Aclaraciones: La primera parte es parte del pasado de Eren, que abarca los 14 años hasta la actualidad.

La segunda es el presente.

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A Eren no le gustan las fiestas tan meticulosamente planeadas, ni que su madre esté deambulando por todo el salón de la casa de "campo" cuidando los detalles porque su estado de salud no es el mejor, mucho menos le gusta vestirse de traje porque odia las corbatas.

—Eren —una mujer de largo cabello rubio le mira con sus acusadores ojos verdes apagados—. ¿Aun no sabes anudarte la corbata? —los largos dedos pálidos le ayudan a arreglarse y sus bonitas cuencas brillan mientras lo hacía.

—No me gusta esto, es horrible.

—Sabes que para Irvin esto le ayudara, quiere que todo mundo vea lo que la familia Smith es capaz de logar al reunir gente importante. Ya sabes: "Ayuda a que no intenten ponerse en el camino" —imitó la gruesa voz de su abuelo.

—Pero mamá —alargó la ultima palabra cómo reproche y de inmediato cayó al ver la apagada mirada de ella—. Está bien, trataré de ser un buen niño.

—Lo eres, mi amor. Iré a ver que hace tu hermana —con un suave beso en la mejilla morena ella se retiró dando pasos suaves por el corredor.

El castaño siguió observando la silueta de la joven mujer que se iba perdiendo y su mirada se oscureció cuando su madre ya no estuvo a la vista.

Él sabia que Mary no estaba bien, no debía tener tanto estrés. Debía comer mejor y no lo ha hecho por cuidar que la fiesta sea un éxito.

Ella también se encargaba del cuidado de la pequeña Annie. Por más que todos le insistían que debía dejarla con las niñeras ella negaba, quería pasar todo el tiempo del mundo con su hija y ese pequeño capricho Irvin jamás se lo negaría, pero por eso mismo estaba descuidando su salud.

Cuando estuvo consiente de eso, procuró más a la rubia, cómo "hermanos" la cuidaba cuando su madre adoptiva no podía, enseñándolo todo lo poco que conoce y alejándola de los peligros más cercanos.

La niña le tiene mucho cariño y Eren no podía negar que era mutuo.

Llegada la hora de la verdad y cómo le prometió a Mary, no hizo ni dijo nada fuera de lugar como era costumbre. Se mantuvo a lado de su padre saludando a todas las personas que conocía y podría mantener una solida "amistad" en un futuro.

—Hijo —el chico le miró con duda, ¿se habría percatado qué bostezó? — Sé que estas cosas te aburren, ¿por qué no vas con mi amigo que se encuentra afuera y le haces compañía?

Afirmando con entusiasmo y con las manos dentro de sus bolsillos se dirigió al jardín que estaba decorado con farolas colgantes y donde las mesas para la cena estaban dispersas.

Iba tan absorto que no se dio cuenta cuando topo con el cristal semi transparente de la puerta, abriéndolo furioso para salir dispuesto a gritar por el dolor.

—Todo esto es una mierda —se quejó golpeando uno de los arbustos y se sentó en una silla de jardín—. Ojalá termine pronto o voy a explotar.

—Mejor que la cena sea pronto, me estoy muriendo de hambre.

Escuchó la voz a su lado sobresaltándose por no percatarse de su presencia. Se reprimió mentalmente por su falta de educación esperando que el sujeto no le acusara con su madre.

—¿Quién es usted? —le preguntó al hombre a su lado.

—Un invitado más —dijo con voz aburrida, y le miró con sus pequeños ojos de un verde más tenue que el suyo—. ¿Y tú?

Eren se percató que el sujeto no sabia quien era lo que le entusiasmó.

—Una persona aburrida más —el hombre sonrió con diversión y negó mientras se acomodaba sobre la silla a lado de Eren con las manos sobre el respaldo— ¿Qué hace aquí afuera solo, señor?

—Me llamó Levi, niño. Y como tú, estoy esperando que la familia Smith nos corra o nos de de comer como premio por la tortura.

Eren rió divertido y dijo una pequeña mentira.

—Yo también, esperaba que esto fuera menos aburrido,

—Cómo tip para este tipo de eventos: finge que todo es interesante. Eres joven y probablemente de buena familia —observó el traje hecho a la medida y continuo—: y probablemente vuelvas a venir interminables veces.

—Delo por hecho —sonrió por su propio chiste.

