Disclaimer: Todos los personajes −excepto unos cuantos− son propiedad de Rumiko Takahashi. Sólo la historia me pertenece.
Summary: Una decisión, puede conducir a la más grande traición.
"−…Supongo que así era como tenía que ocurrir. Hay cosas que están destinadas a pasar, sin importar cuanto lo tratemos de evitar…"
Rin, capítulo 7
XII
"Su respiración es agitada y siente que sus pequeñas piernas no pueden más.
Pero no debe detenerse.
Los siente pisándole los talones; los ladridos feroces, la sed de sangre… sólo un poco más y se encontrará con él nuevamente. Estará a salvo.
…De repente, tropieza.
El pequeño cuerpo de la niña cae al suelo sin poder evitarlo. Trata de levantarse y correr, correr y no detenerse jamás, cuando un dolor indescriptible en su abdomen la hace gritar… grito que es incapaz de salir de su boca.
Sus brazos, sus piernas, su rostro; en cada parte de su cuerpo la corroe el dolor, pero en su cabeza solo es capaz de retener en su memoria el rostro de ese hombre de cabellos platinados y fría mirada, haciendo su infierno más llevadero. En cada desgarre de su tierna carne y cada gota de sangre perdida.
No fue capaz de llegar a su lado.
Antes de que su corazón pare de latir perpetuamente, sus ojos logran observar a uno de los lobos y sus ojos rojizos, mientras sus oídos captan el sonido de un aullido lejano…"
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Sus ojos se abren desmesuradamente mientras trata de llevar a sus pulmones el aire que momentos antes le hacía falta. Se levanta del futón de forma rápida, notando como sus piernas parecen no tener fuerza. La tenue luz del alba es palpable, pero también le indica que el sol aún no ha salido del todo y que es muy temprano todavía.
Trata de tranquilizarse un poco…tal vez así sea capaz de recordar ese sueño que la ha asaltado de nuevo y la ha llenado de angustia. Toma su yukata de un suave color salmón y se la coloca rápidamente. Abre una pequeña caja de madera donde guarda sus pocas joyas y saca dos finas cadenas que se coloca al cuello: una de donde cuelga el medallón que Sesshomaru le obsequió y otra más corta, en donde se encuentra la pequeña piedra de jade dada por el señor Jaken.
Ambas unas de las cosas más importantes que ella posee, no por su valor en sí, sino por lo que representan para ella… por lo que siempre las lleva consigo. Da solo un par de pasos hacia la salida cuando un fuerte dolor de cabeza la asalta sorpresivamente, para después recorrer todo su cuerpo en un segundo. Cae al suelo de rodillas, mientras se abraza a si misma fuertemente tratando de mitigar un poco el dolor y pedir ayuda… pero su boca no parece producir sonido alguno.
El aire comienza a faltarle mientras su mirada pierde poco a poco la nitidez y cae completamente al suelo a un lado del gran espejo de piso que adorna su habitación. Trata de pararse de nuevo pero es inútil.
Su voz en definitiva la ha traicionado y la desesperación e impotencia se han instalado en su corazón, más no en su mente.
"Mi…
Antes de caer inconsciente, dirige su mirada hacia el espejo, quien le regala su propia imagen de forma difuminada, así como un par de ojos rojos que la observan detenidamente sin que ella se dé cuanta.
… Señor"
A lo lejos, escucha un aullido.
o0o
El sol finalmente se ha perfilado en el cielo. La tranquilidad que se respira en ese lugar es relajante, mientras que la espesura del bosque no deja ser visible a las dos figuras que caminan sorteando los árboles. Sesshomaru camina pausadamente entre la vegetación siendo seguido por Jaken quien ruega porque su Amo decida regresar pronto al Palacio después de dos días de viaje. Esta tan ensimismado en sus pensamientos que no se da cuenta cuando el Daiyoukai se detiene, por lo que termina chocando con una de sus piernas.
− ¡Lo siento Amo Sesshomaru, no vi cuando se detuvo!− al no recibir comentario o golpe alguno se atreve a preguntar desconcertado− ¿Amo Sesshomaru, ocurre algo?
