Capítulo 12: Pesadillas

Harry permanecía acostado boca arriba en su cama, sin ser capaz de quedarse dormido a pesar de que su reloj ya marcaba las dos de la madrugada. Y sabía perfectamente que su desvelo se debía a su salida de tono, que ahora encontraba fuera de lugar, durante la cena en el Gran Comedor. Después de eso no sólo Ron había abandonado la mesa, sino también Hermione, obligándolo a él a hacer lo mismo cuando todos los ojos de sus compañeros de Casa se posaron en él y lo hicieron sentir como la peor de las basuras. Se había retirado a su dormitorio dispuesto a insultarse mentalmente con todo lo que se le pasara por la cabeza arrepentido por haber dicho aquellas cosas a su mejor amigo, cuando recibió, de manos de un inesperado Dobby, una nota de McGonagall indicándole la hora a la que deberían de ir él y la castaña a su despacho en la que, además, había escrito la contraseña para poder acceder a él. Segundos después de haberla leído, ésta ardió en llamas obligándolo a soltarla después de que le hubiera quemado ligeramente el dedo índice.

A la hora acordada, y tras murmurar a la Gárgola que resguardaba la estancia privada de la directora la contraseña Lealtad – la cual lo hizo sentir peor persona al pronunciarla después del episodio con sus dos mejores amigos, llegó al despacho para encontrarse allí a Minerva detrás del escritorio que antaño había pertenecido a Albus Dumbledore. Debía admitir que la situación se le había hecho de lo más extraña, nostálgica, pero se olvidó de ello tan pronto como la anciana le indicó que tomara asiento y se percató no solo de que Hermione todavía no había llegado, sino que además detrás de la silla que la mujer ocupaba, había un lienzo enorme que se encontraba vacío.

'Albus lo ocupará en su debido momento' le había dicho ella, consciente de la dirección que habían tomado los ojos del moreno '¿La señorita Granger no lo acompaña?' le preguntó acto seguido abriendo en su pecho un vacío imposible.

Le había respondido que Hermione estaba atendiendo unos asuntos de última hora, a lo que Minerva le había enviado una mirada perspicaz por encima de sus gafas de media luna que no habían hecho más que ponerlo nervioso. Acto seguido, indicándole que podrían tener la reunión de todas formas sin ella puesto que podría informarla él mismo más tarde, le dijo que deseaba abordar cuanto antes el tema del ED. Harry la había escuchado mientras le exponía sus ideas acerca de que él sería el encargado de impartir las clases en un horario que se consideraría flexible y apto para todo el alumnado que deseara asistir, con una edad mínima de catorce años. Le comentó, también, que el Quidditch ese año volvería a ser una actividad que ayudaría a los alumnos a distraerse de los problemas que rodeaban al mundo mágico y añadió, con pesar, que sería lo único ahora que habían decidido cancelar las visitas a Hogsmeade por seguridad.

Harry, con la mente puesta todavía en el altercado con Ron que había supuesto el abandono de Hermione sin dirigirle la palabra, había asentido a todo lo que la directora le había dicho con tal desgana que incluso ella llegó a preguntarle si acaso prefería que nombrara a otro capitán del equipo de Gryffindor. El moreno le respondió enseguida que consideraba un honor que pensara en él para el puesto y que se encargaría de buscar a los mejores de su casa para completar el equipo, por lo que Minerva entonces se interesó por si su aparente ausencia en la conversación se debía a que no deseaba dirigir de nuevo al ED.

'La idea ha sido suya y no me gustaría-'

'En realidad, fue Hermione quien pensó que nos sería útil ya que Umbridge se negaba a impartirnos clases prácticas' McGonagall sonrió de medio lado.

'Fuera quien fuese, no desearía… acaparar una idea que en realidad no ha sido mía para llevarla a cabo' Harry se removió en la silla, sintiéndose de pronto un tanto incómodo por la mirada que la anciana le estaba enviando.

'¿Me está pidiendo permiso para que lo dirija otra persona?' preguntó, inseguro.

'Según tengo entendido tú estabas haciendo una buena labor, pero si no desearas seguir adelante podría ser una opción. Estoy segura de que a Remus le gustaría ocupar sus horas de trabajo muertas en hacer algo productivo' el moreno frunció el ceño y miró a la mujer inquisitivamente.

'Profesora, ¿puedo preguntarle algo?' ella le hizo un gesto con la mano que lo invitaba a proseguir al tiempo que se recostaba en la silla y apoyaba los codos a los lados, uniendo sus dedos contra su mentón '¿Por qué ha contratado a dos personas para un puesto si en realidad he podido leer entre líneas que Remus no se encargará de dar clase?'

