les recuerdo ke la historia al igual ke los personajes no me pertenecen son propiedad de Nora Roberts y Stephanie Meyer yo solamente la adapte..

ojala les guste y ahora a leer..

Capitulo 12

Los días pasaron llenos de excitación y acepciones.

Rosalie trabajaba con Emmett mientras él aseguraba el pas de deux de Le Corsaire. La coreografía tenía que quedar bien ante la cámara, le explicó. Si iba a ser filmada, tenía que parecer compuesta para ello. Era algo muy distinto a bailar ante el público en un teatro.

Durante el primer ensayo, Rosalie vio que Emmett había cumplido con sus obligaciones, y que había preparado cada ángulo y secuencia con el director de la cadena televisiva.

Ella pasaba los días entre clases y ensayos, pero por las noches solía estar sola. El trabajo de Emmett como coreógrafo y director artístico lo mantenía constantemente ocupado. Había otros ensayos que dirigir, piezas que necesitaban reajustes, reuniones para discutir el presupuesto y muchos asuntos que tratar con el personal de la televisión.

Tampoco tenían mucho tiempo en los ensayos. En ellos trabajaban como dos bailarines o como bailarina y coreógrafo, ajustando los movimientos a la música. Aunque discutían en algunos aspectos, los cambios que Emmett introdujo en The Red Rose no supusieron muchos problemas. Se emplearon más a fondo en Le Corsaire. Era una obra que se ajustaba perfectamente a la creatividad de Emmett, y Rosalie se obligó a superarse a sí misma.

Él le criticaba pequeños detalles como el ángulo de la cabeza o la forma de extender los dedos. Parecía que no se cansaba nunca, y eso la obligaba a mantenerse a su ritmo si no quería quedarse atrás. A veces preguntaba de dónde sacaría Emmett tantas energías. Podía bailar durante horas seguidas y luego enfrascarse en interminables reuniones.

Le había dicho que tendrían las noches para ellos solos, pero no iba a ser así. Desde el primer día, Rosalie se quedaba sola en su apartamento. Siempre le había gustado disfrutar de la soledad, pero en aquellos momentos era distinto. Se acercó a la ventana y subió la persiana para contemplar la oscuridad exterior.

Un golpe en la puerta la sobresaltó. No podía ser Emmett, pensó mientras cruzaba la habitación. Miró por la mirilla y se quedó unos segundos con la mano en el pomo. Al final soltó una profunda espiración y abrió.

—Hola, Royce.

—Rose —la saludó con una sonrisa—. ¿Puedo pasar?

—Por supuesto —se apartó para permitirle entrar y cerró la puerta tras él.

Iba impecablemente vestido con una chaqueta de piel y unos pantalones de sarga. Rosalie se dio cuenta de que habían pasado semanas desde su último encuentro

—¿Cómo estás? —le preguntó ella sin saber qué más decir.

—Bien. Estoy bien.

Detectó una cierta incomodidad en el tono de su voz y eso la tranquilizó un poco.

—Vamos, siéntate. ¿Te apetece beber algo?

—Sí, whisky escocés, si tienes —se sentó en una silla mientras veía a Rosalie servir una copa—. ¿No vas a tomar tú?

—No —le tendió la copa y ella se sentó en el sofá—. Acabo de tomar un poco de té —acarició distraídamente la cabeza a Nijinsky.

—Me he enterado que tu compañía está preparando algo para la televisión —agitó su copa y tomó un trago.

—Veo que las noticias vuelan rápido.

—Habéis encargado un nuevo vestuario —repuso él—. Es fácil enterarse.

—No se me había ocurrido —dijo ella cruzando las piernas—. ¿Van bien los negocios?

Royce apartó la vista de la copa y la miró a los ojos.

—Sí, me voy a París a final de mes.

—¿En serio? —le dedicó una sonrisa amistosa—. ¿Te quedarás allí mucho tiempo?

—Un par de semanas. Rose... —dudó momento y bajó la copa—. Me gustaría disculparme por las cosas que te dije la última vez que nos vimos.

Los dos se miraron tranquilos, y ella asintió satisfecha.

—No pasa nada.

Royce soltó un resoplido. No había esperado una absolución tan fácil.

