las miradas de Edward y Winry se cruzaran para causar un sonrojo notable en las mejillas de ambos.

-No sé de que hablas.- Dijo de forma nerviosa Winry, intentando disimular su sonrojo.

-¿Qué más te dijo ese pajarito?- Le preguntó de manera enfadada Edward, mientras miraba de reojo a Alphonse con un enojo notable.

-Nada, en realidad, jamás me dijo nada, pero, al ver sus reacciones…- Comenzó a insinuar la chica, cuando el timbre que anunciaba la ultima hora de actividades, tocó.

Se despidieron entre ellos, sabiendo que al salir no se verían, pero, cuando ya todos se alejaban a su salón, la voz de Winry les recordó aquello a lo cual todos se habían comprometido, a causa, de la insistencia de la chica.

-¡Recuerden, que no es iremos juntos esta noche, Ed nos llevará!- Les avisó, impresionando a todos con la buena memoria de la chica, pues aquel compromiso se había hecho hace casi un año, aun así debía cumplirse, por más que pareciese una idea muy molesta.


Al término de la clase, Riza caminó a la salida, no vio a sus amigos, por la razón de que ellos saldrían mas tarde. Siguió su camino hasta su casa, y al llegar entró, sin embargo sentía que algo le faltaba, eran casi las cuatro, y no había almorzado. Se dirigió a la cocina luego de dejar sus cosas sobre el sofá, y preparó una simple sopa concentrada, no deseaba más.

Al término de la preparación de su comida, puso la mesa, dos individuales, dos platos, dos cucharas… Hasta fijarse en el detalle de que estaba sola y sonrió al haber descubierto lo que le faltaba. Sería la primera vez que almorzaría sola en mucho tiempo, y no podía negárselo, lo extrañaba. Aun cuando sabía que lo vería en aquel día, o era lo probable, el sentimiento de soledad la invadía, sin dejárselo explicar. ¿Cómo solo un momento sin él la dejaría así?

Se sentó en la mesa para comenzar a comer, cuando sintió el toque de alguien en su puerta y, de manera instintiva, sonrió, ni siquiera ella se creería el negarse a aceptar su alegría al oír su llegada.

En un rápido impulso, y sin pensarlo demasiado, corrió a abrir la puerta, pudiendo por fin verle, y volvió a sonreír, sin poder controlar los sentimientos que en su interior la confundían, y reimpedían controlar los deseos de lanzarse a los brazos de él, en aquellos instantes, solo su cabeza estaba con ella, apoyándola, sin embargo, por como ella veía las cosas, ni unidas, ella misma y su cabeza, vencerían a sus cuerpo y corazón, que latió fuertemente al oír la voz de él, saludándola, y luego el sentir sus labios besándole la mejilla. Pero, para su fortuna, la voz de él la sacó de su lucha contra sí misma, sin embargo, no para mejorar mucho las cosas.

-¿Me dejarás pasar o me harás esperar hasta que te dignes a ponerme atención?- Le preguntó divertido, haciéndola sonreír, por la ironía de aquello, moría por él, pero no sería capaz de decírselo, y corrió la puerta, para dejarle pasar, cosa que le recordó, el que ayer confirmó el seguir enfadada con él, y por esto, irrumpió en su paso, quedando frente a él.

-Espera un minuto, por si no lo recuerdas, sigo enfadada contigo.- Le aclaro ella sonriéndole victoriosamente.

-Lo sé, lo tengo presente y es por eso, que te traje un regalo.- Le dijo él con la misma sonrisa.

-¿Un regalo?- Preguntó para sí misma.- Me pregunto que será…bien…no lo sé…pero….supongo que sabes lo que odio…-Comenzó a decir, para intentar adivinar su obsequio.- Como los inciensos, la ropa, las velas….- Continuó, aun siendo mentiras, para ver la específica reacción de Roy al oír un acierto en las razones supuestamente odiadas.- Los relojes…-

Nada de eso Riza, sé que lo que te compre te va a encantar.- Aseguró Roy bastante optimista.

-Las joyas…- Al oír aquello, Roy realizo la acción tan ansiada por Riza, su regalo era una joya.

-¿Porqué…no te gustan las joyas?- Preguntó Roy intentando disimular su nerviosismo.

-Bueno pues…- Comenzó ella, que reía por dentro, sabiendo lo nervioso que estaba el chico, y pensó unos segundos su respuesta, hasta encontrar la más perturbadora.- Pienso que…crean un manto superficial en las personas.- Contestó viendo la inquieta reacción de él.- Un manto que representa el dinero poseído, que se desea o va a poseer¿no opinas lo mismo?- Le preguntó sonriente, pues sabía que su broma, intimidaba la seguridad del chico.

