Confrontación
No me importa la vida
Nada me importa
Su sufrimiento
Que aquel que nada tiene
Ni amores llora
Vive contento
Cantaba Sesshomaru en su taberna en tono taciturno, como de costumbre dándole a su vos un matiz profundo y ensoñador que hacía que todos los presentes le miraran como si estuviera hecho de 100 lingotes de oro, y las damas sonrieran embriagadas por la melodía. Justo en ese momento entro Inuyasha.
Todos los desengaños (se unió a él cantando al mismo tiempo ambos hermanos)
Dentro de un alma rota (Sesshomaru volteo arqueando una ceja, pero rápidamente sonrió al ver a su hermano)
No duelen ni hacen daño
La van forjando (Naraku que también había volteado embozo una sonrisa macabra)
Lai, Laralala, lalalara
Lai Laralala, lalalara
Lai Laralala Lalalala
Laralala, Laralala
Inuyasha y Sesshomaru se acercaron u se dieron un apretón de manos fraternal seguido de un abrazo sin dejar de cantar, por mucho que pelearan no dejaban de quererse como a nadie.
S: así es la vida ingrata
Nos va poniendo
Nos va poniendo
I: Caminos de rencores
De sin sabores
De sufrimientos
2: pero al llegar la tarde
De nuestra dura vida
La voz de nuestra madre
Es luz querida
Lai, Laralala, lalalara
Lai Laralala, lalalara
Lai Laralala Lalalala
Laralala, Laralala
La gente estalló en aplausos a los dos hermanos mientras Inuyasha y Sesshomaru solo se sonrieron mutuamente, después de compartir otro abrazo, algo nuevo para los clientes del bar que no acostumbraban ver al dueño mostrar sus sentimientos.
-¡hermano, tantos años!- sonrió Inuyasha emocionado como si tuviera 5 años.
-demasiados- concordó Sesshomaru.
-¿idiota que pasa contigo? ¿Por qué te escondes? No fuiste al huapango, ¿Qué no tenías ganas de verme?- pregunto el menor frunciendo el ceño.
-muchas, pero tuve un pendiente a última hora- se excusó quitándose el sombrero dejando caer su larga cabellera plateada.
-oye ¿podemos hablar en privado?- pidió Inuyasha bastante incomodo, cosa que no pasó desapercibida para Sesshomaru.
-por acá- le señalo dirigiéndose a su despacho, no sin antes lanzarle una mirada de advertencia a Naraku, quien mirto con atención reflexiva a los hermanos mientras se alejaba.
-entra, tú dirás- le invito el mayor al capitán, Inuyasha paso de costado a Sesshomaru mientras este cerraba la puerta tras ambos.
-hermano… yo…- intento comenzar.
-¿Qué quieres Inuyasha?- le estepo el otro prendiendo su puro.
-he perseguido por toda la huasteca a este famoso coyote. ¡Feh! Se hace humo, me pone en ridículo, por eso he venido a hablarte- explico, Sesshomaru ahogo una sonrisa divertida.
-¿ah sí? Y dime, si tú supieras quien es este afamado coyote ¿Qué harías con él?- pregunto sirviendo dos botellas de coñac y expulsando el humo de su boca.
-¡cumplir con mi deber! Ese criminal no merece ni siquiera que lo enjuicien- informo Inuyasha aceptando el trago que le ofrecía su hermano.
-sus crímenes son muy bien conocidos y por el menor de ellos ya se merece la horca- continúo sin darse cuenta de que el Taisho mayor lo miraba con cierto dolor y lastima.
-quizás si hubieras venido antes a verme, podría haberte ahorrado muchos problemas- suspiro Sesshomaru dándole un solo sorbo a su copa.
-o puede que hasta tuvieras más- murmuro alejándose hacia la ventana.
-Sesshomaru ¿tú sabes quién es el coyote? ¡Dímelo tú! Es todo lo que te pido- imploro Inuyasha su hermano.
-déjate de comedias, sabes bien que para atrapar al coyote solo debes estirar la mano- estepo Sesshomaru.
Inuyasha no aguanto más su enojo y le extendió la carta del cuartel. Con la orden para su captura, encierro y ejecución. Sesshomaru leyó el papel con una ceja alzada, pero por dentro sintió su corazón quebrarse en mil pedazos.
-el coyote, ese asesino y ladrón sin entrañas…- comenzó a decir el Taisho mayor doblando el papel.
-no se defenderá contra ti, está a tu merced- le aseguro. Inuyasha sintió un nudo en la garganta.
-voy a pedir mi baja del ejercito- Sesshomaru se rio.
-eso no es digno de un Taisho- se burló de él apagando su puro con la bota.
-¡maldición Sesshomaru! ¿Quieres que te mande a ahorcar?- exclamo Inuyasha con lágrimas perlando sus ojos color ámbar.
