Capítulo 12: No podrás resguardarte de la oscuridad

Roxan contempló la nota con gran atención y curiosidad. Sabía de quién era la letra, pero dudaba que Víctor se hubiera levantado de su tumba para mandarle aquél mensaje codificado. Si no le habían informado mal, el cadáver de Stracciatella se había recuperado de entre los escombros del local. Estaba totalmente carbonizado, lo que dificultó su reconocimiento, pero tras haberle hecho las pruebas dentales y una autopsia, se confirmó que era él. Quizás se estuviera confundiendo y aquella caligrafía no fuera suya, si no de otra persona. Pero… ¿de quién?,se preguntó.

Roxan agitó el sobre, y encima de la cama cayeron un pequeño lote formado por quince fotografías echas supuestamente con una cámara instantánea. Frunció el ceño y las escrutó con la mirada, ahora desparramadas sobre las sábanas: en una, se le veía a ella, desde una perspectiva alejada y ligeramente desenfocada (del mismo modo que en el resto), levantando unas pequeñas pesas en el gimnasio; en otra, aparecía sentada frente al escritorio de Brian Irons, con aspecto cansado; y, había una, que le llamó especialmente la atención, en la que Roxan estaba tumbada en el césped de su pequeño jardín en compañía de Reynald. Así había otras once fotos más, de su día a día y en distintas situaciones cotidianas. A excepción de una, donde se le veía con Wesker en una situación "comprometida". Es un simple beso… Nada más…, se dijo intentando , aparentemente la tenía acorralada en la pared, sujetándole ambas muñecas por encima de la cabeza, mientras que con la otra le sujetaba la barbilla.

A Roxan le recorrió un escalofrío por toda la espalda, producto de aquél recuerdo.

Les dio la vuelta a todas, descubriendo que tenían una letra en cada fotografía. Seguramente formaría alguna frase o palabra, porque por alguna razón estarían ahí las letras, ¿no?

Comenzó a cavilar en la reacción que tendría Reynald al enterarse del ataque, y de que ella no le había mandado llamar. Espero que no se cabree mucho… Conociéndolo, pudo deducir que se pondría hecho un energúmeno. Gritaría cosas en ruso… Hmpf. Y con un acento muy sexy… ¿Pero en qué demonios pienso? También le reprendería por no haberle avisado, y juraría que mataría al individuo que la atacó. Quizás era muy sobreprotector, como un hermano mayor quizás. Y hablando del rey de Roma…

-Se-señorita Jones, un tal Arnold Reynald desea hablar con usted-le dijo una enfermera entrando en la habitación y tendiéndole un teléfono.

Reynald desea demasiadas cosas de mí, pensó Roxan mientras sonreía con cierta picardía. La enfermera le dirigió una mirada confusa, y se retiró. Roxan suspiró y cerró los ojos, poniéndose el teléfono en la oreja.

-¡Roxanna Jones Rex!-exclamó Reynald al otro lado de la línea.- ¡¿Cómo demonios se te ocurre hacerme esto?!

-Yo también me alegro de oír tu voz, Arnold Reynald Svirnov Ivanova-respondió ella con cierta sorna.

-Un loco psicópata te intenta matar, ¿y lo único que se te ocurre es ponerte a bromear?-replicó él. Ella casi pudo jurar que él estaba sonriendo, por cómo hablaba.

-¿Y para qué llamas? ¿Para reprenderme lo impertinente que soy? ¿Para echarme la culpa de que un maldito chiflado y perturbado me haya tratado de matar?

-He llamado porque me preocupo por ti, y me sentiría muy responsable de cualquier cosa mala que te ocurriese-contestó Reynald.

-Tú no tienes por qué sentirte responsable de lo que me ocurra. No eres ni mi padre, ni mi niñera y tampoco mí-

-¿Hablo con Roxan o con Pheseans?-le preguntó abruptamente Reynald, interrumpiéndola y logrando sacarle de sus casillas.

Roxan se sintió herida por aquella pregunta.

-¿Pe-perdona?-logró articular ella.

-Como comprenderás, eso de tener dos personalidades es… Confuso. Además, son tan distintas… De repente estás bromeando, y ahora me tratas como un don nadie.

-¿Me estás llamando bipolar?

Reynald deseó no haber hablado. Sabía que acababa de ser tocado, y hundido sin salvación alguna.

