Sakura

Fujitaka se llevó a los niños en la mañana. Decidió que su trabajo como abuelo era comprarle algo a los niños antes de regresar a Tokyo. Razono que era lo justo reclamar a Hiro y Akane como sus nietos si Shaoran iba a llamar a Leo su hijo. Era una situación muy extraña en la que me había metido y todo porque estaba lo suficientemente loca para secuestrar unos niños. ¿Quién lo diría?

Shredder y yo caminábamos por el vecindario cuando Eriol corrió hacia mí para alcanzarme.

—Sak, ¿puedo hablar contigo?

Asentí.

—¿Esta todo bien?

—Es sobre la delincuente viviendo en tu casa, —explico.

Sabía que esa sería una buena conversación así que lo invite a mi casa a tomar algo.

—¿Y ahora que hizo? —pregunte dándole un vaso de té helado.

—Sakura, necesito que la mantengas alejada de mí, —dijo tan serio que me dio miedo. —Ya no puedo con esto y si sigue alterándome no puedo ser responsable de mis acciones. —Se veía estresado. —Eres mi vecina favorita. No quiero hacer algo que cause que me odies, pero ella...—se quedó pensativo perdiendo totalmente el hilo de la conversación.

—Eriol, ¿de que estas hablando? —algo no encajaba.

Se quedó callado un momento antes de soltarlo todo.

—Me la voy a follar un día de estos si sigue así.

Y en ese preciso momento mi quijada golpeo la mesa.

—¿Qué dijiste?

—Lo siento por ser tan directo, —comenzó rápidamente. —Es solo que... cada vez que le pongo mis esposas, quiero recargarla sobre el cofre de mi auto y...

—¡Ya entendí!—exclame tapándome los oídos.

Soltó un suspiro rápido.

—Perdón.

—¿Qué es exactamente lo que quieres que haga Eriol?—trataba de tomarlo enserio. El pobre hombre estaba a punto de explotar, pero algo sobre la situación era demasiado divertido.

Se sobo la parte trasera del cuello.

—No lo sé. Nunca he tenido este tipo de problema.

Era de entenderse, creo.

—Bueno...—trate de que se me ocurriera algo. —Mira, ella es mi hermana. No importa cuánto intente negarlo, hay exámenes de ADN que lo comprueban, pero tú eres mi amigo. Honestamente, estoy más preocupada por ti de lo que estoy por ella, —lo tomé de los hombros y le di una sacudida. —Supéralo, hombre. Si Tomoyo se entera de tu debilidad, te va a torturar hasta morir.

—De cuerdo, —asintió y se levantó. —Me tengo que ir a trabajar. Te veré luego, —dijo dándome un abrazo rápido y yéndose.

El pobre chico no tenía oportunidad. Aunque no pensaba que fuera algo malo tampoco. Tomoyo tenía la tendencia de ponerse loca y fuera de control. Eriol sería la persona perfecta para balancearla, mantenerla loca pero fuera de rehabilitación. Me preguntaba cuanto aguantaría.

Teniendo nada más que hacer, decidí ir al gimnasio. Necesitaba estar en forma para estar a la altura de la energía de tres niños entonces no me mataría tener más fuerza en los brazos. Deduje que cargaba niños todos los días, ¿Qué tan difícil serian unas pesas?

Mátenme. Ya.

No había estado en el gimnasio ni una hora y mis brazos ya se sentían como gelatina. No era tanto el peso sino las repeticiones. Levantas las adorables mini pesas una vez no era problema. ¿Levantarlas repetidamente? Problema.

Sin embargo, me vi liberada del peso extra cuando un imbécil decidió agarrar mi trasero cuando caminaba atrás de mí. Mi pesa que deslizo de mi mano y se clavó en la espalda del hombre. Problema resuelto.

Esperaba que me sacaran del gimnasio después de mi gran idea. El hombre irrumpió en la recepción claramente decidido a denunciarme y por lo que me sorprendió lo que paso después.

—¡Pero si es Sakura-Jodete-Kinomoto!

Solo había una persona que me llamaba así.

—¡Clow! —gire rápidamente para verlo ahí en toda su gloria, —¿Qué demonios estás haciendo aquí? —pregunte corriendo a abrazarlo.

Me tomo en sus brazos y casi me rompe todas las costillas.

—Trabajo aquí. Soy un entrenador personal. —Me bajo y puso su enorme mano en mi brazo. —Parece que necesitas ayuda.