Por muy soldado que fuera la sola idea de tener que prender a su propio hermano lo destrozaba. Tenía lealtad por su nación sí, pero también la tenía por su familia y más por sus hermanos que eran lo único que le quedaba en este mundo, bueno ellos y Kagome.
-si crees que es tu deber- fue la respuesta de Sesshomaru encogiéndose de hombros.
-¡ese es mi deber por Dios! ¿O qué? ¿Cómo te gustaría la soga?- gruño perdiendo los estribos.
-¿soga?- pregunto Sesshomaru dirigiéndose a la salida de su despacho.
-la quiero de esas bien trenzadas con pruebas, con un juicio justo, en donde demuestres que yo soy el que buscas- exclamo abriéndole la puerta en invitación para que se largara.
-te crees muy astuto "coyote", ¡tendrás pruebas! ¡Un juicio recto! ¡Lo que quieras!- prometió el militar marchando con furia hasta su hermano mayor.
-je, te daré oportunidad de que me atrapes en mis próximos crímenes, ¡tengo sed de sangre!- sonrió macabro.
-y seguiré matando hasta que mi hermano el "recto" me mande ahorcar, mientras mi hermano el santo reza por la salvación de mi pobre alma- se burló con un par de ademanes despectivos.
-ten por seguro que así será ¡que tengas suerte!- estallo Inuyasha dándole la espalda.
-¡igualmente!- respondió Sesshomaru cerrando de un portazo su oficina para luego destrozar una de las lámparas y una botella en un ataque de rabia.
El resto de su oficina no se salvó tampoco, enfrentar a Inuyasha había sido mucho más duro de lo que había esperado, fue casi igual de malo que cuando perdió a Kagura, pero era lo mejor, si lograba seguir con su plan de acuerdo con sus cálculos dentro de nada podría completar su proyecto, entonces y solo entonces podría descansar en paz.
-¿Dónde está Naraku?- pregunto a su cantinero después de unos minutos.
-se marchó- contesto el empleado, había escuchado el ataque de rabia de su jefe y estaba espantado.
Un mes después…
En el potosino era domingo y los músicos se encontraban practicando frente a la iglesia. Hachi se había unido a ellos con el violín aunque más bien parecía que estaba ahogando a algún pobre gato. En el interior del recinto Kagome impartía el catecismo a los niños del pueblo, con un Inuyasha fechado viéndola.
-…y sin poder explicarse cómo, broto un manantial de agua purísima- explico Kagome a los niños reunidos entrono al patio.
-bueno, ahora vamos a seguir con los salmos de…-
-¡NO, NO, NO!- gritaron los pequeños, haciendo reír a los dos hermanos Taisho.
-muy bien, les voy a contar la del paso de los hebreos por el mar rojo- accedió La azabache, siendo incapaz de negarle nada a los niños.
-cuando los hebreos estaban en busca de la tierra prometida, - comenzó a explicar hasta que frunció el ceño.
-¡ay dios! Pero que escandalo ¡me voy a quedar ronca!- chillo pues la música desafinada se escuchaba por toda la iglesia.
-tú sigue hijita, ya voy a callarlos yo- indico Hoyo dejando a un lado la regadera y saliendo del patio.
-entonces, cuando los hebreos hablaban en busca de la tierra prometida, por todas partes eran perseguidos y esa ocasión eran perseguidos por los egipcio, y descono…- se interrumpió pues las desafinadas notas no la dejaban concentrarse.
-y desconociendo su camino fueron a parar a las orillas del mar rojo…- Inuyasha se acomodó más en la silla donde estaba descansando para ver a Kagome, aunque la clase de catecismo era muy aburrida al menos tenía una vista perfecta de la mujer de su vida.
Afuera del templo Hoyo se cubría los ojos del sol con el dorso de su mano mientras intentaba localizar a la fuente del desafinado y chirriante sonido del violín, claro que no fue sorpresa encontrar a Hachi cepillando descuidadamente las cuerdas del instrumento.
-Hachi, Hachi ¿pero qué escandalo es este?- pregunto llegando al lado de su sacristán.
-¿porque no se van a ensayar a otro lado? Y además tu desafinas terriblemente- le regaño.
-dame acá ¡que esto se toca con estilo! Denle muchachos- ordeno quitándole el violín al sacristán y poniéndoselo al hombro.
Sin dificultad y con maestría el cura movió ágilmente sus dedos por las cuerdas moviendo el arco al son de la melodía huasteca acompañado por los otros tres músicos. La gente del alrededor pronto empezó a congregarse ante la imagen del sacerdote tocando alegremente junto con el cuarteto de cuerda y además con un muy buen nivel de manejo del violín.
-… no tenían más remedio que hacer frente a los atacantes- continuaba explicando Kagome teniendo que alzar un poco más su voz.