La mirada del mononoke se encuentra fijamente hacia un costado. Hacia la dirección del Palacio y cuando por fin habla exclama una sola palabra:
−Regresemos.
o0o
Una vez que sus pies tocan el suelo, se dirige seguido de Jaken con paso firme adentro. Con cada paso se da cuenta que no hay más que silencio. Cuando llega a la habitación desliza de un rápido movimiento la puerta para encontrarse con varias personas alrededor de Rin, quien se encuentra recostada en su futón. Una vez que lo han observado se retiran de inmediato, quedando sólo a su lado Shiori, Hiroshi y un par de criadas.
Al acercarse donde yace la casi inconsciente humana puede observar como su cuerpo parece convulsionarse ligeramente y también como su rostro se haya sonrojado y perlado en sudor.
− ¿Desde cuándo?− su voz se escucha sumamente fría, más de lo usual.
−Desde ayer en la mañana, Amo− mientras su esposo habla la nodriza quita el paño de la frente de la joven ahora dormida, para mojarlo y colocárselo nuevamente−. Shiori la encontró inconsciente, ardiendo en fiebre. Hemos cuidado de ella y tratado de aminorarla pero aún se resiste. Estaba a punto de salir a buscarlo.
−Es raro que ella enferme, ni siquiera ocurría cuando era una niña. ¿A qué se debe que esté así?− Jaken se encuentra observándola con preocupación.
Y como si de una señal se tratase, la Tenseiga, una de las legendarias espadas del Gran Daiyoukai Inutaisho, comienza a palpitar en la cintura de su ahora portador después de meses desde la última vez. El Lord, al sentirla, inmediatamente lleva una de sus manos hacia la empuñadura mientras el ambiente de la habitación comienza a llevar a cada uno de los presentes una sensación asfixiante, así como un frio que cala hasta los huesos.
Sesshomaru, sin hacer amague de desenfundar su espada, se limita a recorrer la habitación detenidamente, dejando caer su mirada en la figura durmiente. Y es en ese instante, y por tan solo unos cuantos segundos, que logra ver sin esconder del todo la sorpresa en su mirar una figura enorme que al percatarse que es observada regresa su profunda y rojiza mirada hacia él, para después desaparecer.
Un perro del Infierno.
La temperatura y el ambiente de la habitación han regresado a la normalidad, pero el silencio es roto por una respiración agitada y un quejido de dolor.
El mononoke, al escucharlo, se acerca hasta el lecho rápidamente.
−Despierta, Rin.
− ¿Sintieron eso?− Shiori se ha apoyado de Hiroshi, mientras una mano descansa sobre su corazón. Él se limita a observar a sus Señores con una mirada inescrutable. Los demás se hayan confundidos y alarmados.
−Rin− pero es inútil, porque ella parece no responder a sus ahora casi iracundos llamados.
Se está yendo nuevamente.
Con fuerza, la toma de los brazos clavado como puñales sus garras en la tierna carne, manchando las mangas de la yukata de rojo. El dolor es tal, que logra despertarla casi por completo, mas parece que a pesar de tenerlo enfrente no logra verlo. El grito que la chica iba a proferir ha quedado atascado en su garganta.
Al verla por fin despierta, la toma delicadamente entre sus brazos y camina rápidamente con dirección a la salida ignorando los llamados de los presentes. Ya afuera, está a punto de emprender el vuelo cuando siente la presencia de Hiroshi a sus espaldas habiéndole dado alcance finalmente.
Sesshomaru lo mira por sobre su hombro brevemente, para salir disparado en su forma de brillante esfera de luz seguido por su General más leal.
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−Ya está fuera de peligro, pero estuvo algunos días inconsciente y con un fuerte dolor en todo el cuerpo.
Dentro de la pequeña cabaña, la anciana Kaede se encuentra sentada en un viejo tatami mientras la figura del Lord se encuentra escuchando las palabras de la sacerdotisa. Afuera, se logran escuchar las risas de una alegre Rin de catorce años y un malhumorado Jaken. Como cada cierto tiempo, Sesshomaru y compañía han ido a visitar a su protegida a la aldea donde desde hace siete años lleva viviendo.
