Disclaimer: Los personajes son de Suzanne Collins,

yo solo me encargo de corromperlos.

Rating M por una razón señores


Capítulo 11: Cielo Personal


Jueves, 4 de octubre de 2012

La oficina de Haymitch no era para nada lo que imaginaba, y él tampoco lo era. Cuando Cinna me dijo que su jefe quería hablar conmigo pensaba que iba a ser un hombre arreglado, con traje y hablando por teléfono por horas antes de atenderme, yo estaba muriendo de nervios, pero cuando vi a Haymitch Abernathy pensé en un borracho vagabundo, incluso olía a alcohol. Estaba completamente desaliñado y su oficia era un desorden total, y aun así se las arreglaba para que su expresión fuera lo más amenazante posible. Al entrar en el edificio del FBI puse mi mejor cara de póker para que nadie notara lo nerviosa que estaba realmente, y no fue muy difícil, era algo que llevaba meses perfeccionando, mantener una expresión neutra mientras en el interior quieres vomitar.

Haymitch no era dulce como Cinna, era arisco y directo, sin importarle cómo te sientes ni cómo te van a afectar sus palabras, se parecía mucho a lo que me había convertido en el último mes. De hecho, Haymitch y yo teníamos muchos rasgos comunes, la única diferencia era que él era libre y tenía dinero y yo era pobre y estaba atada a servir en un prostíbulo, al menos por ahora. La diferencia más marcada entre Haymitch y el resto de las personas era que no me trataba como una simple niña, sabía muy bien que hace meses mi inocencia había desaparecido y que era incluso más madura que la mitad de los oficiales que estaban en esas oficinas, era casi como si entendiera a la perfección lo que había sido mi vida en el último año. Cinna me tomó de la mano al entrar en la oficina, como si necesitara el apoyo que necesitan los niños, ejemplo #1 de su delicado trato hacia mí.

-Haymitch, esta es Katniss Everdeen- Haymitch no hizo ni siquiera el amago de levantar la cabeza para saludar.

-Siéntate- señaló unas sillas frente a su escritorio- espero que Cinna te haya explicado la situación y lo que queremos que hagas,- con esto levantó la mirada hacia Cinna, quien asintió- bien, te recuerdo que de esto no vas a logar más que salir de ese lugar, no podemos ofrecerte dinero ni un lugar para vivir ¿entiendes?- y por primera vez nuestras miradas se cruzaron, y supe que había pasado por lo mismo.

-Perfectamente- preferí mantener mis respuestas breves para que no percibiera lo que realmente estaba sintiendo.

-Esperamos llevar a cabo el plan en un mes, en ese tiempo no vamos a necesitar tu ayuda sino hasta la última semana, primero debemos conseguir unos planos del edificio...

-No los necesitan- mi voz no fue más que un susurro y quería golpearme por eso, traté de recomponerme -yo conozco el lugar de arriba a abajo, solo tengo que dibujarlo y que alguien lo perfeccione

-Lo siento cariño- sonó más a un insulto que a otra cosa- aquí no trabajamos de esa forma

-Sí y debe ser por eso que han tardado años en hacer caer al Capitolio, con mi ayuda pueden tener sus planos en una semana y actuar en la siguiente, con cada día que pasa el Capitolio se va haciendo más fuerte y ustedes tienen menos oportunidades de atrapar a Snow. - Haymitch, quien antes tenía una expresión de indiferencia, se puso serio en un segundo

- Si no puedes asegurar que vamos a tener cada detalle del edificio, cada detalle de la rutina de cada una de las personas bajo ese techo, y si te conviertes en la razón por la que esta misión falla, no vas a conseguir ninguna libertad,- su expresión no vaciló ni por un segundo- y me voy a asegurar de que tu vida sea incluso aún más miserable de lo que es ahora.

-No necesito asegurar nada, solo necesito a alguien que dibuje los planos- Haymitch me miraba directo a los ojos y me costó un poco, pero al final él fue el que rompió el contacto.

