Kuroo se arrepentía, sentía la opresión en el pecho, de culpa y de dolor.

Kuroo se arrepentía de no haber aceptado aquella confesión dada por su querido Tsukki.

Se lamentaba el haberlo abandonado, el haberse dejado guiar los prejuicios de la sociedad y no haber aceptado esos sentimientos que florecieron en su pecho debido al rubio.

Pero ya no había vuelta atrás.

Ya no podía abrazarlo cuando las lágrimas espesas salieron de sus ojos aquella vez.

Ya no podía responder todos los mensajes que ignoró.

Y más importante que todo aquello que nunca pudo hacer y siempre quiso, estaba el no haberse dado cuenta de lo que sufría el de lentes.

De no haberse preocupado por esos moretones que muchas veces le había visto en los brazos.

Y si tan sólo hubiera llegado un momento antes, si tan sólo le hubiera dirigido un simple "hola", si tan sólo hubiera hecho algo...

Tsukishima no estaría allí, dentro del ataúd y con flores blancas entre sus delgados dedos, demasiado delgados para ser de una persona viva.

Aunque Tsukishima ya no estaba vivo, y sus dedos delgados y blanquecinos no eran más que un prueba de todo lo que Kuroo pudo hacer y no hizo.

Sí, Kuroo se arrepentía...