−Hay algo más que debes de saber, Sesshomaru− la anciana detiene su andar hacia la salida. Su voz ahora ha tomado un matiz más serio−. Mientras Rin estuvo inconsciente, pude notar una ligera energía a su alrededor. Sólo una vez hace tiempo lo había sentido cerca de ella y no le di mucha importancia porque pensé haberme equivocado, pero en esta ocasión pude sentirlo más claramente. Eso no fue un simple resfriado como decidimos decirle. Sesshomaru, pude percibir la muerte a su alrededor… ella…
−Ella no morirá, si es lo que tratas de decir, sacerdotisa− se encuentra de espaldas a ella, inmutable. No está dispuesto a escuchar algo que ya sabía desde siempre.
−En eso estás equivocado y tú lo sabes− lo reprende como si de un niño se tratase–. Sesshomaru, ella no recuerda nada. Piensa que fue un simple refriado que la dejó en cama por un par de días, pero tú y yo sabemos que eso no es cierto. Conocemos su pasado y las consecuencias de que ella aún esté viva− decide hacer una breve pausa ignorando la mirada de advertencia del demonio. De todas formas decide dirigir la conversación a otro terreno menos escabroso, pero todavía importante−. Ella es lista y creo que intuye que algo más pasa. Los únicos que saben de esto son Inuyasha, Kagome y yo, y no nos atrevimos a hablar con ella sin antes hacerlo contigo. Tú eres su guardián y tus deseos serán respetados por todos nosotros.
Después de un largo silencio en el que ninguno de los dos dice nada, el mononoke por fin la mira sobre su hombro−. Nadie le dirá nada. Y no subestimen su fortaleza, ella no es como cualquier humano– y con eso, sale de la cabaña dejando a una Kaede alicaída dentro.
Cuando ha traspasado el umbral de la entrada, observa a su medio hermano quien se encuentra recargado a un costado de esta. En otros tiempos, el simple hecho de saber que se encontró escuchando toda la conversación hubiese sido un excelente motivo para arrancarle la cabeza, pero ahora, aunque los dos lo nieguen a sí mismos una y mil veces con todas sus fuerzas, la situación entre ambos ha cambiado.
Ambos no se miran entre sí, sino que sus miradas doradas se encuentran observando hacia enfrente, donde ahora no sólo es Rin la que molesta a Jaken, sino hasta los hijos de Miroku y Sango y los del propio Inuyasha. Kagome se encuentra a un lado de la chica, abrazándola por los hombros y susurrándole algo que la hace sonreír aún más, lo que al pequeño youkai casi hace que le dé un ataque de histeria, por seguramente haberla escuchado.
Es en situaciones así, cuando ambas están juntas, que logra percibirse el parecido que toda la gente dice ver en ellas, como si fuesen hermanas.
−Estando inconsciente, lo único que hacía era llamarte en sueños−Inuyasha ahora lo mira de reojo−, y lo primero que hizo al despertar fue decir que quería regresar a tu lado… deberías llevarla contigo.
−Ella se quedará aquí, hasta que el plazo que he dado se cumpla.
− ¿Aun sabiendo lo que puede pasarle?− ahora el hanyou se escucha molesto. En el pasado, nunca le pareció que Sesshomaru mantuviera consigo a la pequeña por el gran peligro por el que pasaban al tratar de derrotar a Naraku, pero hace tiempo que todo acabó y ella lo necesita más que nunca− ¿Es que no puedes dejar tu soberbia de lado por ella y admitir que ya quieres que regrese contigo?
El Daiyoukai parece no molestarse con el comentario. Cuando piensa que ha sido totalmente ignorado recibe respuesta por parte de su hermano− Hnm, a pesar del tiempo, no haces más que decir estupideces− y con esto reanuda su caminar, dejando a un estupefacto Inuyasha atrás. Cuando logra recobrarse de la impresión, está a punto de gritarle de regreso, cuando Sesshomaru se detiene por última ocasión– Inuyasha…−sabe que él ahora lo escucha, a pesar de lo enojado que pudiera estar− Cuídala. Si llega a pasarle algo mientras no esté, ten por seguro que te asesinaré.
Un instante después, una sonrisa orgullosa más no por eso falsa se deja ver en el menor, captando de inmediato el mensaje tras la amenaza–Feh, ¡claro que la cuidaré! ¿Por quién demonios me tomas?− y con una pequeña carcajada burlesca, le espeta− ¿Ahora quién es el que dice estupideces?