-Claro¡Por supuesto!- Afirmó él con una mentira nerviosa.- ¿Me disculpas?,voy a buscar tu regalo al auto.- Le dijo y salió de la casa para dirigirse a su auto, mientras Riza le miraba desde la ventana.

Roy estaba nervioso, ya no podría darle ese collar a Riza¡y le había costado tan caro¿cómo no lo pensó antes?, realmente era evidente, Riza no era igual a todas las mujeres, era única, y hasta ahora, lo único en común con las demás, era el ser mujer, y una de las más deseables a los ojos de él, era rubia, de buen físico, tendría un buen trabajo, independiente, y única en todos los sentidos, quizás, en un tiempo más podría decir que era perfecta. No, sacudió su cabeza para quitarse aquellos estúpidos pensamientos, era hora de llevarle un regalo y rápido, pero, no tenía nada en su auto que le sirviese.

Sin darse cuenta, en su alocada y desesperada búsqueda, cayó la pequeña caja que contenía el collar, y se dio un golpe con el techo del auto, al asustarse con los agudos ladridos de un perro. Dio media vuelta, para asesinar al animal, cuando divisó que solo era un cachorro. Entonces, su cabeza fue iluminada con una idea.

Cargó al pequeño cachorro y lo adentro en su auto, se veía limpio, y sonrió al ver brillar su suerte, e iba a salir del coche, llevándose al cachorro con él, cuando recordó, que cuando se regala un cachorro, como mínimo, este debía tener un collar, volvió su vista al pequeño cachorro color negro y de pecho blanco, que le ladró amistosamente, luego miro la pequeña caja que contenía el collar que habría sido de Riza, y cerro los ojos con pesar.

-No puedo creer que un collar tan caro, valla a terminar como correa de perro…- Se lamentó y tomó la caja, para abrirla, mostrando una cadena de oro blanco, visiblemente muy delicada, con una gargantilla en el centro de la caja, con una forma de libélula, que para él mostraba un millón de significados regalados por su madre, que, por alguna extraña razón que no quiso pensar, deseaba ansiosamente compartir con ella. Bajo cada ala de la delicada libélula, mantenía grabado el nombre de ella, con una caligrafía sencillamente hermosa y perfecta.

El collar lo había mandado a hacer hace tiempo para ella, esperando el momento preciso para entregárselo, que al parecer, sería nunca.

Suspiró resignado y colgó el collar en el cuello del animal, sin si quiera pensar en que aquello era ridículo, nadie pondría una joya tan delicada en una can, por más ilustre y fino que este sea.


-No puedo creerlo…- Se dijo a sí misma la rubia dentro de la casa, que miraba desde la ventana con bastante gracia.

Entonces, la puerta se abrió, dejando entrar al joven moreno con el pequeño cachorro en los brazos.

-¿Qué te parece?- Le preguntó el chico, haciendo maravillas para esconder su decepción.

-¡Es muy lindo!- Exclamó sincera, el cachorro era una ternura, aun siendo un pequeño callejero.- Debió costarte muy caro…- Comento ella, con una indirecta que él intento desapercibir, para ver si el descaro de él podría ser tanto.

-No fue caro, la verdad…no fue nada.- Contestó, mirando hacia otro lado, algo nervioso.

-No seas modesto…- Le pidió ella.

-Créeme no fue nada.- Le reitero él, reafirmando el "nada".

-¿De que raza es?-Pregunto mientras cargaba al perro, y miraba a Roy con una sonrisa que a él,.le alteraba los nervios.

-Es un…- Comenzó a decir, mientras miraba nervioso al cachorro y empezaba a pensar. Miró a su alrededor y, al ver que Riza se impacientaba al no oír una respuesta, comenzó a decir la marca de una revista que vio tirada en el salón.- For…- Comenzó a decir, sin embargo, para no ser tan evidente, continuo con las siglas del reloj del salón.- …tex…-Dijo la primera sílaba y se arrepintió, terminando con lo único que recordó.- …¡Clows!-

-¿Fortexclows?- Preguntó ella, sin comprender bien, realmente, debía estar desesperado.

-¡Si!, es una raza poco conocida…- Agregó nervioso.- Pero muy fina.- Continuó con igual nerviosismo.

-Deja de fingir¿sí?- Le pidió ella riendo.

-¿De qué estas hablando?- Le preguntó él, simulando desentendimiento.

-Por favor… ¡Tomaste el cachorro de la calle!- Le aclaró ella.- Por si no te habías dado cuenta, se ve todo desde la ventana.- Continuó mas seria.

-Es que… ¡Se había escapado!- Dio su excusa, una obvia mentira, por lo cual, ni si quiera él, logró aguantar la risa.

-Claro, y esto que le pusiste al pero es…- Comenzó a decir risueña, mientras señalaba el delicado collar.

-¡Su collar!- La interrumpió enérgico.

-¡Los perros no usan cadenas!- Le alego ella.

