Mi mundo (3/?)
Lo sé, lo sé, he tardado siglos en escribir esta tercera parte, sorry. Para los que no lo sepáis las dos primeras partes están en el "paquetito de oneshots" anterior.
-Hola- le susurré dulcemente a Grant acariciando su pelo mientras él abría los ojos.
-¿Qué ha pasado?- me preguntó incorporándose con una mueca de dolor.
-Ayer, mientras traíamos a Harry, te dieron. Nada grave, solo un buen golpe- le dije con una sonrisa triste.
-¿El resto están bien?
-Casi todos- le dije mientras los ojos se me llenaban de lágrimas.
-Eh, ¿Qué ha pasado?
-George recibió una maldición, ya no tiene una oreja. Dice que así les distinguiremos- dije entre la risa y el llanto-. Ojo Loco ha muerto, creí que él era invencible, lo parecía cuando estudiaba. Podían llevarse una pierna, un ojo, pero matarle… tenía la sensación de que hasta la muerte temía que él la tomara por un mago tenebroso si intentaba llevársele.
-Lo siento- dijo Grant.
-Iba a irme, iba a hacer que nos fuésemos una vez el chico estuviese a salvo en la madriguera, pero ya no puedo. Quiero que os vayáis, que volváis a casa. En cuanto estés más recuperado prepararé un traslador y os iréis.
-¿Todavía no has entendido que no vamos a irnos?- dijo una voz desde la puerta, me giré y pude ver a May en ella.
-No es decisión vuestra- le contesté.
-¿Y quién va a obligarme? ¿Tú?- me preguntó.
-Puedo hacerlo.
-Lo sé. Veo que con esa cosa- señaló a mi varita-, hay pocas cosas que no podáis hacer.
-No podemos devolver la vida- le contesté.
-¿Quién puede?
-Moriréis.
-Puede, y no seremos los únicos. Tengo la sensación de que el hombre que te entrenó no fue el primero en morir en esta guerra- yo negué con la cabeza-, y no será el último.
-No.
-Pero te entrenó bien- me dijo-, y la muerte tendrá miedo de que la tomes por un mago tenebroso si intenta venir a por nosotros, o a por ti.
-¿Por qué crees que soy tan buena?- le pregunté.
-Ayer volviste sana y salva, cargada con un peso muerto que no deberías haber llevado- dijo señalando a Ward-, y cumpliste tu misión. No sé lo que te pasó, y si no quieres no tengo por qué saberlo, pero sigues a delante y no estás rota, o al menos intentas no estarlo. Eres una buena bruja, y una buena…- parecía necesitar un momento para pensar- aurora. Déjanos ayudarte.
Diciendo eso se dio la vuelta para irse.
-Sucedió hace unos años- le dije-. Un grupo de seguidores de Voldemort estaba intentando volver a alzarse, esto es algo que no salió a la luz pública. Me enviaron con un equipo, pero eran muchos y muy bien organizados y nos capturaron. Estuve un mes en ese lugar, era una celda fría, pequeña y húmeda. Fui la única que salió viva de allí.
-Lo siento- me dijo.
-Ellos nos torturaban uno a uno por información hasta que moríamos desangrados. Cuando escuchaba los gritos de los compañeros sabía cuál iba a ser su destino, unos duraban un día, otros dos, otros una semana. Cuando todo acababa para uno de nosotros venían a las celdas y nos lanzaban la sangre de nuestros compañeros hasta cubrirnos con ella- le conté-. Cuando vinieron a rescatarnos yo estaba cubierta por la sangre de todos y cada uno de mis compañeros.
-No me importaron los dos días que llevaban torturándome físicamente- continué-, no me importaba que me costara respirar o que la herida que tenía en el muslo podía matarme en segundo. En mis pesadillas solo escucho los gritos, siento el frío y la rigidez y el sabor de la sangre. Cada noche, ese botecito que me veis beber antes de dormir, es una poción para dormir sin sueños, porque si no la tomo sufro de terrores nocturnos. Aunque no siempre funciona bien y las pesadillas vuelven, pero por lo menos no soy peligrosa para los que me rodean.
