Nota: Hola de nuevo querid s lector s! Estoy muy contenta y agradecida por la respuesta que he tenido de ustedes. Bien dicen que los reviews son el alimento de los escritores de fanfic jeje. Gracias a SamantaBlack, vale, TeddyMellark, LilyMasen, mary021 y ginn19. Espero que les guste el capítulo.

·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·

MÍRAME. Capítulo 12
By Aurum Black

·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·

Todo estaba de cabeza. Desde aquel sábado en Hogsmade las cosas se habían puesto cada vez más feas. No sabía por qué, pero Cedric no había vuelto a escribirle y seguía sin hablarle, pero esta vez era peor porque la evadía de forma más evidente y cuando llegaba a encontrárselo de frente, él pasaba de largo aunque la viera y hacía como si no se conocieran. Esta vez Ginny no se sintió triste, sino enojada. No sabía qué demonios le estaba pasando a Cedric, pero no por eso tenía el derecho a jugar con ella. Pues bien, si él prefería tratarla como a una desconocida que así fuera, por más que le doliera aquello no estaba dispuesta a dejar que nadie la tratara como se le viniera en gana, ni siquiera Cedric.

Había pensado en comenzar a salir con alguien, por ejemplo con Michael Corner ya que desde que Luna los presentó, el chico la rondaba constantemente. Era amable y caballeroso, seguramente él le habría pedido más de una cita de no ser porque durante esas semanas Ginny tuvo la cabeza llena de confusión.

Y todo desde el día de la salida a Hogsmade. No sabía con seguridad qué era lo que había sucedido, pero recordaba haber estado platicando con Michael y al siguiente instante ella estaba sola, parada en el fondo de un callejón varias cuadras después de donde se supone que había estado unos segundos antes. Intentó con todas sus fuerzas recordar cómo había llegado ahí, pero fue en vano. No tenía idea de cuánto tiempo había transcurrido entre sus recuerdos, no tenía idea de con quién había estado o dónde. Lo único que tenía por seguro era que acababa de sufrir de algún tipo de laguna mental muy parecida a aquellas que solía tener en su primer año, cuando fue poseída por Tom.

Tom. Sintió un escalofrío recorrer su espalda y entonces empezó a respirar con dificultad. Procuraba alejar sus pensamientos de todos aquellos malos recuerdos, pero con esa experiencia tan parecida no podía evitarlo. ¿Acaso estaba volviendo a ser poseída por algún tipo de magia negra? ¿Pero cómo? ¿De dónde? Esta vez no tenía ningún objeto como el diario. No, no podía ser de nuevo eso, no podía volver a pasarle algo así.

Recargó la espalda en la pared del callejón y se deslizó cuesta abajo hasta quedar sentada en el piso y abrazó sus piernas con fuerza. Tal vez sus peores miedos por fin se estaban volviendo realidad. Desde que Harry la rescató de la Cámara de los Secretos había quedado en ella una duda, como una espina molestando la piel cada que se le toca. ¿Y si había quedado en ella algún resto de Tom? Después de todo la había estado poseyendo durante largo tiempo y le había abierto su alma por completo, quedando expuesta. Siempre que pensaba en su primer año terminaba sintiéndose sucia, usada, como un cascarón ocupado por alguien más. ¿Y si había en ella restos de aquella magia oscura que nunca podrían borrársele?

Apretó los ojos intentando no llorar, pero fue un gesto inútil. Las lágrimas rodaron por sus mejillas mientras se abrazaba a sí misma con fuerza. No podía ser él de nuevo, no creía poder contra Tom esta vez. Voldemort, se corrigió a sí misma. Tom no existía, era el recuerdo de lo que alguna vez fue el mago tenebroso, una ilusión. Para ella Tom había llegado a ser un chico gentil, amable, apuesto y carismático; la fachada perfecta para engañarla y hacer que ella abriera su corazón, dejando ver todo: sus secretos, sus miedos, sus sueños y sus ilusiones. Había confiado en él por completo y la había traicionado. Recordaba haber creído durante un tiempo que el chico del diario era algo así como su mejor amigo pero en realidad todo había sido una gran mentira.