-¿A no¿¡Y con qué los amarran!?- Preguntó riendo.

-Eres un tonto…-Le dijo ella riendo y dejó al cachorro en el suelo.

-Bien, tu ganas, pero¿Por qué me tenias que decir que odias las joyas tan tarde?- Le pregunto con enfado, mientras le quitaba el collar al perro.

-Si me gustan, es solo que la expresión de decepción en las personas es mas fácil de detectar, que cualquier otra.- Le aclaró Riza sonriendo, y tomó el collar en las manos de él.- ¿Qué tal sí ignoramos esto y me pruebo el collar?—Le pregunto de una forma cariñosa y sonriente, estando frente a él, sin darse cuenta de la cercanía de sus cuerpos.

-¿Y si se te pegan las pulgas?- Le preguntó él, igualmente risueño.

-Pues tendré que soportarlas, deseo probarme tu regalo.- Le contestó ella, con una sonrisa, esta vez, esta a vez, a los ojos de Roy, algo seductora, que lo hacía dudar de un acercamiento como ese, pues cada centímetro que disminuía su lejanía, aumentaba enormemente su deseo de poseerla, aun sabiéndolo incorrecto.

Inmerso en sus deseos y pensamientos, no logró percatarse de la caricia a la mejilla de ella que él regalaba, dejándola completamente sonrojada, por lo cual, al darse cuenta de esto, sonrió.

-Bien.- Le dijo y le dio media vuelta a ella.- Levanta tu cabello.- Le ordenó, y ella acató, levantando sus rubios cabellos, para dejar divisar su cuello, tan pálido y delicado, que aumentaba las anteriores sensaciones de él, y, en consecuencia, decidió que lo mejor sería terminar rápido con aquello.

Desabrochó la unión de la delgada cadena, y con delicadeza, la puso en el cuello de la chica.

Con el rose de las manos de Roy en su piel, se estremeció, las manos de él tocaban su fría piel, recordándole todo aquello que en general su alma deseaba, el ser solo de él, sin miedos, sin recatos, sin aparentar, el pertenecerle y que él le pertenezca, la clara sensación de, aun siendo poco el tiempo de conocidos, amarlo locamente, una sensación que le fue difícil de aceptar al nunca antes haberla sentido.

Cuando dejó de sentir las manos de él tocándole la piel, su mente volvió a tomar el control de su cuerpo, haciéndole recordar, que aun no miraba el colar, pues no había tenido el tiempo de divisarlo.

Lo tomó y vio la pequeña y delicada gargantilla. "Simplemente hermosa" se dijo, mientras miraba cada detalle, las alas, el cuerpo, todo hecho a la perfección, un trabajo refinado y visiblemente costoso. Definitivamente, Roy había acertado, sencillamente, era perfecto.

-¿Por qué una libélula?- Le preguntó de manera curiosa, pues no creía que aquella forma, no tuviese un significado oculto, y él sonrió de forma melancólica.

-A mi madre le encantaban…- Susurro melancólico mientras bajaba su mirada y ella creía que su curiosidad debía ser controlada, pero en el momento en que iba a disculparse por su inoportuna intromisión, él habló para explicarle la razón de aquello.- Cuando era un niño, ella siempre me contó variadas historias protagonizadas por ellas, y terminé, tal como ella, atribulándoles características hermosas, que la verdad sé jamás tendrán…- Le aclaro y se apresuró a continuar aun melancólico.- Cariñosas, dedicadas, inteligentes, bellas, delicadas…en general, todo con lo cual yo te defino a ti…- Terminó, impresionando enormemente, tanto a él mismo como a la chica, esas palabras salieron por sí solas, y ella lo miró impresionada, sin creer lo que oía¿a que se refería?.

Sin darse tiempo para pensar, Roy fue dominado por sus deseos, ya no aguantaba más, y la tomó por la cintura, y sin dudar, la beso con furor, ya sin resistirse a aquello que guardaba dentro, sin pensar en las consecuencias, realmente el deseo de poseerla le ganaba, ella sería suya esa tarde, aunque fuese lo ultimo que hiciese, o eso creía él.

Aun con sus labios unidos, él la condujo hacía la pared, para tener una mejor posición, a una más cómoda. Allí, sin recato alguno, comenzó a besarle el cuello, con tanta desesperación que parecía poseído, no se controlaba, ni pensaba hacerlo.

Riza sentía sus labios tocándola, y sus manos en su cintura, provocándole miles de sensaciones de placer y angustia, descontrolándose por completo. Pero cuando volvió en sí, lo empujó bruscamente para mirarlo con rabia, ya le había explicado la realidad¿por qué seguía?