-Yo… Eh… Roxan, no pretendía…

-Que te den, Reynald-espetó ella colgando el teléfono y lanzándolo contra el sofá del cuarto.

¿Pero cómo demonios osaba siquiera insinuar que tenía una psicosis maníaco depresiva? Quizás simplemente no escogió las palabras adecuadas, y yo las he malinterpretado poniéndome enseguida a la defensiva. Un nudo se comenzó a formar en su garganta, y un extraño cosquilleo en el estómago le empezó a alertar de que algo iba mal. No sabía el qué, pero presentía que algo estaba ocurriendo, y no era bueno. Trató de ignorar sus instintos, y volvió de nuevo a Reynald.

A Roxan no le daba miedo que se cabreara también él, ya que sabía que al final ambos se reconciliarían… Pero era aquella sensación, la que le advertía de que por ventura, podría perderle: que quizás no querría volver a hablar con ella. ¿Por qué temes que te retire la palabra? Es una discusión con remedio fácil y sin importancia. Si no fueras tan cabezona, y tan orgullosa, cosa que has heredado de papá, todo sería tan sencillo como quitarle un caramelo a un niño, y podrías salvar vuestra relación, le dijo Pheseans. ¿De qué relación hablas? No somos novios, por si no te fijaste, le replicó Roxan. Aun así, no negarás que le quieres, ¿verdad? No de la manera en la que amaste a Wesker, pero le quieres, y a tu modo.


Wesker entró a su casa, con el semblante serio y empapado. Colgó la gabardina en el perchero situado en la entrada, y se remangó la sencilla pero elegante camisa negra que llevaba puesta. Comenzó a llamar a Sherry, asomándose al salón y a la cocina, para después subir las escaleras.

-Sherry, si estamos jugando al escondite, al menos podrías haber avisado-dijo Wesker, teniendo a cambio como respuesta un silencio absoluto. Un trueno se oyó a lo lejos.

Entró al baño y cogió una toalla, secándose el pelo y el cuerpo con ella. No surtió mucho efecto, pero al menos ya no estaba chorreando. Albert se echó la toalla sobre el hombro izquierdo, y se frotó las manos. Sintió un escalofrío recorrerle toda la espina dorsal, no únicamente por el frío, si no por un mal augurio, y se giró con el ceño fruncido. Se sentía observado, pero quizás fuera una simple imaginación suya. Volvió a llamar a Sherry, también sin respuesta.

-Sherry Birkin, sal inmediatamente de donde sea que estés, o te juro que sufrirás las consecuencias-amenazó él, mientras se cruzaba de brazos.

La niña asomó la cabeza, desde dentro del cuarto de Wesker. Tenía los ojos acuosos, y temblaba. Los dientes le castañeaban sobremanera. Albert sonrió al verla, y Sherry echó a correr hacia él, abrazándose a su cintura mientras lloraba. Él acarició la cabeza de la pequeña, a la vez que le decía palabras tranquilizadoras.

-Sherry, ¿ocurre algo?-preguntó Wesker poniéndose de cuclillas apoyando ambas manos sobre los hombros de ella.

-Tío Wesker…-musitó, gimoteando. Él le dio un pañuelo.-Creo que… Que alguien entró a casa…

-¿Y te… encerraste en mi cuarto?-cuestionó Wesker con cierto tono de desaprobación.

-Sí… Perdona, tío Wesker, sé que me tienes prohibido entrar, pero me sentía más segura allí.

-De acuerdo, Sherry. Pero la próxima vez, si no te sientes segura o crees que ha entrado alguien, llámame y métete en la buhardilla-sugirió él.

Sherry asintió. Wesker le dijo que se bañara y que después le haría algo de cenar. Sherry no pudo evitar sonreír cuando lo mencionó, haciendo que Wesker se riera entre dientes mientras sacudía la cabeza.

-¿Tan mal cocinero soy?-preguntó él, apoyado en el marco de la puerta de su despacho.

-¿Quieres que te sea sincera o que te mienta?

-Miénteme.

-Eres el mejor cocinero del mundo-respondió Sherry sonriendo de forma burlona.