-Debió de ser horrible- dijo Grant.
-Intenté seguir adelante, intenté volcarme en mi trabajo, pero pasé de tener aproximadamente un episodio de terror nocturno a la semana a que fuesen diarios, por eso hui, por eso me fui al mundo muggle. Si estoy rota May, solo que lo disimulo mejor que tú.
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-¡Venga! ¡Venga!, moveros, hoy hay mucho que hacer. ¡No se me casa un hijo todos los días!- dijo la señora Weasley con una gran sonrisa-. Bill está que se sube por las paredes y Fleur tiene que probarse el vestido ¡Así que el resto tiene que arrimar el hombro! ¡Sí! ¡Sí! Los Muggles también.
Fitz y yo intercambiamos una mirada cansada y nos levantamos de las sillas en las que no llevábamos sentados ni cinco segundos. Miré con ojos de sueño a Molly.
-Déjanos desayunar, ¡pero si la mitad del mundo todavía está durmiendo!
-Eso lo arreglo yo enseguida- me dijo con una sonrisa y dos cazuelas (aun mojadas de haber sido fregados) en sus manos. Me tapé los oídos sabiendo lo que venía.
Hizo chocar una cazuela contra la otra unas tres vezes, Fitz pegó tal salto que tropezó con la silla en la que antes había estado sentado, pasó por encima de ella y su culo se estrelló contra el suelo con sus piernas sobre el asiento.
-¡DESPERTÁOS TODOS! ¡HOY ES UN GRAN DÍA!- gritó y luego miró hacia nosotros-¡Oh, cariño! ¿Pero qué haces en el suelo?- dijo corriendo hacia Fitz para ayudarle a levantarse mientras este se frotaba la espalda.
-Molly, suelta las cazuelas antes de que se conviertan en un arma de destrucción masiva. Hasta Quien-Tu-Sabes temerías a ese par de cacharros de metal- le dije llevándome una mano a la cabeza mientras dejaba caer una tostada sobre mi plato.
-¡Oh cariño!- dijo acercándose a mí y poniendo una mano en mi frente-. Que mala cara tienes ¿Te tomaste tu poción anoche?- me preguntó.
-Sí, pero no siempre funciona como debe- le sonreí.
-Mi pobre niña- me dijo con ojos tristes mientras me empujaba hasta que quedé sentada de nuevo en la silla-, tu espera aquí, voy a por una poción revitalizante- segundos después volvió con un tarrito que dejó encima de la mesa- ¡Desayuna bien antes de tomártela!- me advirtió.
-No te preocupes, Molly, muchas gracias.
-Ojalá no tuvieras que pasar por todo esto, cariño- me dijo acunando una de mis mejillas mientras se le escapaba una lágrima-. Eras tan pequeñita la primera vez que te vi, tan llena de vida. Hacías que la gente fuese más feliz solo con tu presencia.
-Nunca fue lo mismo ¿verdad?- le dije.
-No, cariño. Nunca fue lo mismo- respiró hondo, dio un paso hacia atrás, se secó las lágrimas con un pañuelo que tenía en el bolsillo y nos sonrió con ternura-. Hoy es un gran día, así que desayunad bien que hay mucho que hacer. No manchemos de oscuridad un momento de tanta luz como este.
-No se casa uno de tus hijos todos los días- le dije-, aunque con la cantidad de hijos biológicos que tienes y a los que nos has ido acogiendo a lo largo del camino en tu familia sería factible.
-Tonterías- me dijo agitando una de sus manos mientras le tendía un plato a su hijo Ron que acababa de llegar junto a Harry a los pies de la escalera-. Desayuna bien y tómate la poción- me dijo antes de salir hacia el jardín gritando que la carpa estaba quedando tordida.
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Mientras nos dedicábamos a prepararlo todo apareció el ministro de magia en la entrada de la casa. Primero quiso hablar con Harry, Ron, y Hermione y rato después me llamó a mí.
-Muy bien, Skye ¿sabes por qué estoy aquí?- me preguntó.
-No, la verdad.
