Capítulo 12 Desenmascarando A Kodachi
"Escarbando Entre Mentiras Para Desenterrar La Verdad"
Akane se encontraba en el comedor, una humeante tacita de té verde yacía a escasos milímetros de su codo, oculta entre los fajos de papeles que estaban desordenados a lo largo de toda la superficie de la mesa, tenía un marcador fosforescente en la mano y subrayaba frenéticamente aquí, allá y acullá. Había bajado el teléfono de la mesita en la que estaba y lo dejó en el piso lo más cerca de ella que le permitió la longitud del cable, el auricular había rodado unos cuantos centímetros de la base por la brusquedad con la que colgó la última vez y de la bocina se escuchaban levemente los repetitivos pitidos de la línea cortada.
Esa mañana el señor Tendo expresó abiertamente su preocupación pues era la primera vez en más de 11 años que su pequeña hija no salía a correr en la mañana ni se asomaba siquiera al dojo para entregarse a su rutina diaria de entrenamiento. En vez de eso, se había levantado muy temprano, hecho unas llamadas y llenado la mesa con unos papeles que parecía haber aparecido de la nada. Aunque no era que no supiera realmente lo que estaba pasando, sino que dentro de su necia ignorancia, había albergado la esperanza de que su hija cambiara de opinión. Finalmente tuvo que darse por vencido y se ocultó en un rincón de la cocina a llorar en silencio como un niño castigado mientras Kasumi intentaba consolarlo.
La mano de la chica viajaba del marcador hacia la pluma haciendo anotaciones en los rincones mientras ella murmuraba por lo bajo, hablando consigo misma y deteniéndose a pensar, quedando completamente inmóvil durante varios intervalos durante los cuales repasaba en su mente ciertas fracciones de sus llamadas telefónicas. Estaba atrasada en todos los trámites necesarios para solicitar su entrada a la universidad, necesitaba reunir los documentos que necesitaba para cumplir los requisitos de la escuela y al mismo tiempo intentaba leer mapas curriculares y trípticos acerca de las carreras que ésta ofrecía para decidir a cuál quería aplicar. Vio de reojo pasar a Nabiki por la puerta, camino a la salida de la casa.
La mercenaria seguía furiosa puesto que no pudo obtener respuestas de su hermanita la noche anterior y evidentemente la espera la estaba tornando más irritable, además de que simplemente no podía comprender por qué Akane parecía tomarle más importancia a sus trámites escolares que al "honor" de la familia. Escuchó un portazo sin darle importancia, volviendo la mirada avellana a los folletos que sostenía frente a su rostro, sumergiéndose en la lectura del perfil del egresado de una de las carreras que más había llamado su atención. Frunció el ceño deslizando los ojos sobre las líneas y tras unos minutos, lo lanzó al montón de descartadas para tomar otro folleto de la mesa.
Nabiki llegó prácticamente echando lumbre por las orejas a la casa de la familia Saotome, pasó de largo sobre la señora Nodoka dejándola perpleja con el saludo en la boca y se dirigió confiadamente hacia la que sabía que era la habitación de Ranma. Por un momento la ira se le escapó de las manos al encontrarse con el cuarto vacío pero evidentemente correcto por el desorden que indicaba claramente la presencia de un muchacho, giró la cabeza al sentir una mano sobre su hombro. Se encontró con los ojos cafés de la madre de la familia que parecía no haberse ofendido en lo más mínimo por la forma tan desfachatada en la que la joven mercenaria entró a la residencia Saotome.
La mujer le ofreció una taza de té y la mediana de las hijas Tendo pensó que rechazarla sería negarle la posibilidad a su anfitriona de fingir que no notaba su rudeza. Al entrar al comedor se encontró con el gigantesco panda al que muchas veces había observado holgazanear en su propia casa, estaba acostado en posición fetal completamente dormido al lado de la mesa, su pelaje se movía al compás de su respiración. Los minutos que le tomó acumular la cantidad de tiempo necesaria para encubrir la ansiedad que sentía por salir de ahí en busca del chico de la trenza se le hicieron más que una eternidad y estaba a punto de anunciar su partida cuando justamente ese mismo chico apareció frente a la puerta.