Nunca se había sentido tan cómodo hablando con una persona que no fuera su familia, ese hombre tenía el don de la palabra. ¡No era como la bola de hipócritas ahí dentro! Era muy amable y divertido.

La farola no le iluminaba por completo, sólo pudo ver su rostro cuando le miró por escasos segundos, quizá estaba en ese lugar esperando estar solo y que nadie le molestara.

—Bueno, no quiero molestar —intentó alejarse pero la voz modulada e indiferente le paró.

—No seas ridículo, siéntate de nuevo donde estabas y cúbreme —sacó de su traje una bolsa y desenvolvió un par de sándwiches—. Una amiga me dijo que estas cosas tardan milenios y yo ya tengo hambre.

Jaeger vio incrédulo como la comida desaparecía poco a poco y le tendió uno.

—No, gracias —con verle sabia lo mucho que tenia de hambre, no quería quitarle el apetito.

—Como quieras, pero luego no te quejes cuando tú estomago gruña.

—Puedo conseguir comida de la buena —le ofreció sin pensarlo mucho.

—¿Ah si?

—Si, puedo traerle si quiere.

—Puedes empezar yendo por unos canapés de la barra de aperitivos y de esa carne que huele delicioso.

—Enseguida, señor.

—Ya te dije que me llamo Levi.

Minutos más tarde Eren llegaba por el otro lado del jardín con platos desechables con toda clase de comida.

El hombre sonrió al verle llegar y le preguntó:

—¿No te pillaron?

—No, soy muy bueno en lo que hago —mintió. Sólo tuvo que pedir algo en la cocina y se lo dieron.

—Bien hecho, se nota que seremos grandes amigos.

El joven se asombró por lo que escuchó. Por lo regular, sus amistades eran controladas por su padre y que un sujeto al que conocía de menos de media hora le haya expresado con sinceridad esa palabra que tenia vetada, le hacia sentir un suave cosquilleo en el vientre.

Hasta por un momento pensó que lo dijo sólo por la emoción del momento.

Observó como Levi iba hacia la comida y lo inspecciono detenidamente.

Cabello negro que ya tenía una idea porque a pesar de la oscuridad resaltaba, pequeños ojos intensos, nariz recta y una mueca burlona en el rostro que aparentaba seriedad. Se puso de pie y notó que eran casi de la misma estatura y eso que aun no daba el estirón.

—¿Levi?

—Dime —contestó mientras revisaba la comida que estaba sobre una de las sillas.

—¿Los amigos se hacen así de fácil?

Él no lo sabía, Armin fue uno de los amigos que creyó a ver hecho por cuenta propia, pero empezaba a dudar un poco.

—No, los amigos se escogen con criterio; por tener cosas en común y por el grado de lealtad.

—¿Y cómo me escogió a mi?

—Niño, te ganaste mi confianza en cuanto me trajiste la comida arriesgándote en el proceso.

Una sonrisa apagada no fue lo que Levi vio esa noche cuando Eren le miró, fue la sonrisa sincera que le brindó al entregarle un canapé y un trozo de carne.

Con mucho menos entusiasmo Eren comió, pero le agradaba la idea de tener compañía sincera esa noche a la cual pronosticaba de desastrosa.

—¿Te lavaste las manos? —preguntó cuando Eren intentaba darle una segunda mordida a un trozo de pan.

—Si, también tengo gel antibacterial, ¿quiere? —Los ojos de Levi brillaron al ver la botellita y estiró su mano pidiendo. El adolescente se percató de eso y se la entregó—. Se la doy, mamá tiene muchas por toda la casa, tomare otra mañana.

—Bien —no le dijeron dos veces cuando ya la tenia en sus manos y se la guardó en el saco.

Una agradable noche, según Eren.

Hizo un amigo, se divirtió y no dijo nada que avergonzará a su padre.

Tiempo después nada fue igual.

Irvin se había puesto exigente al mismo ritmo que su madre empeoraba de salud. Ya no podía disfrutar de los días en los que tenía más libertad, ni de las salidas con sus amigos y se la pasaba todo el día encerrado en la biblioteca después de la escuela con sus tutores.

Se le permitía ir y venir sólo con autorización y bajó la vigilancia de Mike; el guardaespaldas de su padre. Y no todo era miel sobre hojuelas, porque tenía que ser con su "prometida" y su mejor amigo, de otra forma se la pasaría en casa.