Su llanto aminoró de pronto. Pues justo de esa forma se sentía con respecto a Cedric, ya que llegó a considerarlo como su mejor amigo y después le había parecido que todo era mentira. Había sido demasiado similar. Tal vez por eso había tenido aquella laguna mental: porque estaba teniendo algún tipo de regresión al comparar inconscientemente su amistad con Cedric, con la que creyó tener un día con Tom. Sí, debía ser eso, tenía que serlo.

Se limpió las lágrimas y después de un rato se paró con un poco de dificultad. No sabía cuánto tiempo había pasado y no tenía ganas de regresar con Luna y Michael para que la llenaran de preguntas, así que decidió regresar al castillo con la esperanza de volver a ver a Cedric en los días siguientes, deseando que eso la ayudara a sentirse mejor.

Pero parecía que Cedric no quería verla y entonces sus ánimos siguieron bajos. Pero las cosas empeoraron cuando escuchó a Ron, Harry y Hermione comentar que habían visto a Cedric en Hogsmeade el día de la visita. Ese fue el punto determinante para convertir su tristeza y añoranza en coraje y desilusión. Cedric le había dicho que no iría a Hogsmeade y le había mentido, le había dicho que podrían verse en los días siguientes y le había mentido, le había dicho que no estaba molesto con ella y seguramente en eso también le había mentido.

Se sentía fatal. Estaba cansada. No podía dormir. Durante los días iba por el colegio como sonámbula y en las noches no podía conciliar el sueño, y cuando lo hacía llegaban las pesadillas. Todo era obscuridad, todo era Tom. A veces salía del lago o del bosque prohibido, se reía de ella y absorbía su alma como si fuera un dementor. En uno de sus sueños se había llevado a Cedric y ella los perseguía pero nunca los alcanzaba. En otro iba montado en uno de los dragones de la primera prueba y entonces quemaba todo lo que existía. Ginny despertaba con miedo y se iba a dormir con más miedo aún. Empezó a irle mal en sus clases pues no ponía atención y no podía concentrarse, estaba más pálida que de costumbre y bajo sus ojos se habían formado unas bolsitas obscuras que cada vez se hacían más grandes. Se le había pasado por la mente ir a la enfermería, pero le preocupaba que la señora Pompfrey creyera también que estaba volviendo a tener sus lagunas mentales, y que eventualmente terminara hablándole a sus padres. Se sometió a varios de los remedios de Luna pero no surtieron efecto. Le hubiera gustado contarle a su amiga el motivo por el cual estaba así, pero se sentía insegura. Recordó que tampoco había querido contarle a Cedric sobre su oscuro pasado y que él le había dicho que podría contar con él cuando quisiera hablar con alguien. Soltó una risa amarga mientras arrugaba la hoja que tenía en la mano y sus compañeros de clase la veían con extrañeza.

Intentaba no pensar en Cedric, pero con la segunda prueba acercándose era imposible. Todo el colegio volvía a hablar del torneo de los tres magos, incluso los maestros. Era viernes y Mcgonagall la había llamado al aula de maestros después de clases para darle un sermón acerca de su falta de atención, cuando había llegado el profesor Moody a platicarle a su profesora sus teorías de lo que utilizarían los campeones en la segunda prueba.

-Quien me preocupa es Potter, Minerva. Los demás campeones bien pueden usar el encantamiento caso-burbuja o hasta alguna transformación, pero eso requiere de mucha habilidad y práctica. Es magia avanzada.

-Existen más formas aparte de esas, yo creo que Potter se las arreglará. Ya puede retirarse, señorita Weasley.

Ginny salió del aula muy despacio, intentando escuchar el resto de la conversación.

-¿Crees que vaya a utilizar las branquialgas? -dijo Moody

-No lo sé Alastor, y espero que no lo estés ayudando, sabes que va contra las reglas. Además no es fácil conseguir branquialgas...

Ginny no pudo detenerse más tiempo y finalmente salió cerrando la puerta a su espalda. Casi sin querer ladeó su cabeza pegando la oreja a la puerta.

-Snape debe tener en su despacho... -dijo Moody en voz muy alta

-¡Alastor! Espero que no se te ocurra darle la idea a Potter, ni a ningún otro campeón.

Después se escucharon los pasos de la profesora Mcgonagall acercarse y entonces Ginny salió corriendo de allí. Antes de entrar al gran comedor se había encontrado a Luna que le llevaba un pequeño frasco en las manos.

