¡Hola a todos! Ah, me alegra mucho haber llegado al capítulo doce al fin, es de mis favoritos. Me emocioné mucho mentras lo escribía, y si, lo admito, me inspiré de la película Anastasia para el pequeño problema que Harry deberá enfrentar. Sin embargo, le dí mi propio toque personal. Debo decirles que éste es el capítulo más largo hasta ahora, y posiblemente lo siga siendo. Son casi 30 páginas en el word. Durante un tiempo medité en dividirlo a la mitad y volverlo dos capítulos por separado de quince páginas cada uno, pero lo pensé mejor y dije que, aunque muy largo, no podia cortarlo porque me gustó mucho quedó. Debo advertirles que las cosas se vuelven un tanto oscuras en comparación con lo que ha pasado. Si, por fin acción acción acción, jeje. Así que no esperen muchas sonrisas en esta ocasión. Me cuesta un poco escribir lo que son conflictos, muerte, batallas y esas cosas, pero quedé muy satisfecha con este resultado, sólo me queda esperar sus opiniones. Bueno... ¡A leer!
12
Bajo un Halo de Oscuridad
Los días se volvían más fríos conforme el invierno se acercaba. Diariamente, el cielo se nublaba de tal manera que casi no dejaba pasar luz de Sol. Las nubes grises amenazaban con soltar una lluvia torrencial y el viento era más helado cada día, por lo que los estudiantes del castillo no podían salir a los terrenos sin sus guantes y bufandas para protegerse del clima. Casi no se veían estudiantes en los terrenos, dado a que todos se apresuraban a llegar pronto a sus aulas para refugiarse del frío. Ni siquiera en las horas libres se atrevían a salir, era preferible estar en la cálida biblioteca para terminar los innumerables deberes que en las últimas semanas los profesores les habían asignado, y cuando no los tenían, se dirigían al Gran Comedor o al agradable ambiente de sus salas comunes. Así, entre el ajetreo de las clases y el cada vez más lamentable estado del tiempo, Octubre dio paso a Noviembre y pronto el mes llegó a su etapa final.
Desde el día en que se dio a conocer la noticia de que el patriarca de los Weasley había sido electo relevo de Fudge, las cosas en el colegio habían cambiado bastante. Ginny, ya de por sí una hermosa jovencita de 15 años, parecía haber obtenido un éxito con los chicos nunca antes visto, y ella, aunque rebelde, no había aceptado ninguna de sus invitaciones a salir, simplemente porque no le apetecía pasar horas sentada al lado de un muchacho al que solamente le importaban su belleza exterior y la fama de su padre. A cambio, pasaba más horas al lado de sus amigas que de costumbre. Sentía que eran la únicas a las que no les importaba si fuera de una familia prestigiosa o no, sobretodo hablando de Luna, dado a que ella era, por sobre todas las cosas, su mejor amiga y confidente. Así que, básicamente, las cosas para la menor de los Weasley no habían significado un cambio tan radical en su vida, no como lo había sido para su hermano.
Por primera vez en los cinco años que llevaban de conocerse, Ron compartía la popularidad con Harry. Al igual que su hermana se había convertido en un atractivo para el sexo opuesto: al pasar por los pasillos los grupos de chicas con los que se topaba camino a sus clases se le quedaban viendo sonrientes. Había que admitirlo, aquél niñito pecoso se había convertido en un joven apuesto, y no era raro que captara la mirada de varias chicas. Tal vez antes no lo habían notado por estar siempre opacado por la sombra de Harry, pero eso había cambiado. En algunas ocasiones, él les devolvía la sonrisa, y ellas, al notar aquél gesto, soltaban risitas nerviosas y se alejaban murmurando entre ellas. Esto divertía mucho al pelirrojo y, hay que decirlo, le gustaba más de lo que él podía haber imaginado.
Tal vez sus amigos no hubieran tomado importancia del asunto, tal vez hubieran preferido ignorarlo, después de todo, qué mas les daba un poco de atención extra de vez en cuando. El único problema de todo era que, como bien lo predijera Hermione, Ron parecía estar dejándose llevar por la fama. Comenzaba a comportarse como una celebridad frente a las chicas y a ignorar a sus amigos, sobre todo a Hermione. A causa de ello, la castaña prefería retirarse junto con Sam (quien estaba harta de los aires de grandeza que de repente el pelirrojo había adoptado) en cuanto una nueva conquista abordaba al muchacho, aunque eso le doliera en el fondo, después de todo (aunque aún se resistiera a admitirlo), Ron era la persona a la que más quería en este mundo.
Harry, por su parte, se contenía de darle un puñetazo a su amigo cada vez que perdía el piso cuando coqueteaba con alguna chica y comentaba sobre sus heroicas hazañas ayudándolo en sus muchas aventuras. "Estuve justo en el momento preciso para ayudar" solía decir. El ojiverde comenzaba a extrañar a su amigo, al Ron al que conoció en el andén 9 y ¾, y se consolaba pensando en que todo aquello era algo pasajero.
-Caramba Harry, no sabía que esto de la fama era tan agradable- le comentó una tarde después de que una estudiante de Hufflepuff le había obsequiado una cesta de dulces-, no puedo creer que te moleste todo esto amigo, ¿quieres una rana de chocolate?
-No, gracias- respondió un tanto harto-. A la larga se vuelve molesto. Ron, no dejes que todo esto se te suba a la cabeza, no me gustaría perder a mi mejor amigo por una celebridad.
-Vamos, no seas aguafiestas, no se me está subiendo a la cabeza. Es solo que… estoy tratando de disfrutar todo esto, pero descuida, después de un tiempo seguro que me aburriré.
-Mas te vale… ¿has visto a Hermione?- preguntó cambiando el tema, pues, tenía que admitirlo, tratándose de cualquier otra cosa que no fueran sus fans femeninas, Ron no había cambiado mucho-. Necesito que me ayude con la tarea de pociones, y tampoco logro entender muy bien esto de las leyes de retransformación universal.
-Ni idea amigo- contestó sinceramente-, últimamente no la he visto muy seguido. ¿Me pregunto por qué?- Harry entornó los ojos con desesperación-. Te ayudaría, pero ya sabes que no se me dan mucho las pociones, me ha costado bastante eso del curso… bueno, al menos no recibo calificaciones, eso es algo.
-Si… ¡Sam!- exclamó Harry de repente-. Seguro ella sabe acerca de estas cosas.
-Tampoco sé donde está, salió con Hermione… ¡Pero qué tonto!- dijo para si, golpeándose la sien con una mano-. Si se fueron juntas seguro están el la biblioteca, ya las conoces, les encanta hacer los deberes allá.
-Por supuesto, vamos, de paso haré los deberes que Fleur nos envió.
Mientras caminaban por los pasillos del colegio rumbo a la biblioteca, Ron no pensaba en nadie más que en su Hermione. Siempre lo hacía, aunque no se lo había confesado a nadie. Nadie lo sabía, pero la razón por la que le atraía tanto la atención que las chicas le prestaban de repente era porque sabía que Hermione nunca lo haría. Ella nunca se fijaría en Ron Weasley, no siendo tan perfecta como era, merecía a alguien mejor que él, y no la culpaba por ello. Era por eso que llenaba el vacío que le causaba su indiferencia con la atención del resto de las muchachas de Hogwarts, y trataba de ignorarla pensando en que así sería más fácil resignarse a estar sin ella. Aunque claro, los demás no podían saberlo.
-Hola Herm- dijo Harry al divisarla a ella y a Sam en una mesa llena de libros. Hermione se encontraba haciendo sus deberes para el curso de idiomas mágicos, por lo que se encontraba rodeada de diccionarios, enciclopedias y traductores mágicos. Sam a su lado, la ayudaba cada vez que podía, pero en ese momento en que no la necesitaba, se encontraba leyendo un libro. Curiosamente, Harry sintió el impulso de leer el mismo libro que ella, cosa que nunca le hubiera pasado con Hermione.
-Hola chicos- dijo Hermione sin levantar la vista de un texto tan grueso que Ron pensó que la mesa se caería abajo con el sólo peso de éste.
-¿Qué haces?- preguntó Ron, aunque sabía que Hermione no levantaría la vista de su lectura.
-Deberes- respondió simplemente. Estaba dolida con el muchacho y no pensaba habarle más que lo necesario, esa mañana lo había decidido.
-Ya veo, oye, ¿crees que puedas ayudarnos a Harry y a mí con los nuestros?- la castaña lo miró con furia.
-¿No te das cuenta que apenas puedo yo con los míos? Sírvete de la biblioteca por una vez en tu vida y deja de molestarme cuando estoy tan ocupada.
-Disculpa- dijo en tono ofendido-, solo pensé que mi amiga podría darme una mano con algo que no entiendo.
-Claro, solo para eso sirvo, para darte una mano. Mira Ron, ¿por qué no vas a buscar a tus admiradoras? Seguramente alguna de ellas hará tus deberes por ti encantada. Ahora, ¡déjame en paz!- exclamó furiosa, y trabajosamente, recogió todos sus libros y se cambió de mesa, a una muy alejada del pelirrojo.
-Claro, ¡siempre te enfadas por tonterías! ¡Tienes razón, no tengo por que acudir a ti, como tú misma lo dijiste, cualquiera de mis admiradoras hará mis deberes sin chistar!- gritó éste. La señora Pince acudió al lugar para reprender a Ron por el escándalo que estaba provocando. "¡Es una biblioteca, por Merlín!" le había dicho mientras le pedía que se retirase, a lo que el Gryffindor accedió, no sin antes descargar algo de su ira mirando con desprecio a la bibliotecaria.
-Se está volviendo un cretino- comentó Sam, despegando los ojos de su libro por primera vez. Había presenciado la discusión sin inmutarse, continuando su lectura pese a los fuertes gritos de Ron-, aunque Hermione tampoco debió contestarle de esa manera.
-Opino lo mismo, no sé que le ocurre- coincidió Harry, que había observado la escena sin poder intervenir.
-"La fama es mala consejera"-apuntó con astucia-. Es difícil que alguien la reciba sin cambiar a sobremanera. Por eso eres especial Harry, no dejas que la fama te absorba- agregó mirándolo a los ojos.
-Es sencillo, cuando eres famoso porque tu vida quedó destruida por una estupidez- musitó recordando la profecía. Esa maldita profecía era la causa de que sus padres hubieran muerto… y él no.
-Aún así, no cualquiera mantiene los pies en la Tierra- añadió regresando la vista al libro.
-¿Qué lees?- preguntó con inesperada curiosidad.
-Es de un escritor muggle, pero a mí me encantan sus obras.
-¿Ah si? ¿Cómo se llama?
-Federico García Lorca. Era un poeta, todo un artista. Murió durante la Guerra Civil Española, o mejor dicho lo mataron, el gobierno de España lo creía peligroso para su causa. Era todo un genio, rompió con el género de su época. Sus escritos causaron polémica en ese entonces porque tocaban temas de los que nadie se atrevía a hablar. Algunos dicen que estaba obsesionado con la muerte; de hecho, muchas de sus obras hablan acerca de la muerte, como ésta, "Bodas de Sangre".
-Oh- murmuró. Algo sobre él recordaba haber leído en la escuela muggle, durante las clases de literatura, aunque nunca antes le había interesado-. ¿Te gustan muchos los escritores muggles?
-Si, otro que me agrada es Julio Verne. Sus libros están llenos de fantasía y aventuras. Imaginó muchas situaciones que en su época eran imposibles de llevarse a cabo en la realidad, como viajar por el fondo del mar o llegar a la Luna, y ya vez, ahora para los muggles todo eso no es cuestión de cuento de hadas. Sus historias significan mucho para mí.
-¿Y eso por qué?- indagó.
-Pues… algún día te lo diré- concluyó Sam misteriosa-. Mira la hora que es, será mejor que vallamos a cenar, mañana es el primer partido de Gryffindor y debemos acostarnos temprano.