La separación fue brusca y la mirada de ella, penetraba con rabia la de él, que devolvía la suya, no con miedo, sino expectante, esperando la reacción de ella, como un niño que sabía el haber cometido un mal acto y esperaba su castigo. Ante aquella comparación, Riza aguanto su ira, con un suspiro con los ojos cerrados, un suspiro, que demostró el pesar de ella.

-¿Por qué hiciste eso?-Le preguntó ella con pesar y sin comprender, mientras mordía su labio inferior, cuando le vio acercarse nuevamente, de manera ágil, tomándola de los brazos para no dejarla escapar.

-Porque te amo…- Le dijo con rapidez, aun sabiendo que era una mentira, pero estaba poseído por el deseo, ya no lo aguantaba, tenía que poseerla.

Entonces, luego de aquella mentira, la beso con pasión, nuevamente, demostrando aquella desesperación por tenerla.

"Te amo", dos simples palabras que la cegaron, aun cuando ni su corazón ni su cuerpo las creían, y permanecía inmóvil recibiendo las caricias y labios de él, pues su cabeza deseo fervientemente creerlo, sin oír las contradicciones que indicaban la falsedad de aquellas palabras, sin oír los gritos de su corazón que le advertían los peligros de cegarse, ni el rechazo de su cuerpo hacía él, tan solo manteniendo su mente en aquellas hermosas y falacias palabras, que en un corto tiempo, sin mucha espera, le causarían un dolor tan grande, que desearía jamás haber confiado en aquel hombre.

Sentía sus caricias y la mano de él recorriendo su cuerpo, inspeccionando su piel bajo su blusa, que Roy no demoró en quitarle, dejando al descubierto el vientre y los hombros de ella, solo con su brazier de la cintura hacia arriba, prenda que el estaba decidido a quitar, hasta oír un grito de horror de parte de ella, que lo confundió extraordinariamente.

-¡DEJAME, SUELTAME!- Gritó con desesperación ella, intentando defenderse con sus brazos, como temiéndole a algo, a él…

Roy no podía darse cuenta de los dolorosos recuerdos que sus caricias carentes de amor y llenas de deseo le habían traído a Riza. No tenía idea del miedo que sentía en aquel instante, lleno de recuerdos del hombre que le robo su inocencia, con tan solo catorce años, el hombre que toco su cuerpo virgen en contra de su voluntad, el Monstruo que aun después de tata tiempo seguía atormentándola, no solo en recuerdos, sino con acciones concretas, y amenazaba con volver a tocarla nuevamente.

Roy solo lograba percatarse del temor en los ojos de ella, en sus ojos y palabras de auxilio, que lo hicieron sentirse peor que un monstruo al no poder controlarse y provocar aquella reacción en ella, consecuencia, según él, de sus palabras vacías.

-Lo siento…-Susurro él con pesar, sin embargo, ella seguía gritando auxilio e intentando esconderse tras sus brazos, poseída por el temor.

Fue entonces cuando él se percató de que algo iba mal. Con rapidez, se le acerco y la tomó de los hombros, gritándole con desesperación.- ¡Riza!- Le gritó con fuerza, despertándola de su trance y ella lo miró con los ojos llorosos y la abrazo desesperado, impresionándola enormemente, y luego, volvió a disculparse- Lo siento…-

Y así se quedaron un momento, una posición que a ambos daba tranquilidad. Él no podía entender, como llego desde ser controlado por sus deseos, a conformarse con la aceptación de un abrazo de parte de ella, no era mucho, no era poco, estaba…bien, solo deseaba en aquel minuto, que nada rompiera aquel momento, sino, tan solo continuarlo, en silencio, sin preocupaciones, al igual que ella, que se mantenía apoyada en su pecho, con los ojos entrecerrados, sintiendo que el tiempo ya no andaba y estaba detenido solo para ellos, se sentía segura y querida y, aunque sabía que no podría durar mucho, intentó hacerlo eterno, aun cuando estaba comprendiendo que las palabras de él, quizás, no eran reales.

Esta duda rondó por su mente, mientras sentía la respiración de él en sus cabellos, pues en ella se apoyaba en aquellos momentos, y ella, sin resistir mas la incertidumbre, levantó la cabeza para quitar sus dudas, sin embargo, antes de q emitiera sonido alguno, el se adelantó.

-¿Por qué llorabas?- Preguntó sin mirarle y ella bajo su vista, sin embargo, ninguno rompió el abrazo.

-No te importa.-L e contesto ella.

-Claro que me importa y deseo saberlo.- Contestó con una exigencia.

-¡Tu no entiendes!-Le gritó ella, pero él lo hizo mas fuerte para acallarla.

-¡CLARO QUE NO ENTIENDO!-Gritó con todas sus energías, y luego se calmó.-Y me encantaría comprender, pero si no confías en mí, no esperes que comprenda las razones de tu sufrimiento, no soy adivino.- Le explico de forma cariñosa y ella posó su vista en él, para entrelazar sus miradas.