- "¡Ranma!" –lo llamó, haciéndolo detenerse en medio del camino a su habitación, parecía no haber notado la presencia de la chica- "¿Dónde demonios estabas?" –el lenguaje y el tono de voz eran tan poco característicos de Nabiki que el aludido tuvo que retroceder horrorizado, reflejo de la actitud que solía tomar muy frecuentemente hacia Akane.
- "¿Nabiki?" –reaccionó al darse cuenta de a quién tenía en frente- "¿Qué estás haciendo tú aquí? Aunque…" –meditó un momento para luego tomarla de la muñeca y arrastrarla a lo largo del pasillo- "No sé cómo no se me ocurrió llamarte, ven conmigo" –la chica mercenaria estaba tan sorprendida que no pudo protestar y se dejó encaminar sin oponer resistencia.
La mansión de la familia Kuno estaba mucho más ruidosa y agitada que desde costumbre, la señorita ama estaba insoportable y desde muy temprano había despertado llamando a gritos a todo el personal para ponerlos a trabajar. Doncellas uniformadas pasaban de un lado a otro llevando bandejas, sacudiendo los rincones más inadvertidos, puliendo detalles de último minuto, mientras un pequeño ninja con uniforme púrpura cargaba cajas llenas de papeles acerca de los preparativos para la boda. La chica de cola de lado rió maniáticamente entrando a la cocina, lo que hizo que el chef que había contratado dejara caer una sartén por el sobresalto.
Esto pasó desapercibido por la gimnasta, quien continuó riendo de manera estruendosa al acercarse a una de las ollas. Dio un vistazo ligero al interior del recipiente que despedía una franja de humo blanco con un apetitoso aroma bajo la mano del hombre y con un asentimiento de cabeza, se dio la media vuelta ignorando altaneramente cuando éste le ofreció una cuchara para que probara el guisado que burbujeaba bajo sus narices. Salió de la cocina dando un portazo y el cocinero simplemente alzó los hombros mientras se llevaba la cuchara a la boca, Kodachi se fue a su cuarto después de regañar a un par de aterrorizadas sirvientas en el camino y enviar a Sasuke a recoger otra caja.
Se pintó la sonrisa radiante de color rojo quemado y se repasó las pestañas con rímel, después dirigió la atención al kimono blanco con rosas negras que estaba tendido sobre su cama. Sonrió complacida pasando su mano sobre el obi gris que completaba el atuendo, símbolo de su indiscutible victoria, dentro de sus alucinaciones estaba segura de que todo se lo debía al poder del amor que existía entre ella y su prometido. Soltó otra carcajada que atravesó la puerta entreabierta y el pasillo le devolvió el ruido sordo de una bandeja rodando por el piso, alguna doncella primeriza se había asustado y en su pánico dejó caer lo que estaba cargando. Como si no hubiera escuchado nada, la rosa negra se sentó de nuevo en el tocador y mirándose al espejo se soltó el listón rojo que le ataba el cabello.
Sonrió observando el movimiento de la negra cortina de sedosos hilos resbalando sobre sus hombros. Esa tarde la familia Saotome llegaría a comer a la casa para hacer los últimos preparativos y fijar una fecha definitiva, ya solamente sería cuestión de tiempo para que se convirtiera en la orgullosa señora de Ranma Saotome, el tan anhelado título que le había costado tanto tiempo y energía. Se pasó la lengua sobre los dientes, saboreando de antemano el fruto de todos sus esfuerzos y después de admirarse un rato más con los ojos vidriosos por la emoción, abrió un pequeño cajón de su tocador, del cual sacó una pequeña llave dorada.
