Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.

Haunted
Por: Hoshi no Negai

12. El precio a pagar

Los objetos que habían quedado suspendidos en el aire cayeron estrepitosamente en el suelo, llegando incluso a romper los fragmentos más débiles del suelo de madera. Los chicos ya no gritaban, pedían ayuda ni maldecían asustados. Todos, excepto Jiro que estaba inconsciente, seguían con la vista fija en el último sitio en el que Rin había estado antes de desaparecer.

Fue tan rápido como un parpadeo, nadie comprendía qué era lo que acababa de pasar. Una sombra enorme, objetos volando, oscuridad casi total, Issei siendo elevado más de dos metros... y Rin, acercándose a la criatura siniestra, rogándole que se detuviera.

Era demasiado como para ser digerido, pero no podían darse el lujo de quedarse plantados viendo a la nada en busca de explicaciones.

―Oh por Dios... esto es imposible...

―No entiendo nada... Maldita sea, ¿qué está pasando?

―Santo cielo... ¿Dónde está Rin? ¡Rin!

―¿Qué rayos era esa cosa? ¿Adónde se llevó a Rin?

―Tratemos de calmarnos ―habló Satsuki con una voz que estaba a punto de quebrarse. Todo su cuerpo temblaba, la cabeza le daba vueltas y tenía el único deseo de salir corriendo tan rápido como era capaz. Pero al mismo tiempo, temía hacer movimientos precipitados o ruidos que pudieran atraer de nuevo a la criatura―. ¿Están todos bien?

―No... ―murmuraron los chicos, cada uno sorprendido ante sus propias heridas. Excepto Issei que apenas podía moverse y Jiro que estaba completamente noqueado.

―No puedo creer que esto esté pasando... santo cielo... Y Rin... Rin...

―Me duele mucho la pierna ―Kazuo intentaba no llorar presa del pánico y el dolor, por lo que su voz apenas era audible entre sus jadeos para resistir―... creo que está rota.

Haruka y Shizuku, las únicas que estaban ilesas, se levantaron tambaleantes a examinar a sus compañeros heridos. De lejos los más graves eran Jiro, Kazuo e Issei, siendo el último quien había quedado con peor aspecto con las marcas rojizas de estrangulamiento en su cuello, una fea herida abierta en la parte trasera de la cabeza y un brazo dislocado por el fuerte impacto que se había llevado contra la pared.

―Necesitamos buscar ayuda ―dijo Haruka tras examinar el mal estado del chico. Tenía suerte de seguir despierto, aunque parecía que aquello no le duraría mucho. Entre Taichi y Ketaro se las ingeniaron para enderezar la pierna de Kazuo y entablillarla con una vara de madera desprendida del techo. Pusieron sus brazos alrededor de sus hombros y lo ayudaron a levantarse. Shizuku, mientras tanto, limpiaba como podía la herida de Satsuki con un pañuelo y agua de una botella, esperando que dejara de sangrar.

―¿Alguien tiene cobertura en su celular? ―preguntó la directora con un susurro. Todos hablaban en voz baja, temerosos de atraer de nuevo la atención de aquella criatura.

―No llega hasta aquí ―musitó Taichi. Haruka se encargaba ahora de atender a Jiro, dándole palmaditas con su mano temblorosa en la cara para hacerlo despertar.

El día anterior se habían quejado bastante sobre la poca recepción telefónica y Rin nunca se había molestado en decirle a nadie que sólo llegaba al ático de la mansión.

―Tenemos que salir de aquí ―repitió Haruka catatónica. Satsuki abrió la puerta de un tirón y descubrió que la lluvia había disminuido considerablemente. Tanto, que hasta el sol del final de la tarde se dejaba ver entre las nubes negras que se alejaban en dirección al horizonte. Era como si un día y una noche hubieran transcurrido desde que todo había comenzado, o al menos esa era la sensación colectiva.

La lluvia se había transformado en una leve llovizna mientras se fueron moviendo poco a poco hasta llegar al pórtico. Taichi ayudó a Issei, cargando casi todo su peso sobre él mientras Ketaro hacia lo propio con un Kazuo que daba saltos agoniosos para que su pierna herida no tocara el suelo. Entre Shizuku y Haruka arrastraron a Jiro por los hombros sin dejar de intentar despertarlo.

―Podemos ir a alguna casa cercana a pedir ayuda ―sugirió Satsuki. La garganta le dolía horrores y creía que estaba por vomitar.

―E-esa... es la ca-casa de Rin ―murmuró Issei con dificultad, haciendo que todos se estremecieran e intercambiaran miradas llenas de circunstancias.

―¿Qué vamos a decir? Dios mío, esto... esto no puede estar pasando ―Haruka se echó a los brazos de Shizuku mientras lloraba todas las emociones encontradas que habían estado atascadas en su garganta―. N-no entiendo nada... ¿Por qué ha pasado esto? Es una pesadilla...

―¿Por qué le hablaba a esa cosa?

―¿Viste que usó un nombre para referirse a él? Santo cielo... espero que esté bien.

―Tiene que estar bien, tiene que estarlo. Rin no puede... ―la voz de Haruka se cortó y no pudo continuar.

―¿Qué podemos hacer?

―No lo sé... no sé qué decir, no sé qué hacer... ―se lamentó Satsuki, dejándose caer en el suelo. Lograron instalarse en el pasto alto y empapado al lado de la casa, incapaces de seguir avanzando para no dejar atrás a Jiro. Tenía pulso y respiraba con normalidad, pero se negó a despertar hasta que Ketaro le vació una botella de agua completa en la cara.

El chico pegó un respingo muy sonoro al mismo tiempo que se sentaba. Llevó rápidamente una mano a su nariz sangrante y soltó un alarido de dolor.

―Maldición... ―recorrió los ojos por sus compañeros, quienes apenas le dedicaban una mirada, y supo que todo aquello que recordaba a suma velocidad no había sido un sueño―. ¿Qué fue lo que...? ¿Dónde...? ¿Dónde está Rin?

―No está ―murmuró Haruka muy afectada―. Sólo desapareció... así, como si nada. Dios mío... ¿Qué le diremos a sus padres? ¿Cómo podemos explicar esto?

―Los vídeos... ―dijo Jiro, poniéndose forzadamente de pie. Tuvo que apoyarse en el hombro de Ketaro para no volver a caer sentado. Satsuki lo fulminó con la mirada.

―¿Quieres dejar los malditos videos de una vez?

―No... no entiendes, son nuestra única pista, todo lo que tenemos ―trató de explicarse. Dedicó unos segundos en ver de nuevo a sus amigos en tan mal estado; Kazuo con su pierna rota, Satsuki con su brazo sangrante e Issei, casi literalmente hecho polvo. Las grandes marcas de dedos en su cuello eran demasiado notorias como para pasarlas por alto―. Voy a recuperar las cámaras.

―¿Estás loco? Tenemos que irnos de aquí ahora, no podemos volver.

