Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Stephenie Meyer, y el fic es propiedad de xkagome (Inuyasha).
Capítulo 12: Después de la Tormenta
Corría lo más rápido que podía. No le importaba nada a su alrededor, ni los autos que le tocaban bocina furiosos por su imprudencia. Hizo caso omiso a todos los insultos y siguió corriendo utilizando todas sus fuerzas. Golpeó la puerta de la sala y entró agitado. Dos miradas se clavaron en él y, de inmediato, se acercó a ellos con mucha impaciencia.
—Edward —dijo Emmett.
—¿Cómo está ella? —preguntó con dolor.
—Bella está...
—Ella no está bien —contestó Rosalie desde un rincón.
Edward la observó fijamente y ella alzó la vista. Sus ojos azules estaban hinchados y muy rojos, había estado llorando. Sintió que su corazón se oprimía. Caminó hasta su amiga y la abrazó con fuerza. La rubia correspondió y él la sintió llorar en su hombro.
—Lo siento, Rosalie —musitó.
—Ella... Ella...
Edward la separó apenas y la miró preocupado. Su corazón no dejaba de sentir dolor, estaba tan angustiado, tan dolido, no podía soportar la idea de que Bella estuviera en ese sanatorio, no podía.
—Tranquila... —animó.
—Edward, Bella está mal, sufrió un desmayo al llegar a su casa y su presión no anda nada bien. Tiene mucha fiebre, demasiada —comentó Emmett.
—No... —susurró él con el dolor en sus ojos.
—Su madre está desesperada, en estos momentos la mandamos a su casa para que descanse.
Edward sintió temblar a Rosalie. La miró, sus brazos seguían aferrados a los hombros de la rubia. Ella levantó la vista y lo miró con súplica.
—Edward, ayúdala —rogó.
—¿Cómo podría yo...?
—Ella escucha, los médicos lo dijeron... Háblale... Te necesita —lloró.
Emmett asintió y él caminó hasta la puerta de la habitación. Se detuvo sin tener las fuerzas suficientes para abrir la puerta. Tomó aire muy profundamente y abrió. Tragó dolorosamente al verla. Estaba dormida, con algunos aparatos conectados que la controlaban constantemente. Se acercó despacio, sintiendo que cada paso que daba era un paso tortuoso. Se agachó al lado de la cama y aferró su mano a la de ella.
—Bella —murmuró.
Las lágrimas de pronto se agolparon en sus ojos dorados, oscuros, sin vida. La garganta le dolía demasiado, sentía una opresión en el pecho que no lo dejaba respirar. Había sido un tonto. Se lamentó de no haberla protegido de esto, él... Él, que había prometido cuidarla con su vida. Agachó el rostro enojado consigo mismo. Era un imbécil. La observó nuevamente. Se veía tan tranquila, durmiendo, tal vez... sin dolor.
—Perdóname.
Sintió un leve apretón en su mano. Abrió los ojos sorprendido y en seguida levantó la vista para observar a Bella. Ella abrió los ojos apenas y los desvió hasta los dorados del chico. El chico notó que él estaba llorando, y ella hizo una mueca a duras penas.
—E... Ed-dward —musitó.
—No hables, te va hacer mal —reprochó el chico mientras que apartaba las lágrimas.
—Soy... una tonta.
—No digas eso... Fue mi culpa, yo no debí... Lo siento.
—Yo juré... creer en ti —se quejó ella.
—Ya, calla. Todo esto es mi culpa.
—Te amo —suspiró ella sintiendo un nudo en la garganta.
—Jamás lo dudé —respondió él sonriendo.
—Yo tampoco dude de ti... Estaba enojada —confesó ella.
—Ya lo sabía, amor, no es necesario que lo digas.
Ella sonrió un poco y frunció el ceño, los mareos se hacían cada vez más fuertes. Edward notó su incomodidad y entonces se acercó y depositó un suave beso en la frente de ella. El cuerpo de Bella se estremeció ante el contacto de él.
—Gracias.
—Siempre agradeciendo, ¿verdad? Bella, el amor no se agradece.
—Humm... —ella cerró sus ojos y él sonrió—. ¿Vas a quedarte?
—¿Lo dudas?
—No.
—Mejor así —se rió él.
Ella aferró más fuerte su mano a la de él. No iba a dejarlo ir, no. Su amor era demasiado como para poder permitir que él se fuera. El joven de ojos dorados sintió una punzada en su corazón. No la merecía. Ella era tan... perfecta, y él tan solo un tonto que no sabía tratarla. Tragó con dolor.