Hartó, manifestó varias veces lo sofocado que le hacia sentir pero su padre se negaba a escuchar.

Su madre siempre le consolaba a espaldas de Irvin, brindándole libertad a escondidas y tratando de mermar la soledad y rebeldía con regalos. Uno de esos tantos obsequios fue la motocicleta de su cumpleaños número dieciséis, y ese fue el último.

El día en el que ella faltó, todo se volvió un caos.

Annie le reprochaba el que por su culpa, ella no disfruto de los últimos momentos de Mary. Quizo gritarle y decir que ella recibió mucho más de lo que él tuvo en toda su vida, pero no podía, no debía.

Irvin se encerró en su mundo, la empresa era lo único que le importaba y que Eren tuviese lo mejor para que un día lo heredara, imponiendo sus deseos sobre las metas del propio adolescente y eso no hizo más que aumentar los reproches de su hermana.

Los recuerdos de una vida de libertad era lo que le mantenían firme, el amigo que hizo por decisión y el enamoramiento que tuvo tras ello.

A los diecisiete y antes de graduarse para ir a la universidad estalló.

Con sus pocos ahorros se fue de la casa tras una pelea poco educada con su padre.

¡Él quería ser doctor! No un maldito economista ni un estúpido administrador de empresas.

E irse de esa casa fue lo mejor que pudo haber pasado en su vida.

Porque se volvió a encontrar con Levi después de casi tres años.

Vestido en un pulcro traje negro y una bolsa de supermercado en la mano le vio pasar por el parque donde estaba autolamentandose y su insistente mirada al parecer fue tanta que hizo voltear al hombre.

—Niño —dijo a modo de saludo—, no tan niño. ¿Escapando de casa? —acusó viendo la maleta a su lado.

—Y no pienso regresar —agregó con confianza.

—No, eh —musitó negando y luego agregó—: Eres idiota.

—No lo soy.

—Lo eres. Probablemente reñiste con tu padre y escapaste, pero ese es el menor de tus problemas. ¿Qué harás una vez que los ahorros que tienes se acaben? Vas a trabajar, es obvio. ¿Y luego? Dejaras la escuela porque no puedes con los gastos y al vivir toda tu vida como hijo de papi no sabrás que hacer, acabaras viviendo con salario mínimo por tus bajos estudios y nunca completaras los gastos. Conocerás a una jovencita con los mismos sueños que tu pero acabará embarazada y tu cada día más hundido en la miseria.

—Eso no es… —intentó replicar mientras se esfumaba el valor.

—Eso será, sé de lo que te hablo.

—¿Usted…?

—¿Yo? No, pero le he visto en casi todos mis amigos. Ahora ve a casa, estudia y cuando tengas las suficientes agallas para enfrentarte a tu padre haz lo que se te venga en gana y no seas un cobarde.

—Yo no soy…

—Lo eres. ¿No estas huyendo en estos momentos?

El mundo se le vino abajo con esas crueles palabras que tenían toda la verdad. ¿Qué estaba pensando hacer? Durante cuatro días estuvo vagando, durmiendo en moteles y huyendo de Mike.

—Lo estaba —convino cabizbajo.

—Bien, ahora ya sabes qué hacer —giró sobre sus talones y retomó su camino a su auto.

—¿Levi?

—¿Si?

—Gracias —se puso de pie y luego se inclinó mostrando toda la gratitud que no podía medir en palabras—. Cuando sea libre, le buscaré para darle la misma libertad.

—No te esfuerces niño, primero hazlo por ti mismo.

—¡Lo haré! —gritó cuando le vio alejarse y tomó la maleta con entusiasmo renovado—. ¡Seré libre!

Y con esa convicción, volvió a casa por su cuenta, no porque alguien le obligó.

Dio sus condiciones que fueron aceptadas y luego se fue al extranjero.

Hizo un semestre en primeros auxilios al mismo tiempo que iba a la universidad que su padre escogió para él. Trabajó medio tiempo para saber lo que era el esfuerzo y se dio cuenta que mientras estuviera bajo la sombra de su padre, todo seria demasiado sencillo.

Volvió al graduarse y sólo para ver a su abuelo morir meses después. Con remordimientos, el pobre hombre confesó lo que le mandó a hacer a su verdadero padre y a duras penas pudo controlar el inmenso odio que le surgió después de eso. Tuvo que fingir por un tiempo frente a Irvin y luego se dio la oportunidad de huir de su sombra.