-Seguro, vamos- pero en el momento en que iba a seguir a Sam hacia la salida, una lechuza blanca como la nieve entró por una de las altas ventanas de la biblioteca, y con gran elegancia se posó sobre uno de los hombros de Harry. Hedwig estiró la pata izquierda en espera de que le quitaran el pergamino que llevaba atado. Harry así lo hizo y acarició suavemente a la lechuza. Ésta le dio un picotazo cariñoso en la oreja como agradecimiento y salió volando por la misma ventana por donde había entrado. El muchacho desenrolló el pedazo de pergamino y dejó ver una pulcra y estilizada caligrafía.
Me parece que ha llegado el momento de comenzar las clases, el artefacto que te obsequié ya debe haber cumplido su misión de relajar tu mente, te espero el domingo en mi despacho a eso de las siete.
Harry guardó la nota en el bolsillo de su túnica ansioso porque llegara el día. Se dispuso a abandonar la biblioteca y dirigirse al Gran Comedor, pero antes de retirarse, dio media vuelta para tomar el libro que Sam había estado leyendo y que había olvidado en la mesa, y se lo llevó con la firme decisión de terminarlo antes de que llegara la luna llena.
-¿Listo equipo?- exclamó Harry en los vestidores, mirando por primera vez a su nuevo equipo antes de un partido.
-Como nunca- contestó Katie mientras se colocaba la túnica del uniforme-. Patearemos el trasero de los Slytherins como cada año.
-Me alegra escuchar eso- sentenció el muchacho- pero no quiero que se confíen, recuerden que Slytherin tiende a jugar sucio, quiero que se cuiden cuanto puedan, deben estar muy atentos al partido pero también a los jugadores, espero que todos recuerden las jugadas que practicamos.
-Tenlo por seguro- exclamaron Annika y Ginny al unísono, al tiempo que Mark hacía una seña con el dedo pulgar indicando que las cosas no podían ser mejores.
-Muero por ver la cara de Malfoy cuando descubra quién es el nuevo capitán. Espero que Colin tome fotos de su rostro- comentó Ron con entusiasmo. Harry se limitó a sonreír. No lo admitía, pero él también deseaba ver la expresión de su contrincante.
-Hola chicos- saludó radiante Luna Lovegood entrando al vestidor del equipo dorado-escarlata. Todos voltearon en el acto y le dirigieron una mirada de extrañeza, pues no solían recibir visitantes antes de un partido, y menos integrantes de otra casa-. Espero que el clima no sea problema, el cielo está algo nublado esta tarde- comentó como quien no quiere la cosa.
-¡Hola Lunita!- exclamó Ginny con afecto, al tiempo que la abrazaba fraternalmente-. ¿Qué haces por aquí? ¿No deberías estar ya en la grada de…?- pero no la dejó terminar la pregunta, Luna se llevó un dedo a los labios y le indico que guardara silencio. Al parecer, solo Ginny sabía acerca de su nuevo puesto como comentarista.
-Vine a desearte suerte, aunque no la necesitas, eres una gran jugadora- sentenció con su mirada brillante-. Suerte a ti también Harry, y a Ron… a todos.
-Gracias- respondió Harry mientras se ajustaba la túnica.
-¿Y tu sombrero de león?- cuestionó la pelirroja-. ¿No sueles llevarlo en cada partido?
-La profesora McGonagall no me dejó usarlo, dice que promovería el favoritismo.
-¿Ella dijo eso?- se extraño Ron, dirigiéndole la palabra a Luna por primera vez-. No recuerdo que en años pasados dijera nada sobre tus sombreros.
-Pues… supongo que sus razones ha de tener- contestó con resignación. Sus sombreros estrafalarios era a algo que tendría que renunciar de ahora en adelante, al menos, en los partidos en que ella comentara.
-Que pena, ese sombrero me gusta mucho- opinó Ginny-, en fin, una cosa por otra, ¿o no?
-¿De qué hablas Ginny?- preguntó su hermano mayor, quien no había comprendido el comentario.
-De nada Ron, de nada, son cosas de chicas, sería demasiado para que pudieras procesarlo- bromeó al molestar a su hermano. Éste le dirigió una mirada ofendida y se fue hacia la puerta que daba al campo, a esperar al resto del equipo.
-Buena suerte también, espero que todo salga bien- le deseó la Weasley.
-Gracias, será mejor que me valla, el partido está por comenzar- se disculpó Luna, y justo cuando estaba por salir, le gritó en voz alta- ¡Por cierto, Dean te desea suerte también!
Ginny se sonrojó. Hacía dos semanas que había terminado con Dean Thomas por sus celos (cosa que a Ron le alegró bastante, pues para él, nadie era suficiente partido para su hermanita). Una semana había pasado desde que su padre se volviera el ministro para que su monstruo de los ojos verdes aflorara, y la chica no lo permitió, así que había terminado su relación. Pero al parecer, Dean quería regresar con ella, y Ginny, en el fondo, también.
-¿Lista Sam?- le preguntó Harry sobresaltándola. Ya se había puesto el uniforme y llevaba su largo cabello sujeto en una coleta alta, dejando que sólo su fleco enmarcara su rostro. Se había concentrado en pulir su Flecha Plateada mientras el resto del equipo se alistaba. Ella volteó a verlo y asintió-. Me alegra. Bien equipo, es hora- indicó para que se acercaran-. El momento ha llegado, este será el primer partido y comenzaremos con el pie derecho, cada uno conoce su trabajo. ¡Andando!- exclamó con júbilo, dando ánimo a sus compañeros.
Uno por uno se dirigieron a la salida, hacia el elevador que los llevaría a la puerta por donde harían su entrada al estadio volando sobre sus escobas. Sam iba al lado de Harry, seguidos por Ginny y Annika, y más atrás, Mark, Katie y Ron. Harry miró a Sam a su lado, y notó que la mano con la que tomaba su escoba, la misma en la que portaba su anillo, temblaba.
-¿Estás nerviosa?
-No, no es eso- negó. En parte era verdad, no era el partido lo que la tenía nerviosa, si se descuidaba un segundo…
-No tiene nada de malo.
-Bueno, si, lo admito, estoy algo nerviosa. Es que… nunca he estado frente a tantas personas, y todas van a mirarme, creo que no lo pensé cuando me uní al equipo- mintió.
-Tranquila, sé lo que se siente, yo sentí lo mismo cuando entré al equipo, pero verás que pasa rápido. Además, no creo que debas preocuparte de las bludgers, prácticamente huyen de ti.
Sam sonrió, confortada por el apoyo. Harry tenía ese efecto en ella, la reconfortaba siempre que lo necesitaba, incluso sin que ella se diera cuenta. Tenía miedo, si, y no sabía por qué, siempre lo había tenido, pero Harry había llegado para ahuyentar esos temores, y reemplazarlos por un manto de bienestar.
-Es hora- comentó en voz apenas audible pero emocionada. Solo Harry la escuchó, y sonrió al ver su expresión. A la vez levantaron la mano derecha sobre sus escobas y gritaron "arriba", para salir al imponente campo, al mismo tiempo que lo hacían los jugadores de Slytherin.
Sam quedó asombrada, a su alrededor todo estaba lleno. Todos los estudiantes del colegio se habían dado cita en el estadio. Algo de lo que le había dicho a Harry era verdad, nunca había estado en presencia de tanta gente. De pronto sintió una emoción dentro de ella que jamás había sentido, emoción que solo ese deporte podía brindar.
-Bienvenidos al segundo partido de Quidditch de la temporada- exclamó la voz de Luna Lovegood por el megáfono mágico.
Muchos de los presentes se sorprendieron al escuchar aquella voz. Harry y Ron no eran la excepción, ¿Lunática comentarista? Solamente Ginny guardaba la calma, desde su escoba le hizo una señal de apoyo a Luna, gesto que recibió con gusto.
-El clima no parece ser el más favorable, pero estoy segura que aún sí será un gran evento, sobre todo porque este encuentro es ya un clásico de Hogwarts: Gryffindor vs. Slytherin. Los equipos dan la clásica vuelta alrededor del campo… ¿No les parece que el césped está especialmente verde? Algo inusual en esta época del año.
-Señorita Lovegood, al partido- ordenó McGonagall, como siempre vigilando al comentarista.
-Si si, solo pensé que era un dato curioso. En fin, a la cabeza del equipo de Slytherin va el capitán, Montague, seguido de cerca por Draco Malfoy, el buscador, quien cabe decir, nunca ha podido arrebatarle la Snitch a Harry Potter. Esperaremos a ver si las cosas cambian, cosa que dudo. Lo siento profesora, es un comentario personal, Harry siempre me ha parecido mejor jugador, aunque Malfoy no lo hace mal, bueno, en teoría...
La multitud gryffindoriana estalló en carcajadas. Después de todo, la elección de Luna para comentarista no había sido mala idea. Malfoy miró hacia las gradas y su rostro se crispó de rabia.
-Y ahí viene el equipo de Gryffindor- comentó con más entusiasmo que al presentar a los Slytherins-, luce algo diferente este año, esperemos que la elección de nuevos jugadores haya sido acertada, sobre todo porque nunca había visto tan buenos golpeadores como los gemelos Weasley. Esa familia tiene talento para este deporte. Ahí viene el guardián, Ron "El Rey" Weasley, a quien ustedes recordarán por cierto cántico el curso pasado- al instante, la multitud comenzó a entonar "A Weasley vamos a coronar" en la versión de los seguidores de Gryffindor. El pelirrojo saludó dejando que su ego se elevase más de lo que su escoba podría-, seguido de su hermana, Ginny Weasley (¿no les digo que esa familia tiene algo especial?) nueva cazadora del equipo; la recordarán también por su breve y brillante actuación como buscadora el curso pasado, seguro hará muy buen papel como cazadora. Detrás vienen Annika Williams y Katie Bell, cazadoras también, esas chicas tienen algo que me simpatiza… Lo siento, no puedo evitarlo profesora, no es favoritismo. Ahí están los golpeadores, Mark Turner y Samantha Jones. Me parece que Sami no tiene el aspecto de una gran golpeadora, pero bueno, las apariencias siempre engañan. Y por último y no menos importante, en su regreso triunfal al equipo como buscador y nuevo capitán, ¡Harry Potter!
Un gran barullo surgió desde las gradas dorado-escarlata, mientras que en las de las serpientes surgieron abucheos para con el moreno, cosa que no le importó. En ese momento, Draco Malfoy estaba que no cabía de la furia. ¿El presumido ese capitán? No, esta vez no podía permitirse perder.
-Los jugadores se disponen en un círculo y blah blah blah, todos sabemos como se lleva a cabo la apertura. No me mire así- dijo refiriéndose a McGonagall, quien no veía con buenos ojos aquello del blah blah blah.
-Valla valla Potter, menudo equipo te conseguiste- le dijo burlón Montague-: dos mocosos de cuarto, dos patéticos Weasley, una cazadora oxidada y una muñequita de porcelana que no podría siquiera levantar el bate- detrás de él, Malfoy reía con sorna. Sam continuó impasible, pero dirigiéndole una intensa mirada.
-Vas a tener que tragarte tus palabras- contestó Harry desafiante-. Mi equipo es mil veces mejor que ese grupo de damitas que tienes detrás de ti.
-Basta- interrumpió Madame Hooch al tiempo que se elevaba cerca de los contrincantes-. Quiero un juego limpio- dijo como de costumbre la profesora- por parte de ambos equipos, ¿quedó claro?
-Como el cristal- musitó Harry, mientras le daba la mano a su oponente, quien la estrechó tan fuerte que Harry se sorprendió de que no tuviera un hueso roto.
-Oh, oh… al parecer el encargado de la lluvia ha pensado que es un buen momento para dejarla caer- se escuchó desde el altavoz mágico-, eso no es muy considerado de su parte, pero qué se le va a hacer, solo espero que los pixitralls no salgan de sus escondites para molestar, como es su costumbre. Recuerdo una ocasión en el verano con mi padre…
-¡Señorita Lovegood, olvide las crónicas de su niñez y comente el partido!