Caminó lentamente al armario, procurando cerrar bien la puerta antes de arrodillarse frente a las manijas de madera, abriendo el ropero con sumo cuidado como si fuese a romperse bajo sus dedos cual frágil recuerdo. Empotrada en la pared, detrás de las prendas que estaban colgadas, había una caja fuerte que se abrió después de que ella tecleó la combinación correcta y dio paso a una segunda caja de color dorado brillante, hecha del raro "Metal de Memoria". Introdujo la llave de la cerradura y con un ligero "clic", su oscura sonrisa se acentuó aún más y sus ojos grises se iluminaron por el líquido que se acumuló en su superficie, reflejando claramente la imagen que tenía frente a ella.
Levantó la tapa lentamente, sintiendo cómo se iban acelerando los latidos de su corazón, de la caja se asomó el pico de una vieja tetera de aluminio amarillo y con la misma delicadeza con la que había hecho todo lo demás, la sacó pasando las yemas de sus dedos sobre la abollada superficie. Una lágrima de felicidad se desbordó de sus ojos y como si se tratase del recién nacido de una mamá primeriza, la acomodó entre sus brazos apretándola contra su pecho, entregándose de lleno a los recuerdos y dejando que el llanto se derrame copiosamente sobre el metal. A pesar de que estaba llorando con los ojos cerrados, en sus labios había una amplia sonrisa de felicidad.
- "Ranma, mi amor" –susurró apoyando la barbilla sobre la tapa de la tetera- "Ya falta poco para que estemos juntos, sólo un poco más" –inclinó un poco la cabeza hasta que una de sus mejillas entró en contacto con el aluminio- "Tienes que ser paciente…"
Un estrepitoso golpe proveniente de la entrada la hizo brincar sobresaltada en el lugar en el que estaba e instintivamente apretó contra sí el objeto que estaba abrazando, sin tomar en cuenta que la punta de la tetera se le clavó en el brazo. En la puerta del cuarto estaba parado su hermano mayor, emanando un aura de batalla tan cargada de furia que podía apreciarse a simple vista bajo la forma de lenguas de fuego y humo, traía puesto su uniforme de kendo y el bokken apoyado en un hombro. Sobreponiéndose a la impresión inicial, la chica depositó su tesoro dentro del armario, cerrando la puerta lentamente antes de girarse para hacerle frente al recién llegado.
Se puso de pie con una calma absoluta, como si no pudiera sentir el calor que emanaba del airado muchacho. Escuchó sus quejas sin ponerles realmente atención, llevaba casi una semana escuchando el mismo cuento acerca de que el relámpago azul nunca debía dejar de lado su bokken, especialmente en la presencia de un rival en el cual no se puede confiar y también supo, desde el momento en el que le ordenó a Sasuke -muy temprano en la mañana- que preparara el comedor, que Tatewaki llegaría protestando por la ausencia de su silla especial en el puesto más importante de la mesa. Aún así, no estaba dispuesta a tolerar las excentricidades de su hermano, no en una comida tan especial.
- "…y bueno, entiendo que quieras que use un esmoquin…" –continuaba hablando el chico, con las pupilas llameantes- "¡¡Pero no toleraré que quites mis fotografías de la hermosa Akane Tendo de la pared del comedor!!" –finalizó blandiendo su espada en dirección a su hermana.
- "¡No menciones a esa arpía en mi presencia!" –replicó la rosa negra, esquivando el ataque que estuvo a milímetros de alcanzarla pero que, sin embargo, cayó de lleno sobre el kimono que estaba sobre la cama- "¡¿Qué has hecho?!" –bramó arrodillándose frente a la prenda seccionada en tres piezas.
- "¡Eso es justo lo que merecías en castigo a tu crimen, loca mujer!" –rió triunfante el practicante de kendo, observando despectivamente la figura desolada de su hermana- "¡Ahora sí he cobrado la venganza en nombre de mi bella doncella!"
- "¡¡Esa maldita bruja!!" –chilló de forma escalofriante, lanzando su listón de gimnasia rítmica en un feroz ataque- "¡Cuando me case con mi muy amado Ranma-Sama, me desharé de ella de una vez por todas!" –lanzó un grupo de clavas al darse cuenta de que Tatewaki esquivó el primer ataque.