—Te he echado mucho de menos... y esperaba que pudiéramos salir a cenar.

—No, Royce —respondió ella con hilaridad.

—Rose, estaba muy preocupado y enfadado. Sé que te dije cosas muy duras, pero...

—No es eso, Royce.

Él la miró con atención y dejó escapar el aire.

—Entiendo. Tendría que haberme supuesto que había alguien más.

—Tú y yo nunca fuimos más que amigos, Royce —lo dijo sin arrepentimiento ni enojo—. No veo por qué tiene que cambiar.

—¿Es McCarty? —soltó una breve carcajada al ver la expresión de sorpresa de Rosalie.

—Sí, es McCarty. ¿Cómo lo has sabido?

—Tengo ojos —respondió él—, y he visto cómo te mira —tomó otro trago de whisky—. Supongo que estáis hechos el uno para el otro.

Rosalie no pudo evitar una sonrisa.

—¿Eso es un halago o un insulto?

Royce negó con la cabeza y se levantó.

—No estoy seguro —por un momento se quedó mirándola intensamente. Ella no apartó la mirada—. Adiós, Rose.

—Adiós, Royce—dijo ella sin moverse de su sitio. Lo vio caminar hacia la puerta y cerrarla a su paso.

Tras unos minutos, llevó la copa medio llena a la cocina y vertió el whisky en el fregadero. Pensó en el tiempo que habían pasado juntos. Royce la había hecho feliz. ¿Sería cierto que algunas mujeres estaban hechas para un solo hombre? ¿Sería ella una de ellas?

Otro golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos. Se mordió el labio inferior. Lo ultimo que quería era otro encuentro con Royce. Se armó de paciencia y resolución, y fue a abrir.

—¡Emmett!

Llegaba cargado con dos bolsas y una botella de vino.

—Priviet, Milenkaya —cruzó el umbral y consiguió besarla por encima de las bolsas

—¿No se supone que esta noche tenías una reunión? —Rosalie cerró la puerta mientras, él dejaba las bolsas sobre una mesa.

—Las he cancelado —le sonrió y la estrechó entre sus brazos—. Ya te dije que los artistas tenemos derecho a comportarnos como queremos —le dio un rápido beso

— ¿Tienes algún plan para esta noche?

—Bueno... Supongo que podría cambiarlos... si algo me motivara más —era maravilloso estar entre sus brazos y sentir sus labios en la piel—. ¿Qué hay en esas bolsas?

—Mmm...Dejaremos esta para luego—señaló la bolsa más grandes— Y esta para ahora —con una fioritura abrió la más pequeña.

— ¡Pizza!

Emmett se inclinó y aspiró el aroma con los ojos cerrados.

—Para morirse... Vamos, trae los platos antes de que se enfríe.

Rosalie corrió a la cocina.

—Te haré sudar en el ensayo de mañana —la advirtió él levantando la botella de vino—. Necesito un sacacorchos.

—¿Qué hay en la otra bolsa? —preguntó ella mientras sacaba los platos.

—Más tarde. Tengo hambre —miró a Nijinsky, que se había acercado al oler la pizza—. Tranquilo, recibirás tu parte —al oírlo, Rosalie sintió que el corazón se le expandía en el pecho.

—Estoy tan contenta de que hayas venido...

—¿Por qué? —le preguntó él con una sonrisa.

—Porque me encanta la pizza —respondió Rosalie con una sonrisa.

—De modo que te he conquistado por el estómago, ¿no? Es una costumbre rusa — descorchó la botella con pericia.

—Desde luego —ella sirvió las porciones de pizza en los platos.

—Vas a parecer una albóndiga en el escenario — se sentó junto a ella y llenó las copas de vino—. Si tenemos tiempo para interpretar Carnaval, tú serás Columbine.

— ¡Oh, Emmett! —protestó ella con la boca llena de pizza.

—Unos ensayos adicionales ayudarán a que no te quedes rechoncha y mofletuda.

—¿Rechoncha?

—No quiero romperme la espalda al levantarte —se burló él con una sonrisa maliciosa.

—¿Y qué pasa contigo? —le preguntó ella con dulzura—. ¿Quién querrá ver a Arlequín con barriga?