-Muy bien, Cinna llévala con Beete a logística y luego con Cato a entrenar, no queremos perder nuestra pieza clave por no saber defenderse.

Al final sí pasó un mes antes de que el FBI actuara, solo porque Haymitch quería asegurarse de que tuviera el mejor entrenamiento posible. Beete fue el tercer agente del FBI que conocí, era simpático y algo entusiasta con la tecnología, me explicó un montón de cosas sobre cámaras y micrófonos que al final no se grabaron en mi mente, más allá del hecho que esa misma noche tendría que plantar varios aparatos en el Capitolio. Luego de hablar con Beete me llevaron con una arquitecto cuyo nombre nunca conocí, pero que hizo planos casi perfectos del edifico.

Cato fue otra historia por completo. Aparte de Haymitch, él era el único que no me trataba como porcelana, en cambio, parecía disfrutar al verme sufrir con los entrenamientos, y cuando le parecía gustaba de brindarme "inspiración" gritándome cosas que él esperaba me recordaran a todo lo que había visto y sufrido en el Capitolio. Acertaba más de lo que me gustaría admitir. No fue nada fácil salir del edificio para ir a entrenar, pero en la primera semana conseguí que Snow me diera un poco más de libertad haciéndolo pensar que ya no quedaba nada de esperanza dentro de mí. No era del todo mentira, quería que el plan del FBI fuera un éxito, pero con la manera en que salieron las cosas en el último año, no eran esperanzas demasiado grandes. Cuando no entrenaba con Cato, hacía ejercicios en el Capitolio, lo que levantó sospechas al principio por lo que tuve que insinuar que uno de mis clientes quería que bajara peso para él. La sonrisa de Snow al escuchar esto le llegó de oreja a oreja.

Estaba tan concentrada con las cosas en el FBI que no pensé en que el Capitolio pudiera seguir jodiéndonos la vida. Una semana antes de que el FBI actuara la actividad en el Capitolio fue mayor a la usual. Finnick parecía ser el más preocupado, mientras que a todos los demás nos daba lo mismo; si no supiera que en una semana iba a salir de este infierno, estoy muy segura de que estaría justo igual que Finnick.

-Tenemos que salir de aquí- estábamos reunidos en la sala como todas las noches luego de "trabajar", Finnick jugaba con el cabello de Annie, quién estaba acostada en su regazo. Johanna y Madge estaban leyendo una revista de corazón, Gale veía un reality y Peeta dibujaba algo en su cuaderno. Yo solo estaba acostada en el mueble viendo al techo.

-Claro Finn, porque eso salió perfectamente la primera vez- Johanna ni se molestó en levantar la mirada de su revista.

-Estan planeando algo, mañana nos vamos a enterar y no va a ser para nada bueno- su voz tenía el tono grave que le gustaba usar cuando intentaba convencernos de algo, hoy no le estaba funcionando mucho.

-Nunca nada ha sido bueno en esta pocilga Finnick, y sinceramente no veo cómo las cosas se pueden poner peor. Johanna tiene razón, la última vez que intentamos hacer algo en contra del capitolio todo fue una mierda, y sinceramente yo ya no tengo la energía para seguir intentándolo- seguí viendo al techo mientras hablaba porque sabía que si lo veía a los ojos iba a ser la primera en rendirse a su plan.

-¡Precisamente por eso tenemos que hacer algo! No podemos quedarnos sin hacer nada mientras ellos se vuelven cada vez más fuertes y nosotros cada vez más insignificantes. ¿No has perdido lo suficiente como para querer herirlos hasta que no se puedan volver a levantar?- su voz estaba empezando a elevarse y ya nadie pretendía que esto no era importante, sobre todo al echarme en cara todo lo que he perdido. Había tocado el único punto débil que me quedaba.

