12. Frustración

Skye hubiera preferido no haber tenido que salir a la calle aquella mañana de lunes.

Se había despertado con la intención de no moverse de la cama hasta pasadas las diez, pero, en su casa, un deseo así era imposible de cumplir.

Agnes había pasado mala noche a causa de la fiebre, que la atacó de madrugada y ya no quiso dejarla en paz. Skye se había quedado dormida mientras velaba el sueño de la pequeña y agradecía no haber tenido que ocuparse de preparar el desayuno a Liam, como hacía siempre; su madre la había sustituido, pues no quería que la niña se quedase sola.

De modo que Skye sólo se había movido del lado de su hermanita para asearse un poco, una vez Liam se hubo ido a clase y Jiaying pudo cuidar de Agnes, y para preparar a ésta un desayuno que, la joven esperaba, repusiera las fuerzas que la fiebre había arrancado a la pequeña.

Sin embargo, Agnes apenas fue capaz de probar bocado. Jiaying aseguró a su hija mayor que no era tan grave, que era normal que los niños pequeños enfermaran de repente y, dos o tres días más tarde, se encontrasen ya sanos como rosas. Por tanto, y puesto que ella solita podía valerse para cuidar de su hija menor y ocuparse de las tareas de la casa, la mujer había insistido en que Skye saliese a respirar el aire, que se tomara la mañana libre, tal como había venido haciendo durante la última semana.

En otras circunstancias, la muchacha habría estado encantada de poder distraerse un poco, sabiendo que dejaba la casa y a Agnes en buenas manos.

En otras circunstancias, quizá.

Pero, debido al descubrimiento que había realizado el fin de semana, Skye no se sentía capaz de pasar junto a Jemma ni un segundo más.

Por supuesto, ella no tenía por qué acudir al parque si no quería, pero igualmente se vería obligada a pasar por allí cuando hiciera recados a lo largo de la semana.

Por delante del parque. Del banco en que había mantenido tantas y tan intensas charlas con Jemma. El banco, el parque, el lugar en que Skye se había enamorado de la chica.

No. No quería. No deseaba pisar ese sitio.

Lo único que la joven anhelaba era que aquel sentimiento abandonara su corazón. Ella no había pedido enamorarse. No había sabido controlarse y ya está; un grave error por su parte, desde luego, pero no era como para que Skye tuviese que pagarlo de aquella forma. La molesta sensación del principio se había transformado en algo mucho más intenso y enorme que casi no permitía a la chica pensar ni hacer su vida normal. ¿Por qué no podía deshacerse de aquel sentimiento y ya está? ¿Por qué tenía ella que cargar con él, en lugar de eliminarlo completamente?

Enamorarse jamás había entrado en los planes de Skye. Tener pareja jamás había entrado en sus planes. Y ella no iba a dejar que aquello cambiase ahora.

Claro que la muchacha no podía explicar aquello a su madre. No se le ocurrió más que una vaga excusa que no le sirvió de nada: Jiaying continuó empeñándose en hacer que su hija mayor saliera un rato y se entretuviese antes de entrar a trabajar.

Llegados a ese punto, Skye sabía de sobra que resultaba inútil discutir con su madre, así que su mente enseguida intentó dar con otra solución.

En aquel instante, la lógica le dijo a la chica que el encuentro con Jemma era inevitable. Si no la veía el lunes, la vería el martes, y si no la veía durante la mañana, la vería a mediodía o al atardecer. Por lo que sería inútil para ella seguir intentando evitar a la joven a toda costa, y tampoco atrasar el momento le serviría a ella de nada.

Fue entonces cuando, aun planteándose cómo debía mostrarse ante Jemma, Skye empezó a prepararse para salir, decidida a regresar a ese parque y a hacer frente a aquella maldita sensación que había derivado en amor.

Lo que no ella esperaba mientras tomaba su decisión, mientras se ponía la máscara de indiferencia y cortesía helada, era que la reacción de Jemma ante su transformación, la forma en que su nueva actitud la afectaba, estuviera a punto de hacerla derrumbarse.

Aun así, Skye no quiso mirar a la chica directamente en ningún momento, consciente de que si lo hacía, toda su entereza se quebraría y ella se echaría a llorar allí en medio.

Llorar por el remordimiento de hacer sentir tan mal a Jemma. Llorar por la frustración de saberse enamorada y no ser capaz de enfrentarse a ello. Llorar por encontrarse en una encrucijada de la que dependía toda su vida. Llorar por el enorme cambio que la llegada de Jemma había supuesto en su vida. Llorar porque, al fin y al cabo, no era en absoluto culpa de la muchacha que ella se hubiese enamorado. Llorar por su ingenuidad, por sus vanas esperanzas, por los contradictorios deseos que gobernaban en su corazón…

Llorar por estar rompiéndose el alma, a sí misma y a Jemma.

IIIIIIIIIIIIII

Disclaimer: Estas palabras y estos personajes los tome prestados. Gracias