'La profesora de la asignatura será Nina VanHoor' de pronto se puso en pie y comenzó a bordear la mesa dirigiéndose hacia los retratos de los anteriores directores del colegio, dormidos en ese momento 'Albus lo dispuso de esa forma'

'¿Y para qué necesita a Remus, entonces?'

'Porque la señorita VanHoor en ocasiones deberá de ausentarse de su puesto y necesitábamos a alguien que lo cubriese cuando eso sucediera' lanzó un suspiro y se volteó hacia Harry contemplándolo de nuevo por encima de sus gafas de media luna 'Ahora bien, señor Potter, ¿qué me dice del ED?' él pestañeó percatándose de que había cambiado el tema de conversación de forma deliberada. Seguro de que no había nada más que Minerva le diría acerca de la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, se humedeció los labios y dio mentalmente la razón a Hermione. Allí había algo raro.

'Considero que Remus tiene más capacidad que yo para impartir los cursos, así que estaré feliz de asistir como un alumno más' McGonagall chasqueó la lengua sonoramente y regresó hacia la mesa deteniéndose al lado del ojiverde, quien se vio obligado a forzar el cuello para poder mirarla a la cara.

'Una sabia respuesta, aunque estoy segura de que usted podría hacerlo a la perfección. La profesora VanHoor impartirá en su mayoría clases prácticas que se reforzarían en el ED. No habría tenido problema alguno con los cursos inferiores puesto que ya posee todos esos conocimientos… pero es su decisión, así que hablaré con Remus acerca de ello' Harry asintió mientras ella, de nuevo, rodeaba la mesa para regresar a su silla '¿Está seguro de que a la señorita Granger no le molestará?' el ojiverde alzó ambas cejas, sorprendido por la pregunta.

'¿Que Remus se encargue del ED?'

'Que usted no lo haga, más bien' aquello lo confundió sobremanera y abrió la boca sin saber qué decir 'Aunque de todas formas quizá habrá días en los que deba usted tomar su cargo' lo contempló de forma significativa y Harry asintió, consciente de que se refería a los días en los que hubiera luna llena 'De acuerdo, entonces. Por el momento no tengo nada más que decir, señor Potter, así que ya puede regresar a su dormitorio' él asintió y se puso en pie, despidiéndose de ella con un susurrado "hasta mañana" 'No olvide comentarle a la señorita Granger lo que hemos hablado' le dijo antes de que saliera por la puerta y él la contempló por encima del hombro, asintiendo.

Ahora que recordaba la charla, acostado en su cama, se preguntó por qué no había salido al encuentro de Hermione cuando la había escuchado llegar poco antes de la medianoche. Había querido hablar con ella y tenía la excusa perfecta para comenzar una conversación en la que, después de comentarle lo que McGonagall le había dicho, podría abarcar lo sucedido durante la cena y, sin embargo, no se había atrevido a encararla. ¿Por qué? No tenía idea cuando casi nunca le había supuesto un inconveniente hablar con Hermione de cualquier cosa, claro que en esta ocasión estaba seguro de que no le resultaría tan sencillo. No después de la forma en la que ella había abandonado el Gran Comedor, sin decirle siquiera una palabra.

Con un nudo en el pecho se incorporó en la cama apoyándose en sus codos y se fijó en la silueta que la poca claridad que penetraba a través de la ventana dibujaba en la chimenea frente a él. Sus ojos cayeron sobre los estantes de libros y de pronto frunció el ceño, pareciéndole que había incluso más que esa mañana cuando se había despertado. Se movió a un lado y recogió sus gafas de la mesilla de noche, creyendo que quizá se trataba de un efecto óptico debido a su poca visión sin éstas. Encendió la luz y se sentó en el borde del colchón, volteándose hacia la estantería con curiosidad.

Sus cejas se alzaron de forma exagerada cuando vio que de pronto el número de tomos en los estantes parecía duplicarse hasta el punto en el que un par de ellos cayeron al suelo a falta de un lugar junto a los demás. Y el moreno, dejándose dominar por su ansia de saber de ese momento, no tardó ni medio segundo en ponerse en pie y atravesar el dormitorio, recogiendo del suelo ambos tomos para echar un vistazo a los títulos sobre sus tapas desvencijadas por el uso o el paso de los años. Era complicado saber cuál de las dos era la opción correcta puesto que jamás había oído hablar de esos libros. "Cómo cuidar a los amigos" y "Estanterías mágicas y como emplearlas con sabiduría" se encontraban cada uno en una de sus manos, despertando su curiosidad todavía más. Frunciendo el ceño abrió el segundo libro dejando a un lado aquel que supuestamente le indicaría cómo mantener sus amistades y leyó con rapidez el índice.