-Toma -le dijo entregándole el frasco -Es poción para dormir sin soñar.

-¿Dónde la conseguiste? -preguntó Ginny asombrada y a la vez muy agradecida.

-Por ahí -dijo Luna encogiéndose de hombros.

-Muchas gracias -contestó ella y le dio un abrazo muy efusivo. Apretó el frasco entre sus manos y lo guardó en su bolsa. En ese momento sentía que su cariño por Luna había aumentado considerablemente.

Entraron juntas al gran comedor mientras se les unía Michael Corner, quien volvió a invitarla a dar un paseo junto al lago al día siguiente. Se sentía tan aliviada ante la perspectiva de volver a dormir por la poción, que finalmente aceptó su invitación. Aquella noche antes de acostarse echó unas cuantas gotas del frasco que le había dado Luna a su vaso de zumo de calabaza y por primera vez en muchos días se sumió en un tranquilo sueño.

Al siguiente día se sentía muy calmada, lo que la puso de muy buen humor desde que abrió los ojos por la mañana. Como era sábado se dio su tiempo para levantarse de la cama, después de todo tenía mucho tiempo que no descansaba así de bien. Sin embargo luego de un rato se obligó a levantarse pues había quedado de ver a Michael en la tarde. Hizo una mueca de desagrado al pensar en su "cita". La noche anterior no le había parecido tan mala idea, pero en ese momento había cambiado de opinión. Desafortunadamente no podía cancelarle ni dejarlo plantado, así que se apresuró a bañarse y cambiarse. Estuvo con Luna en la biblioteca un par de horas y después se fueron juntas a comer al gran comedor. Apenas iba terminando cuando Michael la alcanzó en la mesa de Gryffindor llevándole una rosa roja de obsequio.

-Gracias- dijo Ginny tomando la rosa y sonriéndole tímidamente.

Y precisamente cuando salieron del gran comedor e iban caminando por el vestíbulo hacia la entrada principal, escuchó detrás de ella aquella voz que tanto había añorado escuchar.

-¡Ginny!

Ella volteó para encontrarse con Cedric que había corrido para alcanzarlos. Lo miró con incredulidad y extrañeza, pero no dijo nada.

-¿Tienes un minuto? -preguntó él

Ante el silencio de Ginny fue Michael quien habló.

-Te espero afuera- dijo y se apresuró a cruzar la entrada principal hacia los terrenos del castillo.

-¿Qué pasa? -preguntó Ginny sin entender qué sucedía.

-¿Podemos vernos en la sala de menesteres en un rato? Necesito decirte algo.

¿Qué demonios? Estuvo a punto de darle la espalda y salir de allí dejándolo solo. Aunque también tuvo ganas de gritarle y empujarlo. Tenía ganas de pegarle, de reprocharle lo mal que la había pasado, de preguntarle dónde había estado cuando más sola se había sentido. Pero en lugar de eso se limitó a responderle con voz fría:

-Perdón, ya tengo planes. - Y dio media vuelta dispuesta a irse, pero el la tomó del brazo con un movimiento rápido y la hizo girar de nuevo.

-Por favor Ginny- le dijo suplicante - Perdóname, he hecho mal muchas cosas, dame unas horas, quiero explicarte...

-Sí claro, la última vez dijiste que me escribirías y no volviste a hablarme.

-Te necesito -dijo él en un susurro

Ginny sintió un nudo en el pecho. No debía malinterpretar sus palabras nuevamente. Seguramente lo que había querido decir es que necesitaba de su ayuda o algo así.

-Está bien -dijo ella cediendo de mala gana -Pero debes decirme de qué quieres hablar con tanta urgencia, ya estoy harta de tanto misterio.

Cedric se quedó en silencio y tragó saliva sonoramente. Entonces la miró a los ojos por un instante y enseguida desvió su mirada a la rosa que Ginny tenía en la mano...

-Yo... yo quería pedirte... un... favor...

-¿De qué? - preguntó con frialdad

-Se trata de... de... de la...