―No me importa. Es todo lo que nos queda ―negó decidido, y sin escuchar ninguna otra queja o llamada de atención más, saltó de vuelta al pórtico y corrió hacia la habitación más destrozada. Los chicos se quedaron paralizados sin atreverse a seguirlo, aterrados de que aquella sombra horrible volviera a aparecer.

Pero nada pasó.

La nariz de Jiro seguía sangrando para cuando regresó menos de un minuto después, con las cámaras más grandes debajo de cada brazo. Las dejó en el pórtico y corrió de vuelta a buscar las más pequeñas, ocultas entre los escombros. Tal parecía que aquel ser siniestro se había esfumado con Rin, no había rastro de él.

―Esto no tiene sentido ―murmuró Shizuku entre dientes, poniéndose en pie―. Iré a buscar ayuda. Quizás en la carretera me encuentre con alguien... o regrese la señal al teléfono. No pienso quedarme más tiempo aquí.

―No podemos quedarnos todos aquí ―negó frenéticamente Haruka, levantándose sin soltar sus manos. Sus grandes ojos marrones estaban enrojecidos y brillantes gracias a las lágrimas que no dejaban de caer. Se había quitado los lentes de contacto con furia, arrojándolos al suelo poco después de salir de la casa, cosa que había ayudado a irritarle los ojos todavía más.

―Pero no todos podemos salir caminando ―se quejó Kazuo, sosteniéndose la pierna rota y aguantando como podía. También tenía rastros de lágrimas surcándole las mejillas, en una mezcla equitativa de miedo y dolor―. ¿Cómo haremos? Tampoco me quiero quedar aquí... y ya está anocheciendo.

―Mierda... Están rotas, completamente destruidas.

Jiro llegó y depositó todas las cámaras en el suelo para examinarlas una por una desde el pórtico, tanto las grandes como las pequeñas. Las pantallas de algunas se habían desprendido, mientras que los lentes de otro par estaban en un estado irreparable. Ninguna de ellas encendía.

―Si tanto empeño tienes con las malditas cámaras entonces saca las tarjetas de memoria ―dijo Satsuki con la presión casi haciéndole estallar la cabeza―. Vámonos de una vez al muro. No puedo soportar estar aquí.

―Rin... ―musitó Issei desde el suelo con la voz muy forzada. Apenas salía un susurro entrecortado de su garganta magullada, era obvio lo mucho que debía dolerle―. N-no podemos dejarla.

―Rin no está, Issei... no... ―la voz de Satsuki se rompió y comenzó a llorar de nuevo. Sentía tanto miedo, culpa y remordimiento que le costaba mucho hablar sobre Rin.

―No... n-no me voy... s-sin ella.

―Issei...

―No puedes hacerlo... es muy peligroso. Mira cómo estás ―Haruka volvió a negar con la cabeza, llevándose una mano a la boca para ahogar sus sollozos―, necesitamos buscar ayuda.

―No sin ella... ―negó el chico a su vez, terco como nadie. Se puso en pie con mucho esfuerzo y necesitó de Taichi para conseguirlo. Sentía que si se soltaba de él, acabaría derrumbado de nuevo. Aún así, dio un primer paso en dirección a la casa apretando los puños. Sentía que la cabeza, el cuello, el hombro y muchas otras partes de su anatomía le decían a gritos que se detuviera, pero era tal la subida de la adrenalina que aún no sentía todo el peso de sus heridas.

―Issei, no lo hagas ―Taichi intentaba detenerlo, pero el chico estaba decidido a seguir adelante.

―¡Rin! ―musitó en un murmullo ronco, soltándose de su amigo de un manotazo. Tuvo que aferrarse al pórtico para no volver a caer, sitio donde Jiro lo sostuvo del brazo para asegurarse de ello―. ¡R-Rin! ¿Dó-dónde... estás? ¡RIN!

―Issei... ―Jiro apretó los labios y sintió un nudo muy fuerte en su estómago. Se dio la vuelta y entró en la mansión con los puños cerrados y temblorosos―. ¡Rin! ¡Responde! ¡Rin!

Haruka era un manojo de nervios y temblores cuando saltó al pórtico y comenzó a gritar con ellos sin dejar de llorar a lágrima viva. En el pasto alto y empapado, Satsuki, con el nudo de la garganta muy apretado, le pidió a Shizuku y a Taichi que buscaran ayuda. El par salió disparado hacia el agujero del muro mientras la directora del proyecto escolar se unía a los llamados desesperados, rogando para que Rin estuviera sana y salva.

Pero por más que recorrieron todos los alrededores de la casa, no había ningún rastro de ella.

¿Cómo pudo haber desaparecido en el aire?

...

Rin abrió lentamente los ojos empañados, demorándose en enfocarlos tras cada fuerte parpadeo desconcertado.

Sentía el cuerpo entumecido y ruido blanco en los oídos que enmascaraban cualquier sonido que pudiera llegar del exterior. Dio golpecitos con una uña en el suelo en el que estaba tendida temiendo haberse quedado sorda. Con el suave rasguño le llegó la tranquilidad de tener su audición intacta. Lástima que no pudiera decir lo mismo del resto de sí misma.

Recuerdos fugaces y veloces aparecían sin detenerse en su mente, uno tras otro, mostrándole lo que había vivido lo que creía que habían sido unos minutos antes. Los chillidos y gritos de dolor y sorpresa de sus amigos aún estaban demasiado frescos en su memoria.

Temblaba sin control hasta que consiguió la fuerza para incorporarse. Cómo le dolían los músculos, y eso que ella había sido la única a la que no la alcanzó ningún proyectil volador en medio de la conmoción. ¿O sí lo había hecho?

Su vista aún no era lo suficientemente clara, pero aún así consiguió ver que en la blanca piel de su brazo derecho se notaba una marca parecida a una quemadura. La sentía caliente e irritada, como si se hubiera insolado solamente ahí. Se frotó el área afectada sólo para encontrarse con un ardor aún peor. Lo mejor sería tratar esa herida con alguna crema o al menos un poco de agua fría para bajarle la temperatura... si podía.

Una imagen especialmente fuerte apareció en su subconsciente haciéndola ponerse en pie de un brinco tambaleante. Issei flotando un metro sobre el suelo, firmemente tomado del cuello por aquella figura oscura. Había sangre, había miedo, había...

Rojo.

Ojos rojos, coléricos, una energía desbordante que no podía ser de nada más que de ira pura.

E Issei...

―Issei... ―logró decir, la garganta también le dolía mucho, pero eso era lo de menos―. ¡Issei! ¡ISSEI! ¡Haruka! ¡Satsuki! ¡Shizuku! ¡Alguien!

