Disclaimer:The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs toElise de Sallier.We just translate with her permission.
Disclaimer:La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama deElise de Sallier, solo nos adjudicamos la traducción.
Restoration
By: Elise de Sallier
Traducción: Yanina Barboza
Beta: Flor Carrizo
Capítulo 12
Con la mano de Demetri envuelta alrededor del brazo de Bella y su cuchillo presionado en las costillas, ella no tuvo más remedio que ir con él hacia el pasillo. Pero eso no le impidió luchar. Impulsada por la desesperación, lanzó una mirada a uno y otro lado con la esperanza de que podría haber alguien que fuera en su ayuda. Al ver que el oscuro corredor estaba vacío, sus hombros cayeron. Lord Whitlock había parecido tan sincero, pero el haber enviado a Demetri para protegerla debía significar que era parte de la conspiración. Si ese fuera el caso, él era un excelente actor. Si optaba por informar que ella se había ido por su propia voluntad por alguna razón, Edward ni siquiera podría darse cuenta de que era una mentira.
Arrastrando sus talones, miró hacia atrás con anhelo a la habitación donde él vendría a encontrarla.
—Ya basta de eso. —Demetri tiró de ella hacia delante, gruñendo cerca de su oreja—. Si hace lo que le digo, va a vivir para disfrutar de su luna de miel. —Ella gimió y él le dio a su brazo una torcedura dolorosa—. Tal vez disfrutar es la palabra equivocada, pero me parece una sobreviviente. Quién sabe, si le ruega a Felix él podría traerla en una de sus visitas al palacio con el fin de tomar ventaja de esas supuestas conexiones suyas. Es posible incluso que consiga ver a Edward otra vez... una vez que él esté debidamente casado.
Deseando que se callara y dejara de atormentarla con sus palabras, Bella le lanzó a Demetri una mirada feroz.
—Mis instintos estaban en lo correcto. No es más que un bruto y un matón.
—Y no lo olvide. —Su sonrisa era tanto engreída como viperina, enviando un escalofrío por la espalda de Bella.
—Usted actúa como si estuviera protegiendo los intereses de Edward, pero no se preocupa por él en lo absoluto, solamente por la ventaja política que puede obtener al estar cerca de él.
—¿Nunca ha oído hablar del poder detrás del trono? —Demetri arqueó una ceja mientras la arrastraba por un pasillo lateral—. Carlisle es fuerte, pero ingenuo... un fariseo. Él no va a estar en el poder por mucho tiempo. Edward tendrá mucho con lo que lidiar recuperándose de la pérdida de su padre, pero la decepción centra a un hombre... y lo hace abierto a la manipulación.
—¿De usted? —resopló Bella—. Edward sabe lo que hizo, cómo le mintió acerca de mí. Cualquier confianza que le tenía se ha hecho añicos.
Demetri se detuvo bruscamente y la empujó contra la pared, su nariz a pulgadas de la cara de ella.
—Él recobrará el sentido con el tiempo. Una vez que esté debidamente casada y en la cama de otro, perderá el interés y verá que le he hecho un favor. La princesa es una mujer hermosa y viene con su propio reino, una pareja perfecta para Volterra... y para Edward.
Bella abrió la boca para discutir pero luego la cerró. Tratar de convencer a un loco que estaba delirando era una pérdida de tiempo y enfurecerlo le había ganado nada más que una espalda magullada. Tendría que seguir la corriente, esperando el momento oportuno hasta que pudiera escapar antes de que se reunieran con el señor Félix. Ella debería haber mantenido la puerta cerrada con llave y esperado a oír la voz de Edward. Pero había estado demasiado ocupada disfrutando de la idea fantástica de que ella, Bella Swan, una chica esclavizada que había sido obligada a trabajar como criada por casi la mitad de su vida, había conquistado el corazón de un príncipe.
Una pequeña parte de ella temía que hubiera algo de verdad en las palabras de Demetri, que si ella estaba ausente de la imagen, las cosas podrían volver a la forma en que habían sido antes, la forma en que ambos reyes, Carlisle y Marcus, preferirían. La deslealtad de Demetri podría haber devaluado su opinión en los ojos de Edward, pero ¿cómo lucharía contra dos hombres poderosos, uno su propio padre? La probabilidad de que a Edward se le concediera permiso para casarse con ella era pequeña, la esperanza de Bella de que pudieran estar juntos no era más que un sueño, uno que había sido sustituido por la pesadilla del secuestro.
Otro gemido escapó de su garganta, pero fue ahogado por el sonido de la orquesta cuando entraron en una antesala que conducía fuera del salón de baile. Aunque no estaba lleno, había gente dando vueltas, y los músculos de Bella se tensaron mientras buscaba una vía de escape.