Wesker sonrió para sí y se encerró en su despacho. Abrió los ojos como platos tras las gafas al ver que su despacho estaba patas arriba. Folios, cajones, libros y otros objetos estaban desparramados por doquier. Sí que ha entrado alguien… ¿Pero qué buscaba? Wesker pasó la mano por el lomo de uno de los pocos libros que quedaban en la estantería, suponiendo que no había encontrado lo que buscaba. Albert tiró suavemente del libro hacia fuera, haciendo que la estantería se deslizase con un sonido mecánico pero suave hacia la derecha.

Detrás, había una pequeña caja fuerte. Giró la ruedecilla numerada hasta que se abrió con un sonoro clic. Dentro, una muestra, otorgada por Drake, de lo que sería un intento de Virus X. La muestra real no la tiene ni el propio Drake, y aquello era lo más cercano que habían hecho, a partir de un paradigma obtenido de un análisis de sangre que le hicieron a Roxan, realizado junto con el chequeo médico del RPD. A penas quedaba la mitad del líquido en el tubo, debido a que alguien trató de robarlo o probablemente destruirlo. Más bien "algo", un ser cuya procedencia estaba fuera de la comprensión de todos, que algunas cámaras captaron. Era a penas una sombra.

Nunca lo habían visto en "persona", pero sí había oído muchas historias y leyendas sobre aquél ser, que los científicos y militares seguramente se inventaban. Le apodaban Schwarzen Engel, ángel oscuro en alemán. Decían que era un ente oscuro, una especie de monstruo capaz de crear ilusiones ópticas, y que cuando se veía en peligro o su cuerpo le fallaba, se convertía en una neblina oscura. Si el nuevo portador no era digno, mutaba de manera desenfrenada y monstruosa. En cambio, si era meritorio de portarle, ganaba sus habilidades, su supuesta inmortalidad y fuerza. Pero le arrebataba casi todo el sentido común y la humanidad.

Wesker se puso a pensar en lo maravilloso que sería estar dotado de esos poderes, sería capaz de cualquier cosa. Pero aquél maldito virus… Estaba literalmente desaparecido. Nadie sabía si todavía quedaba aunque sea una simple gotita del Virus X. Sólo había una persona el mundo que podría tener los últimos ejemplares. Pero, después de tantos años, ¿por qué iba Nathan a salir de su escondite? Y, ¿por qué iba a otorgarle a él la muestra?


Fred caminaba, con las manos entrelazadas tras la espalda, por los pasillos del RPD. Su ceño, fruncido, y su mirada preocupada, provocaban cierta curiosidad por parte de sus compañeros. Jill acostumbraba a ver a Fred serio, y casi sin emoción alguna en el rostro, al igual que Wesker. Quizás por eso se llevan también el Capitán y él, porque eran en cierta manera parecidos.

-¡Hey!-exclamó una voz, de hombre, a espaldas de Fred. Se giró y pegó un repullo al ver quién era.

-La-Laird…-musitó Fred, realmente sorprendido.

-Creí que no nos volveríamos a ver, amigo mío-dijo Laird sacando una sonrisa ladina.

-Eso esperaba yo también…-respondió Fred enarcando una ceja.

-Ahh, ese es el Fred que yo conocí… Tan borde y serio como siempre.

-¿Quieres algo, Llauger?-inquirió Fred de nuevo, logrando que Laird soltara una risita ahogada.

-Quería preguntarte si sabías algo de la chica esa, Roxan. Aun me debe un café.

A Fred no le sentó bien el humor de Laird. En realidad, en esos precisos momentos no le sentaba bien ningún tipo de humor.

-De todas maneras, ¿a quién se le ocurre mandar a la novata a una misión así? Esa chica no estaba cualificada para…-Fred dio una zancada, quedándose a escasos centímetros de Laird. Le miraba de forma amenazante, y una sonrisa socarrona se dibujó en su rostro.

-Que sepas, que esa novata que según tú no estaba cualificada para esa misión, ha sido capaz de lograr lo que los del SWAT no habéis logrado en cuatro años. La chica esa, ha arriesgado su vida, y ha estado al borde de la muerte para acabar con la anarquía del clan Stracciatella. Si no fuera porque la agente Jones entró ahí, aventurándose a cualquier cosa, probablemente el RPD y el SWAT habría perdido ya otras dos unidades más.

Laird se puso lívido. Quizás había subestimado y menospreciado a Roxan más de la cuenta. Fred dio media vuelta y retomó su marcha, dejando a Laird clavado en el sitio.

-Se nota que la aprecias-comentó Laird.

-Es sólo una compañera-replicó Fred.