Solamente se escuchaban golpes y objetos rompiéndose en el piso de arriba, la familia Saotome había sido recibida por una preocupada doncella que los guió hacia la estancia con una enorme gota de sudor en la cabeza. Las paredes temblaban de vez en vez y pequeños fragmentos de concreto caían desde los rincones, mientras el eco de los gritos resonaba desde el techo. Genma fue el primero en tomar asiento confianzudamente y no dudó en ordenar un vaso de sake cuando la doncella se inclinó hacia él para ofrecerle algo de beber, Nodoka le lanzó una mirada reprobatoria a su marido y se sentó junto a él a regañadientes.
Después de que su madre rechazara el ofrecimiento de la sirvienta, el chico de mirada zafiro movió negativamente la cabeza al ver que se dirigía hacia él y permaneció de pie mientras la observaba salir de la habitación como si estuviera huyendo de algo que le causaba profundo temor. El encuentro parecía no tener fin y a pesar de que los empleados estaban reunidos en la entrada, ninguno de ellos se atrevía a atravesar el umbral de la puerta por temor a que alguno de los ataques se desviara y los alcanzase por accidente. Finalmente, fue el mismo Ranma quien se impacientó demasiado y decidió subir para poner fin a lo que consideraba una absoluta ridiculez, la planta de su pie estampándose en la cara de Kuno y la imagen de su presencia fueron suficientes.
- "¡Viniste a rescatarme, Ranma mi amor!" –exclamó la rosa negra lanzándose hacia él para abrazarlo, el cabello suelto caía revuelto sobre toda su cara y sus hombros dándole un aspecto maniático mucho más tétrico que de costumbre- "¡Yo sabía que te importaba y ahora has venido a mi auxilio como un caballero andante en flamante armadura!"
- "No sé qué rayos balbuceas" –la interrumpió tratando de apartarla de él- "Pero ya me cansé de esperar ahí abajo a que terminen con sus peleas infantiles" –se dio la media vuelta y salió de la habitación seguido de cerca por su prometida, dejando al relámpago azul inconsciente en el suelo.
Fue entonces cuando Kodachi se percató de que todavía traía puesto el mandil de ama de casa con el que había estado trabajando en conjunto con su séquito de sirvientes para tener todo listo para su almuerzo especial con la familia Saotome. Se detuvo horrorizada como si se hubiera estrellado contra una pared invisible y se llevó las manos a la boca ahogando un grito que estaba demasiado cargado de dramatismo para la simplicidad de la situación en la que se encontraba. Antes de que su prometido se diera cuenta de que ya no lo estaba siguiendo, corrió de nuevo a su recámara para rebuscar en el armario algo decente que ponerse, ciertamente ése era un percance que no había previsto y no tenía preparada una segunda alternativa.
Lanzó histéricamente prenda tras prenda, lamentándose la pérdida de su kimono blanco y maldiciendo a su hermano por lo bajo, hasta que se encontró con una yukata roja con estampado de diminutas rosas color rosa pálido. Dado que las circunstancias no le permitían darse el lujo de complicarse la vida atándose un obi, ésa fue la mejor opción que pudo encontrar, se apresuró a atarse el cabello en un chongo que decoró con un broche de rosas rojas y se pasó una capa de gloss brillante sobre el pintalabios rojo que se había aplicado antes del encuentro con su hermano.
Tras unos cuantos minutos, se encontraba descendiendo las escaleras hacia la estancia, donde se encontró con sus futuros suegros, la mujer vestida con un sencillo kimono color azul pálido y el hombre con un kimono masculino que le quedaba ajustado evidentemente por tratarse de una prenda que había comprado en su juventud. Ranma traía puesta exactamente el tipo de ropa que usaría en un día normal. La rosa negra pasó por alto el detalle de que él no se hubiese esmerado un poco más en elegir su indumentaria y amablemente invitó a los presentes a proceder al comedor para que se pusieran más cómodos y pudieran comenzar a definir los últimos detalles de la boda.