-En fin, los capitanes se dan la mano, Madame Hooch da las indicaciones, las bludgers y la Snitch dorada salen al campo y…
El silbato de Madame Hooch sonó fuertemente indicando el comienzo del partido, al tiempo que lanzaba la Quaffle al aire. Con un rápido movimiento, Ginny la atrapó y se dirigió hacia los aros de gol seguida por Katie. Tan rápido había sido su movimiento que el guardián de Slytherin no tuvo tiempo de pestañear. Ginny arrojó la Quaffle hacia Katie, quien de inmediato anotó el primer tanto del partido.
-¡Tanto para Gryffindor!- exclamó emocionada Luna-. Ginny y Katie hicieron una excelente jugada que le demuestra al equipo de las serpientes que estas leonas son de cuidado. No han pasado ni cinco minutos y ya han hecho la primera anotación del juego. ¡Que espectáculo! Creo que por esta pequeña demostración de pericia sabemos qué podemos esperar de este nuevo equipo.
Harry sonrió satisfecho. Su primera táctica ideada como capitán había funcionado. El factor sorpresa siempre había sido una ventaja en cualquier juego, y sus jugadores acababan de comprobarlo.
-Ahora es el turno de Slytherin, han tomado la Quaffle y no parece que esté en sus intenciones soltarla. Williams se aproxima desde la mitad del campo para encarar a su rival y arrebatarle la valiosa bola. ¡Esperen!, uno de los golpeadores de Slytherin ha bateado una bludger en dirección a Williams, no creo que pueda evitarla, ¡será un golpe doloroso!…
¡Plaff! Lejos de lo que se esperaba, la bludger salió en dirección contraria a Annika y por un pelo derriba a Montague de su escoba. La chica abrió los ojos como platos, no había visto venir la pesada bola, pero para su fortuna, Sam había llegado justo a tiempo desde el otro lado del campo para repelerla con todas sus fuerzas. Montague la miró con odio, aún sin creer que ella hubiera arrojado la pelota con tal potencia. Colocando el bate sobre su hombro y sonriendo desafiante, Sam le miró alzando una ceja, dejando claro que no debía subestimarla.
-Samantha Jones nos ha sorprendido, ¡al parecer es una nueva amenaza para el equipo verde-plateado! Como dije, las apariencias engañan. Pero esa pequeña distracción le costará caro al equipo de Gryffindor. Zabini se aproxima peligrosamente a los aros, ahora todo depende de Ron Weasley. Vamos Ron, ¡detén la bola!
Esta vez la profesora no intentó detener a Luna, pues ella misma deseaba con todas sus fuerzas que Ron atrapara la Quaffle antes de que atravesara los aros. Éste, absorto en sus pensamientos y muy confiado, no se percató la presencia de Zabini y dejó que le anotaran.
-10 puntos para Slytherin- informó Luna algo desilusionada desde el megáfono mágico-. Vamos Rey, no nos decepciones…
-¿En donde demonios tienes la cabeza Ron? ¡Ese tiro era muy fácil de detener!- le reclamó Ginny.
-¡Métete en tus asuntos Ginny, tú anota y yo defiendo!
- ¡Pues no lo haces como debieras, no voy a dejar que la casa pierda por culpa de un niñito presumido, así que baja de tu nube y ponte a jugar!- le espetó mientras se alejaba, haciendo ironía de la frase que él había usado en su contra el día de las pruebas.
-¡Tú no me das órdenes Ginevra!
-¡Pero yo si!- le soltó Harry, visiblemente irritado de que su amigo no prestara la atención debida al partido-. ¡Regresa al juego Ron, después coquetearás con tus admiradoras!
Ron, ofendido, regresó a su puesto. Era comprensible de Hermione, Ginny no perdía oportunidad de molestarlo, a Sam acababa de conocerla y tal vez por eso no lo comprendía, ¿pero Harry? ¿Él dándole la espada por su recién obtenida fama? Envidia es lo que tenían todos ellos. Pero no le daría importancia, era lo mejor que le había pasado y no iba a dejar que nadie lo arruinase.
Harry, por su parte, pensó que era la gota que derramaba el vaso. Antes tenía que preocuparse por el nerviosismo de Ron, pero ahora ese era el menor de sus problemas: su exceso de confianza era lo que le preocupaba, si no se ponía atento podría ser una desventaja para el equipo, y lo que menos quería era sacar a su amigo del equipo por bienestares mayores. "Se está volviendo un cretino" le había dicho Sam, y no se había equivocado.
-¿Qué ocurre Potter? ¿El inepto de Weasley no puede parar una simple Quaffle? – Harry volteó hacia su derecha y se topó cara a cara con su rival: Draco Malfoy-. No me sorprende, es un inútil como el resto de su familia. De hecho, he llegado a la conclusión de que le dieron ese cargo a su padre porque no encontraron a nadie más que aceptara el puesto.
-Tienes razón Draco- comenzó a decir Harry-. Con el idiota de tu padre en Azkaban y los idiotas de sus amiguitos mortífagos junto con él, el único con las agallas era Arthur Weasley.
Malfoy borró su sonrisa burlona y la reemplazó por un gesto de ira.
- ¿Te crees mucho porque ahora eres el héroe del Ministerio no es así?
- No necesito ser ningún héroe para saber que soy mejor que tú en el Quidditch.
-Ya lo veremos Potter- sentenció mutando su rostro a un gesto de superioridad antes de irse volando a toda velocidad-, cuando tu cara esté revolcada en el barro veremos quién es el mejor jugador.
Harry no se inmutó, estaba seguro de sus habilidades y de las de Malfoy. Lo único que le molestaba era la lluvia… Sus gafas eran una desventaja en ese clima, y no lograba recordar el hechizo que repelía las gotas de agua.
-Déjame ayudarte con eso- dijo una voz a sus espaldas. Él se volteó y miró una esbelta silueta sobre una escoba, a la que no podía distinguir bien debido a las gotas que empañaban sus lentes. Ella se los quitó, gritó "Impervio" y se los regresó sonriente-. ¿No está mejor así?
-Bastante, gracias Sam- respondió el moreno mirándola ahora con claridad-. Ahora será más fácil derrotar a Malfoy.
-No dudo que lo logres, eres el mejor buscador que jamás he conocido- al escuchar el comentario, Harry sintió un leve calor en sus mejillas-. Será mejor que regrese a mi puesto, alguien podría necesitar mi ayuda- se excusó al tiempo que se alejaba volando.
El partido continuó, Gryffindor lograba una ventaja sobre Slytherin que, aunque no aseguraba su victoria, era considerable, gracias sobre todo a sus cazadoras que hábiles surcaban el campo obteniendo resultados magníficos. En un ataque de furia, Montague se había jalado a sí mismo del cabello, sin comprender cómo un grupo de niñas debiluchas podían humillar así a su equipo, sobre todo tratándose de Ginny Weasley, esa pelirroja presumida. Y por sobre todas las cosas, detestaba más que nunca a esa Samantha Jones, que no paraba de detener las bludgers que hasta él mismo enviaba con furia, y lo que era peor, las mandaba de regreso en contra de su equipo, lo que daba como resultado que sus oponentes los aventajaran bastante. Tenía que vengarse de ella, ya había descontado a su mejor golpeador y a su cazador estrella, eso no podía quedarse así…
Mientras tanto, Harry buscaba la Snitch desesperado, pues Ron aumentaba su furia y eso no ayudaba su rendimiento como guardián. Malfoy cuidaba cada uno de sus movimientos, por lo que más le valía encontrarla antes de que fuera demasiado tarde… gracias a Ron la ventaja que llevaban sobre Slytherin no aseguraba su victoria, si Malfoy la encontraba antes que él perderían por 50 puntos de diferencia, y debía alegrarse de que gracias a la actuación del resto del equipo no fueran más. De repente observó un destello dorado del otro lado del campo, justo en territorio Slytherin. Malfoy estaba muy cerca de ella, si se daba cuenta de sus movimientos la vería… entonces tuvo una idea.
-¡Harry Potter ha visto la Snitch!- anunció Luna conmocionada por la sorpresa-. Draco Malfoy lo ha visto, pero se encuentra muy lejos del lugar. Se lanza en picada en persecución de la dorada bola. ¿Pero qué es lo que sucede, Harry ha disminuido la velocidad? Tal vez quiera un reto uno a uno con Malfoy. Pues bien, si esa es su intención lo está logrando, Malfoy le pisa los talones. Ambos bajan en picada, están muy cerca de los aros, están a punto de chocar contra el suelo y… ¡Harry Potter vira intempestivamente en dirección opuesta a Malfoy, quien no alcanza a reaccionar y se estampa contra el césped! ¿A qué sabrá el hecho de haber sido engañado por el Amago de Wronsky? Debe ser un amargo sabor- McGonagall la miró con reproche, pero no dijo nada. En el fondo estaba contenta por la acción evasiva de Harry. Éste, mientras tanto, se alegraba de que su idea hubiera funcionado, ahora sólo quedaba esperar que la Snitch no hubiera cambiado de lugar en aquellos escasos quince segundos. Un destello dorado algo a la izquierda de los aros contrincantes le indicó que sólo se había desplazado unos metros. Una sonrisa de triunfo se asomó en su rostro.
(…)
Sam deseaba que el partido terminara cuanto antes. El débil malestar que había sentido al comenzar el partido se había convertido en una fuerte migraña. Y lo peor de todo era escuchar esa molesta voz… necesitaba callarla, ya no soportaba su tono ni sus expresiones a veces sin sentido para ella, que solamente incrementaban su suplicio, jamás había sentido tal dolor. La cabeza parecía poder reventarle en cualquier segundo. Si todo ese tiempo se había mantenido sobre la escoba había sido por mero milagro, porque las fuerzas la habían abandonado hacía mucho. Aunque su objetivo había sido siempre proteger a su equipo, los últimos diez minutos había golpeado las bludgers por pura inercia. Comenzaba a creer que Harry tenía razón y que a su alrededor había un escudo repelente, ya que no encontraba otra explicación para aquello. Las lágrimas comenzaban a salir de sus ojos sin que pudiera evitarlo debido al dolor, la vista comenzaba a nublársele, las nauseas no la dejaban mantenerse erguida. Intentando mitigar el dolor, llevó una mano a su cabeza y abrió los ojos para averiguar cuánto faltaba para que terminase, si horas o minutos… entre su nublada vista logró distinguir a Harry volando velozmente hacia un destello dorado y suspiró aliviada. En segundos, él había capturado la Snitch y la voz de Luna anunciaba el final del partido, mientras el resto del equipo se apresuraba a descender donde él lo había hecho para felicitarlo.
Esbozando una débil sonrisa desvió su mirada y lo que vio la heló. Montague había lanzado una bludger hacia Harry con tanta fuerza que si lograba alcanzarlo seguro le rompería más de un par de huesos. No podía permitirlo, eso era jugar bastante sucio, y si no actuaba, nadie lo haría, todos estaban tan emocionados con la victoria que no se habían percatado de la jugarreta. Haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban, se dirigió a toda velocidad para detener la bola, pero no tuvo energía para repelerla. La bludger le dio de lleno en la cabeza haciéndola caer inconsciente a pocos metros del grupo, mientras Harry abría los ojos como platos por la sorpresa.
-¡Sam!- gritó mientras corría hacia donde su cuerpo inerte se encontraba, seguido por el equipo en pleno. Levantó su cabeza con cuidado, por la que salía la sangre a borbotones debido a la fractura. Su piel había palidecido considerablemente lo que la hacía ver aún peor-. ¡Eres un miserable! ¡Baja ahora Montague, a ver si de frente tienes el valor de enfrentarte!- gritaba furioso al ver a la chica en aquellas condiciones, y no era el único. Ginny, Annika y Katie gritaban improperios al por mayor, mientras Mark y Ron intentaban detenerlas de abalanzarse sobre el capitán de las serpientes. En segundos una multitud los rodeó curiosos por averiguar qué había pasado con exactitud.