-¿Qué si no he perdido lo suficiente? ¿En serio estas preguntándome eso? Finnick soy huérfana, no he tenido nada en toda mi vida, y lo único que me hacía feliz eran mis hermanas y ahora no las tengo, no puedo ni siquiera decir sus nombres en voz alta sin volverme en un desastre de lágrimas y sollozos, no puedo entrar en mi cuarto sin ver sus camas vacías y sentir que la que esta vacía soy yo, no puedo dormir sin abrazar una camisa de cada una porque todavía huelen a ellas, no puedo evitar sentirme como mierda sabiendo que ellas querrían que saliera de este lugar pero sin la energía para realmente salir. Así que no vengas con esa mierda de que no he perdido lo suficiente, no tienes que ser un pendejo solo porque no te quiero seguir la corriente esta vez- conseguí decir todo eso, voltearme y subir las escaleras sin que una sola lágrima se derramara, sentía que debía darme una palmada en la espalda por eso, pero apenas entré en mi habitación me volví el desastre que mencioné antes.

Por primera vez desde que llegué al Capitolio, Peeta no subió corriendo tras de mí. Por enésima vez lloré en mi cama mientras abrazaba las camisas de Prim y Rue.

Al día siguiente la cena estaba más decorada de lo normal y mucho más abarrotada. Tampoco fue como todas las noches, con los tributos mezclándose con el resto de las personas, esta noche estábamos frente a los clientes con Snow relatándoles lo maravilloso que ha sido la construcción de este imperio que les permite a las personas comunes satisfacer sus más oscuros deseos. Todo iba normal hasta que soltó la bomba.

-A partir de hoy nuestros clientes van a tener la posibilidad de disfrutar de dos tributos al mismo tiempo. Les recuerdo que estamos iniciando con este nuevo servicio por lo que esta en periodo de prueba, esta noche ofrecemos a nuestros tributos estrella: Katniss Everdeen y Peeta Mellark.- debí imaginarlo, Snow no podía hacer nada nuevo sin querer joderme de primera, aunque esta vez también estaba jodiendo a Peeta – Vamos a realizar un pequeño concurso para ver quién es el primer afortunado en disfrutar de nuestro nuevo servicio.

Al final de la noche, después de demasiados juegos inútiles, el cliente que nos tocó fue un extranjero que casi no hablaba español. Apenas entramos en la habitación comenzó a besarme y todo fue normal hasta que se separó de mí y me indicó, con señas y algo de español, que besara a Peeta. Llevaba meses sin besarlo y no sabía sobre qué reglas estábamos jugando aquí, pero él me sorprendió cuando me tomó por la cintura y me besó. No fue un beso tranquilo y sencillo, fue un beso apasionado que sentí hasta los huesos, nos separamos cuando ninguno podía seguir sin respirar. Sentía sus ojos en mí pero no pude verlo a los ojos, en su lugar voltee para mirar al cliente, que tenía una enorme sonrisa en la cara.

-Ustedes en cama, yo aquí.- señaló una silla- Ustedes hacen y yo ver.

¿Realmente estaba pidiéndonos eso? No pude continuar con mi colapso mental porque Peeta me tomó de la mano y me llevó a la cama. Me senté y no podía dejar de ver al cliente sentado a unos metros de la cama viéndonos con una sonrisa. Peeta se sentó a mi lado y tomó mi cara en sus manos, me dio un beso fugaz en los labios y se movió hacia mi oreja.

-Deja de pensar en él, deja de pensar en lo que sea, solo siente- su voz no era más que un susurro pero las sentí hasta mi centro. Comenzó a besar mi cuello y yo simplemente me dejé hacer. Me sentía en las nubes con sus labios en mi piel, cuando al fin dejé de pensar en nuestro alrededor pude sentirlo realmente junto a mí. Poco a poco sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo y a hacerme sentir más deseada y necesitada que nunca.