Bella había estado dos días internada y él no se había enterado. Era comprensible. Rosalie y Emmett no fueron capaces de avisarle, ya que Rosalie había casi sufrido un ataque cuando se enteró que su mejor amiga estaba en esas condiciones y Emmett se había hecho cargo de ella. Por eso no habían podido comunicarse con él antes.
Era normal que Bella faltara dos días después de haberse peleado con él, lo más probable era que no quisiera cruzárselo. Pero... ¿y Emmett y Rosalie? Fue entonces cuando decidió llamarlos para ver que sucedía y se enteró. No lo pensó dos veces para dejar todo lo que estaba haciendo y correr a verla. Aunque, había sufrido tanto...
Esos dos días sin ella habían sido una tortura, se había sentido tan solo, no había manera de calmar su dolor. No había comido por días y se sentía tan inútil. Su mundo se había derrumbado. Sus padres estaban preocupados por él, le insistían en que volviera a ser el mismo; no sabían que le pasaba, ya que él no había contado nada. De todas formas, no tenía ganas de andar publicando sus sentimientos en todos lados.
—¿Sucede algo, hijo? —preguntó su madre preocupada.
—No, mamá, todo esta bien —respondió sin más mientras que hacía zapping en la tele.
—¿Seguro?
—¡Ya dije que no es nada! —gritó—. Maldición... —susurró a lo último.
Su madre se quedó observándolo por un instante. Su hijo se veía tan irritado, tan... muerto. Es como si algo vital le faltara. Suspiró agotada.
—Y... ¿cómo está Bella? —interrogó sonriendo.
Edward frunció el ceño y apretó los dientes. Clavó su mirada en la televisión e intentó no pensar en ella. Solo se limitó a asentir su cabeza, y su madre se sorprendió. Él no solía hacer eso cuando ella le preguntaba por Bella. ¿Podría ser que...?
No dijo más nada y se retiró de la sala, dejándolo solo. Edward la observó irse y, luego, tiró el control con furia al suelo. Se quedó inmóvil en el sofá sintiendo como el mundo se le venía abajo de a poco. Tan solo... tan muerto. Así se sentía. Bufó con molestia y se levantó. Pateó la mesa con brusquedad, tirando y rompiendo todo lo que había en ella. Sin decir más nada, subió las escaleras y se encerró en su cuarto, una vez más.
Sus días habían sido una tortura, llenos de furia, tristeza, desolación... Se detuvo un momento. Miró a Bella, que ahora respiraba acompasadamente. ¿Y los de ella? ¿Acaso no habían sido peores? Retuvo el aliento al sólo pensar el sufrimiento de la chica. Por algo estaba ahí, ¿no? Tragó con dolor.
Soltó su mano poco a poco y buscó algún papel en la habitación. Escribió una nota y salió del cuarto de forma cautelosa para no despertarla.
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El sol entró por las cortinas de forma cegadora. Ella abrió los ojos y pestañeó varias veces para recuperar la vista por completo. Ladeó el rostro buscando a Edward, pero él no estaba ahí. Sintió una opresión en el pecho, apoyó sus manos en la frazada y tocó algo. Bajó la vista y era un papel. Frunció el ceño sin comprender y lo abrió con cuidado.
No te asustes, solo fui en busca de algo.
Nos veremos más tarde. Te amo, lo sabes.
Edward.
Sonrió contenta de que sus temores no fueran ciertos. Al instante entró el doctor acompañado de su madre, que sonreía ampliamente, sintiéndose aliviada.
—Mamá —dijo ella al verla.
—Bella, hija, que bueno que estás bien —tu madre la abrazó con fuerza.
—Si, ya estoy mejor.
—Muy bien, Bella, ya puedes cambiarte e irte a casa. Sorprendentemente, tu estado de shock mejoró bastante durante la noche.
—Vaya... No me imagino por qué podría ser —comentó ella, sonriendo.
—Señora Swan, ¿podría acompañarme? Tiene que firmar los papeles del alta —dijo el doctor.
—Claro. Bella, cámbiate, que en cuanto termine nos marcharemos.
—Sí.
Su madre y el doctor salieron de la sala. Bella se sentó en su cama, moviendo sus piernas. Definitivamente, se sentía mucho mejor. Suspiró aliviada, y alzó la vista cuando la puerta se abrió. Sonrió ampliamente.
—¡Bella!
—¡Rose, amiga! —gritó llena de emoción.