Al llegar donde se encuentran los demás, se detiene frente a Kagome, a quien le dirige una larga mirada carente de hostilidad. La joven sabe la decisión que tomó y a pesar de la situación, lo comprende. Sabe que desea no privarla de todas las experiencias que únicamente viviendo con humanos podría experimentar y también que de una u otra forma el hacerla esperar un tiempo más para marchar con él le dará a Rin una razón de peso para luchar por su vida de ser de nuevo necesario. Claro que, siendo el mononoke como es, sabe que jamás lo dirá o admitirá ante los demás.
Aunque para ella cuando se trata de Rin, Sesshomaru no es tan impredecible como antes.
Después de un breve intercambio de miradas entre los dos, ahora dirige su mirada hacia la menor, quien al hacer contacto con sus ojos desvía la mirada ahora con ojos anegados en lágrimas, cosa realmente rara en ella.
−Basta, Rin− la reprende suavemente.
− ¿Pero por qué no puedo ir con usted? Ya he pasado muchos años en la aldea... yo... por favor, Señor Sesshomaru, lléveme con usted− sabe que es una tontería esa sensación que no la ha abandonado desde hace una semana, cuando por fin se pudo recuperar de ese horrible resfriado del cual no recuerda nada, pero no logra quitarse esa enorme necesidad de marchar con él a pesar de no cederá ni aunque se tire al piso y le ruegue.
−Vamos mocosa, sólo son tres años más. Ya verás que se pasan en un santiamén− Jaken la consuela, extrañado del comportamiento de la adolescente. Nunca antes, en ninguna de sus visitas anteriores, le había rogado al Lord regresar con él antes del plazo y menos llorando de una forma tan desesperanzada−. Vamos, no te pongas a llorar así, que hace que te veas aún más fea de lo que ya eres− le dice con una sonrisa tratando de animarla, lo cual logra a costa de más de una mirada asesina.
Secando sus lágrimas y con una gran sonrisa, Rin le agradece al pequeño youkai– Gracias, señor Jaken, tiene razón. Perdóneme señor Sesshomaru. Le prometo que no volverá a ocurrir y esperaré… en serio, lo lamento…−ahora se encuentra avergonzada.
−No te preocupes Rin, sólo debes ser paciente y esperar un poco más, como lo ha dicho Jaken− Kagome le da un suave apretón en el hombro, comprensivamente. Inuyasha ahora se encuentra al lado de su esposa con uno de sus hijos en brazos, dándole también una suave mirada de aliento un tanto incomoda al mirar los resquicios de lágrimas en sus ojos. Jamás le ha gustado mirar a una mujer llorar y Rin no es la excepción. La aprecia mucho como para verla sufrir.
Pero ella estará bien. Tiene que estarlo.
−Vámonos.
Y con eso, el Daiyoukai se pierde entre los arboles del bosque una vez más.
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El resplandor de la joya que lleva en el cuello hace que su mirada recaiga en ésta con total indiferencia, para después dirigirla hacia un punto específico entre las nubes que ocultan su castillo, donde puede olfatear el casi imperceptible aroma de la muerte.
− Parece, que ha llegado la hora.
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Han sorteado el cielo por horas y en ningún momento se han detenido. Detrás de Sesshomaru, se encuentra Hiroshi a una distancia prudencial. El cielo está a un par de horas de ocultarse, lo que da una idea del tiempo que se han mantenido en las alturas.
Rin se ha mantenido despierta en todo ese tiempo, sin embargo, en un estado rozando el delirio.
− Me siento cansada… − su voz ha sido un susurro, pero eso no impide que el Lord la escuche y baje la mirada. Al observar cómo es que ella trata de cerrar los ojos, sujeta firmemente su cuerpo con una mano mientras con la otra vuelve a presionar uno de sus brazos heridos, esta vez observando cómo trata de zafarse de su agarre inútilmente por el dolor siempre sin proferir sonido alguno. Su temperatura ha aumentado tanto que a través de la ropa de ambos puede sentirlo.
De repente, ante sus ojos logra ver la gran escalinata del Palacio de la Casa de la Luna
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−Vaya, es una sorpresa el tenerte aquí, Sesshomaru, ¿Qué te trae a visitar a tu madre, después de tanto tiempo?− Irasue, la Señora de los cielos del Oeste, se encuentra sentada en su trono mientras observa como su primogénito sube las escaleras acompañado de una figura inconsciente y de otro youkai.
