Fanfic capítulo 12.

A la mañana siguiente, cuando Quinn se despertó, vio que estaba sola en la cama. Abrazó la almohada donde Rachel había dormido y la olió, sonriendo.

Se levantó y se vistió apresuradamente, quizá Rachel ya se había ido a los ensayos pero… ¡No! Era sábado, lo que significaba que ella no tenía que trabajar y la morena, no iría al teatro.

Se imaginó todo un fin de semana, rodeada de su amada, recorriendo la ciudad del amor, como le gustaba llamar ahora a NY. Estaba pensando en hacerle un regalo, algo que demostrara definitivamente cuánto la amaba pero para eso debía ir sola; si se apresuraba llegaría a tiempo y luego podrían ir a almorzar las dos solas.

Con un largo bostezo, entró en la sala y le sorprendió que todos estuvieran sentados, mirándose las caras, muy seriamente.

Frunció el ceño e intentó no darle importancia. Quizá era algún drama de Kurt respecto a la boda, sí, probablemente se trataba sobre ello. Pero lo aún más extraño es que nadie la miró, especialmente Rachel quien tenía la mirada baja, los ojos irritados como si… ¿Hubiese estado llorando?

Fue hasta la cocina para coger una taza de café y luego tomó aliento para enfrentarse a cualquier cosa que estuviera sucediendo en la sala común.

Se quedó parada, lo que parecieron unos inmensos minutos aunque solo habían transcurrido segundos, hasta que Santana le dirigió una mirada rápida. Quinn tomó coraje para hablar, ya era suficiente con aquel silencio que le erizaba la piel.

Q-. ¿Qué sucede? –Preguntó mirando primero a Rachel y luego echando una mirada general. Todos permanecieron callados, muy serios y tuvo que volver a repetir la pregunta para que alguien, finalmente, le diera una respuesta.

Kurt tenía su mano entrelazada con la de la morena, y no miraba a nada en particular, parecía tener la vista perdida.

Santana largó un suspiro extenso y le pidió a la rubia que se sentara; ésta, impaciente e inquietándose con el correr del tiempo sin que nadie le diera una explicación, dijo que estaba bien así parada.

S-. De verdad, creo que necesitarás sentarte –La miró fijo durante unos segundos y luego apartó la mirada, como si permanecerla le doliera. Quinn frunció el ceño y luego se sentó en un banco próximo a ellos, moviendo la pierna, frenéticamente.

Q-. De acuerdo, ya me senté. ¿Me van a decir qué sucede? –Protestó, alzando la voz más de lo que quiso porque no quería parecer preocupada o desesperada pero lo estaba, de hecho.

S-. Hoy hemos recibido una… noticia –Hizo una breve pausa lanzando un suspiro y rascándose la nuca. Miró a Kurt para ver si él iba a tomar la palabra pero éste no daba ninguna señal de querer hacerlo, así que prosiguió, aún entre pausas incómodas-. El padre de Kurt nos ha llamado desde Ohio.

Q-. ¿Es… por algo respecto a la boda? –Preguntó aunque temía que no fuera ese el motivo, o podría ser que Blaine hubiera decidido cancelarla pero… ¿Entonces por qué Santana estaba hablando en lugar de Kurt? No. Aquella llamada debió ser más importante de lo que creía pero jamás se imaginaría lo que vino a continuación. Otra breve cruzada de miradas entre Kurt y Santana, y ésta continuó hablando.

S-. No, es algo más… complejo –Se frotó las manos y luego se levantó dando un par de vueltas por la sala, repitiendo cosas ininteligibles, que Quinn no podía descifrar.

Q-. De acuerdo… dispara. Dímelo de una vez, que así solo logras ponerme mal.

Kurt levantó la mirada hacia la rubia por vez primera, había estado llorando también, pudo notarlo, y luego entrecerró los ojos.