Estanterías mágicas.

Capítulo uno: Qué son.

Capítulo dos: Cómo funcionan.

Capítulo tres: Protege tus libros contra intrusos. Hechizos de seguridad.

Capítulo cuatro: Cómo evitar colapsos en tus estantes.

Harry enarcó una ceja y de nuevo echó un vistazo hacia la parte superior de la chimenea, donde la estantería se encontraba, apresurándose a echarse a toda velocidad hacia atrás antes de que un buen número de tomos que de pronto salieron volando de sus lugares, lo aplastaran. Un sinfín de libros cayeron a sus pies y él agitó la cabeza, apresurándose a abrir el manual que tenía entre sus manos por el cuarto capítulo.

Para poder controlar el número de libros que aparecen en tus estantes, lo primero que debes hacer es liberar tu mente cuando estés a menos de dos metros de una estantería mágica. ¿Por qué, te preguntarás? Porque, como te hemos explicado en el primer capítulo, en caso de acercarte a una con la mente llena de dudas, aparecerán en sus estantes tantos libros como ésta cree que precises según tus necesidades.

A continuación, te explicaremos una serie de trucos sencillos que te ayudarán a encontrar lo que realmente necesitas sin demasiado esfuerzo. Lo primero que debes hacer, es intentar concentrarte en una sola cosa de cada vez-.

Un repentino grito sacó al ojiverde de su ensimismamiento, sobresaltando de tal forma todos sus sentidos que el libro que resguardaba entre sus manos cayó sonoramente al suelo. Su cabeza se alzó a toda velocidad y clavó los ojos en la puerta cerrada de su cuarto al tiempo que sentía los latidos de su corazón desbocándose. Porque era consciente de que aquel sonido tenía que proceder del cuarto de Hermione y por eso, tan pronto como recuperó las capacidades motrices de sus extremidades, salió disparado hacia el dormitorio de su mejor amiga mientras de nuevo la escuchaba producir un gemido de dolor que le puso los pelos de punta.

'No… No te lo diré' Harry se acercó a toda prisa hacia la cama agradeciendo que Hermione, al igual que él, no cerrara las cortinas de las ventanas y pudiera así al menos ver algo gracias a la claridad de la luna creciente 'No' la castaña se retorcía sobre el colchón de tal forma que todas las sábanas estaban ya en el suelo y la expresión de su rostro era de tal desesperación y dolor que Harry sintió todo aquello en carnes propias. Se sentó a su lado y la tomó de los hombros, zarandeándola cuidadosamente mientras la veía arrugar su ceño y fruncir sus labios en una nueva mueca de dolor que le cortó el aliento.

'Hermione' la llamó, percatándose de su voz tomada por la congoja que le producía el verla así. La agitó con más energía y ella abrió los ojos de forma brusca, su boca entreabierta mientras respiraba grandes bocanadas de aire.

Harry, tranquilizándose al ver que se había despertado y que parecía calmarse al ver que no se encontraba en ninguna situación peligrosa, se inclinó sobre la mesilla de noche y buscó el interruptor de la lámpara a tientas. Tan pronto como encendió la luz y se volteó hacia su mejor amiga dispuesto a preguntarle si deseaba que le fuera a por un vaso de agua, no pudo hacer más que quedarse paralizado al verla. Tenía el rostro empapado en sudor y lágrimas y jamás, en todos los años que llevaba conociéndola, le había visto el pelo tan alborotado. Las marcas negras bajo sus ojos y la palidez de su piel lo llevaron a apretar la mandíbula y a tragar saliva. Sin decirle nada apartó un mechón de pelo de su rostro y se puso en pie, apresurando sus pasos de regreso a su dormitorio, donde vio una vez más decenas de libros caer al suelo desde la estantería. Sin hacer demasiado caso a ese caos, recuperó su varita de por encima de la mesilla de noche y conjuró un vaso que llenó de agua al tiempo que volvía a junto Hermione cerrando la puerta de su cuarto a su espalda para que el ruido de los libros cayendo fuera de cierta forma aplacado.

Al entrar de nuevo en la habitación de la castaña se detuvo en sus trancas al ver que la cama, hecha un remolino de sábanas, estaba vacía. Frunció el ceño y miró a los lados hasta que por fin los sonidos de su dormitorio cesaron y pudo escuchar el agua corriendo en el interior del baño. Lanzando un suspiro miró el vaso de agua y se acercó a dejarlo sobre la mesilla de noche dispuesto a irse a su cuarto, aún cuando no había cosa que más deseara en ese momento que hablar con Hermione, asegurarse de que se encontraba bien y pedirle de nuevo disculpas por su comportamiento durante la cena. Quería saber cómo le habían ido las cosas con Ron y asegurarse de que podría acercarse a su mejor amigo al día siguiente para pedirle perdón también a él, sin recibir antes siquiera de poder hablar un buen coscorrón por parte del pelirrojo.