Al llegar ante ella, el Daiyoukai la observa fríamente mientras que Hiroshi hace una reverencia ante la mujer.
− Señora Irasue.
−General Hiroshi, han pasado más de seiscientos desde la última vez que nos vimos. Me alegra verlo– claro que, su voz no transmite esa alegría para nada sino ese tono carente de emociones que la caracteriza. De nuevo su mirada se dirige hacia su hijo para observar detenidamente a la mujer que carga entre sus brazos − ¿Esa es la niña humana que solía acompañarte, cierto? He escuchado que contrajiste nupcias con ella… ¡Mira que no haberme invitado a tu boda! Realmente los Dioses me mandaron a un hijo más que desconsiderado– termina secándose de una manera dramática un par de lágrimas un tanto falsas–. Pero dime, aún no me has dicho el porqué de tu visita– y ahora una mirada un tanto calculadora y divertida se deja ver en los ojos de la mujer.
Increíblemente, Sesshomaru deja escapar un gruñido furioso por su osadía – Hmn, no tengo tiempo para escuchar tus insulsas palabras, madre.
− Claro que sí. Pero por el contrario, la que no tiene tiempo es ella– se pone de pie para después caminar hacia el interior del palacio– Síganme.
Después de caminar por varios pasillos, se detienen frente a una habitación. Una criada abre la puerta en la entrada cediéndole el paso a su Señora y a sus acompañantes. En medio de ésta se encuentra un futón– Recuéstala.
Sesshomaru lo hace y en el instante en que separa el cuerpo del suyo, hace aparición un perro del Infierno, uno de los habitantes del Inframundo. Ahora no está presente de forma desdibujada, sino de forma totalmente nítida ante los ojos de los presentes. La Tenseiga de nueva cuenta palpita en la cintura de Sesshomaru, quien aferra la empuñadura de forma tan fuerte que parece que la romperá de un momento a otro.
− Haces bien en no desenfundar tu espada, Tenseiga no funcionará de nuevo con ella.
−Eso realmente es… −la mirada del General demuestra asombro y total horror.
−Sí. Uno de los moradores del Inframundo, que ha venido a reclamar lo que es suyo.
El gran perro se encuentra al lado de Rin, gruñendo enardecidamente para que no se atrevan a acercarse.
−Aun sabiéndolo, ¿estás dispuesto a continuar, Sesshomaru?– la mujer se encuentra a su lado, mirándolo de reojo esperando su respuesta. Él únicamente la mira brevemente para después seguir observando con infinito odio al ser frente a sí.
Ya obtenida la respuesta, se acerca a paso firme hacia la humana quien ahora se encuentra respirando entrecortadamente mientras el canino absorbe su vida, poco a poco.
Irasue, ignorando sus amenazas, se quita la Piedra Meido, para colocársela a la joven. Al hacerlo se da cuenta porta dos finas cadenas, siendo la del medallón la que capta su atención. Ya en su cuello, la piedra comienza a brillar intensamente alejando un poco al perro. Pero solamente es por unos cuantos segundos, porque después trata de acercársele de nuevo siendo alejado una y otra vez por el resplandor.
Las convulsiones en su cuerpo han aparecido de nuevo al igual que su respiración agitada y el dolor. A pesar de estar inconsciente sus ojos derraman lágrimas y su de su boca finalmente se escuchan auténticos gemidos de dolor.
−Su cuerpo está luchando por mantener su alma dentro− Irasue se encuentra de nuevo al lado de Sesshomaru – Así como existen humanos que nacen con buena fortuna, existen otros que cargan durante toda su vida con horribles desgracias. Esta chica, desde el momento que vino a este mundo nació bajo la estela de la muerte. Sin conocerla, pude sentir hace años que su pasado se encuentra marcado por ella. Y es con este tipo de personas, con las que los moradores del Infierno se ensañan más. ¿O acaso crees que ha sido casualidad que haya muerto dos veces?−su voz es sumamente dura−. Sesshomaru, desde la última vez que ella estuvo en las profundidades del Infierno fue reclamada por el Guardián. Su alma, a pesar de seguir en su cuerpo le pertenece al Inframundo y no descansará hasta recuperarla: la Piedra Meido, al igual que la Tenseiga puede traer el alma de una persona una única vez.