-Montague ha hecho una sucia jugarreta. No se ustedes, pero de donde yo vengo a eso se le llama mal perdedor, esperemos que Jones no esté grave, aunque por la velocidad de esa bola lo dudo mucho. Creo que ni un golpe de un Buthergriffin albino la hubiera dejado en esas condiciones- comentaba Luna mientras Madame Hooch se acercaba furiosa a Montague.
-¡¿Qué demonios pretendías muchacho, matarla?! ¡No puedo permitir un acto tan sucio en mi estadio!- lo reprendía la profesora de vuelo-. ¡Estarás en detención por lo menos un mes, eso te lo aseguro! ¡Me encargaré personalmente de que Snape te ponga un castigo al nivel de las circunstancias! ¡Y gracias a tu acto cobarde Slytherin acaba de perder setenta puntos! ¡Y alégrate de que no sean más!- el equipo de Slytherin estuvo a punto de replicar, pero la mirada de Hooch fue suficiente para silenciarlos. Malfoy escuchaba en un rincón, cruzado de brazos. ¿Cómo era posible que se hubiera dejado engañar por una jugarreta como esa? La humillación le había dolido más que el golpe. Y justo cuando pensaba que Potter la pagaría, esa Jones se había interpuesto. Esperaba que al menos ese tonto cara rajada estuviera sufriendo por su amiguita.
-¡Por Merlín!- exclamaba Hermione, haciéndose paso entre la multitud-. ¡Sam debe ir a la enfermería cuanto antes! ¡Ese bruto de…!
-Abran paso, abran paso- pedía la profesora McGonagall, seguida del director y Madame Pomfrey. Cuando llegó a donde estaban Harry y Sam el rostro de la bruja reflejó una gran preocupación.
-¡Cielo santo!, creo que no debemos moverla demasiado- opinó Minerva.
-Esta chica necesita atención ya, me parece que lo primero será detener la hemorragia.- comentó Dumbledore dirigiéndose a Madame Pomfrey.
-¡Episkeyo!- pronunció la enfermera apuntando hacia la cabeza de Sam. Instantáneamente, la fractura sanó y la sangre dejó de fluir. Haciendo a un lado a Harry, subieron a la chica a una camilla que Dumbledore había invocado con su varita. Mientras se la llevaban a la enfermería, el corro de curiosos se dispersó, quedando únicamente los miembros del equipo. Harry, reticente a separarse de Sam, intentó seguirla hasta que la jefa de su casa lo detuvo.
-No Potter, será mejor dejar que Madame Pomfrey haga su trabajo, después podrán ir a verla, y tal vez- agregó- con algo de ropa limpia.
Harry miró su ropa y entendió lo que había querido decir: su uniforme estaba lleno de lodo y sangre. Apretó los puños con ira y asintió lentamente, mientras la profesora se alejaba. De repente una mano se posó en su hombro para reconfortarlo. Era Katie, quien con una sonrisa trataba de animarlo.
-Descuida Harry, va a estar bien, te lo aseguro- dijo mostrando una pequeña sonrisa-. No es la primera vez que ocurre algo así, recuerdo el primer partido de Oliver, yo estaba en las gradas y vi como lo golpeó la bludger; y créeme, comparada con él, Sam está en excelentes condiciones; no hay herida que Madame Pomfrey no pueda curar. Seguramente despertará mañana en la mañana.
-Si, tienes razón. Será mejor que todos vallamos al castillo- y acto seguido, todo el equipo salió del estadio.
En la sala común de Gryffindor, el equipo en pleno se encontraba sentado en los sofás frente a la chimenea. Hermione, colocada a un lado de Harry, también estaba ahí. Aunque sabían que la fractura de su amiga era fácil de curar para la enfermera del colegio, no dejaba de ser preocupante, debido al aspecto que tenía cuando se la habían llevado y toda la sangre que había perdido. Katie intentaba animarlos contándoles sobre aquél incidente en el primer partido de su antiguo capitán, Oliver Wood, pero ni así lograba calmarlos. Annika miraba el fuego con la mirada perdida. Había hecho muy buena amistad con Sam, incluso siendo dos años menor que ella. ¿Habrían ya sanado a su amiga?
-Bueno, véanlo por el lado positivo- decía Ron en la sala común-, al menos ganamos. Esos Slytherin mordieron el polvo, aunque claro, no quedaba duda de eso.
-Si, pero no gracias a ti- le espetó Ginny, algo molesta-. Si Slytherin no anotó más tantos fue porque Sam y Mark los detuvieron, por que claro, el señor estaba muy ocupado alardeando ante esas mocosas de cuarto y no podía ocuparse de proteger los aros.
-¿Ah si?- la retó Ron- ¡Pues no recuerdo que tú cuidaras los aros de gol!
-Ronald- murmuró Hermione, tratando de evitar una discusión, pero la mirada del pelirrojo fue suficiente para callarla. ¿Por qué se comportaba así con ella?
-¡Porque ese no es mi trabajo, por si no te habías dado cuenta cabeza de chorlito! ¡Mi deber es el de anotar en los aros del contrario, no de proteger los postes! ¡Pero al parecer eso es demasiado complicado para ti! ¿O no?
-No es momento para que discutan- intentó apaciguarlos Katie, con muy poco éxito.
-¡No eres nadie para corregirme Ginny!
-¡¿Y tú si tienes derecho de meterte en mi vida, verdad?!
- ¡Si, soy tu hermano mayor y puedo corregirte!
-¡Eres tan insoportable como Percy! ¡No sabes cuánto me alegro de que mamá no te haya visto aún! ¡Desde que ascendieron a papá te comportas como el rey de Hogwarts! ¡Pero sabes qué Ron, no lo eres y no estoy dispuesta a soportar tu petulancia!
-¡Mira quién lo dice, la princesita rebelde de Hogwarts!- exclamó con ironía- ¡Ya no me obedeces y te crees lo suficientemente grande como para hacer lo que te dé la gana, pero déjame informarte una cosa Ginny, no te mandas sola!
-¡No eres mi jefe para decirme lo que tengo que hacer!
-¡Pues tú tampoco!
-¡Basta Ron! ¡No tienes derecho de gritarle así a tu hermana!- intervino Hermione- ¡Puedes ser su hermano mayor pero no eres su padre! ¡Ella tiene razón, eres un grosero petulante!- Ron no lo soportó. Claro, él era un grosero petulante, y seguro jamás pensaría eso de Víktor Krum…
-¡A ti nadie te preguntó Hermione! ¡Siempre has de meterte en asuntos que no te importan! ¡No puedes pasar un solo día sin presumir que eres una sabelotodo insufrible!
De repente calló esperando la respuesta enfurecida de su amiga, pero nunca llegó. Tras sus palabras un denso silencio se hizo en la sala. Él solo miraba a Hermione esperando que despotricara en gritos hacia él, pero lo único que vio fue su mirada furiosa, su semblante herido, sus ojos que poco a poco iban anegándose en lágrimas. La castaña de pronto dio un paso hacia atrás, dos, tres, para después desaparecer por la escalera que daba al cuarto de las chicas a grandes zancadas. El pelirrojo, sorprendido, no dijo palabra. Se quedó ahí parado en medio de las miradas y murmullos de todos sus compañeros. Lo entendía, jamás debió abrir la boca.
-Yo… yo no quise…- Harry se levantó de su asiento e intentó ir tras ella, pero ya era tarde, él no podría subir por las escaleras, así que se detuvo a admirar el sitio por el cual su amiga había desaparecido-. Yo, de verdad…- pero no pudo terminar. Ésa había sido la gota que derramaba el vaso. Harry volteó furioso hacia su amigo.
-Cruzaste el límite, Ron- le dijo simplemente, y se fue dando grandes zancadas hacia su alcoba. El resto de los estudiantes prefirieron no opinar, y en silencio se retiraron dejando vacía la Sala Común.
-Eres un idiota- le espetó Ginny fulminándolo con la mirada. Ron tardó en procesar lo que Ginny le había dicho, para cuando lo asimiló, solo pudo ver la roja cabellera desaparecer tras la misma puerta por donde Hermione había desaparecido.
Al día siguiente, los tres amigos apenas se dirigieron la palabra. Harry estaba harto de la prepotencia de Ron, quien era demasiado orgulloso para pedir disculpas. Hermione simplemente pasaba de largo, y cuando el pelirrojo trataba de entablar conversación, ella le dirigía una furiosa mirada y seguía de largo. Solo en cierta ocasión, Harry se acercó a hablar con ella.
Hermione se encontraba en la biblioteca, acomodando todos los libros que se encontraba en su camino. Lo hacía solo para disimular, porque en realidad los usaba para cubrir su rostro, por el cual fluían silenciosas lágrimas.
-Hermione- la llamó con toda la cautela que le fue posible. La chica estaba tan deprimida que no había notado su presencia, por lo que se sobresaltó al oír su voz, soltando un pequeño manual básico de aritmancia que acababa de tomar entre sus temblorosas manos.
-Ah, eres tú- dijo intentando disimular su verdadero humor, cosa que habría funcionado de tratarse de otra persona. Pero Harry la conocía demasiado bien como para creer su actuación.
-¿Cómo te encuentras?- preguntó preocupado.
-De maravilla- mintió de nueva cuenta.
-Vamos Hermione, sé que eso no es verdad. Puedes confiar en mí. Somos amigos, ¿o no?
-Si, claro… amigos. Me pregunto si de verdad me consideras tu amiga.
-¿Pero de qué hablas?- ahora sí que estaba confundido.
-Ron nunca me ha apreciado. Yo intento ayudar y de nada sirve- explotó finalmente ante él-. ¡Y tú, su mejor amigo, seguramente piensas igual que él!
-Por supuesto que no. Ron es un imbécil- puntualizó furioso-. Yo de ninguna manera pienso eso de ti.
-Oh Harry- sollozó cambiando su tono furioso. Por poco había volcado su ria con la persona menos indicada-. Lo siento. Es solo que… Eres mi mejor amigo, y no puedo soportar la idea de que tú también me detestes, igual que Ron.
- Tranquilízate. Yo jamás te detestaría. Tú también eres mi mejor amiga. Deja de pensar en eso ahora. ¿Por qué no vamos a la enfermería? Tal vez Sam ya haya despertado.
-No gracias- rechazó la oferta-. No creo que con mi humor valla a ser de mucha ayuda en un lugar así.
Y sin darle tiempo siquiera a replicar se alejó tras otra montaña de libros, impidiendo que Harry insistiera en mejorar su ánimo. En ese momento, Harry sintió que no habría nada en el mundo que pudiera convencerlo de perdonar a Ron.
Ahora sí, la situación entre el trío parecía no tener remedio.
Ginny, Annika y Katie fueron a ver a Sam esa mañana cuando se enteraron de que por fin había recobrado el conocimiento. Cuando llegaron le estaban cambiando los vendajes, por lo que tuvieron que esperar a que Madame Pomfrey acabara su tarea. Se acercaron a la cama de la lesionada con sigilo, y ella los recibió con una sonrisa cansada.
-Toma- dijo Katie entregándole una canasta llena de ranas de chocolate- son de parte de todo el equipo, deseándote que te recuperes pronto.
-Muchas gracias- contestó colocándola en su mesita de noche.
-¿Tardarán mucho en dejarte salir?- cuestionó Annika preocupada.
-No creo que salga pronto Anni, fue un golpe duro- evaluó Ginny.
-De hecho, salgo el miércoles en la mañana- informó irguiéndose en la cama.
-Me sorprendes-exclamó Katie sin poder ocultar su asombro-, sanas bastante rápido, Oliver tardó una semana en despertar después de la caída.
-Soy un hueso duro de roer- se limitó a decir.