K-. Finn… es Finn –Pudo hablar, finalmente pero sin dar más detalles que el nombre de "Finn". La rubia frunció el ceño y miró a todos los presentes pero nadie le correspondía la mirada. ¿Finn? ¿El mismo Finn que todos conocían y había muerto? ¿Qué noticia podría haber llegado como para alterar a todos a tal punto? Lanzó una breve carcajada presa de los nervios y se enfrentó cara a cara con el muchacho.

Q-. ¿Finn? ¿Qué quiere eso decir? –Éste tenía la vista baja, de modo que no podía descifrar nada en ella. Parecía impenetrable. Nueva pausa extendida de silencio-. ¿Alguien me va a decir qué está pasando de una vez por todas? –Gritó, un grito que le salió desde el alma, y en aquel momento, Rachel se largó a llorar, cubriendo su rostro en el hombro de Kurt.

S-. Tranquilízate, que todos estamos bastante mal –Se frotó los ojos y decidió terminar de contar lo que Kurt no pudo hacer-. Finn está vivo –La expresión del rostro de Quinn, la forma en cómo sus cejas se elevaron y algunas lágrimas iban asomándose, era inexplicable. Susurró un "¿Qué?" pero no alcanzó a ser lo bastante legible-. Cuando nos dijeron que estaba muerto, en realidad fue porque los oficiales no lo encontraron luego de una ardua búsqueda pero hace dos semanas, un granjero vio los afiches que habían colgado de él, y le informó a la policía que lo había estado cuidando desde que lo encontró inconsciente. Lo trasladaron a un hospital aquí en NY…

Q-. ¿Vi…vo? ¿Qué… qué diablos quieres decir? –Miró nuevamente a todos, encontrándose sola en aquella búsqueda por encontrar una cara que la comprendiera pero parecía que cada uno estaba muy metido dentro del asunto como para salir de él y prestarle atención-. ¿Han ido a verlo ya?

S-. No, estamos esperando a la madre de Finn y al padre de Kurt, llegarán en una hora aproximadamente.

Q-. ¿Qué rayos están esperando? ¡Por el amor de Dios! Finn está vivo… ¡Vivo! –Gritó lo más fuerte que su garganta le permitió dadas las circunstancias porque ya había empezado a llorar de alegría pero también de… tristeza. ¿Significaría esto que perdería a Rachel para siempre? Estaba segura que ella volvería a los brazos de su amado. Todo este tiempo, intentando hacerla sentir mejor, que podía volver a amar y ser amada y de pronto… todo aquel universo fantástico parecía derrumbarse. La certeza de tener a Rachel para ella, para siempre, se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo puede ser todo tan frágil? Pensó mientras la miraba fijamente, pero ésta no a ella.

S-. Es complicado –Hizo una pausa para tomar aire y luego lo soltó como si se le fuera la vida en ello-. Finn ha perdido la conciencia, es decir, está consciente pero no recuerda nada.

Q-. ¿Na…da? ¿Qué… qué quieres decir? ¿No nos recuerda? –Santana negó con la cabeza, mientras unas lágrimas se desplazaban por sus mejillas. Tocaron el timbre y todos pegaron un sobresalto. Se miraron y la latina fue a abrir la puerta. Era Dani, en cuanto la vio, la abrazó fuertemente y Santana se aferró a ella. Quinn escuchó que Dani le decía que lo sentía muchísimo, pero la rubia ya no prestaba atención a aquello, tenía toda su atención depositada en Rachel. Se acercó y se acuclilló para tenerla frente a frente, aunque esta no se atrevía a mirarla-. Rach… di algo, por favor –Le tomó la mano libre y la pasó por su mejilla. La morena se desprendió de ella y negó con la cabeza, mientras continuaba llorando en silencio. Kurt la fulminó con la mirada y habló muy rudamente.

K-. Debes darle espacio, no quiere hablar. Es todo tan complicado. ¿No lo entiendes? –Quinn alzó la vista para mirarlo y se puso furiosa.

Q-. ¿Crees que no lo sé? ¡Lo entiendo perfectamente! Solo… -Cuando quiso continuar, se dio cuenta que se le estaba quebrando la voz; tragó el nudo que tenía en la garganta e intentó contener la postura-. Solo quiero ayudar.