-¿Sí? -apremió ella impaciente, pero Cedric volvió a quedarse en silencio y volteó a ver el piso. Eran tan raro escucharlo titubear de esa forma, que enseguida supo que algo andaba mal, ¿Qué cosa podría estarlo perturbando a tal grado? Entonces se le olvidó de pronto que estaba enojada con él -Cedric, ¿no se tratará de la segunda prueba verdad?

-¡Ah!... Sí...sí... es eso.

-¡Pero Cedric! la prueba es mañana. No me digas que no encontraste cómo respirar bajo el agua...

-No... yo...

Ginny intentó recordar los encantamientos que había mencionado el profesor Moody, pero no pudo. De cualquier forma había dicho que requerían de mucha práctica y no creía que en menos de un día pudiera aprendérselos. En ese momento vio a Michael caminar hacia ellos con cara de impaciencia.

-Iré a la sala de menesteres en cuanto me desocupe -se apresuró a decirle

-¿Cuánto tiempo es eso?

-Como una hora - le dijo y dio media vuelta para alcanzar a Michael antes de que él llegara a donde estaban.

Sin embargo su caminata por el lago duró más de una hora, tal vez hasta dos. Ginny se sentía impaciente pues no podía sacar a Cedric de su cabeza. No prestaba atención a nada de lo que decía Michael, pues estaba intentando recordar cómo se llamaba la cosa que supuestamente había en el despacho de Snape y ayudaría a alguien a respirar bajo el agua sin complicaciones, pero no le llegaba a la mente el nombre, sólo tenía la idea de que era algún tipo de planta. Se maldijo por no haber prestado la suficiente atención.
Cuando ya empezaba a oscurecer no pudo soportar más su impaciencia y se disculpó con Michael alegando que tenía mucho sueño pues había sufrido de insomnio las últimas semanas. Él quiso acompañarla a su sala común, pero ella insistió en que no era necesario. Michael se despidió dándole un suave beso en la mejilla, pero Ginny no sintió el mismo cosquilleo y la misma emoción que había sentido cuando Cedric la había llegado a besar de la misma forma.

Michael entró al gran comedor para la cena, y ella corrió escaleras arriba esperando que Cedric aún estuviera en la sala de menesteres. Iba por el quinto piso cuando de pronto recordó el nombre de la planta deteniéndose de golpe. Branquialgas. Entonces lo meditó por unos minutos que le parecieron larguísimos ¿Se atrevería a hacerlo? ¿Tanto le importaba Cedric? La respuesta era obvia, así que salió disparada corriendo de regreso por las escaleras con dirección a las mazmorras. Cuando estuvo a poca distancia del despacho de Snape se paró de nuevo con la respiración agitada y recargándose en la pared con una mano. ¿Qué estaba haciendo? ¿cómo pretendía entrar al despacho y robarle las branquialgas? Si la descubrían seguramente iban a expulsarla, pero necesitaba entrar, Cedric la necesitaba...

Estaba debatiéndose escondida entre unas armaduras cuando de pronto escuchó la voz del profesor Moody.

-Ya te vi Weasley

Ginny salió abatida de su escondite, esperando que la reprendiera, pero entonces se dio cuenta que aún no había cometido ningún crimen.

-Si te viera Snape pensaría que quieres meterte a su despacho -dijo Moody con una mueca burlona en la cara -Afortunadamente para ti, el profesor ha salido del colegio y no volverá hasta mañana.

Ginny se quedó en silencio agradeciendo por aquello, preguntándose si el profesor Moody conocía sus intenciones.

-La puerta está abierta -añadió él mientras se alejaba

-Pero profesor ¿Cómo sabe...?

-¿Yo? -dijo volteando a verla - Yo no sé nada, yo no he estado aquí esta noche y tu tampoco... Por cierto, es un frasco azul - dijo y siguió su camino dejándola sola.

Ginny se apresuró en entrar al despacho de Snape, que efectivamente estaba abierto. Había frascos por todas partes pero ninguno era azul. Abrió gabinetes y armarios, hasta que encontró el pequeño frasco que al abrirlo encontró en él unas seis pequeñas bolas verdes. Ginny vació el contenido del frasco en una mesita y se metió las bolas en las bolsas de los jeans. Cuando salió del despacho de Snape ya había pasado mucho tiempo, no tenía idea de la hora que era pero estaba segura de que ya no debía andar deambulando por el castillo, así que caminó con cautela hasta la sala de menesteres tardándose más de lo que hubiera querido. Sin embargo no había señales de Cedric en la sala, ni fuera, ni en los alrededores.