Ahuyenté su mano lo mejor que pude.

—Cállate. No tengo tiempo para ejercicio. Tengo niños en la casa.

—¿Niños? —me pregunto. —La última vez que escuche de ti solo tenías al increíble Leonardo.

—Adquirí dos más, —expliqué. —Los secuestre en la tienda de la ahora ex novia psicópata de su padre y estoy estancada con la familia.

—¿Secuestraste a sus hijos y aun te deja estar cerca de ellos? —rio Clow.

Puse mis manos en mi cintura de manera defensiva.

—Te dejare saber que el padre y yo tenemos una muy linda y retorcida relación.

—Pensé que no creías en las relaciones, —recordó. Era algo que había dicho muchas veces en el pasado.

—Créeme, no es una relación normal. Mi estado sentimental esta como indefinido. —No estaba en una relación en sí, pero tampoco me sentía soltera. —¿Qué cuentas tu? ¿alguna chica afortunada?

—Nop, —contesto. —Sabes que soy demasiado para una sola mujer.

Fingí estornudar.

—Disculpa, soy alérgica a la mierda.

Me empujo el brazo.

—No eres chistosa, Sak, —sonrió.

—¿Como están los demás? —pregunte. No había visto a su familia o nuestro grupo de la escuela en años.

Clow se sentó en una banca y palpo el lugar a un lado de él, señalando para que me sentara.

—Mis padres están renovando su relación en las Bahamas. Yukito sigue siendo demasiado maduro para estar con nosotros. Fai, Kurgane, y Kero abrieron un restaurante italiano. Juro que piensan que son la mafia o algo. Y no sé qué ha sido de Yue.

Seguimos hablando y poniéndonos al corriente. Me puso a hacer unas repeticiones para pretender trabajar. Cuando me prepare para irme, hicimos planes para ir a cenar esa misma tarde. Me di una ducha rápida y me fui a casa.

El carro de papa estaba estacionado enfrente y había todo tipo de ruidos viviendo desde adentro. Cuando entre encontré a Leo golpeando una batería en miniatura, Hiro con una guitarra, y Akane con un piano.

—¡Papa! —grite.

Salió muy risueño de la otra habitación.

—Hola Sakura.

—Te voy a matar, —dije tranquilamente.

Sonó el timbre.

—Llego la pizza, —dijo Fujitaka, caminando rápidamente hacia la puerta. Por suerte, la mención de pizza puso a los pequeños músicos en silencio.

Al terminar de comer, los puse enfrente de la televisión esperando distraerlos mientras iba con papa a la cocina.

—¿Cuándo tienes que irte?

—Pronto, —contesto. —Podría venir de nuevo... quizá el primero de abril si quieres.

—Suena perfecto, —sonreí.

Comimos en silencio escuchando la risa ocasional viniendo de la sala.

—Bueno, debo irme. Tengo gente que arrestar y peces que atrapar. —Abrazo a todos los niños antes de que lo acompañara a la puerta. —Shaoran se ve como un buen hombre. Mantenlo cerca, ¿de acuerdo?

—Si no ha huido aun, no creo que lo vaya a hacer, —conteste. —Adiós papa, —dije besándolo en la mejilla.

—Adiós, Sak, —entro a su carro y desapareció por las calles.

Cuando entre, note que tenía un mensaje de Clow.

Cena a las 5? Muero de hambre S!

Sacudí mi cabeza y llamé a Tommy.

—Construcciones Li. Habla Tamara, ¿Cómo puedo ayudarle?

—¿Puedes venir a las 5 a cuidar a los niños? —pregunte.

—¿Por qué? ¿A dónde vas?

Chismosa.

—Voy a ir a cenar con un viejo amigo de la escuela. Clow, —la escuche refunfuñar.

—¿Ese imbécil que me llamaba Tommy Pickles y me preguntaba si tenía mi desarmador?

—Si, —sonreí. —Por favor, Tommy. No he pasado tiempo con él en años. Y te vas a divertir mucho con los niños- Fujitaka les compro suficientes instrumentos para comenzar una banda.

—De acuerdo. Te veo a la 5.

—Gracias, Tom, —colgué y corrí a alistarme.

Shaoran.

—Oye jefe. Necesito salir temprano. Sakura necesita que cuida a los niños, —dijo Tomoyo asomándose por mi ventana.

—¿Paso algo malo? —pregunte inmediatamente preocupado.