—Mi metabolismo jamás lo permitiría —respondió él muy satisfecho de sí mismo. Se zampó la porción de pizza y bebió un trago de vino.— He estado viendo algunas películas —le dijo de repente —. De Fred Astaire y Gene Kelly. Menudos movimientos... Gracias a los ángulos adecuados de la cámara podemos apreciar el baile en todo su esplendor. Los ángulos son la clave.

— ¿Has visto Un americano en París? —preguntó Rosalie—. Me encantaría hacer algo parecido.

—Sería interesante —dijo él mirando al vacío.

—¿En qué estás pensando?

Él le clavó la mirada.

—Un nuevo ballet con algunas de vuestras típicas películas americanas... —sacudió la cabeza como si quisiera desprenderse de aquella idea—. Come más —le sirvió a Rosalie otra porción—.Cuando se peca, hay que hacerlo a lo grande.

—¿Otra costumbre rusa? —le preguntó ella con una sonrisa.

—Por supuesto —respondió al tiempo que le llenaba la copa.

Acabaron la pizza y le dejaron un trozo al gato. Emmett le contó cómo avanzaban los ensayos y le comentó algunos cotillees de la compañía. Cuando le preguntó sobre las secuencias de baile de las películas que no había visto, ella se las describió lo mejor que pudo.

— ¿Estás pensando en componer este nuevo ballet para la televisión? —le preguntó Rosalie mientras lavaba los platos—. ¿Es para esos proyectos que has accedido a hacer?

—Quizá —respondió vagamente—. A Nadine también le gustaría un documental sobre la compañía. Lo están considerando. Aprendí algo mientras rodaban Ariel y los demás ballets, pero las cámaras siempre estaban apartadas. En esta ocasión estarán por todas partes, y el director sabrá más de la danza que todos los demás con los que he trabajado — concluyó con una sonrisa mientras Rosalie le tendía un plato para que lo secara

—Te he echado de menos.

Ella lo miró. Cada día pasaban cuatro horas juntos, pero sabía a lo que se estaba refiriendo.

—Yo también te he echado de menos.

—Podríamos tomarnos algunos días libres cuando todo esto acabe... Antes de que comiencen los nuevos ensayos —dejó el plato y le acarició el pelo—. ¿Te gustaría venir conmigo a California?

A su casa en Malibú, pensó ella con una sonrisa.

—Sí —olvidó los platos y lo abrazó por la cintura. Estuvieron callados un momento, hasta que Emmett se inclinó y la besó en el pelo.

—¿No quieres saber lo que hay en la otra bolsa?

Rosalie soltó un pequeño gemido.

—No puedo comer nada más.

—¿Más vino? —susurró él.

—No —respondió ella con un suspiro—. Solo a ti.

—Entonces, vamos —se apartó y le tendió la mano—. Ya hemos esperado bastante.

Salieron de la cocina, pero ella se fijó en la bolsa cerrada.

—¿Qué hay?

—Creía que no te interesaba.

Incapaz de resistir la curiosidad, Rosalie la abrió y se quedó sin palabras.

Donde había esperado encontrar un enorme pastel de chocolate, estaba la piel de zorro que había lucido en Saks. La tocó con la punta de los dedos y miró a Emmett.

—No engorda —la tranquilizó él.

—Emmett... —hizo un esfuerzo por hablar y negó con la cabeza.

—Te queda muy bien. Y el color combina con tu cabello —tomó en su mano un mechón del pelo de Rosalie y lo dejó caer en sus dedos—. Es suave, como tú.

—Emmett —tomo su mano entre las suyas —. No puedo.

—¿No me está permitido hacerte regalos?

— Sí, supongo que sí —dejó escapar un pequeño suspiro. Era muy difícil explicarse con coherencia ante una sonrisa como la de McCarty—. Pero no un regalo como este...

—No has puesto objeción a la pizza — señaló él.

— No es lo mismo —soltó un gemido cuando le besó la muñeca—. Además, tú te has comido la mitad.

—Porque me gusta... igual que me gustará verte con esto puesto.

—Es muy caro.