No sabía que hacer, lo único que se le ocurría era ir a la sala común de Hufflepuff, pero eso implicaría caminar del séptimo piso al primero nuevamente y ni siquiera sabía bien cómo entrar. Se sentó en el piso abatida y cansada, tal vez lo mejor sería irse a dormir y despertarse temprano para encontrar a Cedric en el desayuno. Así que se fue con cuidado hasta su dormitorio, sacó las branquialgas de sus bolsas y las puso en el buró junto a su cama.

Ginny sintió que apenas se había quedado dormida cuando algo la había despertado de golpe. Abrió los ojos y entonces vio una pequeña sombra junto a su cama, cuando se acostumbró a la obscuridad, reconoció a un elfo doméstico robándose las branquialgas.
Ginny se levantó súbitamente y tomó al elfo de su pequeña mano.

-¿Qué haces?

-La señorita debe perdonar a Dobby, pero Dobby debe ayudar a Harry Potter.

-¿De qué hablas? -preguntó Ginny desconcertada

-Dobby iba a robar las branquialgas para dárselas a Harry Potter, pero la señorita se le adelantó.

-Pero no son para Harry

Aquello hizo que el elfo llamado Dobby soltara un bufido de algo que parecería indignación.

-Pero la señorita es hermana del amigo de Harry Potter...

-Sí, pero...

-La señorita debe ayudar a Harry Potter...

-Me gustaría pero...

-La señorita le debe la vida a Harry Potter...

Ginny se quedó callada por unos segundos.

-Está bien, está bien... Pero con una condición.

-Lo que diga la señorita.

- Le daré la mitad de las branquialgas a Harry, si llevas la otra mitad a la sala común de Hufflepuff y se las das a Cedric Diggory.

-Como lo ordene, pero vaya en este momento a dejarle las branquialgas al señor Harry Potter -dijo Dobby tomando tres de las bolitas de su buró y tronando los dedos para desaparecer.

Ginny se levantó y tomó las branquialgas restantes, para después salir con sigilo de su dormitorio. Entró con cuidado al dormitorio de los chicos de cuarto año, sin embargo las camas de Ron y de Harry se encontraban vacías. Salió lo más rápido que pudo de ahí y se quedó en la sala común preguntándose dónde podían estar aquellos dos. Estaba a punto de regresar a su cama cuando volvió a aparecer Dobby con las branquialagas en la mano.

-El señor Cedric Diggory no está en su dormitorio, ni en su sala común.

-Tampoco Harry.

-Debemos buscar a Harry Potter.

-Está bien te ayudaré, pero hazme otro favor. Regresa al dormitorio de Cedric y deja en su cama las branquialgas. -Escribió una nota rápida explicándole que aquellas bolitas le ayudarían a respirar bajo el agua y se la entregó a Dobby - Después busca a Harry en la cabaña de Hagrid, yo iré a la biblioteca.

Y entonces Dobby volvió a desaparecer. Ginny ni siquiera subió a cambiarse y salió así de la sala común. Cuando llegó a la biblioteca encontró enseguida a Harry, solo, durmiendo encima de la pila de libros que tenía abiertos.

-¿Dobby? -dijo Ginny en un susurro esperando que el elfo la escuchara, pero no apareció.

Recorrió los demás pasillos de la biblioteca esperando encontrar a Cedric pero no estaba allí. Esperó un momento pero Dobby no regresaba, así que dejó las branquialgas junto a la cabeza de Harry y caminó de vuelta a la sala común. Se había quedado dormida en un sillón cuando Dobby volvió a despertarla.

-¿Ha encontrado la señorita a Harry Potter?

-Sí -respondió ella con un bostezo - Estaba dormido en la biblioteca y le dejé ahí las branquialgas.

-Gracias - dijo Dobby con una reverencia y volvió a desaparecer.

Ginny subió a su dormitorio queriendo volverse a dormir pero afuera ya había luz y sus compañeras ya estaban despiertas, así que se dio un baño y se apresuró a salir. La gente en el colegio también se había despertado temprano, pues la segunda prueba esta por llevarse a cabo. Buscó a Cedric en el gran comedor pero no lo encontró. Ojalá hubiera visto las branquialgas a tiempo.