Sacudió su cabeza.

—No, Sakura tiene una cita ardiente y me necesita ahí a las 5.

Una cita. ¿Sakura tenía una cita? ¡Carajos no!

—Oh... seguro, —trate de componerme. —Puede que llegue un poco tarde por ellos. Deja te doy dinero para que compres algo de comer.

—No te preocupes por eso, —contesto. —El no hacer drogas de verdad ayuda a mi cuenta bancaria. Nos vemos en la noche, jefe.

Cerró la puerta sonriendo y me dejo ahí sentado en mi miseria. Sakura tenía una cita. Mi Sakura. Eso no iba a funcionar. Tome mi teléfono.

—Li Hien.

—Papa, ¿puedo tomar prestado tu carro? —ya estaba formulando el plan en mi mente.

—Por supuesto, hijo.

Amaba a ese hombre. Siempre estaba dispuesto a ayudar.

—Gracias, voy en camino, —dije saliendo de la oficina y haciéndoles una señal a mis hermanos para que supieran que me iba.

—¿Quiero saber lo que sucede? —pregunto mi padre mientras intercambiábamos llaves.

—¿Te quieres arriesgar a la ira de Sakura? —no quería más soldados caídos si podía evitarlo.

—Nos vemos después, hijo, —contesto con una sonrisa. Buena idea.

Maneje el conocido trayecto hacia la casa de Sakura y me estacione a una distancia segura. Entonces solo espere. Cinco minutos antes de la hora, una camioneta entro al estacionamiento. Mire como el conductor trotaba hacia la entrada. Era bastante fornido, pero, si podía ganar una pelea con Ichiro, no tendría problema con ese cabeza hueca,

Sakura abrió la puerta y el la jalo hacia él. Mire todo rojo. ¿Quién carajos se creía que era poniendo sus mugrosas garras en mi Sakura? Aprete el volante un poco más fuerte. El cretino ni siquiera le abrió la puerta. Vaya imbécil. Los seguí con cuidado para que no me notaran mientras salíamos del vecindario. Probablemente estaban muy ocupados riéndose y hablando como para darse cuenta de todos modos.

Llegaron a una cocina hibachi y los sentaron rápidamente. Por lo menos estarían con otra gente y no en una cena romántica para dos. Le di vuelta a la cuadra un par de veces, dandoles suficiente tiempo de ponerse cómodos antes de estacionarme.

No había pensado bien esta parte. No podía entrar, así como así.

¿Podría?

No.

Hice lo que cualquier acosador habría echo; los mire por la ventana. Si el hacia un movimiento en falso, estaba listo para embarrar su cara en la parrilla. Esto era demasiado para mí. Al parecer el tipo era muy chistoso porque cada vez que abría la boca, Sakura reía. Tenía que hacer algo pronto o iba a perder la cabeza. Ella se levantó para lo que imagine que era el baño... El baño de mujeres estaba cerca de una salida.

Lleve el carro hacia atrás, acercándolo a la puerta. Entre rápidamente sin ser notado y espere. En cuanto Sakura salió del baño, la agarre. Su grito fue opacado por mi mano sobre sus labios mientras la sacaba del restaurante. Me dio unas muy buenas patadas en los tobillos, pero me preocuparía por eso después. La metí al carro a la fuerza y aceleré. Sakura no sonaba muy contenta cuando logro enderezarse.

—¡Escucha bastardo psicop...! ¿¡Shaoran!?—me daba miedo mirarla. —¡¿Qué demonios estás haciendo!?

—Para alguien que siempre está secuestrando gente, deberías ser capaz de reconocer el procedimiento, —respondí.

—¿¡Secuestrando!? —chillo. Una mujer chillando nunca era una buena señal. —¿¡Por qué carajos me estas secuestrando!?

—¿¡Por qué carajos estas en una cita!? —grite de vuelta.

—¿¡Que!? —gruño.

Extrañaba el chillido.

—Me escuchaste, —Shaoran, por el amor de Dios, cierra la boca. —No tienes permitido salir en citas.

—¿Permitido? —mierda. —¿Y quién carajos me va a detener.

Y porque soy un idiota, conteste.

—Yo, obviamente.

—Para. El. Maldito. Carro, —doble mierda.

—No puedo hacer eso, —respondí.

—¿Por qué? —gruño de nuevo.

La honestidad es la mejor estrategia.

—Estoy algo asustado en este momento.