-Amanda también era sólo una compañera para ti.

Cada uno de los músculos de Fred se tensó.

-Sólo espero… Que no se repita de nuevo lo de aquél día, Frederick-dicho esto, Laird se fue.

Fred aún estaba tenso. Lo de Amanda había sido un golpe bajo, que le sentó bastante mal. Pero, quizás tuviera razón Laird… ¿Y si se repetía la historia? Por eso mismo no se encariñaba a nadie. Porque temía perderles, como aquél día… Esos instantes en los que todo su mundo se fue al garete, para poder rescatarla a ella. Pero llegó tarde, y probablemente ahora ella estaría viva de no ser porque él se comportó como un egocéntrico e indolente. No logró salvarla, y perdió a demasiada gente aquél día…


-¡¿Qué has hecho qué?!-exclamó Rose dejando caer el brillo de labios rosa al suelo estrepitosamente.

Roxan suspiró, mientras ponía los ojos en blanco y mostraba una cansada sonrisa.

-Me ha llamado bipolar, ¿qué esperabas?-replicó Roxan alzando las cejas.

Roselyn bufó y se encogió de hombros, en un gesto de disconformidad.

-Pero no te lo ha dicho directamente. Además, ¿cómo puedes decirle que le den a ese bombón?

-Pues el bombón cree que soy una loca bipolar, repito.-Insistió Roxan.- ¿Quieres dejar de llamarle bombón, por favor?

-¿Acaso te molesta que le llame así?

Roxan hundió los hombros y suspiró, derrotada.

-Sí, Roselyn, me molesta que llames a Reynald bombón-admitió frotándose las sienes con ambas manos.

Rose a veces podía ser un poco pesada en aquellos aspectos. Pero, a Roxan le pareció normal. Aún era una adolescente con las hormonas revolucionadas.

-Roxan, sé que por dentro estás deseando abalanzarte sobre Reynald y…-la aludida levantó la mano e hizo callar a su hermana. No quería oír lo que Roselyn pretendía decirle, porque sabía que no le ayudaría en nada.

-NO estoy deseando violarle, Roselyn.

-Y yo no digo que desees eso, simplemente opino que quieres con todas tus fuerzas hacer esto:-Roselyn se dio media vuelta y se abrazó a sí misma, simulando que besuqueaba a alguien.

Roxan no pudo evitar reírse de lo exagerada que era Rose, que empezó a imitar su voz y a decir cosas como si fuera ella.

-Ohm, Reynald, que bien beesaas-Rose tenía un cierto tono cómico. Roxan se aguantaba la risa, y le lanzó una almohada para que se callara. Rose se giró y sonrió débilmente.-Hey, que estaba en la cúspide de mi actuación…

Roselyn dejó que las palabras muriesen en su boca, al ver a un hombre muy alto y exageradamente musculado, de pelo rubio y corte militar, con una cicatriz que le llegaba desde el labio superior hasta la sien derecha. Un uniforme del UBCS entre verde y ocre le confirmó a ambas la idea de que era un militar. Él dio un paso hacia delante, con la ceja enarcada.

-Veo que no se aburren, señoritas-comentó él, sonriendo.

-¿Quién es usted?-preguntó Roxan incorporándose en la cama y mirándole, con desconfianza y un pequeño atisbo de curiosidad.

-Hmmmm… ¿No sabe quién soy, Agente Jones?

Roxan negó con la cabeza, y un pequeño y fugaz brillo desilusionado y triste marcó la mirada del militar.

-Soy el padre del que besa tan bien, Roxan-contestó sonriendo.

-Un momento… ¿Es usted el padre de Reynald?- curioseó Rose.

Él asintió débilmente. Roselyn se sonrojó, y salió corriendo hacia el baño y se encerró en él, muerta de vergüenza.

-Oh, qué mona-comentó acercándose a Roxan.

-Discúlpala, no es consciente de las sandeces que dice-dijo ella negando con la cabeza.

-¿Cómo te encuentras?

-Bueh, he estado mejor, pero no me puedo quejar.

-¿Tienes idea de quién pudo querer matarte?

Roxan se sorprendió de que se hubiera enterado. En Raccon City las noticias volaban, al parecer.

-No, Dmitry. Si lo supiera, ¿no cree que habría alertado a todo el RPD?-masculló Roxan entre dientes.