Con piernas inestables y la vista afectada fue dando tumbos por un lugar que se le hacía irreconocible sin dejar de llamar a sus amigos una y otra vez. Lo único que sabía era que era de día, la luz del sol poniente bañaba la estancia en su resplandor dorado casi anaranjado. Era un sitio techado, amplio y sin demasiadas paredes a juzgar lo mucho que se alargaba su voz y el nulo eco que escuchaba de vuelta.

―¡Chicos! ¡Por favor, alguien! ¡Taichi, Jiro! ¡Kazuo, Ketaro! ¡ISSEI! ¡¿Dónde están?! ¡Respóndanme! ¡Issei...!

Se tuvo que reclinar en una columna cuadrada y muy sólida para evitar caerse por lo mareada y enferma que se sentía. El ruido blanco se intensificaba en sus oídos, como si alguien hubiera encendido una radio sin señal y hubiera subido el volumen al máximo dentro de su cabeza. Manchitas negras y de colores aparecieron en su vista nublada mientras se deslizaba por la madera, perdiendo cada vez más el control de su cuerpo.

Cayó de rodillas sin soltar la columna. Si lo hacía se derrumbaría y no creía que pudiera levantarse de nuevo. Tenía que mantenerse firme y volver a impulsarse hacia arriba sin importar lo que le costara o lo mucho que todo doliera.

Pero era tan difícil...

―Chicos... por favor, respóndame... por favor ―suspiró luchando con todas sus fuerzas para mantenerse consiente. Algo cálido y viscoso apareció en la comisura de sus labios y continuó bajando hasta gotear por su barbilla. Limpió el rastro de sangre de su nariz y arrugó el ceño. ¿Qué rayos estaba pasando? Sus dedos perdieron gradualmente el agarre en la columna, haciendo que su cuerpo se balanceara. No tardaría en caerse de espaldas―. Alguien, quien sea... S-Sesshomaru...

Sus manos perdieron su control y simplemente se dejó caer sin poder evitarlo. En sus últimos momentos de lucidez fue consciente de que su espalda no había tocado el suelo de madera, algo la había atrapado a medio camino.

Algo duro y cálido, algo vivo.

Cuando pretendía mirar hacia arriba para ver de quién se trataba, sus ojos no pudieron mantenerse abiertos ni un segundo más.

...

Sesshomaru tenía a Rin en brazos justo después de haber impedido que se cayera. Estaba débil como era de esperarse, un viaje entre mundos no era algo sencillo para nadie. Aunque él también estaba algo afectado por esto no estaba ni por lejos tan mal como ella. Sus músculos estaban un tanto agarrotados, pero eso era todo.

Limpió el hilillo de sangre que su nariz había soltado con el dorso de la mano. Era normal que al menos uno de sus vasos sanguíneos no resistiera la presión. Afortunadamente no había resultado en nada peor. No como aquel anciano, la primera víctima accidental en viajar entre mundos. Aquel hombre había sangrado por la nariz, los oídos y la boca y apenas podía moverse en absoluto.

La juventud de Rin la hacía más resistente, no cabía duda.

La acercó un poco a su pecho para poder levantarla mejor y caminó por una estancia que conocía de memoria hasta dar con una habitación. Era amplia y bien aireada, incluso había un futón individual previamente extendido en el suelo, listo para su uso. No podía dejarla en medio del pórtico, no de nuevo cuando había ido a preparar aquella recámara mientras estaba inconsciente.

La escuchó gritar nombres y llamados de auxilio, la vio derrumbarse no sin antes presentar una pelea contra sí misma y su agotamiento. Y sobre todo, había oído claramente su nombre brotar de sus labios justo cuando estaba detrás de ella.

Muchas veces se había sorprendido imaginando al menos un minúsculo atisbo de cómo sería tenerla cara a cara sin barreras que los separaran. Se preguntaba cómo sería poder tocarla sin sentir una capa helada de por medio, como si una seda fría le impidiera con burla rozar su piel.

Se había cuestionado más veces de las que admitiría nunca qué haría si estuviera con él de verdad.

Y ahora que se cumplía no podía evitar sentirse... desconcertado.

Su lado lógico razonaba con mucha validez que aquella era una criatura humana, no tenía lugar en aquel mundo dominado por espíritus y demonios como lo eran él mismo. Estaría constantemente en peligro, fuera de su elemento y sería la presa más fácil de cazar para cualquiera que descubriera que había un ser humano en ese plano. No por nada a muchos demonios les encantaba su carne y el sabor de su sangre.

Rin corría verdadero peligro no sólo por las amenazas, sino por su propia complexión. ¿Podría un humano hacer vida en ese lugar tan diferente a su hogar? Nunca se lo había planteado hasta entonces. Los humanos comían varias veces al día, se cansaban muy rápido, eran muy susceptibles al ambiente y podrían enfermarse con una facilidad increíble.

Y aún con todo en contra, su otra parte, aquella donde su demonio interno habitaba y dominaba con puño de hierro, se mantenía orgulloso y extasiado por tenerla al fin con él. Tantos años deseando ese momento no habían corrido en vano. Después de todo... ella le pertenecía. De alguna extraña y retorcida manera era de su propiedad desde el día que decidió no matarla, desde el día que supo que era incapaz de hacerle daño.

Su furia había ido creciendo sin control afectándola a ella también. Era normal que existiera una conexión entre ambos después de tanto tiempo juntos; después de todo, un humano que se abre con un demonio lo hace en todos los sentidos, haciéndose mucho más susceptible a sus cambios. Y cuando esos cambios son tan bruscos...

Rin no era del todo consciente de esa conexión, pero él sí. Y aunque intentó luchar contra ella supo en poco tiempo que todo sería en vano. No había forma de deshacer lo que estaba hecho, la cercanía que mantenían después de años en compañía del otro.

Era por eso que había actuado tan violentamente contra los demás humanos, habiendo promesa o no. Los habría matado a todos, uno por uno, sólo por haberla querido alejar de él, por hacerla enojar y entristecer, por alterarla y causarle angustia.

Por ella haría lo que fuera, era tan claro como el agua. Su demonio no tenía ningún problema ante aquella verdad, pero su raciocinio sí. Era denigrante tenerle tal devoción a un simple ser humano.

Cubrió su cuerpo con la sábana de seda hasta la altura de los hombros. Rin fruncía sus facciones a menudo, gimoteando casi sin emitir sonido alguno. Retiró un pequeño mechón de cabello sobre su nariz y acarició el contorno de su rostro con toda la delicadeza que fue capaz.

Al fin estaba donde le correspondía estar.

La miró sólo un segundo más antes de salir de la habitación y cerrar la puerta detrás de sí.

Eso era algo que hasta su frío lado calculador daba por hecho.

...

Era de madrugada cuando despertó de nuevo. Aún sentía el cuerpo entumecido, pero definitivamente menos que la otra vez. Su mente estaba más clara y su vista había regresado a la normalidad, lo cual la alivió más que ninguna otra cosa.

Alivio que sólo duró una milésima de segundo.