Mis manos comenzaron a desabotonar su camisa y sorprendentemente no temblaban como pensé que lo harían, una vez abierta me separé de él para quitársela por completo y luego él aprovechó para bajar el cierre de mi vestido. Este era el momento que más odiaba con los clientes porque era el momento en que me mostraba completamente a ellos. Con Peeta estaba segura que quería que me viera lo más vulnerable posible. Una vez me quitó el vestido quedé completamente desnuda frente a él, pude ver como sus ojos se volvía completamente negros y me atrajo a su cuerpo para besarme y dejar sin aliento de nuevo.

Cuando nos separamos sus manos se dirigieron a su pantalón para quitárselo, como yo no tenía nada abajo y por primera vez en las habitaciones de la clientela me sentí excitada. Volvió a besarme y sus manos se posaron en mis senos, comenzó a masajearlos pero esto pareció no ser suficiente para él porque de inmediato llevó su boca a uno de mis senos, no pude evitar gemir y sentí su erección en mi pierna, lo que me hizo gemir aún más.

Sin poder resistirlo más tomé su cara para besarlo y él se acomodó para entrar en mí. Fue nuevo pero al mismo tiempo como si hiciéramos esto todos los días, de inmediato encontramos el ritmo adecuado hasta que fue demasiado para mí y caí en picado junto a él. Por primera vez me sentí agotada después de tener sexo. Sentí al cliente acercarse a la cama y darnos las gracias antes de salir de la habitación. Peeta salió de mí y no pude evitar soltar un quejido al sentirme vacía. Llenó mi cara de pequeños besos y me ayudó a vestirme para subir a mi habitación, él se fue a la suya y sentí como algo se rompió dentro de mí. Estaba preparada para volver a dormir solo cuando la puerta de mi cuarto se abrió, revelando a Peeta del otro lado, sin decir palabra se metió junto a mí en la cama. Por primera vez en mucho tiempo dormí toda la noche.

Martes, 13 de noviembre de 2012

El momento llegó tan repentino como el primer mensaje de Cinna: Mrts. 13. 20hrs. La idea era que todo pasara mientras estábamos en la cena previa a que nuestro trabajo empezara, yo debía actuar como si no supiera nada y no meterme en el camino del FBI. Esto más por Cinna que otra cosa, él insistió en que mi participación se mantuviera en secreto hasta el final, los únicos que conocían para qué caso estaba trabajando eran Haymitch, Cinna, Beete y Cato. Realmente nunca supe los detalles del plan más allá de lo que yo debía hacer por lo que cuando las luces del Capitolio se fueron me alarmé junto con todos los demás pero en vez de quedarme en el medio como el resto de aparté, justamente estaba frente al recoveco en donde me oculté con Cinna. Al verme salir corriendo Peeta salió tras de mí y me sostuvo por el brazo, yo solo le pedí, sin palabras, que me siguiera y que guardara silencio. Por el rabillo del ojo pude ver como Finnick se apartaba también junto con Annie.

Después de eso todo fue realmente confuso, aprovechando el desconcierto por las luces, varios agentes entraron por las ventanas, lanzando pedazos de vidrios por todos lados, Peeta me pegó a la pared mientras me cubría con su cuerpo. Me parecía increíble que aun después de todo lo que hice y dije, Peeta siguiera estando a mi lado, pero considerando que él había confesado estar enamorado de mi varias veces, no debería ser tan sorpresivo. A nuestro alrededor se escuchaban gritos y disparos, pero por un momento, cuando nuestros ojos se cruzaron nada de eso importó, para nosotros solo existía esta esquina oscura y nuestros labios danzando una pieza poco practicada con el otro, pero tan conocida como nuestros propios cuerpos. Por un momento ambos nos sentimos en un cielo personal, en una burbuja impenetrable en donde solo existía el amor y el deseo por el otro. Sin embargo fuimos interrumpidos por Cinna, que nos tomó por los brazos y nos sacó del edificio por la fuerza, manteniendo la farsa de mi falsa ignorancia de todo el asunto. Una vez afuera nos llevó a una furgoneta negra en donde estaban todos los demás: Finnick sostenía a Annie en brazos, Johanna bebía agua sentada en una esquina, y Madge y Gale peleaban en susurros en otra. Justo antes de entrar pude ver a Snow siendo llevado hacia otra furgoneta, él volteó a verme en el mismo instante que yo y la mirada que me dirigió me heló la sangre, Cinna me tomó la mano en ese momento y pude seguir caminando. Cuando entramos y nos sentamos junto a Johanna, esta nos entregó botellas de agua a cada uno y el carro comenzó a moverse.