-Harry y Hermione estaban muy preocupados por ti. Se alegrarán al saber que te encuentras mejor.
-Seguro Gin- dijo con voz cansina, algo sumamente raro en ella.
-¿Segura que te sientes bien? Te oyes algo rara.
-Si, estoy bien.
-Pero es que…
-Estoy perfectamente, basta de preocupaciones, ¿les importa?
-No, para nada- dijo Ginny. Miró a su alrededor y fijó su vista en la ventana. El clima de otoño azotaba los terrenos del castillo con un fuerte viento. Su mirada se perdió en el cielo nublado que había llegado desde principios de octubre y se negaba a cambiar, haciendo mucho más fríos los días otoñales. Muchos escritores de "El Profeta" lo atribuían al normal cambio de clima entre estaciones, pero ella lo sabía. Gracias a las orejas extensibles, invención de sus hermanos, se había enterado de muchas cosas en Grimmauld Place, entre ellas, el hecho de que los dementores, aquellos temibles guardias de Azkaban, se habían unido al lado oscuro. Por un momento sintió un escalofrío recorrer su espalda, que no tenía nada que ver con sus divagaciones, pero lo atribuyó al frío que se sentía en la enfermería. Las voces de sus amigas la regresaron de nueva cuenta a la Tierra.
-Sabes, me parece algo extraño. No comprendo por qué esa bludger te derribó de la escoba- comentó para alejar de su cabeza esos pensamientos. Hora que lo pensaba, aquel asunto del accidente era bastante extraño-. Eres una gran golpeadora, en todo el partido ninguna se te escapó.
-Son cosas que pasan- dijo. Ellas no podían saber sobre la verdadera razón que la había dejado en ese estado. ¿Por qué siempre debían estar intentando averiguar todo?
-No, Ginny tiene razón- coincidió Katie- fue muy raro, ¿sabes? Primero no dejas que las bludger se te acerquen y de repente una te derriba.
-Es solo que me tomó por sorpresa, me apresuré a detenerla pero cuando llegué ya no tuve tiempo de golpearla.
-¡Pero si volaste desde más distancia cuando me salvaste al principio del partido, y aún así la mandaste directo a las narices de Montague!
-Solamente…
-Si, no comprendo cómo es posible qué…
-¡Basta, está bien!-exclamó furiosa- ¡Soy una idiota que no puede ni batear una pelota encantada, es por eso que estoy aquí! ¿Satisfechas?
-Oye, no es para que reacciones así, nosotras solo…
-¡Suficiente! Déjenme sola, necesito descansar.
-Como quieras- dijo Ginny algo ofendida. Acto seguido, las tres chicas salieron de la enfermería, mientras Sam se cubría la cabeza con las mantas.
-¡Qué grosera!- musitó la pelirroja una vez se hubieron alejado de la enfermería-. Nosotras sólo nos preocupábamos por ella.
-Tranquila. Trata de comprenderla.
-Pero Katie…
-Debe ser difícil para ella el saber que la mandaron a la enfermería en su primer partido. Ella venía con muchos ánimos, y el estúpido de Montague le arruinó la diversión. Piénsalo, no debe ser agradable traer todos esos vendajes en la cabeza, soportar el dolor y, encima, tener que oír tantas preguntas que te recuerdan que debiste tener un poco más de cuidado.
-Katie tiene razón- opinó Annika-, debemos darle tiempo, creo que yo hubiera reaccionado igual si se tocara un tema del que no quiero hablar.
-Supongo- cedió al fin la cazadora, sin estar convencida del todo-. Tal vez cuando salga de la enfermería se encuentre de mejor humor.
-Tenlo por seguro- la animó Katie-. Muero de hambre, ¿qué les parece si vamos al Gran Comedor a almorzar?
-Cuenta conmigo- exclamó Annika- tengo tanta hambre que me comería un hipogrifo.
Albus Dumbledore se encontraba sentado en su despacho. En ese momento leía muy atento un comunicado del Ministerio de Magia. "Necesitamos refuerzos para cuidar la prisión de Azkaban" había escrito muy desesperado Arthur Weasley, debido a que la situación en la que Cornelius Fudge lo había dejado no era muy alentadora. El departamento de aurores era todo un caos, ya no alcanzaban los voluntarios para custodiar la afamada prisión, y es que, con internos nuevos y en sus cabales, se hacía muy difícil el control de la situación. La única solución que Dumbledore le veía a todo aquello, era pedir ayuda a esas mágicas criaturas, solo esperaba que quisieran unirse a la lucha…
De repente se escuchó el golpeteo tras la puerta. Sonriendo indicó a su invitado que pasara. Acto seguido, un muchacho alto, de rebelde cabello azabache y ojos verdes entró al lugar.
-Buenas noches Harry- saludó amablemente el anciano-. Me alegra ver que llegas justo a tiempo.
-Buenas noches, señor- dijo Harry correspondiendo al saludo-. Estoy… bueno, comenzaba a preguntarme…
-¿Cuándo comenzaría con las clases que te prometí?- completó Dumbledore, adelantándose a lo que Harry iba a decir-. Si, tienes razón, debí haberte dicho que debía pasar cierto tiempo desde que el instrumento despejamentes hiciera efecto. Tu amigo Dobby me hizo el favor de informarme sobre tus recurrentes pesadillas.
-¿Dobby ha ido a vigilarme por la noche?- cuestionó. Había algunas ocasiones en las que creía sentir una mirada observándolo, aún mientras soñaba, y ahora conocía la razón.
-Si, debí avisarte desde un principio que él me haría ese favor, pero creí que no dormirías tranquilo sabiendo que alguien vigilaría tu sueño hasta que estuvieras listo- Harry estuvo a punto de replicar, pero prefirió callar en cuanto escuchó el razonamiento del profesor-. Antes de comenzar Harry, ¿hay algo que aún te inquiete?
-Pues…- comenzó. Si, había algo que lo inquietaba. Y es que, aún pasado el tiempo, seguía teniendo la perturbadora sensación de que conocía a Sam desde antes de encontrarse en el colegio. No sabía el por qué de aquel extraño sentimiento, pero le pareció una pequeñez como para preocuparse demasiado- no profesor, nada.
-Muy bien. Si hay algo de lo que no quieras que me entere, puedes hacer uso del pensadero, así como lo hizo el profesor Snape el curso pasado.
-No, no hay nada señor.
-En ese caso, demos comienzo. Siéntate ahí, delante de mi escritorio- Harry hizo lo que el profesor le indicaba, y Dumbledore lo imitó, quedando como en sus casuales visitas en las que conversaban de temas que inquietaban a ambos. Harry se extrañó por ello.
-Errr… señor, ¿no íbamos a practicar oclumancia?
-Así es, ¿por qué la pregunta?
-Bueno, es que Snape…
-El profesor Snape, Harry- lo corrigió el anciano mago.
-Si, el profesor Snape me decía que…
-Estoy al tanto de cómo llevaban a cabo las clases, pero creo que mi método será más efectivo. Lo que vamos a hacer es que tú tratarás de repeler mi mente dentro de la tuya, sin varita, únicamente con tu fuerza de voluntad. Cambia de pensamiento o pon la mente en blanco, como tú quieras, pero concentra toda tu atención y tus energías en ello. Yo tampoco usaré varita, únicamente el contacto visual. Intenta por todos los medios no apartar la vista de la mía, ¿de acuerdo?
-De acuerdo, señor.
-Bien, entonces, ¿a la cuenta de tres?
-Seguro, señor.
-De acuerdo, uno… dos… tres
-¡Auch! ¿No puede hacer eso con más cuidado?- se quejaba Sam mientras, por enésima vez, Madame Pomfrey le ajustaba los vendajes. Afuera, el paisaje se tornaba cada vez más oscuro debido al final del día.
-Si dejaras de moverte, tal vez no te dolería tanto.
-Si, cómo no- vociferó por lo bajo.
-¿Qué dices?- cuestionó recelosa la enfermera.
-Nada, nada- negó ella-. Sería más conveniente que lo hiciera con la varita, ¿no le parece?
-Tonterías, para estas cosas hacerlo manualmente es lo mejor. Listo, ¿lo vez? No fue tan malo.
-Si, claro, como usted no lleva una cabeza de momia sobre el cuello…
-¡Pero qué quejumbrosa saliste niña!- exclamó su interlocutora exasperada-. Si no quieres que esto se repita más te valdría salir de ese jueguito que tanto les gusta a ustedes. Esas cosas no son para las jovencitas delicadas como tú- la chica entornó los ojos molesta mientras Madame se dirigía a la puerta. ¿Delicada ella? Cómo era notorio que nadie la conocía. Sin que la viera, tomó su varita y aflojó los vendajes, haciendo una mueca de alivio. Desde su cama escuchó que la enfermera hablaba con alguien que acababa de entrar, al parecer, discutiendo acerca del horario de visitas.
-¡Por Merlín! No son horas joven, debió venir mucho antes.
-¡Pero no tuve tiempo! Por favor, le prometo no tardar, solo quiero ver cómo sigue.
-De acuerdo, que sea rápido, pero no quiero algarabía, ¿quedó claro?
-Como el cristal.
De pronto la conversación acabó y vio a Madame Pomfrey dirigirse a su despacho, mientras un muchacho de cabello azabache se acercaba a donde ella se encontraba, tomaba una silla y se sentaba a un lado de su cama.
-Hola jugadora estrella, ¿cómo sigues?
-Que tal Harry- saludó animada-. Mucho mejor, gracias, aunque no creo poder soportar otro cambio de vendajes- confesó, mientras el chico reprimía una carcajada.
-Si, es incómodo, he estado demasiadas veces aquí.
-Ni lo menciones, la enfermería me deprime, es todo tan…
-¿Tan?- quiso saber Harry.
-Tan… triste. Es decir, todo aquí es verde… verde pistache y blanco, y las camas… no es un ambiente que anime a cualquiera.
-Mmm… creo que eso se puede arreglar- dijo al fin el chico, quien agitando su varita y murmurando "¡Orquídeas!" hizo aparecer un ramo de flores, colocándolas en un florero de la mesita de noche-. No es mucho, pero al menos alegrará un poco tu estancia aquí.
-Gracias Harry, no era necesario.
-Con tal de verte sonreír haré cualquier cosa- confesó mirándola. Tenía mejor aspecto del que hubiera esperado-. Vine a verte esta mañana con Hermione, pero aún estabas dormida- le dijo recordando lo mucho que le había costado convencer a la castaña.
-Desperté a medio día-informó-. Ginny y las otras vinieron a verme, pero hacen demasiadas preguntas, a veces eso es un fastidio.
-Seguro no fue su intención- trató de justificarlas Harry, extrañado de que Sam dijera cosas como esas.
-Tal vez, pero aún estaba algo mareada por el golpe, así que les pedí que se marcharan. ¿Y Ron?
-Ah- dijo desviando la mirada-, él, no lo sé, debe andar por ahí coqueteando con alguna de sus admiradoras.
-¿Estás molesto con él?- cuestionó al oír el tono de su voz.
-Yo… No, para nada, es decir, ¿por qué habría de enojarme con un presumido como ese…?
-Vamos Harry, no debes guardarte las cosas, no te hace ningún bien.
-¡Si, de acuerdo, odio a Ron! ¡Es un estúpido boca floja! ¡Y si no vuelvo a hablar con él jamás será muy pronto!- Sam lo miraba serena, mientras Madame Pomfrey les ordenaba guardar silencio.
-Tranquilízate, no es para tanto. ¿Qué pudo hacer para que de un momento a otro lo odiaras?
-¿Qué qué hizo? Insultó a Hermione delante de todos, y lo peor del caso es que ella no tuvo la culpa de que él se molestara. ¿No es razón suficiente como para desear romperle la cara cada vez que lo veo?
-Ya veo. Como lo dije antes, es un cretino, pero no debes enfadarte, es una faceta, se le pasará.