Así que finalmente optó por sentarse a los pies de la cama y esperar a que regresara al tiempo que echaba un vistazo a su alrededor, buscando las diferencias que había entre su dormitorio y el de ella. Que en sí no eran muchas, aparte de que Hermione ya tenía completamente ocupada su mesa de estudio con material escolar y libros y que, en la pared frente a éste, había colocado unas cuantas fotografías esparcidas en torno a un calendario. Sintiéndose curioso se acercó para observar las imágenes en movimiento, viendo allí las mismas fotos que tenía en las paredes de su cuarto en Grimmauld Place. Sin poder evitarlo la culpabilidad por lo que había dicho lo golpeó con más fuerza y tomó una bocanada de aire, desviando su mirada de la foto en la que Ron, Hermione y él reían y se abrazaban por los hombros junto al campo de Quidditch después de una victoria contra el equipo de Ravenclaw. Sus ojos cayeron entonces sobre el calendario y el estómago le dio un brinco al ver que la castaña había hecho varios círculos sobre el día diecinueve, recordando con pesar que esa era la fecha en la que ella cumpliría dieciocho años.

Maldijo y mordió su labio inferior con fuerza. Desde que la conocía, en ninguna ocasión le había comprado un solo regalo y no pudo sentirse peor persona al saber de muy buena mano que Hermione siempre le había enviado el suyo, puntual. En esta ocasión había sido una enorme bolsa de ranas de chocolate que la señora Granger le entregó en su nombre cuando fueron a recogerlo ella y su esposo, y que había saboreado de la primera a la última. Pensó en que debería de comprarle algo pero ahora que, según Minerva le había dicho, habían cancelado las salidas a Hogsmeade por seguridad, ¿cómo lo conseguiría? Con fijación se quedó contemplando ese día en el calendario como si ahí fuera a hallar la respuesta, percatándose entonces de que, en letras pequeñas al lado del nueve, estaban escritas dos siglas que lo llevaron a enarcar una ceja.

EF

Frunció el ceño considerablemente al no comprender qué tenían que ver con la fecha en la que cumplía años. ¿Sería algún mensaje en clave que se dirigía a ella misma para recordar hacer alguna cosa? Pensando en ello dejó que su vista cayera de nuevo sobre el escritorio, donde vio la caja de madera que Hermione había recibido esa misma tarde pegada contra la pared del extremo derecho de la mesa. Y la curiosidad pudo con él. Humedeciéndose los labios y sintiendo el nerviosismo recorrerlo en toda la extensión de su anatomía, alargó el brazo y apretó la tapa logrando abrirla con un ligero clic que le envió una descarga de mariposas directa al pecho. Con suma delicadeza comenzó a levantar la tapa mientras mordía más sus labios hasta que pudo ver, antes de soltarla con rapidez al escuchar la puerta del baño cerrarse indicándole que Hermione regresaba, una serie de viales parecidos a los que empleaban en clase de Pociones para conservar los brebajes que en ella realizaban.

Se movió a toda velocidad hacia un lado alejándose del lugar del delito y se dirigió de nuevo hacia la cama mientras miles de interrogantes invadían su cabeza. Porque él sabía acerca de su "dolencia", así que no podía tratarse de las pociones para combatirla que la señora Pomfrey le preparaba, y mucho menos cuando Hermione había actuado de esa forma tan extraña al recibir la caja. Además, de que había llegado a ella como un mensaje que debía desvelarse. Todo aquello era muy extraño y pensó que no sería capaz de quitárselo de la cabeza, hasta que de pronto vio a la castaña detenerse bruscamente al entrar en su dormitorio y verlo allí. Y Harry en ese momento supo que tardaría en volver a recordar todo lo que había pensado hasta ahora, puesto que de pronto se encontró a sí mismo con la mente en blanco admirando las piernas desnudas de su mejor amiga.

Enserio, ¿a eso que llevaba puesto se le podía llamar pantalón? Porque era verdaderamente diminuto y no tapaba casi nada. Claro que Harry recordó de pronto que no importaba eso demasiado, ya que ya había tenido el privilegio de verla en ropa interior de algodón blanco en Grimmauld Place. Ese pensamiento lo llevó a maldecir y a sonrojarse, arrepentido de pensar cosas así acerca de la que no era nada más que su mejor amiga. A toda velocidad alzó la vista en el momento en el que ella se movía a toda prisa hacia la cama y pudo ver que su rostro se había sonrojado justo al igual de lo que de seguro estaba el de él. Carraspeó.