Cuando por fin paró llegamos a un edificio del que no vimos más que el estacionamiento antes de que nos llevaran a una habitación completamente blanca y nos dejaran encerrados. Para todos fue una pesadilla, los minutos se sentían como horas y las horas como décadas. Las cosas solo cambiaron cuando nos llevaron comida cuando ya todos estábamos demasiado hambrientos como para recordar que teníamos hambre, luego de eso Haymitch y Cinna entraron para explicarnos todo. Comenzaron contando mi participación en el asunto, todos voltearon a verme cuando Haymitch terminó esa parte y solo pude ocultar mi cara en mis manos, hasta que Peeta me abrazó susurrando "Kat" en mi oído, más nadie intentó decir nada. Cinna decidió contarnos lo que pasó con las personas que se encontraban dentro del Capitolio en el momento del ataque. Muchos clientes murieron en el momento, otros fueron llevados a prisión con los juicios más rápidos posibles, unos pocos lograron escapar pero Cinna nos aseguró que no pasaría mucho tiempo antes de tenerlos tras las rejas. Claudius y Coin murieron luego de ser trasladados a emergencias, sus heridas eran demasiado graves; Seneca demostró una vez más lo cobarde de su carácter al sacar una pastilla y suicidarse con ella, aún trataban de averiguar la composición de la misma. Haymitch retomó el relato y nos dijo que Snow, de alguna manera, había escapado y logrado llegar a un aeropuerto donde un helicóptero lo esperaba, Finnick intentó sacarle más detalles a Haymitch del escape pero el último fue tajante y no dijo nada más sobre el asunto. Nos dijo que Snow logró despegar en el helicóptero pero que una vez en el cielo este explotó sin explicación alguna. Cinna nos prometió que no iban a haber represalias contra nosotros y que seríamos libres de irnos al día siguiente.

Jueves, 15 de noviembre de 2012

En la mañana nos llevan el desayuno y luego nos vuelven a llevar hacia la furgoneta donde llegamos hace dos noches, esta vez el viaje es mucho más corto y estoy consciente de que Cinna y Haymitch nos siguen en un carro aparte. Se sienten como simples minutos cuando vuelven a abrir las puertas y salimos hacia un parque lleno de niños y lleno de vida.

Siento el sol sobre mis mejillas y dejo que el calor llegue hasta mi alma. Luego de unos minutos abro los ojos y el sol me encandila, sólo luego de unos segundos me fijo en los ojos azules que me miran fijamente. Desde que todo empezó no hemos cruzado palabra, después de todos los terrores que hemos vivido es difícil tratar de decir algo que anime al otro. No es fácil sentirse libre cuándo los últimos meses de tu vida han estado sumidos en miseria, y aún ahora, cuando tengo la certeza de que soy libre, cuesta creer que realmente voy a poder tener una vida, la vida que soñé darle a mi hijo desde el momento que supe de su existencia. Me cuesta aceptar que voy a poder estudiar, casarme, tener hijos y que Prim y Rue nunca podrán. Prim, que siempre adoró a los niños y que quería ser enfermera, y Rue, que estuvo siempre enamorada de los pianos y que creía en el amor aún después de que la abandonaran.