Nodoka estaba nerviosa, le había preguntado a su hijo acerca de la caja de chocolates que pretendía obsequiarle a su futura nuera, solamente para encontrarse con un empaque arrugado y parcialmente aplastado en la esquina de la habitación del chico. No sabía bien lo que eso significaba, pero presentía que no era nada bueno y no estaba segura de cómo debía comportarse, si bien una parte de ella le decía que debía apoyar al joven en los momentos tormentosos de su relación con Kodachi, animándolo para arreglar las cosas con ella, la otra la hacía sentir como si estuviera traicionando a Akane.
La gimnasta de cabello negro ordenó a sus empleados que llevaran aperitivos a la mesa y tronó los dedos repetidamente para llamar la atención de Sasuke, éste le acercó enseguida una de las cajas que había estado acarreando toda la mañana. Genma comenzó a picotear golosamente las botanas sin poner demasiada atención a las fotografías de trajes y vestidos que la rosa negra extendía sobre la mesa y se encontraba saboreando un takoyaki cuando la chica en cuestión sacó varias muestras de tela y se las acercó. Ranma por su parte parecía estar distraído y miraba ansiosamente a la puerta como si estuviera buscando algo, de vez en cuando se daba cuenta de que los ojos grises de su prometida se posaban sobre él y tosía fingiendo estar poniendo atención.
Quien en realidad estaba atenta a cada palabra de la anfitriona era la señora Nodoka, no le apartaba la vista a su interlocutora como si temiera que fuese a desaparecer en el breve instante en que sus ojos permanecían cerrados durante el parpadeo. No había terminado de describir las ideas que tenía para el diseño de las invitaciones cuando fue interrumpida por una sirvienta que se acercó a ella sigilosamente y le susurró algo al oído que hizo que le resbalara sudor frío por la sien. Tragó saliva y se puso de pie dramáticamente frunciendo el ceño para luego salir caminando apresuradamente hacia la sala.
Nodoka se quedó a la mitad de una oración en la que halagaba el buen gusto de su futura nuera y aún con la boca abierta, sus ojos cafés estaban fijos en el punto en el que se había desvanecido la antes mencionada. Su marido parecía no haber notado que algo no iba bien y continuaba recibiendo glotonamente los platos de bocadillos que desfilaban frente a él, la mujer buscó apoyo en la mirada zafiro de su hijo pero se encontró con una sonrisa satisfactoria que no pudo descifrar. Durante varios minutos se hizo un incómodo y denso silencio en el comedor, interrumpido únicamente por los ligeros murmullos del continuo masticar de su padre, el cual solamente hacía sentir cada vez más nerviosa a la madre de la familia.
Los empleados se habían escabullido hacia la cocina, dejando a los invitados completamente solos salvo por algunas ocasiones en las que una doncella se acercaba para reemplazar el plato vacío frente a Genma por uno con más comida. El muchacho de la trenza azabache no parecía perder su confianza a pesar de que estaban sumidos en una aparente incertidumbre y su sonrisa se acentuó cuando vio aparecer frente a la puerta a Kodachi, seguida del mismo notario que había dado el fallo final al caso. Detrás de ellos estaba un hombre de mediana edad, otro de anteojos alargados y una chica de cabello lacio y corto.
Ahora sí la esposa del hombre-panda ya no podía ocultar la sorpresa en sus ojos y tratando de interrogar a la gimnasta con la mirada, se percató de que ésta estaba completamente pálida y temblaba de pies a cabeza. Kodachi se acercó a la mesa con una expresión de terror como si acabara de ver al mismísimo demonio y mecánicamente movió la silla para tomar asiento, barriendo con las manos todo lo que había extendido sobre la mesa para dejarlo caer sobre la caja abierta que yacía en el piso. La chica de cabello corto se limitó a quedarse atrás como mera espectadora, con la sonrisa omnisapiente que estaba acostumbrada a desplegar mientras observaba a los demás actuar cual marionetas conforme a las intrigas que tanto le divertía confeccionar.