Se puso de pie de un salto, ignorando los quejidos de sus músculos al hacerlo, y recorrió la estancia con la mirada alterada. Era un cuarto simple de estilo muy tradicional con su tatami limpiecito, paredes de madera de abedul y papel de arroz de un tono ligeramente amarillo. El resto estaba completamente vacío: ni un adorno, ni una mesita o florero, ni siquiera una pintura simple en las puertas corredizas.

Sus piernas y todo su ser temblaban cuando dio los primeros pasos. Conservaba sus zapatillas deportivas, y aunque consideró quitárselas por mera costumbre no quiso perder tiempo valioso. Tenía las manos tensas en puños ubicados en su pecho, e iba de puntillas para hacer el menor ruido posible. Sentía los ojos calientes y aguados, la quemazón de su brazo aún le ardía, además de que su garganta estaba terriblemente seca y le dolía más que nada.

Salir de ahí era todo en lo que pensaba.

Abrió la puerta más cercana a su futón con una sábana de seda blanca y asomó la cabeza por el largo pasillo. No había mucha luz porque el alba apenas había comenzado, pero aún así se notaba que estaba desierto en su totalidad. Escogió un camino al azar y lo siguió procurando ser lo más silenciosa que era capaz. Quería gritar, correr y romper las paredes para salir, pero su miedo era aún mayor. Recordaba la figura oscura que su querido amigo había adoptado, recordaba su cólera y el sufrimiento de sus compañeros. No quería revivirlo por nada del mundo.

Alcanzó el final del pasillo tras abrir cada puerta que se encontraba apenas lo suficiente como para asomarse por una minúscula ranura y asegurarse que no habían moros en la cosa. El silencio era absoluto, absorbente y perturbador. No era normal, no podía ser normal que nada más que ella emitiera sonido alguno.

Llegó al rellano que daba hacia el pórtico abierto, apurando el paso para asomarse.

Claro que sabía dónde estaba, ¿dónde más podría ser? Sesshomaru se la había llevado y aunque le costara reconocer aquel sitio, había pequeños detalles que lo delataban. El color del suelo, marcas en la madera, la posición de las columnas, la forma en la que el techo había sido construido... detalles que había memorizado sin querer de una casa vieja y abandonada que ahora contemplaba en su máximo y solitario esplendor.

El exterior también había sufrido un cambio radical al perder toda su hierba alta, maleza y pequeños rastros de escombros. Ahora había un recibidor hermoso y perfectamente conservado, con árboles frondosos, pasto verde recién podado, flores y plantas decorativas y un camino de piedras blancas muy amplias que resaltaban entre todo el verde ligeramente cubierto con una capa de neblina matutina. Era como ver una casa señorial de la época medieval en exhibición, como vivir dentro de una pintura antigua que era exhibida sólo en museos prestigiosos. Incluso el cielo de hermosos tonos rosados, morados y azules que denotaban el alba le daban esa impresión. Arriba, en la parte más oscura donde la luz del sol por salir no alcanzaba a llegar, podían notarse miles ―no, millones― de estrellas y formaciones celestiales enmarcadas por lo que parecían ser distantes nébulas de colores cada vez menos claros.

Ahora no sólo se sentía dentro de una pintura histórica, sino también en un escenario de una historia de ciencia ficción. Era tan extraño que se pudieran ver tales formaciones, ni de día o de noche sin importar la parte del mundo en la que estuvieras. Pero claro, aquel no era realmente su mundo.

Apartó la vista forzosamente del espectáculo que tenía sobre su cabeza, sabiendo que podría contemplarlo durante horas enteras si no lo hacía, y dio un salto hacia el patio. La neblina se arremolinó entre sus piernas en cuanto aterrizó en el pasto, buscando una manera de salir de ahí.

El muro, pensó inmediatamente. Volvió su atención a sus espaldas, examinando la estructura para situarla en sus recuerdos. Si no se equivocaba aquella era la misma área por la que siempre había entrado y salido de la mansión, por lo que el hueco en el muro debería seguir en su lugar. Viró la cara en todas direcciones de nuevo, como si esperaba que de la nada salieran guardias a detenerla, pero se encontró tan sola como desde el inicio. Era tétrico hasta la médula, pero en esa circunstancia también se trataba de una ventaja.

Corrió con todas sus fuerzas sin volver a mirar atrás, atravesando un campo mucho más grande de lo que había estimado en primer lugar. Le faltaba el aliento para cuando divisó el alto muro de piedras oscuras y lo tocó con las manos para detener su frenética huída. Ya no había nada que pudiera distraerla de su objetivo, no ahora que su adrenalina bombeaba a millón por cada vena de su cuerpo.

Tanteó la pared rocosa y carente de musgo, revisando cada tramo que estuviera a su alcance en busca de alguna apertura por la que pudiera colarse. Pero no, el muro estaba perfectamente sellado e incluso parecía más uniforme de lo que recordaba, lejos de ser aquel cúmulo de piedras grandes y deterioradas con el tiempo.

Decidió seguirlo por el camino de la derecha, sin dejar de palpar cada tramo con cada paso que daba. Su corazón latía con mayor fuerza mientras más caminaba, y los ojos comenzaron a picarle cuando alcanzó un sólido final en su trayecto, cuando el muro se doblaba en forma de L y regresaba hacia la estructura de la casa, bordeada por altas verjas de madera gruesa. Aquella era la entrada... ahora sólo tenía que encontrar la forma de llegar hasta ella evitando tantas barreras.

Pero la maldita casa estaba sellada por ese sitio, todo cubierto con muros y barandales que no podía saltar. Emprendió el camino de regreso por donde había llegado, apretando la mandíbula por pura frustración. Los puños, cerrados a más no poder, le temblaban por toda la rabia que no quería dejar salir de su interior.

Se adentró de nuevo en la mansión tan pronto encontró la primera puerta abierta, perdiéndose instantáneamente en el mar de pasillos y paredes que no parecían tener fin.

Marcó su ida abriendo cada puerta y mampara que encontraba, buscando quitar cada barrera visual que pudiera perderla y limitarla. Pero nada funcionaba. No sabía dónde estaba ni adónde ir, era como si estuviera dando miles de vueltas sin parar. No recordaba que aquella maldita casa fuera tan grande ni complicada. ¡Es más! Todas las paredes de madera y papel estaban ausentes en la mansión original que ella recordaba, o al menos la mayoría, permitiéndole ver de un extremo al otro de la estructura. ¿Por qué no podía seguir así?

Las lágrimas fueron bajando furiosas y calientes por su rostro mientras apuraba el paso hasta convertirlo en una carrera. ¡No podía quedarse ahí, simplemente no podía!

―¡Mamá! ¡Papá! ―comenzó a gritar derribando las paredes, harta de no saber hacia dónde ir o qué hacer―. ¡Ayuda! ¡Alguien, quien sea! ¡Issei, Haruka! ¡Déjame salir! ¡Quiero irme a casa!

