Stephanie Meyer es la creadora de los hermosos personajes, yo solo los he tomado prestado.

Summary: ¿Qué haces cuando tu vida perfecta se cae? Bella Swan tenía todo lo que quería pero al ser dejada de la peor manera por su novio, todo cambia. Bella dejará de ser la niña dócil y linda que era.


Doceavo capítulo: Madame Bovary

Necesitaba encontrar esa foto, me acordaba claramente esa parte porque la realidad era que solo quería acostarme con él y el idiota del fotógrafo no colaboró.

Primero necesitaba saber cuándo demonios fue eso y la única persona que podía ayudarme era Rosalie. Ahora, explicarle la situación a Rose implicaría su burla sobre el asunto. Que tal día el mío.

-¿Qué pasa?- me preguntó, ella debía seguir en el avión, tenía para rato ahí.

-Tengo que contarte algo, he tenido un sueño, es como un recuerdo en realidad. Coqueteé con un chico en un bar hace años, luego me acosté con él…. – Rosalie empezó a reír.

-Por favor dime que le diste replay al sueño, sucedió miles de veces promiscua- traté de no reír pero era imposible.

-Ese no es el punto, con quien me acosté fue con Edward- escuché algo caerse del otro lado.

-¿Qué fue eso?- pregunté preocupada. –Mi cerebro- respondió ella. -¿Cómo mierda sacaste esa conclusión?- añadió.

-Te digo que tuve un sueño, luego ya me acordé como fue todo. Nos estuvimos mirando toda la noche hasta que tomé el valor de pararme al costado de él, coqueteamos y ya pues, pasó- Rosalie se rió todo el rato.

-Necesito que te acuerdes cuando fue, sé que fue alrededor de Mayo porque a las semanas presenté un trabajo final, es decir fue hace tres años por lo menos- le comenté.

-¿Te acuerdas si estaba saliendo con alguien?- traté de hacer memoria. Me acordaba haber salido del hotel, irme al departamento que compartía con Rosalie y que ella salía con Royce, un ex novio, hijo de una familia prestigiosa pero el malnacido era un perro.

-Estabas con Royce- escuché el lapicero haciendo contacto con el papel, esa era Rosalie haciendo cálculos.

-Ya sé cuándo fue, pero primero dime, ¿para qué quieres tener la fecha?- me había olvidado de comentarle esa parte. –Me acuerdo que nos tomaron una foto y pensé que tal vez en Facebook podría encontrar el bar y ver si la foto fue colgada- era ridículo pero por alguna razón lo encontraba importante.

-Fue a inicios de Junio del 2011, empecé a salir con Royce en Mayo pero terminamos y en esa semana fue cuando nos fuimos a ese bar que tiene nombre de prostituta, tu amaneciste en el hotel pero yo me fui al departamento porque Royce regresó a pedirme perdón, me acuerdo porque fue ahí cuando me propuso matrimonio- ¡¿Qué?!

-¡No sabía eso!- exclamé.

-No era en serio, solo que lo habíamos hecho y estaba emocionado- la escuché reír.

-Bells, tienes que ser realista cielo, no vas a encontrar esa foto ni si quiera sabes si el bar tiene una cuenta de Facebook, lo relevante acá es que te has acostado con Edward- tenía razón, pero igual haría mi pequeña búsqueda.

-¡Qué vergüenza volver a verlo a la cara!- exclamé. La mañana siguiente de lo sucedido, como era mi costumbre, me salí del hotel al amanecer sin despedirme.

-Nada de vergüenza, además no es por ofenderte promiscua pero no fuiste tan memorable que digamos- me sentí ofendida.

-Rose, hace años tenía el pelo rubio con extensiones y usaba tacos gigantes- de alguna manera tenía que defenderme. Rose empezó a reír. –El punto es que él no se acuerda pero tú sí- Dios nos libre de la perversión de Rosalie Hale. -¿Qué tan grande era?- podía sentir que me ponía roja. En verdad era una hipócrita, ahora tenía pudor cuando en ese entonces con las justas tenía mi nombre puesto.

-Estaba medio ebria, supongo que bien porque mis bragas nunca las encontré- era lo más sincera que podía ser. No me acuerdo si le hablé o no, con una resaca nunca es bueno hablar.