Los dos hombres que acompañaban al notario también permanecieron un par de pasos detrás de él pero lo suficientemente a la vista para dar a entender que formaban parte en el asunto, Ranma intercambió una mirada de agradecimiento con el de los anteojos para luego dirigir su atención hacia su prometida. A esas alturas, la rosa negra se veía aún más blanca por el contraste de su piel con la negra cabellera que caía sobre su frente y sus facciones estaban resaltadas por el brillo que le daba la capa de sudor que le cubría toda la frente y una franja por arriba de su labio superior.
- "Bien, Kodachi, supongo que ya te habrán explicado los señores a qué vinieron" –comenzó a hablar el chico de mirada zafiro con un tono ligeramente burlón, antes de que ninguno de los presentes pronunciara palabra alguna- "Así que decide ¿Quieres arreglar esto aquí y ahora, o prefieres que organicemos otra fiestecita como la que nos metió en todo esto?"
- "Yo…" –la aludida se aclaró la garganta- "Yo no sé de dónde han sacado estas calumnias, Ranma mi amor…" –titubeó nerviosamente sin recuperar el color- "Te aseguro que estos hombres solamente quieren cambiar el concepto que tienes de mí…" –tenía las pupilas tan contraídas que casi se le desaparecían.
- "El concepto que tengo de ti es muy claro" (("De que eres una loca")) –completó en su mente mientras se recargaba de forma arrogante en el respaldo de su silla con los dedos entrelazados detrás de la nuca- "Pero lo que nos interesa aquí es aclarar cierto punto que me pareció muy interesante en tu declaración" –sonrió disfrutando la forma llena de pánico en que ella tragó saliva y subiendo los pies a la mesa ante la mirada reprobatoria de su madre.
- "Lo que nos fue informado, Kuno-San…" –comenzó a hablar tranquilamente el notario después de aclararse la garganta para atraer la atención de los presentes, sosteniendo frente a él un papel que había extraído del portafolios que yacía abierto frente a él- "Es que usted…"
- "¡¡NOOOOOO!!" – lo interrumpió violentamente la aludida, abalanzándose hacia él por encima de la mesa como una enferma mental- "¡No aquí! ¡No en frente de Oka-sama y Oto-sama!" –lloró dramáticamente aferrándose a la tela del traje del notario, con la mitad del cuerpo todavía extendido sobre la mesa.
- "Eso debiste haberlo pensado antes de hacer lo que hiciste" –se acercó el chico de la trenza, quitándole de las manos el papel al notario para alargárselo a su madre pero sin quitarle los ojos de encima a su prometida- "Sabía que eras una sucia tramposa, pero jamás me imaginé que mentirías acerca de algo tan serio" –su expresión ahora había cambiado a un desprecio congelante que denotaba profunda repulsión por la llorosa muchacha.
La señora Nodoka tomó el papel que su hijo le estaba extendiendo y con mano temblorosa lo puso a la altura de su rostro para comenzar a leer, sus ojos cafés se deslizaban a lo ancho de la hoja, bebiendo cada palabra que leía como si se tratara de alguna sustancia extremadamente desagradable. En cuanto terminó de leer soltó el documento como si se tratara de algún animal amorfo que trataba de morderla y aún después de que hubo caído sobre la mesa continuó mirándolo con recelo como si temiera que fuera a atacarla en cualquier momento. Se llevó las manos a la boca inmediatamente y sus ojos se le llenaron de lágrimas.
Por su mente pasó la posibilidad de salir corriendo a buscar su sable y cumplir la promesa que había hecho con su esposo de obligarlos a cometer sepkku, aunque no estaba segura de si lo que acababa de leer ponía a su hijo fuera de la descripción de 'hombre entre los hombres'. La aparentemente exagerada reacción de su esposa hizo que Genma desviara su atención de los aperitivos para acercarse temeroso y leer el dichoso documento, dejó de masticar por la sorpresa y dejó caer el trozo de galleta que había estado sosteniendo cerca de su boca. Kodachi se había quedado quieta y en silencio mirando hacia el suelo desde su posición por encima de la mesa y el notario aún se masajeaba el cuello de donde le había apretado la camisa cuando la chica lo jaló.