Las filas de personas caminando al lago eran abundantes y Ginny anduvo estirando el cuello esperando ver a Cedric entre la multitud, pero no fue así. Hasta que comenzó la segunda prueba. Fue entonces cuando Ginny creyó haberse llevado la desilusión más grande su vida. Había pensado que vería a Cedric sacar las branquialgas y comérselas, pero el único que hizo eso fue Harry. Cedric había utilizado un encantamiento en el que envolvía su cabeza en un tipo de casco lleno de aire y así podía estar bajo el agua, no sólo una hora sino el tiempo que quisiera. Recordó que Moody lo había llamado encantamiento casco-burbuja, magia avanzada, que requería de mucha práctica y habilidad. Soltó una carcajada de indignación. Cedric le había hecho creer que no había encontrado solución para la segunda prueba, y ella tan estúpida como siempre había arriesgado todo robándole las branquialgas a Snape. Bueno, por lo menos Harry había hecho uso de ellas. Creía que debía irse del lugar, regresar a su cama a dormir un poco, pero sus piernas no se movieron y se quedó entre la gente de las gradas viendo el espectáculo aunque en realidad no se veía nada de lo que sucedía en el fondo del lago. Pero la cereza en el pastel fue ver a Cedric saliendo al cabo de una hora sosteniendo a Cho.

Nos hemos llevado lo que más valoras

Eso fue todo, ya no podía seguir allí. Se abrió paso entre la gente y no esperó a que salieran los demás campeones del lago. Había pasado el resto del día en su habitación. Cuando el ruido del festejo proveniente de la sala común fue demasiado molesto, decidió salir a comer, pero en cuanto salió de la sala común se encontró a Cedric. Le hubiera preguntado qué demonios hacía ahí, pero estaba tan furiosa que no quería ni siquiera hablarle, así que pasó de largo sin dirigirle la palabra.

-Ginny... - pero ella siguió caminando sin hacerle caso -Por favor, déjame explicarte...

Le hubiera gustado taparse los oídos con las manos como cuando era niña. Estaba harta de sus supuestas explicaciones, ya no quería sentirse angustiada ni con añoranza. Ya no quería sentir.

-Necesito decirte algo...

-¡Déjame en paz! - le espetó - Estoy harta de que me hables y dejes de hacerlo cuando se te venga en gana.

-Ginny... - volvió a decir Cedric detrás de ella esta vez tomándola del brazo con suavidad, pero ella se zafó bruscamente y con un rápido movimiento sacó su varita pronunciando el primer encantamiento que se le vino a la mente.

Se habría echado a reír por lo irónico de la situación, pues le había lanzado el hechizo de mocomurciélagos y Cedric se había quedado parado lleno de aquella sustancia tan inconfundible. Pero en lugar de reírse dio media vuelta y salió corriendo lo más deprisa que pudo.

·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·€·

¿Qué les pareció este capítulo?

Ya sé que es mucho drama y mucho lío, pero este capítulo es de transición y el capítulo que viene es el bueno. Yo lo nombraría 'Explicaciones', así que estén pendientes. Les prometo que estará pronto ;)

SamantaBlack: gracias por tu review, estoy actualizando seguido y lo más pronto que puedo. Gracias por leer esto.

vale: para el momento en que estés leyendo esto, seguramente estás ahogando a Cedric jejeje, pero no te preocupes, finalmente en el siguiente capítulo sabremos qué demonios pasa por su cabecita. Gracias por leerme y animarme a escribir más.

TeddyMellark: Hola! pues creo que ni él mismo sabe lo que le pasa, pero ya pronto lo sabremos todos, y también espero que el capítulo siguiente este muy pronto. Gracias por el review.

LilyMasen: Gracias por seguir con esta historia y por tus reviews, lo único que agregaré es: paciencia! Ah y gracias por no odiarme jejeje

mary021: ya lo sé, están taaan ciegos pero así casi siempre es el amor. Gracias por tus palabras acerca de este fic, me halagas demasiado.

ginn19: muchísimas gracias por tus comentarios, me dan a entender que estoy haciendo bien esto y me animan a seguir y a mejorar. Y gracias también por seguir esta historia. Espero que te siga gustando.