»Existen otros medios para impedirlo, pero éstos sólo harán que viva lo que le resta de tiempo tal como la ves en este instante, agonizante y sin fuerzas. El amuleto la ayudará sólo una vez más, ni Tenseiga o la Piedra Meido funcionarán nuevamente cuando ésta última termine de darle protección por un periodo de tiempo indefinido y cuando termine, el dolor que sentirá será insoportable y no habrá nada que puedas hacer por ella. El perro infernal regresará una y otra vez hasta llevarla consigo ante cualquier señal de peligro, lo único que estás haciendo es retrasar algo que es inevitable… deberás dejarla marchar definitivamente. Pero claro, todo esto ya lo sabias, ¿cierto, hijo mío? – exclama esto último con un tono de lo más hiriente.
Como respuesta, Sesshomaru sale inesperadamente de la habitación con ojos sumamente encolerizados, dejando a Rin y a los demás atrás.
−Déjalo solo, Hiroshi. Necesita tiempo para tranquilizarse– detiene al General que se disponía a abandonar la habitación–. Además, es preciso que alguien deba recordarle la verdad. Debes estar cansado por el largo viaje. Puedes quedarte en una de las habitaciones si lo deseas.
−No debió tratarlo así− comenta con un nudo en la garganta, no sin cierto enojo. Había olvidado el carácter sin escrúpulos de Irasue, aún en los momentos más delicados−. Para él es muy dura toda esta situación, aunque no lo parezca… incluso yo no estoy muy seguro de lo que está pasando aquí. No puedo creer que mi Señora esté pasando por esto. Siendo tan joven, que su destino sea ese… no puede ser…
− ¿Así que realmente está afectado?– esto lo dice, fingiendo un tono de total sorpresa y arrepentimiento demasiado obvios, para después volver a su usual tono frio−. Déjame decirte algo, Hiroshi: mi hijo debe dejar de pensar que es invencible. Una vez se lo dije y pensé que lo había comprendido. Incluso quien porta la Tenseiga, espada dadora de vida, debe tener presente que el único enemigo invencible es la muerte. Y él, perdió la batalla desde que conoció a esta niña humana.
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−Ella está bien. La Piedra ha terminado su trabajo− la youkai, ataviada con un lujoso kimono y la piedra de vuelta en su cuello, camina hasta la figura que se encuentra observando el amanecer. Han pasado horas desde que abandonó la habitación y desde que Rin por fin ha podido descansar−. Ha perdido el conocimiento y lo más seguro es que no recuerde nada cuando despierte.
Sesshomaru la ignora olímpicamente.
−No pude dejar de observar que lleva en su cuello el mismo medallón que perteneció a Inutaisho, y que tú mismo usaste cuando fuiste proclamado Lord de estas tierras. Supongo que eso significa que realmente la has tomado como esposa... sin embargo, no la has marcado, puesto que tu esencia y la suya no se encuentran mezcladas.
−Hmn, lo que deje o no de hacer, no tiene por qué importarte− exclama con desdén.
−Cuida tus palabras, querido. Recuerda que soy muchos siglos mayor que tú, además de ser tu madre y si yo lo deseo, puedo darte una paliza– de repente hace un puchero resignado− ¡Si tu padre observara como es que me tratas, a pesar de que he salvado a tu esposa de la muerte por segunda vez…!
− Su opinión jamás me importó– exclama impávido.
Ella ahora es quien lo ignora− Realmente te pareces mucho a él. Estaría realmente muy orgulloso de ti y de todo lo que has logrado, de estar con vida− comenta con total apatía. Para ese momento, el sol ha salido detrás de las nubes, anunciando el inicio de un nuevo día. Sesshomaru da la media vuelta, dispuesto a entrar nuevamente.
− ¿Te vas? – ahora es ella la que se encuentra observando de forma aburrida el cielo, mientras que su hijo está a punto de pasar por la puerta para ingresar al recinto.
−No hay motivo que me retenga aquí.