-Pues más le vale que se le pase, porque no volveré a dirigirle la palabra hasta que no se baje de esa nube.
- Lo hará- le aseguró poniéndole una mano en el hombro. Harry sintió reconfortarse al ver su mirada, pero de repente reparó en un detalle que le extrañó. Tomó la mano de Sam entre las suyas y la puso frente a él. De repente exclamó:
-Sam, ¡tu anillo!
-¿Qué con él?- dijo ligeramente alterada, de lo que Harry no se percató.
-¡La piedra, está negra!
-¿L-la… la piedra?- preguntó tratando de disimular el nerviosismo, con mucho éxito.
-Si, ¿qué le ocurrió? ¿No era un rubí?
-Ah, si, es que… cuando caí debió ensuciarse…
-Pero no creo que el fango la deje así.
-Es… muy delicada, seguramente Montague usó magia con la bludger y… cuando me golpeó, el hechizo rebotó contra el anillo, seguro eso fue lo que pasó- expuso retirando su mano de las de Harry y ocultándola bajo las sábanas.
-Pero…- trató de replicar, pero Sam no lo dejó.
-Ya, no le des importancia a un tonto anillo, luego lo limpiaré. Por cierto, ¿qué tal la fiesta por la victoria? Seguro se divirtieron en grande.
-De hecho, no hubo fiesta.
-¿Ah no?- cuestionó arqueando una ceja.
-No, el equipo estuvo de acuerdo en posponerla hasta que te recuperaras- explicó sonriendo de nuevo, al igual que ella.
- Gracias, ¿tú los convenciste?
-Se podría decir que como capitán es más fácil que estén de acuerdo conmigo- bromeó-. La verdad, todos queríamos que estuvieras ahí, en gran parte te debemos la victoria, y si no fuera por ti, sería yo el que estuviera en esa cama.
-Pues… para eso están los amigos, ¿o no?
-Si, tienes razón- el muchacho se quitó las gafas y frotó sus ojos con la mano.
-¿Estás cansado?
-Un poco. Hoy tuve mi primera clase con Dumbledore y fue agotadora. Creo que nunca había usado tanto mi mente, ni siquiera cuando presenté los TIMOS- dijo provocando la risa de Sam-. Oye, ¿cuántos obtuviste tú? Siempre tuve curiosidad.
-Bueno…- dijo ella-. No sé si deba…
-Prometo no decirle a nadie- aseguró el chico.
-¿Ni siquiera a Hermione?
-Ni siquiera a ella.
-Pues… todos- respondió Sam sonrojándose.
-Si pero, a lo que me refiero es, ¿en cuántos obtuviste E?
-Ya te lo dije, en todos- volvió a decir, sonrojándose más. Le apenaba que alguien se enterara, pues en el fondo, odiaba ser "Doña Perfecta".
-¿Ninguna S?
-No, ninguna
-Eres increíble.
-No tanto- replicó con voz cansina-, muchas cosas ya las sabía. Me las enseñaron de niña.
-Comprendo- dijo pasando la mano por sus ojos otra vez. Sam se recorrió hasta la orilla de la cama y lo miró.
-Siéntate aquí- indicó golpeando con su palma un sitio junto a ella.
-¿Para qué?
-¿Confías en mí?
-Claro, ¿por qué la pregunta?
-En ese caso, siéntate aquí- aclaró simplemente. Harry, confundido, hizo lo que ella le indicaba. Se sentó dándole la espalda.
-Aún no comprendo qué…
-Shhh, cierra los ojos, relájate- le indicó, y él así lo hizo.
Sam volteó a ver si la enfermera no se aproximaba, después llevó sus manos a la cabeza de Harry y las colocó a ambos lados. Harry pensó que nunca había sentido nada tan suave como sus manos, cálidas y lisas como ningunas. Ella cerró sus ojos también y presionó suavemente los puntos sobre los que sus dedos se encontraban, despidiendo una cálida energía que emitía paz. El cansancio de Harry desapareció lentamente. Después de unos instantes, Sam soltó poco a poco su cabeza, visiblemente agotada.
-¿Te sientes mejor?
-Si, gracias, ¿qué hiciste?
-Algo para reducir tu malestar.
-¿Cómo?
-No preguntes. Solo prométeme que no le dirás a nadie. No debo hacer esfuerzos como ése en mi estado.
-Te lo prometo.
-Señor Potter-lo llamó la enfermera severamente-, ya es bastante tarde, la hora de visitas acabó. Y en cuanto a usted Jones, será mejor que la vea dormida cuando regrese.
-Si si- aceptó ella-. Adiós Harry, que descanses. Y recuerda, es un secreto, no le digas a nadie.
-¿Lo de los TIMOS o lo de hace un momento?- cuestionó bromista, pero ella lo miró con seriedad.
-Ambos- dijo sin sonreír.
-Tranquila, nadie se enterará- aseguró para tranquilizarla.
-¿Pero qué no me escucharon?- los regaño la enfermera-. Es muy tarde ya, la señorita debe descansar.
-De acuerdo, ya voy- dijo Harry. Se levantó de la cama y se dirigió hacia la salida, pero Sam lo detuvo.
-¡Harry!
-¿Qué ocurre?- preguntó dándose la vuelta.
-Dulces sueños- agregó mirándolo con un inusual brillo en los ojos.
-Igualmente. Te veré mañana- se despidió el muchacho antes de irse.
-Mañana, claro- contestó mientras se metía bajo las sábanas.
Mientras tanto, a muchos kilómetros de ahí, en un pueblo llamado Pequeño Hangleton, un hombre, pequeño y encorvado, preparaba una humeante taza de té para su señor. Cualquiera que lo hubiera visto habría tenido la impresión de que aquel hombre tenía aspecto de rata. Tenía una calva algo extraña, como si él mismo se hubiera arrancado un par de cabellos. Sus dientes, grandes y sobresalientes, junto con sus grandes y vidriosos ojos acentuaban su aspecto de roedor.
Fuera de la cocina de aquella vieja casona, podía escuchar perfectamente la discusión que una de sus colegas mantenía con Lucius Malfoy.
-¡Es que no es posible! ¡No puede confiarle todo a esa sabandija! ¡Me niego a aceptarlo!
-Cálmate, Bella- dijo su interlocutor- no debes referirte de esa manera- Bellatrix le lanzó una mirada de furia, pues sabía la confianza que Malfoy depositaba en esa persona -, el Señor Tenebroso sabe por qué hace las cosas, y no tenemos otra opción que aceptar su voluntad.
-¡Por favor, Lucius! ¡No vas a decirme que tú estás de acuerdo!
-Estoy consiente de todo lo que implica, y aún así, creo que es lo más conveniente que…
-¡Ahora resulta que estás del lado de esa escoria! ¡No puedo creerlo!
-Yo soy testigo de sus grandes habilidades Bella… Tal vez no lo recuerdes, pero cuando sólo tenía unos meses demostró que podía llegar lejos, y no es porque lo diga yo pero…
-¡Basta!- gritó fuera de sí- no estoy dispuesta a seguir con esta farsa. ¿Cómo demonios esperan que triunfe? ¡Jamás se ha enfrentado a algo así!
-¿Acaso cuestionas el buen juicio del Señor Tenebroso?-inquirió Malfoy mirándola con severidad.
-¡Jamás haría eso! Pero sabes perfectamente que no es tiempo aún… le falta entrenamiento, y aunque el blanco no sea un gran problema, sí lo es la protección que lo rodea, Dumbledore no es ningún tonto.
-Ni el espía lo es, ha entrenado por mucho tiempo para este momento… Y creo que será mejor dejar este tema como concluido.
-Tal vez- sentenció con rostro frustrado.
Colagusano se sobresaltó cuando escuchó el silbido de la tetera, de manera que no pudo seguir escuchando tras la puerta. Introdujo su mano derecha en su bolsillo, la cual parecía cubierta por un finísimo guante de plata, y sacó un alargado objeto. Redujo con su varita mágica el nivel de la flama y sirvió el té en una taza de vieja porcelana, la cual colocó sobre una bandeja de plata. Con torpeza, la tomó y subió las escaleras hasta llegar a la habitación más alta, donde su señor lo esperaba.
-Aquí está el té- informó con su chillona vocecilla, idéntica a la de una rata.
-Excelente- murmuró un hombre que se encontraba admirando el crepitar de las llamas de la chimenea. Alargó su huesuda mano hasta alcanzar la taza que le ofrecía su sirviente y la llevó hasta sus cenizos labios.
-Se ve contento esta noche, señor- señaló Colagusano colocando la bandeja en una mesa cercana.
-Y lo estoy- sentenció el hombre con una voz fría. Sus ojos amarillos, inyectados en sangre, relucían con visible euforia-. Hoy es la noche, mi querida rata de alcantarilla.
-¿Hoy dará el primer paso, señor?- se atrevió a preguntar, aunque parecía adivinar la respuesta.
-Así es, y si las cosas ocurren como planeo, será el último. Hoy dará inicio y me mostrará sus habilidades, y espero que no me decepcione, no le doy privilegios como éste a cualquiera- bebió otro sorbo de té y se acomodó en su sillón, al tiempo que acariciaba a una gigantesca serpiente que reposaba a su lado-. Nagini está impaciente por ver acabado al muchacho. He de decir que su sufrimiento es el néctar más dulce que he probado.
-¿Y… qué hay de la… la profecía?- preguntó Colagusano inseguro.
-Oh, tengo mis maneras de enterarme de ella. Hasta hace poco, la creía perdida, pero con profecía o sin ella, voy a vencer al muchacho, sin importar cuántas medidas tome Dumbledore para impedirlo. Tarde o temprano, Harry Potter perecerá ante el poderoso Lord Voldemort.
Cuando Harry llegó a la Sala Común ya no había nadie. Después de ir a la enfermería se había dedicado a vagar por los pasillos del colegio, y para su desgracia se había topado con Draco Malfoy. Él rubio lo había mirado de una forma extraña, le había amenazado con la varita y lanzado lo que parecía un hechizo para (según palabras de Malfoy) quitar la "incompetencia para escoger golpeadores capaces", aún resentido por su derrota del día anterior, pero Harry lo ignoró olímpicamente y siguió su camino. Estaba algo preocupado por no saber cuál era el efecto real del encantamiento, pero se dijo a sí mismo que si Malfoy le hubiera querido dañar, lo habría hecho en ese instante.
Subió a su dormitorio dispuesto a descansar de aquél día agotador. Era verdad que el entrenamiento con Dumbledore había sido muy duro, pero más le incomodaba la mirada del director cuando lograba entrar a su mente y veía lo mucho que había sufrido en casa de sus tíos. Sam había reducido su cansancio pero no era suficiente, sentía que necesitaba dormir toda la noche para relajarse por completo.
Entró a su habitación en silencio y miró la cama que ocupaba Ron. Esperaba en el fondo que cambiara, porque definitivamente no iba a aceptar al monstruo en el que se había convertido. Si había algo que no soportaba era ver a una mujer llorar, y menos si esa mujer era amiga suya. No iba a ser Ron quien lo provocara, no ahora.
Se recostó en su cama y corrió completamente el dosel rojo. Cerró sus ojos pensando en cómo algo tan sencillo podía arruinar su amistad con el pelirrojo. Esperaba que su discusión no se volviera como aquella que tenía Percy con el resto de los Weasley. Pensó en Hermione, ¿cómo se encontraría ella? Había pasado todo su día en la biblioteca, pero según Parvati, había estado llorando detrás de una torre de libros de aritmancia. Las palabras de Dumbledore llegaron a su cabeza. "Es ahora cuando más unidos debemos encontrarnos". ¿Cómo era posible estar unidos contra Voldemort, si no se podían arreglar los problemas entre ellos? Visualizó a Sam en la cama de la enfermería, sola en esa noche oscura de otoño. ¿Estaría ella bien? Había dicho que se encontraba agotada. De pronto, todo se oscureció a su alrededor, tragándose a Sam esa oscuridad total. Una densa niebla lo cubría todo, ¿era ese sonido el llanto de alguien?
