Hola. Gracias por comentar espero les guste el capítulo. Este es el penúltimo.
Capítulo XII: Guerra desatada
Todos se dirigieron al Reino Amarillo, el recorrido duró tres horas, pero como tardaron en encontrar alguien que los llevara tardaron cuatro.
Los padres de Len se quedaron en el Reino Café para ayudar a las personas que perjudicó aquél sujeto.
Rin y Len comieron algo en el camino que les ofreció la persona que los llevaba. Ambos seguían aún con la vestimenta del otro.
Rin estaba preocupada, todavía les faltaba bastante para llegar, al notar esto, Len tomó su mano en señal de apoyo, Kaito no notó esto, ya que estaba mirando el agua pesando en que su reino no fuese atacado durante su secuestro. Miku si notó esto y bajó la mirada, Len le recordaba tanto a Allen, era igual que Rin y su amado, pero recordó que le debía una explicación a Rin.
Al llegar al Reino Amarillo, todos se preocuparon demasiado, las casas estaban destruidas, las personas asustadas y trataban de esconderse.
-No puede ser… No…
-Rin…
Len la tomó por los hombros y la trató de tranquilizar, se acercó a ella y le dijo suavemente al oído.
-Hemos arrestado a ese hombre, sólo falta detener a los invasores, todo estará bien.
Luego le besó la mejilla, Rin tomó una de sus manos.
-Vamos. Creo que sé a quién le podemos pedir ayuda.
Dijo Rin. Tomó de nuevo la mano de Len y se lo llevó a una casa. Ella tocó la puerta. Miku y Kaito sólo los seguían.
-¿Quién es?
Se escuchó la voz de una mujer.
-Soy la princesa Rin.
Se abrió la puerta lentamente.
-¿Qué desea?
Dijo dirigiéndose a Len pensando que era Rin. Cuando habló "el sirviente" se sorprendió.
-Meiko, tú eres de los mejores soldados de este Reino…
-¿Qué? Allen, te cambió la voz muy aguda, más que de costumbre.
-Ella es la princesa.
Mencionó Len algo ofendido.
-¿Qué hacen con la ropa cambiada?
-Luego te explico. Este Reino te necesita Meiko, por favor.
-¿Yo qué gano?
-Cuidar tu casa.
-¿Y?
-… Cinco cajas de alcohol por 10 años.
-Veinte años.
-Hecho.
-Bien.
Meiko fue por su traje carmesí y salió, fue con el ejército de la princesa, el cual estaba cansado, pero Meiko los obligó a levantarse.
Mientras, Rin y Len entraron al castillo que estaba un poco intacto y Len se quitó el vestido en su cuarto, usando de nuevo su ropa de sirviente, fue al cuarto de Rin, tocó la puerta pero no hubo respuesta.
-¿Rin?... ¡Rin!... Voy a entrar.
Abrió lentamente la puerta y ella no estaba ahí.
-¡RIN!
Salió corriendo, temiendo que alguien le hubiese hecho daño a ella, cuando llegó al cuarto donde estaban guardados los instrumentos de guerra, encontró a Rin usando un traje color dorado parecido al de Meiko.
-¿Qué haces, Rin?
-Voy a unirme a esto.
-Pero…
-Fue una promesa, ¿No es así?
Luego Len entendió y sonrió asintiendo. Se acercó a una armadura color dorado también, era parecida a la de Rin, pero tenía diferentes terminados. Se lo puso encima de su ropa y tomó una espada.
-Vamos.
-Sí.
Ambos se dirigieron a la entrada de la puerta del castillo y el escenario era cada vez peor. Rin se acercó corriendo a un invasor al azar, lo tomó de la armadura y le gritó.
-¡¿QUIÉN ES TU LÍDER?
-¿De qué hablas?
-¡DÍMELO!
-¡Está en la torre más alta del Reino!
Dijo el hombre chillando cuando Len puso su espada en su cuello. Rin lo soltó y él se fue corriendo.
Al llegar a la torre, vieron que el líder de la invasión estaba a punto de tirar la bandera del Reino Amarillo para quemarla, justo cuando la iba a tomar, la espada de Len se puso frente a su cuello.
-¿Está seguro?
-Mi jefe me lo ha ordenado.
-Su jefe ha sido capturado.
Dijo Rin.
-No puede ser posible.
-Lo es. Si no quiere salir lastimado váyase con su ejército.
-No lo haré. Eso quiere decir que ahora el Reino Amarillo es mío.
Rin se hartó y tomó por sorpresa la espada de Len sin preguntar, aún apuntado al sujeto, y se acercaba, éste mientras retrocedía.
-Estoy harta. Este Reino me pertenece. Mi padre me lo heredó y no permitiré que por un capricho suyo o de cualquier persona se vuelva atrás todo por lo que mis antepasados han luchado.
-Eres sólo una niña. ¿Qué puedes hacer? Ni tu vida puedes arreglar, sólo eres una inmadura, infantil, mimada, caprichosa, consentida e ingenua niña de 15 años.
-Claro que no… hoy cumplo 16. Y seré lo que me dices, pero no deseo el poder sólo por tenerlo.
Luego el hombre llegó a la ventana. Literalmente estaba entre la espada o el vacío.
-¡Espere, princesa!