−Haz lo que quieras, entonces– y con eso, escucha sus pasos alejarse firmemente por el pasillo. Su vista de nuevo regresa hacia enfrente, mientras toma entre sus dedos el amuleto que porta–. Heredó tú mismo corazón, Inutaisho… pero aun así, yo también me siento orgullosa de él.
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El viaje de regreso al Palacio ha transcurrido en silencio, mientras Rin se encuentra profundamente dormida en los brazos del Lord con respiración acompasada. El último trayecto lo han hecho a pie, mientras la entrada va quedando más cerca con cada paso.
De repente, ambos youkais detienen su andar al ver una figura impidiéndoles el paso.
− Venia a tratar unos asuntos importantes con usted y me enteré que su protegida había enfermado; pero a lo que veo, la nueva Señora del Oeste se encuentra mejor... es un enorme alivio saberlo− Hiroshi de inmediato adopta una actitud cautelosa, mientras el Lord no detiene su paso ni siquiera al pasar a su lado− Debería tener cuidado al sacar a su esposa sin más que un soldado por protección, Milord… uno nunca sabe cuándo alguien podría tratar de atacarla. Si permite mi opinión, es mejor que no salga del palacio… no había sido así porque asumo que se avergüenza de ella, ¿no? Después de todo, su padre también cayó en la debilidad de enredarse con una humana.
De repente, el suelo donde antes Takumi había estado parado se encuentra ahora desintegrado por un látigo verdoso que ha pasado rozándolo a una velocidad y precisión impresionantes.
−Tenga cuidado, Milord. Muchos de sus subordinados se encuentran sumamente furiosos por la decisión que ha tomado y no dudarán en hacer algo al respecto− no hace el menor esfuerzo de ocultar el tono cínico de su voz.
−Y supongo que ya has decidido tu bando ¿no, Takumi?− el filo de sus palabras helaría el valor de hasta el más valiente−. Entonces ve y diles a todos que este Sesshomaru acabará con todo aquel se pretenda pasar por sobre su autoridad y que no tendrá compasión alguna cuando rueguen por sus patéticas vidas.
−Se los diré, amo. Puede estar seguro de ello. Y recuerde que aún está a tiempo de corregir su error– la sonrisa que adorna el rostro del youkai transmite reto, antes de que éste desaparezca entre los árboles. Aun cuando tiene enormes ganas por acabar con él en ese instante, no olvida el cuerpo que lleva entre sus brazos.
Una vez que Takumi se ha marchado, terminan de recorrer el tramo restante para por fin llegar a la gran explanada de la fortaleza. Al verlos llegar, varios youkais suspiran con alivio dada la tensión que sintieron en el General recién cuando llegó buscando al Lord. Por lo que para muchos, la decisión tomada por el Lord sólo a segundos de haber ingresado no será ninguna novedad unas horas después.
−Hiroshi.
− ¿Si, mi Señor?
−Reúne a todos los soldados. Partiremos en la mañana. Si Takumi piensa que me quedaré de brazos cruzados después de esta ofensa, está equivocado.
− ¡Amo Sesshomaru!− tanto Jaken como Shiori han corrido hacia su encuentro, con preocupación en sus rostros− ¿¡Cómo se encuentra Rin!?
−La fiebre ha bajado… es un alivio– la nodriza sonríe finalmente al haberle tomado ella misma la temperatura y constatarlo− En todo caso, ¿A dónde han ido, Hiroshi? Partieron ayer a mediodía y apenas han regresado− mientras, el Lord sigue caminando hasta desaparecer por la entrada.
−Luego te contaré, querida.−trata de recomponer su rostro a uno tranquilo, pero le es muy dificil− Por ahora, lo más importante es que nuestra Señora se encuentra bien.
Por su parte, Sesshomaru ha llegado hasta la habitación de Rin, abriendo la puerta e ingresando a ella. Con suavidad, la recuesta y arropa en su lecho para momentos después salir y perderse por el pasillo. Tiene un ejército que preparar.
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−Siento como si me hubiera pasado Ah-Un por encima− exclama con voz algo ronca.
−Es normal, estuviste enferma y necesitas reponer fuerzas, cariño− Hace poco que por fin ha despertado. La youkai ayuda a su Señora a peinar su cabello, después de haberla ayudado a bañarse, cambiarse por ropa limpia y haber comido un poco. Cuando termina, deja el peine a un lado, para levantarse y ponerse en cuclillas frente a Rin, besando suavemente su frente.