- "¡¡Ranma!!, ¡¿Cómo pudiste hacer esto?!" –lloró desconsolada la mujer mientras su marido aún permanecía en shock detrás de ella- "¡Y a la pobre de Akane-Chan que siempre fue tan buena contigo!"
- "¡¿Es que acaso nadie me escucha?!" –se quejó frustrado, agarrándose la cabeza- "¡Acabo de decir que todo esto es una mentira de Kodachi!" –se acercó a su madre tomándola de los hombros para obligarla a mirarlo- "Y para probar que estoy diciendo la verdad, traje al doctor Tofú" –concluyó señalando al hombre de las gafas que había permanecido a prudente distancia hasta ese momento.
- "Buenas tardes señora, mi nombre es Ono Tofú" –se presentó amablemente el aludido, ante la mirada llorosa y un poco asustada de la mujer- "Y como acaba de decir Ranma-Kun, he traído conmigo a un especialista amigo mío que puede revisar a la señorita para saber si lo que está diciendo es verdad" –completó señalando al tercer hombre, que estaba parado a su lado, éste se limitó a asentir y levantar la mano como si estuvieran pasando lista en un salón de clases.
- "¿A qué se refiere con eso?" –interrumpió asustada la rosa negra, levantándose de golpe con una expresión de incomodidad- "¡¿Revisarme?!"
- "Así es, Kodachi" –le respondió su prometido mirándola como si fuera algo repugnante y vil- "El doctor Shirasaki es un destacado ginecólogo y puede saber tan sólo con mirarte, si alguien te ha tocado de esa forma o no" –sonrió ante el sonrojo de indignación y bochorno de la muchacha.
- "¡¡Jamás dejaré que un hombre me mire!!" –en sus ojos la humillación se reflejaba en forma de llamaradas de furia- "¡Esto es un ultraje!... ¡¡No lo toleraré!!, ¡¡ES INAUDITO!!"
Sin dejar de gritar como poseída, se arrancó con una mano la yukata que traía puesta y por un momento Ranma pensó que se estaba desnudando para que el ginecólogo la revisara frente a todos los presentes y sintió cómo le resbalaba el sudor frío por la frente ante la posibilidad de que ella hubiese tenido contacto con algún otro hombre y le echara a perder el plan. Sin embargo sus temores se esfumaron instantáneamente al ver la tela aguamarina del leotardo de gimnasia rítmica aparecer de por debajo de los restos de tela rasgada e instintivamente se situó delante de su madre para protegerla de lo que sabía que vendría después.
El listón rojo se dirigió hacia el enemigo más amenazador -el cual era representado en esos momentos por el especialista- y lo hubiera alcanzado de no ser por la intervención del doctor Tofú, que lo empujó hacia un lado y extendió el brazo frente a su rostro para que el listón se enrollase en él. Kodachi parecía haber perdido la razón por completo e incapaz de diferenciar entre una presa y otra, levantó al hombre de los anteojos y lo lanzó contra la pared más cercana destruyéndola parcialmente por el impacto. Al mismo tiempo, con la otra mano sacó un juego de clavas con picos alrededor y se las lanzó al notario como si fueran dardos, éste fue rescatado por Sasuke, quien lo cargó fuera del alcance del ataque disculpándose por el comportamiento de su ama.
Lo primero que hizo el chico de mirada zafiro fue poner a su madre en un lugar seguro y después de tranquilizarla, se encargó de que ambos doctores y el notario también salieran del comedor mientras su padre y Sasuke distraían a la endemoniada jovencita. El doctor Tofú estaba débil por el golpe pero fuera de eso parecía encontrarse bien gracias a su entrenamiento y le aseguró al chico que no había mayor problema, para que éste pudiera concentrarse en someter a su prometida sin preocupaciones extras. Cuando volvió a entrar al comedor, se encontró con el lugar prácticamente en ruinas a causa de las pelotas explosivas que Kodachi había materializado aparentemente de la nada y tanto su padre como el pequeño ninja estaban inconscientes en el piso, con la ropa rasgada y polvorienta.