-He venido a cumplir las últimas voluntades de Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore- me dijo extendiendo un papel-. Si no le importa, me voy a saltar las formalidades y voy a ir directamente a la parte que la incumbe a usted.
-No hay problema.
-"A Skye le lego mis más preciados recuerdos, me temo que algunos siempre pertenecerán a Hogwarts, y allí seguirán, pero espero que estos pedacitos de mi vida te ayuden a volver a encontrar la tuya. Recuérdalo siempre, la felicidad puede hallarse hasta en los más oscuros momentos, si somos capaces de usar bien la luz"- el ministro volvió a leer la frase, como intentado comprenderla, y luego negó con la cabeza y me entregó un paquetito de tela roja-. Bueno, pues me tengo que ir. Buena suerte, Skye- hice el amago de levantarme-. ¡Oh! No se preocupe, encontraré la salida.
Abrí el saquito de tela roja y dentro vi unos veinte recipientes con una especie de humo plateado en ellos, sonreí.
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La boda empezó bien, y cuando llegó el momento de lanzar el ramo adivinad a quien le callo. Yo estaba tan tranquila sentada en una silla con el codo apoyado en una mesa viendo como las chicas se daban codazos para ponerse las primeras y tener más posibilidades de coger el "valioso" ramo. Cuando, de repente, noté un ligero golpe en mis rodillas y ahí estaba él y las miradas envidiosas de las chicas de corrillo de lucha libre.
No sé por qué, pero mis ojos se dirigieron hacia los de Grant y le encontré mirándome.
La gente bailaba, charlaba y bebía.
Grant al fin se había decidido a invitarme a bailar cuando una bola de luz blanca irrumpió en la fiesta.
"El Ministerio de Magia ha caído.
El ministro ha muero.
Ya llegan. Ya llegan."
Solo tuve un segundo para reaccionar y comenzar a buscar al equipo cuando de repente los mortífagos comenzaron a aparecer. Vi como Lupin tiraba de FitzSimmons hasta la casa y como recogía por el camino a May y Coulson, así que yo decidí llevar a Grant.
Cuando íbamos de camino un mortífago apareció frente a nosotros, con un movimiento de varita nos hizo caer al suelo mientras reía. Me quedé estática.
Recordaba a la perfección esa risa, esa risa que me atormentaba. La escuchaba cada noche en mis sueños después de cada grito, después de cada sollozo que salía de mi garganta cuando notaba la sangre de otro de mis compañeros caer sobre mi cuerpo.
-¿Skye?- escuché la voz de Ward en la lejanía-. ¡Skye!
De repente me encontré allí en esa celda, rodeada de sangre.
-Niñita, hace mucho que no nos vemos- me dijo el mortífago-, hoy te ahogarás en la sangre de tus amigos, comenzando con este.
Algo se encendió en mi cerebro, pero cuando me dispuse a levantarme una luz roja dio de lleno en el pecho del mortífago dejándolo inconsciente. Lupin se apresuró a quitarle la varita mientras Ward me ayudaba a levantarme.
-¿Estás bien?- me preguntó.
-Estaba allí- les dije-, él estaba allí.
Los dos sabían a qué me refería, Lupin había escuchado la historia por boca de Tonks (su esposa) que fue una de las auroras que fueron en mi rescate y Grant la había escuchado hacía apenas unos días de mi boca.
Grant y yo corrimos hacia la casa, Grant entró y yo me quedé fuera, vigilando que ningún mortífago consiguiese entrar.
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Cuando la batalla terminó y los mortífagos que quedaban conscientes (o vivos) se fueron el patio de la madriguera estaba lleno de cuerpos en el suelo, unos solo inconscientes, otros muertos. La boda se había ido al garete.
-¿Dónde están Harry, Ron y Hermione?- pregunté.
-Les he visto desaparecerse- me dijo Fred, mientras se limpiaba la sangre de su mano (que salía de su ceja) en el pantalón.
Me acerqué a Molly y puse una mano en su hombro.
-No voy a volverle a ver- lloró apoyando su cabeza en mi estómago-, no volveré a ver a mi hijo.
-Son chicos listos- le dijo Lupin.
-Estarán bien, se protegerán unos a otros- le dije yo.