−Descansa, pequeña. Buenas noches– y con eso, deja a la chica sentada en su futón mientras ella abandona la recamara.
Ya sola, observa el peine dorado a su costado, por lo que se desarropa para ponerse de pie. Lo toma entre sus dedos y lentamente se levanta dando pequeños pasos hacia su tocador. Cae al piso de forma violenta al perder parcialmente la movilidad de sus piernas, observando como el peine ha caído lejos de ella, hacia un rincón de la habitación.
"−Es normal, estuviste enferma y necesitas reponer fuerzas... "
¿Entonces por qué siente como si no fuese así? ¿Por qué siente ganas de llorar?
Con sus brazos, toma impulso y termina sentada en el piso de madera mientras lucha con ese impulso desconocido e irracional con todas sus fuerzas.
Hacía tiempo que no sentía algo parecido… desde que era una niña…
La puerta se abre, pero ella ignora a quien ha entrado dado los vertiginosos pensamientos que invaden su mente. Es hasta momentos después que al elevar su mirada se encuentra con la figura del mononoke observándola imperturbable. Sus ojos se cristalizan, mientras con muchos esfuerzos logra levantarse.
Por primera vez en su vida, se siente débil y no sabe la razón.
Ella rehúye su mirada centrándola en cualquier lado menos en él. Cuando por fin lo mira, éste puede observar sus ojos cristalinos, esos ojos siempre brillantes y llenos de vida ahora imperceptiblemente opacos para alguien que no sea él.
La cuenta regresiva ha comenzado.
"Ella no es más que una simple humana."
La muerte se haya ahora no solamente impregnada en su aroma, sino también en sus ojos pardos. Y eso no hace más que enfurecerlo.
Camina hasta quedar a un palmo de distancia, viéndose como nunca lo habían hecho; como si fueran el antiguo Daiyoukai y ella aquella niña que sin importarle nada, le brindó su ayuda en un momento donde su orgullo se encontraba más que vapuleado. Aquella que siempre lo acompañó a donde quiera que fuese, que se preocupó por él y que sin importar que, siempre le regaló sus suaves sonrisas.
"−…Asumo que se avergüenza de ella, ¿no? Después de todo, su padre también cayó en la debilidad de enredarse con una humana…"
Coloca una de sus manos sobre su cuello casi como si de un acaricia se tratase. Siempre mirándola a los ojos, tratando de borrar esa mirada tan impropia de ella. Sus cuerpos ahora casi juntos, como nunca lo habían estado antes. El rostro de Rin ahora se encuentra ruborizado y su corazón ha comenzado una carrera frenética en su pecho… sonrojo que crece cuando el Daiyoukai baja su mano lentamente por su cuello abriendo lentamente su yukata, tocando la piel entre su pecho y la piel de su vientre… deteniéndose justo ahí al abrir completamente la prenda.
Al instante, la joven une su cuerpo contra el de su Señor al sentirse expuesta, mientras esconde su rostro en su pecho y afianza entre sus puños fuertemente la yukata masculina.
Las garras del youkai se enredan suavemente entre las húmedas hebras de su protegida, apartándolas de su hombro y cuello.
"−…Me gustaría tanto tener uno algún día…"
Un gruñido furioso se escucha entre sus labios mientras la ase firmemente de sus estrechas caderas y desaparece de una vez por todas las distancias al darse cuenta que posiblemente jamás logre experimentar el ser madre.
Él con su egoísmo y el caprichoso destino se han encargado de eso.
La razón parece haberlo abandonado para ser el instinto quien ahora tiene el control de su cuerpo.
Ella no puede rendirse aún, ella no es débil.
"− Sesshomaru, ¿tienes alguien a quien proteger?"
−Tú seguirás luchando… te lo ordeno− única orden de él para la chica, dicha de una forma profunda y mortalmente seria cerca de su oído en un susurro que no logra captar… antes de que finalmente clave sus colmillos en el punto donde se unen su cuello y hombro.
Traicionándose de esa forma, así mismo…
Mientras, el único sonido que inunda la habitación es el de un pequeño gemido… y el de la suave seda que resbala completamente por esa piel de porcelana, hasta caer al suelo.