Frunció el ceño esquivando un aro filoso, observando la expresión desenfrenada de su prometida, jamás la había visto así, completamente fuera de control, siguiendo los caprichos de una furia irracional que se había apoderado de su cuerpo. Por dirigir su atención al aro que regresaba cual boomerang por el mismo lugar por el que pasó, no se dio cuenta que de la otra dirección llegaba un listón rojo que se enrolló directamente sobre su cuello y lo levantó haciéndolo estrellarse contra el techo. Aparentemente la chica también había liberado todo su potencial de batalla al haber perdido toda consciencia humana.
Era como una máquina de matar que no se detenía ante nada y después de haberlo azotado varias veces contra todas las superficies de la habitación, apretó la cinta alrededor del cuello cortándole la respiración, la piel empezó a perder su color y el rostro a amoratarse. Fue con un esfuerzo digno de un encuentro contra Mousse o Ryoga que logró reventar el listón y liberarse de ser sofocado pero no pudo evitar caer de rodillas tosiendo violentamente por la falta de oxígeno y respirando agitadamente. No había recuperado el aliento por completo cuando fue atacado por otro grupo de clavas filosas que alcanzaron a rozarle los brazos haciéndole ligeras cortadas y seguidamente fue golpeado en la cabeza por una silla que colgaba al final del listón rojo.
Todo se puso oscuro y dejó de sentir su cuerpo, solamente podía escuchar una risa macabra que se iba colando a través de sus oídos, haciéndose cada vez más aguda y transformándose en un dolor punzante en el centro de su pecho. Después de eso todo se hundió en un profundo silencio, otra vez no podía sentir nada, como si de pronto se hubiese desprendido de su cuerpo, la suposición desató el pánico que aumentó aún más al sentir una sensación de frío en el estómago, un líquido helado que se iba expandiendo desde el abdomen hacia el resto de su cuerpo, una sensación familiar… apoderándose de su cuerpo… la sensación de la muerte.
Notas de la autora
¡Hola! Perdón por el horroroso retraso, pero para compensar prometo actualizar el fin de semana que viene, ya falta muy poco para el desenlace, espero no decepcionar a nadie y cualquier cosa que quieran comentar será muy agradecida. Ahora el breviario cultural:
Yukata: Es una prenda parecida al kimono pero a diferencia de éste, no va encima de las otras dos prendas y es más ligero porque está diseñado para ser usado en el verano. También es de colores más alegres y llamativos que los de los kimonos, ya que éstos últimos suelen ser más elegantes y discretos.
Obi: Es la bolsita que se amarra en la espalda con un moño enorme, se trata de una larga tira de tela que se envuelve en el torso de las chicas y normalmente requieren de ayuda extra para atarlo. Son pocas las mujeres en Japón que pueden atar uno correctamente por sí solas y si mi memoria no me engaña, incluso con ayuda, toman algo de tiempo por su grado de complejidad.
Takoyaki: Son las famosas albóndigas de pulpo y aparecen en un capítulo del anime en el que Kasumi lleva un paquete de ellas a la casa y van desapareciendo una por una. Para los que no las ubican, creo que son algo así como panes rellenos de pulpo (como las piezas duras del ceviche) y adornados con una salsa que se parece a la de los Okonomiyakis. En el manga también aparece un rival de Ukyo que se dedica a prepararlas y por una pelea que perdió contra ella, tuvo que usar una máscara durante unos cuantos años.
Oka-Sama y Oto-Sama: Una forma muy respetuosa de decir madre y padre respectivamente. Kodachi los usa refiriéndose a sus futuros suegros.
Nos vemos la semana entrante.
LunaGitana