—Bueno, bueno, señorita Swan. —Demetri presionó el cuchillo más duro por lo que pellizcó su piel—. Vamos a recoger su capa y va a venir conmigo de buena gana. Los guardias no tendrán ninguna razón para sospechar que algo está mal, no hay razón para que suene una alarma, o para que le deslice esta cuchilla entre las costillas. Si sale de esta viva o muerta no hace ninguna diferencia para mí, siempre y cuando usted no esté presente para distraer al príncipe.
—Mi desmayo causaría una escena —dijo Bella, tentada a arriesgarse a una carrera por este mientras había gente alrededor que podría ayudarla.
—Diré que se ha desmayado y que la estoy sacando de la multitud. —El cuchillo se presionó un poco más profundo y ella se quedó sin aliento, moviéndose hacia un lado para escapar del ardiente escozor.
—¿Bella? ¿Eres tú?
Por un momento fugaz, Bella dio la bienvenida al sonido de la voz de Victoria, pero la esperanza de que su madrastra podría hacer algo para ayudarla, por una vez, fue efímera.
—Lord Demetri. ¿Qué está haciendo con mi hijastra? —preguntó Victoria una vez que estuvo lo suficientemente cerca para no ser escuchada por alguien más—. No me han pagado el dinero que me ha prometido. No está planeando en incumplir nuestro trato, ¿verdad?
—Debería. —Demetri gruñó las palabras y la expresión altiva de Victoria vaciló—. Usted tenía instrucciones estrictas para mantenerla secuestrada hasta que Felix llegara a recogerla en la mañana. ¿Qué diablos estaba pensando para dejarla venir al baile?
—No la dejé hacer nada. —Victoria fulminó a Bella con la mirada, la furia distorsionando sus rasgos—. Ella se liberó de un sótano con llave y, créame, lamentará su desobediencia.
—No por usted —dijo Demetri, tirando de Bella con él—. Se la voy a llevar a Felix ahora. No creo que sea demasiado difícil encontrar un cura dispuesto a realizar una ceremonia de boda en medio de la noche, no si es recompensado adecuadamente. No la voy a dejar fuera de mi vista hasta que el acto esté hecho.
—¿Pero qué pasa con mi dinero? —La voz de Victoria se alzó mientras se apresuraba para mantener el ritmo—. ¡No seré robada! ¿Me oye?
—¡Yo y la mitad del maldito palacio! —Demetri dio un paso hacia Victoria—. Mantenga su voz baja, mujer, y su boca cerrada acerca de lo que ha visto, y puede que todavía reciba su pago. Ahora camine con nosotros hacia el patio para despedir a su hijastra y deje de llamar la atención.
Flanqueada entre los dos, las esperanzas de Bella de escapar antes de que dejaran el castillo se desvanecieron. Rápidamente recibió su capa y fue empujada al carruaje esperando. Ben se preguntaría qué le había pasado, pero no había forma de conseguir hablar con él... o alguna ayuda para el caso, ya que el joven no era rival para las ideas de su captor. Trató de avisarles a algunos de los miembros de la guardia que había algo mal, pero ellos parecían inconscientes y obedecieron a Demetri sin cuestionar. Su última vista del patio delantero del palacio mostró a su madrastra, furiosamente callada pero incapaz de intervenir, no que ella hubiera actuado en favor de Bella aunque pudiera.
Luchando para contener las lágrimas, Bella apoyó la cabeza en el asiento acolchado de cuero. ¿Cuántos niveles del infierno sería obligada a soportar? Haberse reunido con Edward y después ser separados así era agónico. Aunque no estuvieran destinados a estar juntos, ella estaba segura que él habría hecho cualquier cosa para verla liberada del plan de Victoria y Demetri. Él había dicho que la amaba y ella le creía, el recuerdo de sus besos aún perduraba en sus labios. Ella le debería haber dicho que sentía lo mismo. La revelación podría ser una a la que recién había llegado, pero no dudada de ello en absoluto. Amar a Edward era tan fácil como respirar. Sospechaba que lo había amado desde el día que se conocieron, incluso antes de que hubiera llegado a conocerlo como un hombre bondadoso y honorable, uno que la había tratado con respeto a pesar de la desigualdad en sus posiciones. Reconocer sus sentimientos, incluso para ella, no había parecido ser inteligente cuando nada podría venir de ello, pero era demasiado tarde para negarlos ahora.
—Oh, Edward —pronunció su nombre mientras miraba por la ventana del carruaje, preguntándose si alguna vez lo vería de nuevo. Mientras más se alejaban del palacio, menos probable parecía que ella lograra escaparse. Regresar al castillo, sin ser detectada a pie, sería casi imposible. Un sollozo se elevó por su garganta, pero ella lo obligó a bajar.