Caí en cuenta de algo, de alguna manera me había convertido en una persona más privada. No era una mala cualidad pero el contraste de lo que fui años atrás era sorprendente. Jacob tenía mucho que ver con eso. Me acuerdo que solía salir de mi casa siete de la noche y regresar al día siguiente o a los dos días con una resaca que se curaba con un caldo bastante caliente.

-Bueno, igual cualquiera que te pregunte, eres un diez en la cama promiscua- ¿Quién en su sano juicio me preguntaría eso?

-Estás loca, bueno entonces el tema lo dejaré ahí. En parte tienes razón, no se acuerda de mí- eso causó un poco de tristeza. Aunque nunca había que perder las esperanzas.

-Disfruta de tu soltería, tienes dinero, eres joven todavía, diviértete con tus amigos. Convence a Alice para irse al spa o algo así- esa era buena idea, necesitaba unos masajes urgentes.

-Gracias loca, te dejo, debes querer dormir. Te adoro, mándale saludos al oso- le dije.

-No sabes cómo me urge dormir. Te adoro, adiós- colgamos la comunicación.

Por unos minutos, sentada en mi sala, pensé sobre el vuelco que habían dados las cosas. Hace menos de mes y medio estuve a punto de casarme, ¿Cómo hubiera sido todo?

No sé qué llevó a Jacob a dejarme en el altar pero en estos momento no tenía intención alguna de averiguarlo.

Viví en una burbuja donde él era el centro del maldito mundo. Me dediqué a convertirme en lo que él quería. Cambié los tacones por zapatillas, las salidas a bailar por semanas escalando montañas en los prados, me dejé crecer el cabello porque él decía que se veía sexy; en fin, cambié demasiado, pero eso era todo. La nueva Isabella iba a vivir para ella, haciendo lo que ella quería y sin tratar de complacer a nadie.

Estaba delante de la puerta de Alice pero no me atrevía a tocar. Por alguna razón me sentía nerviosa, sus padres estaban ahí además que después de mi último descubrimiento…

-¡Bella llegó!- levanté el rostro, el pequeño bicho me miraba atenta desde su cuarto.

Inmediatamente Alice abrió su puerta, me dio un fuerte abrazo e invitó a entrar. –Mis papás están emocionados por conocerte- le sonreí tratando de demostrar seguridad pero por dentro me moría de miedo.

Cuando entré a la sala todos estaban sentados en los diferentes sofás. Los padres de Edward y Alice me recibieron con una sonrisa de oreja a oreja.

-Nuestros papás, Esme y Carlisle, ella es Bella, nuestra nueva amiga- lo primero que llamaba la atención eran sus vestimentas, ambos traían kimonos de color celeste.

-Acabamos de venir de Japón, trajimos uno para ti también- mi intención era darles un beso y un abrazo pero ambos hicieron el típico saludos japonés. Luego, Esme se acercó y me dio una pequeña bolsa donde había un kimono rosa. –Gracias – atiné a decir, Dios, eran raros. Alice tiene que haber leído mi mente por lo que me arrastró a la cocina.

-Peor estuvo cuando se fueron al Medio Oriente, se les metió en la cabeza comprarse un camello. Son buenas personas te darás cuenta cuando empiecen a hablar- le sonreí. Ella corrió ni bien me vio. –Hola bicho- le dije antes de darle un beso. –Tío Edward llamó, dijo que ya está cerca- Alice nos condujo a la sala nuevamente donde sus padres estaban viendo televisión.

-¿Dónde está Edward?- preguntó su padre. –Ya está viniendo papá- respondió Alice.

-Bella, Ella me comentó que también eres artista- asentí a la pregunta de la señora Esme. –Así es, desde hace varios años me dedico a pintar-.

-No hay nada como dedicarse al arte, yo soy pianista, es una pasión increíble- en eso tenía razón, era una sensación increíble entregarse a lo que más amabas.

-Alice me dijo que estuvo hace unos meses tocando en la Opera de Sidney- ella sonrió. –Es la tercera vez que me invitan a tocar, es un honor para mí- no pude contestarle porque ella siguió hablando. –Estuvimos en Japón porque a Carlisle lo llamaron para que ayudara en un proyecto, es una experiencia maravillosa Bella, es otro mundo, las personas son muy correctas, nada de basura en las calles, todos son muy trabajadores, puntuales y amantes de la música-.

-Fue una experiencia esclarecedora de la mente, nuevos aires; me encantaría que los chicos se mudaran para allá, en especial para Edward porque hay proyectos arquitectónicos increíbles- ahí me di cuenta de el por qué Alice hablaba tanto, tal madre tal hija.