-Ya, ya lo sé… Sólo era por asegurarme.

-¿Cómo…? ¿Cómo está…?

-¿Qué cómo está Reynald?-dijo por ella.

-Sí…

-Mal. Humillado y dolido contigo.

A Roxan aquello le caló hondo. ¿Humillado? Ella en ningún momento trató de humillarle. Ahora se daba cuenta de lo mucho que se había pasado.

-Dígale que… Que…-Roxan no pudo terminar de hablar, ya que enterró el rostro entre sus manos e intentó no llorar.

Dmitry se acercó a ella y le puso una mano en el hombro. Comenzó a pensar en si debía decirle lo que en realidad había venido a contarle, pero le daba tanta pena… Aunque sabía que si no se lo decía ahora ya no habría oportunidad alguna de contárselo.

-Roxan…-lo mejor en esos momentos era ser directo. Pero fue verle la cara, llena de tristeza y confusión, y decidió no decírselo.-No sé si te habrás dado cuenta pero…

-¿Pero qué?

-Reynald te aprecia muchísimo, más de lo que tú crees…

-No me está ayudando a sentirme mejor, ¿sabe?

Dmitry sonrió un poco.

-Ya… Ya sé que Reynald me "aprecia mucho"-admitió ella.

-Entonces por qué-

-Mire, Dmitry, quizás me he pasado con él, porque estoy teniendo un mal año, y unos malos días… Pero a pesar de eso, le quiero mucho-interrumpió Roxan.-Le conozco desde que tenía apenas dos meses de vida. Sé cuando se enfada, cuando está alegre, incluso cuando se ha empachado con solo ver sus gestos. Era imposible no darse cuenta de todo lo que me aprecia. Pero, como comprenderás, para mi es como un hermano mayor.

-No se por qué, pero creo que no me lo estás contando todo-replicó Dmitry, dedicándole un mirada paternal.-Te conozco desde hace tiempo, y he logrado ir reconociendo cuando mientes, cuando dices la verdad, o cuando me ocultas algo.

Roxan soltó un suspiro y tragó saliva. Sí, era cierto, quizás le ocultaba alguna que otra cosa.

-Yo… Para mi ha sido muy difícil escucharle hablar de sus ligues de una sola noche, de las fiestas que montaba por las noches y el montón de chicas con las que había flirteado. Y, ahí estaba yo, escuchándole, intentando que no me afectara el hecho de que… Una de las muchas chicas que suspiraban por él, era yo.

-¿Eras?-recalcó Dmitry.

-Sí, era. Reconozco… Reconozco que quizás pude estar enamorada de él en su momento. O probablemente era simplemente atracción, o un sentimiento algo confuso.

-¿Un sentimiento confuso?

-Sí, jolín. Mire, nunca he sido una persona amigable, por lo que no es que haya tenido una larga lista de amigos, y la única persona, el único chico con el que pasaba el tiempo era con él.

Pues, no entiendo nada; Reynald siempre estaba rodeado de chicas, y se fijó precisamente en ella, pensó él, realmente confundido. Miró su reloj y se percató de que había pasado más tiempo del debido en el hospital. Debía regresar de inmediato al trabajo. Que fuera uno de los jefes no quería decir que se pudiera escaquear, justo al revés. Era el que más responsabilidades tenía de allí, y el UBCS no se iba a manejar solo. Aunque Mikhail estuviera por allí, aquello era como tratar de amansar a unas fieras. A veces, eran muy serios y responsables: otras, eran bastante inmaduros… Cuando una chica rondaba por allí.

-Me tengo que ir-dijo él, dirigiéndose a la puerta y echándose sobre un hombro la chaqueta que traía.

Ella asintió, y agachó la cabeza.

-Dmitry… Si no es mucho pedir… Me haría un gran favor si no le comenta nada de esto a Reynald-le rogó ella, mientras se frotaba los ojos algo somnolientos.

-Claro. Esto no saldrá de estas cuatro paredes, ¿verdad señoritas?

-Sí…-respondió Rose a la vez que Roxan, saliendo del baño.

-¿Cómo está su mujer, Larisa?-preguntó repentinamente Roxan, ganándose a cambio una sonrisa nerviosa de Dmitry.

-Eh… Llevamos ocho años separados… No nos hablamos desde entonces-aclaró Dmitry.