Tropezó y cayó al suelo ante la última barrera derribada con una asombrosa facilidad. Al parecer había llegado al centro de la mansión, justo donde estaba el patio interno con un lago seco.

O al menos así tendría que haber sido.

Ante ella se abría una porción inmensa de un estanque que llegaba a colarse bajo los pilares de la casa. El agua era de un azul cristalino brillante, puro y sin contaminar. A lo lejos, alzándose entre el agua habían varios montículos de tierra, cada uno con un precioso árbol frondoso, saludable y en todo su esplendor. Algunos floreados, otros con frutos, otros con hojas grandes de increíbles colores azules y verdes. En el centro del estanque, entre los pasillos exteriores que llevaban a las otras áreas de la mansión, había un precioso mirador de madera roja muy tradicional bajo la sombra de un gran árbol con enormes flores rosadas.

Pero toda aquella belleza fue un rastro fugaz de lo que sus ojos húmedos apenas lograron distinguir. ¿Qué le importaba estar en el sitio más hermoso de la faz de la tierra? ¿Qué le importaba ser parte de una pintura viviente de tiempos antiguos? Nada, no quería tener nada que ver con esa ilusión, ese mundo perfecto al que no pertenecía.

―Sólo quiero ir a casa... por favor, déjame ir... ―se hizo un ovillo en el suelo, llorando sin opresión alguna. Sus sollozos callados llenaban el silencioso ambiente, acompañando el suave mecer de las hojas y flores al compás del viento―. ¿Qué hice? Dios mío, ¿qué fue lo que hice? Mamá, papá... lo siento, lo siento tanto...

Estuvo reducida en esa posición por un largo rato que ocupó en dejar salir todo lo que se había estado reprimiendo desde hacía horas. Todo el pánico, la tristeza y el arrepentimiento. Se hizo crueles preguntas sobre cómo estaban sus amigos, si alguno estaba herido más allá de lo reparable, si alguno estaría por pasar a la siguiente vida por su imprudencia. Se preguntó qué sería de sus padres, cómo tomarían su desaparición y qué harían en vista de los anormales acontecimientos.

También surgieron preguntas sobre sí misma... y lo que sería de ella de ahora en adelante.

...

Aquel domingo por la noche fue una pesadilla para todos.

Incapaces de bajar la empinada ladera montañosa por su cuenta, los chicos más heridos se habían tenido que quedar por los alrededores de la mansión a espera de los paramédicos, quienes transportaban camillas especiales y equipos de asistencia. Con ellos llegaron los uniformados azules, la policía local, extremadamente furiosa con todos ellos por haber entrado en una casa que reiteradas veces se había advertido a la población que estaba fuera de los límites.

Pudieron haberse lastimado más, pudieron haber muerto, ¿por qué los chicos nunca comprenden que no se debe jugar aquí? Era lo que no dejaban de repetir una y otra vez cuando se reunieron con ellos. Los chicos, demasiado cansados e impresionados por todo lo que estaba pasando, apenas encontraron las fuerzas necesarias para responder a sus reclamos. Satsuki pudo haber dicho que constaba de un permiso sellado por la alcaldía, pero no llegó a abrir la boca para mencionar el asunto.

No, todos estaban más ocupados intentando explicarles que les faltaba una persona.

Cuando contaron su historia con varios de sus padres delante, además de los paramédicos que atendían a los heridos y a los oficiales que tomaban nota, todos los adultos creyeron que les estaban tomando el pelo. Habían comenzado diciendo que estaban filmando una película de terror y que repentinamente las cosas se salieron de control. Les explicaron los objetos voladores, la imposible ráfaga de viento feroz, los gruñidos y golpes... y más que nada, hablaron de la aterradora sombra y cómo ésta había tomado a Rin hasta hacerla desaparecer.

Issei gritó enardecido cuando se negaron a creerles, demostrándoles las inconfundibles marcas de dedos en su cuello. Algunos adultos callaron cuando los especialistas que lo atendían confirmaron que aquellas eran, en definitiva, marcas de un poderoso estrangulamiento.

―No puede habérselo hecho él mismo, oficial ―intercedió una mujer con urgencia. Su prioridad era sacar al pobre muchacho antes de que sufriera un colapso, y el constante hostigamiento policial no le dejaba cumplir con su deber―. Mire el tamaño de esa marca y compárelo con las manos de estos muchachos. Además de que ninguno de ellos puede contar con la fuerza necesaria para dejarlo en este estado. Puede tener una fisura en las vértebras, ningún adolescente puede hacer eso.

―¿Me está diciendo que es forense, señora? ―contestó el hombre con hastío―. ¿Ha llevado a cabo una investigación exhaustiva apoyada por médicos especialistas que sujeten su teoría? Todo lo que ha hecho ha sido darle una mirada y concordado con su loca historia de que una sombra intentó matarlo.

―Sólo estoy haciendo el trabajo para el que fui entrenada, oficial. Ahora si me disculpa, y si quiere seguir ridiculizando mi labor o las palabras de estos chicos, le ruego que tenga la decencia de al menos hacerlo después de una evaluación completa en el hospital. ¡Saquémoslo de aquí, muchachos! ―se dirigió a sus compañeros, quienes alzaron la camilla y se apuraron a perderse sendero abajo, donde la ambulancia los esperaba.

―Si usted no nos cree, quizás quiera ver las pruebas que tenemos que ofrecer ―dijo Jiro de repente cuando el oficial amargado emprendía el camino de regreso. El muchacho tenía una banda en la nariz para tratarle el fuerte golpe, más varias tiritas pequeñas repartidas a lo largo de los brazos y cuello. El hombre iba a replicar cuando Jiro sacó las tarjetas de memoria de su bolsillo y se las puso frente a sus ojos―. Estuvimos grabando todo el día y las cámaras no sobrevivieron. Puede echarles un vistazo a lo último que captaron para ver si tenemos razón o no.

El oficial dio una bocanada de aire profunda y torció la boca.

―Me parece justo. Dejaré que un equipo de especialistas analicen estos videos para que puedan sacar sus propias conclusiones. También sabrán si fueron alterados de alguna manera ―advirtió mientras le indicaba a un compañero para que se hiciera cargo. Un policía más joven depositó las cuatro tarjetas de memoria en una bolsita plástica de evidencia y se las pasó a su superior para que las guardara en el interior de su chaqueta―. Pero mientras tanto, necesito que los que estén mejor de salud me acompañen a la comisaría para abrir el caso de desaparición de esta muchacha. Debe haber una explicación lógica para todo esto, es imposible que la haya raptado un fantasma ―resopló como si la sola idea le pareciera la cosa más ridícula del mundo.

Jiro, a su lado y sorprendentemente mejor compuesto que todos los demás, bajó la cabeza y apretó los labios.

―Me gustaría poder decir lo mismo, señor...