Para el alivio de Bella, Demetri permaneció callado durante el viaje hacia la montaña, ya que no estaba segura cuántas burlas más podría soportar. El engaño no venía naturalmente, pero con el tiempo agotándose, ella decidió tratar y usar su complacencia para su ventaja. Cuando condujeron directo a través de la villa más cercana al palacio antes de girar hacia el camino que guiaba a Forks, un destino que ella había esperado pero del que no había estado segura, se armó de valor para preguntar.
—¿Podemos detenernos en la residencia de la costurera? Ella espera que le regrese este vestido, ya que solo es prestado.
—¿Por quién me tomas? —se burló Demetri—. No te daré la oportunidad de escapar, así que puedes sacar esa idea de tu mente.
—Estoy resignada a mi destino —mintió Bella, el encogimiento de hombros de Demetri le dio esperanza de que aceptara su declaración desesperada al pie de la letra—. ¿Qué clase de novia llega a su matrimonio con solo un vestido a su nombre, uno poco práctico que no pertenece a ella, por cierto? Ha ganado, mi lord. —Lo aduló con el apelativo que su madrastra había usado, insegura si él estaba titulado o no—. Por favor permítame la dignidad de embarcarme en mi futura vida con al menos unas posesiones a mi nombre. Eso salvará a mi nuevo esposo de tener que comprarme ropa.
Demetri se rio, un sonido estridente.
—Oh, no creo que le importe demasiado si no tienes nada para usar.
Un estremecimiento atravesó a Bella ante su mirada lasciva y la imagen que sus palabras inspiraron.
—Es invierno, mi lord. Necesitaré mis botas y mi capa. Por favor, sea razonable.
Su expresión se volvió calculadora.
—¿Por qué? ¿Qué gano yo con eso?
—Mi conformidad —dijo ella y él se encogió de hombros, esta vez con obvia indiferencia—. Quiere que Edward me olvide, que supere su encaprichamiento. —Tartamudeó en la palabra antes de continuar—: ¿Qué si él me viera del brazo del señor Felix, pareciendo feliz con mi nuevo destino en la vida? ¿Eso no ayudaría a su causa?
Demetri la estudió por un largo momento mientras Bella le sostenía la mirada... y contenía la respiración.
—Muy bien, entonces. —Sus ojos se estrecharon aún más—. Pero si me traicionas, te arrepentirás. ¿Entendido?
Preguntándose de qué podía arrepentirse más que de casarse con el señor Felix, Bella asintió.
Alice abrió la puerta de inmediato ante el golpe de Bella, sus ojos se agrandaron cuando vio a Demetri asomándose sobre el hombro de su amiga.
—He venido a regresarle el vestido, después lord Demetri me escoltará a mi boda con el señor Felix —dijo Bella, haciéndole señas a Alice con los ojos como platos para que no reaccionara.
—Oh, ya veo. Muy bien, señorita Swan. Si viene por aquí se puede cambiar en el vestidor.
—No tan rápido. —Demetri jaló a Bella detrás de él y entró primero, comprobando que el cubículo estuviera desprovisto de ventanas o puertas por las que ella pudiera escapar—. Estaré esperando justo afuera, así que no te hagas ninguna idea.
Bella mantuvo la cabeza baja, agradecida de que le permitiera privacidad para desvestirse... y por la oportunidad de hablar con Alice.
—¿No conseguiste ver al príncipe?
—No, lo vi. —Bella sonrió ante el recuerdo—. Bailamos juntos, nos besamos y me dijo que me amaba.
—¿En medio del salón de baile?
Color apareció en las mejillas de Bella.
—No, claro que no. Me llevó a una habitación donde pudimos estar solos. Él estaba molesto al principio, ya que pensaba que lo había engañado. Me envió una carta con Demetri, ese horrible hombre ahí afuera, pero nunca la recibí. El canalla mintió y le dijo a Edward que ya no quería más su ayuda... solo su oro.
—¿Oro? ¿Qué oro?
—El oro que Demetri le va a pagar al señor Felix para que se case conmigo, así Edward ya no me querrá. Aunque no creo que Edward pueda tenerme, ya que ni su padre ni el padre de la princesa Rosalie lo permitirán. Eso sí, ahora hay una pequeña posibilidad de que la princesa no quiera casarse con Edward, no después de que ella nos pilló besándonos.
—¿La princesa Rosalie los pilló a ti y al príncipe Edward besándose? —La voz de Alice terminó en un chillido y Bella la hizo callar.
—¿Qué está pasando ahí dentro? —demandó Demetri y Bella le aseguró que no se demoraría mientras se sacaba su hermoso vestido.
Alice lo puso con cuidado a un lado, después se inclinó cerca de su oreja.