-pero sabían que sus fuerzas eran inferiores asique moisés invoco a geoba y…- dejo de hablar con un gruñido de frustración.
-¡ya estuvo! Voy a ver porque no se han callado- sentencio perdiendo lo último que quedaba de su paciencia.
-¡sigue tu mientras regreso!- ordeno a Inuyasha el cual dio un brinquito sorprendido y a la vez admirado por la rudeza de su voz.
Cuando Kagome se marchó por la puerta los niños empezaron a reír y echar relajo, algunos incluso se pusieron a reír de la idea de que el capitán Taisho les diera clases de catecismo, el joven militar encogiéndose de hombros se dirigió al puesto que había ocupado Kagome.
-¡atención!- ordeno usando un tono ligeramente más leve del que usaba con sus soldados.
-¡firmes!- los niños se quedaron quietos y callados con la orden incluso algunos irguieron la espalda.
-¡y al que se distraiga lo arresto!- amenazo antes de prepararse para seguir con el relato de Kagome, claro a la manera Taisho.
Kagome salió pisoteando del templo con sus faldas moviéndose energéticamente debido a la furia de sus pisadas, claro que se quedó boquiabierta al ver que no eran solo los músicos sino también el mismísimo Hoyo Taisho el que hacia el escándalo.
-¡pero señor cura! ¡¿Usted?!- exclamo entono de regaño haciendo callar de inmediato a los músicos.
-yo… ¡yo solo les estaba enseñando como se hace!- se excusó Hoyo apenado.
-se debe enseñar al que no sabe- termino diciendo, Kagome lo miro con el ceño fruncido y una mueca de incredulidad en su rostro.
Mientras adentro del templo…
-y ahí está el ala derecha, la de los trincheros cubriendo la retirada de la infantería, dos escuadrones de lanceros para usarlos como ariete, los carros de guerra en semicírculo tenían acorralados a los judíos…- narraba Inuyasha moviéndose por todo el patio para escenificar mejor.
-… pero estos no sabían de estrategia, porque a pesar de ser menos podrían haberse defendido si utilizaban un núcleo con dos alas, y usando las elevaciones de la derecha, para en un movimiento envolvente sorprender a la retaguarda, pero nada…- los niños miraban la explicación con los ojos abiertos sin perderse ningún detalle.
-¡y de pronto! ¡El zafarrancho de combate! ¡Arranca el ala derecha, los de infantería en posiciones firmes! ¡Los judíos se repliegan! ¡Aquí un muerto haya un herido!- los niños a su alrededor reían y se ponían cada vez más cerca del capitán que también se estaba emocionando con su propia narración.
-¡pasa un caballo sin jinete! ¡Pasa un jinete sin caballo! ¡Gritos y lamentos! ¡Los judíos destrozados! ¡Ataca el ala izquierda egipcia!- en eso llegaron Kagome y Hoyo el segundo siendo sermoneado por la azabache acerca de las prioridades, más la ver todo el teatro de Inuyasha se quedaron mirando boquiabiertos.
-¡los judíos retirada! ¡Retirada! ¡Retirada! ¡De frente el enemigo! ¡Atrás el mar! ¡LLEGAN A LA PLAYA Y…!- dejo Inuyasha una pausa dramática, los niños se inclinaron a la expectativa por la narración.
-y los judíos no saben nadar- finaliza, siendo entonces y solo entonces consiente de las miradas de Hoyo y Kagome, que si bien no son felices, él se encoje de hombros retando a que le digan algo.
Kagome suspiro fuertemente antes de acercarse a su novio, el cual ahora estaba rodeado por todos los niños del catecismo rogándole que continúe con la historia. Algunos incluso intentando treparse a sus hombros desde las macetas.
-¡niños! ¡Niños!- llamo Kagome al acercarse a la bola de brazos, piernas y cabezas que rodeaban a l joven militar.
-ya estuvo bien de clase por hoy, pueden irse- intento explicar.
-¡NO!- gritaron los niños decepcionados antes de retomar sus suplicas.
-el próximo domingo seguirá…- intento convencerlos Kagome, enojada porque Inuyasha parecía más entretenido en mirar que en apoyarla.
-jamás los había visto tan interesados- reflexiono Hoyo viendo la escena.
-bueno, bueno ya váyanse- intervino por fin Inuyasha, claro después de una mirada de Kagome que prometía dejarlo sin descendencia si no la ayudaba a tranquilizar al catecismo.
-y recuerden ¿pasaran los judíos el mar rojo? ¿Serán muertos por el ejército enemigo?- comenzó a picarlos, Kagome vio eso intentando calmarse para no hacer una escena delante de los infantes.
-¡así es que no se olviden de venir la próxima semana a la misma hora…! ¡Ay!- finalizo su discurso el capitán siendo arrastrado de una oreja lejos del patio de la sacristía por la azabache.
Continuara…