-Aquel es el problema…-Comenzó a contestar decidida y mirándolo con una sonrisa cariñosa, intentando esconder la angustia, para Lugo volver a posar su cabeza en el pecho de él.- …no deseo que no comprendas…- Continuó y presiono contra él, para asegurarse de que era real y mantenía su apoyo.-…no quiero que me mires con lástima….- Terminó y cerro sus ojos, y él la abrazo con mayor fuerza, hasta oír nuevamente un susurro de ella, que lo dejo expectante.- ¿De verdad me amas?- Le preguntó, pues su corazón no resistió la duda y fue en contra de su mente, que creía ciegamente en sus palabras.

-Riza yo…-Comenzó a contestar él con pesar y aflicción descontrolada.-...quizás lo que te voy a decir no contesta a tu pregunta…- Le aclaro antes de continuar, con el mismo pesar, con la misma aflicción.- No deseo hacerte daño, deseo conocerte mejor, deseo ganarme tu completa confianza, deseo ganarme tu cariño, tus deseos, y ayudarte a seguir tus anhelos, pero, mas que nada, deseo protegerte…protegerte de todo mal y desgracia que provoque la más mínima reacción de dolor en ti…Y…aunque quizás me desvío del tema, necesito que me prometas algo…- Continuó con una respuesta vaga, pero no vacía, pues no mentía, sin embargo, no se vio capaz de decirle que no sentía amor por ella, pues recordaba aquella expresión en los ojos de ella al oírlo pronunciar aquello, no deseaba que aquella felicidad se desvaneciese, por lo cual, le advertiría sobre él mismo, no deseaba ganarse el odio de la chica, y por eso, le haría prometer aquello, que quizás lo dejaría como un completo idiota, pero no interesaba, ella estaría bien, y eso importaba.-Prométeme que, si sientes una mínima desconfianza en mis palabras, no las creas, porqué serán aquellas las que harán que en algún momento me odies. Prométeme, que jamás te cegarás porqué yo te dije un par de palabras lindas, que no te entregarás a mí, a menos que sientas que ambos sentimos lo mismo. Y más que anda prométeme, que no me perdonarás fácilmente cualquier cosa que haga, tan solo, castígame, y por más estúpido que suene, por favor, no cedas por nada y sólo perdóname cuando sepas que habló con la verdad, y no te haré sufrir más…- Le pidió, y antes de dejarla contestar, la abrazó con mayor fuerza, y besó su frente, y, nuevamente, cruzaron sus miradas, y él terminó por aclarar.- Cuando hablaba de protegerte, me refería principalmente a mi mismo, no quiero…- En aquel instante no logró continuar, porqué los labios de Riza tocaron los suyos, para unirse en un beso, que le devolvió la sensación del día anterior, una nueva sensación para él, algo que no esperaba, un beso que abrió las puertas a muchas dudas en la cabeza del chico, dudas que, según el moreno, el tiempo se encargaría de borrar.

-No se si pueda prometer eso…pero, lo intentare…- Le contestó, luego de robarle aquel beso, luego de apoyar su mentón en el hombro de él, y de tener el completo poder del cuello de él, rodeándolo con sus brazos, lo que provoco una sonrisa cariñosa de parte de él.

Se quedaron así un momento, hasta oír el ladrido impaciente y agudo del cachorro, que hace rato espiaba la escena.

-Supongo que tendré que llevarme a este intruso.- Comentó Roy, fijando su vista en el pequeño mestizo blanquinegro.

-¿Qué¿Por qué?- Preguntó la chica desentendida, mientras ambos con dolor interior, rompían la unión que mantenían.

-¿Piensas quedarte con el cachorro?- Le preguntó impresionado y el can volvió a ladrar.

-¿Por qué no?, vivo sola y puedo cuidar de él, además, es pequeño no le costara adaptarse.- Le aclaró ella y él miró al cachorro dudoso.

-No lo sé, yo podría comprarte uno de raza pura…- Le comentó aun dudoso.

-¿Y este no lo es?- Le preguntó mirándole de reojo.

-Am… ¿sí?- Respondió con un tono de pregunta y ambos rieron.

El momento era agradable y el cachorro parecía no comprender que de ellos dependía su futuro, y se recostó en el suelo, cerrando sus pequeños ojos negros, para abrirse puertas al sueño, y Riza sonrió satisfecha, aquel pequeño compañero no le haría daño.

-Si te lo quedarás¿qué nombre le pondrás?- Le preguntó Roy, algo risueño por la ternura del cachorro.

-¿No puedo llamarle perro?- Preguntó ella de forma seria, por lo cual, él hizo una mueca.

-Creo que…para el pequeño estaría bien un nombre.- Le contesto con una sonrisa bastante fingida.