―Lo mejor será que todos vayan al hospital ―intercedió otro paramédico que les pasaba por el lado―. No podemos arriesgarnos, hay que hacerles un chequeo completo a todos para asegurarnos de que estén bien.

Hizo un leve gesto hacia un lado, señalando a dos chicas en particular.

Haruka no había dejado de llorar en todo ese tiempo, abrazada a Satsuki como si de repente temiera que ella también fuera a desaparecer frente a sus ojos. El grupo de chicos que se había quedado había estado esperando en la parte exterior del muro. Sólo Shizuku y Taichi habían bajado a hacer las llamadas correspondientes, el resto no quería dejar a Issei y Ketaro abandonados a su suerte, sin ninguna posibilidad de llegar a la carretera sin hacerse más daño.

Satsuki sujetaba fuertemente a Haruka de la mano, ayudándola a descender por la ladera anterior al camino de asfalto. Ya era completamente de noche, y justo después del túnel de hojas que iniciaba el recorrido a la casa maldita, frente a la parada de autobús, varias patrullas de policía y un par de ambulancias se encontraban reunidas. Haruka se soltó al vislumbrar la figura de sus padres y hermana menor, abrazándoles con toda la fuerza que tenía en su haber. La directora del proyecto se encontró también con su madre, quien conversaba acaloradamente con un agente de policía.

Shizuku estaba al lado de una ambulancia que se preparaba para partir, con la sirena comenzando su canto y repartiendo luces rojas en sus vueltas de advertencia. El vehículo que se llevaba a Kazuo y a su padre se perdió camino abajo en dirección a la clínica local.

―Todo está pasando demasiado rápido... ―comentó la chica de las coletas mientras veía con gesto ausente cómo las luces intermitentes se perdían a la distancia. Un poco más allá, la ambulancia encargada de trasladar a Issei lo subía a la parte trasera, con su madre pegando gritos por la impresión de ver a su hijo en semejante estado. Shizuku se veía ausente y desorientada, como cualquiera tras haber vivido semejante experiencia―. Aún estoy esperando por despertar. Quiero despertar y encontrarme con que aún no hemos filmado nada, que todos estamos bien...

―Lo sé... yo también, amiga ―le dio un abrazo tembloroso que la otra respondió muy necesitadamente―. ¿Y los padres de Rin?

―Me costó comunicarme con ellos... no agarraban el teléfono. Acabo de hablarles, ya deben venir en camino.

―¡Satsuki! ¡Dios santo, hija! ―interrumpió su madre repentinamente cuando reparó que su hija estaba tan cerca de ella pero no se lo había comunicado, girándola por los hombros y estrechándola con una fuerza demoledora―. ¿Qué está pasando? ¡Oh, gracias al cielo que estás bien...! ¡No, tu brazo! Mi niña, ¿cómo...?

―Mamá... ―se abrazó a ella como si fuera una niña pequeña, manchando de sangre, sudor y suciedad el impecable traje de su madre―. Todo fue culpa mía, mamá... cuánto lo siento... Perdóname, por favor... nunca quise... que Rin...

―¿Qué está pasando aquí? ―preguntó una voz asustada y falta de aire. A Shizuku y a Satsuki se les fue el alma a los pies al ver a la madre de Rin acercándose a ellos con una linterna en la mano. Su marido venía detrás, obviamente habían corrido para llegar hasta allá. La mujer se acercó a la muchacha de las coletas, reconociéndola como la amiga de Rin que había hecho la llamada unos minutos atrás―. ¿Eres Shizuku, verdad...? Tú hiciste la llamada. N-no entiendo... ¿qué le sucedió a Rin? ¿Dónde está?

Jiro, Taichi y Haruka se acercaron a la escena acompañados de sus representantes. La policía también se aproximaba para empezar una nueva ronda de interrogatorios e intentar explicar la extraña situación a los recién llegados.

El par de amigas intercambió una mirada destrozada y no pudieron soportarlo más. Rompieron en un ruidoso llanto lleno de culpa y terror.

Para los padres de Rin, aquello fue la confirmación de su peor temor, aquel dolor punzante que se les había alojado desde que recibieron la extraña llamada que solicitaba su presencia lo más pronto posible. Todo lo que llegaron a entender era que había ocurrido un accidente en la mansión abandonada del bosque y que Rin estaba en problemas.

La linterna cayó estrepitosamente en el suelo, seguida por la mujer que la había estado sosteniendo. Sus rodillas no pudieron aguantar su peso cuando todo su ser dejó de responder y su mente se quedó en blanco. Lágrimas silenciosas comenzaron a resbalarse por su rostro cuando las chicas no pudieron darle una respuesta.

...

Frotó sus ojos y se sorbió calladamente la nariz tantas veces que perdió la cuenta. Los músculos le dolían, quejándose con fuerza mientras se ponía en pie. Ya había llorado lo suficiente, su rabia interior de niña pequeña se había drenado por completo con aquella muestra de rebeldía infantil. Dio una mirada de soslayo a todo lo que había roto; las astillas de madera, los pedazos de papel, las puertas tumbadas... cualquiera diría que un rinoceronte había pasado corriendo por ahí. Pero no se rebajó a limpiar ni acomodar nada, no le importaba.

Tenía que encontrar a Sesshomaru y tratar de arreglar las cosas.

Y sabía exactamente dónde podía encontrarlo.

Ignoró su curiosidad ante cada nuevo tramo que descubría de esa mansión, cada puerta, habitación o corredor que invitaba a explorar para darle un vistazo a las maravillas que podían ocultar. No, su mente ya descargada estaba enfocada en un único objetivo, por lo que subió las escaleras sin siquiera darle un segundo vistazo a lo que la rodeaba.

Todo era tal y como lo recordaba, la misma estructura sólo que mucho más limpia y en un estado impecable. El suelo de madera brillaba con un tinte dorado cuando el sol se colaba por alguna apertura, la brisa suave y fresca aireaba cada rincón brindándole de un aire puro y constante, nada en comparación al estado en el que estaba del otro lado.

Llegó último piso, pero antes de acabar los últimos tramos para asomarse, el nudo en su estómago se apretujó cruelmente. Tenía miedo. Estaba por encarar a un verdadero inugami, un demonio que sólo debería existir en relatos del folklore japonés... y al que, sin embargo, había tratado desde su infancia. Un amigo y un desconocido al mismo tiempo, no sabía qué se encontraría exactamente en cuanto subiera.

Y no sabía si estaba lista para enfrentarlo.

Se dio valor con una inhalación profunda y pasó los escalones de dos en dos. El corazón se le detuvo por una milésima de segundo y sus extremidades dejaron de responderle.

Ahí estaba él, de pie en un extremo de la estancia asomado por el ventanal... o al menos eso parecía. Estaba de espaldas, tan alto como recordaba, tan imponente como sólo su imaginación lo había puesto anteriormente. Sí, se había mostrado ante ella tal cual era el día anterior cuando logró distinguirlo con claridad.

