Capítulo 11
"Setsuna jamás me dijo cómo curar una herida hecha por un arma de plata, después de todo no fue tan buena maestra, eso fue algo que tuve que aprender sólo al igual que muchas otras cosas…
Cuando pienso en aquel fatídico amanecer, se detiene el tiempo, fue tan horroroso que creo que un mortal jamás se recuperaría de aquella impresión, como mínimo enloquecería para luego ser internado en algún psiquiátrico".
Darien llevó su mano al costado izquierdo de su abdomen, aún podía sentir como el filo de esa daga había dejado marcada para siempre su piel, su cuerpo, algo que jamás perdonaría al agresor.
"Esta maldita cicatriz…me recuerda siempre que a pesar de vivir por tantos años, nadie es poseedor de la vida eterna, en cualquier momento puede llegar un imbécil como el Zar y arrebatarme de un puñal la vida, claro que yo le arrebaté mucho más que eso…fue el precio por quitarme al único ser en el mundo que me hizo compañía, Seiya era más que un amigo, era como el hermano que perdí hace tantos siglos atrás, sus ideales eran igual de desquiciados que los de él…el único consuelo que me queda es haber bebido hasta la última gota de sangre de toda la familia del Zar y ver en sus ojos la desesperación y el temor a la muerte…esa fue mi venganza".
Darien se levanta de aquel enorme sillón y abre las delicadas cortinas de golpe, la luz de la luna reflejaba por completo el pálido rostro del vampiro quien al sentir la luz en sus ojos cerró los párpados inmediatamente, hacía ya tanto que no sentía los rayos de luz de la luna en sus ojos que ahora casi dañaban. Dio media vuelta y salió de aquella habitación, el recuerdo de la muerte de su amigo sacudió aún más sus recuerdos. Bajó por las largas escaleras de aquella hermosa mansión, abandonada por el tiempo, y se dirigió al salón, testigo de tantos bailes y romances, no había duda que el estar nuevamente en su hogar había hecho que todos sus recuerdo afloraran en su memoria…
Recorriendo cada lugar de la antigua mansión su mente volaba a lugares diferentes en el tiempo, aquellos momentos vividos allí eran sus más preciados recuerdos junto a los vividos en Moscú antes de su persecución.
Luego de revisar cada rincón, entro al despacho que alguna vez utilizó para sentarse en la silla tras el enorme escritorio, abrió algunos cajones en los cuales encontró papeles casi desintegrados por efecto del tiempo, apenas podía leer sus escritos pues casi estaban en blanco, allí encontró la carta que alguna vez le do a Andrew, su sirviente, esbozó media sonrisa y siguió hojeando los papeles. Posteriormente cerró el cajón y se quedó divagando la vista por la habitación…En ese momento sintió una punzada en la cicatriz que le había dejado el puñal del Zar, cerró los ojos y llevó ambas manos a la herida para comenzar a recordar…
"Cada vez que pienso en esta herida siento la ira recorrer por mis venas, ese maldito Zar, debí haberle hecho más daño del que le hice…
Pero creo que ya es hora de continuar con la historia que dejé pendiente, es obvio que sobreviví a aquella herida, pero estuve en los brazos de la muerte, y jamás lo olvidaré…
Y ahí estaba, tirado en el lúgubre sótano de alguna estúpida casa que jamás conocí…sólo las ratas me hacían compañía, a lo lejos escuchaba las miles de pisadas de los soldados de la élite imperial que me buscaban, abriendo las casas de golpe inspeccionando cada rincón esperando encontrar pistas mías, creían que yo dejaría algún rastro, para haber sido guardias de élite no eran muy inteligentes…
Llevaba dos noches en ese asqueroso lugar, dos noches desde la muerte de Seiya y la princesa Rei, y con cada minuto que pasaba el dolor era más profundo, la maldita herida sangraba más y más y el saber que yo no había podido salvarlos me envenenaba el corazón, el perder a un ser querido hasta para un vampiro es doloroso, compartí tan gratos momentos con él que aún me es increíble pensar que esté muerto, nunca supe como el Zar se enteró de nuestro origen, ni mucho menos de cómo cazarnos ni de cómo matarnos, pero para ese tiempo ya eran muy fuertes los rumores de que "las criaturas de la noche" como solían llamarnos, ya se estaban apoderando de Moscú, y los llamados "cazadores" comenzaron a involucrarse en las historias de vampiros, tal vez contrató a alguno de estos charlatanes para que le diese información nuestra…no lo sé, y hoy ya no me interesa.