Gritó ahora el general como si siempre le hubiese tenido respeto a la princesa.
-¡Esto es un malentendido! ¡Yo no quiero ser rey! ¡Sólo quiero ser alguien importante! ¡Pero ello acabó! ¡Ahora seré fiel a la corona de oro! Por favor. Seré su fiel sirviente, haré lo que sea.
-Sí que lo harás.
Dijo Rin empujando con la espada al sujeto por la ventana. Este cayó, pero no se hizo daño, Rin lo tenía calculado, caería en un montón de paja, pero ahí no terminaría, algunos de sus guardias esperaban a ese hombre ahí.
-Bien hecho, Rin.
Dijo Len.
-Ahora hay que sacar la bandera en el punto más alto de la torre para que se sepa quién ha ganado esto.
-Sí.
Ambos quitaron la bandera, fueron hasta arriba y colgaron la bandera en señal de triunfo.
Miraron alrededor y vieron que todo había terminado.
Seguían algunos incendios que se estaban apagando y las casas todavía estaban destruidas, pero eso se podía reparar.
Los invasores fueron llevados al Reino Café donde los encarcelaron por traición al pueblo, Miku y Kaito tuvieron la fortuna de que sus reinos no fuesen atacados y pudieron vivir en paz.
Kaito no le propuso matrimonio a Miku, porque cuando estuvieron en la cárcel del Reino Café escuchó la pregunta que le hizo Rin a Miku sobre la relación que tenía con Gakupo y Allen, lo del padre de la princesa de amarillo lo sabía, pero no lo de su hermano. Supuso que Miku todavía extrañaba a Allen y por ello decidió no intervenir y darle espacio y tiempo a la princesa de cabello verde.
Rin y Len se encontraban en el Reino Café para dar la ayuda que la princesa quiso proporcionar. Estaban todos en el mercado. Hablaba el hombre más conocido en el lugar.
-¡Gracias a estas personas ahora somos libres de la opresión! ¡Podemos caminar en las calles tranquilamente! ¡Nuestras casas están siendo reconstruidas! ¡Tenemos agua, comida, vestido! ¡SOMOS LIBRES!
Todos aplaudieron. Len volteó hacia Rin triste.
-¿Qué sucede?
Preguntó ella.
-Rin… lo siento, yo te amo y lo sabes, pero lo nuestro no puede ser, por más que queramos no podemos quebrantar esta ley. Eres una princesa, yo un plebeyo. No se puede.
-Pero…
Ella comenzó a llorar. Len la abrazó, pero no podía dejarla, más tenía que hacerlo, regresar a su Reino natal, ser un plebeyo más y lo peor, tener que vivir sin Rin.
Nadie había notado las lágrimas de Rin. Todos ya sospechaban un romance entre la princesa y el chico. El señor conocido volvió a hablar dirigiéndose a los padres de Len.
-Y ustedes… son nuestros héroes. Por eso entre todos tomamos esta decisión. Nosotros queremos que ustedes, Shin y Akane Kagamine… sean los nuevos reyes del Reino Café.
Todos aplaudieron de nuevo. Los rubios abrieron los ojos y se separaron. Los padres de Len hablaron.
-Sería un gran honor cuidar de la prosperidad de este Reino.
-¡Ahora oficialmente son nuestro reyes!
Gritó el hombre. Se oyeron aplausos.
…
Pasaron tres meses para que el Reino Amarillo se recuperara completamente y seis para que el Café se recuperara.
El palacio estaba adornándose para la coronación de los nuevos reyes. Shin y Akane estaban preocupados, era una decisión importante, pero ambos vieron y vivieron la esclavitud que el gobernante anterior había impuesto. Se sonrieron uno al otro, eso les recordaría que debían liderar y guiar a una población para el bien y no el mal.
Len estaba en su cuarto arreglándose, era raro para él usar esa ropa con la más fina tela del país. Pero si sus padres estaban seguros de esa decisión, entonces él también. Su romance con Rin ahora podría ser posible, ya que él también sería un príncipe ahora.
La coronación empezó. Muchas personas que fueron valientes en defender su nación ahora eran soldados. Las mujeres no tenían que sufrir por el alimento que recibirían sus hijos. Todo estaba bien. El hombre del pueblo, ahora trabajaba en el castillo y anunció a los reyes y su heredero.
-Con ustedes: El rey Shin, la reina Akane y el príncipe Len Kagamine. Reyes del Reino Café.
Las coronas fueron puestas sobre las cabezas de los reyes.
Un general habló ahora.
-¡Presenten armas!
Los soldados elevaron sus espadas. La familia caminó sombre la alfombra y se detuvieron al final de esta.
-¡Con ustedes: La real familia Kagamine!
El Reino Café aplaudió. Todas las personas del país se encontraban ahí.
Después de la coronación hubo una fiesta. Invitaron también a los reyes y herederos de los reinos vecinos. Len estaba buscando a alguien.
-¡Rin!
-¿Qué sucede?
Apareció ella detrás de Len, quien gritó del susto.
-¡Me asustaste!
-Lo siento. Parecía que buscabas a alguien y me llamaste para ayudarte.
-No. Te buscaba a ti. Quiero hablar contigo.
-Claro. Dime.
-Podemos ir afuera.
Los dos salieron al jardín del castillo.