'¿Te encuentras bien?' le preguntó con una voz más aguda de lo normal y ella lo miró de forma extraña mientras se metía bajo las sábanas y se cubría con éstas hasta la barbilla. Como única respuesta asintió y él lanzó un breve suspiro '¿Bellatrix?' la vio tragar saliva. Lo supo por la forma en la que sus labios se habían curvado. De nuevo hizo un gesto afirmativo con la cabeza, en esta ocasión más débil que el anterior y miró a otro lado, pareciendo azorada 'Te he ido a buscar un vaso de agua, aunque probablemente ya no lo necesites' le señaló la mesilla de noche y ella echó un vistazo en esa dirección antes de volver a mirarlo a los ojos.

'Gracias'

'No hay de qué' se movió dubitativamente, planteándose el si debería de hablar con ella o irse a su cuarto y tratar de dormir algo. Finalmente se detuvo a los pies de la cama y llevó su mano derecha a la columna de madera que formaba el dosel 'McGonagall me pidió que te comentara un par de cosas, pero supongo que será mejor que hablemos mañana' vio cómo ella palidecía sobremanera mientras abría los ojos de par en par y supo que, por una vez en su vida, Hermione se había olvidado de algo que tenía que hacer 'No te preocupes. No parecía molesta por tu ausencia, sino más bien… suspicaz' ese comentario la llevó a sonrojarse y Harry ladeó los labios ligeramente pensando en que sería de muy mal gusto sonreír.

'¿De qué habéis hablado?' preguntó ella con voz cansada y al mismo tiempo aterrada.

'Te lo contaré mañana. Ahora descansa, ¿vale? Lo necesitas' se alejó de la cama.

'Harry, espera' se detuvo y la miró por encima de su hombro, frunciendo el ceño al parecerle que la notaba incómoda, como si quisiera decirle algo y no se atreviera a hacerlo.

'¿Sucede algo?' temía que le dijera algo de su charla con Ron, culpándolo, aunque estaba dispuesto a aceptar las críticas que se merecía por haber hablado sin pensar en las consecuencias de sus palabras.

'Nada… Es sólo que…' Hermione se mordió su labio inferior y clavó la mirada en el suelo durante unos segundos que a Harry le parecieron eternos hasta que de nuevo volvió a fijar sus ojos en los de él con tanta intensidad que tragó saliva como un acto reflejo '¿Te importaría hacerme algo de compañía?' sus mejillas se sonrojaron todavía más y él suspiró, caminando hacia ella sin esperar un momento. Se sentó a la altura de las rodillas de la chica y alzó las cejas.

'Quizá deberías de pedirle a Madame Pomfrey algo que te ayude a conciliar el sueño. De veras se te nota cansada, Hermione, y comienzo a preocuparme de verdad'

'Créeme que tengo bastante con las pociones' respondió ella rodando los ojos 'Además, sólo he tenido dificultades para dormir desde que…' se humedeció los labios 'Desde lo que sucedió en el tren' Harry frunció el ceño.

'¿Lo de los Dementores?'

'Harry, sabes tan bien como yo que allí afuera había algo más…' le dijo ella con tono que implicaba cierto reproche y él tomó una bocanada de aire que expulsó en un suspiro lento y agonizante.

'Bellatrix no volverá a hacerte daño' Hermione lo miró de pronto como si quisiera creerlo, pero en realidad no pudiera hacerlo 'Te lo juro' le aseguró él mientras sentía un cosquilleo haciéndole cosquillas en el abdomen. Porque no tenía idea de dónde había surgido esa promesa que él tan bien sabía no estaba seguro de poder cumplir, aunque lo deseara con todas sus fuerzas 'No te preocupes por eso, ¿de acuerdo? Ahora estás a salvo y no puede llegar hasta ti' alargó el brazo y tomó la mano de la castaña que reposaba sobre el colchón, sintiéndola fría y sudorosa al tacto.

'Oh, Harry' gimió ella antes de incorporarse de forma brusca y lanzarse hacia él, envolviéndolo con sus brazos y llevándolo a él a devolverle el gesto antes siquiera de percibir que la orden era enviada desde su cerebro. Y rogando porque de veras lo que había dicho fuera así, cerró los ojos y aspiró ese perfume a cítricos que desprendía su mejor amiga y que a él lo hacía sentirse envuelto en un ambiente seguro, que conocía. El abrazo se rompió y Hermione se quedó sentada a su lado, con el mentón apoyado sobre su hombro mientras, con las uñas, le acariciaba la espalda por sobre la camiseta que vestía 'Gracias' el susurro fue tan bajo que se sorprendió a sí mismo de haberlo escuchado.