Cinna nos aseguró que nunca saldrían de prisión, nos aseguró que Snow nunca volvería a atormentarnos, pero eso no es fácil de creer con la mirada de promesa que me dirigió Snow al irse, era una mirada que decía "no importa lo que ellos digan, yo siempre volveré a por ti". El miedo que corrió por mi cuerpo en ese momento me dejó congelada por varios segundos; solo pude volver a moverme cuando Cinna me tomó de la mano y me sacó del Capitolio.

Incluso al conocer que Snow había explotado junto con el helicóptero que lo llevaba a si huida, era difícil para Katniss creer que era completamente libre, sentía una presión en el pecho, que no desapareció ni con el beso que Peeta le dio, que sí la dejó sin aliento. Finnick hizo lo propio con Annie y Johanna abrazó a Madge mientras Gale se quedó parado algo incómodo junto a ellas. Aunque intentó no pudo contener la sonrisa que se extendió en su cara, por primera vez todos se sintieron libres, por solo un momento.

Sin que el grupo se diera cuenta se acercó con sigilo apuntando hacia la fuente de la destrucción del negocio que tantos años le tomó construir, una simple niña huérfana pudo más que una organización de más de diez años. Sin dudarlo y sin arrepentimientos apretó el gatillo y vio como Katniss caía al suelo, quiso asegurarse de que moriría por lo que disparó por segunda vez pero Peeta se interpuso y la bala lo alcanzó a él. Haymitch fue el primero en reaccionar y fue el que disparó a Snow, que murió sin nadie a su lado riendo por haber matado a Katniss Everdeen.

Los disparos llegaron directamente a sus pechos, en solo segundos Katniss y Peeta dejaron de respirar, sin siquiera darse cuenta del grito desgarrador de Annie, de la furia de Johanna, de las lágrimas de Gale, y los sollozos de Madge. El único que mantuvo la compostura en ese momento fue Finnick, quien llamó una ambulancia, aun siendo demasiado tarde. Más tarde, en un cuarto de hotel, mientras Annie dormía, Finnick se derrumbaría en el piso de un baño que no volvería a ver el día siguiente. Cinna organizó los papeles con la funeraria y Finnick arregló la ropa para el funeral, al día siguiente del primer día de libertad del Capitolio, Katniss Everdeen y Peeta Mellark eran sepultados en un cementerio de California, con solo cinco adolescentes y dos agentes del FBI para despedirlos.

Las vidas de estos adolescentes nunca fueron las mismas tras su paso por el Capitolio, pero intentaron tener las vidas de ensueño que Katniss, Peeta, Prim y Rue nunca tendrían. No fueron de ensueño, estuvieron llenas de altos y bajos, pero al final pudieron dejar el dolor del lugar que cambió sus vidas, y realmente vivir.


Lo sé, deberían matarme por miles de razones. La única excusa que tengo es que tenía demasiadas cosas en mi plato y no pude manejarlas todas al mismo tiempo. Les prometo que intenté escribir un final feliz que cuadrara con la historia pero no pude, a pesar de que Katniss tenía ciertos vestigios de felicidad, la oscuridad la consumía. Todos tenemos una mezcla de malos y buenos momentos, los malos no cancelan los buenos, pero los buenos no siempre ayudan a olvidar los malos, para Katniss iba a ser imposible olvidarlos. Y no pude imaginar a este Peeta viviendo sin Katniss.

Me alegra haber terminado esta historia, le agradezco a todas las personas que lo han leído, a todas las que han dejado reviews, a las que le han dado al botón de favoritos y al de alerta. Todas esas cosas me volvieron feliz.

No puedo evitar referirme a lo que estamos viviendo en Venezuela. Infórmense sobre eso, esa es la única arma que tenemos, queremos que todos conozcan la realidad de este país. Pueden usas los hashtags #sosvenezuela y #prayforvenezuela. En mi perfil esta mi twitter si quieren hablar sobre lo que sea.

Gabi.