Su cabello blanco y lacio caía largo hasta la altura de las rodillas, algunos hilos finos y plateados apenas ondeaban ante su proximidad a la ventana. Su ropa también era blanca, de estilo muy tradicional con mangas largas pintadas de rojo con patrones hexagonales en los extremos, acompañada de una gran masa color crema, esponjosa y peluda que asumió como la estola que la había envuelto aquella vez. No sabía dónde comenzaba, pero veía cómo daba una vuelta a su hombro derecho y acababa en una especie de cola que aterrizaba etéreamente en el suelo.

Aunque no lograba ver nada más, aquello era más que suficiente para recordarle que ahí estaba... real. El punto y final que definía que no estaba soñando ni alucinando.

―Sesshomaru ―dijo sin meditarlo demasiado. Esperó unos segundos dubitativa, pero no logró causar ninguna reacción. Era como si ni siquiera se molestara en escucharla.

¿Qué se suponía que haría ahora? ¿Gritarle, reclamarle por lo que había hecho? ¿Decirle que lo odiaba por haber lastimado a sus amigos? ¿Preguntarle cuándo rayos la dejaría salir? Era tal su cúmulo de emociones que apenas podía ponerles algo de orden.

―¿Qué es este lugar? ¿A-adónde me has traído?

―Estás de mi lado. Los humanos suelen llamarlo 'el mundo de los espíritus' ―contestó él con calma aún observando por la ventana.

―¿Dó-dónde están mis amigos? ¿Qué les has hecho?

―Nada más de lo que has visto ―los puños de Rin se tensaron al escuchar su voz grave y aparentemente calmada sin distorsiones de por medio. Decidió ignorar el pavor que aquello le imponía y siguió con sus preguntas.

―¿Están vivos? ¿Issei...? ¿Has m-matado a Issei?

―Llevo más de diez años sin matar humanos, cuenta que aún se mantiene. Así que no, no lo he matado.

¡Pero qué sujeto...! ¿No podía ser un poco más cortés y mirarla a la cara? ¿No podía al menos pretender que tenía un poco de interés en la preocupación que la consumía? Con la paciencia rebasando el vaso desde hacía mucho, mucho tiempo, no lo soportó más y dio largos pasos hacia él. Le dio igual que fuera un demonio agresivo, le dio igual haber sido testigo de lo que su furia era capaz de hacer en una minúscula fracción. Sólo quería respuestas.

―¿Por qué has hecho eso? ¡Dios santo! ¿Tienes idea de lo que nos hiciste pasar? ¡No tenías ningún motivo para atacarnos de esa forma, nadie te estaba provocando ni haciendo nada! ¡Todo estaba bajo control! ¡Pudiste haber matado a alguien, a personas a las que amo! ¡No te entiendo...! ―tomó aire ruidosamente, estremeciéndose de pies a cabeza. No parecía que el demonio diera muestras de prestarle una atención especial―. ¿Por qué lo hiciste?

―Creí haberte dicho que odio a los humanos.

―¡Y yo creí que teníamos un trato!

―No lastimé de gravedad, me contuve.

―¡Te contuviste...! ¿En qué demonios te contuviste exactamente? ¡Hiciste que Kazuo se rompiera una pierna y dejaste inconsciente a Jiro! Y además lo que le hiciste a Issei... ibas a matarlo, Sesshomaru... ―no pudo retener el sollozo por más tiempo y comenzó a sorber por la nariz―. Él es mi mejor amigo y ahora... y ahora no sé cómo está y no puedo ayudarlo...

El inugami la cortó con dureza.

―Vivirá. Es todo lo que necesitas saber.

Rin sintió deseos de responderle algo venenoso y cruel, algo que pudiera hacerlo reaccionar más allá de su fría indiferencia. Pero sus intenciones se apagaron a medio camino y acabó cerrando de nuevo la boca. Todo aquello era demasiado para digerirlo, había sucedido tan rápido que aún no se había puesto al corriente por completo.

No podía lidiar con eso, simplemente su cerebro no daba para más. Sólo había una cosa en la que estaba clara en medio de ese confuso embrollo en el que se había metido de cabeza.

―Quiero irme a casa, Sesshomaru... ―le dijo con un tono considerablemente más bajo―. Mis padres deben estar muy preocupados por mí, y mis amigos... tengo muchas cosas que solucionar. Por favor, déjame volver.

―No puedes volver ―negó él, áspero. Por primera vez desde que había subido, el hombre giraba la cara hacia ella para verla a los ojos. Veía su rostro de perfil y a contraluz, por lo que no pudo distinguir demasiado bien sus facciones más allá de dos líneas magenta que surcaban su mejilla. Lo que sí notó fue que su ceño estaba fruncido, afilando su mirada dorada en un gesto de advertencia.

Su pecho se sacudió y la voz le salió como un hilillo.

―¿Por qué?

―Dijiste que harías lo que fuera para que los dejara ir ―apuntó él. Rin se quedó helada y un cosquilleo muy frío la invadió por debajo de la piel.

―Pero no... no creí que...

―¿Qué? ¿Que te haría cumplirlo? Creíste mal.

―Pero Sesshomaru... No esperarás de verdad que...

―Es lo mínimo que espero de ti ―atrapó su pregunta silente en el aire, espetándole ácidamente con un tono demasiado cruel que jamás le había oído antes. Ni siquiera sabía que pudiera hablar de esa manera―. Es un trato justo: tu vida por la del resto de los humanos.

Rin contuvo el aliento sin querer, paralizándose por completo. ¿Qué acababa de decir...? ¿Su vida por la de ellos? ¿Acaso eso significaba...?

―¿Vas a matarme? ―preguntó genuinamente aterrorizada. El pecho le dolía por la fuerza con la que su corazón palpitaba a toda velocidad, con la sangre que su cuerpo había drenado hacia él dejándola blanca como un papel.

Por un instante, y si no hubiera estado ocupada planeando una manera precipitada de escapar y salvarse, había notado cómo Sesshomaru ablandaba sus rígidas facciones por un mínimo momento.

―No, no te mataré.

Y si tan sólo no estuviera llenándose la cabeza con posibilidades peores a la muerte, Rin se habría aliviado.

―¿M-me vas a violar? ―cruzó los brazos sobre su pecho, apretándose las mangas para cubrirse lo más posible. Sesshomaru volvió a fruncir en entrecejo y le negó casi con burla.

―No.

―¿V-vas a encerrarme y a torturarme hasta la muerte?

―No.

Rin se echó un poco hacia atrás ante la falta de ideas y la incertidumbre que eso le generaba. ¿Era algo tan terrible que ni siquiera se lo había imaginado aún? ¿Y por qué él se veía tan... relajado, casi entretenido? ¿Qué rayos tenía planeado para ella? Iba a hacer otra pregunta del estilo, pero él la interrumpió antes de que abriera la boca.