—Pase lo que pase, no debes terminar con este tipo Felix. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?
—Necesito descubrir dónde Demetri me va a llevar, así Edward sabe dónde buscarme una vez que se dé cuenta que he sido secuestrada —susurró Bella, sus dedos se cruzaron para que él no creyera las mentiras de lord Whitlock—. No creo que sea lejos, ya que el señor Felix iba a venir por mí en la mañana.
—Tengo una idea. —Alice le sonrió con confianza antes de insistir en que Bella se vistiera con un vestido mucho más bonito que el trasto harapiento con el que había llegado más temprano esa noche—. Confía en mí —susurró, sus rasgos formando una máscara profesional antes de que abriera la cortina y enfrentara a Demetri que estaba esperando.
—La señorita Swan me ha informado que su futuro esposo espera usar sus conexiones familiares para impulsar sus ambiciones, en cuyo caso ella necesitará un guardarropa apropiado. Ya que estoy ansiosa por incrementar mis negocios con aquellos que frecuentan el palacio, me gustaría ofrecer mis servicios, comenzando por proveer este vestido para que ella use en su boda.
Demetri frunció el ceño.
—Me importa un bledo lo que ella use.
—Ya hemos acordado que mi cooperación podría ser beneficiosa, ¿verdad? —dijo Bella, tratando de mantener la desesperación fuera de su tono—. Estoy tratando de hacer lo mejor en mi nueva situación. Usted dijo que si complacía a mi nuevo esposo, él podría tratarme más amablemente.
Demetri resopló.
—Yo no contendría la respiración, pero la idea tiene algo de mérito, supongo. Muy bien, entonces. —Se giró hacia Alice—. Puede juntar un guardarropa para la futura señora de Felix, pero nada demasiado extravagante.
—Por supuesto. —Alice hizo una reverencia, dedicándole a Bella un guiño pícaro—. ¿Dónde tendré que entregar las prendas y demás cosas?
—Le avisaré después de que la feliz pareja esté instalada en su nueva morada —dijo Demetri y Bella hizo su mejor esfuerzo para no dejar que sus hombros se hundieran. Por supuesto, el astuto soldado no revelaría su destino tan fácil—. Mientras tanto, puede acompañarnos a la posada en el camino y actuar como testigo en el casamiento de su amiga, no crean ni por un momento que no sé que ustedes están tramando algo. Usted acompañando a la señorita Swan debería quitar cualquier tentación de su parte para portarse mal, eso si ella se preocupa por su bienestar, señora Brandon. Estoy seguro que el cura local estará más cómodo oficializando las nupcias si la novia en cuestión tiene a una joven a su lado y deja claro cuán complacida está por su elección de esposo, ¿no cree?
Bella miró a Alice, tristeza y arrepentimiento en sus ojos. Ella no debería haber venido aquí. Arriesgar a su amiga era imperdonable.
—Claro que quiero asistir a las nupcias de la señorita Swan —dijo Alice, su voz firme—. Solo deme un momento para comprobar a mi hija antes de nuestra partida. ¿Asumo que no estaré lejos por mucho tiempo?
—Una hora, dos como mucho. —Demetri se encogió de hombros.
—Ella duerme profundamente. Ni siquiera sabrá que me fui. —Alice sonrió y se metió en la habitación trasera, regresando después de un momento con una capa envuelta alrededor de sus hombros y otra para Bella—. ¿Vamos? —Gesticuló hacia la puerta, actuando exactamente como si estuvieran saliendo a tomar el té de la tarde.
—No tan rápido —gruñó Demetri y agarró el brazo de Alice, forzándola a desandar sus pasos.
—Mantenga la voz baja —regañó Alice—. Si despierta a mi hija y ella se da cuenta que me voy, llorará como un banshee y despertará a toda el pueblo.
Los ojos de Demetri se ampliaron ante la improbable amenaza, pero hizo lo que le pidió, dándole un rápido vistazo a la habitación con la niña dormida y la cama vacía.
—Ahora, andando —dijo una vez que habían cerrado la puerta de la habitación, pareciendo satisfecho—. Mientras más pronto la señorita Swan se convierta en la señora de Felix, más rápido el príncipe heredero se olvidará de ella y cumplirá con su deber.
Las lágrimas quemaron en la parte posterior de los ojos de Bella y ella rápidamente las apartó.
—No pierdas la esperanza —murmuró Alice mientras Demetri hablaba con el conductor—. Edward dijo que te amaba, ¿verdad?
—Sí, pero él tiene responsabilidades...
—Las que apuesto que incluyen asegurarse que la mujer que ama esté a salvo. Solo tenemos que demorar las cosas tanto como podamos y rezar para que él no pierda el tiempo.