—¡PARA EL CARRO!

Me estacione cerca de la banqueta. Sakura abrió la puerta bruscamente y salió. ¿Qué tipo de secuestrador seria si la dejara caminar a casa? Sali tras ella.

—Sakura, vuelve al carro. Estas siendo irracional.

De nuevo, no una buena cosa que decir. Ella volteo a verme.

—¿Yo estoy siendo irracional? Tu hijo de... —su teléfono sonó, salvándome de la sarta de palabrotas que me iba a soltar. —¿Hola? —sí, su voz sonaba muy tensa. —No me fui por la coladera imbécil. Me secuestraron, —no dejo de mandarme rayos con la mirada durante toda la conversación. —Jodete, —espato colgando el teléfono.

—Sakura, —dije implorando.

Ella comenzó a caminar lentamente hacia mí. Sakura la Bestia tenía mucho sentido en este momento.

—Estoy esperando tu explicación, —sentí escalofríos.

—Sakura, lo siento, —se seguía acercando. —Cuando te vi con ese tipo yo... No quería que salieras con él. —Entrecerró los ojos. —No sé qué me sucedió. Yo... —Nada parecía estar funcionando. —Maldición Sakura, estaba celoso. No soportaba la idea de que estuvieras con otro que no fuera no. Eres mi Sakura... o al menos eso creí que eras, —concluí con tristeza.

—¿Terminaste? —pregunto sin expresión alguna en el rostro.

Asentí. Sakura tomo ambos lados de mi rostro y me beso como si el mundo dependiera de ello. Me tomo tres segundos para darme de cuenta de lo que estaba pasando, la tome por el trasero y la levante. Ella envolvió sus perfectas piernas alrededor de mí y nos voltee de manera que su espalda estaba contra el cofre del carro.

—Eres un... asno, —dijo entre besos.

Una de mis manos hizo camino hasta su pecho y ella gimió fuertemente en mi boca. Sus pechos eras del tamaño perfecto; hechos para mis manos.

Un maldito claxon nos regresó a la realidad.

—Imagino que no necesitas un raite de vuelta ¿verdad Sak?— el imbécil del restaurante. Iba a matarlo. Me sonrió y alzo la cabeza en señal de saludo. —Tú debes ser Shaoran, —¿Cómo sabia?

Sakura bajo del cofre y se arregló la blusa.

—Clow, pedazo de idiota, ve a casa, —el rio mientras ella entraba de nuevo al carro de mi padre.

¿Clow?

—Es una fiera. Espero que sepas en lo que te estas metiendo, compa. Te vere por ahí, estoy seguro, —se despidió con la mano y se alejó. ¿Qué demonios?

Entre en el carro y comencé a manejar de nuevo, no teniendo idea de que decir.

—No estaba en una cita, —dijo Sakura. —Clow se acaba de mudar aquí. Decidimos salir a comer para ver cómo están nuestras visas ya que no nos hemos visto en años. Podría habértelo dicho si me hubieras preguntado en ligar de actuar como cavernícola.

Bueno, me sentía como un idiota.

—Perdóname. Cuando Tomoyo me dijo que estabas en una cita perdí la cabeza.

—Tomoyo, —gruño. No sonaba tan mal cuando iba dirigido a alguien más. —Ella sabía que no era una cita. Pequeña... —sus ojos se iluminaron malévolamente al empezar a marcar un numero en su celular. —¿Bueno, Rika? —Oh, no. —Es Sakura. Odio molestarte, pero ¿podrías hacerme un favor? —me mordí el labio para no reír. —Tommy está sola en casa con mi hijo y sus amigos y sé que odia estar sin compañía. ¿Podrías ir y esperar con ella hasta que llegue a casa? —Sakura sonrió. —Muchísimas gracias, —colgó y volteo a verme. —¿Quieres ir por un helado?

La noche termino mucho mejor de lo que esperaba. Sakura no había tenido una cita y yo sobreviví mi primer secuestro con mis testículos intactos. Cuando llegamos a la casa, Tommy jamás había estamos más contenta e irritada de vernos y Akane y Hiro estaban listos para contarme todo sobre su mañana con Fujitaka "abue" Kinomoto.

Después de nuestro beso de buenas noches, decidí que había un último asunto que resolver.

—¿Entonces, lo eres? —ella me miro confundida. —Mi Sakura.

No pude evitar sonreír como idiota.

—Pues ya que.

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