'Hermione, ya te he dicho antes que-'

'No me refiero sólo a lo de ahora, sino a todo lo demás también. Gracias por haber estado conmigo en Grimmauld Place, por haberme soportado cuando me desquicié con Ron en el tren y por cómo hiciste que me olvidara de Bellatrix en aquel lavabo' Harry la miró y en esta ocasión, cuando sus ojos se fijaron en los marrones de su mejor amiga, el corazón le dio un doloroso brinco que lo dejó sin aliento 'Gracias por lo que has dicho hoy durante la cena' el moreno estaba paralizado mirándola a los ojos, preguntándose si alguna vez antes le habían resultado tan atrayentes como lo hacían en ese momento y, de pronto, se encontró a sí mismo horrorizándose porque la idea de besarla le pareciera la cosa más natural del mundo en un instante como ese. Agitó la cabeza con fuerza y tragó saliva mientras los nervios lo destrozaban tanto como lo hacían las repentinas dudas que se apoderaron de él.

'Creí que te habías enfadado conmigo' se escuchó decir en un tono de voz tan débil que incluso eso lo asustó.

'Simplemente me dejaste sin habla. Todos estos años pensé que- creí que—que todavía me guardabas cierto rencor por lo de la Saeta y que habías apoyado a Ron cuando dijo en nuestro primer año que yo era insoportable y que era normal que no tuviera amigos'

¿Por qué Hermione tenía que mirarlo de la forma intensa con la que lo hacía? Estaba consiguiendo que confundiera las cosas más de lo que ya él de por sí él las mezclaba en ese momento en su cabeza, en sus reacciones a los gestos que ella le dedicaba.

'Jamás podría enfadarme contigo porque me defendieras. Diablos, sabes bien que soy incapaz de enfadarme contigo' Hermione soltó una risita nerviosa después de decir aquello y se alejó de él, apresurándose a apoyar la espalda contra las almohadas que reposaban junto al cabecero de la cama y a cubrirse de nuevo con las sábanas. Y Harry respiró de cierta forma aliviado por las distancias, aunque todavía quedaba dentro de él algo que lo mantenía en desasosiego '¿No crees que sea verdad?' le preguntó después de varios segundos en silencio. Él tragó saliva una vez más y de nuevo carraspeó.

'Uhm… Eh… No lo sé' dijo tontamente, todavía demasiado confuso con lo que acababa de sucederle. Hermione ladeó la cabeza enviándole una mirada divertida.

'Bueno, miento. Olvidaba lo mucho que me molesté contigo cuando me contaron que no sólo habías descuidado tu salud, sino que además no salías de tu cuarto ni permitías que nadie entrase a verte' Harry sintió sus mejillas acalorarse ante ese recuerdo y clavó los ojos en su regazo, donde los dedos de sus manos se entrelazaban entre sí 'Pero fue verte y todo el enfado se esfumó. Y ahí supe que no podría estar enfadada contigo por más de cinco minutos' él meneó la cabeza y la miró sin poder evitar sonreír de medio lado.

'Yo que tú no diría mucho eso, porque te juro que si algún día dejas de hablarme, te lo recordaré hasta el cansancio'

'Harry, desde que te conozco sólo me has dado un motivo para enfadarme contigo hasta el punto de desear patearte el trasero… Y hemos entrado en nuestro séptimo año como amigos. ¿Eso no te dice nada?'

'Este verano no fue la única vez que te enfadaste conmigo. Cuando fue lo del libro de Snape también lo hiciste'

'¡De eso nada! ¡Ahí estaba terriblemente preocupada! Era el tema de la Saeta regresando a pasos agigantados. Sobre todo después del hechizo que decidiste probar con Malfoy' Harry la contempló con perspicacia.

'¿No se debía a los celos porque por fin lograba ser mejor que tú en algo?' ella abrió la boca en un gesto de indignación.

'¿Cómo se te ocurre pensar eso? ¿Olvidas acaso que tú me das miles de vueltas en Defensa?' Harry rodó los ojos.

'Quizá en la práctica, pero jamás en la teoría' la castaña enarcó una ceja y de pronto cruzó los brazos contra su pecho 'Hablando de Defensa' dijo antes de que ella lo interrumpiera volviendo a la carga con su intercambio de palabras 'Hablé con Minerva acerca del ED' la mirada de la chica se iluminó de pronto.

'¿Y?' preguntó con emoción.