-Oh, lo siento mucho. No sabía que…

-No pasa nada. El divorcio ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Si Larisa no quiere hablarnos a mi y nuestro hijo, pues allá ella. De todas maneras, no es que habláramos mucho… Su trabajo como modelo le quitaba tiempo de estar con los que le querían… Y tuvo que elegir entre el trabajo y nosotros, y como supondrás, eligió el trabajo.

Roxan recordaba perfectamente a la madre de Reynald. Era alta, delgada y pálida. Pero de una belleza propia de una muñeca de porcelana, con su largo cabello negro y unos ojos esmeraldas que dejaban petrificados a quien los mirase. Reynald, ahora que ella se daba cuenta, se parecía a su madre. Lo único que había heredado Reynald de su padre era su complexión física (Dmitry seguramente se habría dado algún que otro chute de esteroides, porque daba incluso miedo), aunque mucho menos exagerada. Y su ímpetu guerrero, su valentía y astucia. Su madre nunca fue una mujer de… letras. Ni de números. Sí, desde luego, la inteligencia la había heredado también de su padre.

Dmitry se despidió de ellas y se marchó, dejando a solas a Rose y Roxan de nuevo. Ninguna de las dos habló: Roxan estaba meditando, sobre las palabras de Dmitry, y Rose no se atrevía a interrumpirle. Así que simplemente se tumbó en el sofá, se acurrucó y terminó durmiéndose al poco rato. Roxan le miraba de cuando en cuando de reojo. Rose se levantó al par de horas, sobre las siete u ocho de la tarde, mirando a todas partes como si no supiera donde estaba. Se incorporó y vio que aun algunos rayos de sol pintaban el cielo de un tono anaranjado, signo de que el verano no estaba tan lejos. Tan sólo tres meses más. Roselyn se giró y vio que su hermana tenía la mirada perdida, así que le pasó una mano varias veces por delante del rostro, y ella casi ni se inmutó. Estaba… Como hipnotizada. Hablaba muy bajito, no sabía si con ella misma o con alguien, aunque fuera imposible porque la única en la habitación a parte de Roxan era Roselyn. Su hermana mayor susurraba cosas, en un idioma desconocido para Rose, que se estaba asustando. Roselyn vio su salvación cundo una enfermera abrió lentamente la puerta, con un enorme ramo de rosas rojas en una mano, y algo envuelto en papel de aluminio en la otra. Se acercó hasta la enfermera, cogió ambas cosas y las colocó en la mesita de noche de al lado de la cama hospitalaria. Ahora Roxan le miraba a ella, con gran fijeza y el ceño fruncido.

-¿De quién son?-preguntó, aun susurrando.

-No lo sé-respondió Roselyn.-Voy a comprobar si tiene alguna tarjetita o algo por el estilo.

Buscó con cuidado por el ramo, al final encontrando la tarjeta. La letra era curvada y fina, digna de un manuscrito de la edad media. Rose no la entendía, así que Roxan se la arrebató de las manos con brusquedad. La examinó y sonrió con cierto rubor en las mejillas, y la soltó de nuevo sobre la mesilla. Rose iba a preguntar de quién era y a qué venía aquel sonrojo, pero Roxan habló primero:

-Uf… Me siento… Extraña. Tengo un cosquilleo muy raro en el estómago.

-Sí, se les suelen llamar "mariposas en el estómago". Eso significa que estás enamorada, ¿sabías? Anda, dime de quién son las rosas.

Roxan rodó los ojos y suspiró.

-¿Mariposas en el estómago? Pásame el bocadillo ése, que fijo que es hambre-dijo, negando levemente con la cabeza.

Rose río entre dientes y le pasó el susodicho bocata, que Roxan se comió con pocas ganas, pero fingió que tenía hambre para no delatarse a sí misma. En efecto, aquellas rosas se las había enviado su odiado rubiales. Lo que ella no sabía, es que esas rosas eran para la aun desconocida Dra. Ellen Smith, que las había rechazado de una manera poco cortés. Albert, por no tirarlas, había escrito algo en la tarjetita blanca y se las había mandado a Roxan. Si ella lo supiera, seguramente habría tirado el ramo por la ventana. Bueno, quizás un pequeño fallo le hiciera enterarse.

-¿Quién demonios es Ellen Smith?-inquirió Roxan, alzando más el tono de voz y poniéndose ligeramente roja. No, esta vez no era de rubor. En esta ocasión, era pura rabia lo que reflejaba su rostro.