No era más libre, pero era feliz.

No renunciaba porque ahí estaba Levi, y ese lugar era donde él se sentía libre.

Y mientras uno tuviese lo que el otro carecía se sentirían completos, o al menos eso era lo que Eren pensaba.

La noche en la que Levi le habló sobre libertad, fue el día en el que la confianza se volvió verdadera y donde por segunda vez se enamoró.

Aunque su pequeña esperanza no se acordará de él.

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Eren intentaba concentrarse esa mañana, los recuerdos de su pasado no eran divertidos y en más de una ocasión se saltó los recuerdos dolorosos.

Ese día en particular quería concentrarse en los eventos que le llevaron a conocer a Levi, y cuando se dio por satisfecho respiró hondo y abrió la puerta que tenia delante.

Entró a un cuarto de paredes blancas en donde un par de libreros abarcaban tres cuartas partes de su totalidad, en la pared disponible uno de los pocos muebles que resultaba ser un escritorio de color caoba destacaba y en medio dos sofás de cuero color negro, junto a ellos, un par de mesitas de centro.

Se instaló de inmediato como era la rutina en un asiento. El conocido sonido del cuero le hizo sonreír.

—¿Cómo has estado, Eren? —pregunta un hombre de una llamativa barba y bigote con una expresión intimidante.

—Como siempre.

—Bien —anota en su pequeña agenda y le vuelve a mirar—. ¿Has tenido recaídas?

—No.

—No me has dicho que pasó con lo de los sueños recurrentes.

—Ya no tengo.

—¿Pesadillas?

—No.

—Eren —pronunció arrastrando el nombre con cansancio—. Estamos aquí para ver tus avances, ¿podrías ser más específico?

—Estoy bien, soy una persona ocupada que no piensa en sus problemas. No, no he tenido recaídas porque me controlo bastante bien, gracias. Lo sueños recurrentes no han sido un problema en si y las pesadillas no las tengo desde hace mas o menos dos meses, ¿contento?

—¿Y Levi?

—Él… —se apoyo en el brazo del sillón—. Está bien, supongo.

—No, Eren. Sabes que él es producto de tu imaginación, lo creaste para escaparte de tus problemas.

—No lo es…

—¿Te sigues tomando las pastillas?

—Claro que no, no las necesito —repusó con desagrado. Trató de encontrar una posición cómoda ante la charla que se avecinaba.

—Entonces —volvió a anotar algo en la libreta y después arranco la hoja, entregándosela, en ella venia escrito "Cosas que dañan mi mente" y una lista—. Considero que esas son las principales razones. Hace ya algún tiempo que te noto estresado, he visto como te muerdes las uñas y tienes un tic en tu pie izquierdo; a eso le llamamos ansiedad.

—¡Estoy bien! —vociferó molesto, leyendo el nombre de Levi en el papel.

—Ese hombre es producto de tu imaginación, señor Smith.

—¡No lo es! ¡Y no soy el señor Smith! —bramó de nuevo, conteniendo la ira que iba en aumento. Estaba tenso en su sitio, mirando con rabia al sujeto frente a él—. Soy Eren Jaeger Mi verdadero padre se llama Grisha Jaeger. Fue medico de la familia Smith por muchos años hasta que falleció.

—Creo que ya hemos discutido este asunto por años. Su nombre es Eren Smith, hijo del señor Irvin Smith y la señora Mary Smith que en paz descanse. Su hermana se llama Annie Smith y usted tiene un problema en el control de la ira derivado de su trastorno por estrés postraumático y ese tal Levi es su amigo imaginario.

—Por todos los demonios del averno. Deme acá —le arrebató la pluma y en la hoja que le dio escribió lo más rápido que pudo, arrojándosela en la cara mientras se paraba e iba hacia la salida—. ¡Adiós!

—Lo veo el próximo mes, señor Smith —le informó algo nervioso por el arrebato del más joven.

—¡Jódase!

El hombre negó y leyó el papel. La lista estaba tachada y sólo dejo "Cosas que dañan mi mente", escribiendo al final: "El maldito psicólogo Verman".

Otra infructuosa consulta, lo más difícil del asunto era comunicárselo al señor Irvin.

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Notas de autor:

Eh, creo que necesitaba aclarar un poco del pasado de Eren, era necesario, lo juro.

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Sí les gusta haganmelo saber, eso me ayuda a continuar.

Gracias por leer.