-No, por favor, no le haga nada ¡NOOO!
Un rayo de luz verde había surgido desde el mismo lugar de la voz. Harry corrió todo lo que pudo para averiguar qué era lo que había ocurrido. Una risa demente se había escuchado. Voldemort, tenía que detenerlo, si tan solo lo tuviera entre sus manos, acabaría con esa sabandija él mismo. Su perversa voz se escuchó en las tinieblas, mientras se dirigía a una persona tirada en un rincón, indefensa. Esa imagen le era muy familiar, como cierto sueño que lo había atormentado en el verano.
-Tanto tiempo querida, ¿me extrañaste?-una carcajada se escuchó- ahora regresarás a mi lado.
-No, por favor, no. ¡AAAHHHGG!- se escuchó mientras la mujer era levantada por la muñeca, como si de un juguete se tratase.
-Ahora me servirás a mí.
Un rayo, rojo esta vez, cegó a Harry, y cuando abrió los ojos, estaba rodeado de dementores. Se sentía débil, tenía que usar su varita, su querido Cornamenta lo salvaría. Pero al buscar su preciada arma no la encontró. Era sólo un niño de diez años encerrado en una alacena debajo de las escaleras, y rodeado de dementores estaba indefenso. Comenzó a escuchar a su madre, rogando por la vida de su hijo. "A Harry no, a Harry no. Te lo ruego, tómame a mí en su lugar…" Sintió el aliento del maligno ser al descubrirse la capucha. Iba a besarlo, sería el fin… Pero nada ocurrió, la voz de Lupin le hizo abrir los ojos. Era el departamento de Misterios donde se encontraba. "Huye, no dejes que la tomen". El Harry de 16 años lo miró extrañado, y fue cuando vio una brillante esfera en su mano. A su alrededor, los miembros de la Orden del Fénix y todos sus amigos peleaban valientemente. Luna, Ginny, Neville, Ron y Hermione luchaban con todas sus fuerzas para que los mortífagos no los vencieran. "Vete Harry" le gritaban, pero el no respondía, hasta que vio cómo su padrino caía a través de aquel maldito velo.
-¡Nooo!- Gritó desesperado, mientras arrojaba la profecía hacia el arco.
(…)
-¡Oye! ¿Qué diablos intentas con eso? ¿Matarme mientras duermo?- le preguntó Ron furioso a Harry, pues acababa de despertar por el golpe que había producido el extraño aparato que Dumbledore le había obsequiado al ser arrojado por el ojiverde. Entendía que no quisiera hablarle, ¿pero un ataque nocturno? Era demasiado. Harry estaba sentado a la orilla de su cama, temblando como nunca.
- ¡Contéstame!- dijo más fuerte para que reaccionara.
Harry levantó la vista haciendo que el enfado de Ron mutara en temor por él. Olvidó por completo su enojo y su discusión al ver el aspecto del muchacho que tenía enfrente. Sus ojos, comúnmente verdes, eran ahora negros, oscuros, siniestros.
- ¿Ha-Harry?- lo llamó, pero su amigo no respondía. Él solamente se puso de pié abruptamente, asustándolo aún más-. ¡Harry! ¡Despierta! ¿Te sientes bien?
Nada, pasaba su mano delante de su amigo y no parecía verla. De repente, Harry lo tomó del cuello del pijama y lo empujó hacia atrás. Pero en lugar de enfurecer al pelirrojo, lo preocupó a sobremanera. Ron desesperado trató de hacerlo entrar en sí, pero no consiguió más que un golpe en la cara y una nariz sangrante, mientras el moreno bajaba las escaleras a toda velocidad.
-¿Qué sucede?- preguntó Neville quien se había despertado tras el bullicio. Al ver a Ron en el suelo lo ayudó a ponerse en pie. Dean y Seamus también se habían levantado.
-¿Qué pasa Ron?
-Si ¿Qué ocurre Weasley?
-Ha- Harry- dijo abalanzándose hacia el baúl de Harry y buscando algo desesperadamente.
-¿Qué hay con él Weasley? ¡Habla!
-¡No lo sé!- escupió exaltado. Por fin encontró lo que buscaba: un viejo pedazo de pergamino en blanco y una capa que desprendía destellos plateados. Sin dar más explicaciones, salió a toda velocidad por la puerta de su dormitorio y bajó las escaleras ante las expectantes miradas de sus compañeros.
-¿Qué ocurre?- preguntó Hermione desde su dormitorio, extrañada por aquel griterío. Bajó las escaleras en su camisón y se encontró con Ron-. ¿Se puede saber a qué se debe todo este escándalo Ronald? ¡Son las tres de la mañana! Si piensas que es un buen horario para comenzar a gritar como loco y despertar a todo el castillo debo informarte que…
-¡No hay tiempo de explicaciones!- dijo al tiempo que la jalaba del brazo a través del retrato. Corrió por el pasillo ignorando por completo los regaños de la Señora Gorda, molesta por tener que abrir la entrada por segunda vez en menos de cinco minutos ("¿Ustedes también? ¡¿Les parece acaso que son horas de deambular por el colegio?!). Se echó encima la capa de invisibilidad y no se detuvo sino hasta estar seguro de que nadie los seguía. Finalmente soltó a Hermione y sacó el pergamino, al tiempo que lo tocaba con la varita y decía "¡Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas!".
-¿Qué diablos te pasa?- le soltó la castaña visiblemente molesta- ¡Por si no lo sabías, el hecho de ser prefectos no quiere decir que podamos hacer lo que nos venga en gana! ¡Vamos a meternos en muchos problemas si alguien nos descubre afuera a esta hora!
-¿Quieres dejar de gritarme por una vez? ¡Esto es importante Hermione!- le contestó sin separar la vista del mapa del Merodeador, buscando frenéticamente una mota errante por el castillo.
-¡Con un demonio Ron! ¿Qué sucede? ¡Si no me dices lo que ocurre…!
-¡Haz lo que quieras, pero no voy a regresar hasta no traer de vuelta a Harry! ¡Algo muy grave le pasa, y si a ti no te interesa dejar nuestra discusión para después iré yo sólo para averiguar qué tiene!
-¿Qué le ocurre a Harry?- preguntó, esta vez con la voz quebrada por la angustia-. ¡Contéstame!
-¡Ya te dije que no lo sé!- respondió a la desesperada, pero al ver el rostro de ella se calmó-. Hermione, tranquilízate- le dijo, aunque él mismo no podía hacerlo-, no sé lo que le ocurre, estaba muy raro, temblaba mucho y… no parecía él mismo, era como un zombi. No sé que le pasa, pero es algo grave- continuó mientras lo buscaba en el mapa- ¡Aquí está!
-Dijiste… ¿zombi?- cuestionó mientras la voz se le quebraba aún más. Tenía una ligera idea de lo que podía estar pasándole, pero no era posible…
-Si, eso dije. Va rumbo a la Torre de Astronomía, tenemos que alcanzarlo, tenemos que encontrarlo y averiguar qué le pasa antes de que se meta en aprietos…
-¡Ron!- lo detuvo Hermione al borde del colapso.
-¡Qué!- exclamó exaltado. No tenía intenciones de entablar una conversación. Su amigo era prioridad en ese momento.
-¿Cómo lucía Harry?
-¡Ya te lo dije, estaba muy raro, como zombi!
-Sus ojos, ¿cómo eran?- indagó ella muy alterada.
-¡No lo sé!- respondió. ¿Por qué hacía tantas preguntas? ¡Harry podría estar en peligro y a ella sólo le importaba el interrogatorio!
-Ron, por favor, tienes que decirme cómo lucía- insistió preocupada.
-Está bien… temblaba, y… sus ojos eran negros.
-¿Negros?
-Si, oscuros, era muy raro, me asusté mucho, traté de detenerlo, pero me golpeó y salió corriendo por el retrato.
-Oh no…- dijo ella- ¡Tenemos que darnos prisa!- y sin darle tiempo a reaccionar, fue ahora ella quien tomó a Ron por el brazo y lo arrastró rumbo a la Torre de Astronomía.
(…)
Harry corría, había visto a Sirius caer a través del arco una vez más. No podía con el dolor de su alma, y ahí estaba ella. Bellatrix se reía estruendosamente. Se detuvo frente a él y se burló en su cara. "¿qué te pasa pequeño Potter? ¿No puedes contra una bruja de verdad? ¡Eres igual de inepto que el tonto de mi primo!" Era más de lo que podía aceptar. ¿Burlarse de la muerte de Sirius? Era bajo hasta para ella. Sediento de venganza y lleno de dolor intentó perseguirla.
-¡No Harry, no dejaré que vallas!- intervino Lupin deteniéndolo.
-¡Déjeme!- gritó temblando a convulsiones- ¡Ha matado a Sirius! ¡Voy a matarla!- vociferaba mientras tomaba al profesor por el cuello de la túnica y lo arrojaba a un lado.
-¡No voy a permitir que vallas!- decía nuevamente, ahora colocándose frente a él. Harry, sin pensarlo dos veces, le soltó un puñetazo en la nariz y corrió tras Bella. Corrió y corrió cuanto pudo, subiendo velozmente las escaleras hacia una habitación más grande. Corrió y corrió mientras escuchaba voces que parecían conocidas, pero ya nada le importaba, tenía que vengar a Sirius. De repente, todo se nubló. Otra vez la densa neblina lo cubría todo, y entre ella estaba…
-¡Sirius!
-Ven Harry, ven- susurró mientras se adentraba en la neblina. Y sin dudarlo dos veces, el muchacho corrió tras él.
(…)
-¡Alto!- Ron detuvo a Hermione al cruzar una esquina.
-Ron, no tenemos tiempo para…
-Shhh- insistió el pelirrojo, señalando un poco más allá. La Señora Norris deambulaba por el castillo en búsqueda de infractores de reglas-. Por aquí- susurró mientras se introducía en un espejo falso.
-¿Cómo…?
-La próxima vez deja que la persona con el mapa sea el guía-. Subieron por un estrecho pasadizo hasta salir en el pasillo de la torre-. Mira, ¡ahí va!-exclamó señalando una silueta que corría a toda velocidad subiendo los escalones de la torre.
-¡Harry!- gritó Hermione olvidando las precauciones y salió debajo de la capa de invisibilidad, perseguida por el pelirrojo.
Harry no podía oírla, ni a ella ni a Ron. Sólo escuchaba a Sirius que lo llamaba. Caminaba entre la bruma escuchando su voz… "Falta poco Harry, ven aquí". Subió a una plataforma y miró hacia abajo. Era un valle, y en el centro estaban sus padres y Sirius, sonriente como siempre. Él los miró y correspondió al gesto. "Salta, falta poco, salta y estaremos juntos" le decía Lily extendiendo los brazos. Muy pronto estaría con los suyos, todo el dolor acabaría…
-¡Harry!- gritó Hermione en el marco de la entrada a la torre. Estaba horrorizada: Harry se encontraba sobre la baranda de piedra de la terraza, a punto de lanzarse al vacío. Ron llegó momentos después y abrió los ojos como platos. El muchacho volteó su cabeza lentamente, y dirigió sus inexpresivos y oscuros ojos hacia ella.
-¿Her-Her-mi-o-ne?- articuló con dificultad, temblando peligrosamente.
-Oye… tranquilízate amigo- dijo Ron temblando y aproximándose lentamente a él- baja de ahí, no es necesario hacer todo esto.
-Por favor Harry, no hagas una locura- rogó la castaña al borde del llanto- te lo suplico, no lo hagas.
-No los escuches- dijo una voz que sólo en su mente tomaba forma. Miró de nuevo al frente y su madre prosiguió-no les creas, pronto terminará, ven con nosotros…-ni el pelirrojo ni la castaña escucharon voces, solo Harry podía hacerlo.