-Bien…es negro…pero eso suena mal así que… ¿le va bien Black?- Le preguntó ella con poca creatividad, por lo cual él rió.

-Black estará bien.- Le dijo ya resignado e intento acariciar al cachorro, pero este le dio un pequeño gruñido al contacto, por lo cual, él se hecho para a tras algo asustado.- Supongo que no esta de buen humor.- Dijo con enfado.

-Si..-Dijo ella sin comprender mucho.- Cambiando el tema…¿qué harás con tus estudios?, con esas notas, es obvio que perdiste el año.- Le comentó Riza enfadada y él sonrió con pesar.

-Eso es a lo segundo que vengo.- Contesto risueño.- Necesito que me ayudes a escoger la carrera perfecta para mí.- Le pidió Roy, intentando sonreír sin nerviosismo, cosa que no logro.

-¡Pero Roy!- Comenzó a sermonearle.- ¡Has pagado por no sé cuantos años esta carrera y deseas cambiarla así como así!¡No crees que estás malgastando tu dinero¡Eres un irresponsable, necio, flojo…!-Le continuó su reproche al chico, avergonzado de la impresión que tenía la chica de él.

-Por eso la cambio, para que me den ganas de estudiar. Además, las leyes me aburren.- Se quejo él interrumpiéndola.

-Debiste pensar en ello antes de escogerla.- Le recordó ella con un tono de enojo.

-Pues yo no la escogí.- Se defendió él.

-Claro¿y quien lo hizo?- Le preguntó sarcástica.

-No fui yo, pero no viene al caso¿me ayudarás?- Le preguntó sonriendo como un niño, que pide algo que no merece pero desea.

-Esta bien…- Dijo riendo, pero oyó el sonido del timbre del celular de él, sin embargo, vio que él lo ignoro.- ¿No piensas contestar?- Pregunto ella con cierta impresión.

-Si lo comparo contigo, quien sea puede esperar.- Le dijo sonriendo cariñosamente y el teléfono dejó de sonar.

-¿Por qué?- Preguntó devolviéndole la sonrisa.

-Porqué…- Iba a comenzar a contestar, pero el celular volvió a sonar y ella disimulo su enfado en una sonrisa fingida.- Dejémoslo sonar…-Sugirió él, casi como una petición.

-Es la segunda vez, ha de ser importante…-.Aclaró ella, mirando hacia otro lado.

--Como quieras…- Dijo resignado y tomó su teléfono celular para contestar.- Hola.- Contestó de mala manera, oyendo una voz que habría preferido no escuchar en aquellos momentos.

-Hola Roy…-Oyó tras el auricular, la voz que podría afirmar la más molesta, pero se silenció, Riza no debía darse cuenta.- Sé que estas con esa mujer, y que no me dirás nada atractivo o influyente, sólo te diré que vi todo allí, y si no quieres que Alexander lo sepa, tendrás que salir conmigo, te espero en el café Rouge, me voy para allá ahora y te diré lo necesario para que esa…mujer, tu supuesta presa, continúe con vida….- Le aclaró aquella femenina voz con astucia y enfado notable en el tono, por lo cual, Roy prefirió disimular.

-Por supuesto, Adiós.- Dijo él, ya habiendo cortado, y maldiciendo en su interior.- Lo siento, debo irme, me llamaron por algo muy importante y…- Intento inventar algo, pero no supo que, mientras ella con una sonrisa muy bien fingida, le interrumpió, aunque al igual que él, lamentaba en su interior aquella maldita suerte.

-No te preocupes, yo entiendo, los deberes, son deberes.- Le contestó cariñosamente.

-De verdad lo siento…- Se volvió a disculpar y ella rió.

-Ven, te acompaño a la puerta.- Le sugirió ella risueña y él la siguió, y salió de la casa, quedándose quieto mientras la miraba desde el umbral.- ¿Qué?- Preguntó incrédula y algo avergonzada por la mirada de él.

-Pienso en como debería despedirme…- Le aclaró él y ella rió nuevamente, entonces, él, creyendo encontrar la manera perfecta, comenzó a acercarse ella.

No deseaba besarla en los labios, pues no quería una reacción igual, pero el besarla en la mejilla, en esos momentos, sería muy frío, y ni hablar del sólo decir "Adiós" si quiera lo tomo en cuenta. Entonces, un beso que rozase sus labios en un costado y en el otro la mejilla de ella, sería perfecto. Comenzó a acercarse, hasta creerlo logrado, con nerviosismo, y angustia, sin embargo, esto cambio a impresión, cuando ella corrió su cabeza intencionalmente, para tocar los labios de él, que con asombro correspondió, sin alegatos, sin recatos, y aunque fue un beso corto, ambos lo disfrutaron y al separarse, se miraron sonrientes, sabiendo los pensamientos del otro.