—Ah, de modo que solo puedo hacerte regalos baratos —le apartó la manga y le beso la cara interna del codo.

—Deja de hacerme parecer una estúpida —protestó ella.

—No te hace falta mi ayuda para eso — antes de que ella pudiera replicar, la apretó con fuerza y la hizo callar—. ¿No te gusta?

—Sí, claro que sí. Es precioso —suspiró otra vez y apoyó la cabeza en su hombro—. Pero no tienes que comprarme nada.

—No, no tengo obligación de hacerlo —le deslizó una mano por la curva de la cadera—. Si lo hago es porque quiero — la apartó y le sonrió de nuevo—. Vamos pruébatelo.

Rosalie lo observó. Parecía tan generoso, impulsivo y... tan Emmett que no podía negarse.

—Gracias —dijo con una voz tan seria que él se echó a reír y la abrazó.

—Vuelves a parecerte a una lechuza. Prudente y sabía. Ahora, por favor, deja que te lo vea puesto.

Las pocas dudas que le quedaban a Rosalie fueron disipadas al oírlo decir «por favor».

Podía contar con los dedos de una mano las veces que se lo había oído decir en su vida. Sin más dilación, metió las manos en la bolsa y sacó la piel.

—Es precioso, Emmett. Realmente precioso.

—No te lo pongas sobre la bata, milaya—negó con la cabeza cuando Rosalie hizo ademán de ponérselo—. La piel de zorro se lleva con una tela de rizo.

Ella le echó una mirada y se desató el cinturón de la bata. La dejó caer al suelo se envolvió rápidamente con la piel. A Emmett se le hizo un nudo en el estómago al verla desnuda por un segundo. El pelo rubio le caía sobre el blanco azulado de la piel y los ojos le brillaban de entusiasmado

— ¡Tengo que ver cómo me queda! — aclamó Rosalie, y pensó en ir corriendo al espejo del dormitorio.

—Te quiero.

Las palabras le atravesaron el pecho y se quedó sin aliento, como si se hubiera caído en el escenario. El aire no le llegaba a los pulmones. Cerró los ojos, y apretó con tanta fuerza la piel que le dolieron las manos. No podía relajarlas.

Muy lentamente se volvió hacia él. Tenía la garganta bloqueada, por lo que sus palabras fueron casi inaudibles.

—¿Qué has dicho?

—Te quiero. Te lo he dicho en inglés, pero antes te lo dije en ruso. Ya tebya lyublyu.

Rosalie recordó las palabras que le había susurrado al oído cuando hicieron el amor, antes de que ella se quedara dormida en sus brazos. Las rodillas empezaron a temblarle.

—No sabía lo que significaban.

—Ahora lo sabes.

Ella se quedó mirándolo, sintiendo cómo el temblor le dominaba el cuerpo.

—Tengo miedo —susurró—. Llevo esperando mucho tiempo oírte decir eso, y ahora estoy asustada. Emmett... —tragó saliva con dificultad mientas sus ojos se llenaban de lágrimas—. No creo que pueda mover las piernas.

—¿Quieres caminar hacia mí o alejarte?

La pregunta la tranquilizó. Tal vez él también estuviera asustado. Se acercó a él y esperó a recuperar el tono normal para poder hablar.

— ¿Cómo se dice? —le preguntó —. Quiero decirlo en ruso.

— Ya tebya lyublyu.

— Ya tebya lyublyu, Nikolai —lo dijo titubeando por la pronunciación, pero vio cómo los ojos se le encendían y se abrazó con fuerza a él—. Ya tebya lyublyu —dijo otra vez—. Te quiero.

Él le besó el pelo, las mejillas y los párpados, antes de besarla en los labios.

— Ona-moya —dijo en tono casi salvaje—. Eres mía.

La piel de zorro cayó al suelo


ayy ke lindo Emm no? jejje espero les haya agradado el cap

nos leemos y recuerden ya casi llega a su fin.. pero si son fans de Rose y Emm (al igual ke mi jeje) pasense a leer Atraccion sin Limites ya que es una gran historia.. otra cosa graxias x las alertas los review los favoritos de veras mil gracias me hacen muy muy :) feliz jejje

nos leemos pasenla super..

byee