'Y le dije que prefería que Remus se encargara de las clases de refuerzo' el ceño de Hermione cayó en picado 'Me comentó que en sí las clases de Defensa correrían a cargo de Nina VanHoor y que él podría ocupar sus horas muertas en el ED, y me pareció bien. Además, él es un experto en la materia. Yo aprendo sobre la marcha'

'Pero-'

'Me vendrá bien practicar como un alumno más. Incluso habrá veces que deba ocuparme yo de aquellos que quieran asistir cuando haya luna llena, así que…' ella pareció meditar su respuesta sin estar demasiado convencida de que le agradara.

'¿Acudirás, verdad?' Harry asintió con la cabeza y la castaña pareció más cómoda con la situación que le había sido planteada 'Ya sabes que no se trata de Remus, pero es que—no sé'

'Sé que lo del ED fue idea tuya, como lo fue el que yo lo dirigiera… pero es mejor así' y de pronto recordó algo que la directora le había comentado y rió sin poder evitarlo.

'¿Qué?'

'Es que McGonagall me dijo que te molestarías, y tenía razón' la castaña lo contempló con indignación.

'¡No me molesta en lo más mínimo! Sabes el aprecio que le tengo a Remus y me encanta que él se convierta en nuestro tutor, pero es el modo en el que los demás vean el potencial que tienes y dejen de pensar que estás vivo solamente gracias a tu suerte'

'Gracias, Hermione' le dijo el ojiverde con tono sarcástico a pesar de que en sí se había tomado aquel comentario como un auténtico cumplido al que no sabía de qué otra forma reaccionar.

'Sabes bien a lo que me refiero' respondió ella a la defensiva y sonrojándose.

'Lo sé. Gracias' se miraron en silencio durante varios segundos hasta que Hermione chasqueó la lengua.

'Ahora cuéntame eso de que será la mujer esa la que se encargue de darnos clase… ¿Para qué contrataron entonces a Remus también?'

Y Harry le contó que él le había dicho exactamente lo mismo a Minerva, explicándole lo mismo que la anciana directora le había comentado acerca del tema. Fue ahí que Hermione volvió a la carga con que allí sucedía algo extraño, prometiéndole que se pondría manos a la obra para averiguarlo. Le sugirió que hablaran con Remus, aunque ella estaba segura de que el licántropo no soltaría prenda del tema siendo que parecía un secreto tan grande como para que Minerva no se lo hubiera contado al Premio Anual. Después de varios minutos debatiendo el tema de la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, la conversación de alguna forma dio un giro inesperado y se encontraron hablando de lo que había sucedido con Ron tras su salida estrepitosa del Gran Comedor. Hermione le dijo que le había costado tranquilizarlo menos incluso de lo que había esperado al seguirlo y, después de comentarle los detalles muy por encima, se sonrojó y permaneció en silencio.

Eran más de las cuatro de la madrugada cuando Harry la dejó durmiendo como un tronco en su habitación y regresó a la de él, demasiado agotado como para pensar en todo lo que le había sucedido en el cuarto de su mejor amiga. Y ya no sólo por las reacciones que había tenido en su presencia, sino también por lo que había visto en aquella caja de madera que ella tan en secreto quería mantener. Se durmió tan pronto como cayó en la cama sin molestarse en recoger los libros esparcidos por el cuarto y sin plantearse ni una vez quién podía ser el remitente de aquella carta que Hermione había recibido y que había resultado ser algo más.

[…]

Y los días siguientes pasaron volando sin que él volviera a preguntarse nada acerca de aquella noche. A la mañana siguiente, cuando se despertó, Ron lo estaba esperando junto con Hermione en el salón de los Premios Anuales dispuesto a hablar con él. No fueron necesarias muchas palabras antes de que ambos volvieran a comportarse como los mejores amigos que eran, y enseguida se encontraron bromeando en el Gran Comedor durante el desayuno.

Ese segundo día de clase tuvieron su primera lección de Defensa Contra las Artes Oscuras a manos de Nina VanHoor, pero Harry no pudo sacar nada en limpio ni tampoco concordar con Hermione de sus visualizaciones acerca de la clase, puesto que no había hecho más que mirar a la bruja con admiración durante las dos horas que estuvieron en el aula. De todas formas se limitó a asentir a todo lo que su mejor amiga decía acerca de que el comportamiento de la mujer era inusual, y de que su forma de vestir era de lo más anticuada. A Harry le daba igual que la ropa que llevaba pareciera pertenecer al siglo pasado o incluso al anterior, porque estaba seguro, por todo lo que la había mirado, de que le sentaba como un guante.