En el lazo de raso estaba escrito, con un rotulador negro permanente, "Para la Dra. Ellen Smith".

-Dame el maldito teléfono, Roselyn-ordenó Roxan, con un tic en el ojo derecho. Rose se lo dio con manos temblorosas.

Roxan marcó el número de Wesker de memoria. Él precisamente estaba enseñándole, junto con un par de científicos más, unas nuevas armas anti-BOW al equipo del UBCS.

-Y, este es el nuevo lanzallamas anti-BOW. Utiliza un pequeño cartucho de gas, el cual se conecta en la parte inferior del mismo. Sirve para contener a las bioarmas. Su cargador permite d segundos de fuego continuo-explicaba él, mientras los allí presentes miraban el arma como un niño al pasar delante de una tienda de pasteles.

Su teléfono sonó. Lo cogió y le dio la espalda al equipo, que cuchicheaban entre sí.

-¿Diga?-dijo él, descolgando el auricular.

-Eres un hijo de la gran…

-¿Roxan? ¿Eres tú?-Wesker sonrió de lado y se apoyó con una mano en la mesa.-Espero te haya gustado mi pequeño incentivo de recuperación.

-Eres un descarado. ¿Qué te has creído, que soy la segundona a la que le das los regalos que tus ligues no quieren?

Wesker se puso lívido e hizo tronar el cuello. El UBCS entero le miró con caras confusas, excepto Reynald, que seguía con la misma cara de mosqueo que antes.

-¿Algún problema… Doctor Wesker?-preguntó Reynald, sacando una de sus más socarronas sonrisas.

Albert tensó la mandíbula, y una de las venas de la frente comenzó a marcársele.

-Roxan, ¿no lo podemos discutir en otro momento?-inquirió Wesker.

-Maldito desgraciado escúchame bien…-Wesker puso los ojos en blanco y separó el auricular de su oreja, por si las moscas.-En cuanto te pille, te voy a realizar tales métodos de tortura que desearás no haber nacido…

-Oh, qué miedo me das… ¿Qué harás, hacerme cosquillas hasta la muerte?-dijo Wesker con sarcasmo.

Albert no pudo adivinar la maquiavélica y maléfica sonrisa que había surcado el rostro de ella.

-Pues, voy a usar contigo una Cuna de Judas*, mitomane. È sempre più trascurabile-dicho esto, Roxan colgó el teléfono.

La cara de Wesker era indescriptible. Una mezcla de confusión, porque no sabía mucho de Italiano; reproche, por haberse olvidado de quitarle el condenado lazo, y rabia por la satisfacción que le debía estar dando ahora mismo a Reynald. Cómo le gustaría borrarle esa sonrisa del rostro… Le daba igual como, pero quería. Solía sentir indiferencia por la opinión de los demás, o lo que sentían con respecto a él, pero odiaba cuando el orgullo y el ego de Reynald se hinchaban aun más con algo malo, catastrófico o torpe que le sucediera. Y para qué hablar cuando discutía con Roxan, y ella le insultaba o le arrojaba cosas, Reynald estaba que irradiaba felicidad. Porque pensaba que Wesker no iba a volver con ella, que eran punto y aparte. Pero, Reynald no sabía cómo, pero Wesker siempre lograba engatusarla. Por eso se alegraba que, ahora que ella y él no tenían nada, Reynald se sentía tranquilo. Lo que le preocupaba era que Wesker siguiera intentándolo, como acababa de demostrar. Roxan era inteligente, y si sabía lo que hacía, no se acercaría más a él.

-Por cierto… Mitomane significa "mentiroso compulsivo", y la otra frase, quiere decir "Eres cada día más despreciable"-le dijo Reynald, recibiendo a cambio una dura mirada de parte de su padre, una fulminante de Wesker y otra divertida de su equipo.-La chica sabe lo que dice, Doctor…