-Cuéntame, ¿qué haces por Londres?- no sabía si no tenía la menor idea de lo que había pasado o simplemente no quería decirme, de cualquier forma se lo agradecía.

-Sigo mi arte, reconecto con mis raíces- vi sorpresa en sus ojos. -¿Eres británica?- asentí. –He estado en Estados Unidos por varios años- al terminar de hablar sonó la puerta de la entrada.

-¡Edward!- exclamó Ella, salió corriendo a su encuentro. Luego, ambos regresaron, la mirada de Edward al ver a sus padres fue un chiste. -¿Japón?- su padre asintió emocionado.

-¡Mi nene, abraza a tu madre que te ha extrañado muchísimo!- Edward rodó los ojos. –Tengo casi 30 años mama, no soy un niño- pareció sorprendido al verme, tal vez no sabía que estaba invitada. –Hola Bella, que gusto verte-.

-Hola- Alice inmediatamente nos invitó a la mesa para almorzar. Todo estaba delicioso por lo que estábamos todos seguros que ella no había cocinado. Ella se sentó a lado mío, me agradaba la pequeña bicho.

-A mis abuelos les faltan un par de tornillos- reí. –Pero los quieres mucho- ella sintió. –Cada vez que pueden nos vienen a visitar, también traen muchos regalos-.

Las conversaciones se centraron en las anécdotas de los padres de Edward y Alice, se notaba a leguas que ambos estaban viviendo sus vidas al tener ya dos hijos adultos. Aunque tal vez teniéndolos cerca la vida de Alice sería un poco menos agitada. Pero en fin, por algo sucedían las cosas.

-Te ayudo a recoger- le ofrecí a Edward, aceptó mi ayuda al ver que todos salieron corriendo con tal de no limpiar. –Alice salió a ambos, huyen del orden- reí con él.

Quedamos en que él lavaba y yo limpiaba todo.

-Bella, no he tenido la oportunidad de pedirte disculpas por lo de la última vez, fui muy descortés- no sabía exactamente que responder, tenía la sensación que si abría la boca diría: hace varios años nos acostamos en Los Ángeles y el asunto se jodería.

-Todos tenemos un ex al cual no queremos hablarle, pero ella tenía algo muy importante para mí así que ni bien la vi supe que tenía que perseguirla- seguía sin decir nada.

-¿Te quedas callada cuando te sientes incómoda?- asentí. –Eres una en un millón Bella- reí.

Maldita sea, tenía que coserme la boca. No lo iba a decir, me negaba a confesarlo.

-Ehh, ehh. No importa lo que haya pasado mientras que hayas solucionado el problema que tenías Edward- salió tan rápido que dudo que lo haya entendido.

-Felizmente todo salió bien. Capítulo cerrado- no pude evitar reír.

-Entiendo ese concepto, capítulo cerrado. Por lo menos tu no has salido del país- lo vi esbozar una sonrisa. –Esto de enamorarse resulta un poco complicado- dijo mientras guardaba lo cubiertos.

-Sé de lo que hablas, dicen por ahí que te dejen en el altar también resulta traumático- Dios, era ridículo bromear sobre lo que me había pasado hace casi un mes.

-Lo importante es que si no pasó, por algo es- le dije, en verdad lo pensaba. Pero esa fina línea entre la cordura y locura se hacía cada vez más difusa, era fácil confundirse.

-Ese guión que está en el medio es difícil de superar. Tú tuviste una relación de años, yo una de unos pocos meses pero creo que ambos nos enamoramos locamente, así que a ambos nos duele cuando todo acaba- me encontré sentada en la encimera con la cara entre las manos.

-¡Saca el cuchillo para clavármelo en el pecho!- lo escuché exclamar sacando dramáticamente el cuchillo del cajón. Levanté el rostro para reírme. El cuchillo se cayó por lo que me agaché a recogerlo, al mismo tiempo que él.

De alguna manera estábamos frente a frente. Literalmente podía sentir su respiración.

Me miró concentrado, parecía estar buscando algo en mi mirada. Lo vi negar varias veces. ¿Lo habría descubierto?

-Vayamos afuera, deben estar preguntándose por nosotros- asentí, bajé de la encimera y sin esperarlo avancé a la sala. Me sentía dolida.

Por la condenada hija de Cristo, a la que le faltan un par de tornillos es a mí.