-Preferiría no irme…- Dijo sin pensarlo él aun sonriente.

-Dijiste que era importante, debes irte.- Le contestó también con aquella sonrisa.

-Esta bien...Adiós…- Dijo resignado.

-Adiós…-Susurró ella y él comenzó a irse, sin embargo, él no logró resistir la tentación y en un rápido movimiento, volvió donde Riza, y la besó con toda la energía y deseos que tenía, no importaban las dudas que aquello le aumentaba, el solo sentir que ella le correspondía, bastaba para desvanecer cada uno de los problemas.

El beso no fue corto y al separarse se miraron sonrientes, burlándose de ellos mismos, y con una carcajada e ilusión en su mirada, Roy se fue, olvidando los problemas que tendría asegurados al llegar al café especificado.

Por su parte, Riza también rió, y entro a su casa, encontrándose con su nueva mascota encima de la mesa, comiendo el plato de sopa que ella se había servido hace un rato. "Tal vez el perro no fue tan buena idea"; se dijo y suspiro resignada, mientras con un reto bajaba a su cachorro de la mesa, mas, sus pensamientos aun estaban completamente inmersos en aquellas palabras; "Te amo…"


Con angustia y cierta desesperación, el moreno miraba a través de la ventana del café. Entonces, sintió el ruido que alertaba la llegada de aquella que le arruinaba el día, por lo cual, la miró para asegurarse de que era ella y al hacerlo, hizo una mueca demostrando su descontento.

-Que sea rápido, tengo cosas que hacer.- Exigió el moreno, mirando con enfado a la joven recién llegada, que sonrió triunfante ante aquel comentario, y se sentó frente a él, mientras corría sus castaños cabellos para que no le estorben la mirada.

-No te preocupes Roy, yo tampoco tengo mucho tiempo, solo vengo a avisarte que esta noche saldremos.- Le comento sonriente la chica, provocando una mueca de descontento que no tardo en expresar.

-¿Qué te hace pensar que saldré contigo Christie?- Le preguntó el chico mas que enfadado, con la mirada furtiva y expresando sus deseos de irse en seguida de allí.

-Aunque no estés de acuerdo lo harás.- Afirmo ella, con confianza en sí misma, sabiendo la verdad.

-Por favor…-Dijo él con ironía y ella lo interrumpió.

-Como te advertí, sé lo que tienes con esa chica, y créeme que si no cumples mis deseos, esa chica no estará bien, es más, no te aseguro la continuidad de su vida…-Advirtió ella, ya sin sonreír, completamente seria, y demostrando en sus ojos, la complacencia de lo que sus palabras provocaron en la mirada de Roy.

-¿Supones que te temo?- Preguntó desafiante, intentando simular lo que en verdad sentía, no deseaba el dolor de ella, y menos aun su muerte.

-Como quieras…-Dijo cerrando sus ojos y luego suspiro mientras se levantaba de la mesa.- Creí que ella te había ablandado pero veo…que no es así…-Continuó y, antes de irse, agregó.- Supongo que te haré un favor al matarla; si no es así, te espero esta noche, en el Púb; "Queen's Arms", esta noche, como a las diez, hasta entonces.- Se despidió la chica guiñándole un ojo, feliz, sabiendo su victoria completa.

Roy maldijo entre dientes. Christie lo tenía en la palma de la mano, y lo peor, no podía hacer nada, ni por él, ni por Riza. Eso era lo que más le molestaba, no podría protegerla si algo hiciese Christie, ella era una verdadera sádica, estaba seguro de que si tuviese que hacerlo, la mataría de la forma más horrible.

Por esto y más, con pesar, debió aceptar su derrota.


-Ya estamos afuera Riza…- Comunico Winry a su amiga por el celular, con enfado pues esta no se apuraba.

-Estoy saliendo, solo espera un poco.- Le pidió la chica, dueña de la voz saliente del celular.

-¡Pues eso dices hace una hora!; ¡¿No puedes apurarte?!- Gritó Winry alterada mientras cortaba.

-Winry cálmate.- Le pidió Edward a su lado.

-¡No puedo calmarme!; ¿¡Desde cuando tarda tanto!?- Preguntó en general, asustando a ambos chicos dentro del auto.

-Pero Winry, quizás se esta preparando psicológicamente…-Intento bromear Alphonse, cosa que le salió terriblemente mal.

-¡¿Psicológicamente¡Que se valla al diablo¡Voy a buscarla ahora mismo!- Dijo mientras abría con enfado enorme la puerta del auto, a lo que Edward y Alphonse salieron con cierta desesperación para tomarla antes de que cometiera un crimen contra su amiga y la metieron de vuelta al auto.