Casi por instinto vendé mi herida, aunque con eso no resolví nada, la sangre fluía como el torrente de un río caudaloso, ya casi no sentí mis extremidades, estaba mareado, y la sangre de las ratas no me estaba ayudando, como pude decidí a la tercera noche salir de ahí, si no me movía la guardia imperial me encontraría, ya habían atracado a la mayoría de las viviendas cerca de ahí. Al paso más veloz que pude salí del sótano mientras la pobre familia dormía plácidamente, salí de la casa y caminé sin un rumbo fijo por las calles mientras mi herida dejaba huellas de sangre a su paso.
Caminé por horas, mientras no veía un alma en la calles, la sed me estaba consumiendo, la herida me estaba matando y no había ni una maldita alma en las calles para beber… de pronto la vi…ahí estaba, aquella hermosa joven que deslumbró mis sentidos, como fiera en celo me acerqué a ella sin darme cuenta, era una doncella que salía de un burdel, aunque eso no me importó, su belleza no era la de una joven que frecuenta esos lugares, mucho menos de una mujer que trabaja en él…debió haber tenido unos 15 años, su nombre jamás lo supe, ni me interesó saberlo, yo sólo quería beber de ella, sentía que si probaba de su fresca sangre mis heridas sanarían, poco a poco mis colmillos comenzaron a salir de mi boca, estaba como poseído, mi cuerpo no respondía a mi órdenes, yo sólo reaccioné cuando me abalancé sobre ella con la poca fuerza que tenía y caímos al suelo, me miró con temor en sus ojos mientras mis colmillos estaban totalmente a la vista, y cuando estuvo a punto de gritar, los clavé en su delicado cuello, y bebí hasta más no poder, sentí como su pulso disminuía, y como sin pensarlo mi herida dejaba poco a poco de doler, era maravilloso, el mayor éxtasis que jamás sentí…Esa niña tenía el mismo misterio de Setsuna, aunque ella no era vampiro. Cuando recobré las conciencia luego del éxtasis que me dio su sangre, encontré su cadáver sin vida entre mis brazos, de pronto sentí unas enormes ganas de abrazarla, y la abracé hasta casi oír el sonido de sus huesos quebrarse ante la fuerza de mi abrazo, sin duda sería una bella mujer, una melena de cabellos tan negros que se podía ver un reflejo púrpura en ellos, ojos oscuros al igual que su cabellos con un inocente esplendor, tez blanca como la mía, brillante ante la luz de la luna que adornaba su frío rostro ya sin vida. La cargué entre mis brazos y por un momento sentí los deseos de no haberla matado, aunque si no lo hubiese hecho sería yo el cadáver y no ella…la llevé a una oscura plazoleta en la que sólo se veía el resplandor de algunas velas en las casa aledañas y dejé su gélido cuerpo en una banca frente a un majestuoso árbol, recogí una rosa blanca de un rosal que estaba junto a la plaza y la puse entre sus manos, me quedé allí observándola por unos instantes hasta que oí una voz que me sacó de mis pensamientos…-Hotaru!- Se oyó gritar a lo lejos la voz de una preocupada mujer- Hija dónde estás?- No sé si estaría buscando a aquella muchacha que yo acababa de asesinar, pero era claro que no me quedaría a averiguarlo, así es que salí de aquel lugar y como fue nuestro plan con Seiya me dirigí nuevamente a la frontera para huir para siempre de Moscú, refugiarme algún tiempo en Alemania para luego continuar mi viaje a España y esconderme para siempre de mis perseguidores".