Michael O'Brian se aproximó con paso cauteloso a la recepción del hospital. Preguntó por Roxan Jones, para saber su estado, y una cordial enfermera le dijo que le dieron de alta. Aquello le sorprendió bastante, ya que el FBI había ordenado que no se la dieran hasta que ellos dieran el visto bueno. Estuvo discutiendo con médicos y enfermeras, hablándoles de protocolos y reglas que habían puesto y ellos se habían saltado. Al final desistió, pero antes de marcharse, se paso por la habitación que ella ocupó. Entró y encendió la luz, viendo de primeras un ramo de rosas en el suelo machacadas. Deben de haberle dado el alta hace poco, porque aun no se han pasado a limpiarlo…, dedujo. Lo segundo que le llamó la atención, fue el sobre que había en la mesita de noche. Se dirigió hacia él, lo cogió y lo abrió. Las fotos y la nota cayeron sobre la cama pulcramente hecha. Primero miró la nota, en la que ponían, sin ningún sentido obvio: "ON SARDOP ETRADRAUGSER ED AL DADIRUCSO". Michael era alguien inteligente, y nada más verlo puso el papel ante un espejo. En realidad ponía "NO PODRÁS RESGUARDARTE DE LA OSCURIDAD". ¿Era una amenaza? ¿Por qué la Agente Jones no le había dicho nada sobre aquello? Metió la nota en uno de los bolsillos traseros de su pantalón, y se concentró en las fotografías. Algunas más comprometidas que otras, pero no le prestó atención a las imágenes, sino a las letras que había por detrás. Pasó la mano por el reverso de la fotografía, denotando cierto relieve. Frunció el ceño y se acercó más la imagen, y pudo adivinar unos débiles números marcados.

Tanteó su chaqueta, en busca de un bolígrafo o un lápiz. Vio uno sobre la mesita, que cogió y pasó sobre creía haber divisado los números. Entonces, apareció un siete por encima de una A. Repitió el proceso con el resto de fotografías, encontrando números del uno al quince. Y si eran quince las fotografías que había… Las puso en orden, del más pequeño al mayor, dejando ver una frase: Mientras duermes.

Roxan corría un grave peligro. Alguien querría hacerle daño durante la noche, y en su casa, donde no había nadie que pudiera protegerle de aquél psicópata. Ella llevaría por lo menos unas dos horas en su casa, y comenzaba a llegar la noche cerrada. Michael se preguntó si podría llegar a tiempo, y si lograría alertar a los demás de la desgracia que podía ocurrir. Michael se dio media vuelta, para ir corriendo hacia el domicilio de Roxan a la par que llamaba al RPD y al FBI.

Pero, entonces, de la nada, surgió una sombra que le engulló y le sumió en la más profunda y fría oscuridad.


Hala, por fin lo publico XD Lamento mucho la tardanza, pero es que tuve un bloqueo impresionante... Y de repente, se hizo la luz =) Espero os haya gustado. Ahora a responder los reviews XD:

ZairaLeeWay: ¿Yo? ¿Una Diosa? Exgeras... Pero, muchas gracias de corazón ^^ Es la primera vez que me tratan como una deidad. Espero que te haya gustado este capítulo ;D

JillValentineForever: Aun es pronto para matar a la pobre Roxan XD Gracias, cuando dejo a alguien sin palabras, esos significa que lo ahgo bien... ¿no? XD

CharlotteWesker: Roxan siempre encuentra el modo de escapar, aunque salga mal parada :D Gracias, me gusta que te guste la historia XD

electra78: A Roxan le cuesta perdonarlo, claro está. Se ha dado cuenta de que él es un mentiroso con tal de obtener lo que quiere. Si ya has leído el capítulo, habrás observado que a Roxan le haya gustado el detalle, no por eso se va a ganr puntos a su favor. Bueno, a pesar de que el ramo era pars Ellen XD

Gaby de Brabant: Gracias :D Si, te aconsejo que te leas un poco en la Wikipedia sobre Resident Evil, porque si no en muchas ocasiones no te vas a enterar ;D Me alegra que te haya enganchado la historia.

Bueno, ahora voy a explicar qué es la Cuna de Judas:

*La cuna de Judas es un instrumento de tortura utilizado principalmente para sacar confesiones. Consiste en una pirámide puntiaguda, sobre la cual se alza a la víctima para después dejarla caer una o varias veces, de modo que la punta topara con la zona genital o anal con mayor o menor presión dependiendo de
cómo evolucionara la confesión.

... Tiene que doler, ¿verdad? Bueno, ¿soy yo la única que ha querido matar a Wesker en este capítulo? ¿No? ¿Sí? Ah, y Ellen Smith es la doctora del libro de S.D Perry "La Conspiración de Umbrella".

Nos leemos ;D