Se paró y corrió a abrazarla. Estuvieron así unos instantes hasta que se separaron y sonrieron, felices de que todo volviera a ser como antes.
—Me asustaste mucho, tonta —reprochó Rosalie.
—Lo sé, y lo siento mucho —se disculpó ella.
—Vine a ayudarte a preparar tus cosas, ¿está bien?
—¡Claro que sí! ¡Qué pregunta!
—Se te ve mucho mejor, amiga— Dijo la rubia, mientras que guardabas varias prendas dentro del bolso—. Dime, ¿qué fue lo que sucedió? ¿Por qué llegaste a este estado? —indagó.
—Es que... Preferiría no hablar de eso por ahora —fue su única respuesta.
—Es comprensible, no hay problema.
Bella, su mamá y Rosalie salieron del sanatorio. El sol les dio en la cara como grato recibimiento y, al levantar la vista, Bella pudo verlo. Estaba parado frente a ellas con una amplia sonrisa, esperándola. Ella sonrió contenta y corrió para abrazarlo.
—Qué bueno que ya estás mejor —dijo él, entregándole un ramo de flores.
Bella se sorprendió y sus ojos se llenaron de lágrimas, las cuales cayeron por sus mejillas descuidadamente. Edward se asustó y en seguida la miró preocupado.
—¿Qué sucede? —preguntó asustado.
—Estoy feliz, eso es todo —contestó, abrazándolo nuevamente.
Rosalie los observó de lejos y sonrió; miró a la mamá de Bella, que también se veía complacida. Ella suspiró y se sintió contenta por su amiga.
—Es lógico, ¿no? —comentó la rubia.
—Sí, después de todo ambos son humanos y cometen errores... Lo bueno es que ahora todo está bien.
—Bella no quiso contármelo; lo dejé pasar, después de todo Edward me dijo como fueron las cosas —dijo Rosalie, manteniendo la vista al frente.
—A mí también me contó, era normal que Bella se pusiera así al ver a esa joven, pero... Lo que ella no entendió es que, por más que el pasado vuelva, si el presente es sincero, jamás va a poder reemplazarlo.
—Así es, pero... Parece que ya lo comprendió —rió Rosalie.
—Qué bueno, Edward me gusta como yerno —bromeó la madre.
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Se recostó en su cama feliz. Edward se sentó a su lado y la observó con una sonrisa. Ella levantó la mirada.
—¿Qué?
—Sólo... admiro tu belleza —comentó él guiñándole un ojo.
—¡Qué tonto! —ella lo empujó, y él cayó al suelo.
—¡Oye, eso no se vale! ¡Ya verás!
Edward se levantó y comenzó a hacerle cosquillas. Bella lo pateó, y ambos rieron nuevamente. El joven la observó y se acercó a ella, depositando un suave beso en sus labios. Bella pasó sus manos por el cuello del chico y se aferró a él. No iba a soltarlo. Edward sonrió a medias y profundizó su beso, sintiéndose vivo nuevamente. Ambos sonrieron y siguieron besándose. Esta vez no les importaba el tiempo ni nada que pudiera interponerse.
—Te amo —murmuró ella.
—Yo también, pero... espero que ya no dudes de mí.
—Jamás volveré a hacerlo, lo prometo.
—¿En verdad?
—Sí —sentenció ella.
—Así me gusta —rió él, besándola nuevamente.
Siguieron entre besos y abrazos por varios minutos, rieron, y continuaban demostrándose su amor todo el tiempo. Era tan... hermoso estar así.
—Edward...
—¿Hum?
—¿Te diste cuenta?
—¿De qué? —preguntó él, sin comprender.
—Ya pasó... la tormenta —comentó con una sonrisa.
Edward sonrió nuevamente y la besó. Era cierto: desde que se pelearon no había dejado de llover pero cuando, esa mañana, se reconciliaron, el sol había salido nuevamente. Edward escondió su cabeza en el cuello de ella y Bella acarició sus cabellos de forma dulce. Suspiró sintiéndose feliz, vivo nuevamente.
Era cierto, ahora estaban felices, y nada iba a separarlos, nada... Porque, después de la tormenta, siempre sale el sol.
Continuará...
¡Awww, qué tierno!
Amo este capítulo, hace mucho que quería subirlo, más específicamente desde que comencé a subir esta historia XD
Realmente no tengo nada para decir hoy, así que se los dejaré aquí, esperando ansiosa sus opiniones en un lindo review. ¡Nos leeremos pronto!
¡Mordidas!
Nessie-Marie-Cullen-Swan