K-. Entonces, déjala en paz –Replicó con la misma dureza que hizo al hablarle anteriormente.

Santana y Dani aparecieron por el living; Quinn evitó la mirada de Dani porque luego de lo que había ocurrido, seguro debía odiarla. ¡Perfecto! Ahora todos me odian, pensó enfurecida, sacada… fuera de sí misma. Y a la vez, impotente, por no poder hacer nada por Rachel, la persona que más amaba en el mundo. No importaba perderla, solo quería ayudarla, que estuviera bien, que mantuviera la fuerza que tuvo durante todos aquellos meses. La necesitaba, escuchar su voz aunque fuera solo repitiendo su nombre. Sintió un fuerte impulso por agarrarla y abrazarla, pero se contuvo. No quería provocar más controversias.

Se sentó, de nuevo, en el banquito y todos esperaron hasta que llegaran los padres de Kurt. Al cabo de una hora, el timbre sonaba nuevamente y ahora todos sabían que eran ellos.

Fue Kurt quien corrió, esta vez, a abrir la puerta y en cuanto los vio, se echó a sus brazos largándose a llorar, provocando un sonido muy fuerte cada vez que tomaba aire para volver a llorar.

Pasaron unos breves minutos, y la pareja entró en la sala. Burt saludó a todos con una inclinación de cabeza, y en cambio, Carole saludó a todos con un beso en la mejilla hasta que le tocó el turno de Rachel y estas dos se abrazaron desesperadas, uniéndose en el llanto.

Quinn observaba la situación, como si fuera ajena a todo lo que estuviera ocurriendo. Sintiéndose incómoda porque pensaba que no tenía derecho a estar allí. Todos tenían a alguien; Kurt a su padre, San a Dani, Rachel a Carole y ella… estaba terriblemente sola, apartada de brazos cruzados y aguantando el llanto porque sentía que no debía llorar, por mucho que a ella también le hubiera afectado la noticia de Finn. Ella lo amaba, de distinta manera ahora, claro, pero siempre había tenido un lugar muy especial en su corazón y enterarse que estaba vivo… la invadía de una alegría extrema pero el solo hecho de pensar que él no podría reconocerlos, le rompía el corazón.

Luego, de unas pocas palabras, se dispusieron todos para ir al hospital. La rubia se aseguró de tener un lugar en uno de los autos, sentándose al lado de Rachel, quien intentaba no mirarla; aunque cuando Quinn se dio la mano, esta vez no la apartó. Dejó que el calor de la rubia, la llenara. Ambas se necesitaban, en un momento tan duro como este. Más allá del amor que podían sentirse… se necesitaban.

El hospital no quedaba muy lejos, tan solo a treinta minutos de allí. Aparcaron los coches, y en una fila dispareja, entraron.

Carole fue desesperada hasta el mostrador y le dijo a la secretaria, que era la madre de Finn Hudson. Ésta tipió algo en la computadora y luego asintió. Llamó a una enfermera para que le dieran las explicaciones del caso del muchacho.

Una enfermera se acercó al grupo y los saludó muy amablemente. Preguntó quiénes eran los padres, y Carole y Burt se apresuraron en decir que eran ellos.

Ésta pidió permiso, y los llevó a una esquina y se puso a hablar, casi en un susurro de modo que los demás no podían oír.

Santana dio unas vueltas, maldiciendo en voz alta. Dani le tomó la mano, sonriéndole cariñosamente y le pidió que pare, que así no iba a conseguir nada.

S-. Es que… ¡Estoy molesta! ¿Por qué no podemos saber nosotros sobre Finn? ¡Tenemos el mismo derecho! –Estalló y algunos pacientes y familiares que estaban en la sala, se dieron la vuelta para mirarla. Recién allí, bajó el tono de voz.