-Creo que lo mejor será que valla yo.- Sugirió Alphonse mientras cerraba la puerta del auto, y se dirigía a la puerta de la casa para tocar, mientras veía a Edward lidiar con el enfado de Winry dentro del auto, y agradeciendo el poder haber salido de allí a tiempo. En ese minuto, la puerta de la casa se abrió.

Al abrirse la puerta, Alphonse notó algo extraño, claro, sin contar el sonido del ladrido agudo de un perro, que ignoro creyéndolo pereciente a un pequeño callejero, lo que le hizo reflexionar, fue el hecho de que Riza solo entreabriese la puerta, cosa extraña en ella y lo miró desde allí algo insegura, cosa que lo hizo dudar y creer que algo estaba pasando.

-Oye, Winry esta enfadada, ya vamonos.- Le pidió Alphonse, disimulando la extrañeza divisada.

-Enseguida salgo, es solo que…-Comenzó a contestar Riza, aparentemente con problemas, cuando la puerta se abrió de golpe, dejando salir a un cachorro blanquinegro, que con desesperación movía su rabo ladrando impaciente y con alegría a Alphonse, cosa que lo impresiono bastante.- ¡Vuelve aquí, perro, digo, Black!; ¡Como sea, solo vuelve!- Exigió Riza mientras tomaba al animal desde la piel sobrante de su cuello y lo metía a la casa, para entrar con él y Alphonse detrás.

-¿Qué es eso?- Le preguntó el chico mientras cerraba la puerta, entre los ladridos de rebelde y juguetón can.

-Un perro¿no lo ves?- Le preguntó sarcástica.

-Sabes a lo que me refiero.- Dijo él con cierto enfado mientras la miraba de reojo.

-¿Me creerías que lo vi en la calle y me apiade de él?- Preguntó sabiendo que la respuesta seria negativa.

-Hablamos de ti así que…no.- Contestó él.

-Me lo regalaron.- Contestó tranquila mientras acariciaba al cochorro y este se recostaba en el suelo para recibir con mayos comodidad las caricias de su dueña.

-¿Fue Roy?- Preguntó de manera directa el chico y de forma seria, y también acaricio al can, que se tiro en el suelo de espaldas, regalándose a lo que los demás le ofrecían, disfrutando alegre.

-No.- Le contestó cortante, mintiendo, y él, sabiendo esto, rió, contagiándole la risa.- Esta bien, fue Roy.- Declaró ella.

-¿Y por casualidad este pequeño intruso no habrá venido con un regalo extra?- Preguntó risueño dejando de acariciar al perro pues este se había dormido.

-¿Por qué preguntas?- Consultó Riza extrañada.

-Pues porque tu nuevo colgante es bastante lindo.- Contestó risueño mientras ella tomaba la joya para esconderla, igualmente risueña.

-Eres bastante observador, Alphonse Elric.- Le aludió la chica.

-No, lo que ocurre es que usted, mi querida amiga, no acostumbra a usar joyas, por lo cual, esto se vuelve notorio.- Aclaró para no prestar su observación a una característica propia.- Así como vas Riza, no me sorprendería encontrarte con un anillo en uno de tus dedos.- Bromeó el chico.

-Si insinúas matrimonio, Al, sabes que no será así, además de que soy muy joven…aun…no quiero…no estoy lista…- Le respondió con tristeza, y Alphonse no tardó en notar eso.

-Lo sé Riza, no ha de ser fácil superar algo así…- Le dijo, más para si que a ella, y se acercó a la puerta.- ¿No vamos?- Preguntó sonriéndole para subirle el animo.

-El perro ya se durmió, supongo que ya no hay problema con ello.- Le dijo mientras tomaba su chaqueta a él.

-Por cierto…- Intento investigar, y ella le miró atenta.- El tal Roy¿se te declaró de alguna manera?- Preguntó para sacarle información, a lo que ella rió con ganas.

-Eso no voy a decírtelo.- Le dijo y salió de su casa sonriendo

-Entonces lo tomaré como un sí.- Dijo él, igualmente agraciado con aquello, y ambos subieron al auto.

-Ya era hora.- Alego Winry de manera enfadada, mientras ellos entraban al auto.

-Mejora tu ánimo Winry, recuerda que has logrado que todos salgamos hoy, además, puede que haya olvidado algo…- Bromeó sonriente Riza y Winry dio media vuelta para mirarle desde el asiento delantero.

-Estas de un muy extraño alegre humor hoy, Riza.- Comentó algo impresionada, pero aun enfadada.

--Tengo mis razones.- Aclaró Riza y Winry miró pensativa a Edward quien sonrió y emprendió la marcha.

-¿A dónde nos llevas?-Preguntó Alphonse.

-Al mejor Púb de todo Londres, El "Queen's Arms" – Le contestó Winry, sin saber que aquel lugar, marcaría la diferencia en la vida de su amiga, pues traería sufrimiento y consecuencias negativas para el siguiente día…