―Prometí nunca lastimarte, ¿no lo recuerdas?

―¿Qué es lo que quieres de mí entonces?

Fue ahí que el demonio se giró por completo para verla de frente, encarándola por primera vez. Lo hizo despacio, como si el creciente ataque de pánico de la chica lo tuviera sin cuidado. Ahí, cara a cara, podía ver con zozobra que no había manera de confundirlo con un ser humano. No sólo era su apariencia física; esas orejas puntiagudas, los ojos amarillos fríos y profundos, y las marcas en su rostro pálido y afilado. No, era su mismo aire, su sola presencia la que no sólo imponía temor, sino también gran respeto.

Bajó la línea de visión un mísero instante para constatar que sus manos estaban armadas de filosas garras, las cuales aseguraba sin previa demostración que podrían cortar a un ser vivo a la mitad sin mucho esfuerzo.

Levantó su atención de nuevo hacia su rostro, encontrándose los ojos dorados fijos en los suyos de la misma manera a la que un animal feroz observa con cuidado a su próxima presa.

―No hay nada que quiera de ti, salvo que cumplas con tu palabra.

―¿Qué quiere decir eso? ¿Qué es lo que quieres que haga?

―Que te quedes ―contestó con simpleza, pasando por su lado con normalidad. Justo cuando estaban el uno junto al otro ni siquiera movió la cabeza para verla por el rabillo del ojo. Ella no podía moverse de la impresión― para siempre.

Se llevó una mano a la boca para cubrir por mera inercia su ruidoso respingo.

Sesshomaru terminó de pasar por su lado y ahora bajaba las escaleras, dejándola sola en el último piso de aquella gigantesca casa vacía, tratando de comprender lo que eso significaba.

¿Para siempre?

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Actualización temprana porque mis lectoras son tan sensuales que se lo merecen ;)

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OH SHIT.

Eso es lo único que está pasando por la mente de Rin ahora... y por la de sus amigos y sus padres también. De un momento a otro todo su mundo se derrumba y no queda nada para reconstruirlo, un cambio tan drástico que los dejó a todos en shock. Y cuando caigan en cuenta de que Rin de verdad se ha ido será muchísimo peor.

Todos parecen estarla pasando realmente mal: los chicos heridos, Satsuki es aplastada por su culpa, los padres de Rin ni podrán respirar, Issei casi muere, Rin no puede consigo misma... el único que parece estarla pasando a lo grande es Sesshomaru, el muy cabrón xD

Bien hecho a quienes acertaron que se la había llevado a "su dimensión", que es más bien una especie de mundo paralelo habitado por espíritus y entes sobrenaturales. En la cultura japonesa se conoce como el mundo de los espíritus o mundo espiritual, y el folklore está lleno de relatos de abducción de seres humanos a manos de demonios y espíritus.

Para este mundo en particular me he inspirado en tres cosas: El bosque de La Princesa Mononoke, el "mundo" del Viaje de Chihiro (ambas películas de Studio Ghibli altamente recomendadas) y todo el asunto espiritual de la franquicia de Avatar (de Nickelodeon), en especial la imaginación detrás de este mundo en sus orígenes y la historia del primer avatar (Leyenda de Korra, temporada dos. La historia del Avatar Wan)... que casualmente también está inspirado en los trabajos de Ghibli.

Pero me estoy yendo por las ramas. Amo este tipo de lugares paralelos, una réplica igual al mundo real pero con sus propias reglas y particularidades. Básicamente sería como ir a la era Sengoku en el anime original, sólo que sin pozo y en tiempos modernos de ambos lados, por si quieren verlo así. Un sitio visualmente hermoso pero igualmente peligroso y letal, en especial para alguien como Rin. Ya verán una pequeña muestra en el siguiente capítulo.

OH POR DIOS 461 REVIEWS! WOW. Yo... no sé qué decir además de... WOW. ¿Les digo la verdad? Estaba súper nerviosa pensando que el capi 11 podría no gustarles porque era un cambio demasiado brusco. Seguía buscándole errores y detalles que pudieran estar mal pensando que no había quedado bien, pero cuando empezaron a llegar sus reviews toda mi preocupación se fue al caño. GRACIAS! Gracias a todas por dejarme ver que lo estoy haciendo bien y voy por el buen camino con esta historia. Adoro sus impresiones, comentarios y lo que sea que tengan que decir. LAS AMO, CHICAS! (y chicos también xD) Kuruga Shizuru 19, ByaHisaFan, Jenks, Gima2618, HasuLess, Luti Uchiha, LovelyClau, Clau28, Floresamaabc, KeyTen, Anónimo, Ally dilly, Laura91ok, MisteryWitch, Foxsqueen, Cele taisho, Meaow, Angel of darkness, BeautifulButterflyPink, Hannah Camila, Hanami, Yarisha, VanneeAndrea, Anónimo2, Danyk, Lizzie, Kari, Natity, Naho89, Skyler Streat, BionicaRouge, CornPie, Lau Cullen Swan, Melinna Sesshy, Miwako, Cristina97, Nani28, Jezabel, Sandera-chan, Lifeinpandemonium, Anny-chan, Suaries, Yoko-Zuki01, Maizpalomero, Samantha Blue, Sara, Aoi Moss, Hooliedanisars (feliz cumpleaños! Casi coincidimos con la fecha, espero que hayas pasado un lindo día y hayas disfrutado el capítulo :3), Meganlynch y Kunoichi2518. Me alegra un montón saber que disfrutaron tanto la entrega pasada y las tomó por sorpresa. Espero poder mantener esa línea por el resto del fic.

Y aunque sé que este capi es considerablemente más tranquilo que el anterior (y más corto también), espero de igual manera que les haya gustado. Después del desmadre del 11 es necesario un pequeño descanso.

Y sí, muchas de ustedes acertaron: La relación de Rin con Sesshomaru no será la misma después de todo lo que pasó ese domingo. Confianza traicionada, incertidumbre, amargura y arrepentimiento es lo que le tocará enfrentar a la ingenua de Rin, todo por haberse metido con un espíritu y creer que podía "hacerlo bueno". ¿Podrá recuperar la confianza que perdió? ¿Volverá a tener una buena relación con Sesshomaru, será capaz de perdonarlo? ¿Y qué hará Sesshomaru? Siempre quiso que Rin estuviera con él, pero... ¿hasta qué punto aceptará su conexión con un ser humano?

¡Tantas dudas que resolver! Pero descuiden, aún quedan varios capítulos para encargarse de ellas, así que no se desesperen y tengan paciencia.

En una notita extra haciéndole referencia a mi publicidad pasada, estoy contenta de anunciar que todos los cachorritos encontraron un hogar. Y el que yo tenía de resguardo tras su operación se acaba de ir con su nueva familia :')

¡Un besote a todo el mundo! Miles de millones de gracias por leer, comentar y agregar esta historia a favoritos y alertas. Hasta el próximo sábado :D