Rachel estaba de brazos cruzados, con la mirada baja, sin moverse ni soltar palabra alguna. Quinn se puso a su lado y pasó un brazo por su hombro.

Q-. Verás que todo estará bien… -Intentó consolarla, aunque ni ella misma podía creerse esas palabras. Si era cierto que Finn no recordaba nada… sería más difícil aún enfrentar el hecho para la morena.

Al cabo de lo que parecieron enormes minutos, la pareja volvió al círculo. Carole no paraba de llorar, mientras que Burt la abrazaba con un brazo. Carraspeó y se acomodó la gorra.

B-. Bueno, Finn está estable pero tiene algunos hematomas. Todavía deberá permanecer unos días más aquí hasta que puedan solucionar… unos problemas. Análisis y… esas cosas-Bajó la mirada, mordiéndose el labio. Era obvio que él también estaba aguantándose el llanto. Perderlo una vez, fue demasiado duro y nadie estaba dispuesto a abandonarlo de nuevo-. Pueden pasar solo dos personas –Dijo mirando a cada uno y luego a su mujer, quien asentía constantemente.

K-. Yo iré primero –Se apresuró a decir, sin aguantarse un segundo más. Su padre lo miró fijo y negó con la cabeza.

B-. Irá su madre y… -Hizo una pausa soltando un suspiro-. Creo que debería ir Rachel –Todos se miraron, algo confundidos, y Kurt protestó de inmediato.

K-. Papá… ¿No ves que ella no está preparada para verlo en este estado? Quizá debamos esperar a que recobre la conciencia. Porque… -Pero Rachel se apresuró en pararlo con tal solo una mirada.

R-. Estoy bien –Asintió mirando a cada uno, deteniéndose un solo segundo en Quinn, luego apartó rápidamente la mirada-. Finn… es mi prometido y quiero verlo.

Todos guardaron silencio, no sabían qué decir. Querían protegerla, pero al mismo tiempo, sabían que tenía derecho a verlo, por más difícil que resultase la primera impresión. Burt asintió y le tomó la mano para inspirarla fuerzas.

Luego, la madre y ella, desaparecieron por el pasillo hasta la habitación que tenía asignada Finn, dejando un silencio sepulcral tras ellas.

Quinn la siguió con la mirada, mientras unas lágrimas resbalaban por sus ojos. Se apresuró a limpiarlas para que nadie pudiera notarlas pero Santana había sido más rápida.

Le tomó del brazo y la apartó a un costado.

Al principio, cada una permanecía en silencio; la rubia mordiéndose el labio inferior, con la mirada baja, intentando hacer desaparecer las imágenes de los últimos meses. La noticia de la muerte de Finn, su llegada al departamento en NY, el primer contacto visual con Rachel, sus besos, sus caricias… su amor… que ya nunca más sería eterno.

La latina le levantó el mentón e intentó sonreírle.

S-. Sé que esto es duro, para todos pero… debes entender que Rachel…

Q-. Lo sé –Se apresuró a responder asintiendo con la cabeza; quería hacerse la superada, aunque solo fuera una falsa apariencia-. Rachel lo ama y lo entiendo perfectamente.

S-. Pero tú también la amas… ¿Estás dispuesta a dejarla ir? –La desafió con la pregunta, que dejó a la rubia con la boca abierta, sin saber qué decir.

Q-. Yo… yo haría lo que sea para que ella sea feliz y si es feliz con él, lo aceptaré. Jamás volveré a acercarme de otra manera que no sea de amistad.

S-. ¿Cuándo te has vuelta tan comprensiva? –Rió para aliviar la tensión del ambiente, y Quinn sonrió-. Está bien, solo quería comprobar que tú también lo estuvieras. Estoy segura de que Rachel te ama pero… el amor por Finn… -No se atrevió a continuar con la frase. Se detuvo porque sabía que sería algo difícil de oír, por más que todos lo supieran.

Q-. Lo sé –Respondió, asintiendo nuevamente.