-Lamento lo que dije, soy un cretino, lo sé, he herido a muchos sin darme cuenta, pero no podré salir de esto sin ti- se disculpó Ron.
-Harry por favor, hay muchas personas que te necesitan… yo te necesito. Baja de ahí, te lo ruego- pedía Hermione con los ojos anegados en lágrimas.
-Vamos hijo, salta, no los escuches, te mienten, ven con nosotros…- James le sonreía abiertamente. Cómo negarse a estar con ellos. Todo lo que le había sido negado, su familia, estaba ahí, y solo tenía que saltar para tenerlos de nuevo cerca.
-¡¡Harry noooo!!- gritó Hermione mientras se derrumbaba en el piso, pero a él ya no le importaba. Dio un paso al frente, el dolor desaparecería, se acabaría el sufrimiento, pero en ese instante una risa demente llegó a sus oídos. Su familia ya no estaba, se habían transformado en un grupo de dementores gigantes, iba a caer dentro de sus fauces, iba a ser tragado por ellos, trató de gritar pero no pudo, todo se volvía oscuro…
-¡Nooooo!
-¡Te tengo!
De repente dejó de escuchar la risa. Tenía los ojos cerrados y no podía abrirlos. Sentía como la gravedad atraía su cuerpo hacia el vacío, cual muñeco de trapo se tratase, y cómo un par de manos, sujetándolo por el brazo, lo impedían. Con un gran esfuerzo entreabrió los párpados y pudo mirar a Ron sosteniéndolo y a Hermione que llegaba para ayudar a subirlo. Volvió a cerrar los ojos cansado, mientras la oscuridad desaparecía de ellos y dejaba ver su luminoso color verde.
-¡A las tres, tira con toda tu fuerza!- indicaba Ron sujetando fuertemente a Harry.
-¡Aguanta, pronto te subiremos!- informó con dificultad la castaña a su amigo, debido al esfuerzo que hacía.
-Uno, dos… ¡Tres!- ambos tiraron con toda su fuerza, subiendo poco a poco al muchacho, hasta que lograron ponerlo a salvo en el suelo firme de la terraza.
-Harry, despierta, ¿te encuentras bien?- Ron había recargado al chico en la pared y le hablaba en voz baja. Lentamente, el moreno abrió los ojos, emitiendo un gemido de dolor.
-¡Oh Harry!- exclamó Hermione de alegría mientras lo abrazaba fuertemente-. Tenía tanto miedo…
-Déjalo respirar Hermione- sugirió Ron poniéndole una mano en el hombro, retirándola del abrazo-. ¿Te encuentras bien?- repitió.
-¿Qu-qué pasó?- preguntó confundido. Lo último que recordaba era haberse acostado a dormir después de un largo paseo por el castillo. Y después se había visto colgando sobre los jardines, siendo sujetado por sus dos amigos.
-¿Que qué pasó? Que estuviste a punto de arrojarte de la torre más alta de todo Hogwarts, ¿en qué pensabas Harry?
-Ron, no sigas- rogó la castaña-. ¿Cómo te sientes?
-E-e-estoy m-mareado… ¡Ahh!- gritó llevando una mano a la cicatriz, enrojecida notoriamente.
-¿Te duele?- preguntó su amiga.
-S-s-si…- no pudo seguir hablando, volteó su rostro a un lado y vomitó sin poder evitarlo. Hermione y Ron lo miraban preocupados.
-Tenemos que llevarlo a la enfermería. Ron, ayúdame.
Bajaron de la torre, apoyando a Harry sobre sus hombros y ocultos bajo la capa de invisibilidad. Ron los guiaba a través de pasadizos y pasillos, evitando a toda costa encontrarse con la Señora Norris y con Filch. Finalmente llegaron a la enfermería. Ron se despojó de la capa que los ocultaba y abrió la puerta.
-¡Madame Pomfrey! ¡Madame Pomfrey!- gritó el pelirrojo mientras los tres entraban en la oscura sala.
-¿Pero qué escándalo es éste? ¿Tienen idea de la hora que es? ¡Van a despertar a mis enfermos…! ¡Por Merlín!- exclamó al ver el estado en el que Harry se encontraba. Sudaba frío y estaba tan pálido que hubiera sido fácil confundirlo con un fantasma-. De prisa, recuéstenlo aquí- ordenó indicando la cama más próxima-. ¿Qué le ocurrió?
-Creo…- comenzó la castaña- creo que fue víctima del "Halo de Tinieblas."
-Santo cielo… será mejor que valla a buscar al director- dijo para sí mientras se dirigía a un armario y regresaba con un pequeño frasco-. Ustedes dos se quedarán aquí a vigilarlo. Denle a beber esto, asegúrense de que lo termine todo.
-¿Qué es eso?- inquirió Ron extrañado.
-Es poción para dormir sin soñar. Dadas las circunstancias no debemos permitir que lo haga, no debemos correr ningún riesgo…- y tras estas palabras se retiró rumbo al despacho de Dumbledore. Hermione no perdió tiempo y tomó un vaso, en el que vertió todo el contenido del frasco.
-¿Halo de Tinieblas? ¿Qué es eso?- preguntó Ron sin comprender.
-Es un hechizo muy poderoso- explicó mientras levantaba la cabeza de Harry y le inclinaba el vaso-. Eso es Harry, bébelo todo…
-¿En qué consiste?- preguntó mirando a Harry. Trabajosamente había bebido toda la poción y Hermione acomodó la cabeza de él sobre una almohada.
- No estoy segura, creo que la víctima es acosada por sus más grandes temores, y es orillada a tomar la salida fácil, como lo que iba a hacer Harry, aunque no fuera consiente de ello. Es como un sueño, una pesadilla de la que no es posible despertar…
-Es terrible.
-Es peor que eso, es magia oscura Ron, muy antigua, sólo un mago oscuro muy poderoso puede aplicar el Halo de Tinieblas. Vol- no estaba segura de poder articularlo, pero hizo un esfuerzo- Voldemort debió entrar en la mente de Harry y hechizarlo.
-¿Cómo supiste que era eso?- dijo estremeciéndose al oír aquél nombre.
-Por sus ojos… el Halo cegó la luz que había en ellos y los cubrió con un manto negro, un halo de oscuridad. Lo leí en un libro de la sección prohibida en cuarto curso, cuando ayudábamos a Harry para la segunda prueba.
-No sé que haría sin ti Hermione, siempre tienes todo bajo control…
Un incómodo silencio se hizo en la enfermería. Harry había caído en un profundo letargo sin sueño. Dormía tranquilo a causa de la poción. Hermione lo miraba preocupada, mientras Ron la veía a ella. Unas camas más allá, Sam dormía. Finalmente, el chico se decidió a romper el silencio.
-Hermione, yo… lo siento, siento haberte dicho todas esas cosas, yo no quise…
-Ya olvídalo Ron, no tiene importancia.
-¡Sí la tiene!- replicó avergonzado y sor prendiendo a Hermione-. ¡Siempre he de meter la pata, siempre tengo que echarlo todo a perder! Nunca… nunca puedo hacer nada bien- la voz parecía quebrársele.
-No digas eso- Hermione despegó la vista de Harry y la fijó en su otro amigo- eres una maravillosa persona. Eres tan valioso como cualquiera…
-Es solo que… que siempre he sido solo Ron, ¿comprendes? Siempre he sido el simplón de Ron. Nunca podré ser como Bill el atractivo, ni Charlie el valeroso, ni Percy el listo, ni el ingenioso Fred o George… ¡Hasta Ginny tiene personalidad! ¡Ella es lista, atractiva e independiente! Y yo soy solo Ron… el patético amigo de Harry Potter… Y cuando papá se convirtió en Ministro, pasé de ser un cero a la izquierda para convertirme en alguien importante. Creo que por esa razón me dejé llevar por todo eso, y lastimé a las personas que más me importan. Lastimé a Harry, lastimé a Ginny… y te lastimé a ti. Creo que solo logré convertirme en un payaso… debí darme cuenta de que jamás dejaré de ser solo Ron, el imbécil, idiota y torpe Ron…
-Eso no es verdad- intervino Hermione, que todo ese tiempo lo había estado escuchando en silencio. Poco a poco se fue acercando a Ron hasta que sólo los separaron unos centímetros-. Eres la persona más especial que he conocido… Perdóname si nunca te lo he demostrado. Y claro que eres valioso, eres todas esas cosas que dijiste. Eres listo, ingenioso, valeroso, independiente y… y también atractivo- le dijo bajando la mirada para que no notara su sonrojo. Era verdad, ahora lo aceptaba. Desde un tiempo atrás se había sentido atraída por el pelirrojo, pero había algo más. Cada vez que lo veía, cada vez que lo oía, ese sentimiento afloraba en ella. Hermione Granger estaba enamorada de su mejor amigo. Pero no podía decírselo, lo único que podía hacer era darle todo su afecto –. Eres una persona increíble Ron, y jamás debes pensar lo contrario.
-Gracias- contestó impresionado por lo que acababa de oír. ¿Ella lo consideraba todas esas cosas? Por un minuto se alegró de la oscuridad de la enfermería, así ella no podía notar que se le enrojecían las orejas. Incluso se alegró de que Harry estuviera inconsciente-. Tu… tú también eres una persona increíble, siento mucho haberte llamado una sabelotodo insufrible.
-Todo está olvidado.
Se miraron con intensidad, ninguno sospechaba de los sentimientos del otro, pero si las miradas hablaran, las palabras habrían sobrado. El mágico momento que los envolvía fue roto por la entrada del director, seguido de su jefa de casa y de la enfermera del colegio.
Al mismo tiempo, a kilómetros de ahí, Voldemort torturaba a uno de sus mortífagos, furioso por el fallo de su plan.
En el próximo...: Tras el incidente sufrido, Harry y sus amigos arreglan sus diferencias, volviendo aparentemente a la normalidad. Una carta inesperada trae emoción a los protagonistas, llevándolos a un encuentro un tanto sorpresivo que recibirán con ánimos renovados. Malfoy no se cansa de hacer de las suyas y en esta ocasión se enfrentará con quien menos se lo esperaba. ¿Por qué uno de ellos ha perdido su habilidad para la magia? ¡Descúbranlo!
Jeje, espero no haberlos hecho sufrir mucho. ¿De verdad creían que Harry moriría? No, aún es muy pronto, aunque estuvo cerca. Espero les haya gustado, incluyendo mis brevarios culturales sobre literatura. Es que... jejeje, en ese tiempo comencé a leer los libros de Lorca y a retomar mi gusto por Verne, y no pude evitar incluir un poco de ellos en el fic. Digo, por muy magos que sean, literatura es literatura, y supongo que un relato da igual quien lo escriba^^.
Bueno, fue largo, pero espero que su paciencia al leer les haya retribuido en algo.
¡A contestar reviews!
Rythim15: ¡Hola! me parece que es la primera vez que contesto un comentario tuyo. Bienvenid a la historia. Ahm, seria bueno que me aclararas ese punto para poderme referir a ti correctamente en el futuro. Pues ahí tienes a Ron, ¿qué te pareció?
Gothic: jajaja, Cho no me caía mal, pero siento que Jo dejó de lado muchos sentimientos en HP6: Harry nunca sintió un verdadero Duelo por Sirius y de la nada Cho desapareció como si la tierra se la hubiera tragado. Cuando una relación se rompe, y nunca hubo nada más de por medio, es lago incómodo que njo se puede ignorar con facilidad. Traté de modificar eso. Ay... ni me recuerdes de la escuela, me muero de nervios, pero espero que me valla muy bien. Y pues ahí lo tienes, un accidente en pleno festejo.
Carpotter: otr nuev! hace poco me parece que recibí los mails de Rythim y el tuyo, con razon me suenan sus nombres jeje. Que comentario tan halagador, espero que te guste este capítulo, jeje. Te espero en los próximos.
Eso fue todo por ahora. Si le sgustó... ¡Comenten! Nos leemos en la próxima ;D