Con el transcurso de los días, y después de superar varias horas de clases aburridas y de otras más entretenidas, Harry comenzó a recordar ciertos detalles que se le habían pasado por alto. Cuando la segunda semana estaba llegando a su fin recibió una carta de Jane Granger en el que la mujer le preguntaba cómo iba todo y si Hermione se encontraba tan bien como le aseguraba. Él recordó el cumpleaños de su mejor amiga y por eso no tardó en escribirle de regreso, comentándole que las visitas a la señora Pomfrey habían sido muy favorables y que, de seguir así, podría volver a realizar magia en muy pocos días. Le habló de lo frustrada que la veía en las clases por no poder realizar apenas ningún ejercicio a excepción de cuando se encontraba en el aula de Pociones y de que esperaba que todo terminara antes de que las lecciones del ED con Remus comenzaran. Y, por último, le indicó su deseo de comprarle a Hermione un buen regalo de cumpleaños, suplicándole su ayuda e incluso enviándole una buena cantidad de dinero para que pudiera conseguirle algo que fuera conveniente en el callejón Diagón.

Fue durante el comienzo de la tercera semana cuando recibió la respuesta de la señora Granger, en la que le decía que había encontrado algo que sería perfecto para su hija, indicándole que ella misma se encargaría de enviárselo junto con el de ella y el de su esposo para la fecha exacta. Le comentó que Hermione siempre había deseado tener una lechuza, aunque hubiera terminado rescatando a Crookshanks de la tienda de animales porque le dio pena que nadie quisiera adquirirlo, así que al parecer eso era lo que le había comprado para que Harry le diera. A él le pareció bien, aunque no estaba del todo seguro de que el dinero que le había enviado hubiera sido suficiente para pagar una lechuza. Se lo agradeció en otra carta en la que introdujo un par de galeones más puesto que era todo lo que le quedaba y, después de ir a la lechucería a pedirle a Hedwig que hiciera la entrega, acudió a hablar con Remus para que Tonks le consiguiera más dinero efectivo de Gringotts.

Aprovechó la visita a su "profesor" para conversar con él acerca de Nina VanHoor, pero tal y como Hermione había supuesto, el hombre no soltó prenda y se dedicó a comentarle lo excelente bruja que era. Harry, lamentablemente, todavía no había podido notarlo puesto que había estado más atento a observarla con otros ojos. Y Remus pareció leerle la mente, porque enseguida le dijo que debía aprovechar la ocasión para aprender todo lo que estaba en su mano ahora, por lo que pudiera suceder en un futuro. Desde ese día, el moreno puso todo su empeño en que fuera así, mas todavía le costaba demasiado fijarse en otra cosa que no fueran los atributos de la hermosa mujer.

'Quizá tenga parte de Veela' había dicho Luna.

Y a él no le pareció para nada una locura, como Hermione apasionadamente había negado al instante llegando a sobresaltar a Ron por su tono elevado a la hora de rebatir. El pelirrojo la había contemplado como si ella fuera la loca allí, y después le había enviado un gesto a Harry que lo hizo reír por la insinuación de lo poco racional que podía llegar a ser Hermione a veces. El problema fue que ella se dio cuenta y eso los condujo a una nueva discusión que llevó a Harry y a Luna a alejarse de ellos como si fueran la peste personificada.

Así era como había comenzado su nuevo y último curso en Hogwarts, de la forma más cotidiana que todos pudieran haberse imaginado. La presencia de los Aurores por el castillo se había vuelto de lo más normal y ya apenas se notaba la tensión de los primeros días. Harry, al pensarlo, recordó que estaba dejando pasar demasiadas cosas en su haber que debería de solucionar en cuanto antes. Tenía que ponerse manos a la obra con la búsqueda de los Horcruxes, informarse bien acerca de la poción, averiguar por qué Hermione en ocasiones se comportaba de una forma tan extraña y, por último, poner fecha al día en el que realizaría las pruebas para el equipo de Quidditch. Se sentía colapsado y eso que todavía estaba empezando el año escolar y ni siquiera se había encargado de la primera tarea como Premio Anual, puesto que todo corría a cargo de una Hermione que había conseguido adaptar todos los horarios de los Prefectos de un modo en el que las guardias quedaban completamente cubiertas.

Sí, sin duda tenía a su lado a la compañera que todos desearían y a la mejor amiga que hubiera esperado tener jamás. El caso era, ¿por qué a veces una parte de él se olvidaba de que ella era sólo eso, su amiga? ¿Qué le estaba pasando que en ocasiones la veía con otros ojos que lo asustaban y atormentaban? Se convenció de que se debía a lo preocupado que se sentía por ella por todo lo que estaba pasando, claro que siempre quedaba algo dentro de él que lo confundía, algo de lo que sólo se olvidaba cuando veía por los pasillos a Ginny Weasley de la mano de Dean Thomas, siguiéndolo con la mirada.