Carole abrió la puerta lentamente porque temía que la primera vista de su hijo, fuera la de un hombre destrozado, lleno de cicatrices y vendas, pero al contrario, parecía bastante bien. Rachel la siguió poniéndose detrás de ella.

Finn levantó la vista, la tenía perdida pero por un momento pudo enfocarse en la mujer que lo miraba con lágrimas en los ojos, aún así no dijo nada. Se limitó a mirar.

C-. ¿Finn? –Dijo riendo de la emoción y se lanzó a abrazarlo; un médico presenciaba la situación, controlando que estuviera todo en orden. No podían alterar el estado de Finn, no era bueno para su salud.

Finn, se quedó duro mirando hacia la puerta, mientras su madre lo abrazaba pero no pudo ponerle la mano en su espalda. Se lo notaba confundido.

Carole se separó lentamente, secándose las lágrimas y le sonrió, acariciándole la mejilla.

C-. ¿Me recuerdas? –Todos en la habitación sostuvieron el aliento, mientras se expandía el silencio. Finn miró al médico como intentando que lo ayudara. A él sí podía reconocerlo porque lo había tratado desde que llegó allí. El chico abrió la boca pero tardó en dar una respuesta, aunque no se lo notaba claro.

F-. No –La miró fijo, escudriñándola, para intentar recordar aunque sea un detalle de aquella mujer que lo miraba, desesperada y llorando-. Lo… siento –Se disculpó, sintiendo que eso era lo que debía decir; estaba más confundido que nunca-. ¿Quién… eres?

Carole se dio la vuelta, bajando la mirada y conteniendo un grito que deseaba salir de su garganta; cuando se hubo calmado, se volvió hacia el chico.

C-. Tu madre –Respondió, sonriendo tristemente con las lágrimas colgando de sus ojos –Éste la miró frunciendo el ceño y asintió, como si lo comprendiera pero en realidad, no comprendía nada. Pasaron unos minutos, hasta que Finn alargó la cabeza para ver a la muchacha que estaba a un costado, con la mirada fija en el suelo.

F-. ¿Y tú…? –Alzó la voz para llamar la atención de Rachel, quien lo miró sorprendida; ésta no se animó a responder. No quería sufrir la misma decepción que la madre. Lo miró fijo, y sus miradas se sostuvieron durante un largo rato. Él intentaba hacer memoria, podía verse el esfuerzo que hacía por más inútil que resultase. Carole intervino, diciendo el nombre de la chica.

F-. Ra…chel –Pronunció pausadamente y reflexionó en ello-. ¿Rachel? ¿Por qué me suena tanto tu nombre? ¿Quién eres? –Le extendió una mano para que se acercase, y ésta, lentamente fue hacia él. Dudó en tomar su mano pero finalmente lo hizo, sin apartar la vista. Finn cerró los ojos, con el ceño fruncido, apretando con fuerza la mano. Para aquel entonces, Rachel ya no podía controlar las lágrimas, el solo contacto físico con la persona que más amaba y lo creía muerto y ahora no la recordaba, le dolía demasiado.

R-. Yo… -Hizo una larga pausa, midiendo sus palabras. Si él no podía recordarla, jamás le creería que alguna vez, se habían amado con tanta pasión, que ambos estaban dispuestos a morir por ese amor. Le soltó la mano, de repente, y salió disparada hacia la puerta pero la voz de Finn la detuvo. Se quedó estática, sin girarse.

F-. Yo… ¿Te amo? –Preguntó inocentemente. Esto hizo que obligatoriamente la morena tuviera que darse la vuelta. Lo miró, temblando de pies a cabeza.

R-. No lo sé. ¿Me amas? –Le respondió, mientras su voz se quebraba.

F-. Dímelo tú porque… -Se llevó los dedos a la sien-. No logro recordar nada.

R-. Yo te amo –Dijo en un susurro pero que fue completamente audible, y el chico la miró fijamente, de nuevo.

F-. Entonces debo de amarte también –Le respondió y el tiempo, pareció detenerse en aquella misma respuesta. Ya no existía nada más.